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Apuesta
"El conformismo es para cobardes, quien no sacrifica nada,
nada obtendrá"
El poderoso resplandor del sol se fue apagando poco a poco, conforme se escondía diluyéndose en el horizonte. El ocaso era un espectáculo maravilloso, sobre todo se podían ver tantas cosas al mismo tiempo, la luz parecía desprenderse de las montañas, bosques y casas como si se tratara de un velo sobre un rostro. Así reinaba la oscuridad, con su quietud y templanza, tomando protagonismo la luna y las estrellas una vez más. Remy encendió una lámpara y la colgó en la parte superior del globo. A una altura de varios kilómetros solo había dos cosas que la mantenían despierta, una de ellas era el hermoso paisaje nocturno, y lo otro era Winter Snow, quien escuchando una casetera mientras movía los cascos delanteros como si dirigiera una orquesta, mirando el cielo. A veces hacía movimientos frenéticos, y después muy calmados para romper con algún movimiento en el que ocupaba mucha fuerza física, como si tuviera intensiones de golpear el aire; incluso se le escapaba una lagrima de vez en cuando, la que no demoraba en limpiar furtivamente. El entorno le había resultado embriagador, deducía Remy. Al final todo acabo con la pegaso posicionando uno de sus cascos sobre su corazón, mientras tenía extendido el otro apuntando al cielo. Se sacó los audífonos, se limpió el sudor de la frente y se desplomo cansadamente sobre sus cuartos traseros. Winter Snow miro a su transportadora, quien apretaba los labios dando la impresión de que quería decir algo, quizá importante, pero probablemente banal. Sea como fuese, la atención de Winter se concentró en eso y la de Remy en los audífonos que estaban en el suelo del canasto.
—¿Puedo escuchar su música, señorita? —le pregunto la unicornio, añadiendo—. Solo un momento.
—Escúchala todo lo que quieras, yo ya tuve suficiente Wagner por hoy —le contesto la pegaso, recogiendo la casetera para entregársela a su acompañante.
—Oh, Wagner. En casa solíamos escucharlo con mucha frecuencia, era una especie de tradición —le comento Remy, envolviendo el aparato con su magia, al igual que a los audífonos.
—¿No tendrás algún libro interesante de casualidad?
—No debería pedirle cosas, con tanta ligereza, a una completa desconocida. Esos objetos podrían tener vicios ocultos.
—Mira quien lo dice, ¿Tienes un libro interesante o no?
—Oh, claro que tengo uno, pero por su antigüedad dudo que te guste. Fue un obsequio que me dieron en uno de mis cumpleaños, lo llevo conmigo como una suerte de recuerdo de quien me lo regalo.
—Déjame verlo, para que lo juzgue con mis propios ojos —le dijo Winter con un semblante un poco severo.
Remy sonrío, extrañamente su rostro se llenó de emoción al instante que sacaba el libro de sus alforjas y lo levitaba hasta la pegaso. Winter sostuvo el libro con uno de sus cascos y miro abstrayéndose en ella. Frente a ella se encontraba la bandera de la guardia secreta, con su simbólico alicornio blanco en el centro y la espada gladius abajo. En letras doradas se profesaba el título de "Llamas de Voluntad", escrito por la generalísima Winter Snow. Sin lugar a dudas la apariencia de aquel libro era más singular que el ejemplar que tenía Sapphire Sky en su árbol, eso le provoco preguntarse cuantas editoriales diferentes habían imprimido su obra. En su época, su manuscrito fue vendido y promulgado por el ministerio de propaganda, ellos eran los únicos en Equestria autorizados para hacer tal labor. Winter se imaginó la cantidad astronómica de regalías que no le habían pagado, ya que no había tenido descendencia no podían darle el dinero a ningún familiar, y lamentablemente Aradia para efectos legales tampoco era su hija, y hasta donde sabe tampoco había tenido descendencia. ¿Quién se había quedado con los derechos de autor?
—¿Bonita portada, no? —pregunto Remy venenosamente, mientras la miraba con dulzura siniestra—. La guardia secreta no puede ser separada de esta obra, ya que se creó con base en esta doctrina, ¿Oh me equivoco? ¿Sabe de historia antigua de Equestria?
—No te equivocas, pero creí que este libro era ilegal en Equestria.
—Lo es, pero a mis ojos eso no hace más que sumarle más valor —reconoció la unicornio—. Sabe, me parece curioso que usted tenga el mismo nombre que la generalísima de hace mil años. Un equestre no llamaría a su hija así, a menos que sea un completo ignorante, ¿O es acaso una pony de Arabia Sentada?
—Mis orígenes no te incumben, al menos por ahora, así que no metas tus cascos ahí —le advirtió Winter Snow—. ¿Por qué mencionas a Aradia Sentada?
—Pues, su princesa Mercury del desierto se ha encargado de que su gente no sienta la misma aversión que siente el equestre común por la generalísima.
Tal declaración hizo a Winter recordar las buenas relaciones que había logrado entablar con la Arabia Sentada de su época. Su casco y lengua sentaron las bases de una fuerte relación de amistad entre ambos reinos ponies, algo que sin duda ayudo mucho a la guerra. La princesa de esos tiempos también se llamaba Mercury, pero dudaba seriamente que se tratara de la misma en esta ocasión, al ser dicha princesa una mortal. Los líderes cebras cuando llegaban al poder, se cambiaban el nombre por uno que perteneciera a los antiguos líderes de su sociedad, ya que pensaban que al hacerlo parte de su sabiduría se traspasaba a ellos; así mismo era una manera de honrar a los ancestros. Quizá en Arabia Sentada hacían lo mismo, pero con otras palabras, en ese caso esta sería una princesa Mercury completamente distinta a la que conoció. Esto no era malo, de inmediato recordó con escozor la obsesión que aquella yegua profesaba hacia ella, además de los regalos obscenos que solía recibir de su parte. No obstante, en momentos tan apremiantes como estos, Winter Snow no dudaría en aparearse con Mercury si todavía se encontrase con vida, además de todavía conservar su apetecible físico y delicioso aroma.
—¿Por qué no lo abre? ¿Tiene algo de malo? —inquirió Remy.
—¿Por qué tendría que haber algo malo con el libro? —pregunto lánguidamente la pony alada, mientras dejaba a un lado el ejemplar—. Es solo un libro y nada más. Ya tuve oportunidad de leerlo en el pasado, prefiero meditar en silencio unos momentos si no te importa.
—Antes de eso ¿Qué opina de los sementales?
La pregunta fue como el estruendo repentino de un costal de papas cayendo sobre la mesa de la cocina. Esa fue la imagen que a Winter Snow, incomprensiblemente, se le vino a la mente. Era la primera vez que le preguntaban algo semejante desde que el espejo la escupió en este tiempo, cosa que la inquieto. No obstante para ello tenía una respuesta preparada, la cual desarrollo con más profundidad en su libro.
—Lo femenino tiene la característica intrínseca de la voluntad de mando, al menos así queda demostrado en los ponies, cuyas máximas divinidades son hembras. Por consiguiente, la voluntad que ejecuta que se ve en un segundo plano, y ya que solo existen dos sexos, ha de estar arraigada en lo masculino, es decir, los machos —dijo Winter Snow en un tono solemne—. Cuando se entiende que la resistencia es igual a fuerza, hay que ver en la naturaleza donde encuentro esa resistencia. Las hembras, nacieron para traer vida a este mundo, pero… ¿Por qué son ellas, y no los machos?
