Harry Potter siempre le pertenecerá a JK Rowling, y esta historia siempre será de White Squirrel. Por lo menos hasta que sus derechos de autor expiren... quizás.
Capítulo 29
El lunes en la mañana, Harry Potter, Hermione Granger, y cuatro Weasley entraron al comedor como si nada fuera de lo normal hubiera ocurrido. Eso duró hasta la llegada de los periódicos de la mañana.
SIRIUS BLACK ES INOCENTE… ¡LIBERADO DE AZKABAN!
PETER PETTIGREW, EL VERDADERO TRAIDOR, ¡CAPTURADO POR HARRY POTTER!
AMELIA BONES: ¡BLACK NUNCA RECIBIÓ JUICIO!
¡FUDGE RENIEGA DE TODO! ¡DUMBLEDORE SE DISCULPA!
¡BARTY CROUCH SUSPENDIDO!
¡POTTER Y SU HERMANA RECIBIRÁN LA ORDEN DE MERLÍN!
El juicio del día anterior fue tan sensacional que Rita Skeeter no necesitó fabricar nada, y su artículo fue bastante preciso. Lo embelleció en ocasiones y redujo el papel de Hermione, pero considerando su estilo, era casi un regalo. Incluso lo que Harry había dicho a la prensa había sido reportado de manera correcta, aunque quizás fue porque hubo una docena de testigos.
Las personas comenzaron a leer los encabezados y hubo una gran conmoción cuando personas comenzaron a rodear a Harry para obtener su versión de la historia y él le dijo a todo el que escuchara que los artículos eran en su mayoría ciertos, pero que Hermione también había ayudado bastante. También le dijo a Neville que agradeciera a su abuela por su apoyo.
Hubo un cambio notable en tono conforme pasó el desayuno, mientra todos leían los artículos y el ruido principal cambió de felicitaciones a condolencias y comentarios incómodos cuando llegaron a la parte con las últimas palabras de James y Lily Potter, y la reacción de Harry, cortesía de la pluma de Rita.
Por suerte, los Slytherin fueron lo suficiente sensatos para no antagonizar a Harry después de leer ese artículo, aunque el comedor entero escuchó a Draco Malfoy proclamar:
–Mi madre siempre dijo que Sirius era la oveja blanca de la familia Black –se rió de su propia broma–. Supongo que ese es un misterio resuelto. En realidad era un traidor a la sangre.
Mientras tanto, Fred y George comenzaron a cantar otro verso de "¡Potter puede atraparlo todo!" sobre atrapar a una rata malvada. Recibieron detención más tarde con Snape por incluir también un verso sobre un "murciélago malvado".
Ron Weasley se sintió frustrado ya que tuvo que esperar hasta que terminaran las clases ese día para poder tener la oportunidad de hablar con Harry y Hermione. No ayudó que Malfoy y los otros Slytherin se burlaron de él en los pasillos. Le costó trabajo no lanzarse sobre el engreído. Las demás casas eran más consideradas, pero se cansó de repetir la historia falsa una y otra vez. Apenas y notó cuando comenzó a embellecer su propio papel para sentirse mejor.
Por supuesto, una parte de él decía que debería considerarse afortunado. Las burlas que él recibía eran nada comparadas con las que recibía Percy. Algo más vergonzoso que un niño de once años descubriendo (aún si por accidente) que había compartido la cama con un hombre de treinta y un años era que le pasara a uno de quince años, y Percy ya se sentía lo suficiente mal sobre la situación sin que otras personas dijeran comentarios inapropiados. Ni siquiera él se lo merecía.
El caos del día también significaba que sería difícil alejarse de la multitud para hablar con Harry y Hermione. Pero por suerte, eran personas privadas, así que quizás tenían algo en mente. Así que Ron luchó entre la multitud después de clases y se acercó a ellos, dándoles unos golpecitos en el hombro.
–Oigan, –dijo–. ¿Hay algún lugar donde podamos hablar a solas?
Ambos intercambiaron una mirada.
–¿La torre del reloj? –preguntó Harry.
Hermione sacudió la cabeza.
–Muy expuesto. Vamos a buscar un aula arriba.
Se dieron la vuelta, se escabullaron en una esquina, y subieron unos cuantos niveles para perder a la multitud. Ron no estaba seguro de a dónde iban, pero Harry y Hermione eran bastante buenos evadiendo a los fans de Harry, así que pronto estuvieron solos. Unas cuantas vueltas después para estar seguros, y entraron en un aula vacía, revisando primero que Peeves no estuviera adentro.
