Rose y Lizzy esperaban a Lily y Alice en la puerta de la residencia, con la vista fija en sus respectivos teléfonos.

- James dice que vamos muy guapas. – Comentó la morena antes de dibujar una sonrisa tonta en sus labios y teclear una respuesta.

- Scorpius también. – Rose se mordió el labio y siguió escribiendo. – Dice que espera que nos lo pasemos muy bien.

- James dice lo mismo y que tengamos cuidado con los idiotas de turno.

Lizzy puso los ojos en blanco y Rose levantó la mirada de su móvil. Enarcó una ceja y tuvo que reprimir una carcajada. Dijeran lo que dijeran, cada día parecían más una pareja. Negó con la cabeza y desbloqueó el móvil al ver un nuevo mensaje. Alice acababa de decir por el grupo que tenían las cuatro que ya bajaban.

- Ya llegan.

- Espero que le guste nuestro regalo. – Lizzy suspiró. Todavía se sentía fatal cuando veía a Alice por lo que había hecho en Halloween así que esperaba que, al menos, le gustara lo que Rose y ella le habían comprado por su 18 cumpleaños.

- Seguro que sí. – La pelirroja asintió. – Por lo que sé, le encanta ese autor y la mayoría de su ropa es de esa tienda así que no tenemos de qué preocuparnos.

La otra asintió y ambas guardaron silencio hasta que la puerta se abrió y, por fin, salieron las dos chicas.

- ¿Estáis listas para darle todo? – Lily levantó los brazos y lanzó un pequeño gritó. – ¡Esta noche vamos a desfasar a tope! – Todas rieron al ver que empezaba a bailar. – Lo digo en serio. Todas vamos a desfasar, incluidas la señorita "yo no bebo" y la cumpleañera.

- Solo porque es un día especial. – Lizzy sonrió. – Pero únicamente una o dos copas, mi cuerpo no tolera mucho más alcohol.

- ¿Y chupitos?

- Bueno, alguno, pero tampoco muchos.

- Algo es algo, ya iremos viendo cómo se desarrolla la noche. – Le guiñó un ojo y se volvió hacia Alice. – Y tu, cumpleañera, ¿qué me dices? No todos los días se cumplen 18 años y tienes que lucir mi fabuloso regalo.

- ¿Le has regalado el vestido? – Rose enarcó una ceja. Era un vestido bonito, con la falda hasta la rodilla y manga hasta el codo, algo que Lily jamás elegiría

- Los zapatos. – Contestó Alice por ella, levantando un poco el pie para que los vieran. – Son preciosos, ¿verdad? Y, de momento, también cómodos.

- Ya veremos si sigues diciendo eso cuando volvamos. – Lizzy sonrió. – Anda, vámonos. Nos espera una gran noche.


Entraron a un bar y se sentaron en la barra, sin dejar de charlar. El camarero no tardó en acercarse a ella y pidieron varias copas.

- Y una coctelera de tequila y blue tropic. – Añadió Lily, con una enorme sonrisa. Las demás la miraron y ella se encogió de hombros. – Ya os dije que íbamos a tomar chupitos.

- Pero, ¿tan pronto? – Alice frunció el ceño levemente.

- ¿Para qué esperar? ¡Vamos!

El chico no tardó en servirles lo que habían pedido y ellas, tras tomarse el primer chupito, empezaron a beber de sus respectivas copas mientras reían y charlaban sobre unas y otras cosas. Bailaron un poco y se tomaron los chupitos que quedaban, cada vez más animadas y pasando, casi sin darse cuenta, de los temas más comunes a otros bastante más personales. Pronto, terminaron esas primeras copas y pidieron otras además de otra coctelera, esta de ginebra y lima.

- Lizzy, ¿puedo preguntarte una cosa? – Le preguntó Lily con una media sonrisa nada más marcharse el camarero.

-Sí, claro. – Contestó esta, riendo. Se le estaba empezando a subir bastante el alcohol.

- ¿Folla mi hermano tan bien como dice?

