MLB: Arenas de Tiempo
Hola mis Ladies y mis Lords.
He aquí un nuevo capítulo de esta fascinante y magnifica historia.
Sé que algunos aún están impactados o insatisfechos por la muerte de Garai pero la verdad no había sido mi intención con matarlo de esa manera horrible, hasta a mí se me hizo difícil con hacerle eso y más sobre todo por Aten.
Pero les juro que Akenatón recibirá su castigo en los próximos capítulos antes del final de esta historia.
Quiero agradecerles a todos ustedes por seguir y comentar mi historia.
No les quito más de su tiempo así que…
¡Que empiece la lectura!
Capítulo XXI: A Broken Heart
(Un Corazón Roto)
Después de la muerte de Garai su cuerpo terminó siendo embalsamado por 70 días, fueron momentos devastadores, dolorosos y tristes para Aten que al momento en que se le entregaría el cuerpo de su padre, el príncipe ordenaría que le diesen el mejor bote de todo Avaris para rendir homenaje al Nafeer de Tebas y, así, Aten enterraría el cuerpo de su padre justo dónde habían enterrado a su madre.
Y así fue.
Una vez que se le entregó el cuerpo de su padre, Akenatón le dio el mejor barco a su sobrino para que así pudiera rendir homenaje a su primo por todo el Nilo hasta llegar al punto donde se tenia planeado con enterrar el cuerpo. Todos abordaron el barco mientras lloraban de luto por la pérdida de su familiar y gobernador, el más afectado era Aten quien no dejaba ni por un segundo el sarcófago de su padre mientras que el joven príncipe recordaba momentos agridulces que tenía con su primogenitor. Maat estaba tan destrozada y con el corazón roto de ver a su marido decaído, la princesa se le acercó mientras lo abrazaba por la espalda; las lágrimas de la princesa no dejaban de salir de sus lagrimales mientras que éstas eran absorbidas por la tela de la vestimenta que su esposo usaba.
Entre tanto, Akenatón sintió hervir su sangre al ver a Maat abrazando a su sobrino, sí su primo no hubiera intervenido aquella noche probablemente él estaría vivo y Maat ya sería "marcada" por él.
– Te lo tienes merecido Garai. – pensó el Portador de la Mariposa. – No importa si ya estas marcada por otro hombre Maat, serás mía cueste lo que me cueste; y si tendré que matar también a tu esposo por intervenir en mi camino, tenlo por seguro que lo haré. – el hombre no quitó su mirada de la azabache quien no dejaba de abrazar a su marido.
– Se fue Maat… se fue… mi padre ha dejado este mundo y ahora… estoy solo… – Maat se aferró a la espalda de su esposo, queriéndole transmitir el mensaje de que él estaba equivocado.
– Estoy aquí contigo amor… no estás solo… – comentó la Princesa de Menfis.
– Ahora eres lo único que me queda ahora Maat, necesito protegerte de todo el mal de Sokaris, y es una promesa que no voy a fallar ni romper. – pensó decidido y determinado, ahora, el futuro Faraón de Tebas.
– Mi señor. – llamó Nour a su amigo.
– Hablé Sacerdote. – apenas Aten podía hablar, pues, su garganta estaba seca y rasposa.
– Hemos arribado a Tebas mi Señor, estamos listos para el funeral de su padre; del Faraón Garai-Harsafes de Tebas.
Aten desvió su mirada y era verdad, habían arribado a Tebas, su hogar de nacimiento y, a la vez, el siguiente en gobernarlo.
– Hagan lo que tenga que hacer… hagan que toda Tebas se despida de su Gobernador y le lloré hasta no tener lagrima más que derramar. – avisó el nuevo Nafeer de Tebas a su amigo, mientras que el sacerdote hizo una reverencia de respeto y condolencias.
Y así lo hicieron.
Sacerdotes y sacerdotisas bajaron primero del barco mientras cantaban un cantico hermoso y triste a la vez de su última despedida del Faraón, luego bajaron unos guardias de Akenatón quienes cargaban el sarcófago del difunto Gobernador de Tebas, después bajaron la familia real junto con sus amigos e invitados, y al último los sirvientes que tenían consigo ofrendas y regalos para el difunto.
En ese momento, todas las calles de Tebas lloró con sufrimiento, dolor, tristeza y pena por la pérdida de su Faraón; ningún lugar estaría silencioso, pues, los sollozos y gritos de los egipcios se escuchaban por todos lados. En palacio también todos estaban de luto, los sirvientes dejaron de hacer sus labores mientras le rezaban a sus dioses por la protección de su señor en su siguiente vida, los guardias tuvieron que salir a las callas para proteger a la familia real y velar la ceremonia de su difunto Faraón, Akila se encontraba observando desde uno de los balcones a toda Tebas sufriendo de dolor y de llanto.
– Ama, ¿Se encuentra usted bien ama? – preguntó Wayzz a su portadora.
– Te mentiría Wayzz… pero… no… no estoy bien… nuestro señor ya se ha ido. Los dioses lo han llamado… Tebas está de luto y de desconsuelo… y Aten… Aten aún no está preparado para ser el siguiente Faraón.
– Ama, sé lo que está sintiendo ahora… pero no dejemos que nuestros sentimientos negativos nos invada, en cualquier momento Sokaris podría atacarnos con sus akumas y eso sería muy difícil para Ladybug y Khepera. – comentó la tortuga a Akila, mientras que la mirada de la mujer sólo podía transmitir dolor y angustia.
– Tienes razón Wayzz… pero… el dolor están fuerte que ni siquiera yo… que fui instituida a no sentir nada… puedo controlarlo.
– No diga eso ama, usted al igual como todos es un ser humano y sólo usted misma puede permitir o no sentir lo que está sintiendo ahora mismo. – la mujer miró a su fiel compañero, tomó a Wayzz con la palma de su mano lo llevó a su rostro y rompió en ese mismo momento el llanto.
El kwami verde sintió un nudo en la garganta abrazó la mejilla de su Portadora y lloró junto con ella, sin importar que las lágrimas de la mujer lo bañaran, en este momento ella necesitaba todo el consuelo posible al igual que Aten también lo necesitaría.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
El recorrido funerario había transcurrido por toda la tarde, el sol se estaba ocultando así que el entierro se realizaría para al siguiente día; Aten junto a su mujer, sus amigos y sus familiares regresaron al palacio. Una vez ahí el príncipe fue recibido por muchas palabras de aliento y condolencias de parte de todas las personas quienes trabajan ahí, Aten solamente podía responderles con un simple "gracias" o en asentir ante aquellos comentarios de sus súbditos.
– Les pido de favor que les den la mejor habitación y atención a la familia real del Alto y Bajo Egipto, Gran Faraón si necesita algo no dude en pedírselo a los sirvientes. Que pasé una tranquila noche usted y su familia. – avisó Maat al personal y miró a Akenatón cuando dijo aquello.
– Le agradecemos por todo lo que está haciendo en estos momentos con nosotros Maat, y más ahora que mi… que mi primo ha dejado este mundo. – fingió el Portador de la Mariposa dolor y sufrimiento, lo cual para la Princesa de Menfis le creyó.
– No tengo palabras para decir más Faraón Akenatón, pero, no olvide que Aten y yo estaremos ahí para ayudarnos con este dolor.
– Gracias… otra vez. – dijo el hombre mientras hizo una reverencia a Maat, y aprovechó en ese momento en esbozar una maligna, oscura y fría sonrisa. – Y créeme Maat, no voy a desaprovechar esta oportunidad que me has dado para entrar poco a poco a tu vida.
– Con su permiso me retiro, debo volver con mi marido y darle todo el apoyo y consuelo que tanto necesita. – con eso ultimo Maat se fue dejando solos a Akenatón y a sus hijos con los sirvientes.
– Mi señor, altezas los guiaré en sus habitaciones. – dijo un sirviente mientras guiaba a la familia real del Alto y Bajo Egipto a sus habitaciones, los primeros en ser llevados a la habitación fueron a Akenatón junto a su esposa-hija Anjesenamón quienes compartirían como matrimonio, pero el Gran Gobernador de las Dos Coronas del Alto y Bajo Egipto le dijo a su hija-esposa que no dormiría con ella en ese lapso de sepelio de su primo.
– No dormirás conmigo Anjesenamón, pues como hoy me ves, estoy de luto por la muerte de mi primo y preocupado por el bienestar de mi sobrino de tu primo; Akhenaten-Harsafes. – claro eso no era verdad, pero debido al de luto que sus hijos sentían en esos momentos no distinguieron la mentira de su padre.
– Comprendo tu decisión mi señor, si es tranquilidad y soledad lo que necesita que sea respetada, pero si cambia de opinión mi señor recuerde que yo siempre estaré ahí para usted, sólo llámeme si me necesita de mi presencia. – dijo afligida la princesa a su padre-esposo mientras hacia una reverencia.
– Agradezco tu comprensión mi querida Anjesenamón, y descansa, pues mañana será el sepelio de tu tío; el Nafeer de Tebas Garai Harsafes. – se despidió el Gran Faraón de las Dos Coronas de sus hijos, o más bien de su hija-esposa, antes de entrar a su habitación asignada.
Akenatón al escuchar los pasos de sus hijos con el del sirviente alejándose de la puerta de su alcoba no pudo evitar soltar una risa maligna y fría.
– Inocentes que son. – se dijo para sí mismo el malévolo hombre mientras se recargaba en la puerta y se cruzaba de brazos e inflando el pecho con orgullo y triunfo.
De su corona salió Nooro con una mirada destrozada y dolida mientras que un dolor en su garganta podía sentir cuando hablaba.
– Akenatón… ¿Por qué…? ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué mató a su propio primo? – las lágrimas que Nooro derramó no aguantaron más hasta que escaparon de sus ojos.
– Se lo tenía merecido, el muy idiota no además hizo que revelará mi verdadero secreto sino que hizo que perdiera la oportunidad de convertir a Maat en mi mujer. – dijo sin pensar el Faraón de las dos regiones más importantes del Alto y Bajo Egipto.
– Él solamente hizo lo correcto, en proteger a su nuera… a la esposa del Príncipe Akhenaten, de su sobrino. – sollozó con más fuerza la triste mariposa. – ¿Qué acaso…? ¿Qué acaso dolor o remordimiento en matar a su propio pariente? ¿O que haya derramado sangre inocente?
El hombre miró gélida y mortíferamente a Nooro, que hizo que al pobre kwami lo mirara con miedo y angustia.
– ¿Dolor?, ¿Remordimiento? Ja, me rió de lo que dices Nooro, yo ya no siento nada de eso. Al contrario. Me siento más poderoso como antes, y lo seré aún más cuando tenga en mis manos los prodigios de Ladybug y Khepera; y así; pueda revivir a mi reina y esposa Nefertiti, y, no sé, tal vez tenga a Maat a mi lado como mi concubina favorita o tercera esposa. Después de todo es la mujer más bella que todo Egipto haya visto. – Akenatón esbozo la sonrisa más tétrica y oscura que hizo temblar aún más de miedo a la mariposa.
Nooro no lo soporto más y se ocultó en alguna parte de la habitación para llorar de su desesperación, pena y tristeza; entre tanto; el hombre sólo se limitó a sonreír con diversión mientras escuchaba los sollozos de su kwami.
– Cómo me divierte hacerlo sufrir. – se dijo para sí mismo mientras soltaba una carcajada fría y hueca.
Entre tanto, Maat iba dirigiéndose hacia su habitación para descansar y consolar a su marido, pero, una vez que ella ya se encontraba ahí, justo en la puerta de su habitación se encontraban dos guardias a quienes le habían impedido el paso a la futura Reina de Tebas.
– ¿Pero qué es todo esto? – preguntó Maat confundida a los dos guardias. – ¿Qué hacen ustedes dos resguardando la puerta de la habitación de mi marido y la mía?
– Su esposo, el Ata Akhenaten Harsafes, nos ha ordenado en que nadie puede entrar a la habitación ni siquiera usted Jumoke. – respondió detalladamente uno de los guardias quien miraba a la princesa con pena y tristeza.
– ¡Pero qué tontería! ¡Mi marido jamás haría una cosa así, ni mucho menos conmigo! – dijo sin creer la azabache.
¿? – Nosotros seriamos incapaces de mentirle a la realeza ni mucho menos ahora a la futura Reina de Tebas, majestad. – comentó el otro guardia.
¿? – ¿Qué más le dijo mi marido para prohibir mi presencia en nuestra alcoba? ¿Acaso ya se cansó de mí? ¿Le hecho algo malo para faltarle al respeto? – preguntó Maat aún más confundida mientras que ella no pudo dejar de sentir una fuerte punzada en su corazón, pues, de tan sólo imaginarse que su marido ya se había aburrido de ella o que ya no sentía nada hacía a ella la entristecía.
– Nuestro señor sería incapaz de hacerle daño a usted Jumoke. – dijo el primer guardia a la princesa.
– Entonces, ¿Por qué me está prohibiendo de estar a su lado?
– Nuestro señor sólo desea estar solo, él quiere lidiar solo con su dolor. – aquella confesión que escuchó de la boca del segundo guardia hizo que el corazón de la Portadora de la Mariquita se le encogiera del dolor y de la tristeza.
