Y llorar…

No sirve de nada ahora que te perdí

Me perdí buscando ese lugar,

Todo por tratar de demostrar,

Olvidé que sin tu amor no valgo nada,

Y tomé una vuelta equivocada.

Harry terminó de hablar, para este momento Hermione sentía que hiperventilaba; además estaba ese extraño escozor en sus pupilas marrones, como si repentinamente tuviera enormes deseos de llorar pero sus ojos estuvieran rehusándose a dejar a las lágrimas brotar. Balbuceó, tratando de dar una respuesta a las palabras que él acababa de decirle, sin embargo ni siquiera podía asimilarlas del todo… Sus pensamientos se habían convertido en un caos total, al igual que sus emociones; e incluso sus propias reacciones estaban involucradas… De lo único que tal vez era consciente era de que los ojos de Harry estaban fijos en los de ella…

Inhaló aire con profundidad, intentando recobrar el control de sí, movió los labios nuevamente tratando de decirle algo, pero antes de que pudiera pronunciar palabra alguna se vio sorprendida por unos fuertes brazos que se deslizaron suavemente por su cintura y la abrazaron firmemente; haciéndola perder el aliento una vez más…

Me quedé sin movimiento,

Sin saber por dónde regresar,

Lleno de remordimiento.

Dejándote detrás, fingí ser alguien más…

- ¡Ya te extrañaba, mi fresita! - susurró en su oído Draco, luego deslizó sus labios y le dio una pequeña y traviesa mordida en el borde de su mejilla derecha. Hermione se estremeció, aquel gesto era un acostumbrado juego entre los dos, sin embargo inexplicablemente le había desagradado en esta ocasión.

- ¡Buenas tardes, Potter! - saludó el rubio, como si apenas reparara en que Harry estaba justo frente a ellos; no obstante su sonrisa de suficiencia dejaba claro que no era así. El ojiverde se había quedado paralizado, sintiendo un maldito Déjà vu de la mañana anterior.

- O mejor dicho… ¡Buenas noches! - corrigió sarcástico Draco; observando que el cielo era una mezcla de colores rojizos, violetas y azules. Hermione pegó un respingo, pero Harry entornó sus ojos peligrosamente como respuesta; Draco en cambio fingió pasar desapercibidas estas reacciones.

- Agradezco que te hayas tomado la molestia de acompañarlas hasta acá… ¡Estas mujeres son mi vida! - exclamó a continuación el rubio, esta vez recargando su barbilla sobre el hombro de Hermione, a quien continuaba manteniendo abrazada. Harry lo miró con profundo rencor, también para él London y Hermione eran su vida.

- ¡Tuve un día muy intranquilo por no estar con ellas! - añadió con tono de sufrimiento Draco. Los ojos esmeraldas lo estaban fulminando; Hermione desde hacía rato se mordía el labio inferior con bastante fuerza, tanta que en ese momento percibió en su boca el sabor salado-dulzón de la sangre.

- Bueno, Potter… - comenzó el rubio, de un modo como si indicara que estaba despidiéndolo; su tono había sido aparentemente cortés y sin embargo había arrastrado de sobremanera las palabras.

- Nos vemos mañana, Harry… London estará lista a las nueve - intervino apurada Hermione, deshaciéndose rápidamente de los brazos de Draco y caminando hacia la puerta de la casa.

- Yo no lo estaba despidiendo… Creí que le gustaría quedarse a cenar, así podría pasar un poco más de tiempo con London - terció Draco aparentemente sorprendido, viendo primero a Hermione y luego regresando a ver al ojiverde. La castaña lo miraba estupefacta, y Harry con recelo.

- Pero creo que debes estar ansioso por ver a tu prometida… ¿verdad, Potter? - se dirigió a Harry, cuyos ojos esmeraldas lo asesinaron con la mirada, los grises en cambio tenían un brillo malicioso. - Digo, ya pasaste todo el día sin estar con ella… ¡Y te juro que te entiendo! Para mí hoy fue un día muylargo sin mi esposa - subrayó el rubio, y volteó a ver a Hermione, alzando su mano para tomar la de ella; Hermione compuso una expresión bastante incómoda. - Por cierto, salúdame a Ginevra… Dile que a partir de este lunes mi esposa tendrá las mañanas libres para poder cumplir con sus deberes deDama de Honor - añadió con un tonito burlón Draco. Los ojos marrones se dilataron, y los esmeraldas lo miraron con el más intenso odio.

