Capítulo 29: Aceptación

Todo sucede muy rápido. Sirius se para delante de mí y sin hacer ningún esfuerzo, ni decir nada, me coge de las piernas, me levanta y me echa en su hombro. Todos mis pergaminos se caen al suelo con un gran estruendo. Mientras Black echa a correr, veo como Peter se apresura a recogerlos, y observo como evita mirar en nuestra dirección pero parece divertirse con la situación.

- ¿Canuto que demonios haces? –le grita Potter desde el salón. Antes de que él reaccione, Peter corre detrás de nosotros.

¿Qué demonios está pasando?

Cuando veo a Peter correr, reacciono. Hasta el momento sólo había salido una exclamación de mi boca, pero de inmediato me pongo a gritar. Golpeo a Sirius en la espalda y me remuevo con fuerza, pero él tiene bien sujetas mis piernas y no me puedo bajar.

- ¡Bájame Black! ¡Suéltame estúpido! ¿Qué demonios pretendes? – Lo golpeo con fuerza y trato de apartar los mechones de cabello de mi boca.

- Calma, Lily, no grites por favor –me dice Peter mientras mira en todas las direcciones.

- Que educado Colagusano –le dice Black en tono irónico.

- ¿Qué no grite? ¿Para dónde me llevas? ¡Subnormal, cretino, cobarde!

Sirius sólo suelta una de sus carcajadas perrunas y se detiene, yo aprovecho para removerme aún más y tratar de mover las piernas. Es inútil, Sirius es muy fuerte. Peter se acerca y lo ayuda con algo, escucho el ruido pesado de una puerta. Entramos a un salón.

Entonces, él me baja, sin aviso ni mucha delicadeza. Yo me tomo un momento para acomodarme el cabello que me cae por toda la cara y el uniforme.

- Fue un placer compartir este viaje contigo –dice mientras retrocede un par de pasos, alejándose de mí. Yo busco mi varita de la manera más frenética y sutil posible- ¡Adiós!

Me dejo de sutilezas y busco mi varita con vehemencia, mientras él se da la vuelta para echar a correr. Estoy a punto de echar a correr detrás de él, sin varita, cuando él se detiene en seco. Potter, que acaba de aparecer en la puerta, se lo impide. Y de paso le pega un calvazo.

- ¿Qué chorradas estás haciendo ahora canuto?

Él ni se inmuta.

- Compartiendo tiempo de calidad con la pelirroja.

Él me mira con una sonrisa insoportablemente jactanciosa y yo renuevo la búsqueda de mi varita. Peter se para al frente de mí y, sin decir nada, me ofrece mis cosas.

En su rostro puedo ver que está apenado y mira de Sirius y Potter a mí alternativamente. Yo recibo mis cosas al mismo que encuentro mi varita entre mis plumas.

Te tengo.

- Peter si no te mueves a un lado ya mismo te arrepentirás.

Él abre mucho los ojos y pone mucha distancia entre los dos.

- ¡Nausea Vermis!

Sirius se calla abruptamente, sacudido por violentos espasmos y me mira estupefacto. Potter mira en su dirección y en la mía y Peter abre la boca, anonadado. Luego llegan las violentas arcadas y la primera babosa cae de su boca. Hace la expresión de asco más grande que yo he visto en mi vida. Todos guardamos silencio mientras el primer animalejo choca contra el suelo.

- ¿Cómo pudiste... –babosa- pelirroja? Pensé que... –babosa, su tono es más alarmado cada vez- eramos amigos.

Dos babosas más salen por su boca con un sonido desagradable al caer al suelo.

Potter se echa a reír sin hacer ningún intento por ayudar a su amigo y Peter se mantiene en la distancia. Las babosas que caen al suelo tratan de moverse para salir de ahí, lo que lo vuelve mucho más repulsivo. Las arcadas se vuelven más seguidas y Sirius no es capaz de hacer nada para ayudarse.

- Discúlpate.

- ¿Y por qué? – más babosas salen de su boca.

Su usualmente arreglado cabello se desordena con cada espasmo y su cara está tomando una tonalidad verdosa. Si sigue así, además de vomitar babosas, vomitará de verdad.

