Faltaba poco más de una semana para salir de ahí. Akashi esperaba ansioso. Estaba expectante de ver cómo sería su vida fuera de esas paredes que habían vuelto a encausar su vida.
Extrañaría el centro. Después de todo, lo habían tratado muy bien. Su enfermero, había sido la mayor parte del tiempo, un buen amigo. Le había contado muchas cosas de su vida y lo había cuidado con esmero y dedicación. Nadie nunca lo había tratado como un bicho raro ni mucho menos. Nunca le habían faltado el respeto. Ahí no importaba cuál era su apellido ni quien era su familia. Todas las personas que ahí estaban, eran tratadas con la dignidad que se merecían, a pesar de ser un centro psiquiátrico, donde todos los pacientes podrían decirse que estaban "locos" o enfermos de alguna manera.
Eso le había enseñado mucho a Akashi sobre cómo uno debía tratar y apreciar a las personas. El siempre había sido muy altanero. Trataba en forma déspota a las personas. No permitía que la gente lo mirara directamente a los ojos si no le servían, y hacía caer de rodillas frente a él, a quien osara a mirarlo en forma despectiva. Recordar eso lo hacía avergonzarse mucho de él en varios aspectos. Pero era la forma bajo la cual su padre lo había criado y la forma que tenía el emperador de tratar a las personas para protegerlo a él. Pero eso ya formaba parte del pasado. Eso ya quedaría atrás. Ese era uno de los tantos errores que tendría que enmendar. Sin lugar a dudas, Akashi había aprendido mucho de la vida en ese centro.
Ese fin de semana, por fin iría a visitarlo Murasakibara. Akashi lo extrañaba demasiado. Quería verlo. Quería contarle todo nuevamente, pero en persona. Quería mostrarle las cartas, las fotos, quería hacer el amor con él, ser abrazado por sus fuertes brazos, todo.
Para matar el tiempo, había decidido hacer una lista de todas las cosas que haría apenas saliera del centro. Antes de regresar a su casa en Kioto, debía hacer varias cosas. Tenía todo planeado. Con ayuda de su tío, había podido preparar alguna de las cosas que tenía que hacer con anticipación.
Akashi sonreía cada vez que pensaba en su tío. El siempre lo había ayudado en todo. Había sido su cómplice y amigo siempre. Lo emocionaba tenerlo cerca. Vivía en Japón solo por él, a pesar de que era padre y su hija vivía en Inglaterra. Si bien viajaba constantemente a verla y mantenían una comunicación muy fluida con ella, él nunca había dejado Japón por mucho tiempo, y si no lo hacía, era solamente por él. - Quizás ya es momento de liberarlo de esa responsabilidad- pensó colocándose algo nostálgico, ya que después de todo, sabía claramente que cuando él no estuviera, se sentiría triste sin su presencia. Pero esa sería la mejor forma de pagarle por todo estos años de esfuerzo y dedicación a su crianza. El en muchos aspectos había cumplido con el rol de padre. Pero él tenía una hija y estaba sacrificando su propia felicidad por cuidarlo a él, cumpliendo así con los deseos de su hermana.
Esa tarde-noche compartió con los demás pacientes. Analizó sus comportamientos y actitudes. Ya todos sabían que sería dado de alta. Todos los que usualmente compartían con él, estaban felices por su salida del centro.
- ¿Qué vas a hacer cuando salgas de aquí? – le preguntó el anciano con quien siempre conversaba.
- La verdad, tengo una larga lista de cosas que quiero hacer- le respondió él en forma cordial.
- ¿Cómo qué?-¿Algo que valga la pena? – le preguntó incomodando un poco Akashi con su pregunta.
- Eso espero- le respondió sonriéndole. –Quiero visitar a varias personas, amigos, que me han ayudado en forma desinteresada todo este tiempo. Debo ir a darle las gracias en persona….
- Entiendo – dijo el anciano colocando una carta sobre otras dos. (Ya que estaba haciendo un castillo de cartas en la mesa de la sala de estar).
- ¿Cree que vale la pena hacer eso?- le preguntó Akashi.
- Eso dependerá muchacho- le respondió él concentrándose en poder colocar más cartas en su castillo.
- ¿De qué dependerá?- le preguntó Akashi sorprendido ayudándolo a sujetar la torre para que no se cayera.
