De rumores y verdades

Eran aproximadamente las dos de la madrugada cuando Taichi Yagami fue liberado de la delegación acompañado del señor Nakamura, el asistente personal de su padre. Cuando el moreno salió, a pesar de ir cabizbajo y tapándose el rostro con su brazo, la horda de reporteros no se hizo esperar y lo rodeó por completo, bombardeándolo con preguntas mientras él y su acompañante trataban de abrirse paso entre tanta cámara, flashes y gente.

– ¡Taichi Yagami! ¿Es cierto que atacaste al presidente Min Fujisaki?

– ¿Por qué lo hiciste?

– ¿Qué se sintió estar detenido por varias horas?

– ¿Cuál es la opinión de tu padre sobre esto?

– ¿Ya sabes si esto afectará tu carrera artística?

– ¿Tienes algo que declarar ante las cámaras?

El moreno tan sólo se cubría a como podía tratando de pasar. Eran demasiadas preguntas, las cuales la mayoría ni siquiera sabía cómo responder.

– ¿A dónde irás ahora? ¿Al departamento de Generation X? ¿O ya no tendrás acceso ahí por lo que hiciste?

– ¡Hey, voltea hacia acá para sacarte una foto!

Y así fue en el corto trayecto hacia la limusina que lo esperaba en el estacionamiento del lugar. Subió de inmediato a la parte trasera mientras en el asiento del conductor se subió el asistente de Yuuko Yagami.

– Chico, yo no soy quien para juzgarte, pero puedo decirte que realmente metiste la pata. – dijo Nakamura una vez que pisó el acelerador. – Tu padre está muy molesto contigo.

Taichi desvió la mirada hacia la ventana. No pensaba contestarle, sabía lo furioso que debía estar su padre sin necesidad de que alguien más se lo dijera.

– Pudiste salir bajo fianza sólo porque Min Fujisaki ya está fuera de peligro, pero te tendrán bajo investigación. – le informó.

Después de eso, el silencio estuvo presente durante todo el trayecto. Nakamura condujo hasta residencia de sus padres, donde una muy preocupada Susumu ya lo esperaba en la entrada principal. El moreno bajó de la ostentosa limusina y aún con el mismo semblante perdido se dirigió a su madre, quien se lanzó a abrazarlo, lucía aliviada y preocupada a la vez.

– ¡Hijo! – exclamó al borde del llanto. – ¿Pero qué hiciste? ¡No sabes el susto que me diste!

Taichi hundió la cabeza en el hombro de su madre y ahí se quedo mientras la mujer lo seguía abrazando con fuerza. Se sentía completamente indefenso y pequeño en sus brazos. Sentía que si ella lo soltaba… podría quebrarse…

– ¿Por qué, Tai? – preguntó la mayor separándose un poco y tomándolo de los hombros. – Tú no eres así, nunca golpearías a nadie sin razón…

El moreno guardó silencio por unos momentos, y después bajó la cabeza.

– Lo siento, mamá… – fue lo único que atinó a decir. – ¿Dónde... está papá? – preguntó algo temeroso.

– Él no está en la ciudad, justo esta noche salió a Hokkaido a una junta importante, pero ya se enteró por la televisión. Fue él quien mandó a Nakamura para que te sacara de ese horrible lugar. – le informó. – Mañana cuando termine con sus pendientes regresará. Él… no está nada contento… – dijo bajando la voz. – ¿Por qué lo hiciste, hijo?

Taichi no había podido subir la cabeza. En estos momentos le importaba poco que su carrera artística corriera peligro, lo que más le dolía era que había decepcionado a su padre. Justo esa tarde le había prometido dar lo mejor de sí mismo para nunca más decepcionarlo, y ahora…

– Perdóname… – le susurró a su madre, sintiendo sus ojos arder.

Susumu se dio cuenta de lo mal que se encontraba su hijo, por lo que decidió volver a abrazarlo con cariño y no preguntar nada más, por lo menos por esta noche. Ella sabía que Taichi tendría que haber tenido una razón muy fuerte para haber llegado al extremo de golpear al presidente de su compañía, y por ahora lo único que le importaba era que no iba a pasar la noche detenido.

– ¿Tienes hambre? – preguntó de pronto, mostrándole una sonrisa a su hijo. – Vamos, entremos a la casa y llamemos a Kari, está muy preocupada.

Dicho esto, tomó de la mano a Taichi y lo guió dentro de la residencia, donde lo primero que hicieron fue llamar a Hikari para avisarle que su hermano ya no estaba detenido y así tranquilizarla. Aunque seguramente aunque no le hubieran informado, mañana a primera hora se enteraría, pues la noticia estaría en todos los canales del país.

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Y vaya que así fue. Eran apenas las ocho de la mañana cuando la multitud de estudiantes de la Academia YG ya se encontraba frente al televisor de la sala común de los dormitorios, y aunque la mayoría sólo estaba allí por morbo, había dos chicas que lucían auténticamente preocupadas. Eran Mimi Tachikawa y Hikari Yagami. La noche anterior la mayor se había quedado en el dormitorio de su amiga, tratando de consolarla, y un poco pasadas las dos de la mañana habían recibido la llamada que logró calmarlas a ambas: Taichi estaba libre.

Pero éste no había explicado nada, solamente le había dicho a su hermana que no se preocupara y que ya después hablarían, y ahora ambas se encontraban frente al gran televisor, esperando por lo que la prensa fuera a decir.

– "Taichi Yagami, miembro del grupo Generation X, en estos momentos se encuentra en investigación por atacar al presidente de su compañía, el señor Min Fujisaki, quien actualmente se está recuperando en la sala de cuidados intermedios del hospital privado de Tokyo."

Todos los presentes de la sala comenzaron a murmurar entre ellos con excepción de ambas castañas, quienes estaban completamente serias mirando el televisor.

– "De acuerdo con los reportes de la policía, Yagami admitió su culpabilidad sin querer dar explicación al respecto, y fue liberado bajo fianza el día de hoy a las dos de la madrugada."

En ese momento las imágenes de Taichi tratando de cubrirse al pasar entre la multitud de reporteros aparecieron en el televisor. La prensa le tomaba fotos con descaro y lanzaban preguntas al mismo tiempo, dejando al moreno notablemente aturdido.

– "Nos acaban de informar que en estos momentos estamos en vivo con el presidente Min Fujisaki desde el hospital de Tokyo." – dijo la reportera de pronto, y después su imagen desapareció y fue reemplazada por la del dueño de los JBS Records.

Para sorpresa de todos, el hombre realmente lucía demacrado. Estaba reclinado en su cama del hospital, llevaba vendas alrededor de su cráneo y una férula en el cuello, además de que sus labios se encontraban hinchados y uno de sus ojos estaba tan morado e inflamado que ni siquiera podía abrirlo. ¿Taichi había hecho todo eso?

El presidente tosió antes de comenzar a hablar.

– Disculpen si no puedo articular muy bien… tengo la quijada lastimada. – fue lo primero que dijo. – Mi cuello y mis costillas también se encuentran en mal estado, así como todo mi rostro. Tendré que estarme moviendo en silla de ruedas por algunos días… – exclamó en tono lastimero.

Mimi frunció el ceño. Sí, el hombre se veía lastimado, pero a leguas se notaba que estaba exagerando. Hikari tan sólo miraba el televisor con un semblante de auténtica intranquilidad, mientras que el resto de los jóvenes al fin se habían dignado a callarse para escuchar con claridad lo que Fujisaki estaba diciendo, aunque fuera por puro morbo.

– Pero no son mis huesos rotos lo que en verdad me duele… – dijo el presidente mientras la voz comenzaba a quebrársele. – Mi corazón… esta hecho pedazos. – exclamó con fingido pesar. – Taichi era alguien muy importante para mí, en quien yo tenía depositada toda mi confianza, no puedo creer que me haya pagado de este modo… golpeándome sin razón…

Ahora Mimi estaba que no se la creía y esperaba no ser la única que notara lo falso del discurso de ese hombre a quien desde que lo conoció, nunca le había agradado en lo más mínimo. Pero lo que vino a continuación la sorprendió aún más.

– A pesar de todo el daño que me hizo, yo no le deseo ningún mal, le sigo guardando mucho cariño… – hizo una pausa. – Es por eso que aquí, delante de todos los medios, quiero anunciar que retiro cualquier cargo en contra de Taichi Yagami.

Ante eso, los comentarios entre los estudiantes que estaban reunidos no se hicieron esperar. Mimi no podía creer lo que acababa de escuchar y pasó a mirar a Hikari, quien sonreía, seguramente feliz de que su hermano ya no corriera ningún riesgo de ir a prisión. Pero para ella las cosas no cuadraban, ¿por qué ese señor había retirado los cargos? Estaba segura que no era por el supuesto cariño que según él le tenía al moreno.

En el noticiero ahora se encontraban repitiendo el video de ayer, donde Taichi sacaba violentamente a Fujisaki de su oficina y comenzaba a golpearlo sin parar. Mientras la voz de la titular se escuchaba de fondo.

– "En estos momentos nos encontramos buscando al político Yuuko Yagami, el padre del atacante, para que haga sus declaraciones al respecto. Es bien sabido que el señor Yagami es un reconocido político que actualmente se encuentra postulado para alcalde de la cuidad. Esperamos que el escándalo de su hijo no le arruine la campaña, aunque las probabilidades de que el político caiga de la gracia del pueblo son grandes."

