Gracias por su maravillosa lista de reviews, me hacen suspirar de felicidad. Gracias chica/os, de verdad espero que este capítulo les guste, di lo mejor de mí para esto.
Lamento mucho la demora. Este es oficialmente el penúltimo capitulo de la historia.
Espero poder ver sus opiniones en la lista de comentarios.
Sin más disfruten.
Declaimer:
Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.
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Episodio
XXIX
El pacto del lobo
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Para nosotros era importante ese momento.
Incluso si era un poco infantil, nadie podía juzgarnos.
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Su cuerpo se sentía ligeramente pesado, como si hubiera algo apretándola por los costados manteniéndola sujeta contra el piso, era como estar rodeada por una cadena, liviana, pero firme. Lentamente abrió los ojos y se halló a sí misma tumbada en el porche de la antigua casa donde solía pasar los veranos cuando era pequeña, esas paredes de papel de arroz, el tatami*, incluso el olor a hojas de té que dejaba la tetera obre la pequeña mesa, era tan nostálgico, que resultaba doloroso de alguna manera. La brisa caliente entró por la puerta semi-abierta, se enderezó lentamente, como un títere siendo elevado por las cuerdas pegadas a sus articulaciones y gateó hasta la parte de madera que daba al jardín interno, sus dedos se sentía un poco entumecidos al rozar la vieja caoba lustrada. La luz era demasiado luminosa y el sonido de las cigarras tremendamente ruidoso, parecían estar creando una sinfonía espectral. Una silueta oscura, levemente iluminada por los rayos del astro rey, se movió llamando su atención. Un tanto extrañada se acercó a la figura y ésta, como si pudiera sentirla acercarse, se viró haciendo bailar su larga melena oscura de manera tal grácil que era casi inhumano.
Una sonrisa tan pacífica y hermosa la recibió.
Por alguna razón sintió sus ojos humedecerse, y un nudo se le aferró en el nacimiento de la garganta, era pesado y obstruía el paso de las palabras. Se pasó la lengua por los labios que repentinamente se le habían secado, era como tocar un pedazo de granito, fijó sus orbes perla en los de aquella persona delante suyo. Buscando una y mil cosas dentro de ellos, respuestas y preguntas que no tenían principio ni fin.
Su madre lucia tan radiante y preciosa que su pecho se encogió dolorosamente.
—…—no pronunció ni una palabra, pero le hizo un gesto para que se sentase junto a ella. Obedientemente se acercó a su progenitora, aún demasiado abstraída en la fascinación por su presencia.
Que sueño tan cruel y magnífico.
—Mamá—su voz tembló más de lo esperado. Hana esbozó otra curva de labios y estiró una mano para tocar la mejilla de su hija. Quien se estremeció por el tacto tan real y a la vez tan irreal de la que fue su persona más amada.
Ah, eran tan cálidas esas manos. ¿Cuántas veces necesitó de ellas? ¿Cuántas veces la llamó en medio de la desesperación? ¿Cuántas veces quiso verla y no se le concedió? A veces Dios resultaba ser un poco injusto.
—Has crecido tanto—su tono era dulce y más profundo de lo que recordaba. Justo como un sonido perfecto para una canción.
—Mamá—repitió en un sollozo lleno de emociones encontradas.
Su corazón se estaba partiendo.
—Vamos, no llores mi niña. Tu cara es demasiado linda para que se arruine por esto—le limpió las lágrimas que no parecían tener fin con una infinita ternura.
Maldición, ¿Por qué no podía detenerse? La tenía justo enfrente, no sabía cómo ni porqué y tampoco le interesaba encontrar lógica en ello. Debía estar haciendo algo mejor que llorar como una niña pequeña. Pero era un poco difícil, después de todo, tenerla otra vez, era volver a ser una niña. Regresaba a su antiguo yo, pero sabía que ya no podía serlo más. Ella no podía echar todo en tierra por un momento de debilidad. No obstante lo único que deseaba era comportarse un poco mimada con su madre.
—Lo siento—pidió—, lo siento tanto por todo—enterró el rostro en el hombro de su madre.
Ah, ella se sentía más pequeña de lo que recordaba. Esos confortables brazos, y ese pecho tan cálido, de alguna forma se volvían frágiles bajo sus manos. Hana era una preciosa y quebradiza ensoñación.
Una quimera rompible.
—Venga ya—la rodeó con sus brazos y dejó caer su rostro sobre la cabeza de Hinata—. No necesitas pedir perdón por nada mi niña.
¿Cuánto amor puede existir en el corazón de una madre?
—Pero… por mí, tú…
Los pecados que cometió, no podían ser perdonados, ella no debía hacer tal cosa. Ser odiada por ellos, era su justo castigo.
—Por ti, yo fui muy feliz—aseguró—. Fui tan feliz que si pudiera repetir mi vida, lo haría otra vez, no importa cuantas veces sea. Yo seguiría recorriendo el mismo camino hasta que tú llegues a mí—le cepilló el cabello parsimoniosamente—. Has sido tan valiente y fuerte, estoy orgullosa de ti.
Las madres son seres llenos de amor. Nunca dirán que odian a su niño. No son capaces de tal cosa. A veces pueden mentir, pero no es algo que sea del todo malo, ya que su mayor mentira es decir que estarán siempre ahí aun cuando tengan que marcharse tarde que temprano.
—Mamá, ¿crees que encontré la fuerza que necesitaba?
—No la encontraste mi niña.
—¿Eh?—su corazón se apretó.
Sería mucho mejor si ellas fueran egoístas y reclamasen cuando su niño hace mal las cosas. Sería mejor ser regañado con vehemencia. Sería mejor que no existiera la distancia que las separaba. Pero las cosas que sucedieron antes y que las llevaron a donde estaban hoy, no podían ser corregidas. El destino y la vida se confabulan para crear planes, alguno de ellos son espinosos y realmente muy dolorosos. Sin embargo son la clase de golpes que uno necesita para poder crecer.
—Tú siempre la tuviste—besó su frente—, la fuerza que necesitabas, la que yo recé porque tuvieras, siempre estuvo en ti. Y fue esa misma fuerza, la que te ha guiado hasta donde estás hoy—explicó—. Mientras sigas confiando en ti misma y apoyándote en los que te aman, las cosas caerán en su propio sitio, no te preocupes, sólo continua caminando, yo te estaré viendo, mi niña, seguiré rezando por ti y por todos.
La luz y el sonido se mezclaron de pronto, como si estuviera siendo extraía del interior de una película, trató de aferrarse al cuerpo de su madre con tenacidad. Pero ésta detuvo sus manos con gentileza. La miró sonriendo con resignación y paz entremezcladas.
Que ojos más hermosos.
—Mamá…
—No estés asustada.
—Por favor… no…
—Nos veremos nuevamente.