Y llorar, y llorar, y llorar

No sirve de nada ahora que te perdí

Te quiero recuperar

Ven sálvame, despiértame, rescátame

Del sufrimiento…

- ¡No tenías por qué ser tan desagradable! - exclamó enojada la castaña, soltándose bruscamente de la mano de Draco. Acababan de entrar a la casa y caminaban por el vestíbulo.

- ¿De qué hablas? - inquirió aparentemente desconcertado el rubio.

- De tu comportamiento con Harry - señaló obvia Hermione, lanzándole una mirada enfadada.

- ¡Ah! Estás molesta porque según yo me comporté desagradable con Potter - terció viéndola extrañado, como si la castaña le estuviese jugando una mala broma.

- No es según yo… ¡Lo fuiste, Draco! - sentenció indignada Hermione.

- Si hubiese querido ser desagradable, le hubiera reclamado que pasó todo el día con mi esposa y mi hija - refutó irónico Draco, apretando los dientes.

- No fue todo el día… Apenas son las... ocho - rebatió Hermione, sin embargo al comprobar la hora en su reloj se tuvo que morder los labios; los ojos grises la miraron con sarcasmo.

- ¡Pero no desvíes el tema! Tu comportamiento no me gustó en lo absoluto… Me recordó mucho al Draco malintencionado que conocí en Hogwarts - concluyó con tono de decepción Hermione.

- ¿Me dirás entonces que ahora esperas que empiece a insultarte? - inquirió dolido el rubio.

- ¡Draco, por favor! - exclamó exasperada la castaña, caminando más aprisa, casi a zancadas.

- ¡No! Por favor tú, Hermione - Draco la detenía y la tomaba por los hombros, haciéndola que lo mirara a los ojos. - Me puedes decir exactamente… ¿Cuál fue la mala intención que hubo en mis palabras? Si sólo intenté ser educado… Lo estaba invitando a cenar, pero supuse que moría de ansias por ver a su prometida… A la cual le envié saludos y le dije que le avisara que ya ibas a poder cumplir con tus deberes de Dama de Honor. Que si mal no recuerdo fuiste la que se comprometió a ayudarla con todo ese lío de planear su boda - espetó irritado el rubio.

- ¡Es que para empezar no tenías que mencionársela! - gritó desesperada Hermione.

- ¿Y por qué no? Si es el amor de su vida - ironizó Draco, mirándola sin comprender dónde estaba el problema. Hermione sintió una fuerte punzada en el corazón al escucharlo, e inconscientemente se apartó de él como si hubiese recibido una descarga eléctrica. - ¡Porque Harry y Ginny se pelearon! - exclamó la castaña, alzando la voz nuevamente; disfrazando su afectación con su enojo.

- ¡Y cómo diantres iba yo a saberlo! - se defendió Draco. - Si me quedé con que estaban más enamorados que nunca - subrayó con sarcasmo. Los ojos marrones lo fulminaron pero justo en ese momento del comedor venían corriendo London y París.

- ¡Papi!, ¡Mami! - gritó alegre la pequeña rubia, saltando hacia los brazos de su padre.

- ¡Hola, hermosa! - exclamó Draco, cargándola y besándola en la mejilla.

- Mami, a París le encantó la sorpresa que le traje… ¡Harry tenía razón! - dijo contenta London, abrazándose a la cintura de su madre.

- ¡Qué bueno, princesa! - Hermione le sonrió a su hija mientras le acariciaba su pequeña barbilla, sin embargo repentinamente se había puesto nerviosa pues sentía los ojos grises de Draco clavados en ella. Afortunadamente del comedor también salía Nymphadora, y los cuatro regresaron a verla.

- ¡Apúrense chicos, si no se quedan sin cena! - les avisó con una sonrisa burlona.

Tengo la esperanza que el dolor,

Cambie y se transforme en tu perdón.

Navegar en un mar sin fantasmas,

Y la luz de tu amor sea mi mapa.

Harry se apareció justo frente a la puerta de su departamento, aún estaba un poco alterado por los actos "inconscientes" de Ginny y Draco, que fueron una tentativa para arruinar su tarde; sin embargo él no dejaría que nada de eso ensombreciera la dicha que sentía por el día tan hermoso que había pasado con London… - Y con Hermione - susurró una vocecita en su cabeza,haciéndolo luchar consigo mismo; estaba tan ensimismado que pegó tremendo brinco cuando sintió un moderado puñetazo en la espalda.