- Respuesta equivocada –le digo- ¿Peter quieres irte de una buena vez?

Le apunto con mi varita amenazante. Parece un niño asustado. No podría hechizarlo aunque quisiera... tiene esa apariencia. Él se sobresalta y se dirige a la puerta.

- Cola...-babosa- gusano.

Sirius parece un niño chiquito al que sus padres han dejado atrás, Peter lo mira y yo sonrío.

- Es tu única oportunidad. O te vas o terminas como él.

Peter se encoje de hombros.

-Me la debes

- ¡Amigo! –Sirius lo llama, indignado.

- Nos vemos luego canuto. Solo discúlpate.

Lo mira por un minuto, como apenado por él, pero Potter le da una palmada en el hombro y sale del salón.

- Última oportunidad, Sirius.

- James –dice con voz suplicante, pero él niega con la cabeza.

- Tú te lo buscaste.

Yo me tensiono. He tratado de ignorar su presencia, pero sigue aquí. Por un pequeño instante pienso en echarlo como a Peter, pero sé mejor.

Si vino hasta aquí, no se irá pronto. Ya se dio cuenta de todo.

Enfoco mi atención en Sirius, quien continúa vomitando y poniéndose verde a medida de que las babosas caen al suelo, se ha formado una pequeña aglomeración de invertebrados debajo de él. Él me mira de vuelta y sacude la cabeza desesperado.

- ¡Esta bien, pelirroja, lo siento! –exclama antes de que otra violenta arcada lo sacuda.

- Una frase completa, vamos mejorando. –James sonríe suavemente, burlándose sin disimulo.

No tan rápido.

- Di que no lo volverás a hacer.

Él me mira martirizado.

- No –babosa y yo encarno una ceja- lo volveré... a hacer.

Yo sonrío y suelto una larga carcajada.

- ¡Quítame esto!

- Está bien, sólo porque soy amable –digo, imitándolo- finite incantatem.

Las arcadas terminan de inmediato y Sirius hace un esfuerzo por incorporarse, pega un salto para alejarse de la piscina de babosas y se tira al suelo. Respira agitadamente y está pálido, con el cabello desordenado y los ojos grises. Se queda quieto por un momento y luego sacude ligeramente la cabeza.

- Pelirroja –me dice mientras se incorpora, se aleja de mí, camina en dirección de Potter y le da un coscorrón. Entonces mira en mi dirección, muy serio.- Crucé los dedos.

Y levanta su mano izquierda, mostrándome sus dedos índice y medio el uno sobre el otro. Yo abro mucho los ojos y estoy a punto de gritarle cuando él echa a correr y cierra la puerta a su paso.

Es un idiota.

- Supongo que no era tan importante lo que tenías que hacer.

Merlín, sigue aquí. ¿Y ahora?

Mi estupefacción es demasiado clara como para poder disimularla.

- Alohomora –dice Potter, apuntando a la puerta, que hace un chasquido –Es demasiado predecible.

Estoy demasiado nerviosa para disimularlo. Potter ya se dio cuenta de todo y, aun así, me acaba de liberar sin que yo se lo pidiera. Trato de mantener mis emociones bajo control y lo miro rápidamente. Me encuentro con su mirada fija en mí. Bajo los ojos.

No escapes, Lily. Esto no tiene sentido.

- ¡Es verdad! Dedo irme –aprieto los libros contra mi cuerpo- hablamos luego Potter.

Déjalo así. No insistas por favor...

Le sonrío con una mirada rápida y me doy la vuelta para salir por la puerta. Hago un esfuerzo por moverme ágilmente, pero de manera que luzca natural. Evito morderme el labio o mirar hacia abajo y sólo me concentro en mi cuerpo. No lo hagas, no lo hagas, no lo hagas... Pero lo hace, me impide salir por la puerta, tomando mi mano libre para detenerme. El corrientazo que recorre mi cuerpo me paraliza.

Aun con el clima frío, sus manos están cálidas, un poco ásperas pero tiernas. Trato de soltarme disimuladamente, sin verlo, sin decir nada, y él sostiene mi mano con mayor determinación. Puedo imaginar cómo se endurece ligeramente la expresión de su rostro y sus ojos brillan con obstinación. No quiero verlo. No puedo.

