Not ready to start a war
El año nuevo llegó sin grandes novedades. Las cosas entre Regina y Robin no iban bien desde el comienzo del proceso por la custodia de Roland. Evitaban hablarse o verse. Regina permitió que el hijo viese al padre los últimos días del año, pero por poco tiempo. Hasta el día de la audiencia, Roland se quedaría con ella, que visiblemente estaba perturbada con la aproximación de la fecha.
Regina se quedó con Emma el treinta y uno de diciembre. Pasaron la noche de fin de año en una fiesta con los compañeros de la constructora en casa de Archie, pero la ingeniera lo disfrutó poco, no tenía motivos para estar animada. A pesar del apoyo de su novia, no conseguía evitar pensar que podría perder la custodia de su hijo en los próximos días. Por un lado, su relación con Emma estaba mejorando día a día, pero por otro, Robin no la dejaba sentirse en paz.
Por eso, Emma intentaba que su novia pensara en otra cosa. El primer día del año, Swan, aprovechando que su hijo estaba con sus padres de pesca, llamó a Mills para pasar el día de fiesta en su casa. Con Cora en el apartamento y Roland aún con su padre, la morena, sin tener nada que hacer, aceptó la invitación.
Se despertaron temprano al día siguiente y se quedaron amándose en la cama de Emma durante algunas horas. Regina la necesitaba tanto que marcó con sus uñas a su novia por diferentes sitios mientras hacían el amor. No es que Emma se quejara, pero se dio cuenta de la necesidad que tenía su novia de hacer aquello.
Tras quitarse la ropa de dormir por debajo del edredón, se unieron, enlazando sus piernas y rozándose. Gina, desde abajo, mordía la mandíbula de Emma, separaba sus cabellos y bajaba su boca por el cuello de la rubia, dispuesta a dejar la marca de sus dientes allí. Lo hizo con tanta fuerza que Swan gritó ante el ligero dolor.
«¡Hey, eso dolió» susurró
Regina no respondió. Continuó marcándola con la lengua y los dientes hasta que Emma cedió otra vez.
Emma, más cariñosa, la besaba, la acariciaba con sus manos, descendiendo por sus pechos y vientre, sin embargo aquella posición no era la que Regina quería. Rápidamente, atrajo a Swan hacia ella y la empujó, subiéndose en su cintura como si quisiese decir quién mandaba allí. Se detuvo, agarró las manos de la rubia antes de mirarla a los ojos y robarle un breve beso cargado de deseo. Swan podía jurar que esa vez iba a quedarse ella por debajo.
Regina liberó sus manos y las apoyó en la armazón de madera de la cama. Emma sabía lo que iba a hacer, ya lo había visto en alguna película. Así que agarró la cintura de su enamorada, se deslizó hacia abajo y vio a la morena montar su rostro, con cada muslo a un lado y su sexo sobre su boca.
Mills respiró profundamente cuando sintió que Emma besaba y pasaba su lengua por su centro. Echó la cabeza y sus cortos cabellos hacia atrás, moviéndose sobre la boca de la rubia que, cada vez, se volvía más feroz. Los brazos de la rubia la mantenían sujeta por sus muslos, para aguantarla firmemente, pero aun así, prefirió agarrarse a los despeinados cabellos de ella cuando notó que una onda de placer dominaba su cuerpo.
Tembló sobre la boca de Emma y enseguida se relajó dejándose caer hacia un lado en el colchón. Swan la abrazó, poniéndose encima de ella de nuevo. Seguía lamiendo sus labios cuando Regina se recuperó del orgasmo.
«Me ha encantado» dijo Swan sellando varias veces su boca
«Sabía que te iba a gustar» respondió Regina con un suspiro «Hacía algún tiempo que no hacíamos el amor de esa manera. Cuando paso mucho tiempo sin ir a la cama contigo, me vuelvo loca» decía devolviéndole a Emma los besos en su boca
«Yo también te he echado de menos, pero con todo lo que ha pasado, no sabía si te ibas a sentir a gusto viniendo aquí antes»
Regina se detuvo para mirar a Emma.
