¡Hola! Si, ha pasado demasiado tiempo, ¡lo siento! ;-; Sufrí mucho mientras escribía este capítulo, que por cierto, ¡es muy largo! Pero ahora estoy de vacaciones y puedo dedicarme a escribir todo el día c:
Disclaimer: Los personajes de FNaF pertenecen a Scott Cawthon.
¡Espero que les guste!
Bonnie no pasó una buena noche, dio vueltas en la cama por horas hasta que pudo dormir-, ¿la razón? Simple, ya había tomado su decisión, y estaba seguro de que dolería como la mierda, sin embargo, era lo mejor que podía hacer dada su situación.
Salió de la cama aun medio dormido y se dirigió a la cocina listo para preparar su desayuno. Envió un mensaje a Marlene para agradecerle su hospitalidad y hablarle acerca del estado de Chica. La mujer no demoró en responderle, aliviada de que todo fuera bien y comentó distraídamente que su padre estaba a punto de regresar.
El pelimorado ya había aceptado el hecho de que su padre se casaría de nuevo; y de alguna forma estuvo feliz por él, porque Marlene era una mujer maravillosa que sin duda cuidaría bien de él. Y su madre… bueno, ella no necesitaba un nuevo esposo, lo tenía a él, a su único hijo que siempre estaría ahí para ella.
Pocos minutos después de moverse por la cocina, apareció Freddy. El más bajo subió la mirada para saludarlo, pero se detuvo al ver las pronunciadas ojeras que el castaño cargaba debajo de sus ojos añil.
— ¿Estás bien? —Preguntó más por inercia que por otra cosa, recibiendo un leve asentimiento de Freddy, quien permaneció quieto. Bonnie se acercó a él después de dejar el bol que cargaba sobre el estante. — ¿Estás seguro?
Esta vez el más alto negó y bajó la cabeza, dejando que un sollozo escapara de sus labios al tiempo que un par de cálidas lágrimas se estrellaban violentamente contra las baldosas del suelo.
Se abrazó al cuerpo del pelimorado con fuerza una vez estuvieron lo suficientemente cerca y dejó que su sentimiento fluyera al sentir las manos del contrario aferrarse a él con fuerza.
Durante la noche Freddy tuvo un sueño con Gabe, y al despertar estuvo feliz por unos segundos, rompiéndose más pronto que tarde al pensar en que nunca, nunca más podría escuchar la voz del rubio, nunca podría abrazarlo de nuevo. Todo lo que una vez fue, se había acabado para siempre.
Y entonces entendió esa frase, "Nunca sabes el valor de una vida hasta que vez una perderse frente a tus ojos" Y quien quiera que la hubiera inventado, estaba en lo correcto.
Él siempre se jactó de no temer a la muerte, porque entendía que era un proceso natural por el que todos pasarían alguna vez, pero cavilar de forma tan desgarradora sobre Gabe, aprisionando esos terribles pensamientos que lo atormentaban con tanta fuerza, terminó por romperlo, y si, aceptando que después de eso seguía sin temer a su muerte, pero ahora, en cambio, temía a la de los demás.
Tenía miedo de quedarse solo después de que todos se fueran, porque estaba seguro de que no lo soportaría una vez más.
Bonnie entendió en cierta parte el dolor de su amigo, que parecía tan desesperado por soltar toda su desesperación en lágrimas, y decidió no hablar, esperando que la frase que fuera a decir en un futuro, cuando estuviera listo, fuera lo suficiente para arreglar por lo menos una parte pequeña en el alma rota del castaño, pensando en la misión que le fue encargada la tarde anterior.
—Se fue… el imbécil se fue… —Pudo susurrar transcurridos unos minutos.
—Lo siento mucho. —Apretó el abrazo un poco más.
—Creo que no iré hoy a la universidad... —Mascullo con un leve tono de humor en su voz, Bonnie sonrió en respuesta. Ultimadamente nadie estaba asistiendo a la universidad.
Se despidió de Freddy, pidiéndole que descansara y que comiera más tarde para evitar tener que ir al hospital de nuevo por culpa de alguien que no comió lo suficiente. El castaño fingió molestarse con él y prácticamente le cerró la puerta en la cara, diciéndole que se apurara o llegaría tarde a la primera clase.
Una vez estuvo solo, fue a su habitación a encerrarse de nuevo, topándose con Foxy al pie de la escalera. Ninguno dijo nada, solo compartieron una mirada difícil de descifrar incluso por ellos mismos y el castaño siguió su camino escaleras arriba.
El pelirrojo creía estar preparado mentalmente para eso, pero viéndose solo, sin alguien más como el, lo hizo golpearse con fuerza contra la realidad. Él era el siguiente en desaparecer, y no había nada que pudiese hacer para cambiarlo, porque sabía que Bonnie merecía poder dejar eso atrás, merecía tener una vida normal, tener una pareja, tal vez casarse, comprar una casa lejos de la ciudad y viajar tanto como le fuera posible; cosas que obviamente él no podía ofrecerle y estaba bien con eso, porque su momento ya había acabado.
Dio vueltas por la casa durante todo el día, divirtiéndose molestando al gato cada que podía y observando las fotografías de los tres chicos que vivían ahí, sonriendo cada vez que veía al pelimorado.
No le quedaba duda alguna de que había hecho que el chico cambiara, si fue para bien o para mal, no quiso saberlo. Porque incluso en las fotografías despedía un aura clara, que expresaba seguridad y alegría, en cambio, justo en el punto donde estaban, Bonnie parecía más maduro, pero inseguro sobre su futuro, y eso era únicamente culpa del pelirrojo o por lo menos, el mismo intentó convencerse de ello.
Le dolía tener que separarse de Bonnie, porque lo necesitaba demasiado, joder, incluso esos pocos días en los que habían estado separados lo estaban volviendo loco, ya ni mencionar el autocontrol que tenía que acumular para no tocarlo cada que se le presentaba la oportunidad.
Y realmente no se esperaba lo de Gabe, porque el tipo era demasiado orgulloso como para aceptar la ayuda de alguien y sin embargo, pudo ser completamente sincero con Freddy, permitiéndose descansar pese a que deseaba con tantas fuerzas poder cuidar del castaño por mucho más tiempo.
Se sintió nervioso y estúpido como una colegiala enamorada al escuchar como la puerta principal se abría y no podía evitar sonreír, pero procurando no ser visto por el pelimorado.