Las cuatro estallaron en carcajadas y la morena se cubrió la cara con las manos para que las demás no pudieran ver lo roja que se había puesto.

- No se lo digas, porque no quiero que se le suba a la cabeza, pero sí. – Contestó finalmente. – De todos los tíos con los que me he acostado es el que mejor lo hace. Es muy… atento.

- Leo también. – La pelirroja lanzó una carcajada. – Os juro que eso sí que son polvos. Me he visto con un par de chicos más después de liarme con él la primera vez y no tiene nada que ver.

- Ojalá todos los tíos supieran que hacer en la cama. – Añadió Lizzy. – Por desgracia son pocos los que saben.

- Y eso hay que aprovecharlo. – Miró a Rose y Alice. – De verdad, no sabéis lo que os perdéis.

- Yo sí lo sé. – Rose lanzó una carcajada. – Pero pronto pasará mi racha de sequía.

- ¿Cuánto llevas? – Preguntó su prima.

- Desde que corté con Toby.

- ¡¿En serio?! – Abrió mucho los ojos. – Yo me habría vuelto loca.

- No soy de acostarme con tíos a los que no conozco, ya lo sabéis.

- ¿Entonces con quién acabará tu sequía? – Insistió Lily, cada vez más interesada.

- Pronto lo sabréis. – Le guiñó el ojo y rió antes de darle un trago a su copa.

- ¿Y tú qué, Alice?

Lizzy la miró y sonrió. La castaña, que acababa de ponerse completamente roja, dio un pequeño salto en su asiento y apartó la mirada.

- Yo llevo 18 años exactos sin hacerlo.

- Oh. – La morena asintió lentamente y le dedicó una mirada tierna. – Qué mona. ¿Esperando al chico adecuado?

- Sí.

- Haces bien. Yo debí haber esperado un poco. – Bebió un poco y fijó la vista en su vaso mientras apretaba los labios. – No estuve cómoda y lo hice solo porque creí que era lo que tenía que hacer, pero… Debí haber esperado un par de meses más al menos.

Rose la miró con preocupación y apoyó una mano en su rodilla, lo que hizo que tanto Lily como Alice se dieran cuenta de que había mucha historia que ellas no conocían. Y que probablemente lo mejor sería no preguntar en ese momento.

- Intenta además que sea en algún lugar cómodo. – Intervino Lily, tratando de aliviar la tensión que se había creado en el ambiente. – No seas una de esas que la pierde en el coche.

- ¿Y qué tiene de malo? – Rose frunció el ceño.

- No jodas, Rose. – Su prima empezó a reír. – ¿En el coche de Toby?

- El día del baile de graduación.

- Eres un cliché andante.

- Siempre se lo digo. – Lizzy negó con la cabeza y sonrió, olvidando lo que acababa de decir. – Hay que perderla en una cama con sábanas blancas de seda.

- Eso es pasarse. – La menor de los Potter puso los ojos en blanco.

- ¿Dónde la perdiste tú, Lils? – Le preguntó su prima entonces. – Nunca me lo has contado. No sé ni con quién porque tú nunca has salido con ningún chico.

- Fue muy patético. – Puso los ojos en blanco. – Estaba borracha en una fiesta y acabé haciéndolo en un dormitorio con un pringado que estaba en un curso menos que yo. Menos mal que conseguí que todos creyeran que se lo estaban inventando porque me moriría de la vergüenza si mis amigas supieran la verdad.

- Pobre chico, Lily. – Alice se mordió el labio y la otra se encogió de hombros. – A lo mejor se enamoró.

- Jugábamos en ligas distintas. Además, estaba tan borracha que ni siquiera sabía que era él, pensaba que era un chico de mi clase que jugaba al fútbol.

- Desde luego…

- Un error como otro cualquiera, por suerte no estuvo mal. – Les guiñó el ojo y rió. – Y digo yo, ya que estamos hablando de estas cosas, ¿por qué no jugamos al "yo nunca"? Podemos beber de nuestros copas, terminar esta coctelera y, si eso, pedir otra más. ¿Qué os parece?