– ¡Pero qué absurdo! – gritó la azabache haciendo sobresaltar a los dos guardias. – ¡Háganse a un lado que voy a pasar! – ordenó ella pero los guardias se lo impidieron.
– Jumoke no lo haga más difícil, nosotros sólo recibimos ordenes de nuestro señor y debemos de cumplirlas. – dijeron al unisonó ellos dos.
– ¡Yo soy la Esposa Real aquí! ¡Y les ordeno a ustedes dos que se hagan a un lado antes de que pierda la paciencia! – vociferó molesta Maat. – ¡Aten! ¡Sí me estas escuchando lo que estás haciendo está mal! ¡No puedes lidiar tú solo con tu dolor! ¡Sé que te duele al perder a un ser querido, pero aislarte de los demás y ocultar tu dolor detrás estas puertas nada se va a solucionar! ¡No estás solo Aten! ¡Así que déjate de juegos estúpidos y déjame pasar y darte consuelo que por eso soy tu esposa!
El rostro de Maat se había tornado rojo del coraje y de la rabia, pero en su mirada azulina sólo se podía ver tristeza, preocupación, y dolor. Los guardias no podían creer el fuerte comportamiento de su futura Reina, nunca nadie tuvo el atrevimiento de gritar con tal exageración ni mucho menos sé si trata de la familia real, los guardias al igual que todo Egipto sabían que sí alguien tuviese el atrevimiento de alzarle la voz al mismísimo Faraón en persona o al Príncipe Heredero graves consecuencias tendría el acusado… pero… en este caso sería de la Esposa Real, sí Aten tenía en todo su derecho en castigar a su mujer, pero, cómo el príncipe amaba demasiado a Maat no tendría el corazón ni siquiera las agallas como para castigarla.
Aten había escuchado todo detrás la puerta pero aun así él no dijo ninguna palabra u orden que dejasen entrar a su esposa, es más, ni siquiera se atrevió en contestarle a Maat. El Príncipe de Tebas se encontraba acostado en su cama con una mirada muerta en vida, sin brillo y con una enorme tristeza en sus ojos esmeraldas. Plagg sintió un nudo en su garganta cuando vio el terrible y doloroso estado de su amigo, el felino miró la puerta mientras que los gritos de Maat aún se podían escuchar a través de ella.
– ¡Aten no me ignores cuando te hablo! ¡Te exijo en que me dejes entrar y hablemos como personas civilizadas! – era tanta suplica que se escuchaba en la voz de la princesa pero aun así su marido no le contestó.
– Lo siento Maat… en verdad… lo siento. – suplicó mentalmente el Portador del Gato, por primera vez en su vida, el joven y futuro Nafeer de Tebas ignoró a su mujer.
Maat no era de esas personas que se rendían tan fácilmente, ella siempre se decía así misma que rendirse era una demostración de debilidad e inutilidad, pero esta vez lo dejaría todo a un lado. Dejaría sólo esa noche a su marido para que a la mañana del día siguiente lo enfrentaría quisiera él o no. La Princesa de Menfis estaba tan exhausta que lo único que pensaba era en descansar pero dentro de su corazón sabría que sería muy difícil en lidiar con su sueño, pues, le preocupaba el bienestar de su marido y más ahora que él tiene sentimientos negativos porque en cualquier momento Sokaris lo atacaría y quién sabe lo que sería de él.
Una vez en su habitación, la azabache no pudo dormir toda esa noche estuvo en desvelo caminando de un lado a otro como animal enjaulado en su habitación. Tikki, quien la veía triste y preocupada le preguntó.
– Maat, ¿Dime qué es lo qué te pasa?
– Perdón si te desperté Tikki, pero no puedo dejar de pensar en Aten ni mucho menos ahora que él podría ser víctima de Sokaris. – afirmó mortificada la Princesa a su kwami. – Tikki, ¿Puedo hacerte una pregunta?
– Dime Maat. – dijo la mariquita.
– ¿Un portador de los prodigios puede ser akumatizado?
Aquella pregunta que le hizo su amiga hizo dudar la kwami roja, Tikki tuvo que meditar un poco para darle una respuesta clara y que no le preocupase a su portadora, pero, siempre cada vez que ella encontraba la respuesta siempre caía en la misma.
– Maat debo hacerte sincera, como tu sabrás tu eres la primera elegida de ser la Portadora de la Creación, y Khepera, es decir, tu esposo es el primer Portador de la Destrucción. Eso quiere decir que… no sé si los Portadores de los Prodigios puedan llegar a ser también akumatizados.
– Entiendo. – susurró rendida y preocupada Maat. – Tikki, ¿Crees que aun tienes energías para toda la noche?
– ¿Por qué lo preguntas Maat? – preguntó confundida Tikki.
– Porque estaré con Aten toda la noche, quiera o no. – dijo decidida la Princesa de Menfis.
– Todavía no me siento cansada, así que sí adelante, di las palabras Maat. – comentó con ánimos la kwami.
– ¡Tikki, transfórmame!
Dicho esto Maat se convirtió en Ladybug, salió sigilosamente de la alcoba de su habitación en dirección hacia la habitación de su marido.
Al momento en que la heroína había tocado el suelo del balcón, con sigilo se acercó en el muro y asomó su cabeza mientras observaba a su marido sentado en su cama con la mirada perdida y muerta en el suelo. El corazón de la Portadora de la Mariquita se le encogió a la vez que sitió una dura y molesta punzada en aquel órgano, Maat tuvo que llevarse una mano sobre su boca para así evitar un sollozo sobre su amado. Jamás en su vida se imaginaria ver tan destrozado, delicado y dolido a su marido; aquel hombre quien siempre veía tan entusiasmado, con una sonrisa en sus labios, brillante y cálida mirada en sus ojos esmeralda, y una esencia de vida y alegría, todo aquello había sido arrebatado y suplantado por otro hombre que ella ni siquiera conocía.
Al momento en que el Príncipe de Tebas había levantado con pesadez su mirada, pudo distinguir una borrosa silueta de una persona, de Ladybug.
– ¿Quién está ahí? – preguntó él haciendo que su esposa se sobresaltara en su lugar. – ¿Quién osa en interrumpir mis aposentos y más ahora que no deseo ver a nadie? – espetó con rabia el héroe de Egipto. – Sal ya antes de qué mande a los guardias y…
– ¿Y qué? ¿Qué me hará el joven y futuro Nafeer de Tebas hacia la Elegida de Khepri? – pregunto Ladybug con tranquilidad.
– Ladybug. – susurró su nombre él.
En ese momento él se derrumbó en el suelo e hizo una reverencia de perdón y respeto hacia la heroína.
– Qué lo dioses me perdonen por mi blasfemia y osadía en castigarla Elegida de Khepri. – dijo Aten con arrepentimiento.
Esto ocasiono en Maat tristeza, dolor y pena.
Caminó hacia donde se encontraba su esposo, se agachó hasta quedar en la estatura de él y con una suavidad y ternura tomó el rostro de su amado entre sus manos haciendo que él la mirase y se perdiera en aquellos preciosos ojos azules como el mar.
– Tebas está sufriendo por la muerte de su Faraón, y yo estoy derramando lágrimas de dolor y angustia a mi padre. ¿Acaso esto es un castigo de los dioses? ¿Por qué no he sido un buen hijo con el hombre a quien todos en Tebas adoraban y respetaban? – Maat no podía contener más aquel dolor dentro de su pecho, que poco a poco hizo que ella también comenzara a derramar lágrimas.
– Los dioses no te han castigado Príncipe Akhenaten, y ellos ven en ti a un buen hijo a quien siempre obedeció a su padre hasta el último momento de vida.
– Entonces… sí lo que dices es verdad… ¿Por qué me lo arrebataron de mi lado? – sollozó con más fuerza el príncipe.
– No tengo palabras de sabiduría para responder esa pregunta Akhenaten, puesto a que soy una simple mujer mortal quien fue elegida por los dioses para cumplir las tareas que se me ha otorgado junto a mi compañero y amor Khepera. – explicó Ladybug tratando de que su respuesta no fuera tan grosera o hiriente hacia su amado.
– Dime, ¿Qué te ha hecho llegar hasta aquí?
– A lo que vine es porque tengo un mensaje que darle. – Aten sintió su garganta seca y con un fuerte malestar que había sentido en la boca de su estómago.
– ¿Es acaso un mensaje de los dioses? – preguntó él temeroso, lo cual Ladybug se lo negó.
– No. El mensaje es de su esposa. – replicó la azabache refiriéndose a sí misma.
– ¿Mi esposa? ¡Está bien! ¡Le ha ocurrido algo! ¡Dime qué es lo que le pasa a mi Maat! – Maat se había quedado impresionada por el repentino comportamiento de su marido, en sus ojos esmeraldas podía una tormenta de angustia, mortificación y preocupación. – ¡Por Isis, por Ra! ¡Por favor que mi esposa no le haya pasado nada malo también!
– ¡Por todos los dioses de Egipto, denme toda la fuerza necesaria para no besar a mi marido transformada en Ladybug! – suplicó la Portadora de la Mariquita. – Príncipe Akhenaten, ella está bien. – tranquilizó la heroína al príncipe.
– ¿Lo está? – preguntó él lo cual su respuesta fue un asentimiento por parte de la chica. – Gracias a Ra. Dime, ¿Qué mensaje me envía mi esposa?
– Oh, por Ra, ¿Y ahora qué le digo? Piensa Maat, piensa. – se auto-regañó así misma la princesa mientras trataba de inventarse algo improvisado. – Su esposa me envió porque está muy preocupada por usted Príncipe Akhenaten. Ella… ella me dijo que si hubo algo que a usted no le agrado de ella para que la princesa durmiera sola en otra habitación, separada de usted.
Bueno, tal vez aquel comentario era algo improvisto y que había oído antes Aten, pero no cabe mencionar que aquellos eran los verdaderos sentimientos de Maat hacia su marido cuando éste le prohibió el paso a su propia habitación.
Aten no sabía que decir o que cara darle a Ladybug, pues, al escuchar aquel mensaje de su esposa a través de la heroína de Egipto probablemente ella (Ladybug) le daría una fuerte reprimenda hacia a él por su mal comportamiento como hombre y marido. El Príncipe jamás se había sentido tan avergonzado y decepcionado de sí mismo, había hecho a un lado al amor de su vida cuando ella solamente quería consolarlo y amarlo.
– Ella no ha hecho nada que fuera de mi agrado, es sólo que… el dolor y la tristeza fue lo que me ha cegado y aislado de mi mujer todos estos días de luto, mi padre ha dejado este mundo, y ahora yo… yo… – la voz de Aten comenzó a quebrarse a la vez de que sus ojos esmeraldas empezaron a brotar lágrimas.
– Entonces, ¿Qué estas esperando? – preguntó ella con ternura y dulzura a su marido mientras le quitaba aquellas lagrimas que resbalaban de sus mejillas. – Ve con tu mujer y envuélvete en ella en un abrazo, deja que ella sea tu consuelo, deja que te demuestre que nunca estarás solo, que siempre estarán unidos aun después de la muerte.
Maat tenía que resistirse por no besar a su marido como su alter-ego.
El corazón de ambos latieron al unísono, sin saber que ambos compartían el mismo sentimiento; el joven heredero al trono tomó ambas manos de la heroína y haciendo que él mismo se aferrara a la cálida y suave sensación de la piel de la joven enmascarada. Ladybug se sobresaltó un poco cuando sintió los fríos y suaves labios de su marido besándole el dorso de su mano izquierda, haciendo que en ese momento sintiera una corazonada cuando ella recordó ese hermoso gesto de su querido Khepera.
– Khepera… mi querido y amado Khepera… mi Aten… mi compañero… mi esposo. – pensó ella mientras miraba como su amado esposo continuaba besándole su mano.
En ese momento, Aten no contuvo más sus sentidos cuando él se abalanzó a los labios de su esposa; Maat sintió su mirada dilatarse mientras que una descargada de excitación y deseo comenzó a recorrer cada molécula de su cuerpo, poco a poco, la joven heroína cerró sus ojos y se dejó llevar por el beso. El príncipe al darse cuenta de lo que había hecho sintió una presión fuerte en su pecho, pero, a la vez, por muy extraño que sonara lo excitaba también. El muchacho impulsó más el beso haciendo que éste se tornara más apasionado y rudo. Ladybug emitió un quejido ahogado cuando sintió los dientes de su amado mordiéndole sus labios, ocasionando que ella abriera su boca y así permitiendo que la lengua de su marido entrara dentro de su cavidad bucal.
Aten sin romper el beso depositó a la heroína en la cama, ella acarició con suavidad los cabellos de su marido mientras que él se colocó encima de ella con mucho cuidado de no aplastarla. Ambos no dejaban de besarse pero de un momento a otro el beso tuvo detenerse cuando el oxígeno se les había terminado, Aten al darse cuenta de lo que hizo una presión sintió en su pecho; aquello lo que él sentía era tan desagradable, doloroso, incomodo pero sobre todo imperdonable.
Ladybug al ver aquella reacción de la mirada de su esposo supo que algo no anda bien, con sumo cuidado ella colocó sus manos sobre las mejillas de su marido haciéndolo estremecer y que éste se enfocará fijamente a ella, a través de aquella máscara roja de puntos negros vio esos hermosos ojos azules que hipnotizaban.
