Hola de nuevo, aquí tenéis la continuación, muchas gracias por todos los comentarios, siempre decimos que gracias a ellos nos animamos a escribir y parece que no es verdad, ¡pero sí lo es! Así que si tenéis tiempo para dejarnos un breve review sobre vuestras impresiones estaríamos completamente agradecidas.

A disfrutar de la lectura!


Capítulo 29

Había sido un día de locos desde que Regina la había visto con August a la entrada de la escuela. Emma sólo deseaba terminar las clases e irse a casa, se arrepentía de haber intentado hablar con su profesora después del numerito del examen sorpresa. No había servido para nada más que para volver a sentir esa punzada de dolor en el pecho.

Caminaba hacia el exterior cuando escuchó una voz que le hablaba por detrás.

-Casi nos metes en un lío con Zelena- Regina estaba a punto de entrar en su coche para marcharse cuando vio pasar a la joven.

Emma dejó de caminar para mirarla.

-¿Qué? ¿Por qué? No hice nada-

-No es la primera vez que te ve tratándome como si no fuera tu profesora, me estuvo haciendo muchas preguntas...-

Emma resopló.

-Lo siento, supongo que ahora sí eres solamente mi profesora y debo tener más cuidado. No te preocupes, no volverá a pasar- se dio la vuelta para continuar caminando.

Regina suspiró y dio unos pasos hacia ella.

-¡Emma!- esperó a que la mirara para seguir hablando -¿Tienes nuevo novio?- la miró a los ojos con un toque de tristeza.

-¿Por qué lo preguntas? No es tu problema- dijo tajante. Su dolor seguía hablando por ella.

-Porque hasta hace poco yo era una de las personas más importantes de tu vida, ¿lo olvidaste?- la voz de Regina se quebraba conforme hablaba, se notaba que estaba intentando no ponerse a llorar.

-Y así era, pero nunca me contaste que Cersei existía. Ya no tienes derecho a meterte en mi vida- meses atrás, cuando Emma seguía siendo una niña tonta, ver a Regina de aquella manera le hubiera afectado y no hubiera podido ser dura con sus palabras. Pero esa niña había quedado muy atrás.

La profesora la miró fijamente. Estaba claro que la joven había cambiado mucho, ella había sido la culpable de hacerle pasar por todo aquello y ahora Emma ponía un enorme muro entre ambas.

-Sólo espero que sepas tomas buenas decisiones Emma... y que el chico ese no se parezca a Killian o a cualquier idiota que te pueda hacer daño-

La rubia no podía seguir soportando aquello, odiaba que Regina le diera consejos de con quién debía o no debía estar, cuando había sido ella la persona que más la había lastimado.

-Ya una idiota me hizo daño- sin más comenzó a caminar alejándose de ella.

Regina se quedó parada en el sitio, sin ser capaz de hacer o decir nada más. Emma tenía toda la razón y ya no podía cambiar lo que había hecho, ni pretender ser consejera de la joven cuando ella misma era el peligro.


Durante el resto de la semana, Regina fue testigo cada mañana de cómo el joven pelirrojo acompañaba a Emma hasta la puerta, le daba un beso y le deseaba un buen día. Ella se torturaba desde la lejanía contemplando la misma escena, y aunque el chico no parecía una mala persona, la sangre le hervía por los celos. Su alumna y ella no habían vuelto a hablar, pero parecía que a la joven ya poco le importaba causarle cualquier tipo de daño.

Un día después de la escuela, el coche de Regina empezó a fallarle, ya llevaba tiempo mal desde uno de los viajes a la universidad con Emma, pero la cosa había ido a peor. Decidió pasar por el mecánico. Aparcó el coche y cuando salió para buscar al empleado, vio al novio pelirrojo de Emma con un mono azul y las manos llenas de aceite. Regina empezaba a creer que el universo se estaba riendo de ella.

-Hola joven... traigo mi coche porque llevo días escuchando el motor raro y tengo miedo de que me deje tirada-

-Buenas tardes, déjeme que lo revise- August abrió la parte delantera del coche y empezó a mirar.

La morena aprovechó el momento para estudiar al chico. Era alto, seguramente un par de años mayor que Emma, tenía un cuerpo fibroso y una cara bonita, no le extrañaba que hubiera llamado la atención de la joven. Emma nunca se había definido sexualmente, y aunque estaba claro que le gustaban las mujeres, o al menos ella, pero también parecía que tenía buen gusto con los hombres.

-Bueno, creo que deberá dejármelo por unos días- anunció el chico cogiendo un trapo para limpiarse las manos.

-¿Unos días? Lo necesito para trabajar- resopló -Está bien-

-Necesito las llaves y que me firme esto- el chico caminó hasta una pequeña mesa y sacó unos papeles.

Regina fue hacia él y comenzó a firmar.

-Nos conocemos, ¿verdad?- dijo disimuladamente -Creo que sales con una de mis alumnas-

-Si se refiere a Emma supongo que sí- rio un poco nervioso -Intentaré ser rápido entonces si es su profesora, no quiero que tenga malas notas por mi culpa-

Regina rio de manera falsa.