Ron miró al par extraño por un minuto.
–Así que… ¿un gato? –dijo.
–Sí –dijo Harry.
–¿Cómo ocurrió eso?
–Por lo que sabemos, magia accidental. ¿Recuerdas que dije que mis parientes muggle no me querían?
Ron pensó por un momento y asintió.
–Pues, yo tampoco los podía aguantar. Cuando tenía cinco años, quería escapar tanto que… ocurrió.
–¿Cómo es eso posible? ¿Qué los animagos no son… raros?
–Los registrados son raros –dijo Hermione–. Investigué el número de animagos conocidos antes y después de que el registro fuera obligatorio, y estoy segura de que hay más animagos que no se registran que los que sí.
–La profesora McGonagall cree que no hay límite real para la magia accidental –agregó Harry–. Sólo que esto es extraño. El, eh… –lanzó una mirada a Hermione–. El Sombrero Seleccionador me dijo que ha ocurrido dos veces, pero no sabemos quién o cuando.
–Genial –dijo Ron–. Aunque tus parientes debieron ser muy malos si tuviste que convertirte en gato para escapar de ellos.
Harry lucía incómodo por su comentario.
–Pues… sí, lo fueron… –murmuró–. Pero por favor no lo menciones. Ya todo fue solucionado, y no necesitamos a personas metiendo sus narices.
–Claro, amigo –dijo Ron automáticamente antes de que sus pensamientos se dirigieran a lo que le había estado molestando de todo el asunto–. No puedo creer que les estén dando una Orden de Merlín a los dos –dijo con un leve gruñido.
–Sí, yo tampoco –dijo Harry, para la sorpresa de Ron. Harry sonaba incluso más molesto que él.
–¿Qué? –dijo Ron.
–No lo quiero –dijo Harry con aspereza.
–¿No lo quieres? –dijo Ron con incredulidad.
–No lo merezco.
–¿Qué quieres decir con que no lo mereces? ¡Capturaste a un mortífago!
–No lo estaba intentando. Iba a decirle a McGonagall y que ella se encargara. Nunca iría tras un mortífago si puedo evitarlo. Fue mala suerte la manera en la que ocurrió.
La molestia de Ron le ganó.
–Déjame ver si lo entiendo. Atrapas a un mortífago sin intentarlo. Fudge te da la Orden de Merlín, ¿y lo llamas mala suerte?
–Desafortunadamente.
–Pues, si no lo querías, ¿por qué no lo dijiste? –dijo Ron con enojo.
–Ron… –intervino Hermione.
–Porque Fudge nunca me hubiera dejado negarme. Apuesto a que si hubiera sido Ministro en 1981 hubiera intentado darme la Primera Clase por derrotar a Voldemort.
Ron chilló con terror, pero recuperó su compostura cuando Harry y Hermione lo miraron con fastidio.
–Lo siento. Si no lo quieres, ¿por qué hiciste que también le dieran el premio a Hermione?
–Porque si no se burlaría de mi todo el tiempo, y pensé que si yo tenía que aguantarlo, ella también.
–Tonto –dijo ella, golpeándolo en el brazo.
–Además, se lo merece tanto como yo.
–¿Qué? No, no es cierto –protestó Hermione.
–Claro que sí. Les dije que no hubiera podido hacerlo sin ti.
–Pero Harry, eso fue una mentira. No ayudé a capturar a Pettigrew.
–Claro que sí. Eso dice la historia falsa.
–Pero no es lo que ocurrió en verdad. Tú lo hiciste todo.
–No es cierto. No hubiera entrado al cuarto sin tu respaldo. Y tú ayudaste a evitar que escapara, y detuviste a Ron de tomarlo unas cuantas veces.
Ron suspiró.
–Y ahora les van a dar la Orden de Merlín a los dos.
–Ron, yo…
–No, lo entiendo. Yo fui el que lo eché a perder –dijo Ron con tristeza.
–No, yo fui quien lo echó a perder, Ron –insistió Harry–. El plan ni siquiera era capturarlo. Sólo quería descubrir lo que era y decirle a McGonagall. De cualquier modo, no es tu culpa que no sabías lo que estaba pasando.
–Sí… –se quejó Ron.
–Mira, si hubiera podido pensar en una razón para pedir que te dieran el premio a ti también, lo hubiera hecho. Quería pedir uno para Sirius por estar en Azkaban por diez años, pero no creí obtener el número de votos.
–Claro que sí. ¡Eres Harry Potter!