– Aten… – al escuchar su nombre, el joven y futuro Nafeer beso nuevamente por impulso a su esposa.
Maat estaba en shock, bajo sus manos hasta el pecho de su marido con la única intención de separarlo de ella; la heroína sintió como aquel beso fue poniendo más y más rudo y apasionado, sentía su pecho arder, su cerebro se ponía en blanco, el placer comenzó a despertar en su cuerpo a la vez que una deliciosa palpitación sentía en su entrepierna. La joven heroína deslizó su manos hasta llegar al nudo del cinturón del shenti que su marido usaba, Aten soltó un gruñido ronco lo cual hizo separarse de los labios de su mujer, ambos respiraron a bocanadas de aire sin perder el contacto visual.
Aten comenzó a deslizar la tela de la falda de la heroína dejando al descubierto sus desnudas piernas, y, a su vez, mostrando su intimidad que ya estaba mojada. Ladybug cerró sus ojos ante la pena que sentía en esos momentos, el corazón de la heroína no dejaba de latir mientras que su rostro comenzaba a arderle de la excitación y pena. El Príncipe Heredero retiró las manos de su mujer del nudo de su cinturón mientras que él separó por completo las piernas de la joven dejando ver aún más la palpitante y mojada vagina de ella, ocasionando que a la hermosa azabache solará un gemido placentero y erótico.
– Aten. – jadeó de placer el nombre de su marido cuando sintió una fresca brisa rozándole su intimidad.
El muchacho no dijo nada, estaba tan concentrando en la intimidad de su mujer, sus manos comenzaron a masajear las piernas de la heroína mientras que sus dedos de su mano izquierda empezaron a rozar los labios vaginales de ella y, a su vez, acariciándole el clítoris con su dedo índice. Jadeos, suspiros y leves gemidos de placer y excitación comenzaron a escapar de los labios de la chica; Maat empezó a mover sus caderas cada vez que ella sentía los dedos de su marido acariciándola de una manera deliciosamente tortuosa.
– Aten… por favor… – suplicó ella mientras sentía su sangre hervirle del placer y la lujuria.
El Príncipe Heredero no dijo nada su mirada esmeralda aún continuaba observando la intimidad de su esposa mientras la torturaba con aquellas caricias, él veía como aquellos jugos empezaban a brotar de la vagina de la heroína; esto hizo que el muchacho lamiera sus labios y que él recorriera con sus dedos sobre la miel, se llevó su mano hasta su boca y comenzó a lamerlos. Maat al ver lo que su esposo había hecho no pudo evitar excitarse y soltar un gemido de placer, una sensación caliente empezó a sentir dentro de ella mientras que llevaba una de sus manos hasta su intimidad, Maat empezó a masturbarse frente a la mirada de su marido, ella cerró sus ojos dejándose llevar por el placer que ella misma se estaba dando cuando había metido el segundo dedo dentro de su vagina, al momento en el que la heroína iba a meter el tercer dedo sintió como la mano de su marido la había tomado y separado de su propia intimidad.
La heroína abrió sus ojos y ahí mismo vio cómo su esposo empezó a limpiar con su lengua los dos dedos que ella misma se había metido dentro de su vagina, aquel musculo caliente dejaba un camino de saliva entre los dedos de ella mientras que la mirada esmeralda del príncipe la veía eróticamente varonil como si le transmitiera un mensaje que le decía.
"Sólo yo puedo hacerte eso".
Aten al ver a la heroína del vestido rojo con puntos negros se le acercó al oído y en un tono ronco y seductor le dijo.
– Fuiste una niña traviesa, es hora de que recibas tu castigo de tu señor Faraón.
Maat jadeó excitada, cerró sus ojos cuando sintió una descarga eléctrica en todo su cuerpo. Luego, un gemido de placer escapó de su boca al sentir los labios de su marido besándole su intimidad.
– Mírame. – ordenó Aten a Ladybug, ella al abrir con algo de dificultad sus ojos se encontró con aquella intensa y seductora mirada esmeralda de su marido viéndola fijamente. – Quiero que veas cada minuto de tu vida de lo que haré esta noche contigo.
Un escalofrío le recorrió por la espalda a Ladybug al sentir la fría respiración de su marido cuando éste respiró la mojada vagina de ella a parte de una exhalación sobre ésta, la azabache nombre entre jadeos el nombre de su esposo cuando él empezó a practicarle sexo oral, ella al sentir el exquisito placer y aquel remolino de excitación dentro de su vientre no dudo ni un segundo en colocar sus manos en la cabeza del Príncipe Heredero mientras gritaba de placer el nombre de su esposo.
Aten sabia de lo que estaba haciendo con la heroína de Egipto estaba mal, practicar aquel rito sexual que solamente su esposa tenía todo el derecho de ser merecedora de tal placer selo estaba haciendo a otra mujer. Su corazón se estrujo contra su pecho, su sangre le hervía del placer y de la rabia, su conciencia le gritaba en un sinfín de groserías y porquerías que lo hacían sentir como el ser más miserable y asqueroso de toda la tierra y del mundo, y para el colmo, la cerecita sobre el pastel, su mente era un caos total mostrándole tortuosas imágenes la cuales eran pesadillas para él de su pobre y destrozada esposa viéndolo con lágrimas en los ojos que él mantenía relaciones sexuales con la hermosa y respetada heroína de Egipto.
– ¡Aten! – gritó de placenteramente Ladybug su nombre cuando ella finalmente había al éxtasis de placer.
El Príncipe Heredero al sentirlos jugos de su "amante" dentro de su boca no dudo ni por un segundo en bebérselos hasta la última gota. Aten se separó de la intimidad de su mujer mientras que él la miraba fijamente sin sentimiento alguno en sus ojos verdes, el príncipe al sentir los jugos de la heroína resbalar hasta mentón se llevó una mano para limpiarse con el dorso de ésta y luego limpiársela con su lengua. Maat estaba tan sonrojada, excitada, hiperventilando placenteramente, observando a su marido a que siguiera continuando. Pero. Al ver que la mirada de Aten no mostraba sentimiento alguno le preocupó, la pobre chica se enderezó lo más que pudo en su lugar pero al hacerlo ella nuevamente fue recostada por su esposo.
– No te he dado la orden de que te levantaras, Elegida de Khepri. – Maat se estremeció un poco al escuchar el tono seductor y frío de su marido. – Ahora, mantente quita y déjame zacear mis deseos en ti. – el corazón de la princesa exploto de la excitación mientras que la lujuria, el deseo y la pasión despertaron dentro de ella.
Aten se despojó de sus ropas quedando completamente desnudo ante la mirada de la heroína de Egipto, separó por completo las piernas de la chica mientras que él aprisionó con una sola mano las muñecas de ella, la azabache lo miró entre excitada y confundida sin saber lo que estaba pasando con su marido pero todo aquello desapareció cuando su marido la penetró salvajemente de una sola estocada.
Gemidos y gritos ahogados de placer escaparon de la boca y garganta de la princesa, las embestidas fueron salvajes; bruscas y placenteras para la joven, pero, Maat sintió que algo extraño estaba pasando en ese rito sexual que su marido le estaba otorgándole, por alguna extraña razón la azabache empezó a llorar mientras que su corazón se estrujaba contra su pecho al ver que su marido sólo zaceaba sus deseos sexuales con ella, no sentía aquellas tiernas caricias en su cuerpo; no sintió aquellos besos de calor y de amor sobre su cuerpo; además ni siquiera su marido se atrevió en mirarla como aquellas veces que hacían el amor. Para en ese momento ambos esposos soltaron un gemido placentero y de satisfacción, habían llegado al clímax deseado, y Aten se había corrido fuera de la vagina de Ladybug.
El joven heredero se retiró del cuerpo de la heroína mientras que ella, con algo de dificultad, comenzaba a enderezarse hasta quedar sentada en la cama. Ella vio cómo su marido volvía a vestirse sin siquiera dirigirle la mirada o la palabra, Maat se sintió preocupada y destrozada por el extraño comportamiento de su esposo; que hasta se limitó en preguntarle a Aten.
– ¿Aten? ¿Te encuentras bien?
Aten se encontraba de espaldas mientras que su mirada esmeralda ocultaba en ella decepción, rabia, coraje y molestia; pero esos sentimientos no eran dirigidos para la heroína sino para él mismo, con la poca dignidad y fuerzas que tenía el príncipe, él, le respondió a la hermosa azabache.
– No. No me encuentro bien. Le he faltado al respeto a mi esposa, a mi mujer, a mi compañera por un simple error mío, he caído tan bajo con estos sentimientos de debilidad que me he acostado contigo. Pero. Esto no se volverá a repetir nunca más. – Maat sintió un tremendo escalofrió después de escuchar aquellas frías y molestas palabras de su marido. Al momento en que ella salió de la cama vio a su marido sacar de un cofre de oro unas monedas de oro. – ¿Cuánto quieres por tu silencio Elegida de Khepri? ¿Por cuantas monedas de oro quieres por tu silencio y por tu servicio?
Maat jamás se había imaginado que su esposo le diría aquellas palabras tan crueles y sin sentimiento, un dolor tan fuerte que nunca antes había sentido dentro de su corazón fue lo único que pudo recibir; era como si un cuchillo la había atravesado, mientras que un duro golpe sintió en la boca de su estómago. Las lágrimas no tardaron salir de los ojos azules de la princesa mientras que con una voz quebrada y dolida comenzó a reclamarle a su marido.
– ¿Cómo…? ¿Cómo puedes decir eso? ¿Por qué usas palabras tan crueles contra mí? ¿Por qué me tratas como una prostituta?
– No lo eres. Nunca osaría en insultar a la Elegida de Khepri como una prostituta. Sólo… sólo no quiero que mi esposa se enteré de que le fui infiel. – replicó el Príncipe de Tebas en un tono tranquilo.
– Yo… yo… yo no necesito tus monedas de oro ni nada valioso para guardar mi silencio, sí es tu deseo en que me mantenga callada… y con no decirle a tu esposa sobre lo que paso esta noche… entonces no se lo diré. – comenzó a sollozar la joven heroína mientras que sus lágrimas resbalaban de sus mejillas, Aten al ver a la chica tan destrozada y triste no pudo evitar sentir culpabilidad y enojo de sí mismo. – Nunca debí pisar en primer lugar esta habitación ni mucho menos en darle consuelo al Príncipe de Tebas. Me voy. Espero que las cosas con tu esposa no cambien para nada.
Con eso ultimo Ladybug utilizó su yo-yo para salir con el corazón destrozado y triste de la habitación de su marido, las lágrimas no dejaban de caer de sus ojos azules y sin mirar a atrás; lo que ella no sabía era que su marido había salido al balcón para verla y perderla entra la oscuridad de la noche.
– ¿Qué fue lo que he hecho? – se dijo para sí mismo Aten mientras caía de rodillas a la vez que sus lágrimas comenzaron a caer de sus ojos esmeraldas. – ¿Por qué…? ¿Por qué hago las cosas mal? ¿Por qué? – sollozó con profunda culpabilidad y tristeza el príncipe. – Lo siento… lo siento… Ladybug… Maat.
Una vez que Maat había llegado a su habitación se deshizo de su transformación y se lanzó sobre su cama mientras descargaba toda su tristeza, dolor, cólera en llanto. La Princesa de Menfis jamás se había sentido tan humillada, dolida y menos despreciada por su propio marido; el único consuelo que tenía en ese momento a su lado era su pequeña amiga Tikki.
La kwami aún no podía creer lo que había sucedido en la habitación matrimonial de su elegida y la de su marido. Presenciar aquel momento en que su Portadora sólo quería darle consuelo a su esposo y que él la humillara de la manera más vil y cruel no tenía perdón de los dioses.
– ¿Por qué…? ¿Por qué Aten me humillo de esa forma? ¿Por qué me trato como si fuese una prostituta? – sollozó la azabache con el alma destrozada.
– Maat… Aten no sabía que tú eres Ladybug… recuerda que él no sabe tu identidad. – explicó Tikki a su amiga pero ella se lo negó.
– Aun así… él no debió haberme dicho esas crueles palabras de mi otro "yo"…
– Maat…
En esa misma noche los dos amantes habían llorado sin consuelo alguno, Aten lloraba por su error y su egoísmo que había hecho sufrir a la mujer que amaba y respetaba; entre tanto; Maat sólo lloraba por el mal trato que había recibido por parte de su marido. El sueño había invadido a los dos héroes de Egipto pero aun así sus corazones estaban desolados, desconsolados, tristes y abatidos; y las lágrimas aún continuaban en escapar de sus cansados e hinchados ojos.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
A la mañana siguiente, cuando los primeros rayos del sol habían tocado el reino de Tebas, en el palacio todos se encontraban de luto mientras salían del lugar para dar el último adiós al Nafeer Garai Harsafes; pero; hubo algo que había inquietado a la servidumbre y a la familia de Akenatón, Aten y Maat no se encontraban por ningún lado, el Gran Faraón de las Dos Coronas mandó a llamar por su sobrino y la esposa de éste para que estuvieran presentes en la ceremonia del entierro, al momento en que los sirvientes iban por la pareja estos se detuvieron en uno de los pasillos cuando vieron al desolado Príncipe Heredero caminando solo por el pasillo.