—Porque no nacieron para resistir tal martirio —infirió Remy.
—El sexo femenino tiene una inclinación natural a resistir —continuo Winter—, de ahí que goce de un mayor potencial, oculto a veces, pero ahí está. Ya que las hembras, por esencia misma de su naturaleza tienen una tendencia a soportar el dolor. Lo sementales son naturalmente inferiores.
—¿Los esclavizaría? ¿Los exterminaría? —interrogo la unicornio de manera abrupta, invadiendo el espacio persona de su pasajera.
—No —contesto ella de manera tajante, para acto seguido alejar la cara de Remy de la suya—. Cumplen un rol esencial en la sociedad, sin embargo, no concibo una civilización prospera dirigida por elementos naturalmente inferiores. Solo mira a Equestria, gracias a las princesas es un reino milenario, y aunque tanta paz haya creado generaciones débiles, este reino no se hundirá mientras las tenga a ellas.
—Tiene razón, aunque me refiero específicamente a lo último que dijo.
—No me importa —declaro la pegaso, acomodándose en una de las esquinas del canasto—. Te prestare mi mágico y poderoso aparato, pero no me molestes más.
—Oh, por su puesto. Al amanecer estaremos cerca de Canterlot, yo si fuera usted dormiría un poco —le sugirió de manera musical, para acto seguido llevarse los audífonos a los oídos y echar andando el casete. Oh, que gustos tan prodigiosos, pensó mientras tarareaba.
Durante muchos minutos Winter miro con cautelosa fijeza a Remy. ¿Su nombre consiguió volverse tan icónico para que la asociaran de inmediato con su pasado? Esa era la única hipótesis que consideraba posible para la seguidilla de preguntas a las que quedo expuesta. Al parecer sus espirales de cabello no eran lo único que la caracterizaba, seguramente no había otra pony llamada «Winter Snow» en todo el reino. Sin embargo, Remy parece haber preparado las cosas con antelación para que sus preguntas tuvieran sentido, es decir, no es coincidencia que llevara el libro consigo, sino que había estado esperando el momento oportuno para mostrárselo y así poder interrogarla, ¿Es qué quería ver su reacción frente al libro? Y si es así ¿Con qué motivo? ¿Por qué pidió su opinión sobre los sementales? ¿Todo era parte de su propia iniciativa o actuaba así por mandato?, ante esta última interrogante solo podía suponer que, de actuar sola, quizá represente un peligro apremiante, ya que ella puede barajar sus opciones como un conjunto de naipes, acorde a lo que la situación demandase. Y si cupiera la probabilidad de que se condujera de esa manera por un mandato, solo el nombre de la gran y temible Twilight Sparkle se le venía a la cabeza. A pesar de que una maraña de duda se formó en su cabeza, Winter Snow podía estar segura de algo, y es que, si Remy quería obtener algo de ella, parece haberlo conseguido satisfactoriamente, ya que de lo contrario quizá hubiera seguido insistiendo intempestivamente con sus preguntas, contrastando con la serenidad que irradiaba su semblante actual. Pero para su fortuna, el refrescante aire de la noche trajo relajación y sosiego a Winter, lo suficiente para que aflojara sus tensos músculos y pudiera cabalgar al mundo onírico en la absoluta tranquilidad.
Canterlot
Twilight caminaba de un sitio a otro muy preocupada, seguida por los ojos verdes de Spike. La princesa Celestia hace tiempo le había dado ciertos poderes sobre el palacio real, y uno de ellos incluía organizar cualquier tipo de reunión privada en cualquier habitación o salón, con pocas excepciones, como por ejemplo el cuarto de la princesa Luna. La alicornio morada había seleccionado la Galería Esplendida, un salón deslumbrante y vistoso, donde se podían apreciar trecientos cincuenta y siete espejos puestos frente a frente, pinturas magnificas que representaban acontecimientos históricos, ornamentación de estatuas antiguas y muebles hechos de plata y oro. Todo ahí era arte del más exquisito, concebido y construido durante la época de más prosperidad de Equestria.
—¿Qué hora es? —pregunto Twilight a su asistente, en un tono que denotaba nerviosismo.
—Sera mediodía en un par de minutos —le respondió Spike un poco fatigado, mirando el reloj de su muñeca.
Pasaron treinta segundos y la alicornio pregunto:
—¿Y ahora cuanto falta?
—¡Estoy harto! —exclamo él bebé dragón, masajeándose las cienes con las garras—. Twilight, tu eres la princesa de la amistad, ella es una súbdita tuya, tu no acostumbras actuar así… la mayoría del tiempo.
—No estoy inquieta por el encuentro de ahora Spike —Aclaro Twilight, colocando su casco derecho en el hombro de su asistente—. Perdóname por irritarte, es solo que, pensar en que le estoy ocultando esto a las princesas, hace que no pueda tener paciencia. Solo imaginar que entren por esa puerta, yo
—…entiendo, no hace falta que me lo expliques —le interrumpió Spike, tapándole la boca con una garra al vislumbrar un posible ataque de histeria—. Te recuerdo que estás haciendo esto en secreto, porque ellas no quisieron compartir lo que sabían en primer lugar.
—En realidad, al principio solo era la princesa Celestia, luego esta última convenció a su hermana y ahora ninguna de las dos me quiere decir nada.
—Si quieren lealtad y sinceridad de tu parte, es injusto que no la tengan contigo. Debieron compartir lo que sabían, tú no puedes hacerles sino bien a ellas.
—Supongo que tienes razón. Espero que esta pegaso eche un poco de luz a este dilema, quizá así logre comprender a las princesas.
—A mí se me ocurre la razón de porque no te han dicho nada —confeso Spike cruzándose de brazos y esperando pacientemente, ignorando el semblante de desconcierto de su amiga—. Lo confirmare ahora mismo.
Las enormes puertas de la galería se abrieron, y un guardia real se anunció, avisando de una visita para ella. Twilight ordeno que la hicieran pasar de inmediato y que resguardaran la puerta, ya que no quería que la interrumpieran durante su reunión. El guardia se retiró, hizo pasar a la invitada y cerró la puerta tras de sí, para vigilar el pasillo junto a un camarada. La pegaso se encontraba sola, de hecho, de la misma manera había llegado al palacio una vez aterrizado en Canterlot, ya que Remy le informo de asuntos apremiantes que requerían de su presencia. Los ojos de Winter Snow se maravillaron ante la belleza de Twilight Sparkle, una de las ponies más poderosas que alguna vez haya concebido Equestria. Estar frente a la encarnación misma de la amistad la conmovía profundamente, ya que la fraternidad fue algo que lucho hasta las últimas consecuencias por lograr cuando aún ostentaba el titulo de generalísima. Camino sin despegar la vista de la alicornio y se inclinó humildemente a sus cascos, el honor de poder estar tan cerca de una divinidad tan femenina y fuerte se desbordaba de ella.
—Oh, gran princesa Twilight Sparkle, no se imagina la felicidad que hace florecer en mí, con su sola existencia —declaro Winter Snow solemnemente, con los ojos cerrados—. La amistad, es el acuerdo más puro y desinteresado que puede haber entre las convenciones mortales. Una virtud hermosa, así como su benevolente ser.
