Declame

Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Tentador de Eileen Wilks.

Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente adapte el libro con ambos personajes.


Draco decidió que ya había tenido suficiente de intragables tazas de café por unos días. Se detuvo en una tienda de delicadeces y compró café en grano, un molinillo y una cafetera francesa. Hermione se debatía entre la risa y la exasperación, hasta que Draco señaló que también quería beber café decente en su casa. Entonces Hermione permaneció en silencio, con toda seguridad pensando en cómo el vínculo había introducido a Draco a su vida, a la fuerza.

Entre aquella parada y el tráfico, los dos federales llegaron al hotel antes que ellos. Remus y Sirius estaban alojados en el décimo piso de un hotel que se especializaba en suites para viajes de negocios. La pequeña sala de estar era confortable en su estilo genérico y tenía las comodidades habituales, incluyendo una mesa redonda con cuatro sillas. Una gran mejoría respecto a la sal de estar del apartamento de Hermione, pensó divertida.

Sin embargo, el servicio a limpieza del hotel se había dejado algo en el tintero. En cuanto puso un pie en la habitación, Draco notó el olor desagradable. No era algo que los humanos estaban con él pudieran percibir, pensó. Quizá un ratón muerto en el armario.

¿Qué tal les ha ido? —preguntó Hermione—. Y, ¿cuál es la conexión entre la iglesia de Ronald y la Iglesia de los Fieles?

No lo hay —dijo Remus tristemente—. Nos hemos equivocado.

Draco caminó hasta la mesa y empezó a sacar sus compras.

¿Quién quiere una taza de café decente?

Ah, para mí no. —Remus tenía una extraña expresión en su rostro. Como avergonzada.

Sirius frunció el ceño.

Lo que mi compañero está evitando decir es que nos hemos equivocado. No hay ninguna conexión entre los azá y los asesinatos.

Hermione se detuvo en seco.

¿Qué quiere decir con que estamos equivocados? ¿Han hablado con ese arzobispo durante unos minutos y los ha convencido de que él y su organización entera son puros como la nieve?

Sirius se enfadó.

A veces ocurren coincidencias. Creo que nos hemos precipitado al sacar conclusiones.

¡Coincidencias! —Hermione parecía dispuesta a golpear algo. Probablemente la nariz de Sirius—. Por supuesto que están conectados.

Sirius negó con la cabeza.

No hemos equivocado en todo.

Draco habló antes de que Hermione hiciera lago que pudiera traducirse en cargos por golpear a un agente federal.

Según tengo entendido, Gregory es el último que habló con Diggory. ¿Qué ha dicho sobre eso?

Ha cooperado completamente.

Draco lo miró.

¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿Ha cooperado completamente?

Mira. —Remus se pasó una mano por el pelo haciendo que un mal corte de pelo tuviera aún peor aspecto—. Como ha dicho Sirius, nos hemos precipitado con nuestras conclusiones. Nos hemos equivocado. No tenemos pruebas de que a Hannah Abbott la mataran por medio de la hechicería y mucho menos de que la Iglesia de los Fieles esté implicada. Unas cuantas leyendas antiguas, un nombre similar... —Se encogió de hombros—. No es mucho si te paras a pensarlo.

Draco no podía creer lo que estaba oyendo.

Remus, ¿cómo te has dejado convencer?

Lupin frunció el ceño.

Voy a hacer como que no he oído eso.

Un momento —intervino Hermione—. Un momento. Evitemos que nuestros temperamentos se adueñen de la situación.

Draco la miró, sorprendido por el cambio de actitud. Hermione parecía tranquila. Pero no olía como si estuviera tranquila. Y entonces Draco la oyó hablar sin que ella emitiera un solo sonido: "Prepárate. Quizá saquen sus armas". Lo había dicho mentalmente. Un truco que los lupi utilizaban a menudo, y del que no esperaba que Hermione estuviera al tanto.

Hermione sonrió a los agentes.

Nos han tomado por sorpresa, eso es todo. Creía que estábamos todos en el mismo barco, pero parece que ser ustedes ya han llegado a puerto y no nos quieren decir cómo. ¿Tengo razón?

Eso es lo que hay. —Black se disculpó.

Muy bien. No estoy de acuerdo con sus conclusiones, pero ustedes llevan las placas. Me imagino que ya no me necesitan en el caso.

Nosotros mismos nos vamos mañana. No creemos que haya caso.

De acuerdo. —Hermione se encogió de hombros—. Nos tomamos el café y nos marchamos. ¿Sin resentimientos? —Alargó la mano y, por fin, Draco entendió de qué iba todo aquello. Se acercó a los dos agentes. Y se preparó.

Por supuesto. —Claramente aliviado, Sirius estrechó la mano de Hermione.