No estaban despidiéndose, porque las personas que están destinadas las unas a las otras, tarde que temprano se reúnen. Aun si pasan años para que esto suceda, sin duda ocurrirá un nuevo encuentro. Aun cuando sus voces al llamarse no lleguen más lejos que una plegaria, sus almas seguirán conectadas.
…
Abrió los ojos de golpe, quedando un tanto cegada por la incandescente luz del techo. Loseta blanca y focos ecológicos, la estructura del hospital era tan seria como se podía suponer. Todo le daba vueltas y su visión no estaba completamente enfocada. Paseó sus perlas por todo el lugar hasta mientras iba recuperando lentamente el foco de la imagen delante de sus pupilas, se detuvieron en un rostro bastante familiar. Había algo sujeto a su brazo, algo que le daba un pequeño pellizco en la coyuntura del codo. Divisó que tenía puesta una intravenosa, y su cuerpo dolió levemente al enderezarse sobre la superficie de la cama. Fue capaz de distinguir los aparatos electrónicos del hospital, así como que era rodeada por una cortina verde musgo que, intuía, era para separar la visión de su lecho a la de las otras camas de la sala. Su acompañante se acercó a ella por el flanco derecho.
—Hinata-sama—suspiró aliviado. Había estado con los nervios de punta luego de que el doctor que la había atendido se fue a revisar otros pacientes.
—Neji-niisama—dijo ella a su vez, con un tono amortiguado por el anterior sueño.
—Me alegra que esté despierta—sus facciones se suavizaron un tanto.
—¿Qué haces aquí?—su cabeza dolió amenamente—, ¿qué pasó?
—Cuando estaba por irme, escuché el alboroto en la recepción. Me preocupó un poco así que regresé para ver la situación, cuando llegué usted ya estaba inconsciente. El doctor dijo que se había desmayado por una ligera anemia, no ha estado comiendo correctamente ¿verdad? Además de que recibió leves golpes por la caída.
—¿Caída?—se tocó la sien tras una punzada, eso explicaba porque le dolía el cuerpo.
—¿No lo recuerda?
—Recuerdo que estábamos discutiendo en el pasillo con el padre de Nan-chan—murmuró abstraída—, él estaba fuera de sí en ese momento.
—Ese hombre fue detenido por los guardias del hospital. Por lo que escuché, al morir su esposa, perdió completamente la compostura. La niña fue llevada con las trabajadoras sociales mientras su tía llegaba a recogerla.
—¿Qué sucederá con ellos?
—Pese a que es entendible su dolor, él actuó con violencia y atentó con la seguridad de usted y de su propia hija. Lo más probable es que sea puesto bajo prueba por el departamento de protección infantil.
—Entiendo—apretó las manos, de alguna forma estaba triste e impotente de escuchar aquello.
Neji lo notó.
—Pero, Hinata-sama, usted no debe preocuparse más, hizo todo lo que podía.
—Aun así, desearía poder haberlo hecho mejor.
—No creo que eso sea posible, sólo debe dejar que esa familia solucione sus problemas por sí misma. Además, no creo que sus acciones hayan sido en vano, estoy seguro que esa niña estará bien, recibirán la mejor atención posible.
Después de todo él mismo había sido enviado a pedir aquello cuando Hinata estaba siendo evaluada por el médico.
—Espero que no sufra demasiado—miró de un lado otro, como si buscase algo—. ¿Dónde está Sasuke?
—Al parecer Uchiha intentó protegerla cuando fue empujada, ambos cayeron por las escaleras del pasillo.
—¡¿Qué?! ¿Dónde… dónde está él?—su pulso se aceleró con preocupación. Intentó sacar las piernas con brusquedad, pero un ligero mareó la detuvo. Neji le tocó los brazos para sostenerla.
—Tranquilícese por favor, él está bien—informó.
—¿Qué le ocurrió a él?
—Cubrió su cuerpo, por lo que recibió la mayor parte del daño—Hinata sintió que un dardo se le clavaba en el pecho—, fue llevado a otra habitación, no estoy seguro completamente de su estado, pero sé que está bien, no estaba inconsciente y de hecho se veía bastante estable y fuerte mientras era obligado a ir a que lo revisaran, estaba más preocupado porque usted su hubiera herido; así que créame cuando le digo que él se veía bien cuando se rehusaba a dejarla sola.
Hinata no necesitaba imaginárselo, sabía cómo era el moreno después de todo.
—¿En serio está bien?
—Lo está, es una persona muy dura.
—Quiero verlo.
—Sólo tómelo con calma, iremos a verlo cuando haya recuperado un poco más de fuerza.
—Pero…
—La Sra. Uchiha se encuentra con él, no debe apurarse.
Escuchar aquello no la hizo sentirse mejor. Después de todo había provocado que Mikoto viera a su hijo en peligro por su causa.
Eso le dejaba una desazón terrible.
—Está bien—su expresión se denotó un tanto retraída y deprimida.
¿Acaso sólo podía causar más problemas de los que podía solucionar?
—Por cierto, Hiashi-sama ha pedido verla cuando usted y Uchiha se encontrasen mejor—dijo el castaño levantándose de su lugar.
—¿Mi padre…quiere vernos?
—Él estuvo afuera todo el tiempo mientras era atendida—exclamó y Hinata sintió que sus parpados se abrían tanto como era posible biológicamente hablando.
—Eso… no es posible—musitó incrédula.
—Sé que es incapaz de creerlo, pero confíe en mis palabras. Hiashi-sama no se movió hasta que el medico dijo que estaba bien. Incluso su propia operación ha sido aplazada para mañana debido a que no regresó a su habitación para prepararlo. Tuvo que ser obligado a volver para que descansara correctamente.
—…—observó sus propias manos, tratando de procesar las palabras de su primo.
—Hinata-sama, escuche, yo no soy nadie para decirle esto. Pero, ni usted ni Hanabi-sama saben cómo es que Hiashi-sama maneja las cosas, su padre, puede ser muy estricto e inflexible, es una persona llena de orgullo. Sin embargo él no está hecho de piedra completamente, y ustedes son sus únicas hijas, él sólo piensa en su bienestar y nada es más importante que eso.
—Por favor, no mientas—interrumpió la Hyuuga menor—, quizás él pueda estar preocupado por Hanabi, pero no es el mismo caso conmigo. Después de todo…él me odia—sus ojos reflejaron genuino dolor por ese pensamiento.
Neji apretó la quijada.
—Usted se equivoca—corrigió—. No creo que deba ser yo quien hable más de esto, pero le puedo asegurar que esa idea es errónea. Estoy seguro que solamente si lo ve con sus propios ojos, entenderá lo que trato de decirle.
Hinata guardó silencio por unos segundos. Eso no podía ser verdad, no lo creía, tantos años sintiéndose la oveja negra de la familia le habían mermado esa capacidad. El amor de su padre, no podía llegar hasta ella ¿verdad? ella era odiada ¿no es así? ¿Qué era lo que había motivado a su padre para que ahora quisiera verla? Si hasta hace poco se negaba a recibirla. Aunque quería creer en la respuesta de Neji, lo cierto es que una parte suya no podía asimilar que estaba equivocada.