A Twilight se le hizo un nudo en la garganta durante unos segundos, era la primera vez que le hablaban como a ¿Celestia? ¿Luna? ¿Cadence?, se denotaba una devoción sincera hacia ella que termino por dibujarle una sonrisa en su rostro.
—¡Generalísima, un minotauro detrás de usted! —chillo Spike a todo pulmón.
Instintivamente Winter Snow desenfundo su espada con la velocidad de un relámpago, abrió sus alas y esquivo un ataque imaginario para acto seguido contrarrestar el ataque invisible de su adversario. La pegaso parpadeo, su semblante de asombro se reemplazó por uno de confusión y miro al dragón. La imagen de Twilight Sparkle logro abstraerla tanto, que ni si quiera se percató de que un pequeño bebé dragón estaba ahí. La mirada de Winter se tornó sombría, odiaba que le mintieran ¿Qué tal si en otra ocasión de verdad hay un minotauro dispuesto a atacarla, y duda del aviso que le advierte de ello? Evidentemente dudaría por culpa de ese dragón, quien no sabe lo serio que es el problema minotauro para Equestria. Oh, pero ellos ya no son nuestros enemigos, pensó Winter y se relajó un poco para no verse hostil frente a la princesa. Lo último que quería era darle una mala impresión a una poderosa divinidad.
—Lo imagine, de verdad eres la misma pony que vi en el imperio de Cristal. La misma armadura, los mismos colores de pelaje, melena y ojos, aunque tu crin luce diferente esta vez, sigues siendo tú.
—¿A qué te refieres Spike? —exigió saber Twilight.
El dragón procedió a explicar con lujo de detalles lo que vivió durante su estancia en el imperio de cristal, la cual ocurrió hace ya varias semanas. La alicornio estaba al tanto de ese viaje, no obstante creía que había gozado de la mayor normalidad, sintiéndose un poco traicionada al enterarse de todo lo sucedido después de tanto tiempo. Por esto último, es que Spike dio a entender que, al ver a su amiga tan concentrada en el rescate de la princesa Cadence, prefirió no poner un peso innecesario sobre su lomo, inquietándola con la historia de la yegua loca disfrazada de Winter Snow que golpeaba guardias en el imperio de cristal. Tal acontecimiento no tomo importancia hasta ahora, con la noticia del momento en Equestria.
—Pero ahora me doy cuenta de algo —continuo Spike, apuntando con una de sus garras a la pegaso—. No se trata de ninguna imitadora, realmente es la generalísima que desapareció hace mil años. Es el pony más malvado que haya pisado alguna vez la tierra, y está aquí en el presente.
El rostro de Twilight se crispó.
—No digas disparates Spike, eso es imposible, sabes lo difícil que es viajar entre épocas por largos periodos de tiempo —cuestiono la alicornio, buscando desesperadamente una manera de disculparse con su invitada.
—Me temo que Spike está en lo correcto —convino una voz femenina sin cuerpo.
Un pequeño punto de luz dorada y resplandeciente, salió de una de las estatuas posicionándose junto a Twilight. Entonces, en un haz de luz, apareció la dueña de la voz misteriosa, quien no era otra que la unicornio Sunset Shimmer, con su característico pelaje color miel y melena risada con colores que recordaban al fuego. La recién aparecida pony frunció el entrecejo y clavo sus ojos sobre la pegaso, quien la miro hoscamente.
—Lo siento Twilight, pero le avise a Sunset de tu reunión. Ella también conoció a esta pony. Escucha lo que tiene que decir.
—Fue una experiencia horrible en muchos sentidos —comento Sunset, a su consternada amiga, para luego narrar lo que paso en el imperio de cristal tras a ver aceptado ayudar a derrotar a Mefistófeles. A cada palabra que Twilight oía mayor era su asombro, era inconcebible pensar que el espejo tuviera esas facultades, así mismo que una pegaso demostrara una destreza tan avanzada como para derrotar a su hermano y a la guardia de cristal. Winter Snow no interrumpía, contrario de lo que se podía esperar, se encontraba tranquila e incluso había guardado su espada. Sunset Shimmer oscilo entre sus opiniones y los hechos en concreto, ya que pensó que ambas cosas eran igual de importantes para que Twilight pudiera digerir con más eficiencia lo que estaba escuchando. Al final, la pony de ojos color esmeralda concluyo su relato diciendo —: Demostró sus palabras después de todo, no es ninguna imitadora, es la auténtica.
—Cierto, lo soy —proclamo Winter con voz pastosa—. Pero, independientemente de que me crean o no, tengan por seguro que nunca me convertiría en artífice del hundimiento de Equestria. Yo vivo para servir a las princesas, y buscar los vestigios de mi obra hace mil años.
—Eres una criminal que engaño a las princesas, ellas no necesitan la lealtad de una mentirosa —objeto Sunset Shimmer—. Deberías ser apresada por todo lo que hiciste.
—Creo que nuestra gran monarca del sol se pronunciaría al respecto —rugió la pony alada, sonriendo levemente—, Equestria necesita recuperar su espíritu conquistador, no a mi tras unos barrotes en el calabozo.
Twilight titubeo, perpleja, sopeso rápidamente la situación y comenzó a elegir cuidadosamente sus palabras. Por unos breves instantes deseo no estar ahí, ya que tendría que inclinarse por alguna postura para proceder adecuadamente. Entonces finalmente entendió el silencio de las princesas hacía ella, Winter Snow era la causa de su disputa, sin embargo abordaban eso desde puntos de vista diferentes. Si la princesa Luna quería encarcelar a la antigua generalísima de Equestria, la princesa Celestia quizá la quería como aliada con el fin de lidiar con Mefistófeles. Si Twilight se hubiera enterado de esta verdad por las princesas, se vería en la obligación de ponerse de una parte, es decir, tendría que escoger entre apoyar a Luna o su maestra Celestia. Esta última le había ahorrado el enorme pesar que conllevaba tal elección, ya que de una u otra manera, terminaría decepcionando a alguna de las dos al decidir. Esta era una de esas muy raras ocasiones en las que Twilight Sparkle hubiera preferido seguir en la ignorancia, ya que ahora tenía que tomar una iniciativa.
Spike se posiciono entre ambas yeguas, quienes aprecian estar cada vez más cerca de un conflicto. Se dijeron muchas cosas, pero la alicornio ahí no les ponía atención, se encontraba demasiado abstraída en su pensamiento. Pero repentinamente el cuerno encendido de Sunset Shimmer se reflejó en sus ojos, y aparto a Spike para ponerse ella en su lugar.
—¡No peleen! —clamó Twilight a viva voz.
Las dos ponies retrocedieron con un sobresalto, sobretodo Winter Snow, quien creyó haber despertado la terrorífica furia de la princesa de la amistad. Twilight hizo un esfuerzo con tranquilizarse y se dispuso a hablar.
—¿Quieres ayudar a Equestria?
—Lo intente, al ir a Targoviste para asesinar a Mefistófeles.
Los ojos de todos los presentes se abrieron en desconcierto.
—¿Lo hiciste? ¿Lograste… eso? —pregunto Spike.
—No, me descubrieron y antes de que me diera cuenta ya estaba rodeada por todos esos nocturnos —reconoció la pegaso—. Pero lo mordí en el cuello, eso debió haberlo desangrado.