«¿Por qué las cosas tienen que ser así? Tú y yo estamos bien, pero no consigo estar completamente tranquila»
«Es una fase, Regina, pasará. Te prometo que pronto, en breve, todo estará bien de nuevo»
«Solo tú me prometes cosas que no puedes hacer» Regina rio levemente, apartando los cabellos de su novia hacia un lado
Emma le sonrió
«No importa si es algo difícil o imprevisible, voy a estar a tu lado y solo me voy si tú quieres»
Regina la miro de una manera tan enamorada
«Cuando todo este jaleo acabe, te juro que voy a pedir que te cases conmigo y llevarte a mi casa»
«Regina, está muy feo ilusionar a una mujer soltera con una promesa de esas» dijo Emma bromeando
«No te estoy ilusionando, Emma» Regina se colocó mejor bajo ella «Es más serio de lo que piensas. Dije que ahora, esta vez, no iría a equivocarme. Nada es más justo que casarme contigo, la única persona que consigue hacerme feliz, la única que me ama y siempre me amó, ¿no es verdad? Creo que por todos estos años que hemos perdido nos merecemos esto. ¿Para qué retrasarlo? Voy a hablar con Roland, explicarle todo, y si gano el juicio no tengo nada que temer. Quiero estar contigo, Emma» la miraba muy seria «Y sé que tú también quieres estar conmigo»
La rubia no estaba segura sobre qué pensar de la idea de matrimonio, pero Regina estaba en lo cierto cuando decía que la rubia quería estar con ella.
«Entonces, ¿esto significa que me acabas de pedir la mano?»
Regina asintió
«¿Ves ese anillo en tu dedo?» Gina cogió la mano de Swan y la levantó, mostrando el anillo que le había regalado en su cumpleaños «¿Qué crees que significa?»
Emma, de repente, se sintió avergonzada, aunque sus ojos verdes brillaban.
«Muchas cosas» dijo ella
«Cuando todo se resuelva, quiero que aceptes mi proposición, porque no quiero solo ser tu novia, quiero ser tu mujer»
Emma sonrió de nuevo, ahora una sonrisa más dulce que tímida.
«Yo solo creo que no necesitas esperar a que todo se resuelva para escucharme aceptar» respondió Emma
Y eso hizo que las dos pasaron más tiempo en la cama esa mañana.
Al caer la tarde, Emma fue a buscar a Henry a casa de sus padres. Mientras su hijo terminaba de preparar su mochila, Emma conversaba con la madre en la cocina, y no pudo dejar de mencionar las intenciones de Regina y la posible boda a la vista.
Mary Margaret sabía que no podía cambiar el rumbo de esa relación, pero eso no significaba que estuviera a favor. Cuando la hija se lo contó, se quedó quieta, de brazos cruzados, solo escuchando. En su cabeza, su hija se iba a decepcionar de nuevo con la ingeniera. No servía de nada, era muy cabeza dura para estar de acuerdo con aquello.
«¿No vas a decir nada?» preguntó la rubia buscando el apoyo de la madre
«Emma, hija, sabes lo que pienso de esa mujer» dijo Mary
«Ha cambiado, mamá, es otra persona. Sé que es difícil para ti entender, pero confío en ella. Regina está intentando demostrarme desde que nos volvimos a encontrar que todo ha cambiado. Lo que ocurrió en el pasado queda en el pasado. Yo también tardé en darme cuenta, me odié por querer entenderla, pero no pude esconder lo que siento»
«Siempre fuiste muy sensible, Emma, sigues siéndolo hoy, por eso has caído en su red. Está claro que la amas, está en tu cara, el problema es que, en algún momento, volverá a engañarte»
«¿Cómo puedes tener esa certeza?» preguntó Emma
«La gente como ella no tiene vergüenza. Alguien que engaña, que traiciona una vez, puede muy bien engañar de nuevo»
Emma estaba perdiendo la paciencia con la madre
«¿Qué va a tener que hacer Regina para que creas en ella?» preguntó descruzando sus brazos como hacía la madre
«Si estuvieras en mi lugar, Emma, me entenderías. Solo tengo miedo de que vuelvas a sufrir por culpa de esa mujer»
La hija se puso a pensar un momento. Se quedó moviendo la cuchara dentro de la taza de café que estaba tomando. Mary se dio cuenta del anillo en el dedo anular de la mano derecha de Emma. Sabía que Regina se lo había dado, y por la forma en como lo miraba Emma, tenía la certeza de que por más que sufriera, si es que volvía a hacerlo, nada acabaría con lo que sentía por aquella mujer.
Antes de que Mary volviera a decirle nada a la hija, Henry apareció con su mochila en la espalda llamando a la madre para marcharse.
«Estoy listo, podemos irnos» dijo el muchacho con una cámara de fotos digital en la mano
«Ya nos vamos, chico» dijo Emma girando en la silla para despeinarle los cabellos a su hijo «¿Te divertiste mucho?»
