Tal como se ha mencionado en el capitulo anterior, este fic cambia de nombre.

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No mucho después de salir de la grieta, el siguiente objetivo fue encontrar una dirección a seguir. Como era de esperar, Enra no poseía ninguna señalización o muestra vaga de civilización. Con demasiada suerte lograron encontrar las señales de un sendero.

–No es un sendero, Naruto.

–Es lo único que tenemos como señal. Se supone que este sitio estaría lleno de demonios y peligros. Solo hemos visto pantano, unos pastizales carbonizados y el hermoso cielo que juro por todo el chacra existente en el universo nos quiere asesinar rápida. Estoy seguro que esa cosa que se desplaza de un lado a otro caerá sobre nosotros en algún momento.

–Naruto, dos líneas paralelas en el suelo pueden ser muchas cosas.

–¿Cómo qué?

–por su profundidad es obvio que se trata de algo que se desplaza en línea recta. Tal vez una carreta.

–¿En Enra..?

–Bueno, tal vez no una carreta comercial, tal vez la carreta de un verdugo.

–Viéndolo desde ese punto de vista, tal vez no sea correcto seguirlo.

–Eso es lo que digo.

–Sin embargo, puede que se trate de algo diferente. Mi teoría es que se trata de un sendero… o suponiendo que sean dos objetos separados… –Naruto vio en la distancia un ser extraño, y la respuesta a su misterio–. Dos armas que arrastraban por el suelo.

Ino y Naruto tomaron sitio de vigilancia, observando a lo lejos un ser enorme, un gigante arrastrando dos espadas mientras caminaba arrastrando los pies. Su desplazamiento era muy lento, y a partir de cierto punto se originaba una línea roja de lo que parecía ser sangre y suciedad.

–Convocaste un demonio. Bueno, él podría ser tu respuesta.

–Supongo. Espero no tener que enfrentarlo, no sin armas.

En cierto punto de su avanzar, el gigante se detuvo, soltando las espadas inmensas y cayendo al suelo solo para desaparecer con el polvo. Así mismo las espadas se oxidaron de inmediato, desapareciendo y dejando en su lugar una cruz de color rojo.

–Bueno, eso fue decepcionante. ¿Qué crees que…?

Naruto empujó a Ino bruscamente, recibiendo de lleno el impacto de un ser que emergía del suelo. Este era el gigante que se veía a lo lejos, un enorme ser humano, huesudo y apenas con cabello. Su piel era seca, cenizosa y agrietada. Sus brazos aunque delgados eran poderosos, como si de un árbol viviente se tratase, solo que con cabellera y barba prominente.

Apenas salió por completo, el gigante atrapó a Naruto entre sus poderosos apéndices, apretándolo con todo su poder. Para escapar, Ino necesito usar parte de su talento. Con ella se trajo una semilla de árbol constrictor, el mismo que implantó de un golpe en el gigante. Una vez dentro del gigante, la semilla comenzó a crecer, hasta el punto de arrojar sus raíces por lo que alguna vez fue el sistema circulatorio de la bestia. Sin mostrar dolor, el gigante se fue paralizando. De su piel emergían ramas, y de su cabeza un enorme tronco que se extendió el doble de grosor y altura del gigante. Naruto, por otra parte, quedó atrapado entre dos ramas, las que fueron fáciles de romper una vez el árbol se empezó a secar.

Al soltarse, Naruto cayó al suelo. De él emanaba un humo negro, el mismo que provocaba todo el dolor que hizo su cuerpo estremecer. De su boca se escapaba un grito aterrador, que pronto atrajo otras creaturas. Ino recogió a su marido, y sus manos comenzaron a arder, contagiada del mismo dolor de Naruto. Este, tratando de mitigar el mal, se puso de pie, tomó a su mujer y buscó refugio entre los arbustos. Ino buscó el bálsamo de Azura, pero sus manos comenzaban a colorarse en un rojo intenso.

–¿Qué es esta cosa?