—Entonces está muerto —infirió Sunset.
—Pero cerca de él esta Myrrina —señalo Twilight—. La saliva de los sea ponies es poderosamente curativa, al igual que las lágrimas de los fénix.
—Esa hechicera pudo haberme eliminado, pero desapareció cuando estaba más vulnerable, poniendo la responsabilidad de mi muerte en sus subordinados marinos. Si las palabras de su majestad son ciertas, entonces ya sé porque mi huida tuvo relativo éxito. —Winter Snow se inclinó a los cascos de la princesa—. No pude salvarlos a todos, sé que su alegría y simpatía sería mayor de haber podido rescatar más de esos soldados. Cuando veo su rostro, majestad, sé que he fallado estrepitosamente, ya que en sus ojos la duda hacia mí se vislumbra. Quería la cabeza de Mefistófeles para probar a Equestria y sus princesas que pueden confiar en mí, pero no lo he conseguido. Yo vine aquí con intenciones de decirle la verdad, mis labios solo los movería la honestidad una vez que la tuviera en frente, sé de su gran poder, de su prodigiosa naturaleza y sus hazañas ¡Estoy completamente de su lado!
Entonces, Winter beso los cascos de Twilight, como antiguamente se hacía con el fin de obtener algo complicado de las princesas. Sin embargo, la alicornio morada no conocía tal acto solemne, por lo que se sintió un poco incomoda hasta el punto de sonrojarse. Posiciono su casco derecho sobre la cabeza de la pegaso y le pidió que se detuviera y se levantara del suelo.
—Te prometo hacer un esfuerzo, al ver que arriesgaste tu vida con ese propósito. Eso es todo lo que puedo darte. —Twilight miro a su asistente y amiga—. Gracias a ustedes dos por querer ayudarme a asimilar esto, probablemente no me lo hubiera creído de otra manera.
La alicornio comenzó a caminar hacia la salida, seguida por la mirada de los demás ponies.
—¿A dónde vas? —le pregunto Spike.
—Necesito reflexionar un poco a solas —contesto Twilight con sencillez—. ¿Te importaría venir de nuevo al anochecer, Winter Snow? A la hora en que la princesa levanta su astro nocturno.
—¡Así lo haré!
—Bien.
Entonces Twilight abrió la puerta, camino hacía el pasillo, se escuchó el saludo de los guardias y el sonido de sus cascos se fue alejando poco a poco. Spike salió disparado tras ella haciendo caso omiso de su intención de reflexionar a solas, quedando solamente Sunset Shimmer y Winter Snow en la galería esplendida.
—La princesa Celestia sabe la verdad sobre ti, y tienes su apoyo —inquirió la unicornio color miel, a lo que su acompañante asintió—. Esto está muy mal.
Sunset suspiro con pesadez y desapareció en un haz de luz. Winter Snow no sabía cómo definir la dichosa reunión con la princesa, fue un éxito tan relativo como su "triunfo" en Targoviste. De ahí que se sintió con la necesidad de hablar con alguien al respecto, afortunadamente Galvorn y Fírima estaban en la ciudad. Winter se dispuso a marcharse, pero antes de irse le echó un pequeño vistazo a la galería esplendida. En aquel tiempo esto seguía siendo una mera idea, pensó y sonrío.
Winter Snow se dirigió al hospital Heart With Wings, viéndose obligada a usar sus alas ante el inevitable reconocimiento de su rostro en las calles. Eso era lo que quería, la fama, pero los hechos que desembocaron en eso no le gustaban. Los ponies que rescato ya habían demostrado su naturaleza rastrera y miserable, eran inútiles para la causa Equestre, y si bien la veían como una heroína por tal hazaña, a su juicio había arriesgado el trasero por un conjunto de gusanos. Si no van a hacer lo que es necesario quédense en la retaguardia levantando la civilización, pensó ella mientras sobrevolaba una avenida.
—Debí ganar —dijo la pegaso con voz gutural, visualizando el hospital, el cual era un enorme edificio de color blanco de fachada barroca.
¿Acaso el destino había decidido que las cosas resultaran de esa forma? ¿Hasta qué punto sus acciones se desvinculaban de esa supuesta fuerza invisible? Winter consideraba a su carácter tan indómito como su voluntad, luchaba por mantener esa creencia intacta a pesar de que el elemento llamado "destino" representara un letal veneno para sus convicciones. La doctrina era así, no solo un conjunto de ideas, sino un escudo que la protegía de su inclinación por el suicidio. No podía dejar de ser ella, entendiendo estas últimas palabras como una aspiración que logro concretarse, ya que pensaba que antes de concebir las bases sobre las que erigir su obra, era una pony débil y podía volver a serlo si aquellos ideales que la volvieron fuerte, se caían a pedazos. El nuevo presente no resulto tan pacifico como creyó en primera instancia, rebajarse a la debilidad era condenarse a sí misma a la muerte.
Cuando descendió en la entrada del hospital y dio a entender sus intenciones en la recepción, la pony que atendía las consultas le informo que el paciente la había estado esperando. Le dio permiso y señalo la habitación, la cual ya estaba en conocimiento de Winter. Subió muchas escaleras y se detuvo frente a la puerta con la placa doscientos diecisiete, para acto seguido abrir la puerta y encontrarse con su viejo compañero de viaje recostado en la cama, con su hermana mayor sentada a su lado. Se miraron unos segundos, Winter Snow se fijó en la oreja cortada de Galvorn y este levanto un periódico que tenía al alcance, mostrándole la primera plana.
—Pero si es la héroe del momento —articulo suavemente Galvorn, sonriendo, para luego bajar el periódico.
—Espero que las princesas piensen así —comento Winter cerrando la puerta tras de sí.
—No creí que te inclinarías a hacer el bien en este tiempo —infirió Fírima.
—El rescate de esos ponies es insignificante, comparado con la muerte del Conde Mefistófeles —afirmo la pegaso y se dispuso a relatar su experiencia en Targoviste, respondiendo cada una de las intempestivas preguntas que la interrumpían. Winter se abstuvo de revelar la identidad de Geisterritter, por respeto hacia ella, pero la forma sugestiva en que describía al caballero fantasma mientras la ayudaba durante su escape, daba la impresión de que la generalísima sentía afecto por el semental enmascarado. Cuando termino de narrar lo que tuvo lugar en la ciudad del conde, prosiguió con la audiencia real con Twilight Sparkle.
—Ella es la más reciente de las princesas —comento Fírima.
—Si tienes el apoyo de las princesas Celestia y Twilight, entonces la princesa Luna no podrá hacer nada contra ti —inquirió Galvorn—, a menos que la princesa Cadence se ponga del lado de la princesa de la noche.
—Yo soy una súbdita de todas ellas —declaro Winter Snow—. ¡Equestria necesita estar unida si quiere vencer, no es mi intensión dividir a las ponies que encarnan el poder administrativo del reino!
—¿Entonces esto no es parte de ningún plan tuyo? —pregunto con ingenuidad el corcel.
—Quería la potestad de la que antes gozaba, pero planeaba conseguirla por mérito, no con artimañas que signifiquen una Equestria más vulnerable de lo que ya es. Divide y vencerás, esa es una de las mejores maneras de aplastar al enemigo ¡No seré un elemento colateral en beneficio del Conde!
—No insinuaba eso si es lo que piensas —aclaro Galvorn.