– ¿Qué hacen ustedes aquí? – preguntó sin emoción Aten a los sirvientes. – ¿Qué no deberían estar con los otros sirvientes preparándose para el entierro de mi padre?
– El Gran Faraón de las Dos Coronas nos ha mandado a llamarlo a usted Príncipe y a su esposa para escoltarlos hasta la salida donde los esperan sus familiares. – comentó uno de los sirvientes.
– Mi esposa no vendrá con nosotros, he dado la orden de que ella se quedará aquí en el palacio. Aquello que dijo el joven príncipe había dejado anonadados a los sirvientes.
– Mi señor, sé que nosotros no debemos en cuestionar de sus órdenes, pero, ¿No debería ir también la Esposa Real a la ceremonia del entierro de su padre? – preguntó un tanto afligido y nervioso otro sirviente.
– No arriesgaré otra vida más en este viaje, ya perdí a mi padre… así que no voy a perder a mi esposa en el abrazador sol del desierto. – replicó Aten con una voz ruda y seria.
– ¿Y la Esposa Real sabe de esto? – preguntó otro sirviente a lo cual el rubio respondió.
– No lo sabe, ella aún se encuentra dormida en sus aposentos.
– ¿Quién cuidará de su esposa mi señor? – preguntó preocupado el sirviente de la primera vez.
– Algunos guardias se quedarán en el palacio para proteger a mi esposa, entretanto unos pocos sirvientes estarán al servicio de mi Reina para cumplirle sus deseos. – fue lo único que dijo Aten antes de retirarse del pasillo.
Mientras que Aten se dirigía hacia la salida del palacio, entre sus ropas salió el pequeño felino quien lo miraba con suma preocupación y tristeza.
– Aten, ¿Estás seguro de qué estás bien? – preguntó Plagg a su Portador.
– ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo Plagg? Si me encuentro bien. – dijo ya algo irritado el Príncipe Heredero a su pequeño kwami.
– Desde hace días te has estado comportado de una manera hostil, fría y distante Aten. – replicó el kwami negro.
– ¿Y cómo quieres que me comporte Plagg? Dímelo, ¿Cómo quieres que me comporte? –Plagg se sintió intimidado y preocupado por su amigo, su mirada esmeralda ya no tenía aquel brillo de vida ni mucho menos de la calidez. Su mirada parecía estar muerta. – Será mejor que ya no me hables si no sabes decir bien las cosas, es más, te prohíbo hablarme en todo el transcurso de la ceremonia de mi padre.
El pobre kwami sintió su garganta cerrarse mientras que un incómodo dolor sintió él en la boca de su estómago, el tiempo que había pasado con Aten jamás en su vida lo había visto comportarse de esa manera tan cruel, fría y desinteresada; por alguna extraña razón el felino empezó a sentir que algo extraño le estaba ocurriendo a su amigo, pero, aquello lo dejo pasar de desapercibido pues su Portador estaba sufriendo por la pérdida de su padre y, a la vez, el joven Príncipe Heredero temía por la seguridad de a su amada esposa que hasta el miedo le invadía de perderla y quedar completamente solo.
Una vez que Aten salió del palacio, su familia y sus amigos ya se encontraban listos para partir y despedir el cuerpo del difunto Nafeer de Tebas. Anjesenamón fue la primera en notar que la esposa de su primo no se encontraba a su lado, esto la había dejado confundida y preocupada a la vez que hasta se limitó en preguntarle a su primo por Maat.
– Primo, ¿Dónde está tu esposa? Ya estamos a punto de partir al Valle de los Reyes.
– Mi esposa no ira con nosotros, ella no se siente bien. Así que no quiero arriesgar su vida ni salud en este largo viaje. – esto hizo preocupar tanto a Tutankamón, los hijos de éste, Auset y Nour. – Andando, no quiero esperar más esta ceremonia, mi padre debe ser enterrado cuanto antes; será sepultado al lado de mi madre.
Todos se mantuvieron callados cuando Aten hablo, sus palabras eran tan pesadas y sin sentimientos que comenzaron a preocupar a sus amigos y sus primos; pero Akenatón lo había divertido tanto que hasta esbozó una sonrisa fría, maquiavélica y burlona. Entre tanto, en el balcón donde había dormido la Princesa de Menfis, ella, se vio con tristeza; dolor; rechazo; nostalgia; y rabia al ver a su marido partir junto a su familia y amigos al entierro de su suegro.
Maat jamás se había sentido tan llena de rabia y rechazada por su propio marido, le había dolido tanto que su marido le había prohibido ir con él a la ceremonia de entierro de Garai. La joven rompió en ese momento el llanto mientras colapso de rodillas en el suelo del balcón, su corazón gritaba lleno de dolor, desesperación y sobre todo de tristeza por su marido. Tikki al ver a su amiga voló hacia a ella mientras se encontraba frente a frente, con una voz preocupada y asustada le preguntó.
– Maat, ¿Está bien?
– Ay Tikki… no puedo… no puedo hacer nada con este dolor que tengo… como quisiera… que hay me arrancará este corazón para no sentir esto… están doloroso… no lo quiero… no lo quiero sentir más… haz que esto se detenga por favor… – los sollozos de Maat aumentaron más y más hasta no quedar lagrima alguna, sus ojos azules estaban tan rojos e hinchados, sus mejillas tenia marcas de aquellas lágrimas de dolor, desesperación y tristeza.
Tikki no sabía qué hacer, se sentía tan inútil y débil, no sabía qué hacer, tenía palabras de consuelo pero temía que si mencionaba algo pudiera arruinar más aquel débil y destrozado corazón de su amiga. Lo único que pudo hacer como buena amiga era abrazarla, aunque fuera en su mejilla.
– Todo estará bien… – fue lo único que alcanzó a decir cuando una voz conocida y familiar se escuchó en la habitación.
– Princesa, ¿Está todo bien? – era Dione, aquella mujer griega había decidido en trabajar en el palacio de Maat y Aten como una sirvienta más, al ver a la pobre azabache hincada esto ocasiono en que se prendiera una alarma en la griega. – ¡Princesa! – grito alarmada la mujer haciendo también llamar la atención de unos guardias que se encontraban en el pasillo.
Dione se colocó a un lado de la joven mientras que ella le levanto el rostro, al ver el estado que se encontraba la pobre chica algo hizo que en el pecho de la griega se oprimiera.
– Maat, ¿Qué te pasa?, ¿Te duele algo? – preguntó Dione muerta de la preocupación.
– ¿Qué está pasando aquí? – la voz de uno de los guardias hizo sobresaltar a la mujer y a la princesa. – Tú, griega, ¿Qué le estás haciendo a la esposa de nuestro señor? – preguntó rabiosa y salvajemente el mismo guardia.
– Yo no le hice nada a Ma… a Jumoke, ella ya estaba así cuando entre. – se defendió la griega con un tono seguro.
– Jumoke, ¿Se encuentra bien? ¿Le hizo algo esta mujer? – preguntó otro guardia a la princesa, Maat apenas pudo contestarle al guardia debido a que sus sollozos la interrumpían cuando hablaba.
– Sí… pueden…pueden… retirarse… – fue lo único que ella le ordenó a los guardias mientras que estos se retiraban de la habitación no sin antes dedicarle a Dione una mirada acida y de desprecio.
– Maat, ¿Se encuentra bien? Dígame, ¿Qué es lo que tienes? – preguntó la griega con una voz preocupada y maternal.
– Dione… Aten… él… él… – un fuerte sollozo llena de dolor escapó de los labios de la joven mientras que sus lágrimas aún seguían siendo derramadas de la tristeza.
La mujer griega sintió en ese momento como un fuerte pánico y preocupación comenzaba a invadir todo su ser. Ella miró a la princesa fijamente mientras que la azabache no dejaba de sollozar y llorar con tanta angustia, dolor y pena; con una voz llena de seguridad y seriedad, Dione, le preguntó.
– Maat, ¿Qué te hizo tu marido como para dejarte en esas condiciones? ¿Dónde está él ahora?
Maat trataba de calmar sus sentimientos y su llanto pero éstos eran tan fuertes y descontrolados que apenas pudo decirle algo a la griega.
– Aten… se fue… él… él me odia… me odia tanto que… que él… me prohíbo estar a su lado… no quiere verme… ni mucho… menos… que este con… con él…
– Pero que dices mujer. – Dione aún no podía creer en las palabras que había mencionado Maat, era inaudito que Aten odiara a su esposa e incluso que le prohibiera estar con él, ese príncipe amaba tanto a la azabache que se rehusaría con dejarla sola. – ¿Cómo puedes decir semejante barbaridad hacia tu esposo? El Príncipe Aten jamás haría semejante cosa hacia a ti, he visto como él te ama y te aprecia que hasta él te daría todo lo que le pidieses.
– Entonces…sí él me ama… ¿Por qué no me llevo con él?...
– Yo tengo la respuesta a su pregunta princesa. – en ese momento ambas mujeres dirigieron sus vistas hacia la entrada de la habitación dónde ahí se encontraba la antigua mano derecha del difunto Nafeer de Tebas.
– Akila. – nombró Maat a la mujer. – ¿Qué…? ¿Qué estás haciendo aquí? Tú… tú deberías estar con los otros en la ceremonia fúnebre del Nafeer…
– Sí… lo sé… pero su marido me pidió que me quedara aquí en el palacio para asegurarme de su bienestar. – respondió en un tono tranquilo pero débil Akila. – Maat, la razón por la que tu esposo te impidió en ir con él es porque no quiere que nada te pase en el viaje en cortejo fúnebre de su padre. Ya que el Nafeer de Tebas murió eso significa que ahora tú eres lo único que le queda en esta vida y en este mundo para poder sobrevivir con su dolor. Si algo te llegase a pasar, tu marido no además azotaría a Tebas con toda su ira sino que él se perdería en la miseria y en el dolor que su corazón apenas ha cosechado. No te odia, ni te desprecia, ni mucho menos quiere mantenerse alejado de ti; él sólo teme de que algo malo te suceda y nada más.
Maat, por alguna extraña razón, sintió su corazón empezar a aliviarse y ponerse ligera como una pluma de faisán; el aire se volvió más ligera y fresca como si nunca antes hubiera probado el limpio viento de su entorno. Aquellas palabras de confesión de Akila habían hecho que a la princesa se sintiera más tranquila y aliviada, pero, también algo tonta, culpable y exagerada. Probablemente aquello que Maat había sentido había sido provocado por el estrés, tristeza, melancolía, angustia y dolor; nadie la culpaba de sus sentimientos ni tampoco de su luto por la pérdida de su suegro y padre de su marido, porque después de todo aunque ella había conocido unos meses a Garai, ella ya lo estaba considerando como alguien importante para su vida; algo así parecido como a un tío.
– Enviaré a algunas sirvientas para que le preparen su baño mi Señora. – dijo Akila haciendo una discreta reverencia ante la joven. – Con su permiso.
Dicho esto la mujer se retiró de los aposentos dejando a solas a Dione junto a la princesa.
– Maat, ¿Cómo te encuentras? – preguntó la griega maternalmente a la azabache mientras que ella seguía perdida en sus pensamientos. – ¿Maat?
– Ayúdame a levantarme y llevarme a sentar a mi silla, Dione. – respondió Maat con algo de claridad y educadamente a la mujer quien en ese momento hizo todo lo que le pidió.
La ayudó a levantarse y la llevó a sentarse a una silla que se encontraba justo en una mesa donde tenía un delicioso desayuno de frescas frutas y cereales sin tocar y sin probar.
– ¿Necesitas algo Maat? – volvió a preguntar Dione por lo cual su respuesta una negación de la azabache.
– Ya estoy bien Dione, gracias por tu atención y por tu apoyo. Y. lamento mucho por haberte preocupado, no quería ocasionarte problemas con los guardias. – dijo apenada Maat mientras que la griega sólo se limitó en sonreírle maternalmente.
– De mí no se preocupe, y al contrario Maat ahora mi deber como su doncella es que usted se encuentre bien. – la Princesa de Menfis asintió ligeramente. – Y por lo que veo aquí, ¿Ha comido algo?
– Umm… no tengo en este momento hambre así que…
– ¿Cómo es eso de que no tiene hambre? El desayuno es el alimento más importante del día Maat, vamos come algo tan siquiera. No queremos que todo Egipto ni mucho menos su marido vean a la Esposa Real enfermarse o ponerse débil. – dijo con una voz de autoridad y maternal la griega a la azabache lo cual para ella le había causado un tanto de gracia y a su vez que soltará un suspiro de rendición.
– De acuerdo tú ganas Dione. Dame una manzana por favor. – comentó ella mientras que la griega le entregaba la fruta que le pidió. – Aten… me pregunto… ¿Cómo estarás en estos momentos sin mi ausencia? Ra, Isis, Set, Horus por favor cuiden de mi amado esposo, cuiden de mi Khepera y que nada ni nadie, ni siquiera el mismo Sokaris en persona, le haga daño alguno. – rezó y suplicó en silencio la Portadora de la Mariquita mientras que su mirada azulada se dirigió hacia el infinito desierto del horizonte con la esperanza de que sus rezos fueran escuchados por los dioses mismos.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
El abrazador del desierto había sido tan sofocante para los leales seguidores del difunto Nafeer de Tebas, pero aun ellos continuaron caminando para despedir por última vez a su gobernador. Las mujeres egipcias lloraban con un profundo dolor mientras gritaban a grandes voces por una buena y larga vida a su Faraón, los sacerdotes junto con las sacerdotisas cantaban con voz quebrada y dolida un hermoso canto fúnebre sobre la nueva y eterna vida que el gobernador tendría en el reino de los vivos y dejando atrás su pasada vida en la que había sido como un hombre terrenal, por último se encontraba la familia real y familiares de Garai.
