Disclaimer: Los personajes de OUAT no me pertenecen, yo solo escribo por y para entretener.


Mis mejillas recibieron los aguijonazos provocados por el frío del Bosque Encantado. La brisa ligera del mar golpeaba con suavidad mi rostro.

Cuando Garfio se giró me miró complacido. Los ojos del pirata brillaron. Tenía un vestido color verde oscuro, como el de los cipreses. Y las hojas de roble plateadas bordadas en el corpiño atrapaban la luz del sol poniente.

– ¿Irás a algún sitio? – cuestionó acercándose de forma felina. Le miré con una ceja arqueada.

–Nosotros nos separamos aquí, capitán–

Killian tomó mi mano y la extendió con delicadeza. Ignorándome olímpicamente. Se quedó observando el blusón de lino con apretados puños de encaje, las ajustadas mangas verdes a juego con el corpiño y las sayas y unas voluminosas mangas farol de seda verde que bajaban desde los hombros y se recogían en los codos y las muñecas.

– ¿Cómo dejar a una hermosa dama sola por el bosque? – Su voz bajó unos decibeles hasta ser un susurro. El hombre pasó un dedo por mi cuello. La gola plisada del vestido, que sobresalía sus buenos cinco centímetros, vibró a modo de respuesta.

–Creí que ya habíamos tenido ésta conversación. – Jugué con mi cabello trenzado lateralmente. –Y no estoy de humor– musité por lo bajo, con un tono un tanto grave para dejar clara la advertencia.

Garfio alzó ambas cejas. –Entiendo.

–No quiero ser una molestia para usted, Capitán, por eso le recomendaría alejarse del mar por un tiempo–

– ¿Es por ese endemoniado niño, no es así? – Asentí. –Gracias por salvarme del chico–

–A usted, por sacarme de la isla– repuse cordialmente.

–Si alguna vez necesitas algo, puedes acudir a mí, será un placer ayudar a un aliado.

Arqueé una ceja. –No nos conocemos mucho, nos encontramos una vez.

–Y bastó para que me ayudaras, ¿no es así?

Sonreí de forma ladina. –Lo tendré en cuenta– acepté. Incliné ligeramente la cabeza a modo de despedida.

Las botas oscuras ocultaban el ruido de mi andar por la plaza. Oculté mi rostro tras la amplia capucha de la capa. Arranqué un pergamino colocado en la pared donde se leía el anuncio del embarazo de la reina Blanca Nieves. Lo arrugué y guardé en la bolsa de piel que colgaba a mi lado derecho.

Al alzar la vista hice una ligera mueca al ver la multitud que andaba en el lugar. Un adolescente de mirada esmeralda me observaba con rencor. Di unos pasos hacia atrás y me tropecé con alguien.–Lo siento. –Solté hacia aquella persona que siguió su camino tras lanzarme uno que otro insulto. Al regresar mi atención al punto donde estaba Pan, éste ya no se encontraba ahí. Miré a mí alrededor y decidí avanzar.

Estoy viendo cosas. Es la culpabilidad que me está carcomiendo. O mi corazón que solo quiere recordar el error más grande que pude haber cometido.

–Por fin– susurré tras escapar del bullicio de gente. Me alejé del centro de la ciudad, escondiéndome entre algunas personas que pasaban por ahí al escuchar un carruaje.

– ¡Es la Reina Malvada!

Los gritos no se acabaron hasta minutos después. – ¿Quién eres? – Cuestionó con autoridad y fuerza una voz femenina. Me giré para observar a una mujer con increíble belleza y poder. Su mirada era desafiante y oscura. –Estoy segura de que no eres de por aquí–

–Solo estoy de paso.

– ¿Solo estás de paso? – Cuestionó soltando una risa sarcástica. –Dime –La mujer se acercó, haciendo resonar sus tacones contra el suelo. – ¿Eres una espía de Blanca Nieves? –

Le miré sin entender del todo. – ¿Disculpa?