¿Y si ella no era odiada, qué haría al respecto?
Sasuke no podía evitar hacer muecas mientras el interno de emergencias le terminaba de hacer las suturas por su herida. No quería mirar el trabajo que el sujeto estaba haciendo tan diligentemente, pues estaba seguro que su estómago se revolvería por las leves punzadas de ardor que estaba recibiendo a cada punto que cocían en su piel. Aunque no había sido una distancia muy larga, el tramo de escaleras que habían recorrido en la caída, tenía las orillas demasiado filosas, por lo que terminó abriéndose un poco la zona sobre el codo e incluso su muñeca se había presionado con fuerza en una de las esquinas. Casi podía jurar haber escuchado un click. Como si el hueso del interior se presionara como un broche de mariposa en una fracción de segundo. Escucharon una leve voz pedir permiso para ingresar y poco después les hizo compañía una de las tantas enfermeras, quien le entregó un sobre blanco al hombre que recién terminaba de poner el último punto.
—Gracias Misato-san—exclamó haciendo una leve reverencia con la cabeza, misma acción que imitó la joven antes de retirarse—, veamos que sucedió aquí dentro—masculló poniéndose de pie al tiempo que sacaba la placa de acetato.
El Uchiha sabía que era la radiografía que le habían hecho apenas puso un pie en emergencias. Maldita sea, con lo mucho que detestaba los hospitales, nuevamente estaba en uno en calidad de paciente.
Sin embargo, honestamente, no se arrepentía de serlo. Puesto que realmente no había sido capaz de estarse quieto al ver como ese idiota empujaba a Hinata por las escaleras. Su cuerpo se movió por si sólo e incluso antes de pensar que debía salvarla bajo cualquier costo ya se había lanzado para cogerla en pleno aire. Ninguno de los golpes, cortadas y magulladuras dolerían más que el sentimiento que hubiese tenido si sólo la miraba caer y romperse delante de sus ojos. La cosa más valiosa que tenía, iba a ser lastimada y él no podía permitirlo. La oveja no podía obtener más cicatrices de las que ya tenía. Ella no sería herida por nadie. Él no dejaría que eso pasara nunca.
Porque Hinata era suya.
—¿Y bien?—indagó inquieto. La verdad es que ya quería largarse, pues aun no sabía cómo estaba la ojiperla y eso lo estaba poniendo de malhumor.
Si por fuera por él, ya se hubiera ido desde hace rato a buscarla.
—Tienes una ligera fisura en esta zona—indicó poniendo la foto en el panel de luz—, ¿lo ves? Justo aquí se puede apreciar. No es muy grande pero será molesta conforme pasen los días.
La imagen dibujaba una pequeña rasgadura en el hueso. Como si hubieran usado un picahielos para trazar una línea.
—¿No podré moverla?—examinó cuidadosamente su radiografía. Mierda, incluso él sabía que aunque no estuviera completamente rota, su muñeca sería inservible por un rato.
—Al menos no durante tres meses, tendré que colocarte una férula para que el hueso de unión permanezca inmóvil—la mujer de antes regresó con los materiales necesarios—, aunque es algo impresionante con la situación que la precede, podrías haberte roto todo el brazo, la clavícula o incluso una costilla.
Sasuke torció la boca y escuchó un suspiro a su costado. Mikoto no había pronunciado ni un pio desde que estaba siendo atendido, cosa que no era buena señal. Pues le caería el demonio en cuanto estuviera a solas con su progenitora.
—Hmm.
—Deberás tener cuidado al realizar tus actividades diarias, si te llega a provocar comezón ven al hospital—dictaminó colocando las capas de yeso y vendas necesarias para la curación.
—Vale.
—Bien entonces, sólo aguarda un poco hasta que se seque, mientras tanto iré por algunos analgésicos, ahora no te molesta, pero más tarde sentirás dolor, deberás tomarlos por lo menos una vez al día.
—…—asintió y el hombre terminó de colocarle las gasas con yeso. Se puso de pie, le dedicó una reverencia a Mikoto y seguidamente se marchó.
Un silencio sepulcral los envolvió.
—Dios, en serio no esperaba que te fueras a romper un hueso nuevamente—mormulló la mayor rompiendo el mutismo—, en verdad que eres un niño.
—Lo siento.
—No me digas lo siento. ¿Sabes lo aterrorizada que estaba? Mi hijo se lanzó por las escalaras justo en frente de mis ojos.
—No lo volveré a hacer.
—Ya estaría de Dios que lo hicieras nuevamente, no creo que mi corazón lo soporte—riñó sentándose delante de él.
—Perdón mamá—desvió la mirada.
—Aun así, Hinata-chan está a salvo, gracias a ti. Eso es lo único bueno de esta desgracia, la has protegido bien cariño.
El moreno la miró de reojo.
—Hinata… me pregunto si ya habrá despertado.
—Probablemente ya lo haya hecho.
—…
—Pero no irás a verla—Sasuke volteó bruscamente para clavar su penetrante mirada en el rostro de su progenitora.
—¿Qué estas…?
—Lo que oíste, no irás a verla—se cruzó de brazos. Su expresión era impávida—, no la verás hasta que me expliques cómo es que eres ya lo suficientemente mayor para hablar sobre matrimonio.
La sangre se le fue a los pies.
—Yo…—balbuceó.
—Y no trates de engañarme, ¿me oyes? Ya lo he escuchado de Hiashi. Así que quiero que digas la verdad.
El pelinegro estrechó la mirada. Su madre era aterradora, nada podía escapársele.
—Así que fuiste a hablar con el viejo, a pesar de que te pedí que no lo hicieras.
Tan terca, justo como él. Definitivamente la sangre es poderosa.
—Sí, lo hice, no podía quedarme de brazos cruzados, pero no pensé que me enteraría de semejante cosa.
—Bien, lo hice, me comprometí con Hinata.
—¿Acaso sabes lo que has hecho? Aún son unos niños.
—¿Te recuerdo quién era la que estaba concertándome citas matrimoniales el año pasado?—contraatacó.
Mikoto abrió la boca para replicar, pero no encontró palabras para hacerlo.
—Vale, tienes un punto.
Después de todo había sido ella quien impacientemente le había hostigado con que buscara una novia luego de enterarse de que Itachi estaba comprometido. Quizás aquello había sido tan sólo un capricho por la euforia del matrimonio de su hijo mayor.
Se había comportado tan insensible con Sasuke en aquella epoca.
—Lo sé, mamá. Sé que aún es demasiado pronto y que lo único que podemos tener es una promesa que no sabemos si seremos capaces de cumplir. Créeme que lo sé mejor que nadie. Soy consciente de lo limitadas que son mis habilidades y que debo esforzarme por hacerlo realidad. Falta mucho tiempo para que yo pueda cumplir esta promesa tan infantil, y probablemente sólo esté siendo egoísta.