Anjesenamón lloró con el corazón destrozado mientras que ella era consolada por su hermano Tutankamón, quien él no dejaba de mirar a su primo Aten con una mirada que sólo mostraba lastima, decepción y tristeza; el Príncipe de Tebas y futuro Nafeer tenía una mirada muerta y que sólo la mantenía fija en el sarcófago de su padre, el corazón del Heredero al Trono estaba tan destrozado y vacío que ya no podía sentir nada ni siquiera el calor del viento del horizonte acariciándole tiernamente su rostro; y por último, Akenatón, aquel hombre sin corazón, sin escrúpulos, sin vergüenza, malvado, descarado, vil y cruel; sólo se limitaba con esbozar la sonrisa más descarada, burlona y triunfante mientras observaba con triunfo y diversión a las personas que sufrían la pérdida de su primo. Es más ni siquiera le tenía respeto hacia su sobrino quien sufría mucho por su perdida, o por su primo quien ya estaba a punto de ser enterrado en el lugar más sagrado y benevolente de toda la tierra de Egipto; en el Valle de los Reyes.
Entre tanto, Chione, quien se encontraba a metros de distancia de Aten, no podía sentir pena y culpa que ella misma se estaba cargando. La culpa hacia que a la chica se le carcomiera el alma y además de no sentirse culpable por todo el capricho que ella misma le había provocado a la familia real más poderosa e importante de las dos tierras de Egipto. La pelimarrón tuvo que cubrir su boca cuando empezó a sentir unas tremendas nauseas en la boca del estómago, aun no podía borrar de su mente aquella horrida, sangrienta e inimaginable imagen que tanto la había estado atormentando durante los 70 días cuando tuvieron que embalsamar el cuerpo del padre de su amor; esa imagen en la cual aparecía Garai con el cráneo casi abierto viendo así como la sangre de aquella superficie escapaba y que a su vez se convertía en un enorme charco carmesí en el suelo de uno de los patios del palacio de Akenatón, mientras que su hijo completamente destrozado le suplicaba al moribundo padre en que resistiera hasta el punto en que Garai dejo de respirar y de dejar el mundo de los vivos. Chione sabía que aquello siempre la atormentaría por el resto de su vida hasta la siguiente vida.
Al llegar al Valle de los Reyes, Aten sintió como su corazón se detuvo al ver la majestuosidad del lugar donde enterrarían a su padre. Todos comenzaron a subir unas largas escaleras, mientras que la mirada del Príncipe de Tebas no dejaba de observar con gran asombro las estatuas de los antiguos faraones del Alto y Bajo Egipto, cada imagen de los difuntos faraones hacían que el aliento de Aten se detuviera ya que él se imaginaba que muy pronto la estatua de su padre también estaría ahí junto con los más importantes faraones de Egipto.
Siguieron caminando hasta llegar hacia una cámara mortuoria donde dejarían los restos del Nafeer de Tebas en paz junto con sus tesoros y ofrendas para que tuviese en su próxima vida riquezas, poder y comodidad. Después de haber dejado el sarcófago del difunto Garai en la cámara mortuoria todos salieron de ahí dándole el último adiós al Nafeer de Tebas. El último en quedarse y despedirse había sido Akenatón, se aseguró primero en que no hubiera nadie en la cámara al ver que todo estaba sólo y deshabitado, el Gobernador de las Dos Tierras volvió a mirar el sarcófago de su primo mientras que su mirada castaña sólo mostraba maldad, poder, triunfo y burla.
– Oh, Garai, sí tan sólo no te hubieras metido en mis planes no estarías aquí en estos momentos, pero viéndolo por el lado positivo gozaras la eterna vida con tus lujos y riquezas. – Akenatón lo decía con burla y desinterés mientras observaba la cámara llena de objetos valiosos y riquezas infinitas que habían dejado a su primo. – Aunque sea lastima ver a tu pobre y huérfano hijo destrozado, dolido y pero sobretodo corrompido… bueno casi… porque aun él está rodeado de amor y atención por parte de Maat, esa maldita cobra del desierto seductora que con su belleza me cautivo y lo sigue haciendo… sabes Garai… gracias a ti y a tu ausencia me dieron una grandiosa idea. Haré a tu hijo uno más de mis aliados, pero, ahí no acaba; siendo tu hijo el único heredero al trono eso me hará que me acerque más a él y más sobre todo a su esposa. Maat es una mujer única, y es por eso que yo juró ante tu tumba primo que haré que Maat engendre a mis desentiendes. Es una lástima que los muertos no hablen, me hubiera gustado que opinarías de todo esto que te estoy comunicando. Qué tengas larga vida eterna Nafeer de Tebas.
Sí tan sólo los muertos o aquellas cuatro paredes hablaran sobre el maléfico plan de aquel enfermo y sádico Faraón probablemente Aten se enteraría de todo, pero, lamentablemente aquello era y sigue siendo una cruel y horrible realidad para el ser humano, y más aquellas personas inocentes que no han nada malo en este mundo.
Garai murió y fue asesinado por su propio primo sólo porque él se enteró de un oscuro secreto que por un error había sido revelado.
Y Akenatón aprovecharía todo su poder y malicia con convertir de alguna forma u otra a su sobrino en un akuma, pero para que eso sucediera necesitaba que algo malo le pasara a Aten para que su corazón y mente fueran corrompidos totalmente. Y el Gobernador del Alto y Bajo Egipto sabía cómo lo haría.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
Todos regresaron a Tebas justamente al atardecer, Maat quien se encontraba en el jardín del palacio al enterarse del regreso de su marido sintió como su corazón salto del gozo y del alivio. Pero. Aun se sentía preparada para recibirlo en nada más de recordar la noche anterior cuando su esposo la había insultado y utilizado como una prostituta en su alter-ego no podía evitar sentir ese dolor y tristeza en su pecho.
– Maat, ¿No vas a recibir a tu marido? – preguntó Tikki a su amiga, la princesa vio a su pequeña acompañante mientras le había dedicado una tierna y débil sonrisa.
– Aten no quiere verme, es mejor dejarlo así. Sí le importo tanto a Aten tal como lo mencionó Akila entonces que sea él mismo que me busque. – replicó Maat con la cabeza en alto, Tikki simplemente negó su cabeza al ver la inmadurez y niñería que estaba haciendo la Portadora de la Mariquita. Pero que se le puede hacer, así es la naturaleza de Maat. Queriendo hacerse la difícil.
Cuando Tikki iba a mencionarle algo a su Portadora ella se escondió entre sus cabellos, Maat sintió la presencia de alguien quien caminaba detrás de ella; mientras que la Princesa de Menfis esbozó una sonrisa de alivio cuando aquella persona ya se encontraba cerca de ella. Justo cuando sintió una mano cálida y masculina la azabache ni le dio el tiempo para ver a la persona cuando ella beso intensamente los labios masculinos del hombre.
Vaya error que había cometido en ese entonces.
Cuando Maat se dio cuenta de quien había besado inmediatamente ella se separó de él, la Portadora de la Mariquita había besado accidentalmente al primo de su esposo: Tutankamón, mientras que el pobre Príncipe de Avaris tenía un intenso rubor en sus mejillas y a su vez miraba sorprendido y apenado a la chica mientras que ella comenzó a entrar en pánico.
– T-Tutankamón l-lo siento... p-pensé que eras Aten… oh, por Ra qué vergüenza. – la pobre chica no tenía cara que mostrarle al primo de su marido, mientras que él completamente en shock y confundido a penas logro decirle algo.
– N-No tienes nada de que disculparte Maat… f-fue un accidente lo sé… e-es más yo soy el quien debería pedir disculpas.
– ¿Por qué tú? Si fui yo quien te besó. – dijo ella aun cubriendo su rostro de la pena.
– Si pero en parte fue culpa mía ya que yo no mencioné tu nombre y eso te hizo pensar que yo era tu marido a quien querías ver, ¿No es así? – comentó aun sonrojado y apenado el Portador del Zorro. – No sé si sentirme aliviado de que yo fuera besado por Maat en vez de que hubiera sido mi padre. – pensó el chico mientras sintió una incomodidad en su ser de tan sólo pensar en que su primogenitor fuera besado por la esposa de su primo.
– Sabes qué Tutankamón tienes razón. Ninguno de los dos tiene la culpa de que yo te haya besado. – comentó Maat quien dejo a un lado toda esa pena y vergüenza mientras la reemplazaba a una de desinterés y desvergonzada.
– ¿A-Ah sí?
– Por supuesto, si Aten no me hubiera dejado sola aquí en el palacio esto no hubiera sucedido. – replicó la Princesa de Menfis.
– Maat, ¿puedo decirte algo? – preguntó Tutankamón.
– Sí adelante. – dijo ella.
– Yo sé que estás enfadada con mi primo pero entiéndelo… él…él perdió a su madre cuando era muy pequeño y ahora que él perdió a su padre teme de perderte a ti también. ¿Ya recordarás lo que paso cuando damos ese paseo por el Nilo?
– Como no olvidarlo, casi pierdo la vida si no fuera por Aten quien casi da su vida para salvarme. – comentó ella mientras recordaba ese momento en la que fue salvada por su esposo.
– Ves. Maat a lo que te quiero decir es que ahora Aten depende de ti, eres su mundo, su respiración, su luz, su fuerza y sobre todo la única persona a la que se aferra a seguir adelante en esta vida y de este mundo. Si Aten te pierde sabrán los dioses que pasara con él y de su vida. – Maat comenzó a sentir una punzada en su corazón mientras que su mirada azulada empezó a tornarse triste, dolida y avergonzada por su incontrolable e infantil carácter hacia su marido. Tutankamón al ver aquello colocó una mano sobre el hombro de la princesa haciendo que ella lo mirase fijamente. – No seas ruda con él por favor, deja atrás todo tu odio y desprecio por que sólo le harás más daño a Aten.
– De acuerdo. Lo siento. – susurró la azabache mientras que el joven príncipe decidió en darle un abrazo de consuelo a la chica quien no dudo en corresponderle.
A lo lejos se encontraba Aten quien había visto toda la escena, el Príncipe Heredero no pudo evitar de sentir unos celos bestiales que comenzaron a despertar dentro de él; aunque el joven sabía que su primo no tenía malas intenciones con su mujer no pudo evitar esos sentimientos carcomiéndole por dentro. Fue en ese momento que él decidió alejarse de donde se encontraba él y dejar a su primo y a su esposa que continuarán conversando, después de todo aún no se sentía con ánimos de verla ni mucho menos ahora que él la había dejado sola en el palacio y que no fuera con él al entierro de Garai.
Aten se dirigía a su habitación debido al largo que realizó junto a sus acompañantes lo había dejado cansado, estaba a punto de llegar hasta ahí cuando alguien lo llamo.
– Príncipe Akenaten. – era Akila quien se dirigía a paso lento al muchacho.
– Akila. ¿Sucede algo? – preguntó el príncipe mientras que la mujer se detuvo frente a él.
– Akenaten, tengo que hablar contigo de algo muy serio. – replicó la mujer quien ya parecía que no quería perder más tiempo de lo que ya estaba perdido. Aten respiró y exhalo profundamente mientras mantenía un porte tranquilo y seguro.
– ¿No podría esperar hasta mañana? Estoy muy cansado. – y era verdad, y eso Akila lo sabía pero lo que tenía que decirle al Heredero al Trono era sumamente importante.
– No hay ningún mañana Príncipe Akenaten, así que por favor escucha a lo que te tengo que decir ahora porque es muy serio e importante tanto para ti como para tu esposa y tu pueblo. – respondió con gran seriedad la mujer.
– Prosigue. – suspiró Aten ya bastante cansado que decidió en dejar a hablar a la consejera de su difunto padre.
– Príncipe Akenaten, dentro de dos días tú serás coronado como el nuevo Faraón de Tebas y tu esposa, la Princesa de Menfis, será coronada como tu Reina y a su vez nombrada como la Gran Esposa Real. – Aten estaba en completo shock. ¿Tan pronto querían coronarlo como Faraón de Tebas sin siquiera importarles a aquellas personas que su padre había muerto? – ¿Akenaten?
– No. Es muy pronto. – se negó el príncipe ante aquella noticia. – No voy a tomar esa responsabilidad de ser Faraón ni tampoco incluiré a mi esposa en esto.
– Es tu deber hacerlo Príncipe Akenaten. – la mirada de Akila fue más fija que nunca en la mirada del príncipe que él comenzó a sentir una rabia combinada con la desesperación y la molestia.
– He dicho que no. Aunque yo sea el Heredero al Trono no además sería un insulto para mi padre sino que me los nobles me mirarían como el asesino quien siempre intento "usurpar" el trono del Faraón de Tebas. Y si involucro a Maat en esto a ella la insultarían y la discriminarían como mi cómplice. – la Portadora de la Tortuga se queda impresionada por la gran habilidad mental del príncipe, jamás se había imaginado esa otra parte de la cara de la moneda que harían los nobles del Alto y Bajo Egipto hacia el nuevo Faraón y de su esposa. – Sólo dame tiempo… hasta que todo esto se tranquilice.