– ¿A caso eres sorda? – La Reina Malvada me tomó con el dedo índice y pulgar del mentón con firmeza. –Te hice una pregunta.

–Lo sé– Su seriedad me recordó a la de cierto chico que había abandonado. Ambos emanaban esa sensación de peligro que solo provocaba que se alejaran de ellos.

– ¿Y bien? – La mujer de cabello oscuro arrastró las palabras con fingida amabilidad.

–Blanca Nieves es la reina, ¿por qué debería tener espías? – Sentí como el ambiente se tensaba. La sonrisa de la reina se amplió hasta mostrar sus dientes. La mujer se quitó con un rápido movimiento sus guantes de seda negros.

–No puedo creerlo, ¿tan cínica se ha vuelto? – cuestionó con diversión e incredulidad. De la mano de la mujer nació una bola de fuego, el calor calentando mis mejillas. –Quiero que recuerden su lugar. ¡Éste es mi reino! – la reina bramó mirando a cada persona que aún permanecía, para mala fortuna, en aquel sitio. Su mirada se posó en la mía.

Me deshice del nudo de la capa que me cubría y la lancé hacia la hechicera. El tejido se volvió cenizas pero para ese entonces yo ya estaba a las afueras de la ciudad. Una risita martilleó mis oídos. Llevé mis dedos a las sienes y presioné.

–Acabo de llegar– musité cansada.

–Y por eso mismo, querida– el hombre arrastró la última palabra. –He venido a buscarte. Has llegado justo a tiempo–

Me giré sobre mis talones. –No he venido a quedarme.

– ¿Dónde ésta mi Bae?

–A salvo– El oscuro borró su sonrisa. –Sí, no está conmigo, del caso contrario estaría en problemas aún mayores.

– ¿Podrías explicarte? – Cuestionó con seriedad el hombre.

–Es una historia larga y tendida, Rumpel.

–Tengo tiempo. Ya sabes no hay prisas.

–Yo la tengo. – Solté en un murmullo. –Oz me espera. – Abrí los brazos con fastidio.

– ¡Primero dime qué sucedió con mi hijo! – Exclamó iracundo.

– Maldición Rumpel, ¿podrías comportarte? – Grité, al borde del delirio. Mis ojos se nublaron una fracción de segundo. El oscuro se relajó y pude notar el pinchazo de remordimiento por sus actos.

–Lo siento. Sabes que Bae es todo para mí, Rapunzel– Sus manos apretaron mis brazos, dudó pero terminó dándome un abrazo. –Me alegra que escaparas de ahí.

–A tu pad… a Pan no le agradó la noticia tanto como a ti– Le acaricié su cabello con dulzura. El oscuro se separó pero no me soltó.

– ¿Qué te parece comer algo antes de irte?, de paso me cuentas que sucedió.

Miré los ojos grandes y esperanzados del Oscuro. Asentí y este dio un brinquito antes de mover su mano derecha en alto. La neblina verduzca nos cubrió y trasportó hasta un salón amplio.

– ¿Bella? –

– ¿Sí, Rumpel? –

Miré a la joven que había aparecido en cuanto la llamaron. Su mirada viajó tímida y curiosa del Oscuro a mí y viceversa.

–Un poco de té, querida. – Pidió el hombre. La chica asintió y desapareció tan rápido como apareció. Me senté en una de las sillas del largo comedor. Rumpel sentándose en la cabecera.

– ¿Quieres la versión larga y tendida o corta y directa?

–La segunda, no tienes tanto tiempo, ¿no es así, querida?

Bella apareció y sirvió el té en silencio. Podía sentir su mirada de interés clavada en mí. Asentí cuando escuché la respuesta del Oscuro, tomé una bocanada de aire. –Me enamoré. – Lo miré de forma significativa.

El hombre se paró de forma brusca del asiento, provocando un ruido ensordecedor al arrastrar la silla contra el suelo. – ¿Tú. Hiciste. Qué?