Mimi no deseaba escuchar nada más sobre eso y estaba segura de que Hikari tampoco, por lo que tomó del brazo a su amiga y la sacó de toda la multitud, y una vez alejadas, pudieron ver a Yamato, quien se encontraba recargado en la pared, de brazos cruzados. Al parecer él también había bajado a ver las noticias.

– Buenos días. – las saludó el rubio mostrando una leve sonrisa.

– Hola Yama. – replicó Hikari de inmediato. – Discúlpame por las molestias de ayer… oh, y por raptar a Mimi.

La castaña mayor se encontraba en silencio, de nuevo sin saber que decir delante de él. Dios, ¿por qué a ella? Con todo el asunto de Taichi ya no había tenido tiempo de analizar lo ocurrido ayer, justo antes de eso…

– No te disculpes. – exclamó Yamato. – Ayer estabas muy nerviosa, necesitabas apoyo. Es bueno verte más tranquila.

– ¡Sí! – dijo animada. – El saber que mi hermano está libre de todos los cargos me tranquiliza, el presidente Fujisaki fue muy bondadoso, habrá que agradecerle, ahora sólo esperemos que mi papá no esté demasiado enojado con Tai. Pero lo grave ya pasó…

– Me parecieron muy raras las declaraciones de ese señor, ¿me pregunto que habrá pasado realmente? – musitó el rubio.

Mimi entonces lo miró, sorprendida de que pensara exactamente igual que ella.

– Ya le preguntaremos después a mi hermano, pero no creo que hoy vaya a venir a la escuela. – dijo Hikari, quien realmente lucía tranquila. – Hay que ir a desayunar ya, luego se nos hará tarde para la primera clase.

Y dicho esto, los tres salieron del edificio y emprendieron marcha hacia la cafetería, donde el televisor también estaba encendido y todos veían la noticia sobre el Yagami. Era el tema de hablar de toda la academia y seguramente lo sería durante un buen tiempo.

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No muy lejos de la Academia YG, el resto de los integrantes de Generation X acabañan de apagar el televisor de su apartamento, completamente sorprendidos ante la noticia de que su compañero de banda, Taichi Yagami, hubiera golpeado al presidente. Catalina se encontraba atónita en el sillón a un lado de Ken, quien lucía serio. Takeru estaba terminando su desayuno en la mesa, y había mirado todo de reojo. En cuanto a Sora, ella todavía no salía de la habitación que compartía con la francesa, pero había visto la noticia desde su televisor, y ahora estaba sentada en el borde de su cama, con la mirada perdida, escuchando desde ahí la conversación que estaban teniendo sus compañeros en la sala.

– Por Dios, yo me enteré ayer y no lo podía creer. – exclamó Catalina. – Pero el ver la grabación lo confirma, nunca habría imaginado que Taichi podría ser tan salvaje, aunque realmente no me sorprende...

Ken, quien tenía encendida su laptop, le mostró un artículo a la rubia.

– En internet los rumores no se han hecho esperar, dicen que en realidad la familia Yagami pertenece a la mafia japonesa y es por eso que Tai tiene esos impulsos violentos. – informó el peliazul. – Y otros ya le pusieron toda clase de apodos…

– Hmmm, ¿El Rey de la Violencia? ¿El gangster Yagami? Que falta de creatividad. – exclamó la rubia, leyendo en voz alta. – Sólo espero que no le de muy mala reputación a la banda, no es justo que por su culpa, todos caigamos.

Takeru seguía comiendo su desayuno. Había preferido mantenerse al margen y evitar comentar cualquier comentario, pero definitivamente las estúpidas palabras de Catalina le estaban colmando la paciencia.

– Escucha este… – dijo Ken, quien había entrado a otra página. – Dicen que Tai tiene un enorme tatuaje satánico en su espalda, de una calavera en llamas.

– ¿Será cierto? – replicó la francesa. – Ahora que lo pienso, nunca he visto su espalda, ¿y tú?

El peliazul negó con la cabeza, aunque realmente no creía que su amigo tuviera dicho tatuaje, eran sólo rumores de internet.

– ¡Que miedo! – chilló la rubia. – ¡Imagínate que sí lo tenga! ¡En definitiva ya no quiero estar en la misma banda que él! No quiero que una noche simplemente se salga de control y me golpeé…

Al escuchar eso, Takeru no aguantó más y se levantó bruscamente de la mesa azotando sus manos con fuerza, haciendo un estruendoso ruido que hizo a Ken y a Catalina voltear.

– That's enough, shut up. – espetó el rubio, notablemente molesto.

Y antes de que cualquiera de los dos pudiera responder, simplemente se dirigió a la puerta del departamento y salió de ahí, azotándola, no estaba dispuesto a seguir escuchando estupideces.

– Ay, ¿pero qué le pasa? – exclamó la francesa, algo ofendida.

– Uhm, será mejor que nos vayamos ya, las clases están por comenzar. – dijo Ken cerrando su laptop.

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Eran ya las doce del medio día cuando Yuuko Yagami al fin arribó en el aeropuerto Tokyo. La primera acción del político, después de esquivar a los entrometidos reporteros que ya lo esperaban al bajar del avión, fue dirigirse a su residencia. Una vez ahí, saludó rápido a su esposa para luego dirigirse a la habitación de Taichi, lo cual era algo extraño sin duda, ya que el moreno llevaba casi dos años sin vivir ahí, pero ese detalle no importaba en estos momentos.

Ahora sólo tenía una cosa en su cabeza.

– Papá… – exclamó Taichi abriendo la puerta de su cuarto.

El mayor no pidió permiso para pasar, simplemente entró en silencio. Lucía molesto, pero era difícil descifrar alguna otra emoción en su rostro, pues su semblante era en su mayoría inexpresivo.

– ¿Qué demonios hiciste, Taichi? – recriminó Yuuko, sentándose en la cama del moreno a la vez que se pasaba una mano por el cabello. – ¿Tienes idea de en el problema que te metiste? Ah, y de paso te llevaste arrastrada a mi campaña política.

El moreno se encontraba de pie y simplemente no podía verlo a los ojos. Sabía que había decepcionado a su padre una vez más.

– Me parece un milagro que el presidente Fujisaki retirara los cargos en tu contra. – exclamó el mayor en tono severo. – Pero la prensa nos está haciendo pedazos a ambos, así que tenemos que ir al hospital a ofrecerle una disculpa pública.

Fue ese comentario el que hizo que el castaño mirara al mayor.

– No pienso disculparme con ese hombre. – dijo con firmeza.

Yuuko rió con ironía.

– No estas en posición de decir eso, así que no me salgas con estupideces.

– Papá, es que tú no lo entiendes…

– No, por supuesto que no entiendo por qué mi hijo se lanzó a golpear al presidente de su propia compañía disquera. ¿En qué estabas pensando Taichi? – exclamó levantándose de la cama para quedar frente a él. – En este momento me vas a decir porqué lo hiciste. Sé que tú no eres de los que pelean sin una razón, así que dime, ¿qué te hizo ese hombre?

El chico tardó unos segundos en responder.

– Él… no me hizo nada. – confesó. – Yo fui imprudente, lo golpeé por impulso.

– ¡TAICHI! – el mayor alzó la voz. – ¡Dime qué fue lo que pasó en realidad! ¡Date cuenta, si esto continua así, la prensa terminará por acabarnos tanto a ti como a mí! ¡No entiendo como pudiste asumir toda la culpa ante la policía, sé que hay una buena razón detrás de todo esto y necesitamos aclarar todo ante los medios!

El moreno sintió sus ojos arder. Estaba decepcionado consigo mismo por haberle fallado así a su padre. Lo único que él quería era ser su orgullo, pero lo había echado a perder de la peor manera. ¿Ahora como podría volver a mirarlo a los ojos? Era un fiasco de hijo.

– Lo siento, papá… – fue lo único que atinó a decir. – Perdóname por haber vuelto a decepcionarte…

– ¿Esta es la clase de apoyo que dijiste que me ibas a dar? – preguntó el hombre casi a gritos. – Y a esto que llamabas tu sueño, por el cual me desafiaste… ¿dejarás que se vaya a la basura como si no valiera nada? – exclamó sin moderar su tono de voz. – ¡Si no quieres decepcionarme de nuevo, dime que fue lo que ocurrió!

Una lágrima se deslizó por la mejilla izquierda del moreno, quien lentamente se arrodilló en el suelo y agachó la cabeza a modo de reverencia.

Necesitaba que su padre lo perdonara, no importaba si tenía que rogarle.

Perdóname. – exclamó entre sollozos. – Por favor perdóname.

Yuuko Yagami se quedó sin habla al ver a su hijo suplicándole. Le dolía muchísimo ver a Taichi sufriendo, y estaba seguro que lo que éste menos quería era perjudicar su campaña política, pero por alguna extraña razón se estaba echando toda la culpa de lo sucedido y no quería hablar.

¿Sería que en verdad había golpeado a Min Fujisaki de la nada?

Sin aguantar más la situación, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta.