- Algo está pasando, ¿cierto? –su voz no es suave pero tampoco parece enojada.

Yo inhalo profundamente y me giro a verlo. Es demasiado vergonzoso y confuso, siento que quiero enterrarme bajo tierra o ser fulminada por un rayo, pero me obligo a mirarlo, por primera vez desde el partido.

Puedo ver la preocupación en su simétrico rostro. Sus labios están fruncidos, la nariz respingada, las cejas algo fruncidas. Tiene una expresión determinada. Entonces miro sus ojos. Profundos, como siempre, cargados de amabilidad, preocupación, ternura...

Una mirada completamente enfocada en mí.

- Lily ¿Qué ocurre? ¿Por qué me estás evitando?

No tengo ni idea de qué tipo de expresión hay en mi rostro y tampoco puedo encontrar mi voz. Sólo están sus ojos. Almendrados, a veces castaños y otras chocolate, que brillan y se opacan, que lo dicen todo sin querer. Aquella expresión consternada, aquella vehemencia... como si lo único que pudiera ver es a mí.

Y entonces me doy cuenta de que podría pasar un ciclón por este salón y él no apartaría sus ojos de mí.

Toda la fuerza abandona mi cuerpo cuando lo entiendo. En mi estómago se instala una fuerza invencible y me cuesta respirar. He visto en otros ojos esta mirada o, más bien, está mirada en otros ojos.

- Por Merlín –susurro.

- ¿Estas bien? –Potter se acerca a mí. Aún no ha soltado mi mano, pero apoya la que tiene libre en mi brazo. Su cercanía lo vuelve todo peor.

Potter me quiere. Realmente me quiere.

No puedo verlo a la cara, así que lo abrazo para ocultar mi rostro. Su corazón late con fuerza en su pecho y su aroma invade mis fosas nasales. Nada de esto ayuda. Hay demasiadas cosas que tengo que pensar, comprender, estoy demasiado confundida para poder decir o inventar algo.

Sin embargo, ni siquiera quiero tratar. Incluso si tuviera el tiempo y las fuerzas, no quiero mentirle. No después de ver su mirada honesta.

Cierro los ojos con fuerza, respiro profundo, inundándome de su aroma que me narcotiza, y me alejo de él. Potter está más confundido que antes, tanto que ni atención le puso al abrazo. Aunque tampoco lo hice yo.

Yo me armo de valor.

- Potter hay algo que tengo que decirte –lo miro a los ojos y decido soltarlo rápido para no arrepentirme- Besé a Jason.

En cuanto lo digo, el vacío en mi estómago se profundiza y respirar se torna más difícil. Siento la energía correr enloquecida por mi cuerpo y creo que en cualquier momento voy a caer al suelo. Hago un esfuerzo enorme por no apartar los ojos de él, mientras miles de expresiones cruzan por ellos.

Él aparta sus ojos de mí y suelta mi mano y mi brazo. Su expresión cambia completamente.

- Potter no es lo que piensas...

- ¿Entonces qué fue? ¿Un beso amistoso? –su voz es fría y su expresión no transmite nada.

- Es sólo que...

- ¿Qué? ¿Qué de repente decidiste que él si lo valía?

Está furioso.

- ¿Quieres escucharme?

- ¿Qué quieres que escuche? ¿Los detalles del hecho? ¿Qué decidiste que él sí es suficientemente bueno para ti?

- Potter... –mi voz suena como un suspiro angustiado.

- No Evans. Esto se acabó, lo que sea que fuera.

- Potter espera... –él hace una pausa por un segundo, pero no encuentro las palabras.

Está colorado y con cada palabra que dice se aleja un poco más de mí.

- ¿Sabes qué es lo peor? –yo solo puedo mirarlo, agobiada-Realmente pensé que estábamos avanzando. Pero tú realmente prefieres creer que soy un idiota sin corazón, ¿no es así?

Sus palabras son como una bofetada.

Tiene una expresión dolida y furiosa. Sus ojos son da una corta mirada cargada de enojo e indignación, se da la vuelta y sale del salón, dejando la puerta abierta a su paso.