No necesitaba ser sermoneado, después de todo, incontables veces se había puesto a pensar sobre sus decisiones. Las promesas que hacía con Hinata eran mitad infantiles, mitad adultas. Sabía también que no era el mejor hombre para ella, puesto que él mismo le había herido en el pasado. Le faltaba mucho para ser el indicado para ella, pero con la fuerza que poseía en ese momento, con esas manos que tenía ahora, él estaba dispuesto a aferrarse a la esperanza. Nunca antes creyó en nada, pero ahora sólo rezaba por poder cumplir su palabra. Los corazones jóvenes son inestables, pueden cambiar con facilidad, pero confiaba en que esos sentimientos que ambos tenían no eran falsos ni pasajeros. Sólo el tiempo podía fortalecerlos. Sólo ellos podían hacerlos crecer. El amor es dulce, maravilloso y te puede hacer fuerte, pero también es acido, horrible y vuelve tu corazón demasiado vulnerable. Pueden desquebrajarse como una hoja seca en medio de la calle. No obstante los humanos son todos iguales, y esas imperfecciones son las que los vuelven algo tan sublime y misterioso que sólo puedes estar fascinado al descubrir cosas que antes no sabías que existían en tu interior.
Cuando las personas se dan cuenta de que estos cambios y sentimientos son causados por otro, es cuando son capaces de ver el valor real de lo que es el amor.
Sólo así es que de verdad se puede amar.
—¿Lo sabes, realmente? Su camino puede estar lleno de dificultades y no es garantizado que sigan sintiendo lo mismo, puedes incluso llegar a odiarla y ella a ti.
—Soy consciente de ello mamá—asintió—, pero no estoy dispuesto a dejar que ella me sea arrebatada antes de poder descubrirlo. Incluso aunque el viejo se opusiera a esto, o si tú también lo hicieras, no voy a retractarme, no es algo que esté en mi naturaleza. Yo cumpliré mi promesa con ella. La haré mía, e incluso si un día odio ver su rostro o escuchar su voz, o si es ella quien me odia a mí, trataré de amarla más de lo que pueda detestarla. Ese es el esfuerzo que yo debo hacer por el futuro de ambos, y ella estoy seguro que también lo sabe.
Era un pacto silencioso entre ambos, dar lo mejor, había quedado implícito aquel día frente al cementerio.
—De verdad…—negó levemente—, no dejas ninguna apertura—se quejó—, aunque no apruebe totalmente el que lo hayan hecho tan impulsivamente, confío en que sólo ustedes serán capaces de andar por el camino que han escogido, con su propia fuerza lograran encontrar la respuesta que los guiara a la felicidad—agregó acariciando sorpresivamente la mejilla de su retoño.
Quien respingó y se abochornó. Desvió la mirada un poco sonrojado.
—Mamá…—replicó.
—Estaré apoyándolos, y si alguna vez necesitas mi ayuda, no dudes en pedirla cariño.
Sasuke calló por un par de segundos. Pensando concienzudamente en las palabras de su madre. Se sintió un poco abrumado por la culpa, pues no es como que él no hubiera planeado decirle sobre esa propuesta a su familia, sino que había sido descubierto cuando aún no era capaz de solucionar nada con el padre de Hinata, así que de alguna forma era evidente cuan incapacitado era aún para hacerse cargo de la vida de otra persona. Tan irritante. Pero sin duda alguna, haría lo que le dijo a su madre. Seguiría firme y recto hasta ser capaz de saber cuan profundo puede amar a Hinata. No debía ser subestimado, ni siquiera por él mismo, cuando estaba decidido, era realmente contundente.
El lobo era verdaderamente serio cuando se trataba de amar a la oveja.
La puerta de la habitación se cerró una vez se encontró del otro lado, giró cuidadosamente sobre sus pies para ver al médico que la había acompañado a ella y su primo luego de que le dieran el alta. Le hizo una reverencia y agradeció por sus esfuerzos realizados mientras estuvo inconsciente; ahora se sentía mucho mejor, pero estaba impaciente, quería buscar cuanto antes a su lobo. No se sentía nada bien estar separada de él en esa situación. Sin mencionar que debido al sueño que había tenido luego de la caída ahora estaba más inquieta. Sabía que aquello no era otra cosa más que algo provocado por el estrés, pero haber sido capaz de ver a su madre, aun en una dimensión onírica como lo era un sueño, de alguna manera la motivaba a intentar las cosas con más ganas que antes. Después de todo, si su padre había pedido verlos, es que había una oportunidad para cambiar la situación.
Había una última esperanza.
—Hinata-sama, por aquí—indicó el pelicafé una vez el doctor se hubiera marchado para continuar con su labor.
—Vale…
—Hinata—escuchó su nombre en el extremo contrario y viró medio cuerpo.
Su pecho se aceleró como una máquina de coser en plena potencia. Martilleando y golpeando contra sus costillas. Sin embargo la felicidad y el alivio que sintió al cruzarse con esos ojos oscuros, casi fue completamente sustituida por una sensación de miedo y culpa al observar el brazo izquierdo de su novio. El cual estaba vendado por delante del codo y enyesado en la muñeca.
—…—Su rostro estaba descompuesto.
—Ni lo pienses—tajó de pronto. Ella lo miró afligida—, esto no es tu culpa.
—Pero…
—He dicho que no—gruñó parándose frente a ella—. Yo soy responsable de mis propias heridas, y éstas me las he causado yo mismo.
—Sí, pero fue por salvarme.
—Y no lo hice por ti, lo hice por mí, no podía permitirme dejarte salir herida.
—¿Qué estás…?
—Hinata-chan—interrumpió la azabache mayor.
—Mikoto-san, lamento mucho haber causado…
—Basta, no es tu culpa como mi hijo dice, él decidió hacerlo por su propia cuenta, es responsable de las consecuencias que sus acciones le regresan—secundó.
Tanto madre como hijo eran realmente injustos.
—Vale—se rindió.
Una oveja no podría contra un lobo, mucho menos si la madre de éste se unía a él. No obstante, sin duda se lo pagaría, jamás olvidaría el hecho de haber sido protegida. Siempre era lo mismo, Sasuke la salvaba sin pedir nada a cambio, siempre se excusaba en su propio egoísmo y no le reclamaba nada.
El lobo era demasiado amable.
El sonido de las maquinas era rítmico, al igual que el goteo de la solución intravenosa. Movió la cabeza para fijar su vista en la ventana, el sol comenzaba tornase levemente naranja, trayendo los colores del atardecer al amplio cielo que los cubría. Las cigarras cantaban en la lejanía, y era capaz de oírlas por el pequeño hueco en la ventana que permitía a una brisa fresca entrar para llenar sus fosas nasales de aire libre de antisépticos. Regresó su atención a un objeto rectangular que sostenía entre sus manos. El único que jamás dejaba lejos de sí, porque representaba lo más valioso que poseía; acarició el cristal que lo protegía, repasando cada silueta con delicadeza impropia. Sus facciones se hicieron lentamente un reflejo de la nostalgia. Era la mezcla perfecta entre culpa y añoranza. Nadie podía reprochárselo en ese momento, nadie que lo conociese de verdad sería capaz de corregirlo a secas. Cuando eres roto de la forma en que él lo fue, permanecer cuerdo es un milagro y mantener la bondad un privilegio.
