Título: DHM: Departamento de homicidios mágicos.

Autoras: Caribelleih y A-lunática

Beta: Nande-chan =)

Género: Acción/Misterio/Romance

Clasificación: NC-17

Disclaimer: El mundo de Harry Potter y todo lo relacionado pertenece a J.K. Rowling. Escribimos esto sin fines de lucro.

Resumen: Draco Malfoy es especialista en analizar mentes criminales. Harry Potter es especialistas en atraparlas. Juntos, harán mucho más que combatir al mal.

Advertencias: Gore.

Notas: Lamento la enorme tardanza, ¡han pasado tantas cosas! Disfruten la lectura.


Caso 7

Draco despertó suavemente, sintiéndose un poco desconcertado. Sabía que estaba en su cama, que uno de los brazos de Harry —la única persona que últimamente compartía su cama— le rodeaba la espalda y que debía ser pasada la media mañana del domingo a juzgar por el brillo de sol que entraba por las ventanas, pero no tenía idea de qué lo había despertado. Estaba cómodo, calentito y tenía a Harry rodeándolo.

Se movió lentamente, para poder agarrar la varita mágica que se encontraba sobre la mesita de noche y poder saber la hora exacta, cuando notó algo golpear contra su muslo. Se detuvo de golpe, sus labios curveándose en una sonrisa lasciva. Ya sabía qué era lo que lo había despertado; la erección matutina de Harry.

Girándose con suavidad intentando no despertarlo, Draco miró su rostro. Harry lucía profundamente dormido, su respiración salía de sus labios en hondas exhalaciones. Movió una de sus manos hasta su costado, acariciándolo con suavidad y comenzando a deslizar la mano, hasta encontrar la cadera de Harry y llegar a su erección. La rodeó con los dedos y la apretó. Él mismo estaba comenzando a excitarse sólo con tocarlo.

Quitó por completo la sábana que los cubría parcialmente y dirigió los ojos hasta la entrepierna de Harry, mirando cómo sus dedos envolvían la dura polla. Aguantando la respiración, comenzó a masturbarlo, preguntándose si podría hacerlo correrse sin despertarlo.

La respiración de Harry comenzó a acelerarse, sus caderas a moverse y sus párpados a temblar.

Draco se lamió los labios y se acercó más a él, no detuvo los movimientos de su mano, sino que mantuvo el mismo ritmo. Cada vez que llegaba a la punta apretaba un poco más su agarre y luego lo deslizaba hacia abajo. Su polla ya estaba completamente erecta, pero la ignoró, distraído como estaba en mirar la erección de Harry en su mano.

El cuerpo de Harry se tensó repentinamente, no abrió los ojos, pero su mano derecha se dirigió hacia su polla, apretando firmemente la mano de Draco que la rodeaba.

―Detente ―pidió, su voz ronca.

Los ojos de Draco viajaron hasta el rostro de Harry. No detuvo su mano, pero bajó el ritmo de sus movimientos.

Harry gimió bajito, entre dientes, y movió las caderas, aumentando el roce.

―Yo lo decía por tu bien ―dijo jadeando―, pero si quieres seguir...―agregó entremedio de más gemidos ―no me quejo.

―¿Por mi bien? ―repitió Draco, ignorando que la posición en la que estaba lo comenzaba a incomodar―. ¿A qué te refieres con eso? ―dejó que su mano se moviera suavemente.

―A que prefiero acabar en tu interior que en tu mano ―dijo sonriendo lascivamente.

Sus palabras lograron que Draco reconsiderada la situación. Sintió cómo un líquido cálido lo invadía y decidió no perder más tiempo. Después de todo, no había nada como la sensación de tener a Harry en su interior.

―Eso puede arreglarse ―dijo, deteniendo su mano y montándose a horcajadas sobre el regazo de Harry. Con sus manos empujó los hombros de éste hasta que estuvo quieto y completamente acostado en la cama.

―¿Vas a tomar el control? ―preguntó Harry sonriendo agitado. Su respiración era dificultosa, una mezcla de jadeos e inhalaciones cortas.

Draco no pudo controlarse, se inclinó hacia él y lo besó profundamente, dejando que su lengua se deslizara junto a la de Harry por unos momentos.

―Sí ―jadeó, empujándose ligeramente hacia atrás hasta que la erección de Harry chocó contra sus nalgas.

―Joder ―gimió Harry levantando sus caderas y frotando su erección contra Draco. Una de las manos de Harry acunó una de sus mejillas y la otra acarició sus muslos, dirigiéndose hasta su entrepierna.

Draco se estremeció, dividido entre la sensación de calidez que le dio la mano de Harry en su mejilla y la excitación que le dio la polla de Harry en su culo. Decidió aprovechar ambas, y se frotó contra la palma de Harry y contra su erección al mismo tiempo.

Una leve risita escapó de los labios de Harry. Luego volvió a repetir el movimiento de caderas, buscando más contacto.

Incapaz de contenerse por más tiempo, Draco rodeó con una de sus manos la de Harry que aún se encontraba en su muslo y hacía que los vellos de su cuerpo se erizaran, y la llevó hasta su erección, pidiéndole silenciosamente que lo tocara.

Harry pareció entender el mensaje, porque rápidamente rodeó su erección con la mano, presionando levemente antes de comenzar a moverla sobre toda la superficie de su polla, al mismo tiempo movía su cuerpo logrando que su erección chocara con el trasero de Draco.

―¿Quieres seguir así eternamente? ―preguntó Harry cerrando los ojos y gimiendo con cada movimiento.