Bonnie lucía cansado, no solo ese día, sino desde unas cuantas semanas atrás, Foxy sabía bien la razón, bueno, entre todas la que había, sabía que el chico estaba sintiéndose acorralado por la situación en la que se encontraban, y no pudo evitar preguntarse si habría sido mejor no involucrarse con él desde un principio. Negó con la cabeza casi inmediatamente, no queriendo siquiera imaginarse no haber tenido la oportunidad de sostener la mano del pequeño pelimorado, o besarlo, o simplemente sentarse a su lado mientras veían una mala película porque, irónicamente, había tenido la mejor etapa de su vida estando muerto, y todo había sido gracias a Bonnie.
Pero esa etapa debía terminar, porque de lo contrario terminaría siendo un estorbo en la vida del chico y bajo ninguna circunstancia quería convertirse en algo así, tan obsoleto y fuera de lugar como lo estaba en ese mismo instante.
— ¿Foxy? —No pudo evitar soltar un respingo al notar que el pelimorado mantenía su vista clavada en él, obviamente lo había notado espiándolo mientras desataba una pelea dentro de su cabeza. — ¿Qué haces?
—Nada… yo solo estaba…
— ¿Podemos hablar? —Lo interrumpió el chico, luciendo demasiado nervioso y si el corazón del pelirrojo siguiera latiendo, seguramente habría dado un vuelco.
—Claro. —Intentó aparentar normalidad, porque uno de los dos tenía que hacerlo, y ese alguien claramente no iba a ser el tembloroso pelimorado.
Caminaron juntos hasta la habitación del menor, el más alto se encargó de cerrar la puerta y permanecieron en silencio unos cuantos minutos; Foxy pudo jurar que podía escuchar el corazón del chico golpear violentamente su pecho con cada respiración que daba y entristeció al deducir el tema del que iban a hablar.
—Yo… creo que ya es hora. —Susurró, con un volumen tan bajo que el mayor tuvo que procesarlo varios segundos para captarlo completamente.
—Bien. —Se forzó a responder, entendiendo a que se refería, sintiéndose repentinamente como si estuviera vivo de nuevo, con su estómago retorciéndose y sus manos sudando frio.
Bonnie alzó la mirada de pronto, topándose con la suya sin miramientos, directamente, y las cosas tomaron un curso distinto del que deberían haber seguido. Sus ojos rubí se llenaron de lágrimas paulatinamente, un sollozó resonó en la habitación y las mejillas del más bajo se humedecieron, sus manos incluso viajaron hasta su rostro para intentar disimular la penosa situación, pero no pudo retenerlo por mucho más tiempo. Tomó aire y lo soltó.
—Te amo demasiado… y n-no quiero que te vayas. —Sollozó, con su voz rompiéndose cada vez más a medida que las palabras abandonaban sus labios. —No es justo…
Foxy tragó saliva pesadamente, sintiendo la impotencia correr por sus venas ante la visión que tenía enfrente, quería hacer algo, tenía que hacerlo pero ¿Cuánto más rompería el corazón del chico? Porque sabía que era injusto consolarlo para después marcharse como si nunca hubiera significado nada para el cuándo la realidad era todo lo contrario.
Mandó a la mierda todos sus pensamientos para abandonar su posición, colocándose frente al chico y rodeándolo con sus brazos, tan fuerte como para poder sentir los latidos acelerados del otro en su pecho, sintiendo también ganas de llorar, prohibiéndoselo mentalmente.
Apoyó sus labios sobre la frente del menor, negándose a tener que soltarlo en cualquier momento.
—Hagámoslo una última vez. —Fue la petición de Bonnie, y el pelirrojo creyó haber escuchado mal en primera instancia, pero apenas separó un poco el cuerpo del chico del suyo para poder verlo, supo que estaba hablando enserio. —Por favor…
—Bon… —Fue lo único que pudo decir. No sabía que más hacer, porque por un lado no quería herirlo más de lo que ya lo había hecho, pero por el otro, quería aceptar, quería tomarlo por última vez de una manera que no le permitiría olvidarlo nunca y que le daba el consuelo de que por lo menos estaría en ese mundo un poco más de tiempo en la memoria de Bonnie.
No supo en que momento sus labios colisionaron contra los del chico con tanta hambre, pero no pudo negar que ese simple contacto le había hecho demasiada falta durante esos días, que a su parecer habían sido meses.
Por inercia, sus manos viajaron a los costados del rostro del menor, acunándolo con cuidado, como si fuera lo más valioso y delicado en el mundo, cosa que, por lo menos para Foxy, era cierta. Bonnie se aferró a sus hombros, abrazándose a su cuerpo tanto como le fue posible, pensando en determinado momento que estaba viéndose como un desesperado ante el pelirrojo, pero importándole una mierda porque, joder, sería la última vez.
Se separaron cuando Bonnie sintió la falta del aire en sus pulmones, sus miradas conectaron automáticamente, algo que los dos sabían que harían después de besarse, incluso si no lo querían así.
El mayor volvió a besarlo solo un par de segundos después, haciéndolo retroceder lentamente, como si quisiera que el momento fuera para siempre, como si pudiera detener el tiempo para poder permanecer al lado del chico por el resto de la eternidad.
Cuando sintió el borde de la cama detrás de ellos, lo hizo recostarse, teniendo especial cuidado de no dañarlo bajo ningún motivo, porque simplemente no podía permitírselo. Se colocó sobre el con total calma, sin apresurarse a besarlo y desvestirlo como en las veces anteriores. El menor lo observaba atento desde su posición, con las mejillas rojas y los ojos brillantes, esperando su siguiente movimiento.
Volvió a besarlo, sin presionar el contacto para que fuera más húmedo, el tiempo que duró el beso fue el suficiente como para poder aumentar gradualmente la fuerza y aun así, no dejaba de ser un roce delicado, demostrando todo el amor que sentía por el menor en ese simple acercamiento.
Descendió lentamente hasta el cuello de Bonnie, no sin antes depositar un suave beso en su mejilla. Lamió la zona expuesta, sintiéndose enteramente satisfecho al sentir el corazón del menor acelerarse conforme la humedad de sus acciones aumentaba.