- Dependerá si esa visita se realiza de corazón o no… - le respondió sin perder de vista su objetivo.
- ¿De corazón?- le preguntó mirándolo fijamente. El anciano dejó su tarea por unos momentos. Dejó las cartas que tenía en las manos en la mesa y colocó uno de sus dedos en el corazón de Akashi.
- Sí, de corazón. – Si vas a realizar esas visitas porque te sientes en deuda con esas personas porque te ayudaron, y luego saldrás de ahí prometiendo que siempre estarán en contacto y nunca más volverás ni a llamarlos, mejor no las visites y no vayas- le dijo.
Akashi sopesó esas palabras. Pensó con detenimiento lo que él decía. No era para nada descabellado después de todo. Pero no, él estaría en deuda de por vida con Tetsuya y su Madre, con Mikami, su tío Ayumu, con Atsushi, con todos en verdad. La preocupación de todos había sido sincera y pura. Él no los olvidaría.
- ¿Eso le pasó a usted?- le preguntó Akashi algo triste mirando al anciano.
- Sí- le respondió. –Mis hijos prometieron que nunca me dejarían solo. - Pensé que por haber sido un buen padre ellos se acordarían de mí y me vendrían a ver seguido, pero ya ves, nunca vienen. - Ahora que viven felices con sus familias y son todos millonarios, ya no necesitan a este viejo loco en sus vidas, es mejor olvidarme -¿No crees?.
- No, no lo creo- le dijo tomando el par de cartas que el anciano había dejado en la mesa y colocándolas encima haciendo crecer la torre. El anciano sonreía feliz al ver cómo a Akashi hacía crecer y crecer su castillo de cartas.
- ¿Te podría pedir que añadieras una cosa más a tu lista para cuando estés fuera de aquí?- le pidió el anciano algo melancólico después de unos minutos.
- ¿Si puedo?- le respondió.
- Podrías llevarle unas flores a mi esposa. Si los ingratos de mis hijos no me vienen a ver a mí que estoy vivo, me imagino que la tumba de mi esposa debe estar desprovista de cualquier muestra de cariño. Llévale unas flores por mí – le pidió de pronto aferrándose fuertemente a su polera. El anciano había cambiado drásticamente de humor. El enfermero de Akashi estuvo a punto de actuar para sacárselo de encima, pero Akashi le indicó que no.
- ¡Claro que lo haré! – lo anotaré en mi lista.
- ¡Claro que no lo harás!- le respondió el anciano triste.
Akashi lo miró y le dijo:
- Espéreme aquí unos momentos- el anciano solo lo miró.
Al cabo de unos minutos, Seijuro regresó con su lista en la mano. Se la mostró al anciano quien la leyó sorprendido.
- Ahora escribiré el punto 14. "Llevar flores a la tumba de la esposa de mi compañero y amigo del centro psiquiátrico". Bien, ya está anotado. Ahora necesito todos los antecedentes. Nombre de su esposa, lugar donde está enterrada, el tipo de flores que le agradaban, su nombre completo y unas palabras suyas para la dedicatoria. Ese día, le enviaré una foto desde ahí mismo.
- ¿En serio lo harás?- le preguntó el anciano.
- Sí, tiene mi promesa- le dijo Akashi estrechándole la mano. - Además ya está anotada en mi lista- le sonrió.
- Bien, te daré todos los datos- le dijo el anciano comenzando a dictarle todo en forma detallada.
Esa noche cuando se fue a dormir, sentía un nudo en la garganta. Ese día había aprendido una vez más, que el amor era algo agridulce. Así como no sabía de distancias cuando uno realmente amaba a alguien, también provocaba mucho daño a quien no lo recibía de sus seres queridos y más cercanos. Ese anciano, aún amaba a su esposa. El mensaje era breve pero hermoso.
"A mi querida vieja. Hasta que nos volvamos a encontrar. Espérame donde quieras que estés, porque allá llegaré muy pronto. Te amo, a pesar de tu terrible carácter".
