Heathnes
Cuando llegué a mi apartamento, llamé a mi madre y la avisé de mi viaje de última hora. Juro que no sé si mi madre ha perdido algunos tornillos o si realmente veía algo bueno en Gold, porque creyó que su acto era una oportunidad para que mi carrera prosperara.
Abrí la maleta y empecé a separar la ropa que iba a llevar.
Fui sacada de mi transe cuando el timbre sonó, interrumpiendo mi "preparación"
Corrí a abrir.
Regina estaba ahí, con cara de pocos amigos lo que dejaba perfectamente visible su cicatriz.
—¿Me ibas avisar cuando estuvieras de camino al aeropuerto o ya en Nueva York?— preguntó pasando por mi lado y entrando, como de costumbre.
—Te iba a llamar ahora mismo, Regina. He acabado de hablar con mi madre hace pocos minutos. ¿Cómo te has enterado?
—Llamé a Ruby cuando en tu teléfono solo salía el contestador.
Ella me siguió hasta el cuarto y me ayudó en silencio a poner la ropa en la maleta.
Sabía que Regina se estaba aguantando para no bombardearme con preguntas, o incluso para no insultar a Gold. Se estaba mordiendo la lengua.
—Ruby le dijo a Zel que Gold amenazó con echarla si tú no ibas— afirmé con la cabeza en silencio —Sabes muy bien que mi hermana y yo podemos conseguiros trabajos mucho mejores que tener a Gold como jefe.
—¿Trabajar para vosotras?— dijo que sí con la cabeza —Iba a ser muy divertido ver a tus trabajadores cuchicheando sobre el hecho de conseguir los puestos solo porque nos acostamos con las jefas.
Regina se cruzó de brazos y su oscura mirada se posó en mí.
—¡Discúlpame, Regina, pero es la verdad!
—¿Y desde cuándo eso es peor que las amenazas e intromisiones de Gold?
Balanceé mis hombros y centré mi atención en la ropa que estaba doblando.
Regina desistió de su postura rígida, y volvió a ayudarme.
—Querría ir contigo, pero no he encontrado una niñera que pueda quedarse con Henry así tan de última hora.
—Hey, nada de eso, tienes que quedarte y cuidar de Henry. No me perdonaría si le ocurriese algo y tú estás conmigo por culpa de este curso idiota. Pasará rápido, vamos a hablar todos los días.
Regina movió la cabeza asintiendo.
—¿Por qué siento que él nos quiere separadas?— preguntó llamando mi atención
Ella estaba preocupada.
Ya no podía esconderlo más.
Dejé la ropa de lado y fui a consolarla con un abrazo que enseguida me devolvió.
—No será fácil conseguir eso. Y unos días lejos de ti no hará que nos separemos— dije sin soltarla
Intenté tranquilizar a Regina lo máximo que pude.
Por un lado, me había hecho feliz su miedo por si conseguían separarnos, y por otro, me había preocupado por lo que podría pasar en Nueva York.
Terminó de ayudarme con la maleta y me llevó al aeropuerto cuando llegó la hora.
No fue fácil despedirme de ella, me encantaría estar todo el día a su lado, jamás me cansaría.
Tomar un vuelo a Nueva York me ahorraba cuatro horas de coche. Al menos no tenía que gastarme un dineral en hacer todo este trámite. Y teniendo mi playlist, compañía a todas horas, mi humor no decaería.
En el desembarque, divisé al tipo que Gold me había dicho, agarrando un cartel con mi nombre. De cabellos castaño claro, barba bien hecha y ojos claros. Alto y fuerte, con una sonrisa idiota en el rostro como si fuera el último bombón de la caja.
—Un placer, Emma Swan. Soy Robin Locksley— extendió la mano para saludarme y así lo hice por educación —Acompáñeme, por favor
Mantuve mi boca cerrado durante todo el viaje hasta el hotel.
Robin debe haber notado que no me había caído bien y ni siquiera intentó mantener una conversación mientras conducía.
El coche se detuvo frente a un lujoso hotel, demasiado para mi gusto.
Debía tener unas quince plantas, era todo de espejos y se parecía a un rascacielos.
Mi mirada observó todo mientras seguía a Robin al interior del edificio.
La recepción era absurdamente grande, bañada en colores rojo y dorado, seguritas y otros trabajadores en sus puestos vestidos con uniforme.