–Es la maldición –Naruto comenzaba a recitar parte de la información de la madre susurrante y la hermandad, o al menos lo que por medio de la sangre corrupta de la hermandad conocía–. La maldición de Enra es una marca de dolor y sufrimiento. No debería afectarnos por siempre, pero…

–Me quema como su sostuviera brazas ardiendo entre mis manos. No puedo soportar este dolor… ¿Cómo lo curo?

–Nos afectará unas horas. Deberemos encontrar algo para curarlas.

–¿Cómo qué?

–No lo sé. Por el momento debemos mantener un perfil bajo.

–Estábamos en perfil bajo cuando esa enorme cosa nos atacó. Debemos conseguir armas, debemos buscar algo que pueda quitarnos esta maldición de las manos…

–Y el torso –Naruto se abrió la chaqueta, subió su camisa y mostró su cuerpo. El torso había tomado un color negro, resaltándose el sistema circulatorio en un tono más oscuro.

–Te dio de lleno todo esto…

–Si lo dices por las venas, es la sangre corrupta. Las manchas negras alrededor es la maldición de Enra.

Ino lo miró pensando en el dolor que podría haber causado todo eso. Era como ver a un ser alcanzado por un rayo.

De pronto, antes de poder reaccionar, los pasos de un ser en el exterior alertó a la pareja. Sea lo que fuere que estaba allí afuera arrastraba los pies, acarreaba un gran peso quizás en su espalda. Y gemía casi conscientemente de esfuerzo y dolor. Su voz era la de una mujer madura… o demasiado agotada.

Ino, quien al escuchar el gemir pensó en ayudarle asoma su cabeza por sobre el refugio, notando que se trataba de una figura semihumanoide, que se arrastraba apoyándose con los brazos, con una enorme piedra que duplicaba su tamaño y quintuplicaba su peso. Esta imagen hizo que Ino sintiera que realmente se encontraba en un lugar terrible.

–Seguirla no es una buena idea. Tal vez debemos continuar y buscar al heraldo de Sorabe.

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Alcanzar un punto alto desde donde poder divisar algún campamento fue el primer paso de ambos. Ese punto fue elegido en una colina seca. Al comenzar a subir, Ino se dio cuenta de algo curioso: alrededor de ellos había una enorme cantidad de sombras, plasmadas en el suelo. Estas sombras se movían, y simulaban estarlos observando.

–Naruto…

–No son agresivos. Las sombras simplemente son una guía de lo que nos ha pasado en este lugar.

–¿Cómo lo sabes?

–Ellos están investidos con las túnicas de los miembros de la hermandad.

La enorme cantidad de sombras a su alrededor mostraba incluso más que eso. Las sombras no eran sino victimas de este sitio, humanos, dioses y demonios que esperaban en ese sitio. Pronto una imagen les hizo sentirse a salvo. En la cima de la colina había un asentamiento, casi como el inicio de un pueblo en ruinas. Cuatro edificaciones desgastadas por el fuego, cubierta desde la base hasta en el más insignificante rincón de cenizas, e incluso algunas brazas aún se podían oler en las cercanías. El humo bailaba con el avance de la pareja, que removía la ceniza bajo sus pies tratando de esperar que algo o alguien se encontraran aquí.

–Separarse sería adecuado –dijo Naruto–.

–No quiero quedarme aquí mucho tiempo.

–Descuida… –Ambos se armaron con un kunai, el arma básica e indispensable de cualquier shinobi–. Ustedes son la única amenaza que encontrarán aquí.

De un muro sobresalía el dorso, cabeza y la mitad de los brazos de una dama. A su alrededor solo brazas y carbón. Estaba vestida con harapos de los que emanaba un fuerte olor a hierro, tan desgastados y corrompidos por el fuego que poco o nada cubría de su cuerpo. Su cuerpo, o lo que se podía ver en medio de los ropajes, se había petrificado por la falta de movimiento. Su piel estaba agrietada, sangrando considerablemente, produciendo y alimentando un charco de sangre a sus pies.

