El centro del laberinto estaba inmerso en el más absoluto caos. Restos de construcciones, grandes caminos empedrados destrozados con grandes orificios en muchas partes de su trayecto, restos de habitaciones con apenas un piso y un par de paredes en pie, columnas, restos de escaleras con alfombras rojas rotas y trozos de tierra de pequeñas plazas y jardines con algunos árboles que todavía estaban enraizados a esos pequeños trozos de tierra. Se podía ver algunas casas que les faltaba las paredes y dejaba ver su interior, edificios que estaban en iguales o peores condiciones que las casas, con los restos de sus vidrios rotos a su alrededor, restos de pequeñas parroquias sin techo dejando ver su bancos de iglesia que flotaban hacía bajo. Todos estos escombros flotaban alrededor de un gran parque con lo que parecía ser, una catedral gótica negra en perfecto estado en el centro de ese caos. Todo flotaba en un cielo rojo con nubes negras, que emitían relámpagos y rayos que destrozaban aún más los restos que flotaban a su alrededor.

Viegilio sostenía a Twilight que miraba asombrada todo ese paisaje caótico y demencial.

-Debemos llegar a la catedral central, señorita Twilight.

Twilight se incorporo y vio a su alrededor. Estaban en un elegante pasillo que estaba destruido hacia adelante, dejando ver ese espectáculo anárquico frente a ellos. Miro a Virgilio y grito:

-¿¡Estás loco!? ¡Como llegaremos si no existe un camino!-volvió a mirar el paisaje- Todo está inmerso en un caos.

Virgilio se acerco un poco a la orilla del pasillo destrozado y se puso de cuclillas mirando hacia las profundidades del abismo.

-En el principio fue el caos, que a la visión de muchos seres es la expresión de un desorden. Pero el orden esta en los ojos del intérprete, no del cuadro. Pocos ven el orden del caos, un orden que va más allá del mero orden racional establecido, como un caos formador del todo y sin el cual, nada existiría-se voltea y mira a Twilight- déjeme guiarla por este extraño orden.

Se acerco a una pintura de la pared derecha del pasillo donde habían aparecido. Toco con una mano haciendo que la pintura, llamada "El trotamundos sobre el mar de niebla", emitiera ondas que recorrían del centro a la periferia del marco, como si fuera la superficie del agua. Luego, sin decir palabra, tomo un poco de distancia y salto dentro del cuadro apareciendo en los restos de una habitación que estaba a unos metros del pasillo destrozado. Virgilio miro hacia arriba, viendo a Twilight de cabeza en el pasillo.

-Apresúrese señorita Twilight.

Twilight volteo hacia arriba, viendo a Virgilio sobre su cabeza que la saludaba. Por su parte, Twilight se acerco a la pintura y vio a lado una pequeña nota:

No tenemos tiempo de ser nadie. Todos los destinos son el mismo.

Expresados en fórmulas, los episodios más dramáticos de nuestra vida son irremediablemente banales.

No importa lo que hagamos. Se llega al infierno por casualidad.

Toda comunicación es imposible. Nadie ha conocido a nadie.

Volvió a mirar la pintura y respiro profundamente

-Solo debo confiar.

Salto dentro de la pintura, Apareciendo saltando hacia los brazos de Virgilio. El la atrapo y la incorporo de pie.

-¿Ve que puede confiar en mí?

-Hace cosquillas al atravesar las pinturas, creo que te debo una disculpa por haberte gritado y un agrad…

Le tapo los labios con un dedo.

-Luego me lo agradecerá, ahora debemos llegar a la catedral.

Virgilio se acomodo las mangas de su traje y camino hasta una puerta abierta de la habitación. Del otro lado de la puerta, mostraba la mitad de una habitación y a la catedral vista desde arriba. Twilight se acerco y vio que algunos cerámicos se desprendían del suelo, quedando flotando cerca de la mitad de la habitación. Lo único que quedaba en esa parte de la habitación era la puerta del lado izquierdo y del otro extremo una silla y una pintura que en su titulo estaba escrito "Noctambulos".

Virgilio entro primero por la pintura. Ella se acerco y antes de que Twilight entrara, apareció la mano de Virgilio en medio de la pintura. Twilight la tomo, costando un poco entrar en la pintura, como esta ofreciera resistencia. Salió de una pintura que estaba en suelo de un pasillo. Al ver hacia arriba, vio que estaban debajo de la catedral.