Akashi había reído cuando el anciano le había dictado esto último y él también. Ahí le contó lo temible que había sido su esposa. Que había tenido un carácter muy fuerte y que quizás por eso él estaba ahí. – ¡Las mujeres siempre nos llevan a la locura!- le dijo el viejo riendo. –Pero era muy buena. Cuidó de nuestros tres hijos y de mí en forma maravillosa. Incluso de nuestros nietos. Lástima que ya no esté. Pero creo que así es mejor. Si siguiera viva, quizás ella también estaría encerrada aquí. -¿No crees?.
Akashi no había sabido qué responderle. Solo le sonrió. Pero para cambiar el rumbo de la conversación, botó una torre de cartas, lo que hizo que el anciano comenzara a retarlo por lo descuidado que era la juventud de estos días y ese tipo de cosas.
Seijuro estaba triste. Sentía que finalmente, todos estábamos solos en el mundo. Ese anciano tenía familia. Hijos, nietos y nadie nunca lo venía a ver. Él cuidaba de todos los demás. Siempre era atento con todos los pacientes. Ayudaba a los más ancianos y era muy paciente con uno en especial, que solía alterarse mucho, puesto que perdía sus cosas con facilidad. Lo que lo alteraba y se ponía muy agresivo. Él siempre se acercaba a él. Con una paciencia infinita lograba tranquilizarlo y le ayudaba a buscar sus cosas perdidas. Hasta encontrarlas. Era buena persona. Si no fuera por esos arranques de desesperación que le venían, ese anciano, no tenía motivo para estar ahí. Solo eran sus hijos, que al parecer, no lo querían cerca de sus vidas. Estaban muy ocupados viviendo la suya, olvidándose del viejo.
Murasakibara lo llamó esa noche (como lo hacía todas las noches) a Akashi para conversar. Notó de inmediato que estaba triste. Akashi le contó todo y Murasakibara se enterneció con la historia.
- ¿Crees que si le llevo dulces él se alegrará? – le preguntó Atsushi.
- jajajaja- rio Akashi. -Solo a su novio se le podría ocurrir algo así, solo su novio podía creer que todos los problemas podrían solucionarse comiendo golosinas.
- Puede ser que sí – le respondió él alegre.
- ¡Entonces le llevaré cientos y cientos de dulces!… - mañana viernes llegaré a verte. Saldré de aquí temprano ya que no tendremos entrenamiento y el sábado tampoco.
- ¿En serio? ¿Llegarás mañana?.
- Sí- le contestó el pelilila.
- ¿No te es más cómodo viajar el sábado temprano?.
- Sí, pero ya no aguanto ni un día más para besarte y para tenerte entre mis piernas- le dijo precipitadamente.
- Atsushi… - le respondió Akashi feliz.
- De hecho, ahora mismo estoy tan excitado pensando en ti, que podría correrme con tan solo tocarme un instante- le dijo Murasakibara más sensual aún.
- Hazlo, me encantará escucharte. -Pero más me gustaría mirarte- le dijo Akashi seductoramente.
- No te dejaré hacer una video llamada Aka-chin- le dijo Atsushi adivinando su plan. Solo verás mi cara cuando me tengas dentro tuyo, no jugando con mi mano en forma traviesa…
- Entonces, déjame escucharte - le pidió Akashi.
- No sé cuánto duraré- le decía Murasakibara mientras se tocaba así mismo. Akashi escuchaba feliz como su novio comenzaba a jadear fuertemente.
- Me encanta escucharte – le dijo Akashi.
- Me encanta estar dentro tuyo Sei – le decía Atsushi más jadeante que antes.
- Mañana, lo haremos- le decía colocando su mano también en su miembro. Comenzando a masturbarse incesantemente.
- ¿Estás haciendo lo mismo que yo?- le pregunto Murasakibara sorprendido.
- Sí, no me pude aguantar – le respondió jadeando.
- ¿En qué piensas?- le preguntó él.
- En ti, entrando dentro mío, hasta el fondo, muy al fondo… - susurró.
- Ohh Sei me vuelves loco… - le dijo el pelilila acelerando los movimientos de su mano.
- Vente para acá entonces. Este será el lugar propicio para que estemos los dos- sonrió jandeando.
- No puedo creer que bromees ahora… - sonrió Atsushi.
- Lo siento- le dijo jadeante - Atsu….
- ¿Si Sei?
- Extraño tus besos- le dijo casi llegando al clímax.