-Y te...¿dedicas a esto? Parece un duro trabajo. Seguro es difícil poder invitar a tu novia a sitios bonitos con un sueldo así- la morena tenía ganas de jugar un poco con aquel pobre e indefenso chico.

-Emma no es de esas chicas... pero a veces me gustaría llevarla a otros sitios- con lo poco que ganaba, August sólo podía permitirse alguna hamburguesería del pueblo o como mucho palomitas en el cine. Pero la rubia nunca se había quejado.

-Ya sé que no es de esas chicas- quería dejarle ver que conocía muy bien a Emma -Pero también sé que aprecia los bonitos detalles-

-Oh... no sabía que se conocían tanto- sonrió -No se preocupe, no le cobraré más para comprarle cosas a Emma- bromeó.

-Sí, nos conocemos bastante, ¿no te ha contado?- sonrió un poco zorra.

-Pues no... no me ha hablado de usted. Sé que es buena estudiante y todo eso pero no sabía que los profesores tenían tanta relación con sus alumnos- hablaba ingenuamente.

-Bueno... quizás en las relaciones de hoy en día los jóvenes no se cuentan TODO- le dio los papeles firmados -¿Necesitas algo más?-

August se quedó algo confundido con las palabras de la mujer.

-Con esto es suficiente- buscó una tarjeta con su teléfono y se la dio -Para cualquier cosa que necesite este es nuestro número-

-Vale, gracias- comenzó a caminar dispuesta a irse pero una idea se le vino a la cabeza, se giró dirigiéndose de nuevo al chico -¿Qué te parecería ganar un dinero extra?-

El pelirrojo levantó sus cejas.

-¿Haciendo qué, señora?-

-Necesito un jardinero... apenas tengo tiempo y mi novia- dijo recalcando esa palabra, quería que al chico le quedara claro que era lesbiana -está todo el día trabajando, ¿te interesa?-

El chico tuvo que disimular su asombro al conocer la orientación sexual de la mujer, no era común ver lesbianas en Storybrooke y todavía le parecía más extraño que conociera tanto a Emma, pero intentó no darle importancia.

-Suena interesante- ser jardinero no le supondría mucho tiempo y podría tener dos sueldos para llevar a su novia a sitios mejores y comprarle alguna cosa linda.

-Genial- sonrió -¿Puedes pasarte mañana a las 5?- apuntó su dirección.

-Por supuesto, estaré puntual. A Emma le va a gustar mucho que trabaje con alguien que conoce- dijo con una amplia sonrisa.

-Claro, le va a encantar- [Encárgate de decírselo] soltó una leve risita y llamó a un taxi para irse a casa.


Al día siguiente Emma y August estaban en casa de la joven, habían quedado en verse un rato después de la escuela. Aunque sus padres no sabían de la existencia del chico, no tenía problemas en llevarlo seguido a su casa, gracias a que los viajes de Mary Margaret y David los mantenía fuera con frecuencia. En cambio, a su abuela sí había tenido que contárselo, y en cuanto conoció al encantador pelirrojo, no puso problemas en ser cómplice del ocultamiento de Emma.

Estaban charlando sobre la cama cuando August soltó la bomba: iba a trabajar para Regina.

-¿¡QUÉ!? ¿Cómo que vas a trabajar con ella? ¿Dónde la conociste?- Emma se puso como loca, aquello no podía ser cierto.

August la miró sorprendido, no entendía su reacción.

-¿Por qué te pones así? Vino a mi trabajo y me lo propuso porque necesito algo de dinero extra. Pensé que te gustaría-

Emma se puso en pie y comenzó a caminar de un lado a otro. Regina se las había ingeniado para conseguir eso, estaba muy enfadada con ella, quería gritarle y decirle de todo. ¿Por qué se tenía que meter en su vida? ¿No podía dejarla tranquila?

-No puedes hacerlo... no quiero que vayas-

-Pero ¿por qué? ¿Qué pasa Emma? Es todo muy raro... y las cosas que ella me dijo... os conocéis mucho ¿no?- August no comprendía nada.

La rubia lo miró de manera fulminante, muy seria. Tenía que conseguir que su novio no sospechara por nada del mundo.

-Sólo es mi profesora, pero nada más. No me cae bien- le daba miedo lo que la morena podría haberle contado.

August la miraba, nunca la había visto enfadada y la verdad era que daba algo de miedo.

-Pues voy a ir Emma. Necesito el dinero-

La chica se cruzó de brazos mirándolo.

-Haz lo que quieras- miró la hora -¿No tienes que irte ya? Le gusta la puntualidad- dijo claramente enfadada.

-No puedo dejar de hacer algo sólo porque me dices que esa persona te cae mal. Necesito más motivos- suspiró y se levantó acercándose para besarla pero Emma apartó la cara -No te enfades preciosa... tendré dinero para invitarte a salir-

-¡No quiero ir a ningún lado contigo!- dijo elevando la voz.

August tomó sus cosas molesto.

-Te juro que no hay quien te entienda... luego te llamo- salió resignado de la casa y cogió su viejo coche para ir hasta la casa de Regina.