Draco se tragó la estúpida y tonta respuesta que quiso salir de sus labios ― que sí, sí quería seguir así eternamente ― y en vez de eso rodeó la polla de Harry con su otra mano, acariciándola suavemente mientras se rozaba contra la separación de sus nalgas. Su respiración se cortó aún más y decidió que ya era hora de tener a Harry dentro de él.

Negó con la cabeza. Estaba aún algo suelto por la noche anterior, y no quería desperdiciar tiempo preparándose, así que movió la polla de Harry hasta su entrada, y comenzó a bajar lentamente sobre ella. Gimiendo cuando sintió que empezaba a penetrarlo.

Las manos de Harry se dirigieron a sus caderas, ayudándolo a bajar. Harry lo miraba intensamente, tenía los labios entreabiertos y emitía entrecortados gemidos que aumentaban a medida que Draco se follaba contra él.

Draco gimió, sin poder desviar la mirada de los intensos ojos verdes de Potter y sintió cómo entraba más y más en él, suavemente y sin lastimarlo. Arqueó la espalda, respirando con dificultad. Se inclinó de nuevo hacia él y lo besó. Fuertemente, profundamente.

Harry respondió enredando una de sus manos en su cabello, jalando y presionando. Luego inclinó la cabeza hacia atrás, arqueándose contra su cuerpo.

Buscando soporte, Draco apoyó ambas manos en el pecho de Harry y comenzó a bajar y a subir sobre su polla, follándose con ella. Cerró los ojos, moviéndose con intensidad pero a ritmo pausado, disfrutando de tener a Harry dentro de él, por completo.

Oh, Merlín ―gimió Harry audiblemente. Sus manos bajaron rápidamente hasta sus caderas y lo ayudaban a subir y a bajar, sin imponer un ritmo, sólo ayudándolo.

Draco abrió los ojos, sin dejar de mover su cuerpo. Se inclinó hacia adelante ligeramente, y el cabello cayó a cada lado de su rostro. Miró a Harry. Tenía los labios entreabiertos, las mejillas rojas, los ojos dilatados por el placer... tanto que sólo quedaba una pequeña franja verde. Podía sentirlo moviéndose dentro de él, sus manos como dos bandas calientes sobre su piel. Soltando un gemido algo ahogado, Draco se arqueó.

Estar con Harry... Follar con Harry. No había palabras.

Cerró los ojos nuevamente, aumentando el ritmo y sintiendo como pronto llegaría al orgasmo.

Los dedos de Harry presionaron más sobre la piel de Draco, parecían querer marcarlo, pero a la vez sostenerlo. Su pecho subía y bajada con rapidez, y cada exhalación iba acompañada de un ruidito similar a un gemido.

Apretando ligeramente los músculos internos de su culo, Draco aumentó aún más la velocidad de sus movimientos. Quería sentir a Harry correrse dentro de él. Bajó la cabeza y le besó los labios ligeramente, arqueándose de nuevo cuando la erección de Harry encontró su próstata.

Harry levantó las caderas profundizando las estocadas y el contacto. Una de sus manos dejó de enterrarse en la piel de su cadera y se dirigió a su polla, comenzando a masturbarlo de forma fuerte y dura.

Draco gimió y todo su cuerpo se tensó. El orgasmo llegó casi con violencia, haciéndolo temblar y apretarse contra Harry intentando sentir más, alargar el momento. Se corrió entre sus dedos, sin dejar de moverse arriba y abajo y jadeando.

Todo su semen fue recibido por Harry, quien parecía estar bebiendo y llenándose de sus expresiones, porque no dejaba de observarlo con honesta ansiedad.

No se detuvo a descansar, aún cuando sentía que su cuerpo comenzaba a aletargarse luego de ese orgasmo. En cambio, siguió moviéndose y apretando su culo, queriendo sentir a Harry correrse, verlo mientras lo hacía.

Luego de un par de estocadas más, Harry llevó la mano embetunada de semen hasta su propia boca, lamiéndose sus dedos. Parecía quererlo todo y de una particularmente profunda embestida, donde levantó las caderas con notorio esfuerzo ―Draco estaba sobre él aplastándolo―, se corrió en su interior, gritando sin inhibiciones.

Draco lo montó hasta que su orgasmo acabó y luego apoyó ambas manos en el pecho de Harry, masajeando con suavidad los músculos que encontraba con la punta de sus dedos. Lo miró y sonrió arrogante.

―Hola.

―Hola ―respondió Harry rodeándolo con sus brazos y jalándolo hacia abajo.

Se dejó llevar, aprovechando que estaba cerca y besándole los labios suavemente.

Harry continuó el beso, pero giró un poco su cuerpo logrando que Draco quedara a su lado. Éste se separó después de un tiempo, y se estiró en la cama. Esa mañana del domingo pronosticaba un buen día.

Sabía que había días, como ése, en que todo parecía mejor y más brillante, pero Harry, a pesar de que se sentía genial, feliz y ligero, no se confiaba; era sabido que aquellos días, en que todo parece maravilloso, eran los peores.

Harry había llegado tarde aquel día la oficina, hacía bastantes días que se estaba acostando tarde y despertando temprano. No se estaba quejando, claro que no, no cuando los motivos para trasnochar eran quedarse follando con Draco en su casa o en la mansión. O no follar; llevaban más de cuatro semanas juntos, aquello era bastante más que una relación de sexo, pero Harry encontraba extraño pensar en "hacer el amor". Aunque cada día aquella extrañez disminuía, al mismo tiempo que Draco iba calando más profundo en su vida.