- ¡Hola, dañado! - saludó con un tono burlón la voz del pelirrojo.

- ¡Deja de hacer eso, un día vas a provocarme un infarto! - reclamó enfadado el ojiverde.

- ¡Así traerás la conciencia! - se carcajeó Ron.

- O tú terminarás en San Mugo - añadió sarcástico Harry, regresando a verlo con advertencia. El pelirrojo rodó sus ojos: ¡Mejor apúrate a abrir, hombre! Sirve que me invitas una cerveza muggle, mientras me cuentas qué tal estuvo tu día - lo apremió, Harry le volvió a lanzar una amenazante mirada.

Minutos más tarde Harry le entregó una cerveza a Ron, y ambos se sentaron en los sofás de la sala.

- ¡Ya, cuenta! - lo presionó con impaciencia el pelirrojo, dando un trago a su bebida.

- ¿Qué quieres que te diga? Si Luna ya debió habértelo contado, ¿no? Por eso estás aquí - ironizó el ojiverde.

- Bueno, me contó desde que se encontró contigo en el parque de aquí enfrente, hasta que London, Hermione y tú… dejaron la casa de tus suegros - reconoció sin pizca de vergüenza el pelirrojo. Harry no pudo evitar sentir cierto regocijo al escuchar a su amigo decirle "tus suegros"

- Pero esa es sólo la primera parte, por eso es que te estoy preguntado… ¡dah! - Ron volvió a rodar los ojos con impaciencia.

- ¿No te lo imaginas? - terció sarcástico Harry. Ron se llevó la mano a su barbilla y compuso una expresión de estar reflexionando: Supongo que las cosas debieron ir muy bien… Porque por lo que me enteré Hermione te propuso que volvieran a ser amigos, así que debió de tratarte mejor que las anteriores veces que se han visto ¿no? - expuso con una sonrisa socarrona, y sus ojos azules tuvieron el mismo brillo.

- Veo que cuando dices: "Luna me contó" Te refieres hasta el más mínimo detalle - subrayó irónico Harry.

- Tampoco es que Luna se haya dado cuenta de qué cara puso Hermione… ¡Y la que tenías tú!... mientras retomaban su "amistad" - negó Ron, aunque sonriendo más burlón; tomando otro trago de su cerveza.

- Pues… ¡Sólo eso le faltó! - el ojiverde alzó las cejas y acentuó sarcástico.

- No lo digas con ese tono, como si mi esposa fuera una chismosa - le reclamó Ron, lanzándole una resentida mirada mientras ponía bruscamente su bebida sobre la mesita de centro. - Ella sólo estaba cerciorándose de que las cosas no fuesen a terminar mal, por el bien de London - la defendió indignado el pelirrojo, Harry hizo una mueca sarcástica.

- Para que te lo sepas, Luna y yo… ¡Estamos muy preocupados por nuestra ahijada! - remarcó Ron, mirándolo como si lo reprendiera.

- ¿Por qué? - inquirió ceñudo el ojiverde.

- ¡Idiota! Estábamos esperando que este día resultara, porque la felicidad de London depende completamente del que Hermione y tú se traten decentemente. Ella no puede pasársela en medio de sus pleitos, y ese caprichoso rencor que sienten uno por el otro, y al que ambos se aferran… ¡Cuando realmente se están muriendo de amor! - exclamó exasperado Ron. Harry lo miró sorprendido, pero cuando finalizó le lanzó una peligrosa mirada.

- Lo que me recuerda que es parte esencial de lo que vine a escuchar… Así que, te preguntaré por enésima vez… ¿Por fin le has confesado a Hermione que la amas? ¿O bueno, mínimo le dejaste ver un poco de ese amor que sientes por ella? - continuó el pelirrojo, sin intimidarse por aquella mirada asesina con la que lo veía su amigo.

- ¡¿Qué?! ¡¿Y cómo rayos se supone que yo le diga que la amo?! - exclamó alterado Harry, poniéndose de pie repentinamente; en el interior de su mente trataba de olvidar que aquella misma mañana había estado a punto de decirle a Hermione lo que había sido de su vida sin ella, y por consiguiente lo más seguro es que terminaría por confesarle los sentimientos que desde hacía años tenía por ella. Y que después de la interrupción de London fue la misma Hermione quien evitó que aquel impulso continuara.