—¿Vas a volver a intentarlo? —pregunto Fírima.
—No, no podría intentarlo de nuevo sin Geisterritter —reconoció Winter—, y puede que también necesite un ejército, pero los ponies de la actualidad dejan mucho que desear. Si mis yeguas de hierro estuvieran aquí, sometería a esos traidores nocturnos y los obligaría a arrodillarse frente a la princesa Celestia, para que supliquen su perdón.
—¿Entonces qué vas a hacer ahora? —volvió a preguntar Fírima.
—Primero, los liberare de mi obligada compañía. —Winter dejo sus alforjas en el suelo y comenzó a sacarse la armadura, dejándola en una silla que cercana—. La bastarda hechicera de Mefistófeles agrieto la parte delantera de mi armadura, pero eso no le resta el gran valor que su facultad le otorga. Después de todo, sobreviví.
Galvorn se hallaba estupefacto.
—Segundo —prosiguió ya desnuda—, viajare hacia el este con lo que dispongo, y ya no nos volveremos a ver. Hasta aquí llega nuestro trato.
El corcel se inclinó hacia adelante sobre la cama, de repente la atmosfera pareció ponzoñosa, algo en él se había estremecido, producto de una inquietud insidiosa. La posibilidad de no volverse a ver lo aterraba, durante su estancia en el hospital numerosas intenciones florecieron en su corazón como rosas en primavera, lo que convertía a las palabras de Winter Snow en una arrasadora tormenta.
—No —dijo el corcel con voz pastosa, consiguiendo que la pegaso lo mirara extrañada—, no puedes irte así. Déjame acompañarte.
Fírima se sobresaltó, no pudo permanecer quieta en su asiento así que se levantó.
—Tu no quieres eso —le dijo la pony naranja—, debe ser efecto de la medicina o los hechizos de la princesa Celestia. Quizá nuestra visita a Tuis te dejo un poco mal.
—Tú no puedes acompañarme, eres demasiado débil. Solo me estorbarías —declaro Winter con un semblante gélido.
—Odio admitirlo, pero tiene la razón —admitió Fírima—, estar cerca de ella solo se puede traducir en desastre para ti. No quiero que te lastimes por un impulso estúpido que te dio de repente, por culpa de la morfina.
—¡No estoy bajo el efecto de nada! —exclamo Galvorn, sintiendo un gran dolor en el pecho al levantar la voz—. Quédate la armadura si quieres, pero tienes que dejarme acompañarte.
—Estuve seis años en una guerra sin esa armadura. He tenido oportunidad de ver la capacidad de los unicornios en toda su extensión y aprendido lo que es menester para vencerlos, no la necesito más —dichas estas palabras tomo el cinturón dónde colgaba la funda de su espada, al igual que sus alforjas, para colocárselas—. Ahora si me disculpas, iré a comer disimuladamente flores al parque de aquí cerca, cuando la luna tome lugar en el cielo tengo que asistir a una audiencia con la princesa Twilight.
Winter se giró con dirección hacia la puerta.
—¡No te atrevas a cruzar esa puerta! —le exigió Galvorn.
—Y tú no te atrevas a enfadarme, porque tu hermanita no es lo suficientemente capaz de protegerte de mí, si me enfado.
—No hagas una apuesta incierta —le dijo Fírima, con los nervios tensos como alambres.
—Tu voluntad de sacrificio es admirable.
La pegaso comenzó a caminar, abrió la puerta, miro a los dos hermanos unos segundos y acto seguido se fue por el pasillo. Galvorn veía el futuro esfumarse, así como la tranquilidad de su hermana mayor. El corcel intento levantarse de su cama, quedando a merced de un sufrimiento que estremeció casi todo su cuerpo.
—¡¿A dónde crees que vas?! —pregunto alarmada Fírima, para luego casi perder el equilibrio tratando de alcanzar con uno de sus cascos la silla de ruedas junto al taburete—. Por favor dime que no quieres ir tras ella, por favor.
—Hermana, tu no lo entiendes, no puedo dejar que se vaya ¡No la volveríamos a ver!
—¡Eso no tiene nada de malo! —opino Fírima de manera tajante—. Tenemos la armadura, somos asquerosamente ricos ahora, ¡Eso es lo que queríamos!
—Pero… yo la amo —confeso el semental, apoyando sus cascos delanteros en el respaldo de la silla de ruedas, he intentado sentarse en ella lentamente, a pesar que sus extremidades le temblaban—. Amo a esa maldita desquiciada ¿No lo ves? Si dejo que se vaya, la perderé para siempre.
Fírima retrocedió unos pasos, golpeando con sus cuartos traseros una mesita donde reposaba un masetero. La respiración se le corto unos instantes, presa del más puro estupor. Se sintió casi al borde de las lágrimas y apretó los dientes furiosamente tragándose todas las maldiciones que deseaba escupir. La declaración de su hermano la entristeció, él no sabía lo que era bueno para sí mismo, de lo contrario no diría esas estupideces. Galvorn era un pony listo en muchos aspectos, pero no un pony prudente, cosa que hasta el momento Fírima había logrado compensar con su constante intervención en diversos asuntos. Pero, así como un vaso que se va llenando de agua hasta desbordarse, tenía que haber un punto donde se dijera: Ya no más, es suficiente.
—¿Por qué? —le pregunto la dolida pony terrestre—. ¿Por qué te esfuerzas tanto, en ser el principal responsable de tu desgracia? No hay pony sano, que pueda sentir un sentimiento como el amor, por una yegua como esa. A estas alturas, no creo que sea necesario recordarte quien es Winter Snow y lo que hizo. Incluso si te olvidas de lo que hizo ¿No te das cuenta de lo horrible que es por dentro?
—Fírima, no espero que me entiendas —aclaro el semental logrando sentarse en la silla, respirando con agitación y tratando de ignorar en punzante dolor—. ¿Alguna vez te han dicho lo especial que es cada pony?
—Sí, así nos lo enseñan.
—Pues, yo tengo una idea un poco distinta de eso, yo creo en lo que Winter denomina «el pony masa» —dijo el semental tratándose del relajar un poco—. Las cutie mark pueden representar una individualidad, pero solo eso es solo la mera manifestación de una habilidad. Existe una homogeneidad desde el jardín de infantes hacia adelante, imperceptible, pero que nos marca a todos de una forma o de otra. Esa homogeneidad, es una serie de conductas y pensamientos que mantienen unida a la sociedad, y permiten a los ponies que la han sabido preservarla idílicamente, llevarse mejor entre sí. No obstante, ¿Qué pasa con aquellos cuyas marcas de homogeneidad se han visto debilitadas, o borrado? Pues, son un elemento que no encaja, como una pieza equivocada en un rompecabezas.
—¿Qué tiene que ver todo eso, con esto?
—Desde potro estoy muy cansando, Fírima. Estoy simplemente harto de que todas las yeguas que me encuentro en Equestria sean una copia, en menor o mayor medida, de la pony que tengan al lado. Así mismo con los sementales, que parecen haber sido adiestrados para ser imbéciles. Desde hace muchos años he intento encontrar todas las excepciones posibles, por eso busque a Tuis de nuevo, en cuento tuve los medios propios para hacerlo, ya que estar rodeado de ese tipo de ponies me ayuda a aguantar esta sociedad. Sin embargo, nunca había encontrado una pony que superara todas mis expectativas, en cuento a lo de ser la "excepción" se refiere. Ella viene de una época donde toda esta asquerosidad todavía no daba señales de nacer, está completamente limpia de aquello que me he esforzado por evitar. Winter me inspira, me emociona, no deja de fascinarme aun cuando está a cientos de kilómetros ¡Y no voy a dejar que se aleje de mí!