Después de pasar unos cuantos minutos concentrado en el blanco cuello del menor, su mano derecha bajó hasta su miembro semi erguido, arrancando de su garganta uno de esos gemidos que lo desarmaban completamente, sin importar que tan seria fuera la situación. Comenzó a frotar su mano contra a dureza y aceptó los labios del chico cuando se incorporó para pedirle que lo besara. Se separaron solo un poco para que Bonnie pudiera quitarse la camisa, deleitando al mayor con la vista apenas sus clavículas fueron reveladas; besó la zona, pasando de derecha a izquierda, sonriendo contra la suave piel al sentir las manos del pelimorado enredadas en su cabello y su boca sobre su frente, depositando un beso casto con todo el amor que pudo demostrar. El pelirrojo mordió juguetonamente un costado de su cuello, sonriendo con malicia ante la reacción de Bonnie.
Desabotonó sus pantalones y se deshizo de ellos, pero sin dejar de lado la delicadeza con la que se había propuesto a tratar al chico durante el tiempo que hiciera falta para concretar el encuentro. Deslizó la tela por lo largo de sus piernas y regresó a besarlo.
Bonnie desabotonó con lentitud la camisa de Foxy, sonriéndole sinceramente ante la mirada ligeramente asustada que le envió el más alto.
—Está bien. —Le susurró, tomando el control de la situación, tranquilizando con esas simples palabras al mayor, quien relajó sus músculos y se dejó hacer.
Una vez la prenda estuvo fuera del camino, Bonnie lo empujó para hacerlo sentarse sobre el colchón e imitó la acción, pero acomodándose sobre las piernas del otro y procediendo a besar su cuello con la misma delicadeza con la que él había sido besado minutos atrás.
Las manos del pelirrojo sobre su cadera le indicaron que estaba haciéndolo bien, y no se detuvo incluso cuando fue acercado más al cuerpo del contrario para poder besar sus labios con una creciente desesperación que le causó ternura.
El proceso de lubricar y dilatar fue como siempre, incomodo pero permitiéndoles crear un ambiente estrecho e íntimo, con sus pechos juntos y los gemidos de Bonnie inundando la habitación lentamente.
El pelirrojo se encargó de recostarlo nuevamente sobre la cama y alzó las caderas del contrario, colocando una de sus rodillas sobre su hombro y apoyando su mano derecha al lado de su cabeza. Con la mano libre, tomo su erección por la base y se alineó con el cuerpo del menor, que lo miraba expectante.
Se movió lentamente, apreciando en todo momento la expresión facial del pelimorado, gruñendo sin poderlo evitar al encontrarse totalmente dentro. Besó nuevamente al chico antes de comenzar a moverse, lento y suave, como si tuviera todo el tiempo del mundo para culminar el acto.
Entrelazó sus dedos con los del contrario mientras aumentaba la fuerza, más no la velocidad; porque no iba a tener sexo solamente, no, esa vez se encargaría de hacerle el amor.
—Te amo… —Escuchó la voz entrecortada y suave de Bonnie en un punto donde, gracias a la nueva fuerza de las embestidas, la cama se movía al ritmo de sus cuerpos unidos. —Te amo, te amo, te amo…
Foxy se detuvo lentamente al percatarse de las lágrimas que cubrían poco a poco las mejillas del chico mientras decía las dos palabras más hermosas que pudo haber recibido, no por el significado, sino por la persona que estaba diciéndolas. Bajó la pierna de Bonnie de su hombro y se acomodó con cuidado, para acercarse a sus labios.
—También te amo, Bonnie. —Dijo. —Te amo miles de veces más de lo que alguna vez pensé que podría llegar a amar a alguien.
El pelimorado se aferró a su cuello mientras las embestidas volvían y sus labios se mantenían unidos hasta que ambos alcanzaron el clímax y se dejaron dormir sin separarse.
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A la mañana siguiente, Bonnie estuvo preocupado intentando hacer sus tareas atrasadas para ese día, sin embargo, procuró que el pelirrojo no lo supiera, sobretodo porque estaba a punto de hablarle sobre la última gestión que harían juntos.
Colgó la llamada que le había hecho a su padre sin siquiera despedirse. No había sido agradable.
— ¿Estás bien? —Le cuestionó Freddy, arqueando una ceja por su comportamiento.
—Sí, creo que sí. —Respondió frotando sus manos con cierto aire de nerviosismo que le fue imposible ocultar.
— ¿Por qué mejor no esperas hasta la tarde?
—Es que es importante que lo sepa ahora. —Se convenció a sí mismo.
—Claro, y yo tendré que aguantar tu depresión todo el día. —Se cruzó de brazos, mirando el reloj de su móvil, en donde había una foto de Gabe y él. —Como sea, date prisa o se nos hará tarde.
Bonnie asintió y Freddy salió de la casa, para darles un poco de privacidad. Minutos después, el pelimorado salió del lugar, con una expresión extraña y comenzó a caminar sin esperar al castaño, quien por supuesto, fue detrás de él.
— ¿Y bien?
—No le dije nada.
—Ya lo sabía. —Se encogió de hombros. —Pero más te vale hacerlo hoy, no sería bueno que lo hicieras esperar tanto después de lo de anoche.
El más bajo no pudo evitar sonrojarse ante el perspicaz comentario de su amigo, que parecía no entender el peso de sus palabras.
— ¿Nos escuchaste?
— ¿Qué?
— ¡Nada! —Rio nerviosamente, cambiando su expresión a una más seria casi inmediatamente.
Durante el día, tuvo que esforzarse demasiado para poder concentrarse como era debido, y tuvo que aguantar algunos regaños de los profesores por no haber llevado la tarea como debía haber sido. Incluso tuvo que sonreírle falsamente a Eidel al momento en que la chica se le colgó del brazo y le preguntó cuándo podía volver a ir a su casa.
Cuando ella se fue, pudo enterarse por obra de Freddy que al parecer, la chica se había quedado flechada por Foxy la única vez que lo vio; y el castaño lo sabía porque de cuando en cuando, la pelinegra le preguntaba si ya habían terminado su relación.
El pelimorado no pudo evitar sentirse mal por la joven internamente.
Durante el camino de regreso a la casa, estuvo distraído nuevamente, tanto que Freddy tuvo que tomarlo del brazo para que no cruzara las calles con el semáforo para peatones en rojo.
Entraron a la casa y el castaño fue directamente a encerrarse en su habitación, alegando que tenía tareas atrasadas que debía terminar para que los profesores no lo regañaran como a Bonnie.
El pelimorado, por su parte, entró a la cocina, alimentó al gato y miró fijamente por algunos minutos la tarjeta en la que había escrito el número del padre de Foxy. Tan embelesado estaba, que no se dio cuenta cuando el pelirrojo entró al lugar y llamó su nombre.