«¡Mucho!» respondió «Mira esta foto, le había prometido a Regina que le pescaría un pez para ella» Henry le enseñó una foto en la que se veía agarrando un pez tan grande como él. Seguramente el abuelo lo había ayudado a cogerlo. El muchacho estaba muy feliz de haberlo logrado «Le va a encantar la foto, ¿no crees?»
«Oh, seguro que sí» Emma sonrió y le besó la cabeza. Encontraba bonito cómo al hijo le gustaba Regina. Empezaba a imaginarse cómo sería cuando fuesen una sola familia. Suspiró al recordar que tenía que sentarse con él para hablar de ello.
Mary Margaret reviró los ojos y se levantó de la mesa. Hasta el nieto había caído bajo los encantos de Regina, y eso la volvía loca, aunque no lo admitiera.
La audiencia estaba fijada para la segunda semana de enero, después del receso vacacional. El miércoles Regina llegó temprano a la constructora para adelantar su trabajo antes de salir a media mañana.
En cuanto se sentó en su silla del despacho, Ruby apareció con la información que tenía que darle como parte de su trabajo de secretaria principal de la empresa.
La muchacha puso algunas carpetas sobre la mesa de Regina y le dijo
«Buenos días, Regina. Estos son los informes de las obras del lado este de la isla, solo falta su firma. Gold lo ha pedido para esta mañana. Y también ha pedido que le echara una ojeada a esto» le mostró un papel que estaba dentro de una de las carpetas «es sobre aquel proyecto de la nueva galería de arte, del que quiere que usted y Emma se encarguen juntas»
«Está bien, ahora mismo lo veo todo. ¿Alguna otra cosa?» preguntó Regina
«Me había pedido que le recordase que a las diez y media tenía que ir al tribunal»
«Sí, lo sé. No lo he olvidado» dijo la ingeniera con voz cansada, apoyándose completamente en su silla «Ruby, hazme un favor, cuando Emma llegue, pídele que pase por aquí, ¿ok?»
La secretaria asintió y no dijo nada más, se dio la vuelta y salió del despacho.
Una hora más tarde, Regina estaba concentrada en los informes cuando Emma apareció en el despacho, parecía preocupada.
«¿Regina?» dijo desde la puerta, cerrándola con calma. Avanzó hasta la mesa de su novia, que se asustó cuando la vio ante lo ensimismada que estaba.
«Ah, hola, mi amor» Regina se levantó y la abrazó fuertemente «¡Qué bien que has llegado!»
«Ruby me ha dicho que queríass hablar conmigo» dijo Emma apartándose de su abrazo para poner sus dos manos sobre su rostro. Miró bien a su novia «Es hoy, ¿verdad?»
«Sí, es hoy. ¡Joder! Estoy tan nerviosa» Regina bajó la mirada
«Todo va a salir bien, voy contigo»
«No creo que sea una buena idea, Emma. Si Robin te ve, no sé lo que podría hacer» Gina volvió a mirarla
«No va a hacer nada, no se arriesgaría. Voy contigo al tribunal, voy a hablar con Robert y nos vamos juntas»
«Está bien» dijo Regina «Solo quiero ver lo que aquel perdedor va a inventar para quitarme a Roland»
Algo más tarde, Regina y Emma se encaminaron hacia el tribunal como habían acordado. Faltaba media hora para que comenzara la audiencia, tuvieron que esperar. El abogado de la familia Mills, el señor Víctor Whale, apareció minutos después, y saludó a Regina y a Emma por igual.
Whale era uno de los abogados que ofrecía sus servicios a los trabajadores de la constructora. Trabajó para el padre de Regina en un proceso años antes de fallecer, y por haber salido muy bien, el joven abogado recibió la confianza de Mills y de su hija que, últimamente, había solicitado sus servicios muy a menudo. Además de ocuparse de la separación de Regina y Robin algún tiempo atrás, ahora estaba trabajando en el divorcio y hoy el problema en cuestión era la custodia de Roland.
No conocía a Emma, pero pudo notar por la forma en que las dos se miraban que ambas eran más que amigas, que era como Regina la había presentado. Prefirió no decir nada.
Whale miró su reloj, faltaba poco para la hora fijada.
«Le dije a Robin que no se retrasara, esta juez que tenéis no es nada tolerante» dijo él
Regina y Emma se miraron de reojo
«¿Y qué sucedería si no aparece, Whale?» cuestionó Regina
«Bueno, ella podría marcar otra fecha, puede ser dentro de veinte día o hasta un mes»
«Ah, no» se quejó Mills «Eso no» se levantó de donde estaba sentada y caminó por la sala, con una mano en su cintura y otra en la cabeza «Juro que si no aparece…»
«Calma, Regina, debe ser el tráfico» la interrumpió Emma
«Le dije que saliera del despacho una hora antes por culpa de los embotellamientos de East Boston» completó Whale
Regina se pasó la mano por la cabeza, estaba sintiendo una jaqueca.