Las otras tres no se lo tuvieron que pensar.


Las frases empezaron siendo solo tonterías como "yo nunca he robado en una tienda", "yo nunca he fumado" o "yo nunca me he escapado de casa", pero poco a poco –y conforme el alcohol iban desinhibiéndolas– fueron aumentando hasta convertirse en "yo nunca he desvirgado a un tío", "yo nunca he fingido un orgasmo" o "yo nunca he pillado haciéndolo a una de las presentes".

- Yo nunca he tenido una fantasía inconfesable.

Rose estalló en carcajadas al decir aquello. No sabía cuánto había bebido, pero aquel bar le estaba dando vueltas y todo le parecía muy divertido.

- ¡No te creo! – Replicó Lizzy después de beber, también riendo. – Todas tenemos fantasías.

- Pero yo no tengo ninguna inconfesable. – Le guiñó el ojo. – Las fantasías están para cumplirlas.

- No me lo creo. – Lily negó con la cabeza. Ella y Alice también habían bebido.

- Venga, confesad. Bebo por vuestras historias.

- Mis vecinos son gemelos y desde pequeña hemos pasado mucho tiempo juntos porque eran amigos de mi hermano y siempre estaban en casa. – Empezó a decir la castaña, animada por el alcohol. De las cuatro, era la que estaba menos borracha pero, aún así, también estaba bastante contenta. – Y me encantaría liarme con los dos.

- ¿En serio? – Rose rió.

- Pues a mí me gustaría liarme con una chica, no sé. Tengo curiosidad. – Intervino la otra pelirroja. – Nunca he besado a una chica.

- ¿Ni un pico? – Le preguntó su compañera de habitación.

- ¿Tú sí?

- Con alguna amiga en alguna fiesta. – Se encogió de hombros. – No son besos de verdad.

- Pues yo quiero y ya que tú si has dado…

No lo dudó. Se acercó a ella y le dio un beso rápido ante su sorprendida mirada mientras Lizzy y Rose estallaban en carcajadas.

- Vale, creo que todas hemos bebido ya bastante. – Lizzy se puso de pie y a punto estuvo de caerse. Empezó a reír y se agarró con fuerza a la barra.

- ¡Espera, todavía no nos has contado la tuya! – Protestó Lily, que tenía la cabeza apoyada en el hombre de Alice que no paraba de reír.

- No pienso decíroslo.

- ¿Por qué? ¡Nosotras lo hemos hecho!

- Porque no se la he contado ni a James y él es el único que puede cumplirla así que seguirá siendo inconfesable hasta que decida si le dejo… - Guardó silencio unos instantes y volvió a reír. Sacó su móvil y empezó a marcar. – ¡Voy a llamarle!

- ¡Espera! – Alice, que parecía ser la única consciente de la hora que era, se puso de pie y la agarró del brazo. – Son las cuatro y media de la mañana.

- ¿Y? – La miró, sin entender cuál era el problema. – Quiero echar un polvo.

- Lizzy, no.

- Lizzy, sí. – Se soltó y le dio a la tecla de llamada.

- ¡Pero decidle algo!

- ¿Por qué? – Lily frunció el ceño. – ¡Déjala divertirse! Yo voy a ver si encuentro a… Uy.

Se cayó sobre Rose, que estuvo a punto de caer también de su asiento, y estalló en carcajadas. Su prima la abrazó y también empezó a reír.

- Tía, ¡qué mal vas!

- ¡Qué va, voy perfectamente! – Protestó. – Pregúntame algo.

- ¿A qué día estamos?

- ¿A sábado?

- Vale, esa era muy fácil. – Rose volvió a reír. – Anda, déjame levantarme, quiero bailar.

La chica se levantó y comenzó a contonearse mientras Alice se levantaba. Suspiró. Acababa de darse cuenta de que, a pesar de ser la más pequeña, tenía que hacer de madre de las demás.

- Venga, chicas, es tarde, deberíamos irnos ya y… ¡Lizzy suelta el teléfono!