– Levántate. – dijo retomando su tono severo. – Y de una vez te aviso que mañana iremos a visitar a Fujisaki al hospital y a pedirle disculpas. Avisaré ahora mismo a la prensa, así que no intentes nada. ¿Entendido?

Y dicho esto, salió de la habitación.

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Ya estaba oscureciendo cuando en la cafetería de la Academia YG se encontraba el trío de ex alumnos especiales acompañados del profesor Kido. Estaban en una mesa pegada a la ventana tratando de ignorar lo que sucedía alrededor, pero era imposible, pues todos los alumnos hablaban de lo mismo: el caso de Taichi Yagami, y lo peor es que cada vez se distorsionaban más las cosas.

En la mesa que estaba al lado de la de ellos, un grupo de alumnos de primer semestre se encontraba hecho bola detrás de la computadora portátil de una de las chicas, y se la estaban pasando de lo lindo riendo con las cosas que hallaban en internet. Y eran tan descarados que no se molestaban en moderar su voz.

– ¡Ay no, estos bloggers realmente tienen excelentes habilidades en Photoshop, jajaja! – rió una rubia.

– ¡Que miedo, las fotografías se ven demasiado reales! – chilló una de dos coletas.

– ¡Y miren esa! – exclamó un chico de gafas.

Al parecer rápidamente se habían puesto de moda los blogs con fotomontajes editados del castaño. Hikari las había visto hace rato y estaba que se moría de coraje. ¡Las imágenes eran absurdas! En una de ellas salía Tai con un hacha y todo ensangrentado, en otra tenía cuernos de diablo e incluso había una donde salía en un campo de guerra con cadáveres a su alrededor. ¡Una exageración!

– Creo que tendremos que cuidarnos de él, yo leí que desde pequeño ha tenido esos impulsos violentos. – dijo otra chica.

– ¡Y no saben de lo que me enteré! – exclamó la rubia. – ¿Recuerdan el concierto que dio Generation X en Osaka hace cuatro meses?

Todos en la mesa asintieron.

– Bueno, en ese concierto, Sora traía maquillada una estrella en su ojo derecho, se le veía muy bien, pero la verdad es que sólo se la pusieron para tapar su moretón. ¡Taichi le dejó el ojo morado!

– ¿Es en serio? ¡Oh Dios mío!

– ¡Eso es demasiado bajo, en verdad Yagami es más peligroso de lo que pensé!

Y en la mesa de al lado, Hikari ya había asesinado su envase de té de puro coraje. ¿Qué se creía esa estúpida inventando eso de su hermano? ¡Como si ella hubiera estado allí! ¡AH NO, pero las cosas no se iban a quedar así, ella iba a ir a decirle todas sus verdades a esa zorra desgraciada!

– Ya verá… – bufó en voz baja haciendo amago de levantarse, pero el profesor Kido, quien estaba a su lado, la detuvo situando una mano en su hombro.

– No los escuches, son sólo chismes, después de todo. – dijo el peliazul.

– ¡Pero es que no es justo! – exclamó mirando a la mesa de al lado de reojo, todos seguían realmente picados en la laptop, viendo más imágenes editadas de Taichi.

– Si vas y les gritas sólo ocasionarás que piensen que viene de familia. – esta vez fue Mimi quien habló.

Hikari hizo una mueca de disgusto y se cruzó de brazos.

– Ya… – exclamó resignada. – Pero son realmente odiosos.

– ¿Pudiste hablar con él durante el día? – preguntó el profesor.

– Sí, aunque no mucho, pero dice que está bien, y eso es lo que importa para mi. – replicó la menor.

– ¿Y a ti tampoco te quiso decir porqué lo hizo? – indagó Yamato.

– Nop… no quiere decir nada, sólo se echa toda la culpa. – replicó suspirando después. – De todos modos ya no habrá problema, es un alivio que el presidente Fujisaki haya retirado los cargos… – cosa que realmente la tranquilizaba.

Y en eso, todo el murmullo que se escuchaba en la cafetería se esfumó en cuestión de un segundo. De pronto el lugar era silencio total y todas las personas presentes miraban con auténtico terror en una sola dirección, y es que Taichi Yagami acababa de entrar, e iba caminando tratando de ignorar las miradas que recibía, aunque cuando pasaba al lado de una mesa, los que se encontraban en ésta se volteaban y se hacían los desentendidos. Y en los pasillos no había sido muy diferente, pues los estudiantes que lo veían salían huyendo despavoridos.

Hikari se levantó de la banca y alzó la mano para que su hermano se dirigiera con ellos, cosa que el moreno hizo al instante. Realmente no se esperaba que ir a la academia resultaría tan incómodo.

– ¡Tai! – exclamó la menor colgándose de él cuando éste se sentó a su lado. – Pensé que no ibas a venir.

– Ya no quería estar en la casa, llevo tanto tiempo sin vivir ahí que no estoy a gusto. – replicó con sinceridad. – Oh, y hola a todos.

– Chico, ¿estás bien? – preguntó el peliazul. – Me da gusto verte por aquí, no dejes que esto te afecte.

Taichi simplemente asintió.

– ¿Ya cenaste? – preguntó Hikari.

– Sí. – replicó con simpleza, aunque la verdad es que no había comido nada en todo el día, se sentía fatal.

– ¿Y le dijiste a mamá que estarías acá? – exclamó la menor. – Creo que lo mejor es que duermas en casa, ¿o piensas regresar al departamento de Generation X?

Taichi frunció el ceño levemente. Por su puesto que no iba a regresar a ese lugar, no quería tener NADA que ver con Min Fujisaki o los JBS Records, y ese departamento pertenecía a ambos.

– Por tu cara veo que no te agrada la idea. – dedujo Hikari. – Sé que probablemente te esté aturdiendo con tantas preguntas, pero es que en verdad me preocupa lo que harás ahora…

Los demás presentes en la mesa se sentían completamente ajenos a la conversación, por lo que preferían mantenerse en silencio.

– Kari, realmente te lo agradezco, pero ya veré que hacer. – replicó Taichi. – Andaba pensando en dormir en mi antigua casa, ya saben, el cuartel de la clase especial. – lo dijo dirigiéndose a todos.

– Pero ese lugar ya no está en condiciones de que vivas ahí. – dijo la menor.

– No viviré ahí, sólo dormiré ahí… – aclaró.

– ¿Por qué dormir ahí cuando puedes dormir en casa, en una cama? – insistió. Y es que ella tenía muy buena relación con sus dos padres, por lo que realmente no comprendía porqué era que Tai no quería quedarse allí, en su hogar.

– No dormiré en casa, punto final. – sentenció pasando ahora su mirada al peliazul. – ¿Podría darme las llaves del cuartel, profesor?

– Claro. – replicó Joe con una sonrisa, introduciendo sus manos al bolsillo de su pantalón para sacar dichas llaves. – Oh…

– ¿Oh? – repitió Tai, arqueando una ceja.

– Acabo de recordar que el profesor Izumi es quien las tiene, pero a estas horas seguramente ya se fue a su casa.

Una mueca de disgusto se formó en el rostro del moreno.

– Uhm, pues supongo que podría ir por ellas.

– ¡Tai, no seas chiflado! – intervino Hikari. – Ya está demasiado oscuro y sabes bien que la casa del profesor queda lejos.

– ¿Y entonces dónde sugieres que duerma? – exclamó comenzando a desesperarse. – Ya sabes que no iré a la casa.

Y en ese momento, Mimi, quien se había mantenido en silencio durante toda la conversación, abrió la boca. No estaba segura de lo que iba a decir y esperaba no arrepentirse…

– Podrías… dormir en nuestra habitación. – dijo con algo de duda. – Después de todo, antes solíamos compartirla los tres…

Y es que no iba negarlo, ella también estaba muy preocupada por él y quería ayudarlo en lo que pudiera. Desde que lo vio en las noticias pudo notar dolor reflejado en el rostro del moreno, pero ahora que entró a la cafetería se dio cuenta de que su estado era realmente deplorable. Llevaba un semblante tan impropio de él, tan decaído… tan desdichado…

– Eh… ¿segura? – preguntó el castaño, sorprendido.

– Oh, ¿cómo no se me ocurrió? – exclamó Hikari. – Sí, de hecho ahí sigue tu cama, la litera de arriba.

Mimi de nuevo guardó silencio y miró de reojo a Yamato tratando de ver alguna reacción en su rostro, pero no, lucía tan indiferente como siempre, era un experto en ocultar sus emociones.

– Pues… si a ustedes no les molesta… – dijo Taichi mirando exclusivamente al rubio, quien lo notó al instante.

– Por supuesto que no. – exclamó sonriendo levemente. – Como dice Hikari, tu cama sigue ahí, eres bienvenido cuando quieras.

Entonces el moreno sonrió.

– Gracias chicos, les debo una.

::

En ese momento una muy pensativa Sora Takenouchi caminaba por las calles de la ciudad, se encontraba cabizbaja y cruzada de brazos, como si estuviera protegiéndose del frío. Las clases del día habían terminado y ahora iba en dirección al apartamento de Generation X. Podría haberse ido desde hace ya una hora junto a los demás, pero realmente sentía que le hacía falta algo de aire fresco.