—¿Yo soy eso para ti? ¿Una pony del montón? —inquirió Fírima, con la mirada evasiva.
—No, claro que no Firi, tu eres mi hermana.
—Pero soy parte de esa cosa que tú odias, ¿No es cierto?
—Yo no he dicho eso.
La pony naranja suspiro.
—Lo siento, hermano. No puedo entenderte, si de verdad quieres arruinar tu vida, no te detendré. —comenzó a caminar hacia la salida sin intensiones de mirar atrás—. Siempre he estado dispuesta a ayudarte, pero no lo haré en esto, no puedo. Lo siento.
—¿A dónde vas?
—Ya lo sabes, todavía estoy pagando la estancia en ese hotel. Es justo que la use.
Fírima se fue, ella se había marchado y no manifestó deseos de volver por su moribundo hermano. Era la primera vez que Galvorn presenciaba una conducta así por parte de su hermana, pero sabía que estaba completamente justificada, por lo que no sintió desdén ni nada parecido, en lugar de eso contemplo la culpa correspondiente, fruto de no haber medido sus palabras, o mejor dicho, no haberlas seleccionado de una manera más meticulosa. Podía empujar la silla de ruedas, pero conllevaba un gran esfuerzo, dejando en evidencia lo dependiente que se había vuelto en su estado actual. No obstante, eso no apagaría la flama de su determinación, empleó toda la fuerza que podía en sus cascos delanteros e hizo la silla avanzar. Cada metro significo un suplicio, pero la idea de no volver a ver a Winter era un escarmiento aun peor. Pidió al hospital que enviaran por correo la armadura a la dirección donde se hospedaba su hermana, lleno todos los papeles de permisos y se marchó lo más rápidamente.
Llego la noche y Winter Snow, cuya visita al palacio ya había sido agendada, se encontraba una vez más en la Galería Esplendida, solo que en esta ocasión era ella la que estaba esperando, y, además, se encontraba completamente sola. La pegaso dio gracias a Celestia de que el salón fuese maravillosamente bello, ya que eso hacía de la espera algo mucho más ameno, fruto del deleite. Quedo prendada especialmente de una pintura, donde se podía apreciar al hechicero Star Swirl el Barbado con expresión noble mirando hacia la nada. A Winter Snow siempre le gusto la capa y sombrero de ese viejo, a pesar de que nunca simpatizo con él, le tenía respeto por sus grandes habilidades mágicas. Siempre tuvo la intuición de que Star Swirl pasaría a la inmortalidad, y no se equivocó. Al cabo de unos minutos las puertas del gran salón se abrieron, entrando Twilight Sparkle, quien de inmediato recibió una reverencia por parte de su invitada. Las puertas se cerraron detrás de la alicornio y por unos instantes reino la quietud.
—Es un honor estar nuevamente frente a usted, princesa de la amistad.
—Se siente un poco extraño decirlo, pero, el honor es mío.
Winter se sintió confundida y extrañada a la vez. Su semblante lo denoto tan bien, que no tuvo que emitir sonido alguno para que Twilight se percatara.
—No puedo ignorar el hecho de que seas una figura histórica tan relevante, por eso es un honor poder hablar contigo —aclaro la princesa, comenzando a caminar por el borde de la alfombra frente a las estatuas, siendo seguida por su invitada—. He leído sobre ti, mucho, sobre todo en las últimas horas. No apruebo en lo más mínimo que hayas querido exterminar a dos pueblos inocentes.
—Yo no intente exterminar a nadie y esas criaturas no tenían nada de inocente, esos libros mienten. Pueden culparme de la guerra si quieren, pero no de un plan para eliminar a dos especies del mapa.
Twilight la miro consternada.
—Sé que existen libros que dicen lo contrario, pero están prohibidos en Equestria ¿Por qué debería creerte?
—Debería hablar con la princesa Celestia sobre eso.
—Quiero hablar contigo sobre eso —recalco Twilight y se detuvo a los pies de una estatua.
—No me creería a menos que lo escuchara de la mismísima princesa Celestia. Me han hecho saber del irrompible lazo que mantiene con la monarca del sol, ella es su maestra mientras que yo soy una pony extraña, que llego hoy a su vida. Le ruego que no hable de esto contigo, y si lo hace con la princesa Celestia, quiero que sepa que no le guardo ningún rencor a sus grandes majestades del día y de la noche. Ya sabrá a que me refiero.
—Tomare tu palabra para esto en específico, pero me tienes que decir con exactitud tus relaciones con las princesas, y lo que vas a hacer desde ahora en adelante.
—La princesa Celestia me apoya, de ahí que siga con vida. No obstante la princesa Luna me detesta, cada una con sus razones válidas, pero eso ya se lo explicara la gran regidora del día. En cuanto a mis intenciones, mi deseo es hacer cuanto esté en mi casco para ayudar al reino, veo un pueblo muy distinto del que conocí y levante, pero siguen siendo ponies y eso a mí me basta. No actuare de manera oficial, ya que eso implicaría darme atributos, cosa que empeoraría aún más mi relación con la princesa Luna. La cabeza de Mefistófeles hubiera dado remedio a la situación que vivo con la princesa de la noche.
—Según tengo entendido, tú fuiste quien dio a Equestria toda la tierra que tiene ahora, a base de expulsar violentamente a los minotauros y los grifos.
Winter asintió con la cabeza.
—Pero si ve un mapa actual, vera cuanto de lo que yo conseguí para el reino, le ha sido regalado a vecinos. La Equestria que yo imaginaba, era un reino autosustentable, con todos los recursos necesarios para erguir aún más la civilización. Imaginara que me sulfuro terriblemente cada vez que estoy frente a un mapa, y veo las montañas o planicies en la que sacrifique miles de soldados, bajo el domino de otra especie. Este enojo no es algo estrictamente ponisonal, sino más bien profesional. Entenderá que como comandante suprema de las fuerzas equestres, dedique muchas horas planeando y organizando esas conquistas.
La princesa trago saliva, sintió un poco de emoción propia de un ratón de biblioteca.
—¿Cómo fue la operación pesuña de hierro?
—Oh, expulsar la influencia grifo en la Equestria de los ponies —recordó Winter sonriendo levemente—. Fue difícil, si, recuerdo que el mayor problema de ejecutar la operación, era que los grupos que quedaban detrás de las fuerzas de avanzada, no siempre tenían éxito a lo largo y ancho de todo el frente de batalla. Vera, cuando se quiere expulsar al enemigo de manera fugaz, es menester un avance rápido y constante, el problema de este tipo de avance es que a veces quedan remanentes y vestigios enemigos en la retaguardia. Ahí es donde entran en movimiento los escuadrones de búsqueda y castigo, cuya misión es ejecutar a estos elementos que pudieran organizar una ofensiva con el apoyo de la población capturada. De no evitarlo, habría lucha en dos flancos al mismo tiempo, y créame que eso es difícil de aguantar y repeler. Perdí batallones enteros producto de algunas de esas fisuras, pero aun así seguí avanzando hasta el fin de la operación, ya que sabía que si me detenía, los grifos prepararían una defensa mucho más efectiva cuando regresara. La confusión, cuando se combina con el miedo, resulta un arma muy útil.