Escuchó ruidos en la oficina de al lado y se quedó sentado frente a su escritorio esperando que Draco fuera hasta allí; tenía sueño y no pensaba moverse.

Luego de unos momentos, la puerta que comunicaba ambas oficinas se abrió y Draco salió de ella llevando una taza de té entre las manos. Miró a Harry brevemente, antes de sentarse en la silla frente al escritorio y bebió un sorbo.

―¿Algún caso nuevo? ―preguntó.

―No ―respondió apoyando la cabeza en un brazo y aguantando un bostezo―. ¿Dame café? ―pidió sonriendo.

Draco lo miró divertido.

―Puedes moverte tú solo. Y más para hacer ese desagradable brebaje.

―¿Por favor? ―preguntó mirándolo con pretendida inocencia.

―Olvídalo ―respondió Draco dirigiéndole una mirada y arqueando una ceja.

―¿Y si te ofrezco algo a cambio? ―insistió.

―Puedes intentar convencerme ―concedió Draco―. ¿Qué me ofrecerías a cambio?

―Ya no quiero nada ―dijo infantilmente incorporándose y apuntando con su varita hacia la cafetera que empezó a funcionar―. Además, aunque no me trajeras café terminaría haciendo lo que sea que quieras igual ―agregó en un murmullo divertido.

―Si tú no quisieras hacerlo no sería igual de divertido ―respondió estirando las piernas y colocando un talón sobre el otro―. ¿Estás molesto?

―No ―dijo más brusco de lo que quería―, sólo que no lo entiendo ―agregó con más suavidad. Luego se levantó y se dirigió hacia la cafetera, prefiriendo servirse él mismo el café en vez de utilizar magia.

Duraron unos minutos así, antes de que Draco rompiera el silencio.

―Pareces molesto.

Harry se giró, enfrentando a Draco. Tenía entre las manos una caliente taza de dulce y oloroso café, ya nada podía molestarlo. Pero Draco no tenía por qué saberlo, aún.

―No soy un niño como para molestarme porque no quieres hacerme una taza de café ―dijo escondiendo una sonrisa detrás de la taza―. Y tienes razón, puedo hacerlo yo mismo, aunque me esté muriendo de sueño ―agregó.

Draco lo miró fijamente, pero luego desvió los ojos de nuevo y tomó otro sorbo de té.

―Estaba pensando ―comenzó, en un tono más ligero―. ¿Crees que pueda...? No estoy diciendo ahora o pronto, pero me gustaría conocer a mi tía Andrómeda.

Aquello tomó por sorpresa a Harry. Aunque luego recordó su intención de invitar a Draco a comer helado con Teddy el sábado siguiente.

―No veo ningún problema para que la conozcas ―respondió en la silla adyacente a la de Draco.

Draco asintió, pero no comentó nada al respecto.

Harry se mantuvo en silencio un momento. A veces le costaba saber qué esperaba Draco de él, o si esperaba algo.

―¿Quieres...―comenzó dudando, pero luego se decidió por decir lo que estaba pensando― ¿Quieres que hable con ella? ―preguntó mirando a Draco y dejando olvidada la taza de café sobre su escritorio.

Soltando un suave suspiro, Draco se enderezó en la silla y agarró el té entre sus dos manos, mirándolo como si fuera muy interesante.

―Me gustaría ―respondió quedamente―. Tal vez... que se acostumbre a la idea ―levantó la mirada―. ¿Podríamos hablarlo luego? ―preguntó―. En un lugar más cómodo.

Harry sonrió intentando aligerar el ambiente.

―Claro, lo hablamos luego ―concedió. Luego meditó unos segundos antes de continuar―. Me hiciste recordar que Teddy y yo te queríamos invitar a comer helado, el sábado.

―¿Nosotros tres? ―preguntó Draco ladeando ligeramente el rostro.

―Si no quieres no hay problema ―dijo rápidamente, inclinándose hacia la mesa para recuperar su café.

―No, no es eso ―respondió―. Me encantaría ir ―admitió con una pequeña sonrisa.

―¿Y qué es, entonces? ―preguntó con genuino interés.

―Sólo quería asegurarme.

―Creo que la invitación fue bastante clara ―dijo Harry divertido. Draco tendía a complicarlo todo o bien Harry no entendía nada, o ambas.

Draco sólo se encogió de hombros como respuesta y Harry no dijo nada más, solo se dedicó a beber de su café, pensando lo intrincado y estimulante que era relacionarse con Draco.

Estaban compartiendo el silencio cuando alguien golpeó la puerta.

─Adelante ─dijo Harry sin moverse de donde estaba.

La puerta se abrió, y por ella apareció un Auror joven, con apariencia de ser nuevo.

―Señor ―Lo llamó―, tenemos una emergencia, y el Auror Weasley me mandó a buscarlo.

Harry se levantó rápidamente, dejó la taza de café sobre su escritorio y encaró al auror.

―¿Dónde? ―preguntó Harry quizás un poco ansioso, no es que le gustase que la gente muriera, pero como era algo inevitable, no podía negar que se alegraba de poder atrapar a los culpables. Así que cada vez que tenía un nuevo caso se sentía ansioso por resolverlo.

El Auror les dio la dirección, y Draco se puso de pie. Los tres salieron rápidamente hacia el Atrio.

La casa frente a la cual se habían aparecido era majestuosa y tenebrosa al mismo tiempo. A Harry le recordaba un poco a Grimmauld Place. Sólo un poco, porque al entrar se notaba que ahí había vida, al menos hasta horas antes.