Su cabeza estaba hecha un lío y le dolía de sobremanera, como si fuera a explotar, y es que en ésta vagaban un montón de cosas que la habían estado atormentado durante todo el día, especialmente lo que le estaba sucediendo a Taichi. Él era una de las personas más importantes para ella y toda esta situación la estaba matando. Como si el pobre no hubiera tenido suficiente con que se lo llevaran detenido. No, por supuesto que no. Los noticieros no dejaban de repetir el video donde golpeaba al presidente y en internet los rumores y los apodos cada vez eran más. Los medios lo estaban haciendo pedazos…

Llegó al edificio y subió de inmediato al elevador para dirigirse al apartamento. Una vez allí, metió la llave con pesadez y abrió la puerta. Lo primero que divisó fue un gran arreglo de flores en la mesa del recibidor, era hermoso y sobre todo muy ostentoso.

– ¡Sora! – exclamó Catalina acercándose, ya con su pijama puesta. – Al fin llegas, ¿ya viste tu arreglo de flores?

La pelirroja cerró la puerta tras de sí, algo confundida.

– ¿Eh? ¿Me lo trajeron a mí? – preguntó acercándose al arreglo, percibiendo el delicioso aroma que todas las flores desprendían.

– Sí, te lo mandó el presidente Fujisaki. – le informó acercándose también, palpando algunas de las flores con sus dedos.

Sora al escuchar eso se tensó de inmediato, alejándose del regalo. ¿El presidente se las había mandado? ¿Qué rayos?

– Aunque no entiendo por qué te las mandó, yo pensé que estaría enojado contigo por lo que pasó en el Showcase. – dijo con suma sinceridad la rubia, sin tratar de ocultar el tono de envidia en su voz.

Pero la pelirroja realmente no la estaba escuchando, estaba demasiado pasmada e incluso consternada. Se llevó una mano a la boca tratando de contenerse, pues los ojos comenzaron a arderle y estaba segura de que había comenzado a temblar.

– Además conmigo no suele tener esta clase de detalles. ¿Le hiciste alguna especie de favor? – preguntó Catalina con un deje de cizaña en su voz.

Sora seguía sin prestarle atención, dentro de su ser un sentimiendo irreconocible de desesperación comenzó a invadirla, por lo que sólo atino a apretar sus puños para seguidamente arrojar el florero directo al suelo con todas sus fuerzas.

– ¡HEY! ¿Qué rayos te sucede? – exclamó la francesa completamente shockeada por la repentina acción de su compañera. – ¿Por qué hiciste eso?

– ¡No lo quiero, sácalo de aquí! – gritó Sora ya con los ojos cristalinos.

– ¿Cómo se supone que haga eso si ya lo rompiste? ¡Estás loca!

– ¿Qué fue ese ruido? – exclamó Ken, quien había escuchado los vidrios romperse. – Oh… – susurró al ver el desastre que estaba en el suelo. – ¿Qué paso?

– ¡Ni me lo preguntes! – replicó Catalina. – ¡Sora lo lanzó al suelo de la nada!

El peliazul miró a la pelirroja.

– ¿Estás bien?

Pero Sora no respondió, simplemente volvió a bajar la cabeza y se alejó de ambos a paso rápido, encerrándose de un portazo en su habitación.

::

Eran aproximadamente las nueve de la noche cuando Taichi terminó de instalarse en el que había sido su dormitorio antes de debutar. La verdad no llevaba muchas cosas, solamente unos cuantos cambios de ropa y una que otra pertenencia. Mimi y Yamato le habían dicho que se adelantara, pues al parecer iban a hacer otras cosas antes de subir, por lo que ahora se encontraba solo en el lugar, hablando por teléfono mientras miraba por la ventana.

– Sí, sí… – exclamó Taichi en el celular. – Adiós papá.

El moreno entonces cortó la llamada y apretó el teléfono en su puño para después lanzarlo con fuerza al suelo, ocasionando que éste se estrellara y la batería saliera volando. Pero realmente no le importaba, en estos momentos nada le importaba. Todo estaba mal, no solamente su carrera artística se había venido abajo, sino también la campaña política de su padre. Éste lo acababa de llamar diciéndole que había perdido a todos sus patrocinadores a causa del escándalo y que sus consejeros le estaban diciendo que se retirara de la candidatura, pues con todo lo que había ocurrido era seguro que iba a perder las elecciones.

Y es que, ¿quién votaría por alguien que no supo educar a su hijo?

Su papá siempre había tenido razón, debió haberle hecho caso cuando quiso mandarlo al extranjero, así le hubiera evitado semejante vergüenza y escándalo. Pero no, él solamente sabía decepcionarlo una y otra vez. Y no podía evitar preguntarse, ¿por qué de pronto la vida había decidido hacerlo sentir el ser más miserable del universo?

Era injusto, muy injusto.

Sí, trataba de ignorar el hecho de que el país entero estuviera hablando mal de él, pero le era imposible si toda la academia se disponía a recordárselo todo el tiempo. También haría caso omiso de los rumores sobre él si estos no le afectaran, pero era todo lo contrario, pues ahora todos los estudiantes lo miraban con auténtico terror reflejado en sus ojos.

Y aunque fuera lo que menos le importara en estos momentos, sabía que aunque dejaran de hablar del escándalo, su carrera estaba arruinada. Era definitivo que ya no pertenecía a los JBS Records, por lo tanto tampoco a Generation X, lo que significaba que tendría que empezar desde abajo, aunque dudaba que pudiera levantarse después de toda esa mala publicidad.

Y por si fuera poco, tenía que ir mañana a pedirle una disculpa pública al estúpido de Min Fujisaki. Apretó los puños con más fuerza, con tanta que comenzaron a dolerle. Le pediría perdón, pero solamente por su padre, pues ese desgraciado se merecía mucho más que la golpiza que le dio.

Sin poder evitarlo, alzó su puño derecho y le dio con todas sus fuerzas a la pared, pudiendo sentir como sus nudillos crujían al impacto.

– Hey, cálmate un poco. – exclamó Yamato, quien acababa de entrar al lugar.

Taichi se agarró su mano lastimada a la vez que le dedicaba una mirada de pocos amigos al rubio. Definitivamente no estaba de humor y tampoco tenía ganas de calmarse, aunque debía hacerlo, lo que menos quería causar eran molestias. Así que suspiró con pesadez y después se recargó en la pared, dejándose caer al suelo.

Yamato pudo ver en los ojos de Taichi todo el dolor que estaba sintiendo. Él realmente no tenía idea de todo lo que estaba en la cabeza del moreno en estos momentos, pero era fácil deducir que no la estaba pasando nada bien. No pudo evitar recordar que hasta hace poco él también reflejó en su mirada sentimientos llenos de impotencia y desesperación, pero estaba seguro de que la habría pasado peor si la gente se hubiera enterado, como en el caso de Taichi. Todo el país lo sabía y nadie se molestaba en mostrar un poco de compasión, al contrario, lo usaban como chiste local e inventaban rumores estúpidos.

– ¿Qué tanto me estás viendo? – preguntó el castaño en tono severo, sin moverse de ahí.

Yamato entonces caminó hacia donde estaba y se recargó en la pared, mirando hacia el techo.

– Es que estaba pensando… – comenzó a hablar. – No serás competencia para mí si te quedas ahí sentado sin hacer nada.

Taichi le dedicó una mirada de incredulidad. ¿Qué demonios estaba diciendo Yamato?

– ¿Qué? – exclamó el rubio. – ¿Sientes que todo está arruinado? ¿Sientes que la vida está siendo injusta contigo?

– No te metas conmigo, Yamato, no estoy de humor.

– La vida es injusta con todos, y aunque en estos momentos sientas que contigo lo está siendo más, debes saber que todos hemos pasado por momentos difíciles de superar.

– Ya cállate, realmente no sabes nada.

Yamato suspiró. No, no sabía nada, pero sí sabía lo que era sentirse desolado y sin esperanza, lo sabía de primera mano. Y estaba seguro de que si hace una semana alguien le hubiera dicho eso, también lo hubiera mandado al diablo, pero si Taichi simplemente se dejaba consumir por todo lo que le estaba pasando sin hacer nada, nunca podría acabar con su propio sufrimiento.

– Sí, tal vez no sepa nada, pero sé lo suficiente. – habló de nuevo. – Te sientes miserable, ¿cierto? Sientes que no hay salida, pero déjame decirte que sí la hay. La vida no es sencilla, y a veces necesitamos de alguien que nos haga darnos cuenta de que podemos salir adelante.

– Sí, pero tú no eres esa persona. – bufó el moreno con fastidio. – Alguien como tú nunca entendería por lo que estoy pasando.

Yamato sonrió con ironía.

– ¿Alguien como yo? ¿Crees que tu vida es más difícil que la mía? ¿Quieres apostar? – exclamó. – No eres el único que ha enfrentado cosas fuertes. Sé que la relación que tienes con tu padre es difícil, pero mínimo siempre has tenido a tu madre y a tu hermana contigo, en cambio yo no he visto a la mía en 10 años y apenas pude recuperar a mi hermano hace poco. – hizo una pausa. – Creo que desde ahí podemos partir.

Taichi lo miró desde donde estaba, mas no dijo nada.