- Pues así, ¡So bobo!… Que le digas que la amas… Que todo este tiempo lo has hecho… ¡Y que ya no puedes soportar un segundo más sin ella! - señaló el pelirrojo, utilizando un tonito dramático que sólo consiguió hacer enojar más el ojiverde.

- Te recuerdo que Hermione es una mujer casada. Y lo que yo tengo que hacer… ¡Es aprender a vivir con eso! - subrayó irritado Harry, pero al decirlo sintió que algo en su interior ardía.

- ¡Patrañas! Ella no es una mujer casada - refutó el pelirrojo.

- Ron, yo vi la fotografía de su boda en casa de sus padres - dijo apretando los dientes Harry, mencionar esto lo hizo sentir nuevamente aquel doloroso ardor en las venas y en el corazón; sus pupilas esmeraldas se habían llenado de lágrimas así que desvió su mirada para evitar que su amigo comentara algo al respecto.

- De acuerdo… Tal vez hayan hecho la Gran Fiesta… - suspiró rodando los ojos el pelirrojo, que aunque se había percatado de la reacción de su amigo fingió no darse cuenta. - Pero eso no significa que estén casados realmente - al escucharlo Harry regresó a verlo tan rápidamente que sintió que se había hecho daño en el cuello, pero lo que había dicho su amigo era de su interés absoluto así que ignoró el malestar.

- Luna me dijo que cuando Draco huyó de su padre, se quedó completamente sin nada… Ni un knut partido por la mitad… Fueron Nymphadora y Remus los que costearon su regreso a Hogwarts en séptimo grado… - comentó Ron.

- ¿Eso qué tiene qué ver con…? - inquirió desconcertado el ojiverde.

- ¡Déjame continuar, por Merlín! - Ron le lanzó una mirada crispada a su amigo, Harry le lanzó una de disgusto.

- Para cuando Hermione se marchó con él, pues Draco volvió a quedarse sin dinero… Y esta vez fueron los padres de Hermione quienes cubrieron los gastos de los dos; y luego de los tres, cuando London nació. Y según Luna, los Granger siempre han tenido una buena posición económica en el mundo muggle, y muchos contactos… Ellos los ayudaron a conseguir identidades falsas para Draco y Hermione, con supuestos estudios y todo el rollo. Fue así que se establecieron en Boston, y consiguieron empleos muggles… - continuó el pelirrojo. - Y así se casaron, con esos nombres falsos. ¿Entendiste o tu inteligencia sigue dormida? - concluyó con tono irónico Ron, el ojiverde lo miró resentido; más sin embargo en su fuero interno no podía negarse que comenzaba a invadirlo una extraña emoción, ascendiendo por sus venas tan rápidamente como la leche cuando está hirviendo.

- Hermione no está casada - musitó Harry, y se sorprendió que su voz sonara exultante. - Oh bueno… No con su verdadero nombre - corrigió, con las pupilas brillándole.

- Así es - corroboró Ron, sonriendo por la expresión entusiasmada que tenía su amigo.

- Pero eso no cambia que ella sigue siendo su mujer… Y la madre de sus hijos - concluyó con tono desilusionado Harry, y la felicidad en su interior se esfumó como si hubiese sido un globo que acababan de pinchar.

- ¿Cómo que no cambia nada? Y te recuerdo que también es la madre de tu hija - rebatió el pelirrojo, fastidiado porque Harry había retomado su pesimismo.

- ¡No, Ron! Las cosas siguen siendo exactamente igual... Incluso tal vez peor… ¡Y sea como sea, yo nunca podré decirle a Hermione que la amo! - impugnó Harry, cuyos ojos se habían llenado de lágrimas nuevamente, y vuelto rojizos por estarlas conteniendo.

- ¡Pues claro que no, si sigues portándote cobarde! - reprochó Ron.

- ¡Porque no lo soy! - gritó Harry, sus ojos esmeraldas se entornaron y clavaron en el pelirrojo como si quisiera aniquilarlo con la mirada. - O mejor dicho, porque no volveré a serlo con Hermione… Es por eso que tengo que callarme lo que siento por ella… ¡Se lo debo! - sentenció el ojiverde, las lágrimas por fin habían vencido y se precipitaban una por una por sus acaloradas mejillas.

- ¡¿De qué estás hablando?! - los ojos azules de Ron lo miraban como si su amigo se hubiese vuelto loco.