Ya no puedo soportarlo más y rompo a llorar.

¿Qué está pasando en mi vida?

.

Nieva. Diminutas volutas grises caen del suelo lentamente, mecidas por el fuerte viento, pero continúan implacables e imperturbables hasta tocar el suelo. Es como la vida, sigue con su curso siempre, a pesar de las dificultades.

Es como debería ser yo, seguir cayendo, a pesar de la tormenta hasta lograr mi fin.

"Filosofía barata" es lo que diría Sirius. Potter sólo me miraría, y lo completaría con un comentario inesperado y tal vez profundo, tal vez superficial.

Desde que le conté a Potter acerca de mi beso con Jason es como si estuviéramos de vuelta en la época que siguió a nuestra pelea en el baño de prefectos. Solo que peor. En esa época sólo me ignorada y yo podía pensar no me importara. Él actuaba como si no me conociera y yo no sabía qué era conocerlo.

Ahora todo es más complicado. Él no me trata como a una desconocida, sino peor. Como si fuera una de esas chicas con las que salió a una cita y luego quiere sacarse de encima. Con condescendencia e indiferencia. Pasa de mí y responde a mis intentos de hablar con él con aburrimiento. Es tan exasperante que quiero gritar, pero soy demasiado orgullosa para ello. Es demasiado.

¿Y Jason? Al parecer yo no era la única que trataba de ignorar al otro.

Pero eso está bien, puedo aceptarlo. Necesitamos tiempo.

Por eso es más preocupante el asunto de Potter, quien se niega a hablarme o determinarme y yo ya no sé cómo acercarme.

En una nevada como esta, él estaría a mí lado, diciendo cualquier barrabasada o proponiendo alguna estupidez. Me reiría de lo lindo y lo ignoraría a lo grande.

Entender que me quería tomó un tiempo; pero al final, comprendí que no sé cuánto ni qué tan fuerte sea ese sentimiento. Incluso podría ser que de tanto gritar que me quiere, él mismo se creyó el cuento. El punto es que esa realización no cambia nada y no me puedo dejar afectar por eso.

No es como con Jason que cambia todo. Mi amistad con Potter es diferente.

Es la primera nevada del año y terminó tan rápido que si me hubiese demorado 15 minutos más me la hubiese perdido. Me alegra estar al lado del fuego, en el cómodo sofá y haberla presenciado sola. Necesito pensar y las peleas entre Thalia y Sophia no me dan mucho tiempo últimamente.

Últimamente el humor de Thalia está más agrio que un limón. Por cualquier cosa se pelea con todos y la única que se ha salvado de la tormenta soy yo, pero sólo porque dice que ya tengo demasiado y ha mantenido cierta distancia entre las dos. Yo también me he abstenido de comentar.

Peleó con Elanor por Sirius, no porque no apruebe un ligue, sería demasiado hipócrita de su parte, sino porque está segura de que juega con fuego. Discutió con Jason por escapar de mí. Con Sophia se contradicen con cada comentario y se enfadó con Michael por acompañar a Sophia a las clases de meditación. Y él con ella por llamaras basura.

Ella dice que son tonterías, pero el rostro le ha cambiado.

El humor de Thalia se está agriando y sus emociones son cada vez más impredecibles.

- Así que dejaste de correr –una voz suena a mi lado y yo me sobresalto.

Me había perdido en mis pensamientos con la vista fija en la ventana, por lo que no me di cuenta cuando se acercó.

- Pensé que me estabas evitando.

- Y yo que estabas huyendo –me responde Remus con media sonrisa. Tiene la piel pálida.

Durante los últimos días, desde que Potter comenzó a evitarme mis contactos con Remus se limitaron a un corto saludo y una despedida rápida. Y ahora aquí está.

-Nunca podría huir de ti –él me sonríe- ¿Y Sirius? ¿Ahora me odia?

Remus se ríe suavemente.

- No puede creerlo y trata de mostrar su posición –él suspira-pero no dudes que olvidará todo con tal de que le des algunos detalles.