- ¡No, no te escucho! – Gritaba la chica al móvil. – ¡No estoy borracha!

- Lizzy, cuelga. – Le quitó el teléfono y se lo acercó al oído pero, antes de que pudiera decir nada, volvió a quitárselo. Bufó, frustrada, y se giró de nuevo. Lily y Rose acababan de subirse a la barra y ella se llevó las manos a la cabeza. – ¡Bajaos de ahí ya! Os vais a matar.

- ¡Venga, no seas exagerada! Sube y diviértete.

Alice suspiró y las miró con preocupación. ¿Pero cómo se podían haber descontrolado tanto en dos minutos? No entendía qué había pasado exactamente, ni por qué habían pasado de estar sentadas tan tranquilas jugando al "yo nunca" a aquello.

- Bajaos, en serio chicas, vámonos ya. Es tarde y estáis fatal.

Y, siendo sinceros, a ella también le daba vueltas el local y solo conseguía mantenerse quieta y medianamente centrada por la preocupación. Los miró con preocupación y les tendió las manos.

- Por favor.

Lily y Rose refunfuñaron y la llamaron aburrida, pero finalmente se bajaron de la barra y se apoyaron en ella. Se giró entonces hacia Lizzy, que seguía hablando por teléfono y la cogió del brazo.

- Nos vamos, Lizzy.

- Pero yo tengo que esperar a James… - Hizo un puchero. – Porque, vas a venir a por mí, ¿verdad, Jamie?

- Por Dios, ¿vas a hacer que venga a por ti? – Negó con la cabeza. – Pues le esperaremos fuera.

La agarró y tiró de ella hacia fuera, con Lily y Rose todavía apoyadas en sus hombros y andando a duras penas. Salió a la calle y suspiró. ¿Pero por qué siempre le tocaba a ella ser la responsable? Se detuvo y las dos pelirrojas, sin motivo aparente, empezaron a correr.

- ¡Esperad!

Soltó a Lizzy, que se sentó en el suelo, y fue tras ella, maldiciendo sus zapatos de tacón que le impedían alcanzarlas.

- Chicas, en serio. Dejadlo ya y volvamos…

- ¡No, que todavía no ha llegado James y yo quiero echar un polvo! – Se quejó Lizzy, cruzándose de brazos.

- No, no, tranquila, lo esperaremos. – Le dijo.

- ¡Vamos a otra discoteca! – Exclamó Rose entonces.

- ¡Sí!

- No, nos vamos a casa en cuanto llegue James.

- Venga, Alice, será divertido. ¡Yo quiero bailar! – Su madrina comenzó a bailar en medio de la calle siguiendo un ritmo imaginario y su prima no tardó en unirse antes de comenzar a cantar a gritos.

- Ay, Dios…

- Somos dos contra una así que, ¡ganamos! – Lily rió y siguió cantando y bailando.

Alice se echó el pelo hacia atrás y cerró los ojos. No tenía ni idea de cómo solucionar aquello, se le estaba yendo la situación por completo de las manos, no deberían haber bebido tanto. Se mordió el labio y, de repente, tuvo una idea. Abrió su bolso rápidamente y sacó el móvil. No quería molestar, ni despertar a nadie, pero aquello era cuestión de vida o muerte así que buscó su nombre y le dio a llamar. Apenas tardó un par de tonos en contestar.

- Hola, sé que es muy tarde, pero estoy desesperada y necesito tu ayuda.


James no tardó en llegar. Se quedó parado junto a ellas y las miró con el ceño fruncido y una mirada incrédula.

- Intenté impedirle que te llamara, pero no pude, lo siento. – Se excusó Alice al verlo.

- ¡James! – Lizzy se levantó de un salto y se habría caído de no ser por él, que la agarró con fuerza. – ¡Vamos! Quiero echar un polvo.

- ¿En este estado? – Negó con la cabeza. – Ni en broma. Nos vamos a dormir.

- Pero yo quiero…

- Dormir, Elizabeth. – Ella lo miró con incredulidad e hizo un puchero, pero él no se inmutó. – Estás borrachísima.