– ¿Qué más? – prosiguió Yamato. – Oh, tú eres un cantante famoso e incluso te hiciste solista y tu canción se llevó los primeros lugares en todas partes. Yo ni siquiera he podido debutar. – lo miró también. – ¿Qué opinas? Yo podría pensar que es algo injusto, ¿no lo crees?

– No quiero seguirte escuchando. – exclamó Taichi levantándose al fin, comenzando a caminar hacia la puerta del dormitorio.

Pero Yamato no se quedó sin hacer nada, rápidamente lo siguió y lo tomó con fuerza del hombro, haciendo que lo encarara.

– No, ahora vas a escucharme hasta que acabe. – sentenció, clavando sus ojos azules en los del castaño. – ¿Qué? ¿No puedes soportar que te hayan etiquetado como un golpeador y que todos te tengan miedo? – lo estaba desafiando, pero era necesario.

– ¡Te dije que te callaras! – exclamó el moreno tomando a Yamato del cuello del uniforme.

– ¿Por qué? No eres al único a quien han etiquetado. – replicó el rubio tranquilamente, sin soltarse del agarre. – A mi toda la vida me ha perseguido la sombra de mi padre y más de una persona me catalogado como el hijo de Ishida, quien no podrá ser nadie sin su papá. Me han restregado en la cara que no valgo por mí, sino por mi apellido y también me han dicho que si llego a debutar será porque tuve facilidades por ser el hijo de Hiroaki Ishida. ¿Es injusto, no te parece?

Taichi suavizó un poco la mirada, sin saber qué decir, realmente no se esperaba nada de eso.

– ¿Y recuerdas mi supuesto pánico escénico durante el Showcase? – continuó Yamato. – No era eso. Lo que me pasó fue que me creí todo lo que esas personas dijeron y dejé de confiar en mi mismo. Dejé que todo lo que estaba a mi alrededor me hiciera pedazos y por un momento pensé en abandonar la música.

El moreno entonces soltó la camisa de Yamato y bajó la mano… no podía creer que realmente se pudiera sentir un poco identificado con el rubio.

– Yo no quise escuchar a nadie, y vaya que muchas personas que trataron de ayudarme. – exclamó el ojiazul sin dejar de mirar a Taichi. – Sí, me sentía miserable, me sentía incomprendido y sobre todo muy molesto con la vida, pero al final pude entender que para salir de todo lo que me tenía atrapado, debía hacerle frente.

El moreno desvió la mirada, comprendiendo que Yamato solamente quería ayudarlo. Ayudarlo aunque sus métodos no fueran los más ortodoxos.

– La vida no es justa con nadie, pero supongo que eso la hace justa para todos. – habló Yamato de nuevo.

Frase peculiar, pero muy cierta.

– Yo también caí y sentí que tocaba fondo, pero pude reponerme. – continuó el rubio. – Y tal vez en estos momentos tenga ventaja sobre ti, es por eso que tienes que apurarte, ya que si no lo haces, voy a superarte.

Taichi volvió a mirarlo.

– ¿Superarme? – preguntó sin entenderlo del todo.

– Sí, hasta el momento tú ibas ganando, pero ya no me voy a dejar. – replicó con seguridad. – Perseguiré mi sueño, me voy a volver muy famoso y será por mí mismo. Seré tan espectacular que nadie va a poder dudar de mi talento. – hizo una pausa. – Así que más te vale salir de esto pronto, ya que si no lo haces, voy a opacarte por completo. Y créeme que no voy a esperarte.

Dicho esto, el rubio se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a la salida del dormitorio, sabía que en estos momentos no obtendría respuesta por parte de Taichi, pero esperaba aunque sea haber hecho algún efecto. Tomó la perilla de la puerta y la giró para abrirla, y justo antes de salir, metió la mano en el bolsillo de su saco y miró hacia donde estaba el moreno.

– Y Taichi. – exclamó mostrándole una sonrisa. – Toma esto, a mi ya no me hace falta.

El rubio lanzó un objeto al aire y el moreno por reflejo alzó la mano para atraparlo. Yamato entonces volvió a darse la vuelta y salió del dormitorio, cerrando la puerta tras de sí.

Taichi se quedó observando en esa dirección durante unos segundos, y después posó su mirada en la mano con la que había atrapado lo que Yamato lanzó, aún la tenía cerrada, y cuando la abrió, quedó sorprendido por completo al ver que se trataba del medallón en forma de estrella.

El amuleto de la suerte.

No supo por qué, pero lo apretó entre sus dedos mientras lo miraba con insistencia, como pidiéndole que por favor lo ayudara a salir de esta. De pronto esbozó una leve sonrisa, casi imperceptible, no podía creer que había sido Yamato quien le había infundido fuerza, no la suficiente, pero era sin duda significativa. Ahora tenía muchísimas cosas en que pensar...

Pero era definitivo, este no sería el fin para él.

::

El rubio salió de la habitación y, con ambas manos en los bolsillos de su pantalón comenzó a caminar hacia las escaleras, la verdad no tenía en mente a donde ir, solamente se había ido para darle a Taichi su espacio, pues sabía que en estos momentos eso era lo que necesitaba. Bajó las escaleras y salió del edificio. En el cielo nocturno pudo observar la luna en todo su esplendor, acompañada de unas cuantas estrellas que luchaban por brillar a pesar de todas las luces de la ciudad. Sonrió para sí mismo, las estrellas siempre le habían recordado a ella.

Entonces bajó la mirada y como si fuera una simple coincidencia, se topó con los ojos chocolate de Mimi, quien al parecer se dirigía al dormitorio, pero ahora se encontraba de pie, frente a él.

– Te tardaste. – exclamó el rubio sin dejar de sonreír.

– Es que estuve con Hikari un rato en su habitación. – replicó la chica.

Estaba inquieta y eso se le notaba, pero es que en todo este tiempo no había dejado de pensar en que tal vez había metido la pata con Yamato. ¡Y es que era una tonta! ¿Cómo no quería que el rubio se hiciera ideas extrañas sobre su relación con Taichi si había sido ella quien lo invitó de nuevo al dormitorio?

Definitivamente, quería darse un tiro.

Pero no, no iba a permitir que Yamato sacara sus propias conclusiones de nuevo, no estaba dispuesta a malentendidos por quedarse callada.

– Oye, sobre lo de Taichi… – comenzó a hablar.

– Ya terminó de acomodarse arriba. – se apresuró a contestar.

Mimi no se esperaba esa respuesta, aunque tampoco le ayudaba a entender lo que el rubio pensaba al respecto.

– Lo que quiero decir es… – hizo una pausa y miró de frente al ojiazul. – Le ofrecí quedarse con nosotros porque, bueno… el és…

Yamato le dedicó una sonrisa que casi la deja sin habla.

– Estás preocupada por él, no tienes que explicarme.

– Pero no quiero que pienses cosas que no son con Taichi, él sólo es… – no hallaba como terminar la frase. – Un gran amigo, yo sólo quiero que sepa que tiene mi apoyo y por eso…

– Ya lo sé, realmente lo entiendo. – la interrumpió.

Se suponía que Mimi debía sentirse aliviada al escuchar eso, pero por alguna extraña razón todavía no se sentía del todo cómoda con Yamato, aunque estaba segura de que eso tenía que ver con la terrible interrupción de la noche anterior. Si Hikari no hubiera llegado, ¿que habría pasado? ¿Habrían parado? ¿O tal vez habrían hablado al respecto?

– Hey, justo iba a salir a caminar. – dijo el rubio, sacándola de sus pensamientos. – ¿Quieres venir?

Mimi no respondió, simplemente asintió esbozando una leve sonrisa, a lo que Yamato metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón y comenzó a caminar a la salida de la academia, seguido por la castaña. El recorrido por las calles de Tokyo fue callado, ninguno decía nada, pero ambos parecían muy sumidos en sus pensamientos. La noche estaba hermosa y un aire fresco volaba por el cielo, haciendo el paseo muy agradable, pero aún estaba el detalle de que realmente tenían que hablar.

Porqué con ese gran paso que habían dado ayer las cosas habían quedado más claras para ambos, pero no podían dejarlo pasar como si nada, en verdad tenían que sacarlo.

Al cabo de unos minutos llegaron a un bello parque lleno de árboles y áreas verdes, los faroles de luz alumbraban la vereda que los dos siguieron hasta llegar a una colina donde el rubio tomó asiento en el pasto y posó sus orbes zafiro en el cielo estrellado. Mimi lo miró aún desde arriba, sin sentarse, dejando que la brisa la acariciara por unos segundos, aunque la realidad era que tanto silencio la iba a volver loca. Yamato era imposible de descifrar. Posó sus ojos también en el cielo, preguntándose qué tanto le veía el rubio, y decidió hablar.

– ¿Te gusta ver el cielo de noche? – pregunta algo tonta, pero ya no quería permanecer sin hablar.

– Las estrellas. – aclaró sin pensarlo. – Son raras las noches en las que brillan con tanta intensidad como hoy, por lo general las luces de la cuidad las opacan.

Un déjà vu recorrió a Mimi, recordaba una situación similar, una que sucedió hace muchísimo tiempo…

"Hey, ¿qué estás mirando?"

"Las estrellas. De cierto modo… me recuerdan a ti. Mimi, ya verás que tu momento de brillar llegará pronto. Así que esperemos juntos el momento de tu debut."