- Yo también los extraño… el sabor de tu boca, tu lengua jugando con la mía…
- Atsu…. Ahhhhhh…. Ahhh…ahhhhhhhhhhhhhh – gimió al acabar.
Al oír como Akashi se había corrido, Atsushi terminó de inmediato. Podía imaginarse a su novio acabando en esos momentos. Sus mejillas sonrosadas, sus labios rojos ante las leves mordidas que solía darles, su respiración agitada, su esencia escurriendo sobre sus dedos… solo imaginárselo, hacía que quisiera correrse de nuevo.
- Me encantan estas conversaciones que tenemos Aka-chin- le decía Murasakibara riendo.
- Sí, a mi igual- le dijo limpiándose la mano.
- Mañana te veré… espero que mañana tengas más deseos de estar conmigo- le dijo Murasakibara.
- Claro- le dijo él.
- Hasta mañana Sei- le dijo antes de cortar.
- Hasta mañana Atsu- y cortó.
A los pocos minutos de haber cortado, le llegó un mensaje de Murasakibara. Este decía simplemente:
- "Te amo" (seguido de un corazón).
Akashi sonrió. Murasakibara siempre lo sorprendía y animaba con pequeñas cosas. Su formas de ser eran tan opuestas, pero no se imaginaba con nadie más.
- También te amo, Atsu- le contestó.
Esa noche ambos pudieron descansar bien, esperando con ansias, que llegara, el siguiente día.
Habían pasado muchas cosas y días desde la última vez que se habían visto. Murasakibara había llegado antes de la hora señalada. Akashi tomaba té reposadamente en la terraza de su habitación.
Su enfermero no podía acostumbrarse al tamaño del novio de su paciente. Era demasiado grande. No se los podía imaginar juntos, pero eso era algo en lo cual él no iba a pensar. Es más, tenía instrucciones de dejarlos solos y darles el espacio necesario para la intimidad, por eso las cámaras de la habitación serían de inmediato apagadas.
Con antelación Akashi había pedido autorización para que ese fin de semana, su novio pudiera quedarse con él en su habitación, y cómo pronto se iría, se la dieron. Aunque su tío Ayumu había sido quien había dado el consentimiento. El también le había advertido de su visita a Masaomi, para que no fuera a interrumpir a los tórtolos, ya que hace tiempo no se veían y seguramente tenían mucho que conversar. Después de todo, habían sucedido muchas cosas y Murasakibara había contribuido para que varias de esas cosas se realizaran sin mayores problemas.
El verlo salir a la terraza jadeante, seguramente por haber corrido, lo enterneció. Su gigante lo quedó mirando por un par de minutos y luego se arrojó a sus brazos, lo abrazó por un muy largo rato.
Akashi no sabía qué sucedía, pero Atsushi había comenzado a llorar aferrado a sus brazos.
- ¿Qué pasa Atsushi?- le preguntó preocupado Akashi. Pero Murasakibara no respondía nada. Solo lloraba. Sus lágrimas corrían caudalosas por sus mejillas. No sabía qué le sucedía. Anoche todo había estado bien. Habían reído juntos, habían tenido hasta "sexo virtual", no entendía qué era lo que le pasaba a su gigante. Por un momento, temió lo peor….
- ¡Por Dios Atsushi! -¡Dime qué sucede! -¿Te pasó algo? - ¿Alguién te dijo algo?- le volvió a preguntar angustiado.
- No- le contestó sollozando. Akashi no entendía nada. Pero su novio lloraba con pena. Con verdadera angustia.
- Atsushi si no me dices que te pasa, en verdad me voy a enojar contigo. Me estás asustando. Hasta anoche estaba todo bien… ¿Qué es lo que te sucede? – le preguntó una vez más intentando apartarlo un poco de él para poder mirarlo, pero le fue imposible. Murasakibara era endemoniadamente más fuerte que él.
- Estoy feliz- le dijo entre sollozos.
Akashi le pegó un golpe en la cabeza. Pero Murasakibara hizo caso omiso del golpe. Luego puso su mejilla en los sedosos cabellos de su gigante, fortaleciendo el abrazo.
- ¿Feliz? - ¿Y lloras así? ¿Casi matándome de un susto por hacerme pensar que algo malo te había sucedido? ¿ Y me dices que estás feliz? - ¿Qué pretendes?- le dijo medio desesperado.
