Capítulo XXIX: Y allí estaba la última Casa Zodiacal: La Casa de Piscis, el último punto hacia el Patriarca, ya el grupo había quedado completamente diezmado, quedando reducido a solo Seiya, Shun, Bart, Jessica, Rafa y los Hermanos Flanders, ya todos los demás habían caído, dando sus vidas por sus amigos y por Athena para salvar su vida, para empeorar más las cosas, el reloj estaba ya quedándose con muy tiempo, si no llegaban al Santuario con el Patriarca, Athena moriría.
- Allí está. Dijo Rodd.
- La Casa de Piscis, no sé por qué, pero tengo un mal presentimiento, Rodd y yo deberíamos quedarnos aquí. Les dijo Todd para proteger a su hermano, pero no pudieron, ya que Rodd no quería quedar como un cobarde frente a los Caballeros.
- Somos Caballeros de Athena como de Cristo, no le debemos tener miedo a nadie. Le dijo Rodd a su hermano.
- Tienes razón, andando. Alegó Todd y se pusieron en marcha, subiendo las escaleras del templo.
La Casa de Piscis era parecida al Partenón en la Acrópolis de Atenas, al ir avanzando por el interior, notaron que éste era como las demás casas, dividido en salas y rodeado de numerosas columnas, algunas de las cuales estaban decoradas con estatuas de mujeres.
- Parece que el que vive aquí tiene un buen gusto por las mujeres. Alegó Jessica, mientras que iban corriendo hacia las escaleras, cuando de golpe, vieron que dos misteriosas luces se dirigieron hacia Seiya y Shun, quienes los esquivaron y voltearon la vista para ver qué había sido eso.
- Pero... Son rosas rojas. Dijo Seiya, mientras que se levantaban de la escalera.
- ¿Quién las habrá lanzado? Preguntó Shun.
Al girar la vista hacia el final de lo alto de la escalera, en la entrada había una especie de luz brillante color dorado, donde un joven estaba de pie en el tope.
- No hace falta ir muy lejos. Alegó Seiya, mientras que ya tenían su respuesta ante la pregunta de quién fue el atacante.
Bart ayudó a Jessica a levantarse, ya que se había golpeado contra uno de los peldaños.
- ¿Estás bien? Le preguntó el chico.
- Sí, descuida, solo es un raspón. Le respondió la hija del Reverendo Alegría por su herida.
Allí dirigieron su mirada hacia el Caballero que les esperaba, mientras que en el Santuario, el Patriarca, sentado en el trono, se encontraba contando quién era el guerrero misterioso.
- El Caballero de Oro que custodia la Duodécima Casa del Zodiaco: Afrodita, del Signo de Piscis, el Caballero más bello de entre mis 88 Guerreros, un luchador brillante y fiero. Un Semi-Dios que obedece todas mis ordenes. Señaló el Patriarca, mientras que se volvía a las escaleras en la Casa de Piscis.
De pie allí estaban, impregnados, incluso los varones, sorprendidos de la belleza absoluta de aquel Caballero de Oro, sus cabellos celestes y largos.
- Por su belleza, sus adversarios le sobrestiman. Su cantor parece tranquilizador. ¡Qué fatal error!. Terminó de relatar el Patriarca, mientras que todos seguían allí de pie, Seiya y Shun, incluso el primero estaban asombrados de tanta belleza, el Caballero de Piscis, además de que sus largos y celestes cabellos llegaban hasta sus hombros, su hermoso rostro blanco, labios pintados de un pálido lila, mientras que sostenía en el mismo sitio una bella rosa roja, color de la pasión del romance.
- ¿Quién será el guapo de allí arriba? Se preguntó Jessica.
- ¡Vamos, muéstrate! Le ordenó Seiya serio.
Como por arte de magia, el viento sopló allí, alejando los pétalos de las rosas y moviendo los largos cabellos celestes del Caballero.
Fue en ese momento, en el que aquel misterioso personaje rebeló su nombre.
- Ante ustedes está el Caballero del signo de Piscis. Se presentó con una gran magnificencia y belleza.
- ¡El Guardián de la Duodécima Casa del Zodiaco! Te llamas Afrodita. Exclamó Seiya, mientras que Shun observaba aquella rosa en los labios de aquel enemigo, había algo extraño que no compatía para nada en aquella escena.
Todd y Rodd temblaron ante el Caballero, había una especie de miedo en el aire, algo que no sabían qué era lo que podía ser.
- Pase lo que pase, no te dejes asustar, ¿sí? Le dijo Todd a su hermano.
- Lo haré. Lo haré. Dijo, mientras que trataba de no temblar.
Shun, por su parte, se dirigió hacia su amigo.