- De que el amor que Hermione sintió por mí durante nuestros años en Hogwarts, la hizo sufrir… Y después de la noche en que me entregó ese amor, yo la hice sufrir… ¡Y si se fue de mi vida fue precisamente para que yo no siguiera arruinando la suya! Porque lejos de mí pudo volver a ser feliz… ¡Aunque me reviente en el alma que haya encontrado su felicidad al lado de Draco Malfoy! - cada palabra le había dejado una herida en los labios; en primera por el dolor de haberle hecho daño a Hermione, y las últimas por el dolor de haberla perdido. Harry miraba a Ron como si su amigo no pudiese comprender que él no podía hacer otra cosa que resignarse a las consecuencias de sus propios errores.

- ¡Qué diantres! Sé muy bien que Hermione sufrió por el amor en silencio que sentía por ti, y también sé que después de que encargaron a London… la lastimaste mucho. Viví la historia de cerca - recordó con ironía el pelirrojo; sin embargo miraba al ojiverde como si éste fuera el que no entendía que estaba cometiendo un error más.

- Entonces ya, déjame aceptar que… Este amor que siento por Hermione debe quedarse guardado… Junto con todo el dolor que le hice pasar, y el que pasé por su ausencia y la de London… ¡Ambos lo prometimos, vamos a dar todo para que esta amistad funcione, vamos a comenzar de nuevo! - vociferó desesperado Harry. Ron lo quedó viendo con cansancio, luego rodó los ojos.

- ¡Eres tan terco!… Entiendo que vayan a tratar de ser amigos por el bienestar de London… Lo han repetido tanto, que a estas alturas igual y ya lo aplican en serio - acentuó con sarcasmo el pelirrojo, Harry le lanzó una ácida mirada.

- Y también entiendo que quieran dejar atrás todo su dolor… ¡Me parece estupendo! - prosiguió Ron, el ojiverde había dejado de ver a su amigo y miraba hacia un punto en el ventanal del salón, aunque en realidad tenía los pensamientos perdidos en un par de ojos marrones.

- Sólo una observación… Y es que lo que estás haciendo es como si te estuvieras castigando, como si ahora fueras tú el que debe sufrir amándola en silencio - añadió negando el pelirrojo.

- Ronald - gruñó Harry, regresando de golpe a la conversación, fulminando con la mirada a su amigo.

- Pero hombre, si las cosas van a tomar ese rumbo… quizás Hermione se vuelva a enamorar de ti… Digo, antes también empezaron siendo amigos… ¡Y mira que el resultado fue una hermosa niña que se llama London! - concluyó con socarrona intención Ron, entonces volvió a tomar su cerveza de la mesita y se recargó en el sofá.

- ¡Basta, Ronald! - Harry alzó la voz, mirando peor que hacía unos instantes a su amigo.

- Bueno, allá tú… Si crees que de esa forma vas a redimirte y ser digno de su amor - agregó sin intimidarse Ron, dando un trago a su bebida.

- ¿No lo entiendes?… ¡A lo único que puedo aspirar de Hermione es a su perdón! - exclamó Harry, no obstante esta vez su voz fue de profunda tristeza; dejándose caer de nuevo en el sillón.

- ¡Y dale con hacerte el mártir! - Ron rodó los ojos con exasperación. - Pero por hoy no me quedaré a verte sufrir, ayer vi suficiente - gruñó, poniéndose de pie un poco teatral. Harry le lanzó una mirada de resentimiento. El pelirrojo comenzó a caminar hacia la salida, pero antes de alcanzar los escalones que llevaban a la puerta regresó a ver a su amigo: ¿Y mañana ya podrás contarme cómo te fue hoy con London? - inquirió indignado. El ojiverde fue quien rodó los ojos en esta ocasión.

- Tal vez mañana ya haya algo más que contar - terció con intriga Harry. Los ojos azules de Ron se abrieron sorprendidos: ¡Por Merlín! ¡¿Hermione te dejó que la veas mañana?! - saltó, regresando a su asiento tan rápido que parecía que había volado.

- Está bien, puedo ignorar tu faceta de mártir - suspiró resignado el pelirrojo. - Me quedo para que me cuentes - dijo, acomodándose en el sofá; Harry alzó las cejas viéndolo con desagrado.