Draco oyó que la respiración de ella se aceleraba.

¿Remus? —Se giró y alargó la mano al agente—. ¿Sin resentimientos?

No tiene porque... —Sacudió la cabeza y observó la mano abierta de Hermione, luego la estrechó con un gesto breve y rápido—. Lo siento. No estoy seguro de lo que iba a decir.

Hermione retiró su mano y la mantuvo ligeramente alejada de su cuerpo. Sus ojos se clavaron en Draco, asegurándose de que él la apoyaba. Draco asintió. Dio un paso atrás para dejar algo de espacio entre ella y los agentes.

Y entonces habló:

Están hechizados. Los dos.

¿Qué? —Remus rió—. Está bromeando.

He sentido lo mismo. Esa maldad que identifica a la magia que mató a Hannah Abbott.

No puede ser —explicó Remus—. Estamos escudados por mis hechizos de protección. No se nos puede manipular de esa manera.

Piense en ello. Piense en lo que creía antes de hablar con ese hombre. Y compárelo con lo que cree ahora.

Sirius frunció el ceño.

Remus estaba perplejo.

He cambiado de opinión.

Remus —dijo Draco suavemente—, tú mismo comprobaste la escena del crimen e hiciste las pruebas. ¿Por qué dirías ahora que no hay evidencia de hechicería en el asesinato?

Porque... —Su cara se contorsionó como si hubiera comido carne en mal estado—. Mis hechizos no son admisibles como prueba a excepción de en algunas situaciones estrictamente definidas y concretas.

Pero demostrabas que la mujer murió por medio de la hechicería, ¿no?

Sin duda alguna. El rastro era fuerte, incuestionablemente resultado de un acto de hechicería y ... —su voz vagó ligeramente—. No recuerdo lo que iba a decir.

Hermione miró a Draco.

¿Un hechizo de persuasión, quizá? ¿Qué sabe sobre los hechizos de persuasión?

No mucho.

Remus respondió.

Normalmente son hechizos muy débiles, incluso aunque los realice alguien con un don de carisma...oh. Tiene gracia. Cuando nos reunimos con Gregory recuerdo haber pensado que no me sorprendería que tuviera algún don.

Estuvimos allí demasiado tiempo —dijo Sirius de pronto. Gotas de sudor inundaban su frente como si estuviera haciendo un gran esfuerzo—. Llegamos a las tres y media. Y estábamos de vuelta a las cinco y media. Pero no recuerdo lo suficiente... lo suficiente como para cubrir todo ese lapso de tiempo.

Mierda —dijo Remus—. Tienes razón. Hablamos con él durante diez minutos y después... no recuerdo nada. ¿Había alguien más allí? —Miró a Sirius—. ¿Llegó alguien mientras hablábamos con Gregory?

No lo sé. No me acuerdo. —Sirius miró a Hermione—. Tiene razón. Han manipulado nuestras mentes. No pueden confiar en nosotros.

¿Qué haces con un par de agentes especiales que han perdido la cabeza? ¿O parte de ella? Hermione intentó determinar hasta qué punto habían manipulado sus mentes. Dos agentes estaban dispuestos e intentaron cooperar, pero pronto estuvo claro que no podían razonar lo que había pasado ni lo que les había hecho.

Veinte minutos después, Draco puso una mano en el hombro de Hermione.

Creo que será mejor que lo dejemos. Si los presionamos más corremos el riesgo de causarles algún daño permanente.

Sirius se observaba las manos, juntas y apoyadas sobre la mesa. Su rostro estaba pálido por el esfuerzo. Remus estaba murmurando una letanía para recordarse a sí mismo por qué no podía confiar en su propia mente. Cada vez que se detenía, volvía a los pensamientos que le habían implantado.

Necesitamos ayuda médica —dijo Hermione—. O algún tipo de ayuda. Yo no sé cómo funciona esto. Si pudiera llamar a su jefe, él podría...

Sirius alzó la mirada.

¿Quiere decir a Dumbledore? Ya lo he llamado. Ya sabe que nos retiramos.

Bien —Hermione asintió—. Eso está bien. Sabe, no tiene tan mal aspecto. Pero quizá será mejor si se echa un momento.

No.… —Sirius se frotó la frente—. ¿He estado bebiendo? Parece que no puedo pensar a derechas.

No nos retiramos —dijo Remus de pronto—. Aunque necesitamos retirarnos. Tienen que sedarnos.

Puedo ocuparme de eso —dijo Draco.

Remus lo miró a los ojos.

Hazlo. Hazlo mientras recuerde por qué.

Draco sacó su teléfono.

Mientras me encargo de eso, Hermione habla con ellos de cualquier cosa menos del caso. A Remus le gusta el baloncesto.