"Claro que sí. Sé que lograré debutar. Y esperaremos ese momento..."

Sonrió con ironía y algo de melancolía, un recuerdo lejano sin duda, había pasado ya casi un año desde esa noche.

– Las estrellas… – dejó escapar en forma de susurro.

– Siguen recordándome a ti. – exclamó Yamato sonando como terciopelo, por lo menos ante los oídos de la castaña.

Mimi sintió su corazón reaccionar ante esas palabras, y no pudo evitar darse cuenta de que las cosas habían cambiado muchísimo desde ese entonces. Y es que antes el rubio no tenía ese efecto tan aplastante sobre ella. Sus sentimientos hacia él habían cambiado con el paso de cada día a su lado, o tal vez no habían cambiado… quizás… siempre habían estado muy ocultos, pero con el tiempo fueron creciendo tanto que tuvieron que salir a flote…

Quién sabe, ni ella misma se comprendía del todo a veces, sólo sabía que lo necesitaba.

Necesitaba a Yamato más que a nadie más en el mundo, y quería decírselo, quería que él lo supiera.

Bajó la mirada y notó que el rubio seguía en la misma posición, observando embelesado el manto de estrellas, parecía fascinado ante su esplendor. Y el saber que las estrellas le recordaban a ella la hacía regocijarse por dentro por el hecho de pensar en la posibilidad de que él estuviera así de encantado con ella.

– ¿No vas a sentarte? – preguntó mirándola a los ojos.

Mimi no respondió, tan sólo se sentó a su lado, abrazando sus piernas con ambos brazos. Era extraño que el estar simplemente así la hiciera sentir tan tranquila y dichosa. Con sólo tenerlo a su lado…

– Luces muy pensativa… – dijo Yamato sin dejar de mirarla.

– Sí, muchas cosas están pasando por mi cabeza. – replicó sonriendo levemente. – Recuerdo... el día en que me dijiste que las estrellas te recordaban a mí, mencionaste que esperaríamos mi momento de debutar y es gracioso darme cuenta de que han pasado muchísimas cosas, pero sigo aquí… aún sin debutar.

– ¿Y eso te pone mal? – preguntó él.

La castaña negó con la cabeza.

– Mi tiempo llegará, de eso estoy segura, sólo es cuestión de esperar.

– Por supuesto, y aún podemos esperarlo juntos.

Mimi no supo por qué esta vez esa misma frase le había sonado tan diferente…

– Juntos… – repitió la chica esa última palabra.

Esa era...

El rubio tampoco la pasó por desapercibida, y una chispa de euforia se apoderó de él. Viniendo de los labios de Mimi, y dirigida a él, a ambos… sonaba tan bien.

– Mimi, ya que estamos solos… quería disculparme por todo, incluso ayer que lo hice… creo que fui injusto contigo de nuevo. – exclamó sin dejar de mirarla. – Literalmente te exigí explicaciones y fui impulsivo, lo que menos quiero es volver a hacerte sentir mal.

La chica se sorprendió ante las repentinas palabras, pero no se quedó callada.

– Creo que ambos lo fuimos, no… tienes que pedirme perdón. Yo comprendo de donde vinieron tus deducciones, pero a Taichi yo sólo lo veo como un amigo, y lo que sucedió en Roma fue sólo… algo del momento… y creo que me sirvió para darme cuenta de que no puedo verlo como algo más. – al fin se lo había dicho.

Yamato sonrió levemente. Mimi no tenía que darle explicaciones ya. Sí, se había tardado a pesar de todas las señales de la chica. Y es que conociéndola, ¿cómo no se dio cuenta antes? Mimi Tachikawa, quien era testaruda y siempre ponía su orgullo delante de todo lo demás, le había demostrado en repetidas ocasiones que él le importaba mucho más que eso. La hizo llorar, la ignoró, la pisoteó con miradas frías y palabras de resentimiento… y aun así… ella nunca se apartó. No, lo había seguido y lo había traído de vuelta a pesar de todo…

¿Cómo había sido tan ciego?

Y en el Showcase también se lo había demostrado, no solamente con la canción que escribió para él, sino con todo. Si ella no hubiera estado allí arriba, mirándolo a los ojos, él no habría podido cantar y todo se habría acabado. Y puede que Mimi no se lo hubiera dicho aún con claridad y que él se había tardado en notarlo, pero con ese beso de la noche anterior ya no tenía ninguna duda. Y es que él lo había sentido, estaba seguro de que no era su imaginación, y ahora debía tomar las riendas, no podía dejárselo a ella sola…

– ¿Yama? – pregunto la castaña a falta de respuesta. Aún estaba nerviosa, no tenía idea de en qué tanto estuviera pensando el chico.

– ¿Sabes? – exclamó el rubio, posando de nuevo su mirada en el cielo. – La última noche que estuvimos en Roma, yo tenía pensado decirte cómo me sentía… y aunque después de eso ocurrieron muchas cosas, ya no puedo callarlo ni un segundo más…

La castaña abrió los ojos de par en par, ¿decirle como se sentía? ¿Acaso Yamato se refería a…? Tuvo que bajar la cabeza para poder serenarse, pero en cuanto la subió casi se va para atrás, pues el rubio la estaba mirando con una intensidad que superaba cualquier barrera, era inevitable no perder la noción del tiempo y del espacio en ese océano tan profundo…

– No estoy seguro de cómo hacerlo, pues nadie nunca me ha hecho sentir de este modo… – prosiguió el chico. – Pero quiero que sepas que… – tomó aire y sintió como su corazón quería salírsele del pecho. – He estado enamorado de ti desde hace mucho tiempo, Mimi.

El corazón de la castaña en ese momento se saltó un latido y después su cuerpo dejó de sentir el suelo y abandonó la realidad. ¿Realmente Yamato le estaba diciendo eso? ¡Y es que todo indicaba que era un sueño! Estaba segura de que incluso había dejado de respirar, ¿cómo era que seguía viva entonces?

Pero en eso la mano del rubio se posó sobre la suya y la corriente eléctrica que ese contacto desprendió la hizo darse cuenta de que no era un sueño, todo era real y al fin pudo sentir como su corazón saltaba y saltaba sin parar a la vez que el calor se iba apoderando de todo su ser…

Por Dios, y ahora sus ojos estaban cristalinos. ¿Así se sentía la felicidad absoluta?

– No sé en que momento sucedió con exactitud… no sé qué me hiciste y tampoco soy muy bueno con las palabras pero… – dijo Yamato apretando la pequeña mano de Mimi entre la suya. – Necesito que sepas todo lo que significas para mí… necesito que sepas que no puedo sacarte de mis pensamientos, que no hay nadie más importante para mí…

Mimi lo escuchaba y con cada palabra del rubio su corazón se aceleraba y le costaba asimilar que realmente estuviera ocurriendo, sabía que Yamato sentía algo fuerte por ella, pero nunca imaginó que llegara a tal extremo. Podía notar un leve sonrojo en las mejillas del chico, pero por todo el calor que ella estaba sintiendo sabía que estaba mucho más roja que él. Y era curioso, pues su idea era ser ella quien le confesara sus sentimientos, pero había sido al revés y eso literalmente la había dejado sin habla y al borde de un colapso emocional. Pudo sentir como las lágrimas se estaban acumulando en la comisura de sus ojos y como sus labios lentamente se curvaban en una sonrisa.

Una sonrisa la cual Yamato de inmediato correspondió.

El rubio entonces alzó con suavidad su mano y con delicadeza pasó uno de los mechones del cabello de Mimi detrás de la oreja de ésta, para después dejarla posada en su mejilla, acariciándola con suavidad.

– Yamato, yo… – habló con dificultad. – No sabes la felicidad que… – no podía creer cuánto se le dificultaba completar sus frases. – Ah, ni siquiera sé que decir… – de nuevo se sentía como una boba enamorada carente de lógica común.

Y sí sabía que decir, sólo que no lograba ponerlo en palabras.

– No tienes que decir nada. – replicó él, y es que él podía sentirlo sin necesidad de que ella se lo dijera, y más en estos momentos en los que la castaña estaba tan transparente, podía ver por la ventana de sus ojos todos esos sentimientos…

– Pero quiero decírtelo. – exclamó Mimi posando su mano sobre la que el rubio tenía en su mejilla. – Yo también… siento todo eso, y no tengo idea desde cuando, lo único que sé es que… ya no puedo estar sin ti. – dijo mirándolo a los ojos, sintiendo como esas ataduras se iban rompiendo con cada palabra. – Y el saber que me correspondes es mucho más mágico de lo que alguna vez imaginé… y lo veía tan imposible… que incluso ahora me resulta difícil de creer que esto… esté pasando.

Yamato ahora era quien se encontraba completamente pasmado. Era verdad que ya no necesitaba palabras para saber que era correspondido, pero que Mimi le hubiera dicho todo eso lo llenó de una dicha completamente abrumadora y envolvente, tanto que de pronto se sentía en la cima del mundo.

– Sin embargo, está pasando… – atinó a decir el rubio.

Mimi soltó una risita acompañada de varias lágrimas cayendo por su rostro. No podía evitarlo, se sentía demasiado vulnerable, pero eran lágrimas de felicidad en su estado más puro. Y era extraño, no recordaba haber llorado de felicidad… nunca.