Pero lo cierto es que ahora debía hacer las cosas de manera correcta.
Su visión había sido cruelmente despejada cuando fue testigo de lo impotente que era para proteger a su hija y por mucho que le costase, había cosas que no podía esperar resolver debido a ello. Ya que, como lo pensaba, Hinata seguía siendo alguien que necesitaba ser resguardada con todas sus fuerzas, pues era como una muñeca de porcelana fácil de romper. El incidente que había ocurrido más temprano en el pasillo le había abierto los ojos, no podía continuar haciendo las cosas con tanta indulgencia, debía ser más contundente. Se lo debía a ella y a Hana. Sólo así era sería capaz de redimirse por sus pecados.
Solamente así, no tendría vergüenza de volver a ver a su esposa a la cara cuando el momento llegara.
Tres golpes firmes a la puerta le alertaron de que el momento había llegado. Escondió el objeto entre las sabanas y su rostro volvió a ser el mismo de siempre. Dirigió sus ojos perla a la madera esperando que esta se abriese sin necesidad de escuchar un pase por su parte.
—Hiashi-sama—exclamo la voz de su sobrino—. Aquí están Hinata-sama y Sasuke Uchiha—anunció deslizando la tabla para que los susodichos entrasen por el lumbral.
—Padre—exclamó la peliazul mirándolo con sus ojos llenos de incertidumbre, pero no de miedo sino de convicción.
Sea lo que sea que fuera pasar, ninguno cedería sin dudar.
—Déjanos a solas—ordenó haciendo un ligero movimiento con la mano. El castaño asintió e hizo una reverencia antes de marcharse. Le lanzó una leve mirada de apoyo a su prima y un pequeño gesto dirigido a Sasuke le permitió saber que él le confiaba el resto.
Era una batalla de voluntades después de todo.
—Lamento los inconvenientes que te he causado hoy—la primera en hablar fue ella.
—¿Te sientes mejor?—corta y directa, su pregunta no estaba paneada para andarse por las ramas.
—Sí, después de descansar estoy mucho mejor, gracias por preguntar.
—¿Llevaras eso por mucho tiempo?—sabía que esa interrogación no era para ella.
—Sólo será por tres meses—respondió impasible el morocho.
—Lleva la factura del costo de tratamiento a la empresa, no me gusta deber nada—pronunció cerrando levemente los ojos.
—Me niego, esto no es algo que usted me deba—replicó automáticamente. Hiashi estrechó la mirada. Ese mocoso ¿cómo podía ser tan descarado?
—Protegiste a mi hija.
—Protegí a mi novia.
Si el infierno pudiera congelarse, sería en este instante.
—¿Para qué deseabas vernos padre?—interfirió la ojiperla poniéndose delante de su novio. No era momento para ese roce de orgullos.
—Debido a lo que sucedió hoy, he decidido algo.
El corazón dejo de palpitar.
—¿Lo has hecho?
—Tú necesitas ser protegida de una mejor manera, creí que mi fuerza era suficiente, en su lugar, te he lastimado más de lo que debería haberme permitido—confesó el mayor para sorpresa de ambos adolescentes.
—¿Padre?—le observó un poco ofuscada ¿acaso sus oídos estaban mal?
—Te irás.
Un objeto de cristal se rompió dentro de su corazón
—¿Qué?
—He dicho que te irás.
—¡¿Qué está tratando de decir?!—Sasuke tomó el hombro de Hinata para pegarla a él, pues casi pudo jurar verla tambalearse en su posición—, ¡¿la obligará a irse?!
—Déjame terminar mis palabras mocoso impaciente—gruñó el Hyuuga—, no saquen conclusiones apresuradas ninguno de los dos—miró a Hinata con reprobación.
—Tsk…
—Entonces…—sintió sus manos temblar, pero no dejaría que ni su padre ni Sasuke lo notasen—, ¿a qué te refieres?—preguntó con cautela.
Estaban en un punto crítico, como la página culminante de un libro lleno de golpes, cicatrices y caricias para el corazón. Había palabras que daban esperanza, pero también había aquellas que sumergían en la desesperación, llegados a este punto.
Todo era posible.
—Te irás—retomó clavando sus ojos en los de ella.
¿Por qué no lo había visto antes? Eran los mismos.
—…
—Irás a Estados Unidos para continuar con tus estudios, pero no lo harás a medias, tienes que ser la mejor, ¿me escuchaste? Si no demuestras tu convicción, no permitiré que regreses y mucho menos que tomes la silla del presidente.
Mutismo.
—Eso…
—Hanabi podrá tomar su tiempo de preparatoria con tranquilidad, reconozco que he exigido demasiado de ella—continuó—, pero debes superarla. Debes ser la mejor, ¿lo entiendes?
Cada verbo, sujeto y conexión de esas oraciones apenas podían salir de sus labios. Era tremendamente difícil ceder y rendirse.
—S-sí.
—Y respecto a lo de tu matrimonio…—miró a su hija que seguía impactada, luego al chico detrás de ella, que le miró desafiante.
Maldito atrevido, chasqueó la lengua.
—No se casaran inmediatamente, primero deben demostrar que pueden ser capaces de sobrellevar una relación a distancia, sólo serán aptos de hacerlo una vez que ambos se hayan graduado y estén trabajando—decretó—. Y tú mocoso…—llamó—, más te vale estar a la altura de mi hija.
No se la entregaría tan fácil.
—No lo dude.
—Tch, eso no quiere decir que te apruebe como mi yerno. Si ella encuentra uno mejor, espero que te deje—deseó sinceramente. El moreno entrecerró los ojos y fulminó con su mirada al Hyuuga.
Ese viejo lo sacaba de quicio. Pero debía contener las ganas de reñirle.
—No pasará, téngalo por seguro.
—Maldito mocoso, eres igual a tu padre.
Definitivamente era hijo de Fugaku.
—Gracias—incluso ese sarcasmo que le ponía de mal humor era el mismo.
—Hmmp.
—Padre—murmuró la ojiperla despertando de sus pensamientos—, te lo agradezco profundamente—le reverenció—. Daré todo de mí, no voy a defraudarte.
—Eso espero, no quiero arrepentirme de esto—aunque le costara, tenía que aceptar una cosa.
Ellos eran los únicos que podían decidir su propio futuro.
