La manera más rápida de encontrar algo es empezar a buscar otra cosa

Buscaba la oportunidad más apropiada para zanjar ese asunto. Porque con un poco de suerte, no sería lo único que terminaría. Una vez lo concluyera, ya no tendría motivos para seguir en contacto con Gold.

Eso era lo que necesitaba. Si conseguía romper todo nexo con él, podría dejar de alimentar mis sentimientos y seguir adelante. Sí, aquella era la solución más simple.

Sin embargo, aunque sabía qué debía hacer, no tenía tan claro cómo llevarlo a cabo. Mi mayor problema, era que los habitantes de Storybrooke habían formado una patrulla ciudadana. Vigilaban las entradas al pueblo, los puntos de cierto interés mágico, y algunas otras cosas que consideraban de importancia. Y para mi desgracia... el pozo estaba en su ruta.

Después de una hora desistí. Todo lo que había logrado deducir es que sería más fácil por la noche. Puestos a elegir, cuantos menos ojos tuvieran oportunidad de posarse sobre mi, mejor. Pero el resto del plan permanecía difuso. Tendría que plantearme algún tipo de distracción.

Opté por dejarlo para luego. Tenía pendientes de los que encargarme.

Decidí empezar por la lista de la compra. Considerando que comer no era una tarea opcional, era lo más urgente. Mientras leía, tuve la sensación de que olvidaba algo. No lograba averiguar el qué, pero...

Mi mente se detuvo en seco. Sin querer, estaba encajando las piezas de un puzzle que desconocía tener. De repente, las demás preocupaciones se esfumaron y una sola se quedó.

Automáticamente cogí mi bolso y salí. Tenía que hallar una respuesta.

En diez minutos estaba de regreso intentando dar con las llaves de casa. Estaba tan enfrascada en mis propios asuntos, que me sobresalté al escuchar su voz.

- ¿Tuviste éxito?

- No, yo... aún no encontré un momento apropiado – le respondí.

- Lo imaginé – dijo Gold. - Deberías probar esta noche. Hoy se celebra el cumpleaños de Mary Margaret y mucha gente estará ocupada. Con sinceridad no creo que te inviten...

Ni yo iría aunque lo hicieran. Quizá estuviésemos en medio de un pacto de no agresión, pero mi historia con ella era demasiado complicada. Dudaba mucho que llegáramos a una relación más allá de tolerarnos y respetarnos. A veces hasta eso parecía difícil.

- Bien, pues será hoy – sentencié con prisa por entrar. En realidad aquella cuestión ya era lo que menos me interesaba. Había quedado relegada a un evidente segundo plano.

Entonces mis dedos reconocieron el contorno de unas llaves, y traté de sacarlas de golpe. Con las prisas, algo más se cayó del bolso. Le sostuve la mirada un par de segundos, hasta que él se agachó a recogerlo. Reconoció qué era y se quedó contemplándome sin decir palabra.

- ¿Quieres pasar?

Asintió.

Sospechaba que él también había encontrado, algo distinto a lo que esperaba.