Se sentía muy bien.

Yamato pasó sutilmente su dedo índice por las mejillas de la chica para limpiar un poco sus lágrimas. La castaña lo miró directamente a los ojos y le dedicó una sonrisa que lo hizo estremecerse, y sin dudarlo ni un segundo más, cerró los ojos para comenzar a acercarte lentamente a sus labios y unirlos con los de él en un beso.

Un beso muy distinto a cualquier otro, no era desesperado ni mucho menos agresivo, era un beso dulce y transparente, que transmitía con claridad todos esos sentimientos y confirmaba lo que ambos se habían dicho justo hace unos momentos, era uno que sellaba con broche de oro ese mágico momento. El rubio pasó sus manos por los cabellos de la chica mientras ella se apoyaba con ambas manos en el pasto, para así poder inclinarse más hacia él y disfrutar de ese beso que ambos llevaban añorando muchísimo tiempo.

Se separaron con lentitud y se miraron a los ojos apoyando su frente en la del otro, sin poder dejar de sonreír. No supieron cuanto tiempo más se quedaron allí, ella recostada en el hombro de él, hablando de todo y a la vez de nada, simplemente gozando de la presencia del otro, observando el manto de estrellas.

.

.

Era ya un nuevo día en la ciudad de Tokyo, y una alegre Hikari Yagami se encontraba llenando su bandeja de comida en la cafetería de la escuela. Una vez que terminó, se dispuso a ir en busca de una mesa para sentarse, pero al pasar cerca de una, pudo notar a Takeru de espaldas, hablando por su celular con alguien, y al acercarse un poco, la conversación le llamó la atención.

¿En inglés?

– I got to go now. – exclamó el rubio, sonriente. – Yeah, I miss you too.

Hikari frunció el ceño. ¿Con quien hablaba? ¿A quién extrañaba?

– Bye, I love you. – se despidió cortando la llamada.

La castaña ahora estaba completamente incrédula. ¿Acaso había escuchado bien?

¿I love you?

Y no pudo evitar volver a recordar lo ocurrido en el estudio de fotografía.

"Dios, eres todo un casanova, seguramente tienes mujeres de sobra. Dime, ¿quién esa otra chica que tienes como fondo de pantalla en tu celular?"

Caminó hacia una de las mesas solas y dejó caer su bandeja con pesadez, sentándose de inmediato, con la mirada perdida. El hambre se le había ido por completo. Ahora más que nunca quería saber quien era esa mujer.

¡NO!

No quería saber.

Es más, ni siquiera le interesaba saber.

¡Takeru se podía ir muy a la…!

– Hola Hikari.

La castaña levantó la cabeza y vio como el rubio se sentaba en su mesa, justo frente a ella. ¿Quién rayos se creía ESE? ¿Quién le había dicho que se podía sentar con ella? Arrugó la nariz. Diablos, ¿y porqué era que hoy se veía incluso más perfecto que ayer?

Se abofeteó mentalmente por pensar en eso.

Y no, no le iba a responder.

Pero el Takeru habló.

– Ayer me enteré de lo de Taichi. – exclamó mostrando preocupación. – Tú… ¿estás bien?

Hikari se limitó a asentir.

– Ya verás que Tai saldrá de esta. Es un chico fuerte. – continuó. – Sólo hay que darle nuestro apoyo.

La chica asintió de nuevo.

Takeru entonces se dio cuenta de que realmente no parecía que ésta fuera a responder. Además se notaba distante y extraña, ¿acaso tenía que ver con el hecho de que estaba pasando más tiempo con el idiota de Daisuke y ahora lo prefería por encima de él?

– Uhm… ¿pasa algo? – el rubio se atrevió a preguntar.

Hikari suspiró.

– No, no pasa nada. – replicó al fin. – Gracias por preocuparte. – cortante y concisa.

El chico entonces desvió la mirada, pensativo, y después posó un codo sobre la mesa para recargar su mentón sobre su mano y mirarla directo a los ojos procurando verse lo más desinteresado posible.

– Y cambiando de tema… ¿cómo te fue en eso que tenías que hacer con Daisuke?

Sí, no había dejado de pensar en eso y lo admitía, aunque sólo para él mismo.

– Nos fue bien. – replicó con simpleza. – ¿Por qué lo preguntas?

– Uhm, bueno… es sólo que te quería dar un consejo.

La castaña achicó los ojos.

– Uhm, ¿y cuál podría ser?

– Debes abstenerte de ir a lugares desolados con tipos como él. Por supuesto que yo no lo malinterpretaría, pero si alguien más los viera, pensaría que fueron a hacer… tú sabes… esas cosas. – exclamó el rubio. – Lo digo también para cuando debutes, podrías meterte en escándalos o malentendidos si no cuidas esos detalles.

Hikari rió con ironía.

– Hablando de consejos y malentendidos, tú también debes ser más cuidadoso con lo que dices en voz alta cuando hablas por teléfono. – soltó con reproche. – Decir cosas como "I love you" y "I miss you" podría ocasionar que las personas lo malinterpreten y te metan en un escándalo.

Takeru alzó una ceja, sonriente.

– ¿Las personas… o tú?

La chica frunció el ceño, ofendida.

– Por supuesto que yo no lo malinterpretaría. – bufó. – Es sólo que te estoy aconsejando, tal y como tú a mi.

– Ah, ¿es un consejo? – preguntó, apoyándose más en la mesa para así quedar más cerca de ella. – ¿O son… celos?

Hikari casi se atraganta con el puro aire del ambiente, pero se compuso con rapidez.

– Es lo mismo que yo quería preguntarte. – exclamó haciéndose la digna. – ¿Lo que me diste fue un consejo o es que estás celoso?

La sonrisa confiada en el rostro de Takeru desapareció.

– Yo te pregunté primero, así que tú me respondes primero.

– No quiero, respóndeme tú primero.

– ¿Sabes qué? Mejor ambos lo hacemos a la cuenta de tres. – sugirió el chico, apoyándose incluso más en la mesa.

– Bien. – replicó Hikari apoyándose también en la superficie de la mesa.

Ahora los dos se miraban fijamente, estando a pocos centímetros de distancia.

– Uno… – comenzó a contar. – Dos… – tomó aire. – ¡TRES!

Y ambos se quedaron callados.

– ¡HEY! ¿Por qué no respondiste? – exclamó el ojiazul alzando la voz.

– ¿Y qué hay de ti? – replicó ella utilizando el mismo tono. – ¿Por qué no respondiste, Takeru?

El chico desvió la mirada, completamente sacado de sus casillas.

– Cómo sea, ya olvídalo. – dijo levantándose. – De todos modos ni me importaba.

– A mí tampoco. – exclamó Hikari encogiéndose de hombros.

El rubio giró los ojos y después salió de la vista de la chica como rayo. Hikari de inmediato comenzó con su berrinche mental, tomando su baguette para darle una fuerte mordida, enfurecida. Ni siquiera tenía hambre, pero debía desquitar su ira aunque fuera comiendo. ¡Takeru era un idiota! ¿Quién rayos se creía al venir a darle sus consejitos?

¡Y lo peor de todo es que ella se había dejado a volver a engatusar por él, pensando en que cambió por ella! Pero no, pues era evidente que ya tenía a alguien más. A esa estúpida chica de fondo de pantalla en su celular a la cual extrañaba tanto.

¡Y ella que se estaba volviendo a ilusionar con él!

Una ilusa sin remedio, eso era.

Pero de pronto una mano sobre su hombro derecho la sacó de sus pensamientos. Giró su rostro hacia ese lado para darse cuenta de que Takeru había vuelto y ahora estaba sentado justo junto a ella, mirándola fijo a los ojos.

Y lo que dijo, hizo que su corazón por poco y se detuviera.

– Sí. – admitió el rubio. – Estoy celoso.

Hikari no le pudo sostener la mirada. ¿Acaso había escuchado bien?

– ¿Y… tú? – preguntó algo dudoso.

– Yo… también. – replicó en voz baja, mirándolo nuevamente. – Estoy celosa.

Y en ese instante la sonrisa que Takeru le dedicó casi hace que se desmaye, pero no pudo evitar sonreírle de vuelta. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué de pronto todo se había vuelto de color rosa y escuchaba música de fondo?

Rayos.

No tenía sentido negarlo.

Seguía enamorada de él, incluso más que antes.

::

Mientras tanto, Mimi se encontraba caminando tranquilamente por los pasillos dispuesta a ir en busca de algún refrigerio a la cafetería, pero al doblar en una esquina pudo ver a lo lejos a Sora sacando algunas cosas de su casillero, y le llamó la atención que la pelirroja lucía como si estuviera muerta en vida. Completamente pálida, con ojeras, despeinada y con el uniforme todo desfajado, una imagen no muy común en ella…

Y lo que confirmó el extraño estado de Sora fue que al sacar sus libretas de apuntes todas se le cayeron al suelo y ésta ni se inmutó, simplemente las miró con pesadez y después soltó su mochila para recargarse en los casilleros y mirar hacia arriba cerrando los ojos.

Realmente lucía muy mal… parecía que en cuestión de segundos se desplomaría en el suelo.