- Perdóname – le dijo sin querer separarse de sus brazos. Ser cobijado de esa manera por Akashi no era usual. Salvo en la intimidad, Akashi no solía mostrarse afectivo ni tierno.
- Nunca pensé encontrarte así de bien. Tu cara, tus ojos, tu expresión… luces tan distinto, tan tranquilo, tan feliz … Nunca, en mi vida, pensé que vería esa expresión que tienes hoy en tu rostro – sollozó más fuerte aún.
Akashi sonrió con dulzura. Murasakibara lo amaba tan desinteresadamente desde hacía tantos años, que llegaba a dolerle. Él lo conocía mejor que nadie. Era de esperarse que el gigante hubiera podido darse cuenta de su cambio de inmediato.
- ¿Dime, me sigues amando?- le preguntó con un dejo de duda en su voz.
- ¿Por qué me preguntas esto?- le preguntó Akashi. Algo definitivamente no estaba bien.
- ¡Solo respóndeme quieres!- le dijo algo alterado.
- ¡Por supuesto que sí! – Te amo Atsushi, nada ha cambiado respecto de mis sentimientos por ti.
- ¿Seguirás conmigo de ahora en adelante?- ¿O volverás a dejarme solo ahora que estás mejor?- le preguntó tembloroso.
Akashi lo abrazó con fuerza. Ahora estaba comenzando a entender un poco por donde iba la angustia de Murasakibara. Pero no dejaba de sorprenderlo.
Anoche todo había estado bien y esa angustia, parecía una angustia reprimida de hace tiempo. Atsushi no solía guardarse las cosas así. Usualmente era bastante directo, por lo cual le sorprendía que estuviera así en esos momentos.
Al no obtener respuesta, Murasakibara lloró con más fuerza, lo que sacó a Akashi de inmediato de sus pensamientos y le respondió:
- ¡Por supuesto que seguiremos juntos! -¿Cómo puedes preguntarme eso siquiera?- ¡Claro que no te quiero dejar por nada del mundo!- le gritó ofuscado. Pero aún cuando ya se lo había dicho, incluso se lo había gritado, Murasakibara no paraba de llorar.
Akashi lo abrazó más fuerte. No importaba cuando tiempo pasara, pero Akashi lo abrazaría hasta que su novio se tranquilizara. Estaba claro que Murasakibara sentía miedo de que volvieran alejarse una vez saliera de ahí. Quizás pensaba que ahora que estaba mejor, ya no lo necesitaría, pero su novio estaba totalmente equivocado. No entendía que su mejoría se debía en gran parte gracias a él. Su padre ya sabía de su existencia. Contaban con su consentimiento, y aunque no lo tuvieran, él no lo dejaría. De eso estaba claro. Ya había cometido ese error una vez, y no lo volvería a cometer.
- Atsushi te amo. -Ven, entremos a la habitación – le dijo él intentando apartarlo un poco para mirarlo a los ojos.
- Yo también te amo Sei – Pero sé que no soy lo mejor para ti… - le dijo sin poder controlarse.
- ¡Basta Murasakibara!- le gritó enojado. – Ven, entremos- le dijo parándose bruscamente, haciendo que su novio cayera hacia atrás. – Ven- le dijo tirando de su mano con todas sus fuerzas, te demostraré en tu cara lo bueno que eres para mí.
Akashi prácticamente arrastró a Murasakibara a su alcoba y lo empujó con fuerza hacia su cama. Parecía que su novio necesitaba una terapia de shock para los nervios, por ello ideo una en su mente. Atsushi dejó de llorar de inmediato asombrado por la actitud de Akashi… y por sus acciones.
Seijuro había desabrochado rápidamente los pantalones de su gigante novio, los había bajado junto con sus bóxers para comenzar a besar fervientemente la gran hombría de su novio. Murasakibara estaba completamente atónito. Pero esa acción de Akashi lo había excitado de inmediato. Su novio le estaba practicando sexo oral. Un delicioso y exquisito sexo oral. Atsushi llevó su mano a la boca para intentar acallar sus gemidos.
Al cabo de un rato, Murasakibara ya había tomado por completo el cuerpo de Akashi. Lo penetraba con angustia, con desesperación. Si bien estaba más tranquilo, no se terminaba de convencer, después de todo, ¿Por qué querría Akashi estar con él, si podía tener una esposa como Mikami?.