Cogimos el ascensor, y nos detuvimos en el quinto piso, y nos dirigimos a la primera puerta a la derecha.
Robin pasó una tarjeta magnética y la puerta se abrió enseguida.
—Siéntase en casa, Swan— dijo metiendo mi maleta.
—Gracias— dije, amable
Robin me entregó la tarjeta.
—Gold me pidió que le dijera que iba a compartir el cuarto con otra alumna del curso. Ella aún no ha llegado, pero no debe tardar— una pausa —Vengo a buscarlas a las cinco.
Lo observé entrando en el ascensor y desapareciendo de mi vista.
La habitación del hotel no era solo una habitación, tenía sala, cocina y una sala de juegos. Sin sombra de duda era mayor que mi apartamento.
¿Cuán caro era todo? Ni sé.
Los muebles eran todos blancos, la televisión era enorme y el cuarto de baño tenía una enorme bañera con hidromasaje. Solo había un cuarto, pero con dos camas individuales.
Dejé mi maleta sobre la cama escogida y volví a la sala, tirándome sobre el sofá que era mucho más cómodo que todos en los que ya me había sentado.
Le mandé un mensaje a Ruby diciéndole que ya había llegado y después uno a mi madre respondiéndole al que ella me había mandado preguntándome si había llegado bien.
Usé el marcado rápido y llamé a Regina que atendió al segundo toque.
—Pensé que no llamarías nunca— refunfuñó
—¡Cuánto drama, Regina!— dije sin contenerme de sonreír —Te puedes creer que Gold ha reservado en un hotel una habitación completa, es mayor que mi apartamento, tiene hasta una sala de juegos.
—Mi salón es mayor que tu apartamento, Swan
—Graciosa, muy graciosa, Srta. Mills. Perdóname si con mis ahorros y los de Ruby solo pudimos encontrar aquel
La risa de Regina al otro lado de la línea hizo que mi corazón se acelerase como loco y que mi vello se erizara.
—Es una broma, Emma, y me siento más cómoda en tu minúsculo apartamento que en mi propia casa.
—La verdad es que amas mi compañía, Regina, así que cualquier sitio será cómodo si estoy yo.
De nuevo la risa de Regina me colmó por entero.
—Te estás volviendo demasiado convencida, Swan
—¿Es mentira?
—No, no lo es. Ya te echo de menos, Emma
Conseguía que me derritiera por completo.
—Yo también, Regina, yo también
—¿Podemos hacer una videollamada más tarde? Henry se ha enfadado mucho porque no te despediste de él.
—Hecho. Espero que acepte mis disculpas.
—Te adora, Emma, claro que las aceptará
Sonó el timbre.
—Creo que la persona con la que voy a compartir esto ha llegado.
—¿Con quién vas a compartir?
—No lo sé. Bueno, me tengo que ir, nos hablamos después, ¿ok?
—Ok. Hasta luego
Colgamos.
Sabía que a Regina no le había gustado el hecho de que alguien compartiera la habitación conmigo. Y ni quería imaginar qué cara tendría.
Me levanté y corrí hacia la puerta.
Era una mujer de cabellos castaños oscuros y ojos claros, con una sonrisa simpática en los labios.
—Hola, soy Belle, la persona con la que compartirás el espacio. Tengo la tarjeta de la puerta, pero creí mejor tocar y no asustarte.
—Un placer, Belle— dije y me aparté para que pudiera entrar —Muy amable, probablemente sí me habría asustado.
Belle entró arrastrando su maleta y se giró hacia mí.
—¿Eres Emma Swan, no?— dije que sí con la cabeza —Soy Belle Frech, pero si Regina pregunta, dile Belle Gold, por favor— fruncí el ceño confusa —Si ella supiera dónde estoy, vendría inmediatamente para acá
—¿Qué está sucediendo? ¿De qué estás hablando?
Belle tomó aire
—Estoy aquí para alertarte sobre Cora Mills. Soy la ex de Zelena. Estaba embarazada cuando comencé a ser perseguida y amenazada, tuve que arrancar y despedazar el corazón de Zelena para poder tener a nuestra hija.
Me quedé en el sitio, sin poder moverme ante lo que acababa de escuchar.
¿Qué historia era esa?
—No entiendo nada
—Te lo voy a explicar, Emma. Solo confía en mí.