La decoración era sobria y los techos altos; en aquel lugar no se sentía opresivo ni recargado. Era una bonita y elegante mansión mágica.

Draco y Harry caminaron por un largo pasillo, guiados por uno de los aurores. Les habían informado que se trataba de una mujer muerta, asesinada, pero que debían verlo por ellos mismo, al parecer no era nada agradable. Harry siguió caminando intentando no pensar ni imaginar lo que podría encontrarse en la sala, era mejor verlo con sus propios ojos y luego juzgar.

―Es difícil pensar que sólo una mujer viva aquí ―comentó Draco mirando el lugar―. Seguramente un familiar fue quien la encontró.

―No lo sé, pero es probable ―dijo Harry entrando por una puerta lateral que seguramente daba al salón donde estaba la víctima―. Ni siquiera sabemos su nombre ―agregó distraídamente antes de mirar en derredor buscando la escena del crimen.

―Cuando lleguemos a donde están los demás Aurores lo sabremos.

El resto de los aurores estaba reunido alrededor de lo que parecía una salita aislada de todo lo demás. Draco y Harry se acercaron, mientras más rápido comenzaran a investigar, más rápido encontrarían al culpable.

Draco ya había visto esa habitación antes.

No.

No era la misma. La que recordaba —la que estaba forjada en su mente como acero fundido—, era diferente. La distribución del lugar había sido diferente, la casa otra y la víctima había sido alguien más; sin embargo…

Sin embargo era exactamente igual.

Y de repente no podía respirar. Le costaba respirar y un pánico que no había sentido en mucho tiempo —hacía años— comenzaba a arrastrarlo con sus feas tenazas, llevándolo al abismo al que sólo había caído cuando…

Cuando era demasiado. Cuando no podía dejar de pensar en otra cosa. Lo mismo. Lo mismo. Una y otra vez.

Sentía las rodillas temblorosas, por lo que decidió apoyarse contra una pared que tenía cerca y sostenerse de allí. No le convenía que nadie se diera cuenta de su estado y se sorprendió así mismo pensando en eso —en disimular cómo se encontraba—, porque con el peso muerto que había en su estómago, y el frío que de repente sentía —algo helado calándose en los huesos como un veneno— era difícil pensar en otra cosa que no fueran las imágenes que corrían por su cabeza como una película muggle.

Su madre.

Su madre asesinada.

En la misma posición que esa víctima.

De nuevo le costaba respirar y tomó una gran bocanada de aire, rogando porque Harry no se diera cuenta de lo que le pasaba. Toda la sangre había desaparecido de su rostro, y sus manos temblaban casi violentamente.

Tenía que salir de esa habitación, dejar de ver la sangre, el cuerpo. La cabeza… Oh, Merlín. Era su madre, la persona decapitada era su madre, la persona con el cuerpo mutilado era su madre, quien lo miraba con sus ojos azules, fijos, muertos.

Y la sangre, era lo que Draco más odiaba, la sangre manchando su cuerpo, todo rojo, el enfermizo olor. Había tardado años en dejar de tener pesadillas con ella. Con Narcisa Malfoy… Y ahora. Ahora todo regresaba, como un puñetazo en el estómago, haciéndole recordar lo que había tardado años en tratar de olvidar.

Sentía nauseas.

Tenía que salir de allí.

Cerró los ojos un momento, repasando la escena en su mente. Un cuerpo mutilado en el centro de la habitación, su cabeza a un lado, posicionada de tal manera que encaraba la puerta. Sangre en todos lados. Nada de pisadas. Era suficiente. Debía ser suficiente, porque no podía estar un segundo más en ese lugar sin vomitar todo su desayuno y arruinar la escena del crimen.

Mirando por última vez a Harry, y dándose cuenta de que éste era el único que lo estaba observando, Draco salió con rapidez fuera de allí.

Necesitaba fumar.

Luego de calmar un poco sus nervios, de pasarse al menos una docena de veces las manos por el cabello en un gesto nervioso y de fumar dos cigarros, Draco sintió que podía regresar a esa habitación.

Él era un profesional, después de todo. Y aún en esas circunstancias —con la imagen de su madre grabada en su retina— debía hacer su trabajo. Además, si no regresaba comenzarían a pensar que algo había ocurrido con él, y lo que menos deseaba era que lo descubrieran.

Tomando una gran bocanada de aire, cerró los ojos e intentó vaciar su mente de todo, como lo hacía cuando quería usar la Oclumancia. Era mejor no pensar en nada que pusiera en riesgo… su salud mental, suponía. Encuadró los hombros, y se dirigió de nuevo al lugar, olvidando por completo desaparecer de su cuerpo el olor a nicotina.

Entró de nuevo a la habitación, donde los encargados comenzaban a recoger el cuerpo. Se lamió los labios, desviando la mirada de la mujer y fijándola en cualquier cosa excepto en ella y se acercó a Harry. Esperaba que no se diera cuenta de lo que pasaba, y si lo hacía, que no lo asociara con su madre.

—¿Sabemos algo de la víctima? —Su voz sólo estaba un poco más ronca de lo usual, pero sin un rastro de nerviosismo. Draco lo aprobó.

Harry lo miró con los ojos entrecerrados, pero no comentó nada al respecto y desvió la vista el cuerpo de la víctima.

—Su nombre era Layla Kent. Fue encontrada por su nieta. Era viuda. Sangre pura y, efectivamente, no vivía sola en esta casa —respondió Harry sin dejar de mirar cómo los aurores limpiaban el lugar.