Robin tardó, pero apareció justamente cuando lo estaban llamando a él y a Regina para que entraron en la sala de audiencias. En cuento lo vio, Regina resopló.
«Menos mal. Parece que lo haces adrede»
Él avanzó con su carpeta en una de las manos, se iba a defender a sí mismo en el proceso. Miró a la ex mujer de cabeza a los pies. Estaba diferente. Él se había afeitado y cortado el pelo más corto de lo acostumbrado.
«¿Cómo que adrede? Me he retrasado» se encogió de hombros «Todo el mundo se atrasa en esta ciudad» sonrió de forma bromista. No tardó en divisar a Emma.
Swan le lanzó una extraña mirada desde donde estaba. Él prácticamente la fusiló y se apartó de ellas para no perder la calma.
Regina se acercó a su novia, y le rozó sus dedos de forma discreta.
«Todo va a salir bien» susurró Swan
Regina asintió e intentó sonreírle
«Ven, vamos Regina» dijo Whale, aguantando la puerta
Mills dejó a Emma en la sala de espera, se arregló el traje, tragó en seco y entró en la sala de audiencias como si estuviese yendo a la guerra.
Se sentó en la mesa dispuesta frente al estado de la juez que los esperaba. La juez era una mujer de mediana edad, de cabellos rubios, ojos azules y labios gruesos. Estaba muy bien vestida. Regina leyó rápidamente la placa con su nombre encima del estrado: Audreen Maleficent.
Regina miró de frente, para Robin y para Whale, a su lado. Era extremadamente desagradable tener que mirar la cara de aquel hombre. No podía creerse que un día había estado casada con él. Robin parecía muy seguro en su sitio, no desvió la mirada de ella, dejándola aún más incómoda.
La juez carraspeó, dijó algo al taquígrafo a su lado, y comenzó
«De acuerdo con la citación requerida por el señor Robin James Hood, el menor Roland James Mills, fruto del matrimonio con la señora Regina Mills, goza de una custodia compartida desde la separación pedida de común acuerdo hace dos años. Es deseo del padre del niño tener la custodia definitiva del menor basándose en pormenores que señalan la indisposición de la señora Regina Mills para continuar compartiendo la custodia efectiva» miró a los dos antes de continuar «¿En base a qué pormenores acusa a la madre del niño?» preguntó a Robin
«Señoría, la madre del niño no dispone de las debidas condiciones para criar a mi hijo. La señora Regina Mills pone a mi hijo en grave peligro al dejarlo bajo los cuidados de la abuela que es una mujer adicta a los juegos de azar, cosa que influye negativamente en un niño de cinco años» Robin hablaba con autoridad mirando a la juez, después se volvió para mirar a propósito a Regina «Además de eso, la madre del niño mantiene una relación homoafectiva, cosa que vuelve confusa la convivencia para el niño»
Regina aferró sus manos a los brazos de la silla, quiso saltarle al cuello cuando acabó de hablar. Whale la trajo de vuelta al apretarle el hombro.
«Sabía que ibas a jugar sucio» dijo casi escupiendo
«No es juego sucio, solo es la verdad y lo sabes» Robin replicó
«¿Esa información es verdad, señora Mills?» preguntó la juez
«No, señoría» Gina miró a la mujer «Lo que este señor está argumentando es incierto. Mi madre sí fue una adicta a los juegos de azar, sin embargo, yo misma recomendé el tratamiento en una clínica en Springfield. Y hoy está curada, recientemente le han dado el alta»
«¿Quién garantiza que tu madre no recaerá?» preguntó él con una falsa sonrisa en la cara. Volvió a mirar a la juez «Sabemos, señoría, que incluso después del tratamiento, un dependiente tiene altas posibilidades de recaer. La convivencia de mi hijo con esa mujer es un gran riesgo, sobre todo vale la pena recordar que, días antes del internamiento de la abuela, el pequeño pasó por un gran estrés al ser secuestrado por un grupo a quien la señora debía dinero»
Regina apretó los dientes, aún más inquieta en la silla.