Juro que es verdad, no miento

Que mi voluntad, es el cambiar

Pero sola yo no puedo

No sé cómo lograr, mi alma reparar

Después de la cena Draco y Hermione llevaron a su habitación a London y a París; la pequeña rubia se había quedado profundamente dormida en brazos de su padre mientras subían las escaleras, y la pequeña castaña le hizo compañía a su hermana apenas su madre la acomodó en su cama.

Cuando la castaña y el rubio entraron en su habitación, Draco comenzó a desabotonarse la camisa de una manera brusca, tanto como lo era su respiración; mientras sus ojos grises parecían hacer un descomunal esfuerzo para no regresar a ver a Hermione y mostrarle la rabia que lo estaba consumiendo por dentro. Hermione en tanto se dirigió hasta la cama para tomar la pijama de seda color beige que estaba debajo de su almohada, actuando con la mayor normalidad posible… pero en su interior sabía que no podría continuar manteniendo aquella delgada y tensa línea que los separaba de una nueva discusión, o mejor dicho, de la continuación de su discusión anterior; la cual habían interrumpido sus hijas y Nymphadora.

- Creo que no tendría ningún caso preguntarte cómo te fue con Potter… ¿cierto? - terció Draco, acercándose a la cama. - Porque para empezar cuando los encontré se miraban de un modo tan…amistoso - ironizó, mientras tomaba la almohada que estaba de su lado; no obstante continuaba sin mirar a Hermione a la cara.

- Draco… - musitó sin aliento y con los ojos dilatados la castaña.

- No, espera… Luego la forma en la que me reprendiste porque según , fui desagradable con él. Con eso me quedó claro que han vuelto a ser amigos… Como me dijiste anoche que tratarías de serlo - continuó, apretando los dientes; fingiendo acomodar el lugar donde iba a dormir. - Sólo no me esperaba que su amistad se fuese a recuperar tan rápidamente… Tanto, que pasaran el día juntos, paseando en un centro comercial - por fin estalló Draco, regresando a ver a los ojos a Hermione.

- Sólo fuimos a comprar los útiles escolares que London necesitará para el colegio - exclamó sorprendida la castaña.

- Sí, claro… Es algo que no podrías haber hecho conmigo - el rubio soltó una risilla sarcástica, haciendo que los ojos marrones lo vieran indignados.

- Draco, no entiendo por qué estás tan enojado… Si anoche mismo me dijiste que estabas de acuerdo en lo que yo decidiera sobre lo que Harry podría involucrarse tratándose de London - le recordó Hermione, aunque con un modo de reproche que alteró más al rubio.

- Recuerdo perfectamente lo que dije… ¿Aunque qué más daba si yo estaba de acuerdo o no? ¡Al final de cuentas me estás demostrando que en las decisiones que tomas respecto a él y su relación con London, no necesitas de mi aprobación! - gritó Draco, aventando violentamente la almohada a la cama. Hermione se sobresaltó y retrocedió instintivamente.

- ¡Draco, qué rayos te pasa! - respingó la castaña, viéndolo como si lo desconociera; el corazón comenzó a latirle aceleradamente, y en su fuero interno debía reconocer que la actitud de Draco comenzaba a asustarla. Los ojos grises se oscurecieron y se entornaron clavándose en ella: Me pasa que no puedo creer la forma tan rápida en la que estás volviendo a confiar en Potter. Cuando me dijiste que intentarías volver a llevarte con él… Creí que te referías a ser lo necesariamente amable por el bienestar de London - espetó el rubio, respirando con brusquedad. Hermione tenía los ojos muy abiertos y lo miraba de una forma escéptica.

- ¡En serio no lo entiendo! Porque después de lo que hablamos el otro día pensé que estábamos de acuerdo en que íbamos a ser cautelosos con él, por lo que podría estar planeando en nuestra contra - continuó Draco, esta vez viéndola de una forma que a Hermione le pareció acusadora; pero que consiguió una reacción contraria en ella, pues en vez de sentirse culpable la hizo ponerse furiosa.

- ¡Ah!… Ya sé hacia dónde vas… Y de una vez te digo que te detengas, Draco. Porque Harry no está intentando nada… ¡Él sólo quiere estar con London! Y para tu información él aceptó mis términos, sin objeciones. Y ahora que estoy tranquila respecto a eso… ¡No me interesa escuchar hipótesis de estúpidos planes de venganza, que por supuesto Harry no tiene! - exclamó Hermione, fulminándolo con la mirada.