―Tenía... ―carraspeó, debía de tener cuidado con las preguntas que debía hacer―... ¿Tenía antecedentes?

—¿A qué te refieres? —preguntó Harry comenzando a mirar el lugar donde antes estaba la víctima y ahora sólo quedaba sangre.

—Nada en especial —se apresuró a aclarar Draco, sin dejar de ver a Harry. No necesitaba ver el lugar donde había estado la víctima, estaba seguro que jamás lo olvidaría—, sólo me preguntaba si tenía antecedentes, o si algún miembro de su familia los tenía.

—Al parecer su esposo está en Azkaban —dijo Harry girándose a mirarlo—. No tengo nada muy claro, pero estoy seguro de que fue un asesinato —agregó.

Draco recordó la cabeza decapitada.

―Estoy seguro de que es difícil suicidarse cortándose la cabeza.

―¿Lo dices irónicamente? ―preguntó Harry serio.

Era más sencillo mostrar su lado irónico que el otro lado, el que quería acurrucarse en una cama ―preferiblemente en la de Harry― y deprimirse. Pero eso Harry lo no sabía.

―Lo siento ―se disculpó, suspirando.

―Está bien, sé que es lógico ―dijo Harry―, solo quería recalcar la violencia empleada, pienso que es venganza.

―Puede ser ―respondió Draco, desviando la mirada―. Pero aún no podemos estar seguros.

―Iré al Ministerio a hablar con quien encontró el cuerpo ―informó Harry―. Los aurores ya buscaron restos de magia y revisaron las protecciones, no hallaron nada pero, ¿puedes quedarte y revisar el lugar? Quizás se les escapó algún detalle.

Eso era lo que Draco menos quería hacer, pero no podía negarse. No si quería que Harry siguiera pensando que nada muy grave le pasaba.

―Por supuesto.

―Nos vemos en la oficina ―dijo antes de dar media vuelta y dirigirse hacia la salida.

Draco asintió, aún cuando sabía que Harry no lo vería. Todavía no había girado a encarar los "detalles", después de todo, podía permitirse unos momentos para ordenar sus pensamientos.

Harry estaba sentado frente a su escritorio luego de lo que parecían horas.

Había salido de la casa de la víctima y hablado con su nieta, recopilando bastante información sobre su familia, su esposo en Azkaban, sus hijos en el extranjero, todo. Sin embargo, lo que estaba entre sus manos era lo que lo tenía alterado. O no, asombrado.

Mientras conversaba con otros aurores encargados de interrogar a la testigo, el jefe de los aurores se había acercado a él sosteniendo un informe entre sus manos y entregándoselo como si Harry lo hubiese estado esperando, sólo que Harry no tenía idea de qué se trataba. Sólo cuando leyó el nombre escrito en la portada de la carpeta entendió todo lo sucedido, bueno, la mayoría.

Seguía sentado en su escritorio, recorriendo con los dedos el borde de la carpeta, sin abrirla… realmente no quería hacerlo, le parecía algo frío e impersonal, más considerando que Draco estaba reviviendo todo aquello. Prefería preguntarle… sentía que leer el informe de la muerte de Narcissa Malfoy era una falta de respeto para con Draco.

Como si hubiese sido invocado, la puerta de la oficina se abrió y Draco apareció en ella. Se veía más pálido de lo normal, pero su actitud parecía la misma.

―¿Has descubierto algo? ―preguntó, entrando por completo y viéndolo curioso―. Me quedé hasta que recogieron todas las muestras que se podían, no había nada demasiado interesante. Aunque preferiría que Blaise lo comprobara ―cuando dijo el nombre de Zabini, frunció el ceño.

Harry no respondió a la pregunta, no podía hacerlo. Sólo podía pensar en lo que tenía entre sus manos. En lo que debió sentir Draco al ver una repetición de lo sucedido con su madre, si es que el auror que le entregó el informe tenía razón. En Draco y en cómo decirle que ya sabía lo que se empeñaba en ocultar.

Levantó la vista mirándolo levemente, luego la bajó y después volvió a mirarlo con determinación; si no decía lo que quería decir, no podría continuar con todo aquello.

―Draco ―comenzó Harry sin dejar de recorrer la carpeta con sus dedos―, yo sé que no puedo exigirte nada, ni como ―respiró hondo antes de continuar― pareja ni como compañero de trabajo, pero esto es importante.

Draco se detuvo en seco. Estaba de pie en la mitad de la oficina y no parecía querer acercase más. Lo miraba con precaución y su rostro perdió rastro de cualquier expresión luego de unos segundos.

―¿De qué estás hablando? ―preguntó con voz queda, un poco peligrosa.

―¿Cómo puedo decirlo para que no creas que estoy atacándote? ―preguntó sin dejar de mirarlo, más para sí que para Draco, porque éste parecía querer salir de allí y Harry sabía que si sucedía eso, hablar con él se volvería algo imposible. Se levantó con lentitud antes de continuar―. He aprendido a conocerte, Draco, no puedes pretender que no note el cambio en tu actitud, pero claro, no sabía a qué se debía, porque tú nunca me has hablado de ello ―continuó mientras rodeaba el escritorio―. Y no, no te estoy criticando, sólo estoy diciendo un hecho.

Draco entrecerró los ojos. Estaba muy quieto, y apretaba los puños a sus costados.

―No te andes por las ramas ―dijo con lentitud, sin cambiar el tono de su voz―, y di de una vez qué es lo que ocurre.