- No, solo he bebido… - Arrugó la nariz y negó con la cabeza antes de hacer otro puchero. – No lo sé.

- Lo imaginaba. – Suspiró y la cogió en brazos rápidamente. Ella se abrazó a él y apoyó la cabeza en su pecho, riendo, mientras el chico se giraba hacia Alice. – ¿Qué vais a hacer vosotras? ¿Necesitas mi ayuda?

Miró a su prima y a su hermana y negó con la cabeza. Pero, ¿cuánto habían bebido? Le había dicho Lizzy que solo iban a salir a tomar algo para celebrar el cumpleaños de Alice, pero parecía que habían desfasado bastante.

- No te preocupes, ya he pedido ayuda.

- ¿Has llamado a alguien?

- Sí. – Asintió. – Debe estar también al llegar.

- ¿Quién? – Le preguntó con curiosidad.

- ¡Alice!

Aquel grito los interrumpió. Albus –en pijama y zapatillas– acababa de girar la esquina y se dirigía hacia ellos corriendo, con la angustia pintada en su mirada. James asintió con la cabeza, como si acabara de caer en la cuenta de que aquello era lo más lógico, y la chica suspiró aliviada.

- ¿Estáis bien? – Preguntó cuando llegó hasta ella. Aunque le había asegurado por teléfono que el problema era que Rose y Lily estaban completamente borrachas y no podía conseguir que se quedaran quietas y que Lizzy estaba llamando a James porque quería irse con él, no se fiaba. Apoyó una mano en su mejilla y la miró detenidamente, comprobando que realmente estaba sana y salva.

- Sí, es solo lo que te he dicho. – Suspiró y las señaló con la cabeza. – Siento haberte molestado.

- No me has molestado. – Se apresuró a responder. – De hecho, me alegra que me hayas avisado. Es evidente que la situación es complicada y necesitas ayuda.

- Gracias, Albus.

- Lo mejor será que durmáis todas esta noche en el apartamento. – Sugirió. Miró entonces a su hermano y sonrió levemente al ver a Lizzy acurrucada en su pecho. ¿Quién habría dicho que James podría ser tan caballeroso? – ¿Tú te la llevas a ella?

- Sí. – Asintió.

- Pero no quiere acostarse conmigo. – Volvió a protestar.

- Ya te lo he explicado, Lizz. – Puso los ojos en blanco, pero sonrió. – ¿Podréis llegar bien al apartamento? Puedo echaros una mano si queréis.

- No, tranquilo. Alice y yo nos apañamos bien.

- De acuerdo, pero si necesitas algo, llámame.

James se despidió de ellos con un último gesto y se marchó con Lizzy en brazos.

- Bueno, - Albus miró entonces a las otras dos chicas y suspiró. – ¿cómo lo hacemos?

La castaña se encogió de hombros y negó con la cabeza.

- No tengo ni idea.


James llevó a Lizzy hasta su habitación y la tumbó sobre la cama. La chica lanzó una pequeña carcajada y sacó su teléfono móvil y él frunció el ceño.

- ¿Qué haces?

- Le escribo a mi madre. – Contestó mientras intentaba enfocar la vista para poder escribir el mensaje.

- ¿Qué? – Corrió hacia ella y le quitó el teléfono. – Son las cinco de la mañana, ¿estás loca?

- Le gusta saber cuándo estoy de vuelta. Me escribió a las dos o así, ¿ves? – James miró la conversación y, en efecto, vio el mensaje de la mujer. – Soy una hija única sobreprotegida.

- Ya me había dado cuenta de eso. – Suspiró. – Yo le escribiré el mensaje, ¿qué le digo?

- Solo que he llegado y que mañana hablamos. – Respondió. – Escribe luego "muack" y envíale un par de emoticonos del muñeco lanzando besos.

- Está bien. – Lo hizo y, una vez enviado, no tardó en llegarle la respuesta de la mujer deseándole buenas noches. Envió otro emoticono y le devolvió el móvil. – Te traeré una camiseta para que te cambies.