Lo hicieron sin parar por un buen rato. Hasta que Akashi agotado por los embistes de su pareja, cayó inconciente producto del sueño. Atsushi por otro lado no podía dormir. Se había recostado a su lado, apoyado sobre uno de sus abrazos, para mirarlo mientras dormía. Su semblante había cambiado notoriamente, aunque su mal carácter no mucho.
Miraba cada detalle de su rostro. Sus largas pestañas. Sus cabellos rojizos. Las pecas que tenía levemente marcadas en su nariz, la curvatura de sus labios, todo. Recordaba como había llorado en sus brazos unas horas atrás. No recordaba haber llorado así hacía mucho tiempo. Como un niño asustado. Pero resultaba que lo estaba. Ahora más que nunca.
Estaba feliz de ver a Akashi tan bien. Nunca, en sus mejores sueños, se había podido imaginar la cara que tenía cuando lo vio después de todos esos días que habían estado separados, sin poder verse. El cambio había sido radical. Era otro Akashi, un nuevo Akashi. Le gustaba mucho este nuevo. Se veía feliz, pleno, tranquilo. Pero estaba aterrado. ¿Habría espacio para él en la vida de ese nuevo Seijuro?. Solo pensarlo de esa forma lo aterraba.
El había conocido a Mikami dos días antes de ella fuera a visitar a su novio. Kuroko se la había presentado con el fin de que ayudara a que Akashi la recibiera. Ella decía contar con información que sería de ayuda para su novio. Y así había sido. Pero ella era la chica con la cual su padre lo había querido casar anteriormente. Ella era mayor. Era realmente y maravillosamente bella. Inteligente. De una excelente familia. La hija de la mejor amiga de la adorada madre de Akashi. Si se ponía a su lado, no tenía nada que hacer. Ella le podría dar hijos, un heredero. Descendencia. El no podría. Si pensaba en su novio, lo mejor era alejarse de él. Pero no podía. El era egoísta. Lucharía por su novio. Pero tenía miedo que su novio lo dejara nuevamente.
Nuevas lágrimas comenzaron a correr por los ojos de Murasakibara. Pensar así, no lo conduciría a nada. Pero no podía evitarlo. Era un idiota después de todo. Akashi al escuchar un nuevo sollozo, abrió lentamente los ojos. A pesar de encontrarse totalmente agotado, los abrió para encontrarse nuevamente con Murasakibara llorando.
- Si no me dices en los próximos 10 segundos toda la verdad de lo que tiene así Atsushi, me voy a enojar seriamente contigo. Y te aviso que no será nada agradable.
- Perdóname Aka-chin- le dijo sollozando.
- ¿En verdad crees que me alejaré de ti? – le preguntó sentándose a su lado, para poder mirarlo desde un poco más alto.
- ¿Qué podrías hacer con alguien como yo después de todo?- le preguntó él ocultando su cara con su gigante mano.
- Algo como lo que hemos hecho desde que llegaste por ejemplo- le sonrió con paciencia. Acompañarnos, jugar basketball, vivir juntos… no sé que más decirte por ahora.
- Aka-chin tú podrías casarte con alguien como Mikami y serías mucho más feliz que conmigo. Ella podría darte hijos, sería una excelente esposa, ella es inteligente, hermosa, elegante, todo lo que tú podrías desear en una mujer… además que tu padre y su familia así lo habían dispuesto.
- ¿Conociste a Mikami?.
- Sí- le dijo mientras más lágrimas caían por sus ojos.
- ¿Ella te dijo eso?- le preguntó molesto.
- No- me lo contó por accidente la madre de Kuro-chin.
- Ya veo – le dijo comprendiendo todo de una buena vez. Ya no sabía qué pensar. Sin el emperador asechando, era difícil saber lo que los demás pensaban. Ese talento de predecir el futuro y adelantarse a los pensamientos de las personas, le pertenecía a él. Y lo extrañaba de sobremanera en esos momentos.
- Quédate tranquilo que ninguna Mikami me alejará de ti grandísimo idiota- le dijo golpeándolo fuertemente en la cabeza.
- ¿Por qué me golpeas?- le dijo sobándose la cabeza como un niño.