―Sé que la mujer que vimos hoy murió como tu madre.

Draco hizo un extraño movimiento con su cuerpo, echándose ligeramente hacia atrás y aumentando la distancia que los separaba. Su pecho subía y bajaba con su respiración, y sus ojos estaban ligeramente agrandados, sus pupilas dilatadas. Luego de unos segundos, su expresión cambió a la misma de antes.

Sus movimientos no habían sido exagerados, pero eran suficientes para demostrar lo alterado que debía sentirse.

No sabía qué hacer. Una parte de él quería ir hasta Draco y apretarlo entre sus brazos hasta que se calmara. Pero la parte racional y sensata que había descubierto últimamente sabía que aquello sería un error y que solo lograría que Draco se retrajera más en sí mismo.

Harry decidió que lo único que podía hacer era hablar.

―Yo... yo no sé muy bien qué sucedió ―intentó Harry―. Hace algunos minutos el jefe de aurores me entregó este informe ―dijo indicando hacia la mesa―, pensando que yo ya sabía. Pues no, no lo sabía y no lo he leído ―aclaró.

Los ojos de Draco se dirigieron inmediatamente a la carpeta sobre el escritorio, donde explicaba todo lo referente a la muerte de su madre. Se humedeció los labios, sin moverse.

―¿Lo leíste? ―preguntó. Su voz sonaba ronca y peligrosa.

―No ―respondió Harry negando la cabeza―. Y no pretendo hacerlo.

Claramente esforzándose, Draco desvió sus ojos del informe y lo miró.

―¿No es ese tu trabajo? Leer esos informes, ver si es el mismo asesino o alguien imitándolo ―su voz no tenía ninguna inflexión―. ¿O lo estás haciendo por mí, Potter?

―Respetaba a tu madre, Draco, ella me salvó la vida ―dijo Harry con voz neutra alejándose del escritorio e, inevitablemente, acercándose a Draco―. Me parece demasiado irrespetuoso y frío leer su muerte escrita por alguien que ni siquiera la conocía.

Draco miró de nuevo el informe.

―No necesito que me trates con condolencia. No soy una estúpida niña que va a salir huyendo a echarse a llorar. La muerte de mi madre sucedió hace años, Potter.

Harry dio un paso adelante. Draco estaba insultando todos sus esfuerzos y defendiéndose con barreras que no sabía si podía atravesar.

―No te estoy atacando. No es necesario que te defiendas, y no creas que no sé lo que estás intentado hacer.

―¿Y qué es lo que crees que estoy intentando hacer? Ya que pareces saber tanto de mí, querría escucharlo ―gruñó. Su cuerpo había dejado de estar quieto, ahora casi vibraba por la tensión.

―¿Qué sé tanto de ti? ―exclamó Harry con ironía, ignorando la pregunta. Estaba comenzando a molestarse―. Sé de ti mucho menos de lo que me gustaría saber, y nunca he dicho otra cosa ―agregó dando un paso más, quedando muy cerca de Draco―. Pero si sé algo, es que estás liberando toda la rabia que sientes por lo sucedido hoy, contra mí, y eso no es justo.

―Potter, no tienes idea, ni idea , de lo que haría en este momento si dejara liberar toda la rabia que siento. ―La voz de Draco era letal, y sus ojos estaban entrecerrados hasta formar sólo dos rendijas plateadas―. ¿Qué es lo que quieres? ¿Cómo pensaste que reaccionaría? ¡Era mi madre! ―Su respiración se hizo más cortada, y dio un paso atrás―. No quiero tener esta conversación, haz lo que te dé la gana.

―Hazlo ―dijo Harry retador, dando el paso que Draco había retrocedido. Levantó las manos y sujetó con fuerza los brazos de Draco. No lo dejaría ir tan fácil.

Draco lo fulminó con la mirada.

―Suéltame ―ordenó mientras intentaba soltarse.

―No ―negó apretando aún más su agarre, sabiendo que probablemente aquello terminaría mal, muy mal. Pero no podía dejar a Draco solo―. No te dejaré ir.

―¿Cuál es tu jodido problema? ―gruñó Draco, aumentando la fuerza de sus forcejeos.

―Que lo que te suceda ya no es sólo tu problema.

Draco se rió, una larga risa sin rastro de humor.

―¿Y piensas hacerlo tu problema también? ¿Es eso lo que quieres? ¿Qué te abra mi corazón y te cuente todas mis penas?

Harry lo soltó como si quemara y lo miró entrecerrado los ojos. Lo había intentado, pero hasta él tenía un límite.

―No se trata de lo piense, se trata de lo que sucede. ¿Acaso crees que voy fingir que lo que te sucede no me importa? ―preguntó casi entre dientes.

―¡No me importa! ¡No quie ―Draco se calló de golpe, y con un gesto nervioso se pasó una mano por el cabello, dando otro paso atrás―. Necesito pensar, Potter. Solo. Necesito... ―Sus ojos cayeron de nuevo sobre el informe, y sus dedos se movieron algo convulsivamente―. Llámame si me necesitas.

Luego de eso, lo miró por última vez antes de desaparecer por la puerta.

Harry dio un paso hacia atrás dejándose caer sobre una de las sillas de su oficina. Enterró la cabeza entre sus manos y suspiró pesadamente, conteniendo las ganas de salir a buscar a Draco y hacerle entender, de cualquier forma, que podía contar él.