Dejé que mi espalda se recargara contra el respaldo. –Lo siento, Rumpel.

–Hay algo que no entiendo– El hombre rodeó la mesa hasta llegar a mi posición. –Si dices haber caído bajo aquel chico– Las palabras las había arrastrado, con los dientes apretados. –Qué haces tú aquí? – El Oscuro me señaló con el dedo índice

Me mordí el labio inferior. –Hagamos esto de la forma sencilla. Empezaré por el inicio…–

Al final terminé relatándole desde el momento en que le conocí hasta el punto en que nos encontrábamos, para ese entonces el sol se había escondido. Bella había prendido la chimenea desde hace tiempo mientras fingía leer un libro.

El Oscuro no terminaba de procesar toda la información. –Supongo que ahora puedo verte como mi madre oficialmente.

Rodé los ojos cuando escuché el retintín de burla y diversión. –Supones mal. Nunca fui tu madre Rumpel. Era… tu tutora.

–Sabes que yo siempre te vi como la figura materna y paterna que siempre deseé.

Le sonreí levemente. –Lamento haberte decepcionado, de nuevo– Jugué con mis manos, evitando su mirada.

–No tengo nada que perdonar– Concluyó después de un rato. Alcé la mirada. –Me has contado absolutamente todo. No me has ocultado nada y eso, es algo que realmente apreció, Ginger–

Me reí ante su cometario. –Que te haya contado mi historia no significa que puedas burlarte de mí con ella.

–Era inevitable– Río. –Gracias por poner a Bae por encima de… lo que realmente deseabas. –

–Si Baelfire se hubiera enterado posiblemente toda fe la hubiera perdido. Y él se hubiese roto en el camino. Pero sabes que esa no fue mi única razón para abandonar la isla.

Rumpel asintió. Su mirada brillante por la luz que desprendía la chimenea. Me arropé más con el suéter que la chica me había prestado.

El Oscuro me miró y sonrió mostrándome sus dientes. –Ahora mi pequeño Rumpel. Dime, ¿de qué humilde samaritano arrebataste los poderes de ver el futuro? –

El aludido soltó una risa genuina. –Tan perspicaz como siempre.

–Bueno, sabías el momento en que llegaría– Entrelacé mis dedos y le observé con atención. Suspiré y me deshice del peinado al ver que no me contestaba.

–La mujer me habló sobre una profecía. Mi nieto sería mi perdición.

Aquello llamó mi atención. Muerte para Rumpel, vida para Pan. – ¿Henry?

– ¿Cómo sabes de él?

Sonreí sin muchos ánimos. –Esa no es la pregunta que estás deseando formular– Le miré de forma acusadora. El Oscuro alzó la comisura de su labio en un gesto un tanto hostil.

Sí, había omitido en el relato los planes de Peter Pan. Me había limitado a contar los hechos que viví y mi sentir.

– ¿Realmente será mi perdición? –

–El futuro tiene vertientes, no puedo ver con claridad– Me excusé.

–Pero puedes ver los caminos de esas vertientes– Acusó con los ojos entrecerrados.

–Todo dependerá de ti. –Contesté de forma honesta. La chica salió del salón de forma silenciosa. –Ahora, ¿quién es esa linda jovencita? – Piqué, alzando y bajando las cejas de forma pícara.

–Nadie. – Respondió de inmediato. Rodé los ojos.

–No me parece nadie– Susurré mientras llevaba la taza a mis labios, dando un sorbo.

La joven de cabellos castaños y mirada clara entró al salón nuevamente. –Rumpel tienes visitas. ¿Les dejo pasar?

El Oscuro alzó una mano, mirando por un lado del sillón color vino. –Vete a la biblioteca a leer o lo que sea. No salgas. Yo me haré cargo– La chica con piel de porcelana asintió y cerró la puerta con delicadeza. El hombre no se movió del asiento.