«Un secuestro es una acusación muy grave» dijo la juez
«El niño estuvo en posesión de los secuestradores veinticuatro horas, señoría. La policía capturó al grupo que actuaba en Massachussets extorsionando a los asociados de los grupos con los que aquellos estaban vinculados. La señora Cora Mills era solo uno de esos asociados» explicó Whale «Al niño no le pasó nada, fue rescatado en perfecto estado, ni siquiera necesitó apoyo psicológico»
Robin continuaba encarando a Regina. A veces estrechaba los ojos. De repente, ella también lo encaró mostrándole todo el desdén del que era capaz.
«Realmente, Cora Mills debía dinero al grupo, señoría. Afirmo con vehemencia que mantener a mi hijo cerca de una mujer como esa es un gran riesgo»
«Aunque esa información sea procedente, si esa señora ha sido dada de alta del tratamiento ofrecido por la hija, el niño estará en peligro al convivir con ella. ¿Qué me tiene que decir sobre la relación homoafectiva que Hood ha mencionado, señora Mills?» dijo Maleficient
Regina bajó la mirada, pensó. No podía mentir. Su relación con Emma no podía ser algo tan grave como para quitarle a Roland, así que dijo
«Sí, tengo una relación con una persona de mi mismo sexo» sonó firme «Pero en ningún momento mi hijo ha quedado expuesto ante ese hecho. Mi compañera y yo hemos tomado todas las precauciones debidas»
«No es verdad, señoría» interrumpió Robin otra vez «Mi hijo me confirmó que su madre y su compañera tenían momentos íntimos delante de él»
«¡Por supuesto que no!» dijo Regina indignada «Eso es mentira. ¿Estás loco? ¿De dónde sacaste eso?»
Whale intentó tranquilizar a Regina
«No puedes afirmar eso, Robin» dijo el abogado
«No solo puedo sino que me reafirmo. Señoría, mi hijo me lo dijo con todas las palabras. Si fuera necesario, puedo grabar su testimonio contando lo que pasó» dijo Hood
«¡No, no es verdad! Lo que pasó fue que Roland no tenía intención, pero acabó viéndome con Emma mientras ella y yo nos abrazábamos. Solo fue eso» Regina hablaba alto
La juez golpeó en la mesa
«Orden. Pueden presentar argumentos, pero no deben comenzar a agredirse aunque sea verbalmente»
Regina se sentó en su sitio de nuevo
«Perdón»
Robin continuó
«No puedes obligar a mi hijo a que acepte tu relación con una mujer. Roland está claramente asustado, infeliz, triste. Lo mejor para él es que esté conmigo la mayor parte del tiempo, solo así tendrá una calidad de vida mejor que la que tiene contigo y con tu madre»
«¿Quién garantiza que vas a cuidar de mi hijo como yo lo cuido?» Regina sintió sus ojos quemar
«Señoría, mi cliente es una ingeniera muy respetada en su profesión, trabaja en la mayor constructora del estado. Ofrece a su familia unas condiciones de vida muy buenas y cómodas. No deja al hijo solo cuando ella no está y la mayor parte de su tiempo libre lo dedica al niño. Los motivos que el señor Hood esgrime no son válidos para poner en duda la custodia» dijo Whale
La juez prestó atención a todo lo dicho. Decidió dar por concluida la audiencia con una decisión
«De momento no puedo ratificar el acuerdo de custodia en favor del padre sin verificar que sus afirmaciones son verdaderas, señor Hood. Voy a mandar a una asistente social para que compruebe si el niño vive en las debidas condiciones en la casa de su madre e igualmente con su padre. En caso de que alguno de los dos presente alguna incapacidad, la custodia del niño será transferida permanentemente solo a uno de los dos. ¿Ha quedado claro?»
«Sí, señoría» respondieron los dos
En cuanto salieron de la sala, Regina buscó a Emma, que no se había movido del sitio en que se había quedado antes. La jaqueca había empeorado con el enfado hacia su ex marido.
Robin salió tras Whale y las vio. Se detuvo para mirarlas a los dos juntas, y movió de un lado a otro la cabeza como si considerase aquello un absurdo.
«No me vas a quitar a mi hijo» dijo Mills muy enfadada
«Eso lo veremos» replicó él, girándose para salir
Whale lo vio marcharse y alertó a Regina
«Parece que no va a desistir tan fácilmente»
«Lo que él quiere nunca va a pasar, no lo voy a dejar» dijo ella «Si intenta hacer algo, se va a arrepentir»
«Dudo que intente jugar sucio para conseguir la custodia de Roland, pero todo cuidado es poco, estate atenta, Regina»
Emma la abrazó de lado, le acarició con su mano su hombro y esperaron un poco para marcharse de allí.