—Suena impresionante —dijo Twilight con un brillo en los ojos—, por cierto, leí tu libro cuando te fuiste ¿Me lo firmarías? No creo que vuelva a tener una oportunidad semejante.
—¡Sería un honor! —exclamo Winter dibujándose una amplia sonrisa en su rostro.
En un haz de luz apareció el libro "Llamas de voluntad", el cual estaba forrado en color dorado. En seguida también apareció una pluma y un tintero. La punta de la pluma se hundió en el oscuro líquido y la portada se abrió en una hoja en blanco. La pegaso tomo la pluma con sus dientes y comenzó a escribir: «Para la princesa de la amistad Twilight Sparkle, que su sabiduría siempre acompañe a los ponies. Atentamente: Winter Snow», se abstuvo de firmar como generalísima, porque ya tenía presente que no lo era.
—Sé que está prohibido, pero duplique ese de la biblioteca del palacio, donde hay otros libros que se supone están igual de prescritos —dichas estas palabras, Twilight desapareció el libro, la pluma y el tintero—. Y dime ¿Cómo planeas ayudar a Equestria?
—Todavía no lo decido, para serle sincera creí que tendría éxito en mi primer intento de ayudar a Equestria. Hay algo que no puedo ignorar en estos momentos, y guarda relación con una de las ponies que más he amado en el mundo, fue casi como mi hija en su momento, Aradia. Fue la capitana de la Guardia Secreta de Equestria, necesito saber que paso con ella.
—La historia dice que Aradia, su aprendiz, enloqueció por completo. Traiciono al reino e intento destruir a Equestria y al reino de los grifos, al mismo tiempo. La batalla en el nido del águila.
—Sí, pero yo creo otra cosa al respecto. Solo me hace falta confirmarla.
Antes de que Twilight pudiera preguntar a qué se refería su invitada, tocaron a la puerta de la galería, a pesar de que había ordenado previamente de que no interrumpieran su reunión. El semblante de Twilight se crispo, solo las princesas Celestia y Luna hubieran podido derogar una indicación dada por ella. De repente parecía como si el color se desprendiera de las cosas ante esa posibilidad, el más puro terror se apodero de la princesa de la amistad, sin que esta pudiera contraponer mucha resistencia, ¿Cómo iba a explicar la presencia de la pegaso aquí? ¿Qué iba a decir? Quizá podía ocultarla, volverla invisible o crear una pared falsa. No, eso no funcionaria, la princesa Luna tiene una sensibilidad especial para con la magia, pensó.
—Princesa Twilight, hay un semental aquí que… parece muy urgido en hablar con su invitada —dijo el guardia real detrás de la puerta.
—Oh, maldita sea —mascullo Winter, llevándose un casco derecho a la frente con fastidio.
—¡Sé que estás ahí, recíbeme! —bramo Galvorn desde el pasillo.
La pegaso apretaba los dientes con transparente furia en su rostro. El deseo indómito de patear a la pequeña rata la invadió como una marea, pero debía comportarse adecuadamente frente a la princesa, ahogando tales impulsos en un pozo de frustración. Twilight, en aras del silencio, decidió hacer pasar al semental, presintiendo a los pocos segundos una trifulca. Galvorn avanzo penosamente con su silla, hasta quedar frente a ambas yeguas. Ahí, inclino solo la cabeza, ya que no sabía si se podría volver a subir a la silla de ruedas si se bajaba de ella.
—Siento mucho la grosera irrupción, princesa de la amistad —se disculpó el corcel—, pero necesito hablar con Winter Snow.
—¿Quién eres?
—Mi nombre es Galvorn, comerciante viajero y acompañante de la antigua generalísima.
Twilight se sobresaltó un poco.
—Así que conoces su verdadera identidad —dijo la alicornio, sonriendo para acto seguido dirigirse a su invitada—. Tienes un compañero de viajes, eso está muy bien.
—No, ya no lo tengo —declaro Winter, y, bruscamente, pateo la silla de ruedas provocando la violenta caída del semental.
La princesa emitió un pequeño chillido producto del susto tan repentino, y retrocedió unos pasos.
—¡¿Qué crees que haces?! —vocifero Twilight.
—Todos, sin excepción, cuando están frente a una de las princesas de Equestria, deben agachar la cabeza hasta que la nariz este a la altura de los cascos. Afortunadamente estoy aquí para que sepas donde está tu lugar, en el suelo. Un pony como tú siempre se quedara ahí, no puedes volar junto a mí en el cielo. Por eso no me puedes acompañar.
Galvorn, arrastrándose lentamente, se acercó a la silla de ruedas e intento levantarla del suelo. Sin embargo, Winter la volvió a patear, chocando contra las puertas de la galería esplendida, quedando con los fierros y ruedas abolladas.
—¡Esto es suficiente! —exclamo la princesa con voz autoritaria.
—¡No, aun no! —le pidió Galvorn, desconcertando, a la vez que confundía a Twilight—. Puede que nunca pueda volar a tu altura, Winter, pero aun así mis ojos nunca dejaran de mirar hacia arriba. Ten por seguro que cuando caigas del cielo, yo estaré ahí para ayudarte a levantarte y que vuelvas a volar.
—No veo como podría ayudarme un animal rastrero.
Todo era una metáfora, pero tanto el semental como la pegaso se entendían perfectamente. Galvorn sabía que si hablaba de una manera convencional, no iba a conseguir que Winter lo comprendiera, mucho menos que le tomara atención. Twilight, quien creía que hablaban de un hecho en concreto donde ella no hizo acto de presencia, hizo todo lo posible para controlar sus impulsos y mantenerse al margen de lo que parecía ser algo ponisonal.
—¿Qué es la voluntad, Winter?
La pony alada sonrío con una pizca de malicia.
—Quieres hablar de la voluntad, bien, te lo diré en resumidas cuentas. Si entendemos que cada ser vivo posee la voluntad de vivir, es decir, la necesidad de continuar en este mundo, entonces podríamos decir que todos los seres tenemos voluntad, cosa que se traduce en instinto de auto-conservamiento. Sin embargo, los que gozamos de racionamiento poseemos una voluntad primaria, diferente, que se expande o contrae acorde al trabajo que empleamos para desarrollarla. Esta voluntad primaria de los seres racionales, apunta y desea naturalmente el mejoramiento y el fortalecimiento del espíritu, cosa que se manifiesta a través del carácter. Esto último es diferente a la voluntad mundana del libre albedrío, que es mutable y depende de múltiples factores externos y terrenales ¡Mientras mayor sea la atadura entre los vehículos de nuestras personalidad y aquello que está más allá del ser, superior será nuestra voluntad primaria!
—¿Tengo esta voluntad primaria?
—Todos los ponies la tienen, pero en algunos es más débil que en otros. Es algo que demanda sacrificio, es un hierro ardiendo que necesita de golpes certeros con el martillo, es un proceso donde se someten y aplastan otras voluntades ¡Tú no has sabido mantenerlo en alto!, por eso nunca te levantaras del suelo y yo seguiré volando.