Y en eso, la pelirroja miró hacia las escaleras y a paso sumamente lento se dirigió a éstas, arrastrando los pies al caminar. Comenzó a subirlas apoyándose del barandal, pues se tambaleaba, y Mimi no supo por qué, pero la siguió.

Sora entonces llegó al último piso y abrió la puerta de la azotea, sintiendo como el fresco aire primaveral golpeaba de lleno en su cara. Se dejó acariciar por éste durante unos segundos, pero de inmediato reanudó su pesado caminar hasta llegar al barandal. Miró hacia abajo sin expresión alguna en su rostro, y posó sus dos manos sobre la barandilla, apretándolas con fuerza.

Respiró hondo a la vez que cerraba los ojos, y con algo de duda levantó su pie derecho y lo subió al primer tubo del barandal, y estuvo a punto de subir el otro, cuando una voz tras ella la interrumpió.

– ¡Sora! – exclamó Mimi desde la puerta. ¿Qué se supone que la pelirroja estaba a punto de hacer? ¿Acaso…?

La pelirroja bajó su pie de la baranda y se giró para quedar frente a Mimi, mas no dijo nada. La castaña entonces caminó presurosa hacia a ella, deteniéndose justo a unos cuantos centímetros, para comenzar a sacudirle las mangas del uniforme, dando suaves palmadas sobre la tela.

– No debes de venir a la academia tan desaliñada, no es tu estilo. – le dijo mientras pasaba a sacudir la parte de abajo del saco, abrochando después los botones que no lo estaban. – Imagínate si algún reportero toma una foto de ti, en poco tiempo estaría en internet y titularán el artículo con un nombre como: "Sora Takenouchi acude tan aturdida a sus clases que no cuida su arreglo personal."

Cuando terminó de arreglar el saco de la chica, al fin alzó su mirada, sorprendiéndose al toparse con los ojos llenos de lágrimas de la pelirroja.

– Sora… – exclamó con notable preocupación.

¿Qué le estaba sucediendo? ¿Por qué lloraba de esa manera?

– Mimi… – replicó ella en un hilo de voz, aunque por su tono pareciera que estuviera pidiendo auxilio.

– ¿Qué pasa? – preguntó algo temerosa. Algo grave le tuvo que haberle ocurrido para que hace unos momentos hubiera intentado saltar de la azotea.

Pero antes de decir algo más, Sora se lanzó a abrazar a Mimi con fuerza, hundiendo su cabeza en el hombro de la castaña, dejando a ésta sin saber cómo reaccionar.

– ¿Qué puedo hacer? – exclamó la pelirroja entre lágrimas. – ¿Qué se supone que debo hacer?

– ¿Qué fue lo que pasó? – preguntó Mimi comenzando a asustarse. – Dímelo…

– Es que… todo es mi culpa… – replicó sin poder dejar de sollozar. – Todo… lo que le está pasando a Tai. Todo es mi culpa…

Mimi abrió los ojos de par en par. ¿Culpa… de Sora?

– ¿Qué…? – musitó aún sin comprender.

La pelirroja entonces rompió el abrazo para verla a los ojos y decir lo que ya no podía guardarse ningún segundo más.

– Tai… él atacó al presidente Fujisaki para salvarme… – dijo Sora derramando aún más lágrimas.

Mimi aún no procesaba lo que la chica la estaba diciendo. ¿Salvarla? ¿Pero de qué? Un sinfín de ideas comenzaron a invadir su cabeza, pero por más que tratara de atar cabos, no quería llegar a la conclusión que temía… y es que…

– Pero… ¿de qué? – se atrevió a preguntar, aunque presentía que no quería escuchar la respuesta.

– Yo... no sabía que él quería llegar tan lejos… y cuando me negué ya no quiso escucharme…

La castaña tragó saliva.

– ¿Qué... quieres decir?

Sora entonces bajó la cabeza y armándose de valor volvió a mirar directo a los ojos a Mimi, ya no aguantaba más.

– Min Fujisaki trató de abusar de mí.


::

Notas de la autora:

ASDF, en serio que cada capítulo que escribo me resulta más difícil de lograr, y es que estoy segura de que tengo alguna especie de déficit de atención, porque de plano me distraigo con CUALQUIER cosa XD! Y bueno, no sólo es eso, sino que ya estamos entrando en los últimos capítulos y tengo que resolver aún bastantes cositas, no quiero dejar ningún hueco y wah, siento que yo solita me metí en mucho embrollo xD... pero no se preocupen, de que sale, sale, sólo espero no decepcionarlos. Realmente me gustaría revisar los capítulos antes de subirlos, pero hace mucho que no tengo tiempo para eso ): ...

En fin, espero que les haya gustado, pasaron muchas cosas. Me llamó la atención que fueron muy pocas las personas que dedujeron correctamente la razón de lo que pasó entre Tai y el presidente de su compañía, aunque lo acepto, estaba difícil, pero hay gente tan observadora que hasta me asusta XD! Hahaha, en fin, en este capítulo se reveló el porqué Tai golpeó a Fujisaki, pero en el próximo explicaré como sucedieron las cosas y porqué el moreno no dice nada ante los medios ni la policía, aunque muchos ya deben tener una idea, es lógica simple (?). Eso sí, les dije que lo del karma apenas estaba comenzando D:

¿Qué más? OH, un pequeño momento Takari hahaha, ambos admitieron sus celos y ya falta poco para que den el paso final, sólo sean pacientes. Con Mimi y Matt... ¿pues que puedo decir? ¡Se tardaron 29 capítulos :D! PERO, no crean que todo será de color rosa para ellos XD. UH, y hubo momentos de amistad (?) entre Tai y Yama, el rubio quiso ayudarlo de un modo raro, pero es que el verlo tan mal le recordó a él mismo, y al final le pasó el amuleto de la suerte, ¿se dan cuenta?

Primero fue de Wada Kouji, él se lo pasó a Sora, ella a Mimi, ella a Yamato, y él a Tai. Al final, ¿en manos de quién terminará? XD...

ESE NO ES EL PUNTO, hahaha xD... pero sin duda de algo a de servir, es un amuleto con buena vibra (?).

EJEM, por ahora sería todo de mi parte y ya saben que no me voy sin antes agradecerles sus reviews! ASDF, ya les he dicho mil veces lo feliz que me hacen con todas sus palabras de apoyo :')... este fic no sería nada sin ustedes, los quiero demasiado chicos, gracias por comentarme y principalmente por darse el tiempo de leer. Gracias por todas las alertas, los favoritos y demás, no tienen idea de cuanto aprecio cada detalle. Nunca pensé que recibiría tanto amorsh C': ...me hacen dichosa, en serio. Y ya les contesté a todos, como siempre ~

Por cierto, el lunes entro a clases y el jueves cumplo años, OMG. Que horror, haha, quiero más vacaciones XD, espero no tener que volver a la rutina de un capítulo cada dos semanas D:! OH, y de una vez les digo que en la encuesta ganó el "sí lemon" hahaha XD! Ya ando planeando cómo, cuándo, porqué y dónde (?). Pero bueno, ya me despido ~

Un besho para todos!
Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~


RR's sin cuenta:

Mel: ¡Pude darte más Mimato :D! Hahaha, espero te haya gustado y wah, para el lemon sólo es cuestión de esperar. También lo de Tai se aclaró ya, bueno, unas cuantas cosas, en el próximo capítulo me explayo más XD... ¡También te mando un saludo! Gracias por escribirme :'D

Daiana: Hahaha, que bueno que te diviertas con TK y Kari, yo también me divierto escribiéndolos XD! Y me alegra que te gustara el Mimato. Lo que pasó con Tai ya lo aclaré un poco en este cap, pero aún falta. UN BESO ~ gracias por tu review :'D!

Rach: ¡Que bueno que te gustó el capítulo! Y sip, Sora aprendió a la mala y al final el karma no la dejó en paz, ojalá la pelirroja pueda superar todos los obstáculos. Y SI! Takeru es un amor con sus excusas malas XD! Obvio ni él se la cree hahaha, pero ya ves, ¡admitió que está celoso! ASDF, me alegra que te gustara el Mimato, ya era hora de que esos dos hicieran algo al respecto XD! Haha, un abrazo, mil gracias por tu review C':!

Dani-de-Ishida: ¡OMG! ¿En serio te la leíste en un día? Que extrema, los caps están bien largos XD, hahaha pero me alegro que te haya gustado (':! Aunque creo que eres de las pocas que disfruta el triángulo amoroso, todos quieren asesinar a Taichi por los "problemas" que ha causado XD hahaha. Sobre el lemon, no te preocupes, cuando suceda será con fundamentos y aún falta (:! ¡Espero poder seguir contando con tus reviews! Un beso!

Ukime: Ow, me hiciste sentir muy bonito con tus palabras :')! Me alegra poder sacarte sonrisas y transportarte a ese mundo del que me platicas, yo al escribir trato de plasmar los sentimientos de la manera más real que puedo. Sobre el favor que me pides de Rozen Maiden, pues se me dificultaría escribir de eso porque no he visto ese anime y no sabría como son realmente, aunque podría intentar verlo si encuentro un tiempo libre y así escribir el one-shot, pero no te garantizo nada, ya que apenas tengo tiempo para mi )':! En fin, un beso, gracias por tus palabras!