Eso es bastante verosímil. Aunque de verdad, la actitud de Sirius es difícil de tomar en serio. A diferencia de Potter, él se ha encargado de mostrar su molestia de tal manera que parece una comedia. No soy capaz de creerle y él lo sabe, lo que hace que lo intente aún más.

- ¿Y por qué está tan molesto? Esto no es su asunto.

- Pues... –él duda- dice que le quitaste la oportunidad de ser padrino de bodas y que no puede perdonarte.

Yo resoplo.

- Eso es absurdo.

- ¿De quién estamos hablando? –hacemos un intento de reír.

Es patético.

Lo dudo por un segundo, mientras guardamos silencio. Remus realmente guardaba su distancia, como yo, pero se decidió a hablarme y continuar con la vida. Si él lo hizo, eso implica que no todo está perdido. Él es el sensato.

Aunque eso también puede jugar en mi contra.

Aun así, no puedo negarlo. Me he acostumbrado demasiado a la presencia de los merodeadores en mi vida. Las bromas en el desayuno cuando nos encontramos, las anécdotas en la cena, las peleas en la clase. Los encuentros nocturnos...

- Remus, esto va a sonar increíble pero...

No logro encontrar las palabras para explicar esta sensación. O tal vez no soy capaz de decirlo.

- Los quieres de vuelta, ¿no es así?

Yo asiento.

Remus se detiene un segundo y me mira de una forma curiosa.

- La verdad puede ser algo complicado. Desde el día en que nos contó se enciende como un fosforo cada vez que escucha tu nombre.

- Algo debo poder hacer.

- Y Sirius lo apoya, lo que no ayuda en absoluto.

Ambos guardamos silencio.

- ¿Entonces primero tenemos que contentar a Sirius? –Remus sonríe con picardía, con el merodeador que lleva adentro.

El plan es simple. Sólo dale información, un gancho y cederá.

Estas fueron las palabras de Remus y por un momento creí que sería así de fácil, pero ¿qué carajos voy a decir?

No desesperes. Algo se te ocurrirá.

El problema es que inventarme algo del beso de Jason se me hace peor que una traición. Fue nuestro momento, un instante personal y desesperado, que todavía sigo tratando de descifrar. Inventarme cualquier cosa acerca de ese momento está mal, muy mal.

Remus se sienta a mi lado y me susurra que Sirius se acerca.

La Sala Común está casi vacía. Elegimos este momento por eso. Potter debe estar volando, torturando a su equipo bajo el inclemente clima, pero Sirius seguramente saldrá temprano al superar todos los ejercicios que le ponga y vendrá a su cuarto a terminar de arreglarse, antes de salir a deslumbrar.

Los demás están en clases, aprovechando la biblioteca o cualquier otra cosa. Muy pocos se quedan a esta hora en la Sala Común.

Yo le respondo a Remus en voz baja, muy cerca de él, como si estuviéramos planeado algo.

- ¿Qué le voy a decir? No hay nada que pueda contarle.

- A él sólo le importan dos cosas: quien lo dio y qué tal estuvo. El resto pueden ser adornos que llenen el espacio. Ahí llegó.

- Ahora debería. –desde la entrada del retrato nos mira fijamente, chasquea la lengua y sigue derecho.

- Y en un momento... –Sirius se detiene en la base de las escaleras y trata de mirarnos disimuladamente.

Yo evito sonreír.

- ¿Lunático qué haces? –Sirius trata de poner cierto toque de desaprobación en su voz.

- Canuto, justo al que necesitábamos –Remus sonríe y yo suspiro, mirando para otro lado antes de mirarlo a él- necesitamos tu ayuda.

- ¿Mi ayuda? –parece sorprendido.

- Sí, ahora baja la voz y siéntate –le espeto.

Él lo duda. Mira las escaleras, mira a Remus y me mira a mí. Yo trato de poner algún tipo de expresión apremiante. Él se sienta.

- Solo un minuto –parece tratar de disimular su curiosidad- ¿Qué sucede?

- Necesitamos tu ayuda.

- ¿Para qué?

Este es el momento. Debo ser lo suficientemente sincera para que caiga en el acto.

