Bueno, para todos los que me preguntan y están confundidos, les dejo una explicación. Este fic, está dedicado a mi larga relación de 7 años con un ex. Aquí, relato, muchas de las cosas que odio del amor y que me sucedieron a mí. Enumero:

- Odio las peleas sin sentido.
- Los regalos cursis.
- Los atosigamientos.
- Que no me quieran por lo que soy y me obliguen a fingir.
- Que me aten a los demás y no me permitan ser libre.
- Las escenas en público.

Esas, junto a otras, son parte de las cosas que odio. La razón, del comportamiento de Snape, es muy similar a una que sufrí yo con mi novio. Quería el romance perfecto, pero eso no existe. Desgraciadamente, Severus, se dará cuenta como se dio cuenta, mi ex.

Saludos y besos.

M&S



Hermione negaba con la cabeza, mientras caminaba hacia su sala común. No podía entender, como se había dejado engañar con Snape una vez más. Al verlo cruzar el umbral, tras ella, Hermione, aceleró el paso y continuó su camino.

La alcanzó de todas formas y le pidió que se detuviera. Ella, no le hizo caso y continuó caminando. Severus, sostuvo uno de sus brazos y le obligó a darse la vuelta para contemplarlo. Suspiraba, exhausto por el largo camino que debió recorrer. Hermione, negó con la cabeza y le comentó que no escucharía más excusas ni cuentos baratos.

Antes de que continuara hablando, el hombre había introducido sus manos en los bolsillos y ella se imaginó, la clase de regalo que llegaría hasta sus manos. Pero, lo que vio, fue todo lo contrario.

Severus, sostenía entre sus manos, unos caramelos. Hermione, arqueó una ceja y se disponía a preguntarle qué iba a hacer con ellos.

- Esto, quizás te ayude a disculparme. Te gustarán.

- ¡Ya no confió en ti!- le dijo ella, pero él, colocaba los caramelos en su mano y la cerraba con lentitud.

- ¡Seguro, crees que yo voy a divertirte mucho! ¡Esto que me has hecho...!

- ¡Me cuesta mucho, enamorarme de una estudiante!- demandó el hombre y Hermione bufó con una sonrisa sarcástica.

- ¡Fui una cualquiera! ¿Cómo pretendes enamorarte de mí, si ni siquiera te atreves a mirarme?

Severus, ladeó la cabeza y aceptó su equivocación. Hermione, guardó los caramelos en el bolsillo de su túnica y se dispuso a caminar. Antes de que pudiera irse, el hombre, le daba unas últimas recomendaciones.

- Sólo, cómetelos en la noche- dijo- no quiero, que arruinen tu apetito para las demás comidas.

Hermione, no pudo comprender a qué se refería y continuó hasta que el retrato se cerró tras ella. Ginny, había estado escuchando los comentarios y salió, para verificar si su amiga estaba bien. Al escuchar lo que le había hecho, ella no podía con su alma.

- ¡Eso es una crueldad! ¡Una injusticia con todas sus letras!- graznó y Hermione, asintió con vehemencia.

En la tarde, ellos no volvieron a verse. Harry, no dejaba de interrogarle. Quería saber, si a ella le gustaba el profesor de pociones. De todas formas, ella no pudo responderle a ciencia cierta. Ron, estaba líbido y actuaba, como si ella fuera su novia. Ella, no se atrevía a amar. Ya no podía.

Con un suspiro, caminó hasta el baño de chicas y comenzó a lavarse las manos. Mientras lo hacía, palpó los caramelos en su bolsillo y se preguntó, qué eran. No creía en él y temía, que fuera a envenenarla o algo parecido.

Al salir, estaba Ginny esperándola. Ambas, caminaron hacia la biblioteca para realizar sus deberes y al sentarse, ella le mostró los caramelos.

- ¿Qué son?- preguntó la muchacha y Hermione, no supo qué contestarle.

- Me los ha regalado. Dice, que así lo perdonaré más fácil.

- ¿Ah sí? Y dime, ¿Ya los probaste?

- ¡No! ¡Seguro, tienen veneno o una de sus pociones! Lo extraño, es que me pidió que sólo los probara cuando llegara el anochecer.

- ¿Y lo harás?

- No lo sé...¿Y si es otra de sus artimañas?

- Tendríamos que averiguarlo.

Hermione se mordió el labio y no pudo evitar coincidir. Apenas, llegaba la noche, ella contempló los caramelos en su cama. ¿Y si se comía sólo uno? Si moría, Ginny podría culpar a Snape, pero podrían ser falsas acusaciones. Les hizo las miles de pruebas, pero parecían inofensivos. Incluso, pensó en darle de comer a su gato.

Con una mirada de incredulidad, ambas contemplaban los caramelos. Ella, probaría uno y Ginny, probaría otro. Las jóvenes, luego de mirarse, decidieron intentarlo. Hermione, había tomado uno rojo y Ginny, uno azul.

Ambas los comieron y se miraron la una a la otra. No sentían nada y comenzaron a relajarse. Hermione, respiraba con cierta aprehención. Mientras respiraba, Ginny había comenzado a sonreír. ¿Por qué?

- ¿Ginny, te sientes bien?

- ¡Me siento genial!- dijo en un grito y Hermione, se alarmó. De todas formas, ella había comenzado a sentirse igual.

Estaba deseosa, de algo que no sabía. El nombre de Severus, no dejaba de recorrer su mente y tampoco su persona. Ginny, había abierto la puerta y comenzaba a bajar las escaleras de dos en dos. Al llegar abajo había balbuceado algo. "Buscaré a Harry"

Hermione, con la poca lucidéz que tenía, caminó hacia el despacho de Snape y llamó con fuerza. Severus, abrió la puerta con una sonrisa y la contempló.

- Veo, que te gustaron los caramelos.

- Sí ¡Y mucho! ¿De qué son?

- De lo que quieras- le confesó el hombre- ¿Por qué no pasas y, te sientas un rato?

Hermione ni se inmutó. Entró con mucha calma y no quería despegarse de él ni un minuto. De un momento a otro, se había dejado caer en la silla y jugaba con las cosas en el escritorio. Snape, cerró la puerta y se giró para mirarla.

Ella, movió su cabeza para mirarlo a él y ambos, permanecieron de esa forma. De un momento a otro, Hermione se levantó y deseaba besarlo. Severus por su parte, no se resistía a las briosas caricias de la joven. Con una sonrisa, le ayudaba a alcanzarlo y Hermione, no paraba de reírse mientras le besaban. Sería una noche muy larga, sobretodo, para ella en especial.