— ¿Estás bien? —Esperó una respuesta. — ¿Bonnie?
— ¿Uh?
— ¿Qué te pasa? Llevas casi veinte minutos ahí parado.
—Es solo… —Suspiró. —Hay algo importante de lo que tenemos que hablar.
—Lo sé. —Sonrió al tiempo que se sentaba al lado del menor, quien intentó esbozar una sonrisa al ver la del contrario.
—Yo… creo que sé que es lo que hay que hacer… —Hizo una pausa, después conectó su mirada con la dorada del otro. — ¿Te gustaría ver a tus padres una vez más?
El mayor se irguió ante la última frase. Observó el rostro serio de Bonnie y no pudo evitar sonreír, esta vez con completa sinceridad mientras asentía efusivamente.
— ¿Cómo lo supiste?
—Siempre hablas de ellos. —Murmuró. —No importa qué, siempre dirás algo que tenga que ver con ellos.
Asintió con lentitud y acarició los mechones púrpuras del bajito.
—Todo lo que tienes que hacer es escribir un par de cartas, colócales una fecha de antes de que… ah, y puedes decirles lo que quieras. Eso debería servir; yo me encargaré de todo lo demás.
—Claro, gracias. —Besó su mejilla y se levantó en dirección a la puerta, dispuesto a irse, dando la conversación por terminada.
—Foxy, solo quiero que lo sepas… No iré a Cambridge.
El pelirrojo detuvo sus pasos apenas la frase fue terminada. Se giró, preguntándose si había escuchado mal o algo así, porque simplemente se negaba a creer que el pelimorado hubiera rechazado tan importante propuesta.
— ¿Enserio?
—Esta mañana llamé a mi padre, le dije que no quiero irme de este lugar. No estuvo feliz con eso, pero realmente no me importa.
—Bon, ¿por qué?
—Tal vez Cambridge sea una buena universidad, pero hay muchas cosas que no puedo simplemente dejar de lado, además, no quiero tener que volver a hacer amigos, ya muy difícil fue aprender los nombres de mis profesores como para agregar más a la lista… ¿Crees que soy un idiota?
—Eres un idiota. —Soltó, pero no pudo evitar sonreír de lado.
—Ya lo sabía. —Se acercó al mayor para poder abrazarlo, acción que fue correspondida al instante.
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Los días pasaron silenciosamente en la casa. El pelimorado no volvió a mencionar el tema de Foxy, esperando a que fuera el quien le diera la fecha. Recibió una llamada de Marlene al día siguiente después de rechazar la propuesta; la mujer le preguntó por el estado de salud de Chica y después tanteó el terreno, aunque al final, aceptó sus razones de buena manera.
Y todo pudo haber pasado con mucha más tranquilidad si el viernes en la noche, su padre hubiera tocado la puerta después de terminada la cena.
— ¿Qué pasa? —Preguntó molesto al ver al hombre parado en el recibidor.
—Venimos a hablar contigo sobre Cambridge.
— ¿Venimos?
—Llamé a tu madre. —Comentó como si no tuviera importancia. —Debe estar a punto de llegar.
— ¿Hiciste qué? ¿Estás loco? No tenías porqué meterla en esto. —El volumen de su voz aumentó sin que pudiera evitarlo. El mayor se encogió de hombros y se abrió paso dentro de la casa.
— ¿Quién era, Bon? —Freddy, quien estaba en la sala de estar terminando una investigación, se detuvo al ver a al padre del pelimorado entrar antes que el propio chico a la estancia.
—Freddy, él es mi padre. —Bonnie habló algo molesto y el de ojos azules hizo una mueca al notar la manera en la que lo miraba el mayor. —Papá, él es Freddy; es del intercambio de Canadá.
—Es un gusto conocerlo, señor Winston. —Extendió su mano para que el otro la estrechara, pero el hombre se limitó a mirarlo despectivamente y hablar con voz fría.
— ¿Eres de esos?
— ¿Cómo dice? —Su voz sonó molesta, y sinceramente, no le importó. Sabía que el hombre era homofóbico, o alguna mierda así, pero era totalmente irrelevante saber eso sí solo iba a darle la mano; maldición.
Bajó la mano lentamente, sin desconectar su mirada de la del hombre.
—Bonnie, creo que mejor voy a terminar algunas cosas en mi habitación.
Dicho esto, salió de la habitación después de tomar sus cosas y sin mirar atrás, dejando incluso al mayor algo sorprendido de la repentina hostilidad que adquirió.
—Bien, gracias por venir a mi casa y molestar a mi amigo. —Murmuró Bonnie sarcástico.
—No me interesa. —Respondió sentándose en el sofá después de sacudirlo un poco.
El pelimorado bufó y alguien llamó a la puerta. Cuando fue a abrir, se encontró con la mirada molesta de su madre, esa que decía claramente: "Estoy molesta contigo, Bonnie. Y nada de lo que hagas va a cambiarlo"
—Pudiste habérmelo dicho antes. —Profirió, ligeramente molesta. — ¿Ya está aquí?
El chico asintió y la dejó pasar sin decirle nada.
Caminaron juntos hasta la estancia y la mujer se sentó al lado de su hijo una vez el mayor de los tres se dispuso a hablar luego de algunos segundos en silencio.
—Bien, quiero que expliques porque te estás dando el lujo de perder una oportunidad como esta.
—Ya te lo dije, no quiero irme.
—Esa no es una buena razón.
—Para mí si lo es.
—Bonnie, cariño, ¿ya lo has pensado bien? Es algo muy importante como para dejarlo pasar. —Comentó su madre tras ser presionada con la mirada por su ex esposo, colocando suavemente su mano sobre la rodilla del menor.
—Sí, mamá, ya lo pensé y no quiero hacerlo.
— ¿Es por ese muchacho? —Bonnie incluso pudo haber jurado que la voz de su madre era más suave al mencionar el tema frente al hombre.
— ¿Qué tiene que ver él en todo esto?
—Que no quieres irte por él. Pero piénsalo, ¿de verdad vale tanto la pena? —Esta vez fue su padre quien habló.