Draco se apresuró por los pasillos, intentando hacer desaparecer el temblor de sus manos. Cada vez que estaba muy alterado, ese gesto nervioso salía a la luz, y le hacía sentir torpe y un poco inseguro… Draco odiaba sentirse torpe, y odiaba mucho más sentirse inseguro.

Sus pies lo llevaban a algún lado, pero su mente ni siquiera se esforzaba por saber a dónde. No estaba consciente de a dónde se encaminaba y no le interesaba, estaba más distraído con sus pensamientos, los cuales estaba repasando todas las imágenes de lo que había ocurrido en la oficina de Potter. Harry.

¿Qué más podría haber hecho? ¿Dejarse besar y abrazar y confiar en que todo saldría bien luego de eso? Nada saldría bien. Esa noche no podría dormir, y Draco sabía que si lo intentaba, sus sueños iban a estar repletos de pesadillas. Además, esas no eran las preguntas que debía hacerse, la pregunta que le interesaba era qué había esperado Harry que él hiciera en esa circunstancia. Draco odiaba la condolencia… Y desde el momento en el que había entrado a esa oficina…

Sabía que Harry lo había estado intentando ayudar, y parte de lo que había dicho era cierto. Cuando vio ese informe, supo que tenía la oportunidad perfecta para discutir, para dejar salir su rabia —toda la rabia que sentía contra el maldito que le estaba volviendo a revivir el peor momento de su vida— aunque fuera ofendiendo a Harry, replicándole, insultándole.

Pero no había querido, no por completo. Quería… Le gustaba demasiado lo que tenía con Harry para arruinarlo todo por no saber controlar su lengua.

Se detuvo frente a una puerta, y descubrió a dónde se había dirigido desde el comienzo. Por un momento tuvo ganas de reír. Era obvio, era obvio que se iba a dirigir allí, al lugar donde estaba una de las únicas personas que lo habían visto en lo más bajo, hacia tanto tiempo.

Sin esperar a reflexionar si lo que hacía se veía necesitado o no, abrió la puerta y entró a la oficina de Blaise.

Estaba en su escritorio, y en cuando levantó la mirada y sus ojos se agrandaron, supo que Blaise ya lo sabía. Sabía lo de la víctima y la forma en la que murió… de la misma manera que su madre. Por un momento se preguntó si el informe que tenía en las manos explicaba todos los morbosos detalles que Draco tenía grabados en la mente.

Blaise se levantó, y el silencio era ensordecedor.

—Draco —exhaló. Un susurro y Draco se sintió transportado en el tiempo.

Repentinamente comenzó a temblar. Escalofríos invadían su cuerpo y jadeó, aguantando las ganas de acurrucarse en una esquina y llorar, hacer lo que fuera para que disminuyera el dolor.

Blaise no perdió el tiempo, y se acercó a él, abrazándolo.

Draco no se movió, sólo cerró los ojos sin regresar el gesto. Ahora se preguntaba cómo debía de sentirse el abrazo de Harry y si hubiese sido tan malo aceptarlo, hundir su cabeza contra el cuello de él. Pero no quería que Harry lo viera así, como una víctima, como alguien débil que no podía hacer su trabajo… Y sabía, sabía que Harry tal vez no pensaría nada de eso. Joder, seguramente no lo haría.

Suspiró. Un suspiro tembloroso. Necesitaba dejar de pensar por un momento.

Harry jugaba con el móvil entre los dedos. Habían pasado más de dos horas desde que Draco saliera de su oficina. Y aún no sabía qué hacer.

Tenían que comenzar la investigación. Tenían que buscar sospechosos y analizar las evidencias, pero Harry sabía que no podría ignorar que al hablar de la víctima, de cierta forma hablaban de Narcissa, de la madre de Draco.

Y Harry no podía ignorar que a Draco le dolía, por más que éste quisiera que no fuera así.

Recordó que Draco le había dicho que si lo necesitaba, lo llamara. Y Harry lo necesitaba… sólo que no era estrictamente por trabajo, pero Draco no lo había especificado.

Abrió el celular y marcó el número de Draco, esperando que contestara.

―¿Aló? ―contestó Draco del otro lado de la línea.

Por más que lo intentó, no pudo distinguir alguna emoción en el tono de voz. Suponía que Draco se estaba controlando.

―Hola, Draco ―contestó rápido, levantándose―, ¿estás en el Ministerio?

―Sí ―respondió Draco―. Estoy con Blaise, ¿necesitas que vaya para allá?

Con Blaise... ¿era estúpido estar celoso de que Draco fuera a ver a Blaise cuando se sentía mal? Sabía que sí lo era, pero no por saberlo dejaba de sentirse desplazado. ¿Acaso Draco pensaba que él iba a burlarse? Aquello no tenía sentido, era lógico que él no lo haría.

No, no lo necesito, lo quiero , pensó.

―Sí, necesitamos interrogar a algunas personas ―respondió en cambio.

Hubo un silencio en la línea, pero Draco lo rompió antes de que se volviera incómodo.

―Voy para allá ―dijo, cortando.

Harry caminó hacia la oficina de Draco y se sentó en el sillón que ahí había, si lo esperaba allí habría menos posibilidades de que Draco se fuera otra vez, aunque siempre podía echarlo.

Momentos después, Draco entró por la puerta que comunicaba las dos oficinas y lo miró con curiosidad.

―Pensé que estarías en tu oficina ―explicó, entrando―. ¿A quién tenemos que interrogar?

Harry se mordió el labio inferior y lo miró con suavidad, seguramente reflejaba culpa por todas partes.