- Lo dices tan segura - dijo mirándola consternado.

- De algo sirvió que pasara el día entero con él - ironizó Hermione. Los ojos grises se abrieron impactados: ¿Me vas a decir que un día te bastó para que volvieras a confiar ciegamente en Potter, después de todo lo que él te ha hecho? - terció indignado Draco, Hermione rodó los ojos fastidiada.

- ¿Y se puede saber exactamente qué te dijo esta vez San Potter? - inquirió el rubio, y aunque trató de sonar sarcástico su voz reveló que aquel gesto de Hermione le había afectado.

- Lo único que necesitaba escuchar… ¡Que ama a London por sobre todo! - respondió con firmeza Hermione, cruzándose de brazos y viéndole altanera.

- ¿Ah sí?… ¿Incluso por sobre su novia? - rió cáustico Draco, y sus ojos grises tuvieron un brillo triunfal. Las pupilas marrones se dilataron, y Hermione sintió como si agujas de hielo se acabaran de clavar en su corazón. No obstante la sangre en sus venas había comenzado a hervir, así que el sentimiento la impulsó a responderle.

- Escúchame bien, Draco… Pasé cinco años temiendo el día en que Harry nos encontrara y me arrebatara a mi hija… Que ahora que él entró en su vida, y está demostrando que sólo quiere poder amarla… No voy a seguir viviendo con ese miedo… ¡Hay algo mucho más grave de lo que preocuparme, Malfoy! - vociferó Hermione, apretando los dientes; las lágrimas se habían acumulado rápidamente en sus ojos.

- ¿Cómo… me llamaste? - masculló sin aliento Draco. Hermione en cambio respiraba con violencia, y su mirada continuaba aniquilándolo.

- No, si hay otra cosa que me queda clara… Y es que en serio tienes regresiones de nuestras vidas en el colegio. Sólo tengo una duda… Si para ti yo he vuelto a ser el desagradable Malfoy, y él ha vuelto a ser San Potter… Y si de mí estás esperando lo peor… ¿Qué esperas de él entonces? - terció mordaz el rubio, cuya gris mirada se había vuelto gélida; mientras que su mandíbula estaba fuertemente apretada.

- ¡¿Qué?! - chilló la castaña, mientras sentía que respirar se volvía una acción difícil; la última frase pronunciada por Draco había sido para ella como si le hubiese aventado encima una cubeta de agua helada.

- Bueno, yo sólo espero… Que San Potter no te vuelva a decepcionar - espetó a continuación Draco, subrayando con resentimiento cada palabra. - Aunque viniendo de él, ya debes estar acostumbrada- añadió, lanzándole una última mirada llena de desilusión.

- Draco… - musitó la castaña, él ya no volteó a verla y se dirigió a zancadas hacia la entrada de la habitación, luego salió dando un portazo.

Y llorar, y llorar, y llorar

No sirve denada ahora que te perdí

Te quiero recuperar

Ven sálvame, despiértame, rescátame

Del sufrimiento…

Hermione se quedó viendo la puerta, mientras caía de rodillas en el alfombrado piso; abrazándose con fuerza a sí misma… Sentía cómo las lágrimas resbalaban aprisa por sus mejillas… Cerró sus ojos y apretó sus párpados, quizás con la intención de aminorar su llanto… Apenas su visión quedó a oscuras, en el fuero interno de su mente apareció una mirada color esmeralda… Alarmada abrió los ojos de golpe, sin embargo aquella verde mirada continuaba frente a ella, brillando como un letrero de luces neón; entonces el recuerdo de lo acontecido aquella misma tarde colisionó en su mente…

- No, es que quizás no lo entiendas pero… Cada momento que paso con mi hija es el mejor de mi vida - declaró Harry, y ella aún nerviosa, notó que los ojos esmeraldas brillaban de forma especial; ocasionando que su corazón repentinamente diese un vuelco y su respiración se volviese irregular. - Y quiero confesarte… Que tal vez antes te odié intensamente, pero en el instante en el que London apareció en mi vida, en el segundo en que la tuve entre mis brazos… y ella supo quién era yo… El tiempo se detuvo, y todo volvió a comenzar… El pasado dejó de tener sentido y ahora es como algo distante y brumoso que repentinamente está quedando en el olvido, porque he decidido no volver a pensar en el dolor que pasé durante su ausencia. Ahora sólo pensaré en la felicidad que siento cada que ella está conmigo… Aunque por el momento sólo sean fragmentos de tiempo.