– Como usted lo ordene Príncipe Akenaten. – dijo la mujer reverenciándose ante el joven.
– Una cosa más Akila.
– Dígame señor.
– Ni una palabra de esto a mi mujer. No quiero que Maat se enteré de esta conversación, ni mucho menos que le digas que ahora ella es, casi, oficialmente la Gran Esposa Real. No quiero preocuparla. Ha tenido muchas emociones estos soles y lunas. – fue lo último que comentó Aten antes de retirarse a su habitación, Akila se retiró no sin antes de decirle a su nuevo Faraón un "como usted lo ordene".
Entre tanto Aten ya se encontraba recostado en su cama mientras que su mirada esmeralda se encontraba fijamente perdida en el techo de su alcoba.
– Así que Faraón, ¿Eh? – sonrió Plagg de oreja a oreja.
– Ahora no Plagg, no estoy de buen humor. – comentó Aten ya casi irritado y abatido a la vez.
– Aten sé que te sientes mal por la muerte de tu padre y ahora que te enteras de que muy pronto te convertirás en Faraón te ha dejado sorprendido y con mucha duda, pero que todo eso no te impida a que tu vida se arruine o se amargue. – dijo el felino quien miraba preocupado a su elegido.
– No sé qué hacer Plagg. –la voz de Aten se escuchaba rasposa y gruesa mientras pasaba con desesperación sus manos sobre sus cabellos. – Sí hago esto, en acceder a mis deberes reales como el nuevo Faraón no además seré criticado y señalado por los nobles de todo Egipto sino que… no quiero que Maat sufra por ello. Y eso es lo que más no quiero ver, mi esposa siendo criticada; señalada; maltratada y repudiada por todos esos estúpidos hombres sin cerebro y corazón.
– Pero tú estás ahí para ella, Aten. – la mirada esmeralda del príncipe se dilató de la sorpresa por las palabras del felino.
– ¿Qué…? ¿Qué has dicho Plagg? – preguntó él a su kwami casi incrédulo.
– ¿Eres tonto de nacimiento o el cerebro se te achicharro por los rayos del sol? Idiota eres su esposo, de eso se trata el matrimonio ¿No?, se supone que tú estás ahí para cuidar y proteger a la princesita amargada y criticona de tu esposa y no tenerla ahí como un trofeo ganado de esas batallas que ustedes los humanos quiere mostrar a todo el mundo.
Aten podía sentir como su mandíbula se le caía de la impresión que hasta pensó que muy pronto ésta chocaría contra el suelo. Era increíble que su kwami le hablara con tanta madurez y sabiduría no cabía menor duda alguna de que ese diminuto ser de características gatunas era un verdadero dios, literalmente. Entre tanto Plagg se le quedo viendo fijamente con una cara de seriedad e irritada a su portador, el kwami sabía perfectamente el delicado estado sentimental del chico pero lo único que el pequeño gatito quería evitar era que su elegido fuera una víctima más de Sokaris. Y lo había logrado, había distraído al chico de todos esos sentimientos negativos que serían un blanco fácil para el temible villano.
–Y ahora a lo que vamos, ¿Qué planeas hacer con tu vida? – preguntó con seriedad extrema el kwami a su portador.
– Uh… yo…
– Ni se te ocurra decir "no lo sé" porque te haré tu vida un infierno Aten. – amenazó Plagg mientras que Aten asentía con rapidez.
– Tendré que hablar con mi esposa primero, ella debe de enterarse de lo que va a pasar en nuestras como futuros Gobernadores de Tebas; ella mi Reina y yo su Faraón. – replicó entre seguridad y duda Aten a su kwami.
– Eso sonó bastante cursi. – empezó a quejarse el felino mientras hacia una mueca de asco. – ¿A dónde vas? – preguntó el kwami mientras veía a su portador irse directamente a la salida de su habitación.
– Iré a buscar a Maat y hablar con ella sobre la situación. – respondió Aten con el poco animo que podía tener mientras se retiraba de la habitación.
– Humanos, jamás lo entenderé. – ladeó la cabeza Plagg en forma de negación.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
Maat se encontraba en su habitación o más bien en el balcón observando tranquilamente el reino de Tebas, apenas los pocos rayos del sol alumbraban con su luz cada rincón del pueblo dándole un hermoso paisaje al lugar. La chica dejó escapar un suspiro cansado mientras sentía la cálida brisa del desierto acariciarle su rostro, pero, aun su corazón no encontraba esa calidez que tanto ansiaba tener de vuelta porque aquello sólo se lo podía dar su marido. Había esperado con tantas ansias y deseos de verlo de vuelta después de la celebración fúnebre de su suegro, pero debido a su orgullo y su terquedad le habían impedido con ir a recibirlo como toda esposa normal y egipcia haría… pero… ella no era como las demás, ella era única, y su esposo lo sabía mejor que nadie.
En ese momento Maat comenzó a recapacitar de sus errores que decidió hacer lo correcto, hizo a un lado toda esa estupidez del orgullo y la terquedad que ella misma estaba cosechando y decidió que ya era tiempo de hablar con su marido quisiera él o no. La mirada de Maat tenía un intenso de determinación e intriga mientras se dirigía directamente hacia la salida de su habitación cuando de pronto ella se detuvo en seco.
Ahí, justamente ahí frente de ella se encontraba a aquel hombre a quien con tanto anhelo y deseo había querido ver desde esa misma mañana hasta la tarde en la que él había llegado después del funeral de Garai.
Su compañero, su otra mitad, su hombre, su dios, su esposo, su Khepera, su Aten.
Aunque Maat tenía una faceta de esposa molesta y orgullosa dentro de ella era todo lo contrario; estaba feliz, aliviada, alegre, esperanzada, ansiosa, nerviosa, viva y entre otros sentimientos positivos.
Aten al ver a su esposa frente a frente no pudo evitar como su destrozado y triste corazón volvió a latir con locura, felicidad, gozo, alegría, emoción y entre otros sentimientos positivos que danzaban con euforia dentro de él.
– Aten, ¿Qué…? – justamente cuando Maat iba a preguntarle sobre su presencia en su habitación, Aten la calló de un apasionado y ferviente beso a lo cual su esposa no pudo evitar corresponder.
Los corazones de ambos amantes volvieron a latir al unisonó mientras que aquella calidez, ese calor que sólo ellos podían compartir mutuamente volvió a encenderse surgiendo de las cenizas como aquel ave fénix.
Aten no podía controlar toda esa euforia dentro de él quería para pero su cuerpo, su mente, su corazón y su alma se lo impedían. Mordió algo juguetón los labios de su mujer haciendo que ella los abriera, el príncipe aprovecho aquello y lo que hizo después había dejado con una gran excitación a su esposa que casi le hizo perder el aliento; Aten había succionado con algo de fuerza la lengua de Maat mientras que él introdujo su lengua de golpe dentro de la cavidad bucal de ella. La azabache tuvo que rodear el cuello de su esposo y aferrarse a él para no desmayarse o desplomarse debido a que sus piernas comenzaron a temblar, el joven Príncipe Heredero arrinconó a su esposa en la pared más cercana que puedo encontrar sin romper aquel contacto labial pasional y ferviente.
Al sentir su espalda sobre la pared Maat empezó a levantar su pierna izquierda y enredarla en la cintura de su marido, Aten al ver y sentir aquello le ayudó a ella a colocar su otra pierna en su cintura. Pudieron haber seguido besando como ellos lo estaban haciendo pero todo tenía un límite y ese era; el oxígeno. Aquel bendito oxigeno se les había acabado de sus pulmones que hicieron que ambos rompieran ese delicioso, erótico e intenso beso pasional. Ambos esposos respiraron como nunca antes mientras que sus alientos chocaban entre si ellos dos no dejaron de mirarse.
Aten se perdió en el brillo azulinos de su esposa que parecían un hermoso mar que reflejaba el hermoso reflejo de la luna; eran tan profundos, exóticos, llenos de tranquilidad, sensualidad, atrayentes, eróticos, y hermosos que hasta se podían perder en ellos con tan sólo verlos.
Entre tanto Maat había añorado con ver ese hermoso brillo esmeralda de su marido que hacía mucho tiempo lo había perdido; ahora eran tan divinos, pasionales, seductores, coquetos, exóticos, preciosos, hipnotizantes, y cálidos que ella jamás querría volver a perderlos.
Cuando ambos creyeron que habían recuperado el aliento volvieron a besarse pero ya no de una manera pasional y hambrienta, no, ahora era un beso casto y lleno de amor. Aten abrazó con ternura a su esposa y ella recorría sus manos sobre los cabellos de su marido cepillándolos amorosamente. Pocos minutos después ellos dos se encontraban en la cama, aun vestidos, abrazados mientras que sus manos recorrían casta, amorosa e inocentemente sus cuerpos; ambos sonreían exterior e internamente al sentirse uno al otro.
– Cuanto extrañaba esto. – dijo Aten mientras besaba la frente de su mujer cariñosamente.
– ¿Extrañar qué cosa? – preguntó Maat mirando fijamente a su marido.
– De estar a tu lado. – replicó el príncipe mientras que la mirada de la princesa se puso seria y levemente fruncida. – ¿Qué?
– ¿Es en serio o solamente lo dices para quedar bien contigo mismo? – Aten sintió su garganta secarse a la vez que se le dificulto en tragar su saliva después de escuchar la seriedad en la voz de su esposa.
– Lo digo en serio Maat. Jamás me voy a perdonar por todo el daño que te hice pasar e incluso que intente alejarte de mi vida.
La Portadora de la Mariquita lo miró directamente a los ojos mientras que esos ojos esmeraldas mostraban nada más que la verdad y la sinceridad.
– Eso espero escuchar de ti Aten, porque si lo vuelves a hacer juro por los dioses mismos que no te perdonaré una segunda vez. – aquella confesión que le hizo su esposa había sido para el Portador del Gato una amenaza y miedo para él mismo, no la culpaba porque ella tenía toda la razón de hacerle sufrir tal como lo hizo con ella al alejarla de él.
– Prometo con mi vida y la próxima que nunca haré tal semejanza como lo hice ahora, que Anubis y Seth sean mis castigadores de mis errores si vuelvo a hacer tal cosa como esta. – confesó con el corazón en la mano el arrepentido Príncipe de Tebas mientras que su esposa simplemente lo miró con compasión y perdón.
– Tampoco es para tanto amado mío, además, sé que ahora estas en duelo y comprendo que el dolor que sientes tardará mucho por sanar. – comentó la Portadora de la Mariquita a su esposo con palabras de aliento.
– Pero aun así no debí alejarte de mi lado. Lo siento tanto Maat, lamento si no te he dado el tiempo suficiente de estar a tu lado y haberte apartado de mí. – se disculpó Aten con el alma mientras que el corazón de la futura Gran Esposa Real se le encogió.
Maat tomó de sorpresa a su marido besándolo tierna y dulcemente en sus labios mientras que éste le correspondía de la misma manera.
– Olvidemos de todo esto, por favor Aten. Y disfrutemos ahora que estamos juntos otra vez. – suplicó Maat a su esposo mientras lo abrazaba tiernamente oculto su rostro sobre el pecho de él.
– Como tú lo desees, esposa mía. – sonrió con ternura Aten mientras correspondía al abrazo de su mujer.
Y así se quedaron abrazados hasta que el sueño les venció, la noche ya había reinado por todo Egipto y la luna junto a las estrellas eran testigos del amor mutuo entre esas dos personas que se encontraban dormidas uno con el otro con la espera de un nuevo mañana.
Lástima que ese nuevo mañana se convertiría en un fuerte cambio para el matrimonio sobre todo para Aten.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
La mañana siguiente había sido normal y tranquila para la pareja, Aten le había contado a Maat sobre su nueva posición como el futuro Faraón de Tebas la azabache estaba perpleja y preocupada, pues su marido aun no se recuperaba de su luto, cuando el Príncipe Heredero le informó que al siguiente día sería la coronación eso le hizo preocupar mucho más a Maat.
– ¿Y estás seguro de querer hacer esto Aten? – preguntó la azabache mientras que el joven rubio soltó un suspiro.
– Es por eso que te lo estoy diciendo Maat, aun no sé si estoy listo para gobernar el reino que mi padre me ha dejado… Tebas necesita un rey y como el sucesor de Garai es mi deber hacerlo aunque no lo quiera. Aún es muy pronto Maat. – Aten estaba frustrado mientras que su mirada esmeralda mostraba tristeza y preocupación en ellos.
– ¿Qué es lo que te impide en querer gobernar el imperio de tu padre? – preguntó Maat con una voz tranquila que había dejado sorprendido al muchacho. – Debe de haber una razón que te esté impidiendo hacer lo correcto, y tú lo mismo lo mencionaste; Tebas necesita un rey. ¿A que le tienes miedo Aten?
– Si te dijera a que temo de no ser un buen Faraón como lo fue mi padre te estaría mintiendo Maat. – confesó Aten cosa que dejo confundida a la chica.