Intercambiaron una tensa mirada, los ojos de Winter eran desafiantes, mientras que la mirada de Galvorn era indescifrable. El corcel suspiro, miro el suelo y lentamente intento levantarse. A duras penas se podía sostener con sus extremidades traseras, sentía como si los huesos le rechinaran, creando la imagen de que su cuerpo era una maquina oxidada. Estaba al borde de las lágrimas por el dolor, pero no le daría la razón a Winter, ya que eso significaría alejarse de ella ¿Quería verlo sufrir? ¿Quería someter y aplastar su voluntad? Evidentemente la generalísima nunca tomaría en serio a alguien a quien puede destruir.
—Mira, como me levanto —le pidió Galvorn, con su cabeza a la altura del mentón de la pegaso—. Mi voluntad primaria, no es tan débil como piensas.
Winter golpeo con su ala izquierda el rostro del semental, provocando que este se volviera a caer al suelo. Entonces, expuesto como estaba, golpeo al corcel con su extremidad delantera normal, en el estómago provocando un grito de agonía. Galvorn lloro por insoportable dolor que lo invadió.
—¿Qué dijiste? Tendrás que acercarte un poco más a mi oído si quieres que te escuche.
—¡Detente ahora mismo! —ordeno Twilight, encendiendo su cuerpo.
—¡No, por favor, déjela! —suplico Galvorn, desesperando a la princesa con su petición—. Yo puedo levantarme, puedo… hacerlo…
Entonces, sufriendo un martirio aun peor, el corcel volvió a intentar levantarse, esta vez sintiendo como si varios látigos con puntas metálicas lo azotaran. Llego a la altura del hombro de Winter, y se desplomo quejumbrosamente hasta golpearse la mandíbula contra la alfombra. El corcel miro hacia abajo, y a pesar de su deplorable estado, se sintió mal por haber ensuciado la alfombra con un par de gotas de su sangre. La galería esplendida era un salón milenario, cada objeto ahí tenía un valor exorbitante ¡Y él había osado mancillar uno de esos objetos!, por unos instantes se creyó merecedor del odio de toda la realeza. Galvorn aguanto un poco la respiración y volvió a insistirle a sus músculos que se movieran, reanudando su intento de levantarse.
—Te voy a acompañar, aunque sea lo último que haga, porque esa es mi voluntad —declaro Galvorn—. ¿Me vas a golpear hasta matarme? Porque muerto podrás hacer que mi cuerpo desista, pero no mi espíritu.
Winter Snow abrió los ojos impresionada, al mismo tiempo en que el semental volvía a alcanzar su mentón. La desafiante actitud de Galvorn, represento un verdadero paso hacia adelante frente a los ojos de la generalísima. El corcel empleó el resto de sus fuerzas en alcanzar la oreja de Winter, y poder decirle de manera firme y determinada sus palabras.
—Te voy a acompañar.
—¿Por qué? ¿Qué rayos quieres de mí?
—Ya te lo dije, solo quiero seguirte —dichas estas palabras, Galvorn regreso al suelo, esta vez desmayado por el dolor.
Ante estas circunstancias, Twilight no resistió el acto de socorrer al semental.
—Si Fírima estuviera cerca, este tipo de cosas no pasaría —comento Winter, sorprendiéndose de que echara en falta a la pony naranja.
—Por Celestia, eso fue horrible ¿Cómo pudiste hacerle esto a tu amigo?
—Él no es mi amigo —aclaro la pegaso, manteniendo un expresión rígida.
La enfermería del palacio se puso a disposición de Galvorn por órdenes de Twilight Sparkle. Ahí, la princesa pidió el privilegio del secretismo, una facultad exclusiva de las princesas, que les permitía decidir que podía ser secreto y que no. Esta facultad solo podía ser rota por otra princesa, quien tenía que preguntar de manera muy específica para saber aquello que supuestamente ignora. Winter Snow y Twilight caminaron por uno de los jardines exteriores del palacio, elegido en particular por las pocas visitas que recibía de las princesas Celestia y Luna. Ahí, se podían apreciar algunos arbustos con formas animales, como elefantes y conejos. También se podían distinguir huertos de flores, pero no una fuente de agua o pequeño estanque de agua como en el resto de los jardines, gozando de un espacio idóneo para estatuas. El silencio nocturno y las palabras de Twilight hicieron reflexionar a Winter, quien tuvo que admitir el hecho de que se le había pasado el casco con el moribundo Galvorn. Sin embargo, este reconocimiento lo hizo en un tono de voz que no denotaba arrepentimiento, como quien se come un postre que no le correspondía, dando una imagen muy altanera de sí misma. Era evidente que ambas ponies juzgaban el mismo hecho desde perspectivas completamente dispares, pero la diferencia elemental del asunto, era que solo una de ellas comprendía el punto de vista de la otra, y esa era Winter Snow. Twilight Sparkle, como princesa de la amistad que era, repudiaba tal muestra de discordia entre dos ponies, ya que podía desembocar en una ruptura o destrucción de la fraternidad que tanto se esforzaba en promover. Pero por otro lado ¿El conflicto solo puede derivar en algo negativo como eso?, Winter pensaba que había una gran cantidad de circunstancias con sabor amargo, que podían desembocar en algo bueno, por ejemplo las experiencias desagradables y crueles que endurecen el carácter. Galvorn quería demostrar un punto, lo que correspondía era demostrar cuanto creía en sus palabras, y así lo hizo hasta vaciar todas sus fuerzas.
—Llevare al idiota conmigo —comento Winter repentinamente—, cuando despierte por favor dígale que regrese al hotel, él entenderá.
—No creo que se encuentre en el estado adecuado para hacer eso ahora —opino Twilight.
—Entonces disfrutare viendo hasta donde puede seguirme.
La princesa suspiro, inclinándose por una decisión apresurada.
—Tengo algunos hechizos médicos que lo pueden hacer caminar normalmente, pero bajo efectos muy tortuosos que solo un gran mago unicornio puede contrarrestar. Si te parece bien, se los ofreceré.
—Sera su decisión, no la mía. Quien no da nada, nada obtiene.
Un pensamiento relampagueante llego a la cabeza de Twilight. Desde el medio día una pregunta se había quedado en su cabeza sin responder, y ahora, era momento de hacerla.
—¿Dónde está Honey Drop?
Winter la miro confundida.
—Nunca he oído ese nombre ¿Quién es Honey Drop?
—El agente fiel a la corona que te trajo hasta aquí desde Villa Salmón —le respondió Twilight como si se tratara de algo obvio—. A ella le di la orden de traerte en globo.
—Quien me trajo en globo se llamaba Remy —contesto Winter sintiendo un escalofrío en la espina dorsal—. Unicornio, pelaje café, melena negra, ojos azules… Remy.
—En Villa Salmón no hay ningún agente de la corona con ese nombre. El único unicornio servidor de las princesas ahí era el capitán Svart Blood, pero él no sabía manejar globos aerostáticos, así que le encomendé la misión a Honey Drop, una pony terrestre de pelaje amarillo, melena verde y ojos celestes, según su ficha de la milicia.
«No debería pedirle cosas, con tanta ligereza, a una completa desconocida. Esos objetos podrían tener vicios ocultos»
—¿Con quién rayos viaje hasta Canterlot?
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La "Galería Esplendida" esta basada en la Galería de los Espejos del palacio de Versalles (Francia).
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