–Creo que debería irme. Gracias por tu hospitalidad– Me levanté, dejando la taza en la mesa contigua.

–Tonterías– Soltó él con una mueca de disgusto. –Quédate a dormir. No te he visto en años, Ginger–

Rodé los ojos. La puerta del gran salón se abrió con un sonido estridente. –Ser Oscuro.

La misma voz de la tarde resonó en aquellas cuatro paredes. Miré a la mujer con atención.

–Regina– Saludó animado Rumpelstiltskin.

–Tú– La mujer se sorprendió de verme en el castillo.

–Su alteza– Incliné ligeramente mi cabeza a modo de saludo.

– ¿Qué haces tú aquí?, ¿qué relación tienes con ésta niña? – Cuestionó con interés Regina mientras se acercaba con pasos decididos hasta nosotros.

–Eso no te incumbe– Contestó tajante el hombre. – ¿Qué necesitas, querida?

Regina empezó a hablar de forma altiva. – ¿Podríamos hablar en privado?, no creo que sea conveniente que alguien escuche…–

–Oh, ella está enterada de la maldición–

Parpadeé. Miré al Oscuro y luego a Regina. Alcé ambas cejas. – ¿Ella la lanzará?

– ¿Qué está pasando aquí? – Cuestionó empezando a molestarse al sentirse pérdida. – ¿Quién eres? –

– ¿Oh?, perdón. Que tonta. Soy Rapunzel–

Rumpel me miró unos segundos. En sus ojos tenía impresas las palabras: ¿en serio? Me encogí de hombros y mi atención regresó a la Reina Malvada.

– ¿No se supone que estabas encerrada en una torre o algo así?

Me reí a carcajada limpia. – ¿Qué?

–Mi culpa– Soltó una risita el hechicero.

–Claramente no fue así, aunque si estuve encerrada unas cuantas veces– Confesé. Miré a Regina de reojo, tenía mucho dolor en sus ojos pero también odio. Poseía un poder mágico considerable y su corazón era rodeado por un halo negro.

– ¿Estás seguro que podemos confiarnos de ésta niña? –

–Tengo más edad de la que aparento– Me defendí.

–Para mí luces como una quinceañera con pomposo vestido. Quizás hija de algún duque. – Soltó sincera mientras me miraba de arriba abajo.

Sonreí de forma ladina. –Regina, pero no te dejes llevar por las apariencias. Tú eres hermosa pero realmente eres peligrosa.

La Reina arqueó ambas cejas. –Me agradas.

–Y tú a mí. – Aseguré con una sonrisa.

–Bueno basta de palabrerío. – Interrumpió el Oscuro.

–Rumpel, he de irme– Susurré viendo en el reloj la hora. –Tomaré una siesta y vendrá a despedirme antes de partir.

– ¿Debo escoltarte? – Negué con la cabeza. –Tómate algo conmigo antes de partir, querida. –El hechicero tomó mi mano y besó mis nudillos. Regina no daba crédito a lo que veía.

–Fue un placer conocerte, Regina– Me despedí tras depositar un beso en su mejilla. Salí del salón y caminé por el largo pasillo. Me paré justo enfrente de la biblioteca. Abrí las puertas y observé a la chica sentada que estaba sumergida en el libro que sostenía.

La mujer alzó el rostro y abrió un poco los ojos al verme ahí. – ¿Se te ofrece algo?

–No, tranquila. –Contesté con suavidad, haciéndole una seña con la mano para que se volviera a sentar. La chica vaciló pero volvió a su sitio.

– ¿Rumpel está bien?

Así que Rumpel, ¿eh? Sonreí de forma ladina. –Bien. – Caminé hacia los estantes más apartados, barriendo los títulos con la mirada.

–De verdad… Rapunzel, ¿no necesitas ayuda? –

–Mmm…– mis ojos escanearon los libros más delgados y altos.