—No es por él, ya te lo dije el otro día por teléfono; es simplemente que no quiero irme de aquí y dejar mis cosas atrás. ¿Es que no puedes entenderlo? Ya no quiero nada que provenga de ti y mucho menos si piensas que con ello vas a hacerme cambiar lo que soy o mi forma de pensar sobre lo que me gusta y lo que no. —Se sorprendió de escucharse a sí mismo soltar esas palabras sin especular previamente, pero tampoco era como si fuera a retractarse, después de todo era justo lo que quería decirle al hombre, eso que tanto había estado callando durante un largo tiempo. —No creas que meter a mamá en esto va a hacerme cambiar de opinión respecto a cualquier cosa que quieras que cambie. Ya no soy un jodido niño al que puedas manipular a tu antojo para que haga lo que te entre en gana cada que lo quieras. Ya no busco tu puta aprobación, así que acéptalo de una vez, soy gay, no voy a casarme con una mujer y me interesa una mierda si decides o no heredarme tu maldita compañía o cualquier suma de dinero, de cualquier forma no lo necesito.
Pudo ver el enojo crecer en los ojos de su padre y lo siguiente fue una bofetada tan fuerte que lo hizo voltear el rostro y llevar sus dedos a la zona dañada buscando aliviar el dolor. Escuchó a la mujer soltar un respingo y sintió como era jalado protectoramente hacia ella luego de pedirle al mayor que se fuera y que no volviera a llamarla. El hombre salió con paso firme, levantando su mirada únicamente para conectarla con Foxy, quien permanecía de pie en el pasillo, lanzándole cuchillos con la mirada. El mayor se limitó a golpearlo con su hombro al pasar a su lado y salió dando un fuerte portazo.
El pelirrojo suspiró y caminó con pasos ligeros hacia el umbral de la puerta que daba a la estancia, apreciando como la madre de Bonnie acariciaba su mejilla en un intento de evitar el dolor y al chico sonriéndole tiernamente para tranquilizarla.
—Estoy bien, mamá.
—Lo sé. —Sonrió. —Me alegra que lo hayas puesto en su lugar.
No pudo evitar alegrarse ante la vista de la tierna mujer protegiendo a su hijo para después regañarlo por su lenguaje.
— ¿Quieres quedarte hoy? Ya es tarde como para que regreses en un taxi. —Comentó distraídamente el menor después de unos cuantos segundos en silencio. Foxy permanecía en el umbral de la puerta con Bonnie dándole la espalda. La mujer pasó su vista directamente de su hijo al pelirrojo, sonriéndole de una forma que el más alto no supo interpretar correctamente.
—Me gustaría, pero tengo algunas cosas que hacer mañana temprano, cariño. —Se negó con educación. —Ya tengo que irme, Bonnie.
—Iré contigo, espera… —El de cabello púrpura fue a buscar un abrigo y la mujer salió al pasillo, topándose con el pelirrojo, quien ya esperaba algún comentario ácido por parte de ella, cosa que para su suerte, no sucedió.
—Gracias por cuidarlo. —La suave voz de la mujer llegó a sus oídos acompañada de una leve sonrisa que de alguna extraña forma le dio paz. Dio con la conclusión de que poder regalar sonrisas como la que esa mujer acababa de darle, era una facultad que solo poseían las mujeres al volverse madres. Y no pudo evitar pensar en cuando su madre le sonreía de esa forma cada que su padre lo castigaba por causarle problemas a los vecinos o a los profesores; esas ocasiones en que la mujer se asomaba por la puerta cuidando de que el mayor no la viera para dejarle algo de la cena.
El pelimorado alcanzó a su madre en el jardín principal después de regalarle una sonrisa a Foxy.
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El sábado en la mañana, Foxy estuvo dando vueltas por la casa hasta que Bonnie apareció en la cocina.
Contrario a lo que siempre había creído, no estaba nervioso por su cercana partida; se podría decir incluso que estaba entusiasmado por lo que estaba a punto de pasar. Pasó gran parte de la madrugada del viernes escribiendo las cartas que ahora descansaban en el librero principal de la estancia y a decir verdad, estaba muy complacido por el resultado que obtuvo tras desperdiciar tantas hojas durante el proceso.
Bonnie, por el contrario, no compartía su felicidad. Y el pelirrojo estuvo bien con eso, porque entendía en cierta forma como estaba sintiéndose el bajito, razón por la que se limitó a decirle que ya estaba listo; que podía seguir con lo que sea que estuviese haciendo. Y el de ojos rubí asintió para después abrazarlo por un largo rato.
El chico salió por un rato de la casa, con la excusa de tener que hacer algunas llamadas importantes y regresó dos horas después con los ojos hinchados y con Marlene detrás de él acariciando su espalda con suavidad.
Al final había terminado acudiendo a la mujer para contarle sus problemas –omitiendo la parte sobrenatural que seguramente haría que lo enviaran a un hospital psiquiátrico- y ella le permitió desahogarse hasta que se sintió seco y pudo regresar a la casa.
Aunque de hecho, su excusa principal había sido real. Llamó al señor Olsen.
Le contó que él vivía en la casa de los asesinatos; que en el ático había encontrado una caja con algunos libros, y que mientras los hojeaba, había encontrado un par de cartas que al parecer iban dirigidas para él y su ex esposa.
Al principio, el hombre se mostró algo renuente a llamar a la mujer, pero terminó aceptando diciendo que no podía prometer nada pero que lo intentaría. El pelimorado se lo agradeció tantas veces que el hombre terminó riéndose de él y comentando distraídamente que estaba demasiado interesado en el asunto como para no haber conocido a Foxy; pero asegurándole que estaría en la casa al día siguiente para leer la carta.
Después de eso, llamó a Marlene y el resto es historia.
El pelirrojo estuvo a su lado toda la noche, recordándole sobre las distintas situaciones por las que pasaron; desde la primera pelea –que Bonnie quiso olvidar- hasta la única vez que salieron a recorrer las calles de Los Ángeles con el pelimorado reposando en la espalda del mayor y observaron la belleza nocturna de la ciudad escondidos detrás de una de las letras del Hollywood Sign.
Rieron, se besaron como cuando eran novios, se abrazaron durante minutos que parecieron ser horas y Bonnie lloró durante otras más; Foxy también lo hizo, pero fue cuidadoso de que el mas bajito no lo notara.
—Sé que lo he dicho tantas veces que puede parecer que lo estoy tomando a la ligera, pero te amo, Foxy. No lo olvides por favor.
—Lo entiendo. —Sonrió abrazando al menor mientras colocaba su nariz sobre su cabello púrpura y murmuraba contra las suaves hebras: —También te amo, Bonnie. Te amo demasiado.
Cuando el sol comenzó a asomarse por el horizonte, el pelimorado cayó dormido apoyándose en el pecho del pelirrojo.