- Necesito hablar con Potter –le digo en voz baja, como si realmente fuera necesario- necesito explicarle lo que pasó.

Trato de sonar frustrada y cansada, algo enojada, y la mirada de Sirius se enciende. No sé si es curiosidad o ira, pero no me atrevo a mirar a Remus para confirmarlo.

- ¿Y acaso qué tiene que saber?

Ahora sí que intercambiamos una mirada. Lo tenemos. Es un alivio saber que ganó la curiosidad, eso implica que no está tan enojado y que yo tengo una oportunidad.

- Él no me deja explicarle nada –explico con una voz cargada de una impotencia que sí siento- se fue sin dejarme decirle que...

Dejo la frase sin terminar y resoplo. Sirius abre los ojos.

- ¿Qué?

- ¡Que no fue nada!

- ¿Que consideras nada pelirroja? –me pregunta con cierta sospecha.

- Sí, Sirius, lo besé y sí, no estuvo mal pero no es como si volvería a pasar... fue un tremendo error.

Remus y yo nos miramos con disimulo. Es mucho más escueto de lo que él me recomendó, pero no puedo decir nada más. Solo puedo esperar que la emoción en mis palabras sirva para persuadirlo.

Agarro un cojín del sofá y lo abrazo con fuerza. Me siento desprotegida. Puedo ver como Sirius está pensando tan rápido como le es posible. No puedo descifrar su mirada, que está fija en mí.

- Él no quiere ni mirarme Sirius, debo hablar con él.

Remus presiente que Sirius está a punto de desconfiar así que dice

- Y él quiere saber... sólo es demasiado orgulloso como para aceptarlo.

Una chispa de entendimiento cruza entre los dos y Sirius guarda silencio con el rostro impasible. Le da una mirada a Remus cargada de significado.

- Dime algo pelirroja, ¿por qué besaste a tu astuto amigo?

Yo guardo silencio, ¿cómo explicárselo a un cabeza hueca como él?

- Hay cosas que una pelirroja tiene que hacer –digo y sin darles tiempo de protestar, agrego- ahora, ¿cómo hago que me escuche?

Sirius bufa y Remus niega con la cabeza.

- No, no, no, pelirroja. O me dices la verdadera razón o no te ayudaré –su voz ha recuperado su tono pícaro y ahora me sonríe.

Lo logramos.

- ¿Realmente quieres escuchar todo un dilema femenino lleno de dudas y confusión?

- No por nada soy tan bueno con las mujeres –dice, engreído y lleno de confianza.

Si eso quieres.

Así que durante los próximos diez minutos hablo como lo haría cualquiera de esas chicas en los lavabos. Lo lleno de dudas sobre la amistad y ser algo más que ni siquiera he llegado a pensar. Sacando mi frustración con motivos que no la definen y sin hablar ni una sola vez del beso.

La cara de Sirius cambia de inexpresión a diversión, a confusión a burla. Hasta que estoy segura de que no entiende nada de lo que le estoy diciendo y tampoco le interesa. Por su parte, Remus niega sutilmente con la cabeza, tratando de no reír y sin creerme nada. Es el momento, por lo que termino el monólogo con un:

- ¿Si me entiendes?

Hay un gran momento de silencio en el que tengo que usar toda mi fuerza de voluntad para no soltar una carcajada. Yo miro a Remus, pero él parece demasiado divertido y confundido para seguirme

- Lily, eso no tuvo nada de sentido –por su rostro, sé que se le escapó.

Ambos miramos a Sirius y esperamos su reacción. Él, inesperadamente, suelta una gran carcajada y le da una palmada a Remus en la espalda.

- Lunático, a las mujeres no se les entiende. Solo se les escucha.

Al menos deberías escucharlas, idiota.

¿Y éste es el gran casanova de Hogwarts?

- ¿Qué dije? –sé que debería callarme, pero no puedo evitarlo.

Levanto una ceja y lo reto. Él sonríe de medio lado.

- Que necesitas mi ayuda para hablar con Cornamenta.

Touché.

- ¿Entonces? ¿Cómo hago que me escuche?

Sirius se detiene un segundo a pensarlo y sonríe.

- Creo que tengo un par de ideas.