–No hubiera podido. Viste lo difícil que fue que le quitaran los cargos.
–Apuesto a que podrías haberlos convencido de no darte el premio –sugirió Hermione.
–¡Oye! ¡Acababa de escuchar las últimas palabras de mis padres! –exclamó Harry–. No estaba pensando bien.
Nadie habló. Ron y Hermione lucían apropiadamente avergonzados. Harry se relajó lentamente y se dio la vuelta, de manera felina, pero Ron se recuperó y logró hablar de nuevo.
–Mira, amigo, lo siento –dijo–. Sé que no debería estar enojado. Eres una buena persona… algo extraño, pero agradable. Pero no es justo, ¿sabes? Eres el Niño Que Vivió, eres rico y famoso, eres el buscador más joven en un siglo, eres un animago, ya atrapaste a un mortífago, y te van a dar la Orden de Merlín. No es como si alguna vez podré superar eso. Nadie puede superar eso, excepto quizás Dumbledore.
Harry lo observó fijamente. Ron no había notado hasta ese momento lo felino que actuaba.
–Yo tampoco creo que sea justo –dijo–. Perdí a mis padres, y de repente, soy este gran héroe y todos quieren mirar mi frente. Acepto lo de quidditch porque es algo que yo hice. Pero el resto fue suerte.
–¿Suerte? ¿En serio? –preguntó Ron con escepticismo.
–Sí, en serio. ¿El Niño Que Vivió? Pura suerte, o algo que hicieron mis padres. ¿Animago? Magia accidental. ¿Atrapar a un mortífago? Arruiné el plan. ¿Orden de Merlín? Culpa a Fudge. Sé que es difícil de creer, pero en verdad me gusta ser un niño normal. Eso es lo que era en el mundo muggle… –Vio la mirada de su hermana–. ¿O lo intenté?
–Pues, no lo entiendo, pero está bien, supongo –dijo Ron. Dudó su siguiente pregunta, pero finalmente continuó–. Así qué, ¿tienen algún otro secreto que deba saber?
Hermione lo miró con indignación.
–Ron, eso no es muy amable.
–Bueno, es que ya que ya se lo del gato, así que…
–Lo siento, pero intentamos mantener nuestros secretos bien guardados –dijo Harry–. Tú ya sabes más sobre mí que la mayoría, y no es como si no te fuéramos a decir donde vivimos o algo así. –Lanzó una mirada a Hermione. Ron escuchó una risa extraña y vio a Hermione asentir sin comprometerse realmente–. Supongo que hay otra cosa que podemos decirte. No es tan secreto como lo del gato, pero no queremos que muchas personas se enteren… –Ron asintió–. Ambos podemos hacer magia sin varita.
–¡Estás bromeando!
–No.
–¿Ambos?
Harry se dio la vuelta y agitó su mano. Un libro en el escritorio del profesor se elevó. Hermione lo siguió de inmediato.
–¡Demonios! ¿Cómo es que ambos pueden hacerlo? Pensé que sólo magos muy poderosos como Dumbledore pueden hacer magia sin varita.
–No, no requiere de mucho poder. Sólo toma tiempo aprender –dijo Hermione.
–Aunque es muy diferente de cuando se usa una varita –agregó Harry–. Es por eso que tenemos problemas en Encantamientos. De hecho, Hermione es mejor que yo. Probablemente cualquiera puede aprenderlo.
–¿Pueden enseñarme?
–Podemos, si es que quieres tomarte el tiempo. Nos tomó dos años poder hacer algo interesante.
–Oh –dijo Ron decepcionado–. Bueno, quizás lo intente. Debe de ser genial. Quisiera poder tener algún talento natural.
Harry miró a su amigo con incomodidad por un momento.
–No tienes que intentar superar a nadie, Ron. Sólo da lo mejor de ti en lo que eres bueno.
–Pero no soy bueno en nada.
–Claro que lo eres. ¿Qué tal quidditch? Haz estado ayudando a Hermione en las lecciones de vuelo, ¿no?
–Pues sí… supongo que siempre pensé que sería un buen guardián –respondió Ron.
–Ahí está. ¿Algo más? ¿Qué más te gusta hacer?
–Eh… supongo que también soy bueno para el ajedrez.
–Oh, ¿juegas? –dijo Harry con interés.
Dos horas después, Ron se sentía un poco mejor sobre sí mismo, y Harry y Hermione aún lucían sorprendidos.
–Y Ron nos destrozó a ambos en ajedrez –dijo Harry cuando terminó todo.
–Ajá –respondió Hermione.