Las palabras resonaron como un eco, mientras se mezclaban con la cuestión de Draco: ¿Y se puede saber exactamente qué te dijo esta vez San Potter? - En ese instantelos latidosde su corazón volvieron a acelerarse, porque la respuesta que ella le había dado estaba incompleta, porque sabía que involucraba más que las palabras que Harry le había dicho… Era la forma en la que él le había sostenido la mirada mientras hablaba… Y ella, a pesar de lo sorprendida que se encontraba, pudo leer en aquellos ojos esmeraldas la sinceridad de sus sentimientos… La verdad acerca del rencor que le había profesado por años, y que ahora estaba dispuesto a dejar enterrado, la verdad sobre el amor infinito que sentía por London, y sobre el dolor de sólo pasar con su hija un tiempo limitado.

Pensar en esa última frase le ocasionó un terrible sentimiento de culpa, porque al fin aceptaba que alejar a London de Harry no había tenido nunca un fundamento verdadero, no el que ella había creído; y que quizás había sido más su orgullo herido, el mismo que la mantuvo viviendo con miedos durante cinco años, el que la había cegado para no reconocer la hermosa conexión que existía entre Harry y London desde la primera vez que los vio juntos. Pero el día de hoy había sido testigo de demasiados momentos de esa mágica conexión entre ellos.

Sorprendida observó cómo Harry se acercó a la carita de su hija y la miró directamente a los ojos…

- London, ten la seguridad que no hay nadie más en este mundo con quien yo quiero estar siempre… Si no es contigo - declaró Harry, acariciando su pequeña barbilla. London lo miraba con sus ojitos esmeraldas llenos de lagrimitas, no obstante su carita se había iluminado. Entonces sin previo aviso se le lanzó a los brazos a su padre. El ojiverde la abrazó con más fuerza, de pronto unas lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas.

Pero también de las pupilas de Hermione brotaba un llanto silencioso, mientras el corazón le latía frenéticamente.

Presenciar esa escena fue lo que definitivamente la hizo derrumbar el muro que su orgullo había mantenido…

¡No! No volvería a intervenir en ese amor tan puro… No cometería otra vez el error de poner el bienestar de London en juego. Y por ella iba a hacer que su relación con Harry volviera a ser como antes de todos los malos entendidos, incluso sería mucho mejor.

Decidida se puso de pie, secándose las mejillas con las manos y esbozando una animada sonrisa.

- Volveremos a ser… ¡Los mejores amigos!

- Los mejores amigos - repitieron los labios de Harry, a kilómetros de distancia de donde se encontraba Hermione. - Es lo único que podemos ser - suspiró con tristeza.

Hacía rato que Ron se había marchado y él se había quedado recostado en el sofá mirando hacia el techo… Por un instante, por un glorioso instante, cuando supo que Hermione no estaba casada realmente, se permitió fantasear con la idea de que iba a luchar por ella; como se había permitido soñar despierto pretendiendo que el tiempo que pasaron juntos con su hija había sido un día normal en familia… Sin embargo tuvo que darse de golpes mentalmente y salir de su ensoñación para volver a la realidad… En la que lucharía con toda el alma y con todo el corazón para guardarse el amor que sentía por Hermione, no volvería a fallarle como antes, no era algo que podía dejar que sucediera, porque la felicidad de London estaba de por medio.

Canción: Y llorar

Dueto: Jesse & Joy

Declaración: Los personajes pertenecen a JKR. & Warner Bros. La letra de la canción es propiedad de : Jesse & Joy, Hanna Huerta, Mario Domm.

¡Merlín, sé que han pasado muchos meses desde la última vez que subí un capítulo, sinceramente no sé dónde rayos se va el tiempo! Les pido disculpas, y ojalá que quieran seguir esta historia conmigo hasta el final. Les prometo que haré todo lo posible para terminarla, aunque el tiempo siga siendo mi peor enemigo.

Agradezco sus comentarios.

Fabi: Mil gracias por estar apoyándome para que este capítulo viera la luz, sin tu vobo ya sabes que estaría más tiempo guardado xD

Yali: Hey, no sé qué haría si no escucharas las ideas locas que se me ocurren.

Yuli: Gracias por presionarme.

Saludos

*Anyeli Potter Granger

5/Febrero/15