– Entonces, ¿Qué es Aten? – volvió a insistir la joven esposa a su marido.
– Temo a que te hagan daño Maat.
– ¿Daño? – él asintió ante la pregunta de su esposa.
– Probablemente no lo entiendas, pero si me convierten en el nuevo Faraón de Tebas las personas comenzarán en atacarme donde más me duele. A ti, en mi esposa más amada. – Maat sintió como su corazón comenzó a encogerse al ver a su esposo preocupado y frágil. – Es por esa razón por la que no quiero convertirme por el momento en Faraón.
– Aten… ¿Y por qué no lo meditas?
– ¿Meditarlo? – Maat asintió mientras le dedicaba una sonrisa a él.
– Medita eso es lo único que necesitas hacer, no sé si para ti sea suficiente pero al menos no te sentirás con mucha presión.
– Creo que es una buena idea. – dijo Aten mientras le dedicaba una sonrisa a su esposa.
– Sugiero que esa meditación lo tomes al aire libre, ¿Qué te parece en el jardín de tu madre? Es tranquilo y hermoso que hará aliviar y calmar tu alma. – sugirió nuevamente la Princesa de Menfis.
– De acuerdo, que así sea entonces. – afirmó el Príncipe Heredero. – ¿Quieres acompañarme?
– En verdad que me encantaría hacerlo mi amado, pero, no quiero que mi presencia te moleste mucho menos ahora que… – en ese momento Maat había sido callada por su marido quien colocó su dedo índice entre sus labios.
– Maat, mi adorada y amada esposa, mujer de mi juventud; tu presencia jamás me molestaría al contrario tú me haces sentir en calma, paz, tranquilidad y sobre todo lleno de consuelo en mis días más oscuros. – Maat sonrió ante eso mientras que sus mejillas adquirieron un color carmín.
–Oh Aten. – la princesa rió levemente mientras besaba los labios de su marido.
– Prometo que no tardaré mucho. – dijo el Portador del Gato mientras salía de la habitación dejando sola a su mujer, bueno, no tan sola.
– ¿Crees que hice lo correcto Tikki? – preguntó Maat a su pequeña amiga.
– Por supuesto que sí Maat, estas apoyando a tu esposo y eso es bueno. Eres una buena esposa. – respondió Tikki.
– Lo sé… aunque… siento algo dentro de mí que me está poniendo incomoda. – la mariquita la miró confundida y le pregunto.
– ¿Incomoda?
– No hagas a lo que digo Tikki, probablemente sea porque me preocupa el estado de mi marido. Tú sabes, la pérdida de su padre y ahora que muy pronto se convertirá en el nuevo Faraón de Tebas todo eso muy repentino para él.
– Tal vez tengas razón Maat. – dijo Tikki pero ella también lo sentía, esa sensación que era incomoda, sofocante y deprimente.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
Aten se encontraba en el jardín de su madre caminando tranquilamente y escuchando el cantar de algunas aves que se encontraban descansando en las ramas de los palmares, el Príncipe Heredero se detuvo y se sentó en una silla de un kiosco. La idea de su esposa había sido buena al meditar en ese jardín le transmitía paz y tranquilidad, era como si la presencia de su madre jamás se hubiera de ahí. Aten respiró aquel aire puro y cálido mientras comenzaba a meditar tantas cosas de su nueva vida y sobre todo su futuro como Faraón.
Lo que Aten no sabía en ese momento era que dos personas lo estaban observando desde la distancia.
La primera persona era Chione, quien se encontraba oculta detrás de un pilar. Su rostro mostraba mortificación y unas horribles ojeras se asomaban por debajo de sus ojos, ni siquiera el maquillaje que ella estaba usando lo cubría del todo. ¿La razón? Simple, Chione había estado en desvelo oda la noche que tuvo una pelea interna si con decirle la verdad o no a Aten sobre lo ocurrido con su antiguo compromiso con él.
La segunda persona era Akenatón, él se encontraba oculto y asomándose por una ventana mientras miraba a su sobrino completamente sólo, el hombre tenía el ceño fruncido porque ya no podía ver aquellos sentimientos negativos en el corazón de su sobrino, tenía que idear un plan si quería akumatizar a Aten y ponerlo como su aliado. De pronto todos sus pensamientos fueron esfumándose cuando vio a Chione acercándose hacia donde se encontraba sentado Aten, una mirada de curiosidad se asomó en aquellos ojos castaños del hombre mientras veía el panorama de los dos jóvenes.
Chione estaba muerta de ansiedad y a su vez con un malestar insoportable, cada paso que ella daba hacia a Aten aquello lo que sentía se hacía cada vez más fuerte. Ella sintió su respiración detenerse, sus pulmones comenzaron a arderle, su corazón latía frenéticamente que en cualquier momento le daría un paro cardiaco, y por ultimo un sudor frío comenzó a sentir por todo su cuerpo. Lo primero que pensó era en retirarse y retractar de lo que en ese mismo momento antes de que llegará finalmente con Aten, pero ya era demasiado tarde para ella, Chione ya se encontraba frente a frente del joven rubio quien la miró con tranquilidad y extrañado.
– Chione, no me enteré de que ibas a visitarme. – comentó el príncipe.
– Y lo que dices es verdad, no di aviso que iba a verte Aten. – replicó la chica mientras sentía unos fuertes nervios carcomiéndola por dentro.
– ¿A qué se debe tu visita Chione? – preguntó calmado Aten mirando fijamente a su amiga, la pelicastaña se estremeció a su vez que sintió su garganta secarse.
– Yo… yo… – la pobre casi si podía hablar debido a que su garganta se le cerraba de golpe debido a la culpa que crecía dentro de ella. – Aten… quiero… no… debo decirte… algo… algo muy importante.
El Portador del Gato la miró confundido pero a su vez sintió preocupación por su amiga, a ella se le veía muy pero muy pálida junto con un sudor frío que le escurría por todo su cuerpo debido a que sus vestimentas blancas comenzaron a empapársele, había agachado la mirada y, por último, su voz empezaba a temblarle que casi podía entenderle.
– ¿Te encuentras bien Chione? – preguntó él.
La mencionada se tensó en su lugar mientras sentía su corazón en la garganta, cerró fuertemente los ojos para evitar ver al hombre que ella tanto amaba observándola con preocupación.
Se maldecía.
Se maldecía a si misma por hacerle tanto daño y aún más porque ella no se merecía esa preocupación por parte de aquel ser de buen, sincero y puro corazón.
Ella sólo se limitó en responderle con un...
– No.
– ¿Te sientes mal? ¿Quieres que mande a llamar a tu padre o al curandero real para que te verifique? – oh, Aten. Dulce alma llena de bondad si tan sólo dejarás de hablar no estarías torturando de la manera más miserable y horrida a Chione por sus pecados y errores.
– No. – volvió a negar ella.
– ¿Entonces cómo quieres que te ayude si no te dejas ayudar Chione? – preguntó aún más preocupado el joven Príncipe Heredero.
– Porque no merezco ser ayudada. – replicó ella con pena y quebrada, cosa que espantó al chico.
– ¿Por qué dices eso?
– Porque… oh, Aten… hice… hice algo malo, algo terrible que ni los dioses mismos pueden perdonarme por los actos que ocasione. – Chione comenzó a derrumbarse por dentro y por fuera mientras que unas gruesas y amargas lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos haciendo que el kohl manchara sus mejillas sus rojas mejillas.
Aten estaba tan espantado que su cuerpo comenzó a temblar, quería ir hasta donde se encontraba su amiga para abrazarla en consuelo a su temor pero algo dentro de él le impidió que hiciera aquello.
– ¿Qué hiciste? – preguntó o más bien ordenó el chico a la castaña a que hablara.
– Aten… yo… yo... – comenzó a hablar ella mientras se ponía de rodillas y llorando con gran pena, dolor y angustia. – Yo soy la causante de toda tu tragedia Aten. – confesó la muchacha mientras que el Príncipe Heredero no podía creer lo que había escuchado de la boca de su amiga.
– ¿Qué…? ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó con una voz temblorosa e incrédula el joven rubio.
– Aten… yo… todo esto… todo esto fue mi culpa. Hace muchos soles y lunas atrás… envié un mensaje… un mensaje con el Gran Gobernador de las Dos Coronas. – el corazón de Aten se detuvo mientras sintió todo su cuerpo tensarse, sus pupilas se habían desorbitado y su sangre se heló como el hielo mismo cuando escuchó la otra parte de la verdad. – En ese mensaje decía o más bien que yo mande a escribir fue que tu matrimonio estaba mal… que tenías muchos problemas con tu esposa, con Maat, y que tú querías tener lo más pronto posible herederos… soles y lunas pasaron y fue cuando ahí cuando… cuando…
– Cuando mi padre recibió el mensaje de mi tío. – terminó la oración Aten pero el tono de voz que uso él era tan sombría, tan fría y tan hueca que hizo paralizar de terror a Chione. – ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste Chione? – preguntó él hueca y fríamente el Príncipe Heredero pero ella no contestó cosa que esto hizo estallar en cólera al Portador del Gato. – ¡HABLA AHORA!
– ¡PORQUE ELLA TIENE LA CULPA DE NUESTRA SEPARACIÓN! ¡MAAT SE METIÓ SIN AVISO ALGUNO A NUESTRAS VIDAS ATEN, AL IGUAL QUE ELLA HIZO QUE TU PADRE ANHULARA NUESTRO MATRIMONIO! ¡ELLA LO ARRUINO TODO! ¡ARRUINO MI FELICIDAD DE SER TU ESPOSA Y LA MADRE DE TU DESCENDENCIA! ¡ESA MALDITA ARPÍA ARRASTRERA TE ROBÓ DE MI LADO CUANDO SABÍA LO QUE SENTÍA POR TI ATEN! – estalló en cólera Chione mientras que el Portador del Gato vio todo en rojo.
– ¡CALLÁTE!
En ese momento se escuchó un golpe seco que no además dejo impresionado Akenatón sino también a Aten.
Chione había recibió una severa y fuerte bofetada por parte de él en la mejilla, dejándola rojiza e inflamada a la vez. La chica estaba completamente en shock mientras que su corazón se detuvo y a su vez se hizo añicos como un jarrón, ella se llevó una mano sobre la parte donde había recibido el golpe que su amado le había propinado, su mejilla comenzó a arderle y a dolerle mientras que todos los recuerdos de su pasado con aquel chico que tanto amaba en corazón y alma fueron poco a poco destruyéndose de una manera tan desagradable y horrible al igual que esa poca esperanza que hacia tanto tiempo había guardado.
– ¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves a insultar y maldecir a mi esposa? – siseó lleno de rabia el Portador del Gato a la hija de Khalfani. – Sabes las consecuencias de aquellos que insulten a la Gran Esposa Real del Faraón, Chione, puedo mandarte a ejecutar y hacer que tu existencia sea borrada de este mundo por tu osadía y estupidez.
– Aten… – sollozó Chione.
– Faraón de Tebas para ti, mujer rastrera. – gruñó el Príncipe Heredero mientras que la chica lo miró sin poder creer lo que escuchó de los labios de él. – ¡Guardias! ¡Guardias!
Al escuchar los gritos de su señor, inmediatamente un pequeño grupo de guardias que resguardaban las entradas del jardín real llegaron ante su señor.
– Díganos su orden señor. – dijeron al unísono los hombres.
– Saquen a esta mujer faldera del palacio y llévenla a su casa. – su voz sonó cuan trueno que se pudo escuchar por todo el palacio.
– Como usted lo ordene señor. – dijeron los guardias, dos de ellos tomaron de ambos brazos a Chione mientras que ella gritaba paranoica.
– ¡Aten! ¡Aten, lo siento! ¡En verdad lo siento!
Pero él la ignoró.
No le importo sus sentimientos, ni sus gritos de perdón, ni siquiera sus lágrimas de dolor y tristeza.
Estaba encabronado que no quería saber nada de ella.
Su mente no dejaba de recordar de aquella oscura y enferma confesión.
Chione merecía sufrir en donde más le doliese, pero no la llevaría a la tortura, no, su dolor y su sufrimiento tenía que ser el peor de todos los castigos.
Entre tanto Akenatón lo había presenciado todo ese montaje que realizó Chione con Aten, el hombre tuvo que contener una carcajada limpia y burlona, se había estado divirtiendo en ver sufrir y humillar a esa fastidiosa muchacha que no soportaba ver. Mientras miraba a su sobrino con satisfacción y orgullo, pero, más sobre todo, lleno de triunfo. ¡Por fin el corazón del Príncipe Heredero se había oscurecido; malignos pensamientos y negativos sentimientos habían reinado en él!
– Al fin. – dijo con triunfo y gozo el Gobernador de las Dos Coronas. – Esto era lo único que le hacía falta a Aten, ser corrompido por la oscuridad y la maldad. Es hora de acabar con todo esto.
En ese momento, Akenatón desapareció sin dejar rastro alguno del lugar donde se encontraba escondido hasta que él apareció en un escondite secreto que aun sería desconocido por el hombre y los héroes de Egipto.
El hombre se transformó en Sokaris y aprovechó en tomar una mariposa y contaminarla de oscuridad y maldad hasta dejarla libre.