Tal como Hana y él habían decidido el suyo, Hinata y ese niño harían lo mismo. Claro que no sabía que tan doloroso, difícil o burdo fuera a ser el camino que les tocaría, pero no podía seguir estirando los brazos tratando de evitar que ella aprendiera de las caídas. Si se la pasaba haciendo eso, ella no podría levantarse con sus propios pies. Él no estaría ahí por siempre, su tiempo en ese mundo era reducido, ya había vivido la vida que le tocó, no era nadie para pretender vivir la de sus hijas.
Ellas necesitaban tomar sus propias decisiones, equivocarse por ellas mismas y vivir con ese arrepentimiento, pues sólo cuando caes y te levantas es que puedes decir que has vivido plenamente, ahí es cuando realmente aprendes las lecciones más importantes.
Así como él se equivocó, así como él se convirtió en un hombre, así como él se volvió un padre; sus hijas algún día se equivocarían, se convertirían en mujeres y serían madres. Lo único que él podía seguir haciendo por ellas, es amarlas y tener siempre los brazos abiertos para que regresaran a él. Quizás no sabía que palabras utilizar o como ser sincero de verdad, pero lo cierto es que su corazón sólo quería ser honesto, por lo menos una vez, y corregir los viejos errores.
—No lo harás, te aseguro que estarás orgulloso—prometió la peliazul.
Hiashi suavizó su mirada.
—Hinata…
—¿Sí?—le miró fijo. Hiashi volvió la mirada hacia sus piernas y sacó de entre las sabanas el objeto que mantenía oculto.
—Lo siento—exclamó con dificultad, por lo que las palabas sonaron un tanto oxidadas—. Te he hecho sufrir todo este tiempo—extendió el rectángulo de madera hacia ella—. Tu madre debe estar avergonzada del hombre en que me convertí— Hinata se acercó pausadamente, realmente no podía creer que su padre estaba diciendo aquello. Cogió cautelosamente lo que distinguió como un portarretrato, en el cual se esbozaba la imagen original de una familia que ahora estaba rota—. No necesitas perdonarme, sé que no lo merezco.
La oveja levantó el rostro, fijando su atención en las facciones de su progenitor.
Lo sabía, eso no era un sueño.
—¿No me odias?—sintió en sus ojos el escozor que precede a las lágrimas.
—No te odio.
—¿No me culpas?—un sollozo brotó junto a su voz.
—No lo hago.
Lloró, lloró tanto como fue posible. Estaba tan aliviada de estar equivocada. Sus piernas flaquearon por todo el revoltijo de emociones y Sasuke la sostuvo, apoyándola silenciosamente.
Después de todo, el corazón de todos ahora era más ligero.
Los días pasaron y pronto habían transcurrido un mes y medio desde el día del incidente en el hospital. Hiashi había obtenido su operación de marcapasos a la mañana siguiente y fue dado de alta un par de día después, se le recomendó descansar por un par de meses, pues el estrés es lo que le había causado el pre-infarto, así que Neji y Hinata le sugirieron retirarse por un rato a la antigua casa de campo que tenían en la región de Kyūshū*; había estado renuente al respecto pero terminó por ceder, tras la insistencia de ambos. Pese a que la relación con la peliazul todavía no era la mejor, poco a poco habían estado trabajando en la comunicación y aunque resultaba un tanto incómodo, Hinata marcaba cada noche a Kumamoto* para conversar con su padre.
Las cosas iban bien entre ellos.
Hanabi por otro lado fue informada de la nueva situación y se le dio a escoger que actividades extra deseaba continuar realizando. A lo que ella solamente respondió que la academia de lenguas no era tan mala. Aunque su hermana y primo intuyeron que había otra razón para que quisiera seguir asistiendo. Últimamente había solicitado que no se le recogiera y en su lugar se le comprara un pase para el metro, autobuses y tren. Hinata estaba segura de haberla visto conversar con algunos chicos de su edad afuera de la academia el otro día que Sasuke fue a recogerla tras su clase de inglés.
Era bueno que ella comenzara a disfrutar.
Por otro lado la semana pasada habían sido los exámenes de medio semestre, cuyos resultados habían sido publicados el lunes y en los cuales resaltaron aquellos que estaban comenzando a tomarse en serio la universidad. Naruto y el resto habían estado postulados entre los lugares de la media, a excepción de Sakura, Sasuke, Hinata, Shino y sorpresivamente Shikamaru, quienes estaban en el top treinta de la escuela. Después del viaje de generación que había transcurrido sin problemas en Okinawa* los alumnos de tercero habían estado más concentrados en sus notas.
Naruto había estado haciendo menos revuelo que antes, tanto que incluso Kakashi interrumpió su propia clase para preguntarle si se sentía bien que si acaso no debía ir a donde Shizune, pero el blondo se negó y dijo que solamente estaba concentrándose o sería golpeado por su novia. Sakura renunció al comité disciplinario no sin antes encargarse de que la nueva presidenta fuera tan estricta como ella, aunque también le advirtió sobre los chicos problema, pues al ser novia de uno, ella corría peligro si alguno se interesaba en su persona. Cosa que les causo un poco de gracia a sus antiguos compañeros, pues no era nada convincente en sus supuestas advertencias y quejas.
Tanto ella como Naruto eran felices siendo ellos mismos.
Sai los invitó a todos a su muestra en la galería y había asistido poco después a la entrevista de la universidad de arte donde tuvo que mostrar un portafolio de sus dibujos y del cual Ino presumía, puesto que ella estaba plasmada en la mayoría de esos trazos. La mujer que lo entrevistó le dijo que su novia era una persona afortunada por recibir tanto amor. A lo que el callado chico solo sonrió como mona lisa mientras asentía. La Yamanaka en cambio había estado muy activa en la florería pues su madre se había torcido la espalda y su padre no de daba abasto con los pedidos.
Sai e Ino continuaban siendo extrañamente unidos.
Shino había estado ayudando a su padre con un experimento de la universidad en donde aplicaría para entrar alrededor de octubre, por lo que ni a él ni a Kiba, que había tomado la decisión de esperar un año para ingresar a la escuela de veterinaria para poder ayudar más en la reserva de su familia, habían podido reunirse con todos los demás. El Inuzuka mandaba de vez en cuando mensajes a Hinata para mostrarle mediante fotos los nuevos cachorros de la madre de Akamaru, su perro. Cosa que Sasuke pretendía no darle importancia a pesar de que le desagradaba que ese sabueso ovejero siguiera merodeando.
Después de todo Kiba había renunciado a sus sentimientos.
Chouji les pidió que fueran a la tienda donde era aprendiz para que probaran sus progresos y a todos les dio un poco de gracia que su compañera Karui, le regañase cada rato por usar mal las especias. Ese día, Shikamaru se presentó en el local siendo seguido por Temari quien se disculpó por unirse de pronto, pero que como más tarde iba a reunirse con sus hermanos y cuñada no podía esperar a que el flojo del Nara llegara por sus propios pies al lugar de la reunión. Cosa que hizo a Naruto preguntar despechadamente si ya eran novios, y cuya silenciosa y contundente respuesta dejó en evidencia al par.