Virgilio tomo la pintura y la volvió a colgar sobre una de las paredes en los restos del pasillo.

-Una lástima que una bella obra de arte este en el suelo.

Luego volvió a entrar por la misma pintura. Twilight espero unos momentos antes de seguirlo, por si volvía a pasar lo mismo.

Salieron en lo alto de una escalera, donde la pintura estaba colgada en una vieja pared derruida. Miro a la derecha, viendo que estaba muy lejos de la catedral.

-¿Seguro que este es el camino correcto?

Virgilio comenzó a bajar por las escaleras, seguida por Twilight detrás. En el último escalón, Virgilio se dejo caer al abismo, dando una vuelta de 180 grados sobre el escalón, quedando debajo de la escalera. Twilight miro abajo, viendo que Virgilio la miraba, como si fuera su reflejo.

-Muy seguro de que es el camino correcto, princesa.

Twilight se dejó caer, siguiendo el mismo movimiento que hizo su guía y volvió a ponerse de pie junto a Virgilio.

-Vez que no es tan malo, pero debemos seguir adelante.

Camino hasta el final de la escalera, donde una ventana flotaba muy cerca. Virgilio tomo la pintura y entro en ella mientras Twilight lo seguía. Entraron en el centro de una habitación circular, hecha de piedras grises y desgastadas por el tiempo, con una escalera de caracol que accedía hasta un piso superior.

Subieron cautelosamente, debido a la poca iluminación que poseía la habitación.

-Tenga cuidado princesa, estos escalones pueden ser muy resbalosos en esta época del año.

Llegaron a la cima donde una habitación de cristal dejaba ver el horizonte de nubes negras, cielo rojo y un gran faro que giraba. La catedral, junto con restos de escombros y palomas blancas que se posaban en los mismos, estaba boca abajo, pero tan cerca que se podían ver las ilustraciones de los ventanales.

Twilight quedo mirando a través del cristal del faro, como el blanco de las palomas se alejaba de los escombros, e iba a aterrizar al césped cerca de la catedral. Luego miro a Virgilio, que buscaba en un viejo cobre en una esquina de la habitación.

-Bien, me alegra que aún este donde lo deje la última vez-Saco un gran y viejo libro, que tenía 7 bisagras, con 7 candados que lo cerraban-espero que aun este donde deje las llaves-camino hasta una grieta en la pared, donde introdujo la mano y saco un llavero de plata con 7 llaves-perfecto.

-¿Qué es ese libro?

-Es el libro de la catedral-sin mirarla comenzó a abrir cada candado-solo aquello que ha pertenecido a la catedral, puede darnos el ingreso al mismo.

Termino de abrir los 7 candados, y los puso a un lado del libro. Abrió el libro en la página 777. Puso el libro frente a él y se paró acomodándose la ropa y miro a Twilight.

-Iré primero y la esperare del otro lado señorita.

Con un salto, Virgilio piso el libro hundiéndose en el mismo. Las paginas donde había pisado, brillaban intensamente haciendo que Twilight se cubriera con una mano. Cuando volvió a mirar, vio que estaba sola en la habitación. Twilight se acercó cuidadosamente al libro. Las paginas, estaban ilustradas con los planos de una catedral, donde se había marcado con tinta roja un pequeño cobertizo del lado derecho, mientras que del lado izquierdo estaba escrito:

7 son los días de la semana,

7 los pecados capitales

7 los dones del espíritu

7 son las notas musicales

7 los colores del arcoíris

7 los mares de las tierras,

7 los brazos de Menora

7 los metales de la antigüedad

7 bellas artes

7 las virtudes del Bushido

7 los arcángeles

7 las cabezas de la bestia del libro de las revelaciones

7 las frases de Jesús antes de morir en la cruz

7 los cielos del islam

7 plagas de Egipto

Con una mano, toco el centro del libro. Sintió como podía meter su mano entera en las páginas. Luego metió la otra mano y entro dentro de las hojas de las páginas.