–Por dios, ¿Qué es lo que…?

–Sus rostros se ven demasiado humanos. Ustedes fueron traídos aquí, de la misma manera que trajeron a todos los demás. No parecen diferentes a ellos, excepto tal vez que son demasiado inocentes. Jamás experimentaron esto, jamás debieron haber venido a un sitio tan cruel. Sin embargo, no son los primeros que, sin merecer el castigo de Enra han caído aquí.

Naruto miró a Ino, pensando en lo que había dicho la dama en el muro.

–¿Quién eres? –Preguntó Ino.

–Lo he olvidado. He estado esperando a la dama misericorde desde que fui mandada aquí. Solo recuerdo que mi misión es guiar a aquellos que son enviados por ellos. Los que entregaron la energía divina a los mortales. Poco después de perder toda esperanza en este sitio, ellos me abandonaron, dejándome encerrada pagando mis pecados. Solo la dama misericorde puede sacarme de este cepo ardiente.

–Habla de Azura…

–Azura… ese era el nombre de la víctima, no de la doncella misericorde.

–¿Victima?

–Este sitio ha cobrado la cordura de muchos de quienes aquí. Algunos incluso han perdido algo más importante que la vida aquí. Muchos de nosotros estamos esperando aquí, hasta que Enra sea librada de su rey.

Naruto e Ino sintieron un nudo en el estómago. Se supone que Azura era el amanecer de la misericordia y el consuelo. Escuchar que ella era una víctima más de Enra.

–Sabía que el infierno no sería un buen lugar para la luna de miel.

–Enra no es el infierno que todos ustedes conocen o creen merecer. Enra no es un sitio donde va la gente mala. Muy de hecho, las almas que penan aquí son personas que vinieron aquí por voluntad. Nunca nadie ha entrado en Enra de forma obligatoria.

–No directamente –Naruto mostró los rasgos de la sangre corrupta, causando que la mujer en la pared reaccionara.

–Un portador de las bendiciones de la madre de los susurros. Un ser hueco de corazón más. Muchos como tu vinieron aquí, y jamás han vuelto de la misma forma. Supongo que no se puede hacer más. No espero que tu traigas a la doncella misericorde, pero te pido que intentes traerla ante mí. Ella pondrá fin a mi castigo… y así volveré a donde pertenezco.

–Necesitaremos ayuda. A mi mujer y a mí nos ha afectado la maldición de Enra. ¿Sabes curarla?

–Curar una maldición no es sencillo. Tessa tal vez pueda ayudarlos. Sin embargo, estar en su presencia es peligroso. Jamás la había visto tan molesta como hasta ahora.

–¿Dónde puedo encontrar a Tessa?

–Ella descansa en aquella casa. Suele salir solo para juntar un poco de la ceniza y preparar con ella los cuerpos de quienes volvieron sin vida. Mucho te pido que antes de estar en su presencia, cambien su actitud. Tessa es muy sensible.

Naruto tomó las manos de Ino contagiándose de su dolor por la maldición. Ambos caminaron hasta lo que bien podía hacerse pasar por una iglesia resquebrajada. Por dentro el paso del tiempo había hecho erosionar los muros, dejando al descubierto el material del que estaba hecho: los huesos de seres que perecieron en este sitio. Emparedados había huesos tanto de bestias como de seres humanos. Muy de hecho, una mujer joven, comparable en edad a Tenten, estaba usando los huesos de alguien más para rellenar un hueco en uno de los muros. Esta mujer usaba la ceniza y otra sustancia para emparedar los huesos en el muro, solo que esta no era la mejor mezcla para conservarlos en el muro.

–Pobres almas. Adornando y sosteniendo este sitio. Ustedes serán el soporte de quienes vendrán después de ustedes –La doncella vestía un kimono, ennegrecido por la ceniza y las sustancias que usaba para el muro. Su cabello era corto, mal cortado tal vez por ella misma. En su costado había un kaiken, un cuchillo de fabricación samurái. Esto reveló su rango como guerrera del emperador… o eso aparentaba. En su nuca podían verse unas vendas, que por su ubicación parecía estar cubriendo sus ojos, pero sus oídos podían escuchar hasta el más mínimo ruido de su alrededor–. Que felicidad. Hacía mucho que no escuchaba el palpitar de un auténtico corazón… y hoy tengo la fortuna de escuchar el palpitar de dos jóvenes corazones.