- Seiya, tú ve con el Patriarca, yo me haré cargo de pelear contra Afrodita. Le pidió su amigo.
- ¿Seguro que podrás? Le preguntó Seiya.
- No hay tiempo, estamos con muy poco y si Saori muere, ya no habrá vuelta atrás. Date prisa. Le pidió su amigo, el Caballero de Pegaso aceptó el pedido del peli verde y salió con Bart y Jessica hacia el Santuario, pero en ese momento, el Caballero de cabellos celestes los atacó.
- ¡Cuidado! Alertó Jessica, mientras que invocaba el "Muro de los Lamentos", pero el ataque de Afrodita había logrado traspasar sus defensas y pero gracias a Shun, logró distraer al oponente de ellos, para que así continuaran su camino.
- ¡De prisa, Seiya, ve con el Gran Maestro, Saori depende de ti y de los niños, rápido! Le pidió Shun, mientras que usaba su "Cadena de Andrómeda" deteniendo el ataque de Afrodita.
Los Hermanos Flanders intentaron seguir a Seiya, Bart, Rafa y Jessica, pero no podían dejar a su Maestro pelear, eso les fallaría como Cristianos también, por lo cual se quedaron allí, combatiendo al Guardián de la Casa de Piscis.
La distracción de Shun funcionó, ya que Seiya con Bart, Rafa y Jessica pudieron escapar de la Casa de Piscis y dirigirse hacia el Santuario y así salvar a Saori, pero, en el momento en el que el hermano de Ikki pudo detener a Afrodita, él le dio una parte que no estaba enterado.
- Caballero de Andromeda, ¿acaso te has preguntado qué es lo que hay en el camino para llegar hacia el Patriarca? Le preguntó Afrodita, mientras que sostenía la cadena que Shun aún controlaba sobre su rival.
- ¿De qué estás hablando? Preguntó Shun.
- Para llegar hacia el Santuario, primero se debe cruzar por el Campo de las Rosas Rojas Sangrientas. Le dijo él a Shun y a los hermanos.
- Ahh. Dijeron ambos sorprendidos.
- Esas Rosas no son normales, son las más venenosas de toda la Casa de Piscis, cada vez que se abran camino, irán dirigiéndose hacia una lenta y dulce muerte. Les contó Afrodita sobre el truco que tenía bajo la manga.
- ¡Seiya! Gritó Shun, quien trató de ir a advertirle, pero Afrodita jaló la cadena de Andromeda que lo tenía detenido.
- Aunque sean capaces de poder llegar al Santuario, no podrán hacerlo. Le dijo Afrodita, mientras que se quitaba de encima las Cadenas de Shun y lo atacaba con las "Rosas Rojas Sangrientas", las cuales tienen el poder de matar al enemigo de una forma lenta y dulce.
Shun recibió el golpe de Afrodita, lo cual le llevó al envenenamiento por las rosas, pero no se iba a rendir, a su auxilio fueron Rodd y Todd para curarlo.
- Resista, Maestro Shun, lo ayudaremos. Le prometió Todd, mientras que usaban el "Poder de Asclepio", pero su Maestro les detuvo.
- No hace falta, puedo aún seguir combatiendo: ¡"Cadena de Andromeda"! Invocó su ataque contra Afrodita, pero con la ayuda de sus rosas, el Caballero de Piscis logró esconderse y ponerse a resguardo del ataque de su rival.
Rodd y Todd rodearon al enemigo, utilizando sus poderes más fuertes, trataron de debilitarlo, pero fue en vano.
- ¡Es imposible, es como si pudiera leer nuestras mentes! Se dijo Todd.
- ¡No es eso, es muy listo para nosotros! Dijo Rodd.
- Niños, ustedes no deberían estar aquí, peleando por asuntos que no son suyos. Pero, como veo que quieren retarme a un duelo, adelante, hagámoslo: ¡"Rosas Diabólicas"! Invocó Afrodita su ataque y un feroz enjambre de esas flores atacaron a los hermanos, quienes se protegieron.
Saliendo de la defensa de los Hermanos Flanders, Shun golpeó a Afrodita, pero cuando le estaba empezando a ganar ventaja, su adversario sacó una Rosa Negra.
Mientras tanto, Seiya, Bart, Rafa y Jessica encontraron un camino, eran las escaleras que conducían hacia el cuarto del Maestro, pero aquel camino estaba cubierto por cientos de miles de rosas.
- Hay algo que me inquieta mucho. Dijo Rafa.
- ¿De qué hablas? Preguntó Bart, mientras que se volteaba hacia su amigo.
- No creo que sea una prueba fácil, algo deben tener estas rosas. Dijo el chico.
- No hay tiempo de averiguarlo, Saori corre peligro y el tiempo se nos está terminando. Vamos. Pidió Jessica.