–He leído algunos y ordenado la mayoría. Si buscas alguno puedo echarte una mano. Dos cabezas trabajan mejor que una.

La chica se había acercado y parado su andar a un metro de distancia. Le miré con interés. –Estoy buscando un libro llamado Érase una vez.

–Yo no…– Le sonreí para calmar sus nervios.

–Tranquila, solo podría encontrarse aquí, era una posibilidad. Nada más. – Pase mi mano por los estantes. No, no se encontraba ahí. –Por cierto, ¿cómo se porta Rumpel? – Mi pregunta la descolocó. Empezó a tartamudear y a sonrojarse. Le sonreí con travesura. –No diré nada.

–P-pero no he dicho nada– Se defendió, desviando la mirada.

–Por supuesto. –Tomé una bocanada de aire. –En fin, ¿puedo tomar un baño?, el viaje ha sido agotador.

– ¿Tú viajas? – Cuestionó con emoción. –Es decir, por supuesto, sígueme.

Le sonreí y cuando el baño estuvo listo no dude mucho en meterme en la tina. Dejé que la espuma creciera y cubriera el agua.

¿Qué está pasando…?

Cerré los ojos ante aquel pensamiento. No. No pienses en nada relacionado con él. Maldición. Me hundí más en la tina y dejé que el agua fuera relajando mi cuerpo.

–Hice lo correcto– Mascullé, no sabía si trataba de convencerme con aquellas palabras.

Me cubrí con la bata al salir. Había ropa acomodada pulcramente sobre la cama. La ventana se encontraba abierta. – ¿Bella? – Miré alrededor. Las luces de los candiles de las paredes se apagaron.

–Pan está enojado– Los ojos de la sombra aparecieron en la habitación. Su voz era más grave y tétrica que de costumbre.

– ¿Qué haces aquí?

–Un mensaje. Pan ha ofrecido una tregua. Si regresas por voluntad él será misericordioso.

Alcé ambas cejas. –Vaya que trato más conveniente.

–Realmente está molesto, Rapunzel. No parará hasta conseguir lo que quiere. Es solo una advertencia.

–Oh mi querida amiga Sombra, no voy a volver, y Peter Pan debe saber eso.

La Sombra se río de forma siniestra. –Fuiste avisada.

–No le temeré más a tu amo. – Confesé mientras encendía las luces de la habitación. Sombra ya se había ido. Cerré la ventana con fuerza. Me cambié de forma distraída, quisiera o no las palabras que me habían llegado no habían hecho más que inquietarme.

– ¿Esta todo en orden, querida? – Cuestionó Rumpel del otro lado de la puerta.

–Pan– Contesté. El Oscuro giró la manija. –Adelante– La puerta se abrió y entró el hechicero.

– ¿Qué te dijo?

–Quiere que regrese– Me senté en la mullida cama. Haciendo una mueca.

–Lo consideraste, ¿no es así?

Le miré con el ceño fruncido. –Dioses, no. No tienen baños tan agradables como los de ahora. – El mago rodó los ojos.

–Debo irme. El deber llama. –El Oscuro soltó una risita. –Nos veremos en la mañana.

–Posiblemente.

Rumpelstiltskin me fulminó con la mirada antes de desaparecer en humo. Aquella noche no dormiría pues estaba segura que el chico de ojos esmeraldas me haría una visita no grata. Me recosté en la cama y suspiré.

De ahora en adelante no podría bajar la guardia o podría ser arrastrada a la isla nuevamente.


N/a: ¡Hola! chan chan chan, he aquí el comienzo de la segunda temporada. Nada más decir que de ahora en adelante actualizaré lunes y viernes. Y el próximo capítulo será el día 26.

Agradezco a Aby, Vira y Pau me han emocionado mucho por lo que me sacaron sonrisas y carcajadas. Muchas gracias chicas, por ustedes me alientan a ponerle más empeño a ésta historia. ¡Gracias por todo su apoyo!

¡Me despido!

BCM