Vio una gran luz que la deslumbraba, y sintiendo como todo su cuerpo caía desde un precipicio. Cuando el brillo se apagó, vio que verdaderamente estaba cayendo desde una gran altura hacia la catedral. A medida que caía, agitaba los brazos y emitía un grito a pleno pulmón, mientras las palomas que estaban cerca de los escombros que flotaban en el abismo, se asustaban y empezaban a volar para alejarse de ella. Antes de estrellarse contra el césped, tapo el rostro con los brazos y contrajo todo su cuerpo preparado para el impacto. Sintió como se detenía a escasos centímetros del suelo y una mano le agarraba la espalda de su vestido y la ayudaba a incorporarse. Volteo para ver quién era.

Era su mayordomo.

-No volvamos a hacer eso-dijo Twilight.

-Como gustéis.

Estaban en medio del jardín, donde se podía sentir una suave brisa que llevaba a las puertas de la catedral. La gran catedral, dejaba ver una gran escalera de piedra que llevaba a las puertas dobles. Sus ventanales relucientes reflejaban tenuemente sus figuras a medida que se acercaban. Más arriba, los pináculos podían tocar pequeños escombros que flotaban cerca de ellos y las gárgolas miraban fijas a sus invitados. El claristorio dejaba ver las bóvedas de crucería que conformaban el techo de la catedral.

-Creo que debemos apresurarnos-dijo él, mirando un reloj de bolsillo-o su anfitriona se enfadara un poco.

Sin vacilar, caminaron hacía la puerta de entrada. Al mirar alrededor, pudo ver algunos árboles en fila y un pequeño cobertizo de madera. Todo estaba tan limpio que parecía que ese lugar no estaba deshabitado.

-Virgilio.

-Si princesa.

-¿Quién me espera dentro de la catedral?

-Alguien que la conoce muy bien.

Por dentro, la catedral era tan grande que al mirar al techo, este estaba tan lejano que parecía que todavía estuvieran al aire libre. Todo estaba hecho de mármol, pero de una manera que parecía que toda la gigante estructura arquitectónica hubiera sido hecha de un solo bloque de mármol.

Llegaron a un largo ario junto a un tranquilo patio. Las paredes del atrio estaban pintadas con frescos que representaban otros lugares que había visitado: La sala de Isis, el bar del barco, las nubes desde donde se veía todo el crucero, la pequeña casa de Rarity en el crucero, etc. Pero también, otros paisajes igual de fantásticas que no había visto: Un océano donde caminaban grandes gigantes hacia una gran catarata donde no se veía el fondo, los gigantes tenían árboles y cosas en sus hombros y espaldas. Otra imagen mostraba a un gran dragón que surcaba los cielos y que tenía en su espalda una cordillera montañosa en su espina dorsal, con grandes bosques a ambos lados de su espalda con pequeños lagos, ríos y cataratas, con ciudades a lo largo de toda su espalda. Pudo ver en otro fresco una ciudad hundida, con edificios, catedrales, plazas, calles y callejones llenos de peces y criaturas marinas fantásticas. Cada pintura, era más asombrosa que la anterior. Twilight se detenía a cada momento para ver esas pinturas, mientras Virgilio la llevaba por los pasillos de la catedral.

Pasaron por el Nartex y entraron a la nave lateral. La nave central, poseía bancos de madera con un piso de césped verde, que miraban al ábside central. Twilight miro arriba, viendo que un sol brillante rillaba tenuemente detrás de nubes blancas y un cielo pacifico. Unos metros más adelante, Virgilio abrió una puerta a la izquierda y entro en un pequeño pasillo. Dentro del pasillo, Twilight se detuvo frente a una puerta que decía: "Biblioteca de Babel". Frente a la puerta, había un pequeño cartel que decía:

"Profesores de la cátedra de alquimia me han contado la enorme dificultad que supone enseñar una normativa cuyo precepto central es el secreto absoluto. El maestro debe ejercer al mismo tiempo la divulgación y el ocultamiento. Para completar exitosamente ambas actividades no tendrá más remedio que dictar clases que tengan —por lo menos — dos significados. Uno de apariencias y otro secreto, que el alumno deberá ir descifrando trabajosamente. Tras largos siglos de penosas lecciones, se ha ido construyendo un lenguaje en donde lo que se dice no es lo que se quiere decir, en donde cada palabra no es sino una imprecisa alegoría de otra que no ha sido dicha: el sol es el oro, pero también es el Padre y es Apolo y el calor del cuerpo y el centro del Zodíaco. Los siete metales son también las siete heridas de Cristo, las siete virtudes, los siete colores, los días de la semana, las horas y la suma de la trinidad con los cuatro elementos, que vienen a ser —de paso— los cuatro evangelistas. Desde luego, el aprendiz jamás tendrá la certeza de haber descubierto las verdades escondidas, pues nunca se realiza la traducción definitiva. Maestros y discípulos se hablan a través de los tiempos en interminables diálogos y textos que son símbolos y emblemas de otros símbolos y emblemas, cuyo comienzo o cuyo final es imposible hallar. Manuel Mandeb, el pensador de Flores, afirma que toda conversación es una lección de alquimia. Nadie dice lo que dice, nadie oye lo que oye, nadie escribe lo que escribe. Mandeb aclara que este último juicio oculta en verdad otro, que es secreto. ¿Qué libro esconderá este libro? ¿Qué tristezas desconocidas se ocultarán tras nuestras viejas y familiares penas?"

-¿Sucede algo Princesa?-dijo Virgilio, a una docena de pasos de Twilight.

Twilight abrió la puerta y entro en el interior de la biblioteca. Solo pudo dar algunos pasos en el espacio hexagonal de la biblioteca, antes de que Virgilio la tomara del hombro y la arrastrara fuera de la misma.

-No creo que debería hacer eso señorita Twilight, sé que su anfitriona le contara muy complacida sobre la biblioteca. Pero ahora mismo debemos encontrarla y no podemos perder el tiempo en explorar la catedral.

Twilight apenas lo escucho, su mirada estaba perdida en lo infinito que parecía ese lugar. Sintió como Virgilio la sacudía y volvió en sí.

-Lo siento Virgilio, es que no sé qué me paso.

Virgilio no dijo nada y siguieron caminando por los pasillos de la catedral.

Algo que noto Twilight, fue el hecho de que en cada intersección, Virgilio lo conducía hacia la izquierda. Por un momento, pensó en la imposibilidad de doblar siempre hacia la izquierda, pero no podía dudar de su mayordomo. Pensó en un viejo libro de laberintos que había leído hace mucho tiempo: "Una de las reglas de todo laberinto, es el hecho de siempre girar a la izquierda para encontrar el centro del mismo"

-Bien, hemos llegado-Dijo Virgilio frente a una puerta doble.

Virgilio se acomodó la ropa y luego arreglo algunos detalles de la ropa de Twilight. Abrió una de las puertas para que Twilight entrara. Ella miro un minuto a Virgilio, antes de cruzar la puerta.

Era un gran jardín con un pequeño sendero debajo de sus pies que se extendía unos 50 metros, antes de bifurcarse hacia dos puertas que estaban ubicadas en la esquina derecha e izquierda del otro lado del jardín. En el punto medio preciso de bifurcación, estaba una mesa de piedra con bancos de madera bajo un viejo olmo. Sentada de frente hacia ellos, dos figuras oscuras los miraban bajo el árbol. Pequeños centros de flores y bancos de madera a cada lado, un pequeño lago donde nadaban algunos peces de colores y árboles viejos y frondosos componían el escaso decorado del jardín.

Virgilio guio el paso al frente de Twilight.

-Sabe, este encuentro que tendrá con su anfitriona me recuerda a una vieja frase.

-¿Cuál es esa frase?

-En algún lugar del mundo y en un tiempo determinado, te encontraras contigo mismo. Esas serán las horas más dichosas o más oscuras de tu existencia.

-¿Por qué lo…?

Antes de terminar la frase, vio que la persona que estaba sentada al otro lado de la mesa era ella misma y al lado otra imagen de Virgilio. Sobre la mesa, un mazo de cartas a la derecha y un reloj de arena a la izquierda.

-¿Quién eres tú?-Pregunto Twilight sorprendida.

-Yo soy tú-Contesto la Twilight que estaba sentada-Pero tú puedes llamarme Twili, para evitar confusiones.

Twili miro a su Virgilio.

-Puedes retirarte Virgilio, quisiera estar a solas con Twilight.

-Como guste, señorita Twilight-dijo a Twili y miro al Virgilio de Twilight.