- ¿Para qué? – Se incorporó y comenzó a desnudarse. – Ni que nunca hubiera dormido desnuda en tu cama.

- Lo sé, pero mejor póntela. – Insistió. Abrió el armario y sacó una camiseta vieja. Se la pasó y recogió el vestido y el sujetador que había lanzado al suelo mientras ella se la ponía. – Dejaré esto aquí, ¿de acuerdo?

Ella asintió y él, tras ponerlos sobre la silla, sacó su pijama y se cambió también rápidamente. Cuando terminó, se metió en la cama junto a ella y la abrazó.

- ¿Te encuentras bien?

- No lo sé, todo me da vueltas. – Se acurrucó más en su pecho y suspiró. – Hacía mucho tiempo que no me emborrachaba tanto.

- Mañana tendrás lagunas…

- No, yo siempre me acuerdo de todo. – Lo miró con diversión y empezó a besar su cuello.

- Lizz, tienes que dormir. Estás demasiado borracha para hacer esto.

- Ya, claro, seguro que alguna vez te has acostado con alguna chica borracha.

- Y no me siento orgulloso de ello. – Le dio un beso en la frente y ella suspiró, consciente de que no conseguiría nada.

- Jo, vale… Mañana será.

- Sí. – Él sonrió. – ¿Os lo habéis pasado bien?

- Mucho. Hemos estado jugando al "yo nunca" y ha sido muy divertido. – Lanzó una pequeña carcajada. – Aunque tu hermana me ha ganado. Es una de las primeras veces que alguien me gana jugando a eso, ha hecho un montón de cosas, te explotaría la cabeza si te enteraras.

- ¿Ah, sí?

- Sí, pero no voy a decirte nada. – Volvió a reír. – Son cosas secretas de chicas.

- Venga ya, solo me preocupo por ella.

- Lily sabe lo que se hace. – Contestó antes de bostezar. De repente tenía mucho sueño y solo quería dormir. – Es muy lista, no tienes que preocuparte tanto por ella.

- No puedo evitarlo, Lizz. Hasta las chicas más listas acaban con idiotas.

- Las chicas listas no acaban con idiotas, no digas tonterías.

- Claro que sí. – Bajó el tono de voz. – Fíjate en ti, por ejemplo. Estás aquí conmigo y yo me he portado tan mal contigo tantísimas veces…

- Ya, fuiste un poco capullo.

- Lo siento mucho, Lizz. Te juro que no sabía cómo conseguir que me hicieras caso y sé que a veces me pasé de la raya.

- El pasado es pasado. Lo importante es que ahora todo ha cambiado.

- Sí, pero eso no me exime de culpa. No te traté bien siempre y no hay día que no me arrepienta.

- Me gustaba cuando me decías cosas que me sacaban los colores y que hacían que acabara dándome duchas de agua fría. - Confesó ella. – Por Dios, la de veces que acabé con una mano entre las piernas por tu culpa.

James sonrió con cierta satisfacción. Aquella confesión iba a aumentar bastante su ego y su orgullo. No todos los días una chica te decía aquello.

- El caso es que te pasabas de vez en cuando, pero ya he visto como eres y me gusta así que no le des más vueltas.

James besó su frente y acarició su pelo con dulzura hasta que su respiración se volvió más lenta y regular. Sonrió. Se había quedado dormida.

- Lizz, creo que me estoy enamorando de ti.

Fue apenas un susurro que ella no habría oído ni despierta –mucho menos dormida–, pero no pudo evitar sonreír aliviado por haber sido capaz de decir aquello en voz alta. Algún día sería capaz de decírselo a la cara, pero ese momento aún no había llegado.


Hola a todos :)

Ya estoy de vuelta de mis vacaciones y aquí tenéis un nuevo capítulo de Berkeley ;) Menuda fiestecita han tenido las chicas... A ver cómo termina todo esto. Y James, ¿qué decir de él? *-*

Un beso y espero vuestros comentarios,

María :)