- Jessica tiene razón, andando. Ordenó Seiya, mientras que empezaban a cruzar las escaleras hacia el cuarto del Maestro.
Fue avanzando en ese espeso y largo camino de rosas hacia el cuarto del Patriarca, parecía un mar que nunca terminaba, pero cuando fueron avanzando más, algo le ocurrió a Rafa.
- Oigan, ¿Y Rafa? Preguntó Jessica, cosa que en su tono de voz se sentía como si estuviera enfermo.
- Venía detrás nuestro. Dijo Bart, quien se dio la vuelta y encontró a su amigo tirado en el piso de las escaleras.
- ¡Rafa! Gritó Jessica al verlo sin movimiento en el lugar.
- ¿Qué le pasó? ¿Quién lo atacó? Preguntó Seiya, mientras que en sus cuerpos, un enemigo invisible avanzaba sigilosamente.
- Rafa no responde, no tiene heridas de ataque, pero esto es raro. Le contó Jessica, mientras que trataba de revivirlo.
- No podemos dejarlo aquí, pero tampoco nos lo podemos llevar con nosotros. De prisa, andando. Les dijo Seiya, él nunca abandonaría a nadie, pero estando con el tiempo contra ellos, habían que tomar decisiones muy drásticas.
Al volver a correr, el Caballero de Pegaso sintió como una especie de punzada en su cuerpo, como si una espada invisible lo hubiera atravesado y lo mismo les pasó a Jessica y Bart, quienes empezaron a sentir los tres que la fuerza los abandonaba.
- ¿Qué nos está pasando? Preguntó Bart, mientras que se arrastraba por el camino.
- No lo sé, pero algo parece provenir de estas rosas, una especie de veneno mortal. Afrodita nos tendía una trampa, por eso nos dejó pasar sin ningún problema por su Casa. Les dijo Seiya, mientras que estaban cada vez más débiles.
Jessica se arrastró con las últimas fuerzas hacia Bart, mientras que trataba de protegerlo del veneno.
- Bart, no creo que vaya a sobrevivir. Por favor, déjame aquí, ve con Seiya y salven a Saori, de prisa. Hazlo. Le pidió ella como último favor.
- No te abandonaré, Jessica, no lo puedo hacer, jamás me lo perdonaría. Le dijo él, mientras que la abrazaba con fuerza, tratando de evitar que ella muriera por el veneno.
- Nunca lo has hecho, lo vi siempre en ti. Te preocupas por los demás. Pero ahora, esta es mi despedida. Cuídate. Salven a Saori. Te amo muchísimo. Confesó Jessica su amor por Bart, antes de colapsar finalmente por el veneno, ella lo besó apasionadamente, hasta que su corazón finalmente se detuvo, muriendo en los brazos del chico de cabellos picudos.
- ¡No, no, no, no, por favor, no! ¡No me hagas esto, por favor, Jessica, reacciona, vamos, vamos, por favor! Le pidió Bart a ella de que despertara pero era tarde, también su cuerpo comenzó a fallar, mientras que caía envuelto en lágrimas sobre aquel mar de rosas, Seiya también se sintió frustrado, había fracasado, Saori moriría y ellos habrían fallado a la Diosa.
- Lo siento, Saori, lo siento mucho por haberte fallado. Se disculpó Seiya, mientras que colapsaba ante el veneno como Bart.
En aquel mismo sitio, Marin de Águila, entrenadora de Seiya, había derrotado a un enemigo del Santuario, en el principio de las Doce Casas, cuando en ese momento, apareció Shaina, ayudándola.
- ¿Dónde te habías metido todo este tiempo? Le preguntó la peli verde a la pelirroja.
- He ido a un lugar sagrado, donde esperaba encontrar las respuestas ante la extraña actitud del Patriarca. Pero cuando llegue allí, vi un cuerpo tendido en el suelo, al acercarme para ver de quién se trataba: Con horror descubrí que era el cuerpo del antiguo Patriarca. Le contó Marin.
- No, no puede ser, entonces... Iba a decir Shaina pero la pelirroja se le adelantó.
- Sí, tu respuesta está en lo cierto: Alguien ha usurpado su lugar. -Le responde Marin, dejando sorprendida y preocupada a Shaina- Pero, ¿quién puede ser más poderoso que el Patriarca que esta por encima de los 88 Caballeros del Santuario? Se preguntó la pelirroja ante tan poderoso enigma.
Continuará en la parte II :D. Se despide MontanaHatsune92. Saludos a aletuki01, sshunz, Princesa andrmeda y Guest :D.
Ah, se me olvidaba: Parte II y Epílogo :D.
Nos estamos viendo, cuídense n.n y buen comienzo de semana.