El tiempo es lento pero no flojo para algunos.
Sasuke había tenido que acompañar a su hermano en las compras para la habitación de su futuro sobrino, puesto que Mikoto y Chisato habían insistido en que los hombres de la familia debían ir. Esa tarde los rostros de ambos hermanos y de su propio padre, habían sido una copia exacta, pues las dos mujeres eran tremendamente enérgicas y, de cierta manera, acumuladoras con los objetos para el nonato. Gracias al cielo y todos sus santos que existía el servicio de entrega y no habían tenido que cargar ni la cuna ni el cambiador entre otras cosas demasiado enormes para que algo tan pequeño las usaras en unos meses más. Hinata se le unió más tarde cuando estaban escogiendo colores neutrales en los juegos de cama para la cuna y había sido arrastrada por las dos Uchiha en una interminable discusión sobre el añil contra el amarillo.
Sus círculos eran más unidos.
El cielo era cubierto por densas nubes blancas, que se mecían con el viento. Una agradable brisa entró por el ventanal de la oficina del consejo estudiantil y Hinata giró la silla para observar el panorama de los clubes deportivos entrenando enérgicamente en el patio del instituto. Ese era el último día que ocuparía esa silla, pues en la mañana habían realizado una ceremonia de sucesión y cedió su cargo al chico de segundo año que la relevaría por un año y medio a partir del día siguiente como presidente del consejo estudiantil. Sonrió amenamente, lentamente todo estaba acabando en su vida de preparatoria.
Escuchó un par de golpes en la puerta y se encontró con la figura de su lobo, quien llevaba colgado el maletín en el hombro de su brazo sano y la miraba fijo.
Se estremeció.
—¿Terminaste de recoger tus cosas?—preguntó y ella se puso de pie para ir a coger su propia mochila.
—Sí, sólo estaba pensando un poco.
—El Dobe dijo que estarían en Ichiraku—exclamó estirando su mano derecha para atrapar la de ella.
La férula seguía siendo un poco molesta.
—Vale, pero ¿no crees que es demasiado?—inquirió entrelazando sus dedos.
—¿El qué?
—Hacer una fiesta de despedida—contestó.
—Mañana vas a tomar un vuelo a California, sólo hacen lo que les da la gana—musitó simple y llano.
—Pero sólo voy a irme por una semana para ver las instalaciones de la universidad—dijo a su vez. Bajaron las escaleras del segundo piso para dirigirse a los anaqueles de zapatos.
—¿Ya enviaste los requisitos?
—Sí, Kurenai-sensei, Kakashi-sensei e Iruka-sensei me ayudaron. Nunca pensé que fuera tan laborioso ingresar a una universidad americana.
—Estamos hablando de Stanford* después de todo—expresó soltándola mamertamente para tomar sus zapatos.
—Mi padre quiere que conozca los edificios y a los empleados de la administración. Además tengo que ver el departamento donde viviré a partir de Abril.
—Sigo pensando que no deberías vivir sola.
—Estaré bien—aseguró al tiempo que caminaban por el pasillo hasta la entrada.
Ah, era tan corto.
—No vayas a invitar a un hombre o te mataré.
—¿Huh? No voy a hacer eso—infló las mejillas—, además tú también vivirás solo la próxima primavera.
—Me mudaré más cerca de Keio, y además será con el Dobe, eso no es vivir solo—defendió frunciendo el ceño.
Ambos se miraron fijamente y detuvieron el paso. Ella rió para si luego de un rato. Últimamente parecía que ambos discutían naturalmente como cualquier otra pareja. Pero eso era debido a que se preocupaba el uno por el otro.
Porque se amaban.
—Vale, lo prometo, el único hombre que entre a mi departamento serás tú cuando vayas a verme—aceptó echándose a caminar.
Pero él tiró de ella, aunque fue un poco difícil pegarla a su pecho cuando estaba incapacitado de un brazo. Al ver rápidamente si había alguien alrededor y comprobar que ese no era el caso, el moreno inclinó la cabeza ágilmente para apoderarse de esos labios.
Sabían tan bien.
—Es una promesa.
—Es una promesa—reiteró la Hyuuga sonrojada hasta el nacimiento del cabello.
—Te morderé si la rompes.
—Vale.
El lobo besó fugazmente a la oveja otra vez.
Cerró la puerta del coche una vez se bajó luego de que Itachi se hubiera aparcado en el estacionamiento del aeropuerto, los autos y taxis iban y venían. Se podían apreciar las grandes aeronaves despegando en la lejanía. Miles de personas entraban y salían a la gran central. Sasuke observó esporádicamente a los viajeros, desde simples turistas hasta empresarios y celebridades disfrazadas podían apreciarse.
—Venga ya, no seas tan acelerado Sasuke, su vuelo sale en media hora—reclamó el mayor cruzando la calle siguiendo a su hermano menor.
—Cállate Nii-san, ¿de quién crees que es la culpa que apenas lo hayamos logrado?
—¿Así es como agradeces que me levantara a la cinco de la mañana en mi día libre para llevarte a recoger eso?
—Hmmp.
El pelinegro menor simplemente atino a caminar más rápido. Buscó en los letreros aquellos que lo guiaran a la sala de espera para el andén de Hinata. Tardó aproximadamente siete minutos en llegar con su velocidad. La cual era igualada por el mayor de los hermanos Uchiha.
—¡Teme!—auscultó por sobre el mormullo de los transeúntes, la voz de su mejor amigo. Y fue capaz de divisar la melena rubia cerca de un gran anuncio publicitario de una crema para la cara. A su espalda vio a Sakura con los brazos cruzados mirando en su dirección. Y poco más allá estaba el resto de sus amigos.
Sin embargo la persona que más le importaba ver se encontraba parada junto a su maleta azul cerca de la puerta de abordaje, a su lado Neji, Tenten y Hanabi esperaban el momento del abordaje.
—Dobe—miró los ojos azules y luego desvió su completa atención hacia la muchacha de orbes perla.
Itachi saludó a todos los presentes cuando se detuvieron frente a ellos.
—Pensamos que no llegarías, ¿estabas llorando tanto porque Hinata-chan se marcha-ttebayo?—indagó enarcando una ceja.
Recibió un codazo por parte de la pelirrosa y un golpe en la cabeza gracias a su mejor amigo.
—Idiota—gruñó el Uchiha.
—Bastardo…—se quejó doblándose y mirando lastimeramente a la Haruno.
—Te lo mereces—dijo ella a modo de justificación.
—Pero Sakura-chan…
—Ya vale, sólo no interrumpas más—regañó.
Sasuke rodó los ojos y luego clavó su mirada en la peliazul. Quien le regreso la acción. Él avanzó hacia ella, cuidando no lastimarse el brazo izquierdo al caminar.
Ese maldito yeso era tan molesto.
Quedaron frente a frente, discretamente los demás se apartaron para dejarles despedirse a gusto.