A las once de la mañana, recibió una llamada. Reconoció el número e internamente deseó que al señor Olsen se le hubiera presentado una situación y no pudiera presentarse ese día ni ningún otro; decepcionándose y alegrándose a partes iguales cuando el hombre le confirmó su visita y la de su ex esposa para las seis de la tarde ese mismo día.
Cuando tuvo la oportunidad, arrastró a Foxy a su habitación y permaneció pegado a él todo el tiempo que pudo, incluso invitándolo a ducharse con él en un vago intento de retrasar lo inevitable, ese pequeño asunto que estaba consumiéndolo desde dentro sin piedad.
Freddy pareció entender bien la situación, por lo que a las cuatro en punto de la tarde, se despidió de ambos –más del pelirrojo que de Bonnie- y salió en dirección a la casa de los Peterson porque al parecer Chica estaba enviándole mensajes para quejarse de su aburrida vida en casa de sus padres sin poder salir a ningún lugar.
El pelimorado comenzó a temblar cuando faltaban quince minutos para las seis de la tarde y Foxy sintió un nudo formarse en su garganta ante la visión que tenía, sintiéndose demasiado lejano como para poder hacer cualquier cosa.
Durante el tiempo que tuvieron a solas, el menor se dedicó a explicarle lo que tenía que hacer. Bonnie entregaría las cartas a sus padres y Foxy los vería mientras ellos leían. Supuso que eso debía ser suficiente como para terminar lo que había empezado.
El sonido del timbre resonó por toda la casa cuando faltaban cinco minutos para las seis y Foxy tuvo que separarse del tembloroso chico para evitar ser visto.
Escuchó algunas voces provenir del recibidor antes de poder distinguir la figura de su padre caminando detrás de Bonnie. Su corazón muerto dio un vuelco al percatarse de que el hombre no había cambiado nada en esos años y sonrió al pensar en cómo se vería su madre.
Seguía manteniendo el mismo corte en su cabello rojizo y sus ojos azules se veían algo más cansados de lo que recordaba; pero supuso que era normal.
—Mi ex esposa dijo que vendrá en un rato. Al parecer si le interesa leer la carta. —Comentó amablemente el hombre mientras paseaba su mirada por todo lugar posible. —Este lugar no ha cambiado nada desde la última vez que estuve aquí.
—Dicen que ya no pueden remodelarla porque perdería su valor cultural. —Intentó alivianar el ambiente Bonnie.
—Sí, supongo que fregar los pisos para sacar la sangre gasta demasiado la fina madera. —Su tono fue amargo y el pelimorado se alegró de que el timbre volviera a sonar.
Se apresuró a abrir la pesada puerta de madera y sonrió a la mujer castaña de ojos miel que permanecía del otro lado, apreciando cada detalle que podía.
—Uh, es un gusto señora. Le agradezco que haya venido.
—El placer es mío, joven. —Respondió educadamente mientras sostenía la mano de una pequeña niña de cabello castaño que lo miraba con atención. —Espero que no haya problema con que ella se quede conmigo.
—Por supuesto que no. —Sonrió a la niña y se hizo a un lado para dejarlas pasar. Las condujo hasta la estancia y la temperatura pareció descender súbitamente apenas las miradas de los dos adultos se encontraron.
—Cariño, ¿Por qué no vas a jugar a otra habitación? Los adultos tenemos que hablar de algo importante. —Le dijo la mujer a la niña, quien asintió efusivamente y salió corriendo al pasillo.
—Uh… bueno, estas son las cartas. —Comenzó Bonnie luego de tomar los sobres del librero y entregando a cada uno la que le correspondía. —Con ellas había una nota; al parecer era importante para el que la leyeran en voz alta.
Su voz fue tan convincente y sin titubeos que Foxy dudó de que el tembloroso chico que había abierto la puerta y el que estaba hablando con sus padres fuera la misma persona.
—Bien, entonces, ¿comienzo yo? —Preguntó el hombre poniéndose de pie.
Al recibir un asentimiento por parte de los otros dos, aclaró su garganta y después de desdoblar la hoja, comenzó a leer.
"Papá, sé que desde siempre les cause problemas a ti y a mamá, y no podría estar más arrepentido de la manera en que me comporté porque sé que su divorcio fue mi culpa. Por un largo tiempo intenté hacerme creer que yo no tenía nada que ver, pero el sonido de sus discusiones cuando creían que yo aún no regresaba a casa me marcó demasiado como para poder olvidarla siquiera por un día en mi vida.
Lo que más extraño de esa época son los fines de semana en los que salíamos a algún lado que siempre escogía yo. Después de mi entrenamiento de futbol solíamos ir a una heladería y después al cine; algo que siempre deseé pero que nunca pudimos hacer debido a las circunstancias fue ir a un lago con ustedes todo el fin de semana para poder estar solamente nosotros tres.
Estaba convencido de que podría cambiar las cosas incluso después de haber cruzado el límite. Pero no fue así y te juro que daría lo que fuera para cambiar las cosas.
Padre, te pido que no vivas cargando conmigo como lo hiciste después del divorcio. Busca a una buena mujer y viaja a Australia, porque sé que ese siempre ha sido tu sueño. Olvida, por favor, todos los problemas que te he causado y ve. Te prometo que estaré bien en dondequiera que estés."
El hombre no habló después de terminar de leer la carta y la mujer se puso de pie para comenzar a leer, pero antes, y con la voz más suave, le pidió al pelimorado un vaso con agua.
Foxy pasó saliva al ver como las manos de su madre temblaban levemente y soltó un respingo al sentir que alguien jalaba su camisa. Se giró para encontrarse con un par de ojos color miel que lo observaban atentamente.
— ¿Quién eres? —Preguntó en voz baja.
— ¿Quién eres tú? —Respondió el pelirrojo sonriendo de lado.
—Yo pregunté primero… Soy Amber. —Infló sus mejillas. — ¿Por qué estas espiando? ¡Eso no es bueno!
—Lo sé. —Se agachó para estar a la altura de la que era su media hermana. La pequeña niña tenía apenas cuatro años y dudaba que siquiera pudiera recordar que alguna vez él la cuido cuando su madre tenía que viajar y no había nadie más disponible, todo antes del incidente. —Pero, ¿ves a ese chico de cabello morado? Su nombre es Bonnie.
La niña asintió.
—Bueno, él es la persona que amo.
— ¡Pero es un niño! —Exclamó algo escandalizada, bajando el volumen cuando el pelirrojo puso su dedo índice frente a sus labios, indicándole que debía guardar silencio.