Ésta voló hacia donde se encontraba Aten, aun conservando esos pensamientos y sentimientos malignos que crecían más y más dentro de su ser, y fue ahí cuando el akuma se ocultó en el lugar menos esperado y que sería difícil de eliminar.
Su corazón.
Al momento en que el akuma había entrado en el corazón del príncipe éste detuvo su paso en seco mientras que su rostro totalmente rojizo fue iluminado por la máscara de mariposa de Sokaris. Pero. Aten no se musito es más no mostraba sentimiento alguno en su rostro ni mucho menos en sus ojos esmeraldas; parecían fríos y huecos.
– Ah, eres tú. ¿Por qué no me sorprende? – dijo huecamente Aten al villano.
– Deberías estarlo, no todos tienen la oportunidad de ser mis aliados Príncipe Akhenaten. – replicó Sokaris.
– Déjame adivinar, aquí es donde haré un trato contigo a cambio de que te consiga los prodigios, ¿O me equivoco? – comentó desinteresado y hueco el Portado del Gato.
– Que príncipe más inteligente.
– Basta de tanta palabrería y vaya directo al grano. – ordenó Aten sin sentimiento alguno pero en su mirar sólo se veía una infinidad de sentimientos negativos.
– Tú quieres venganza y yo quiero los prodigios, así que hagamos el trato te daré todo mi poder en tus manos y me darás el anillo y los aretes. – dijo Sokaris quien esbozó una sonrisa maligna.
– De acuerdo, pero yo seré quien pongas las reglas en este juego. – comentó Aten al villano quien por supuesto había puesto una mueca de disgusto. – Primero cumpliré con mi venganza hacia a aquellos que me hicieron la vida imposible y manipuladora, y una vez que lo haga tendrás los Prodigios de Ladybug y Khepera.
– Bien, entonces que así sea.
– Trato hecho entonces.
De pronto una masa oscura había cubierto completamente a Aten hasta que ésta desapareció.
Su vestimenta era tan parecida a la de Khepera pero diferente a la vez, pues, ésta consistía en un color blanco; pero lo que más marcaba la diferencia en el joven heredero fueron sus ojos, pues estos en vez de ser esmeraldas se habían tornado en un color violeta magnético.
– Desde ahora en adelante tu nombre será Qat Mowsen, serás toda lo contrario de Khepera cuando te lo encuentres frente a frente; la única diferencia es que tu poder perdurará toda la batalla con Ladybug y Khepera aun cuando utilices tus poderes. Serás invencible. – explicó detalladamente Sokaris a su sobrino.
Una sonrisa apareció en los labios del príncipe que a su vez mostraba unos filosos y blancuzcos colmillos que hacían más macabro su sonrisa.
Al romper su transformación Aten se iba dirigiendo a la habitación donde hablaría con su esposa sobre su decisión final, al llegar ahí se encontró con su esposa hablando animadamente con Dione y Auset; Maat al sentir la presencia de su marido ella lo recibió con una de sus tiernas y encantadoras sonrisa cosa que al Príncipe Heredero comenzó a sentir un cosquilleo en su entrepierna.
– Quiero hablar contigo a solas Maat. – dijo el joven rubio mientras miraba a su esposa fijamente.
Maat sabía bien de lo que su esposo hablaría con ella así que lo obedeció.
– Auset, Dione ya pueden retirarse. En otra ocasión hablaremos. – dijo la azabache a sus amigas.
– Está bien Maat. Nos veremos en otra ocasión. – comentó Auset mientras se retiró de la habitación junto a Dione.
Al estar completamente solos Maat iba a decirle a su marido cuando éste se abalanzó a ella como un depredador a su presa devorándole enseguida sus labios, el beso era tan agresivo y voraz que causo en la princesa que ahogara un gemido de placer, Aten detuvo bruscamente el beso cosa que a la azabache dejó escapar un suspiro de decepción. Esto hizo sonreir con orgullo y triunfo al príncipe, quería borrar todo rastro de aquel beso que ella le dio a su primo, aunque sea por error.
Maat era de él.
Su cuerpo era de él.
Sus labios eran de él.
Todo de ella era de él.
Sólo de él.
– Aten… – jadeó su esposa. – ¿Qué…?
Pero ella fue callada por su esposo cuando deslizó su mano entre sus piernas y levantar la falda de su vestido lo cual la había hecho estremecer.
– Aten… – suspiró ella su nombre.
– ¿Te gusta mi Reina? – dijo roncamente Aten mientras besaba las piernas de su mujer.
– Ah… Aten… d-de… detente. – Maat sintió su pecho arderle y su vagina mojarse y calentarse.
– ¿Por qué? Si te veo que lo estás disfrutando. – sonrió pervertidamente el Príncipe Heredo mientras chupaba y mordía los muslos de la princesa.
– Aten… por favor… – quería detenerlo, en serio que quería hacerlo pero el corazón y el alma de la muchacha suplicaban a gritos que dejara que su marido la tocara y la desease después de tanto tiempo. – No te detengas.
– Muy bien. – sonrió ampliamente el akumatizado héroe, con su lengua comenzó a deslizarla lenta y tortuosamente en la pierna izquierda de Maat, mientras que la pobre azabache comenzó a jadear y gemir tenuemente.
Justamente cuando sintió la respiración de su marido golpeándole su, ya, mojada y caliente vagina éste se detuvo no sin antes depositar un beso en el centro de la intimidad de su mujer. Maat lo miró confundida, su rostro estaba rojizo, su respiración estaba errática y sus pezones ya se encontraban transparentándose a través del vestido; duros y erectos.
– ¿Por qué te detuviste? – preguntó ella jadeando.
Aten le dedicó una traviesa y pervertida sonrisa, se acercó a ella y en su oído le dijo con una voz ronca.
– Porque amada mía, cuando nos coronen a ti y a mí como el Faraón y la Gran Esposa Real de Tebas te haré no solamente mía sino que también te haré tocar el cielo y las estrellas.
El corazón de Maat se le aceleró al igual que su sangre. Pero sólo duró poco cuando recapacito de aquellas anteriores palabras sobre la decisión de su marido.
– ¿Faraón? ¿Gran Esposa Real? Aten… tú…
Aten sonrió para sí mismo y besó a su esposa interrumpiéndola. Se separó de ella y le dijo.
– Mañana nos convertiremos en Faraón y Reina de Tebas.
– ¿Mañana? – Maat miró con incredulidad a su marido, aún era muy pronto para convertirse en gobernantes de un imperio, era una responsabilidad grande. – Pero es muy pronto Aten.
– Entre más rápido mejor. Quiero que todo Tebas nos vea gobernar como ambos lo merecemos. – volvió a decir el Príncipe Heredo al oído de su mujer que la había hecho estremecer, pero no de excitación sino más bien de nerviosismo. – Será mejor que descanses el día entero, porque mañana será un día largo. – sonrió burlonamente el joven rubio.
Al momento en que él se separó de su esposa se dirigió hacia la salida de su habitación, pero la voz de Maat lo detuvo.
– Aten, ¿Te encuentras bien? – ella preguntó preocupada y nerviosa.
Al encontrarse de espaldas de ella, la mirada esmeralda de Aten se cerró mientras que aquel color violeta magnético apareció en ellos. Cuando Aten volteó su cabeza quedando su mentón sobre su hombro derecho, el color esmeralda volvió a tornarse en su mirada.
– Por supuesto Maat, me siento excelente. Es como si otro Aten volviera a nacer otra vez. – nuevamente aquella sensación de nerviosismo combinada con el miedo volvió a entrar en Maat.
Aten salió de la habitación no sin antes guiñarle y sonreírle a su esposa.
Al no ver moros en la costa, Tikki salió de su escondite y se dirigió hacia Maat quien tenía una cara de mortificación, miedo y preocupación.
– Maat, ¿Está bien? – preguntó preocupada la pequeña mariquita a su elegida.
– Sí… me encuentro bien Tikki… sólo estoy sorprendida por el cambio de opinión de Aten. – fue lo que ella respondió a su kwami. – Él… y yo… seremos ahora los nuevos gobernantes de Tebas, Tikki. ¿Qué haré ahora? Aun no sé cómo gobernar un imperio.
– Todo saldrá bien Maat, no tienes nada que preocuparte. Mientras que tú y Aten gobiernen juntos y piensen igual todo saldrá bien. – animó Tikki a su elegida quien le volvió un poco la calma a ella.
– Gracias por tu apoyo y palabras Tikki, ¿Qué haría yo sin ti? – la Portadora de la Mariquita tomó a su pequeña amiga y la llevo a su mejilla donde le dio un abrazo.
Oh pequeña Maat si tan sólo supieras que aquello lo que sentiste cuando estuviste con Aten fue la primera señal del cambio de tu vida, porque tu marido fue akumatizado por su propia sangre, aquel hombre que le han abierto las puertas y dejado pasar a su casa, el mismo hombre que mató a su propio primo y se rió frente a sus narices, ese hombre que además que se hace llamar Faraón de las Dos Coronas es también nombrado tío y padre, ese hombre llamado Akenatón es nadie más ni nadie menos que el mismo Sokaris.
Y ahora, él mismo está controlando a su sobrino, a tu esposo, al hijo de Garai; Aten.
Y también ahora mismo él está planeando su venganza contra a aquellos que osaron burlarse y conspirar contra él.
Oh Maat, si al menos pudieras ver el futuro que tu marido ocasionará los días siguientes de su coronación lo detendrías en cualquier momento, esa una lástima querida y futura Reina de Tebas porque no además será el sufrimiento que llevarás sobre tus hombros sino que serás tentada por el ser de la contraparte oscura de Khepera.
Se precavida Reina de Tebas porque la oscuridad no además entró a tu casa sino que está a punto de dominar todo lo que toque a su paso.
Y Aten es un ejemplo de ello.
Y el primero en ser corrompido.
Cuídate del lado oscuro de Khepera o más bien conocido ahora como…
Qat Mowsen
¡Por fiiiiiin!
Después de casi un mes y medio he terminado con este capítulo.
Lamento mis queridos lectores por haberme tardado todo este tiempo, pero tengo mis razones.
Por ejemplo…
1. Como ustedes saben había puesto un aviso de que se me descompuso la computadora y luego recibí una nueva como regalo de graduación.
2. Ya tenía la mitad de haber terminado el capítulo pero tuve un error con el documento y ese fue… QUE OLVIDE GUARDAR EL DOCUMENTO Y SE ME BORRO POR COMPLETO… así que tuve que volver a reescribirlo.
3. El mes de julio decidí en unirme a la huelga MLB: BLACKOUT ya que es verdad que muchos de nosotros los escritores utilizamos sin permiso los dibujos de aquellos artistas que con tanto esmero y esfuerzo han tenido que dibujar, y bueno, no se me justo de que tomemos las cosas sin permiso… así que… decidí en dar apoyo al igual que agregarle más cosas al capítulo.
4. Tuve problemas de salud que tuve que estar en reposo que eso me hizo perder un poco de tiempo para continuar con la historia.
5. Como ya saben estoy a punto de graduarme, así que, tengo que estar planeando las cosas para la graduación; ir a mis ensayos; elegir vestido para fiesta de graduación; los peinados; etc.
Bueno sé que algunos pensaran que estoy usando estos pretextos por andar atrasada con los capítulos, pero también quiero que me entiendan que el trabajo de una escritora no es muy fácil ni sencillo que digamos, pues, en ocasiones perdemos inspiración o que tengamos problemas ya sean personales o de otras cosas.
En fin sólo quería que estuvieran enterados de lo que me ha pasado todo este tiempo sin haber publicado.
Por cierto, ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué le pasará a Maat cuando se enteré de la akumatización de su marido?, ¿Qué planes tendrá Akenatón con Aten?, ¿Será detenido con tiempo antes de que sea tarde?, ¿Qué serán esos planes que tiene pensado en realizar Aten una vez que llegue al poder?, ¿Qué le pasará a Chione?
Todo esto lo descubrirán en el siguiente capítulo de MLB: Arenas de Tiempo.
Cambiando de tema.
¿Quiénes han visto el avance de la 2ª temporada de Miraculous Ladybug?, ¿Y cómo reaccionaron al verlo?
Hoy como a las 2:00 de la madrugada estaba viendo YouTube y vi un video del avance de la 2ª temporada de MLB, al principio pensé que era un video-fan pero luego de verlo por completo casi pego un grito de la emoción e incluso hasta me caí de la cama (tengo suerte de que la computadora no se me cayó en ese momento porque lo tenía en mis piernas) que bueno que no hice tanto escándalo porque los vecinos pensaran que están asesinando a alguien, tengo un grito peor que el de La Llorona.
Eso fue lo que me ocurrió esta madrugada mis queridos lectores, la verdad aún estoy con la emoción de haber visto ese pedazo de avance que sólo en el video donde lo vi dura alrededor de unos 4:00 minutos máximo, y dios mío aún estoy impactada de lo que va a venir en el primer capítulo de MLB 2ª temporada, háganme callar por favor jajaja. (Ya me parezco un tanto a Marinette cuando hace algo Adrien).
Bueno mis queridos lectores hasta aquí hemos concluido con el capítulo, espero terminar con bien toda esta historia ya que falta muy poco para llegar al final.
Que tengan un buen día, tarde o noche.
Nos leemos en la próxima aventura.
Bye, bye petite papillion.
Atte.: Queen-Werempire.