—Sasuke—observó cada una de sus facciones, cada mechón de alborotado cabello azabache, cada diminuta peca y leve cicatriz que había descubierto en él.
Si bien no iban a estar separados mucho tiempo, era un preámbulo a la separación real.
Por lo que era igualmente doloroso.
—Quita esa cara—repuso estrechando la mirada, usó su mano libre para despejarle la cara al acomodar un mechó detrás de su oreja—. O voy a morderte.
Hinata sonrió pese a que comenzaba a sentirse triste.
—No puedes hacer eso.
—No me pruebes.
—Vale.
Le acarició la mejilla y ella cerró los ojos sintiendo el calor de esa caricia en su corazón. El lobo era tan gentil al tocarla en esta ocasión. El ojinegro se acercó más a ella, bajando un poco su rostro para quedar a su altura. La muchacha abrió los ojos y las pupilas de ambos se escanearon la una a la otra.
—Más te vale volver a mí.
—Lo haré.
Su pulgar delineó el labio de ella. Ah, tan suave y apetitoso.
—No voy a perdonarte si no regresas—no podía decir nada amable incluso al final.
Esa no era su naturaleza.
—Regresaré—aseguró atreviéndose a tomar la mano con la que él le tocaba.
—Cierra los ojos—ordenó mirando cada una de las líneas de su cara.
Mierda, ella era tan linda.
—¿Huh? ¿Por qué?—sus ojos mostraron confusión.
—Sólo hazlo—apuró en un bufido.
—Vale.
Aunque no estaba segura de lo que él planeaba, acató la orden obedientemente y él simplemente la admiró por unos segundos. Ella se veía tan hermosa e indefensa.
Justo como una oveja lista para ser devorada.
Su expresión cambió ligeramente, se volvió más calidad de lo que alguna vez se permitió expresar. Él no era una persona buena, no lo era y sin embargo ella representaba todo lo bueno que había en su ser.
Ella era lo mejor que tenía y ahora la debía dejar marchar.
Eso lo hacía sentirse un poco ansioso, receloso y con ganas de monopolizar. Por lo que debía poner en ella una marca más evidente y menos borrable. Como pudo sacó del bolsillo de su chaqueta negra una pequeña caja. Ese objeto tan diminuto había sido el culpable de que tuviera los minutos literalmente contados para estar con su oveja.
Había llevado más tiempo del calculado tenerlo listo.
Su brazo herido apenas si le dejó maniobrar exitosamente, pero de alguna forma fue capaz de coger con su mano derecha el contenido, el cual deslizó por el cuarto dedo de la mano izquierda de su novia. La cual se estremeció por el tacto.
Su corazón parecía un caballo de carreras.
Él siempre lograba ponerla nerviosa, desde la primera vez que se vieron, desde el primer beso con ese lobo, esa oveja había estado perdida.
—Abre los ojos Hinata—pidió en un susurró contra su oreja.
Ah tan caliente.
La susodicha nuevamente obedeció la orden de su novio y lo primero que sus ojos captaron fue la mano que él no soltaba. Sus quinqués se abrieron ligeramente al encontrar algo nuevo en ella.
Sintió un pinchazo en el corazón.
Haciendo juego con la pulsera que había recibido en su cumpleaños, Sasuke le había colocado un delgado anillo de plata en el anular. Las piedras que lo adornaban eran similares a las del brazalete, una oveja y un lobo de cuarzo blanco y negro respectivamente. Un nudo se le formó en la garganta, pues no fue capaz de encontrar palabra alguna para decir.
—…—mejillas se empaparon por las pequeñas lágrimas que salían indiscretas de sus ojos.
—Definitivamente tienes que volver a mí—reafirmó llevando su mano sana hacia el rostro de ella—, ¿me escuchaste?
—Sí—so voz salió gangosa.
¿Por qué tenía que hacer esas cosas tan tiernas? Siempre era rudo, malo y severo, pero cuando necesitaba que fuera frio, resultaba todo lo contrario.
¿Cómo podía marcharse siendo él así?
El lobo sonrió torcidamente con afecto.
Ella entrecerró los ojos por las punzadas de su corazón, cada latido era cálido y doloroso. Dios, estaba tan enamorada, ¿su corazón no era visible estando así? Era tan vulnerable, él la hacía fuerte pero también débil.
No lo resistió.
La oveja atacó al lobo.
Se puso de puntitas para lograr estampar sus labios contra los de él. Sasuke abrió los ojos, sorprendido por la repentina acción de su tranquila novia. Pero casi de inmediato correspondió el gesto dejando caer su mano en la cintura de ella para abrazarla un poco más fuerte antes de la inminente separación.
Yeso de mierda, sólo estorbaba.
.
Continuara
.
Acabé por fin.
Muchas gracias por leer este capítulo, espero que les haya gustado, lamento terriblemente la demora, pero bueno, el viejo cuento que ya la mayoría conoce, la universidad. Estoy estudiando Contabilidad, pero de vez en cuando ayudo a mi mamá con la de enfermería así que ando ocupada analizando información sobre hospitales y los planes de administración, algo interesante, pero agotador XD
Agradezco infinitamente a aquellos que continúan a mi lado para conocer el final de esta historia. Prometo que el siguiente capítulo lo traeré más rápido, por mi honor y por el de mis vacaciones. Gracias también por sus reviews, Favs, y Follows.
Esperaré ansiosa sus comentarios.
1* Tatami Las esteras denominadas como tatami (畳); (palabra que originalmente significaba "doblada y apilada") son un elemento tradicional muy característico de las casas japonesas. Tradicionalmente se hacían con tejido de paja, y se embalaban con ese mismo material. En la actualidad pueden también elaborarse con poliestireno expandido aunque, al menos en Japón, no es lo más habitual. El borde de cada estera se recubre con un brocado, o simplemente con tela verde oscura.
2*Kyūshū (九州 Kyūshū) es la tercera isla más grande del Japón, y se encuentra al sur del archipiélago. Es considerada la cuna de la civilización japonesa. La isla ha tenido distintos nombres a través de su historia, entre estos figuran: Kyukoku (九国), Chinzei (鎮西), y Tsukushi-shima (筑紫島). La antigua región de Saikaido consistía de Kyushu y las islas adyacentes.
3* La ciudad de Kumamoto (熊本市 Kumamoto-shi) es la capital de la prefectura homónima en la isla de Kyushu, Japón.
4* Okinawa (沖縄市 Okinawa-shi) es la ciudad más grande de la prefectura japonesa de Okinawa, después de Naha. Se ubica en el corazón geográfico de la isla de Okinawa a 20 km al norte de la capital prefectural. Su área es de 49 km² y su población estimada total es de 138 431 (2012).
5* La Universidad de Stanford es una institución privada de educación superior que abrió sus puertas en octubre de 1891 en el estado de California, en la zona conocida como Palo Alto, a unos 56 kilómetros al sur de San Francisco.
Trataré de corregir los errores.
Sin más por aclarar.
Me despido.
Yanne!