—Pero es muy lindo, ¿no?
La pequeña se asomó por la puerta y después de mirar fijamente a Bonnie por unos segundos, regresó a su puesto.
—Sí, es muy lindo.
Foxy iba a volver a hablar, pero la voz de su madre interrumpió.
—Juguemos a que estamos espiando a tu madre, ¿de acuerdo? —Comentó apresuradamente y la chiquilla asintió contenta.
La mujer se aclaró la garganta antes de comenzar.
"Mamá, sé que no he sido el mejor hijo; y sé que te he dado más dolores de cabeza que razones para que estés orgullosa de mi. Este pensamiento no me deja dormir muchas veces, porque sigo pensando que pude haber cambiado las cosas si tan solo me hubiera portado diferente.
Sé también que te sientes culpable por haberte casado de nuevo; pero nunca te he despreciado por ese hecho, es más, desearía poder seguir al lado de mi media hermana y cuidarla todo lo viable, pero supongo que eso no será posible.
Te agradezco todas y cada una de las oportunidades que me diste para seguir siendo yo, pero sobre todo, gracias por haberme permitido nacer. En base a eso, puedo decir que por tu obra he conocido la mejor parte de la vida y por esa simple razón, estaré siempre, aunque tú no lo creas, cuidando de ti y de mi hermana.
Entonces, ¿Por qué no olvidamos esto y abrazas a mi padre una última vez? Siento que necesito esto para liberar un peso que he cargado durante más tiempo del que te imaginas. Esta es la última petición que te haré, lo prometo."
Al pronunciar la última frase, la voz de la mujer se rompió y bajó el trozo de papel arrugado, para después abrazar al hombre que permanecía de pie junto a ella, soltándose a llorar sin reparo.
Foxy, por su lado, pudo sentirse más ligero al presenciar esa escena y supo que tenía que irse cuanto antes. Vio a la pequeña niña sonriéndole una vez más y volvió a colocarse a su altura.
—Escucha, pequeña. Ahora que completamos la misión de espionaje ¿puedo darte una misión ultra secreta solo para ti?
Pudo ver el brillo de la emoción en los ojos claros de la pequeña y sonrió al recibir un efusivo asentimiento.
— ¡Si!
—Bien, escucha, yo tengo que irme lejos justo ahora. Y no podré ver al chico de cabello morado en mucho tiempo —La cría frunció el ceño. — ¿Puedes cuidar de él hasta que yo regrese?
— ¿Por qué te vas?
—Bueno… es algo difícil. —Tomó un trozo de papel y un bolígrafo y escribió apresuradamente sobre él. —Toma, esta es tu misión. Escóndela muy bien y no la pierdas, ¿vale? No dejes que nadie más la vea nunca y cumple con ella. Si lo haces bien, cuando regrese te daré una gran recompensa.
—Bueno, ¡haré esta misión para ti! —Rio. — ¡Y será un secreto para siempre!
—Esa es mi chica. —Revolvió el cabello castaño de la niña y se levantó para correr escaleras arriba, despidiéndose con la mano y colocando su dedo índice sobre sus labios, siendo imitado por la pequeña.
Bonnie había comenzado a temblar apenas la mujer terminó de leer la carta. Estaba desesperado por correr a buscar a Foxy, pero no podía simplemente dejar a sus invitados. Tardaron por lo menos diez minutos más antes de retirarse y apenas cerró la puerta, el pelimorado corrió con la mayor rapidez que pudo hasta estar en su habitación, que había acordado con el pelirrojo, sería su punto de encuentro después de todo el asunto.
Intentó abrir la puerta, desesperado al notar el más que conocido brillo extinguiéndose por debajo de la madera, pero el seguro había sido puesto desde dentro.
— ¡Foxy! —Golpeó con fuerza el trozo de madera. — ¡Abre la puta puerta!
Lagrimas comenzaron a correr libremente por su rostro apenas notó que la habitación había quedado a oscuras y él no había podido despedirse del amor de su vida.
Tomó el suficiente impulso como para romper el pomo de la puerta y entró a la habitación con la vista nublada y las manos temblándole; desplomándose contra el suelo al notar que se encontraba totalmente solo en la casa. Rasguñó la madera del suelo con sus uñas en un intento de desahogarse para después gritar hasta que su garganta se lastimó y todo lo que quedaron fueron sus lágrimas y las marcas de rasguños en el piso.
Se levantó, sin fuerzas, solamente buscando llegar a la cama y dormir por algunos meses hasta poder recuperarse del duro golpe que acababa de recibir, cuando distinguió un sobre blanco entre los colores sombríos del edredón.
Sus manos aún estaban temblando cuando rasgó el lateral del sobre y sacó una hoja doblada. Sus lágrimas volvieron a desbordarse apenas vio quien había escrito la carta.
"Bonnie:
Sé que estarás molesto conmigo por lo que voy a hacer, pero no puedo simplemente desaparecer frente a ti. No creo poder ser capaz de soportarlo y mucho menos si lo haces mientras tus ojos están vidriosos por aguantar las lágrimas. Espero que puedas perdonarme por ser tan idiota siempre.
Nunca conocí a una persona como tú; alguien que pudiera atraparme de la forma en que tú lo hiciste sin esforzarte siquiera un poco. Cuando hablamos por primera vez no imaginé que te convertirías en la persona más importante en mi vida y siento mucho que no hayamos podido ser como las otras parejas; esas que salen cada fin de semana, van juntos al cine y son la envidia de la escuela. Claro que esto no quiere decir que mi amor por ti sea menor que el que se tienen ellos.
Gracias de verdad por lo de mis padres. No imaginé que sería capaz de verlos nuevamente y gracias a ti todo esto tomó un rumbo distinto. Hiciste que un grupo de personas que ya no tenían esperanza para nada, se levantaran y lograran lo que ansiaron durante muchos años.
Y si, cuando hablamos por primera vez, no imaginé que te convertirías en la persona más importante en mi vida; pero si tuviéramos que volver a empezar, puedo decirte con toda seguridad que no me importaría volver a pasar por todo lo que pasamos si con eso puedo estar contigo una vez más.
Gracias por haberte enamorado de mí. Gracias por haberte mudado a esta casa. Gracias por haberte entregado a mí. Gracias por ser lo que eres. Gracias por existir.
Y podría seguir con esto siempre, pero aún hay algo que debo decir y el tiempo está acabándose.