–Me asusta cuando se refiere a nosotros como corazones, y cubre el muro con huesos.

–Los huesos de los desafortunados pecadores irguieron este templo desde que se comenzó a construir –la doncella ciega tomó su kaiken y se puso en pie, ayudándose con las manos para alcanzar alguna de las superficies cercanas–. No hay más materiales, y están por allí. Solo intento mantener ordenado el sitio… y no caerme con todos los huesos esparcidos por todos lados.

Tessa comenzó a caminar hacia la salida, donde ella reconocía que estaba una fuerte corriente de aire, la misma que levantaba las cenizas y llenaba el ambiente de polvo cenizoso. Cerró la puerta y comenzó a toser fuertemente.

–Sus voces son tan cálidas… tan amables y tranquilas. Ustedes se han topado con un destino que no les pertenece. Ustedes son inocentes… pero… yo también lo era. O al menos eso creía. Tras de tanto tiempo aquí… solo puedo pensar que merecía ser arrastrada a este sitio. Los años no han pasado en vano. Sorabe debió advertirme que este suplicio nunca terminaría.

–Espera, ¿conoces a Sorabe?

–Desearía no haberlo hecho. He maldecido tantas veces el haberme topado con él… y no recuerdo el motivo por el que lo maldigo. Ni siquiera recuerdo el motivo por el que acepté esta encrucijada. En cambio ustedes… tal vez fueron traídos aquí por casualidad. O quizás por su habilidad. ¿Quién de ustedes se ha topado con un primigenio de chacra?

–Naruto.

–Naruto… al menos ustedes recuerdan su nombre. Significa que no tienen suficiente tiempo aquí. ¿Qué les trae a este lugar?

–La dama del muro dice que puedes ayudarnos a curar la maldición de Enra.

–Maldición… ¿Se toparon con el gigante?

–Ahora es un árbol.

–Un árbol… un final bastante misericordioso. Ese pobre ser ha estado deambulando por demasiado tiempo… estoy feliz de que uno de nosotros pudiera recuperar paz. Déjame sentir la intensidad de tu maldición.

Ino levantó el brazo, colocándoselo al alcance a Tessa. Ella comenzó a recitar algo en una muy baja voz. Su lengua, su voz e incluso su acento cambiaron. Incluso parecía que era una niña la que recitaba. A Ino le invadió la sensación de haber sido tocada por una niña. La doncella ciega frente a ellos comenzó a brillar, y una luz ligera emanaba de ella. Esa luz afectó la oscuridad que las cenizas dejó, desvaneciendo las cenizas y renovando la catedral en el interior. Ver esta reacción solo causó maravillas en la cabeza de Ino y Naruto. No obstante, curar a Ino le costó mucho. La imagen de la catedral se renovó, más no así fue reparada. Ruinas nuevas, si era posible definirlo así. En contra posición, mientras el templo se renovaba, Tessa envejecía, se marchitaba y terminó por parecer una anciana cadavérica… que apenas podía moverse. Ino no podía creer lo que ocurría. Y una vez terminado…

–¿Pero qué ocurre?

–La maldición de Enra. Afecta más a quienes fueron maldecidos antes de venir aquí.

–Usted no tenía por qué absorber mis males.

–Oh, mi inocente pequeña. No debes preocuparte por la maldecida. No tienes idea de cuantas maldiciones he soportado. Y cada ocasión vuelvo a este aspecto. No tardaré mucho en recuperar mi imagen de la santa sacerdotisa que fui. Aunque para mí, tal vez no sea ningún beneficio recuperarlo. Hace mucho debí haber sido perdonada.