- Por asustarme de esta manera. Me has tenido muy preocupado, me angustiaba mucho el no poder saber qué era lo que realmente te pasaba. Ahora que el emperador no está, no tengo el don de ver el futuro ni de saber lo que piensas. Me es difícil acostumbrarme. Por favor, háblame con franqueza de ahora en adelante.
- Está bien- le dijo Murasakibara triste aún.
- Bueno…como te decía. No te preocupes. Ella podrá ser todo lo hermosa, inteligente, tener hijos y lo que sea que le veas, pero a mí ella no me gusta ni yo le gusto a ella. No nos conocemos Atsushi. - Yo te amo a ti y ella lo sabe. Lo tiene claro. Ella solo vino a cumplir con la tarea que le dejó su madre y aunque te reconozco que me ha encantado volverla a ver después de tantos años y poder recordarla, no tengo más intenciones con ella que las que tengo con mi profesora de inglés.
- Aka-chin tu profesora de Inglés tiene más de 50 años le dijo Murasakibara confundido.
- A eso voy- sonrió Akashi.
- Ya veo- le dijo pensativo.
- Y Atsushi, en verdad yo te amo a ti. Todos lo saben. Mi padre, mi tío, Mikami, Kuroko, todos. Por favor, no dudes de mí así de nuevo. En serio que me duele- le dijo cerrando los ojos, colocándose verdaderamente triste. No pensé que dudarías así de mí.
- Es que antes… - se apresuró a decir.
- Sí, antes fui un estúpido, pero ese loco imbécil que te dejó, ya se mejoró. Le dieron el alta. El próximo fin de semana estará fuera de este manicomio. Y espero encontrarte afuera esperando por mí ese día para felicitarme cuando pise la salida de este centro- le dijo Akashi imaginando como le gustaría que fuese ese momento.
- ¿En serio quieres que esté aquí ese día? – le preguntó colocándose feliz.
- ¡Por su puesto que tendrás que estar aquí!- Tú, Kuroko, mi padre y mi tío son las personas que me gustarían estuvieran ese día aquí para mí.
- ¿Tu familia y yo?- ¿Sabes lo que me estás pidiendo?- le preguntó asustado.
- Atsu- le dijo intentando no perder la paciencia con su novio. - Ya te dije que ellos ya saben y lo aprueban. Mi padre dijo que te aceptaría si eso me hacía feliz, y quiero que tú también lo conozcas. Después de todo, serás parte de la familia, por el resto de mis días- le sonrió alegre
- ¿Tanto tiempo? - ¿Me soportarás tanto tiempo?.
- Eso espero- le dijo Akashi besando a su novio que por fin había relajado el semblante y se encontraba nuevamente feliz como siempre.
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A la mañana siguiente salieron a desayunar, y Atsushi había cumplido con lo prometido. Había llevado un bolso lleno de dulces. Juntos los repartieron en forma alegre a todos los ancianos a los cuales les estaba permitido comerlos. Pasaron un momento muy feliz con todos ellos. Atsushi que tenía la inteligencia de un niño de 5 años cuando quería, hizo reír a todos con sus comentarios y jugó con prácticamente todos los viejos y enfermos. Akashi lo miraba feliz. Sin dudas, una vida junto a él, jamás sería aburrida.
Por la tarde-noche salieron a caminar por los jardines. Los jardines se veían espectaculares por la noche. Los senderos se iluminaban por completo, así como los pequeños faroles. Además que la noche no podía estar más espectacular. Era una noche cálida y había luna llena.
Akashi caminaba tranquilo tomado de la mano de su novio. Iban conversando y riendo. Murasakibara estaba maravillado con este nuevo Akashi. Estaba más enamorado de él que antes. (si es que eso era posible).
- Te amo Aka-chin- le dijo Murasakibara parando abruptamente de caminar y la conversación.
- Lo sé Atsushi, yo también te amo – le dijo acercándose a él para apoyarse en su pecho.
- Pero ahora te amo más – le dijo él acariciando tiernamente a su novio.
- ¿Ahora más? – le preguntó.
- Sí- le dijo él.
- ¿Por qué?- le preguntó mirándolo hacia lo alto.