Lo nuestro no salió de la mejor manera, porque nuestro destino era conocernos, amarnos y tenernos, pero no permanecer juntos el tiempo que nos hubiera gustado. Entonces, te prometo que la próxima vez haré todo lo que pueda, e incluso lo imposible para quedarme a tu lado por todo el tiempo que dure mi vida, sin importar cuanto duela, a quienes tenga que superar o cuánto tiempo pueda pasar para que volvamos a encontrarnos.
Te prometo que estaré cuidándote siempre, sin importar qué. Y espero que tú puedas prometerle a este pedazo de papel que seguirás adelante, que terminaras la universidad pateando los traseros de todos los listillos, serás un gran médico y viajaras por todo el mundo, por los dos, por nosotros.
Te amo Bonnie; más que a cualquier otra cosa o ser viviente en el mundo entero. Y espero que nunca olvides la calidez que nació dentro de ti cuando nos conocimos, porque yo nunca olvidaré la que causaste tú en mí.
Hasta la próxima, mi amor.
Foxy Olsen"
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Seis años después.
Bonnie terminó de estacionar el auto en el reducido espacio que encontró luego de vagar por casi veinte minutos y la niña que lo acompañaba saltó en el asiento, quitándose el cinturón de seguridad, abriendo la puerta y corriendo hasta estar a salvo en la acerca. El pelimorado suspiró audiblemente mientras corría para alcanzarla y la tomó de la mano apenas se puso a su altura.
Caminaron juntos entre los arboles hasta llegar al punto que tanto habían buscado.
La cría lo miró atentamente antes de alejarse un poco para sentarse bajo la sombra de un árbol extremadamente frondoso.
—Hola. —Susurró el de ojos rubí mientras colocaba el ramo de flores sobre la superficie plana, después de haberse agachado. —Hoy fue mi graduación, ¿sabes? Me gradué con honores.
Pasó su mano sobre la piedra pulida, quitando la tierra y algunas hojas secas que estorbaban a la vista. En la superficie yacían tallados un epitafio y unas fechas, pero lo que resaltaba más, era el nombre en letra cursiva.
Foxy Olsen.
—Durante las vacaciones iremos a Canadá. Los padres de Freddy dicen que está bien si nos quedamos allá un tiempo. Ah, Amber vendrá con nosotros, ¿no es genial?
Sonrió para después acomodar con cuidado las flores sobre la tumba y se levantó apenas escuchó a la pequeña castaña de diez años gritar el nombre de Chica.
Sus amigos, Freddy y Chica estaban esperándolo para ir al aeropuerto y tomar el vuelo que los llevaría al hogar del castaño, quien estaba ansioso por regresar después de tanto tiempo. Le sonrieron sosteniendo aun los característicos gorros que los identificaban como recién graduados.
Después de eso, subieron al auto y Freddy condujo hasta el aeropuerto.
Después de la partida de Foxy, Bonnie estuvo deprimido por un tiempo; luego, la madre del pelirrojo fue a buscarlo para darle las gracias como se debía –que según ella, era con un delicioso pastel de chocolate- y le dijo que si quería, podía ir con ella a visitar la tumba del chico.
Después de eso, iba cada que podía y sin miedo a parecer un loco, hablaba con el aire; sonriendo al pensar que Foxy estaba escuchándolo desde donde quiera que estuviese.
Amber se durmió apenas pasaron quince minutos del despegue y Chica sacó de su maleta –sí, esa maleta que había causado una pelea entre ella y un par de azafatas- un gran álbum de fotos que tanto la rubia como el pelimorado habían cuidado desde niños.
Freddy se sumó al grupo y los tres se encargaron de llenar hasta el tope las páginas del gigantesco libro que contenía ochenta hojas en las que mínimo, cabían diez fotografías por cada página.
Tuvieron que comprar un libro nuevo para seguir sumando sus experiencias y los tres juntos, con Freddy sosteniendo en sus brazos a la pequeña castaña, apreciaron las fotografías que se hicieron desde la segunda mitad del año dos mil quince hasta la primera mitad del dos mil dieciséis.
Los tres compartían una favorita; de hecho, les gustaba tanto que cada uno tenía una copia, en la estancia de la casa había otra, y una de las páginas del álbum albergaba una del mismo tamaño que la hoja.
Era esa fotografía. En donde Mangle y Chica sujetaban sus manos, Freddy y Gabe entrelazaban sus brazos, y Foxy y Bonnie se abrazaban; todos mirando a la cámara con felicidad pura.
Amber también se ganó un lugar entre ellos, saliendo a casi todos los lugares a donde iban y los tres estaban perfectamente bien con ello, sobre todo Bonnie, que siempre había adorado los ojos miel de la niña.
Los años pasaron volando, y como era obvio, ninguno de ellos pudo superar completamente esa etapa tan alegre y trágica a la vez, pero se tenían entre ellos y con eso bastaba; o por lo menos era lo que cada uno pensaba para sus adentros.
¿Y bien? ¿Qué les pareció? ;-;
Debo decir que este es el último capítulo de Murder House. Traté de dar una buena conclusión a todo pero aun así creo que alguna cosa pudo haber quedado inconclusa, me disculpo por ello.
El capítulo es muy largo, de hecho, es el más largo que he escrito de todo MH y pensé en dividirlo a la mitad, pero no pude; porque sería cortar algo importante en la historia; espero de todo corazón que les haya gustado el final que decidí darle.
Tal vez en algún lugar haya alguien diciéndose a sí mismo: '¿Esto es todo? ¡No puede acabar así!'
Es cierto, en mi opinión, la vida de los chicos queda -de cierta forma- concluida con esto, pero, ¿y los espíritus? Bueno, para eso, ¡me encargaré de traerles un epílogo lo más pronto posible! :D Espero poder terminarlo antes de que acabe la semana y entonces podré marcar el fic como "completo" en FF.
De antemano, quiero darles las gracias por haber seguido conmigo este FanFiction. Confieso que algunas veces llegué a llorar y emocionarme como si fuera un personaje más en la historia, por lo que espero haber podido transmitir esas sensaciones a ustedes. C:
Una última cosa, me gustaría aclarar que cambié mi nombre de usuario; esto lo digo solo para evitar alguna confusión o algo así.
Muchas, muchas gracias por todo su apoyo; leer sus opiniones siempre levantaba mi ánimo y me hacía querer seguir escribiendo.
En fin, por hoy, esto es todo lo que quería decir.
¡Nos leemos en el epílogo!