Tessa se sentó con mucho pesar en el suelo, recostándose pronto por no poder mantenerse erguida. Mantenía en sus manos el kaiken enfundado, y permanecía estática salvo por su respiración.

–Ustedes llaman demasiado mi deseo de aprender. ¿Quiénes son ustedes y a que vienen?

–Lady Azura nos ha traido para rescatar a Sorabe.

–¡Lady Azura! ¡HAHAHAHAHAHAHAHAHA! –Tessa duró mucho tiempo riendo, recuperando parte de su juventud casi de inmediato–. Esa bruja no puede arreglar sus errores y manda a un joven y a una chica a hacer el trabajo que los mismos primogenios no pudieron hacer. ¿Qué les hace pensar que pueden ayudar a Enra a salir de la fosa de fuego en la que está convertido? Ninguno de los heraldos anteriores ha podido llegar hasta Sorabe para liberarlo. Ni siquiera el heraldo escarlata pudo avanzar más allá de Kamar. ¿Qué te hace diferente al heraldo escarlata?

–No lo sé –dijo Naruto–. Al parecer algo diferente vieron en mi. Me obligaron a convertirme en asesino de la hermandad y me trajeron aquí directamente desde mi luna de miel.

–¿Hermandad de asesinos? –La juventud de Tessa estaba casi por completo restaurada, lo que le permitió volver a sentarse–. Dijiste que Azura te envió…

–Soy un heraldo de Azura…

–Pero Azura es la doncella misericordiosa. No busca la muerte de nadie, sino proteger del mal a todos. Ella suele enviar médicos y sanadores. Este sitio fue erigido en su nombre y para sus sirvientes. Ella parece más del tipo de Azura…

–Sí, eso me ha dicho.

Tessa se puso en pie, interesada en los motivos que causaban la presencia de Naruto en Enra. Tocando sus manos se enteró pronto de lo que ocurría. Naruto estaba infectado con sangre corrupta, una bendición que maldecía el cuerpo del portador con oscuridad y muerte, impidiéndole al portador morir por más poderoso que sea el corte. Sin embargo, también había una bendición poderosa dentro de él. Una bendición de Azura, permitiéndole protegerse con sus propias manos sanando sus heridas. Una maldición y una bendición portadas por el mismo sujeto. Naruto realmente era diferente a los demás heraldos que vinieron antes de él.

–Esto es imposible. Azura y la madre susurrante te han enviado. No se supone que tu cuerpo pueda soportar a esta clase de bendiciones. O es que… ¿Acaso naciste de cuna espiral? ¿Eres un Uzumaki?

Ino y Naruto se vieron entre si, tratando de entender el motivo por el que Tessa estaba interesada en el génesis de Naruto.

–¿Por qué la pregunta?

–Solo eso puede ser. Realmente existen aún los Uzumaki… Rápido, deben ayudar a Enra a salir de este infierno eterno –Tessa salió del santuario por primera vez en demasiado tiempo, observando cómo no solo el santuario se restauraba. Todo a su alrededor se restauraba de a poco–. La esperanza ha vuelto a la tierra de Minges. Su presencia augura una oportunidad de redención. Rápido. Deben ir hacia el norte… –debido a su ceguera, ella no podía sino apuntar de forma incipiente, hacia el sur–. Sobre las colinas está la primer tierra, Aoba. Ese sitio es la tierra que protegía el gran señor Hakon. Una tierra de poderosos guerreros que fue atacada milenios antes por un ser abominable. Maten a la criatura y liberen Aoba del yugo del mal.

–¿Qué tiene que ver Aoba con la liberación de Sorabe?

–Aquí, la sangre de los grandes demonios mantiene cerradas las puertas de Volgen, el sitio donde tienen encerrado a Sorabe. Solo derramando la sangre de los grandes demonios pueden acceder a ese sitio. El primer demonio es un ser poderoso, dictador de Aoba que ha dominado a los guerreros de Hakon. Derrótenlo y estarán más cerca de liberar a Sorabe de su prisión.