- Por haber madurado tanto – Ya no hay odio en ti, ni soberbia ni altanería- le dijo mirándolo a los ojos
- No, ha sido un difícil proceso…- le dijo pensativo recordando los días vividos.
- Pero lo hiciste, lo lograste. -¡Eres increíble Aka-chin!. Akashi sonrió.
- Hay algo que he querido mostrarte hace unos días- le comentó Akashi
- Sí, vamos. –Quiero conocer a tu madre… - le respondió dándole a entender que sabía claramente, lo que Akaski le quería mostrar.
Aún cuando Akashi le había contado lo hermosa que era su madre, siempre había pensado que hablaba con las palabras de orgullo que un hijo siente por su madre. Pero nunca se había imaginado que fuera realmente tan hermosa. Shiori era realmente bella, delicada, elegante. Toda una señora. En todas las fotos se veía tan feliz, tan radiante. Sobre todo en aquella que salían los tres. Se notaba a leguas, que había sido una mujer completamente feliz. Que amaba a su familia. Le encantó ver las fotos de Akashi de pequeño.
- ¡Ohhhh eras tan lindo!- exclamó maravillado al verlo.
- ¿Era?- le preguntó sorprendido.
- Si, eras… - le dijo riendo. -¡Mira que cachetitos más lindos tenías!.
Akashi miró la foto y sonrió. En verdad, tenía unos cachetes adorables de niño.
Murasakibara miró todas y cada una de las fotos con devoción. Sabía cuanto significaban para su novio. Al terminar de verlas, sus ojos estaban llenos de lágrimas.
- ¡Qué bellas fotos!- les dijo Murasakibara.
- Sí- susurró apenas Akashi emocionado. Y eso es lo otro que quiero que veas y leas…
- ¿Las cartas? - ¿En serio me dejarás leerlas? – le preguntó.
- Sí- le dijo, serás unos de los pocos que han tenido el privilegio. De hecho, mi padre no las ha leído aún.
- Lo sé- y Atsushi no puede decir nada respecto de ellas. - Tú la leerás con él cuando estén nuevamente en su casa.
- Sí, muy bien Atsushi- le dijo felicitándolo por recordar tan bien sus instrucciones. Solo te pido una cosa…
- Sí, no debo arrugarlas ni nada. No te preocupes, soy torpe con las manos, pero verás que las trataré con delicadeza. Pero para estar seguros, mejor sácalas tú de los sobres – le dijo algo avergonzado.
Akashi sonrió e hizo tal cual Atsushi se lo pidió.
Al leer la última carta, Atsushi comenzó a llorar con hipo. Akashi también se emocionó.
- Es una bellísima carta- le dijo Murasakibara sin poder parar de llorar.
- Si lo es – le dijo él.
- Tu madre fue una persona increíble- sollozaba.
- Sí, escribió esta carta mientras agonizaba- le respondió mientras unas lágrimas corrían por su rostro. Era a la primera persona que se lo comentaba. Eso se lo había dicho el doctor a él, pero él no lo había comentado. A nadie, ni siquiera a él. Ese dato, estaba guardado en su corazón.
- Gracias Sei- le dijo Murasakibara tirándose a sus brazos nuevamente.
- ¿Por qué me das las gracias? – le preguntó sorprendido mientras unas nuevas lágrimas caían por sus mejillas.
- Por mostrarme todo esto. Con esto me has mostrado al Sei adorable, sensible, frágil, que nunca me habías mostrado. Creo que con esto, te he podido llegar a conocer aún más…
- Bueno, de eso se trataba – le dijo en un susurro. - Ahora entiendes porque me convertí en lo que llegué a convertirme y el porqué terminé aquí. Así como también lo que me ayudó a volver. Tanto tú como mi madre me ayudaron. Ella desde la tumba, tú desde Akita – le sonrió emocionado.
Murasakibara se movió rápidamente cuando lo escuchó decir eso. Lo besó con una pasión desenfrenada. Lo amaba con locura de eso estaba seguro. Esa noche si que no se dieron tregua. Lo hicieron como nunca. Esa seguramente, sería la última noche que compartirían en ese centro. Desde el próximo fin de semana, lo harían afuera, en el mundo real, en un mundo que a ellos dos, les ofrecía un sin número de oportunidades para ser felices, juntos.
Continuará… ¿comentarios?