―Creo que te mentí.

Draco parpadeó.

―¿ Crees que me mentiste? ―preguntó entrecerrando los ojos.

―Bueno, un poco ―dijo suspirando. Reclinó la cabeza hacia atrás, apoyándose en el respaldo del sillón―. No necesitamos interrogar a nadie aún, pero decir aquello fue lo único que se me ocurrió para que regresaras ―explicó. No sabía por qué, pero cada vez se sentía más hundido.

Cruzándose de brazos, Draco lo miró seriamente.

―¿Y por qué querías que regresara?

―¿Prefieres que te quiera lejos? ―respondió Harry. Ni siquiera él tenía aquella respuesta.

―No, prefiero que me digas qué es lo que deseas, Potter.

―¿Realmente prefieres que lea el informe de la muerte de tu madre que hablar de lo que viste? ―preguntó con suavidad. Sabía que sus palabras no traerían nada bueno. Él no quería leer ninguna cosa, él sólo quería atrapar a Draco entre sus brazos.

Draco desvió la mirada y sus hombros se tensaron. Su expresión era una mezcla entre aprensión y molestia.

―No, no quiero que leas nada ―respondió con la misma suavidad, sin mirarlo―. Pero tampoco quiero hablar al respecto. Supongo que al final tendré que hacer algo que no quiera.

Sin pensarlo más, Harry extendió un brazo hacia Draco, esperando que éste no rechazara su acercamiento.

―Ven ―pidió.

Draco miró el brazo como si fuera una serpiente que intentaba morderlo, pero luego suspiró y dejó caer los brazos a cada lado de su cuerpo. Titubeando, se acercó un paso y luego otro, hasta que tomó la mano de Harry entre la suya.

―No necesito tu piedad ―dijo con seriedad, sus ojos estaban rojos, pero no había ni rastro de lágrimas―. Quiero que lo sepas. No soy alguien que necesite ser rescatado, Harry.

―Yo no te tengo piedad, Draco ―dijo levantándose y entrelazando los dedos―. Y me parece casi un insulto que pienses eso.

Draco suspiró de nuevo, y miró sus dedos entrelazados.

―¿Entonces qué es lo que sientes?

―¿Por ti? ―preguntó casi con miedo.

Esa pregunta hizo que Draco levantara la mirada con desconcierto.

―Por lo que está pasando.

Harry sonrió casi imperceptiblemente por la confusión y se acercó más a Draco.

―Lamento que tu madre haya muerto de aquella forma, y lamento que estés pasando por esto otra vez, pero no puedes ignorarlo ―dijo mirándolo a los ojos.

―No lo estoy haciendo. Es difícil ignorar algo como esto, Potter ―replicó Draco, frunciendo el ceño.

―¿Entonces lo estás enfrentando?

―Estoy enfrentándote, por lo tanto no es como si lo estuviera ignorando ―fue su respuesta.

Estaban tomados de la mano, hablando de algo que Harry ya no entendía. Sentía que quería hacer lo único que se le ocurría en ese momento para entender.

Dio un paso más y atrapó a Draco entre sus brazos, de forma impulsiva y sin pensar en las consecuencias.

―¿Qué es lo que quieres, Draco? ―susurró sin soltarlo.

Draco dejó escapar un suspiro, y por un momento parecía que no iba a regresar el abrazo. Pero sus manos se movieron... lentamente, pero lo hicieron. Sus dedos atraparon la túnica de Harry en su espalda, y su cabeza descansó en su hombro.

―Quiero tantas cosas ―respondió, su voz algo amortiguada―. Quiero que no me afecte tanto.

Sus manos descansaron en la espalda de Draco, presionándolo contra su cuerpo. No se atrevía a moverse más, no quería arruinar el momento.

―Nunca lo podrás olvidar, lo sabes ―dijo Harry en voz baja. Y por un momento no sabía si hablaba para Draco o para él mismo. Quizás para ambos―. Pero también sabes que no puedes cambiarlo, que no puedes culparte ―agregó.

―No lo estoy haciendo ―respondió, levantando la cabeza y mirándolo―. No hago nada de eso, y sé que no podré olvidarlo... Pero fue hace años, Harry. No...

―¿Entonces? ―preguntó sin subir el tono de voz.

―¿Entonces qué? Ya te dije que no quiero hablar al respecto, pero no quiero que leas ese estúpido informe tampoco.

―¿No crees que hablándolo podrás... no sé, cerrar el ciclo? ―preguntó Harry mirándolo.

Draco volvió a apoyar la cabeza en su hombro, cortando el contacto visual.

―No hay un ciclo... ¿Quieres que te hable al respecto?

―No si tú no quieres ―dijo deslizando una mano hasta posarla sobre los cabellos de Draco―, sólo digo que algún día tendrás que hacerlo.

―Ya lo hice, cuando ocurrió ―explicó, enderezándose de nuevo y mirándolo―. No me gusta sentirme así, Potter. No me gusta sentirme alterado ni afectado por esto. Y debes saber que sólo hablándolo no va a solucionar nada, era mi madre.

―Sé lo que significa que tus padres estén muertos, Draco. Y sé que hablar no soluciona nada... sólo era una opción.

―No quiero hablar más sobre esto ―decidió Draco, mirándolo con seriedad―. Voy a hacer mi trabajo, y prefiero explicarte lo que ocurrió que lo leas en ese informe. Pero no quiero hablar más sobre esto.

―De acuerdo ―aceptó Harry relajándose. Sin embargo no rompió el abrazo.

Algunos momentos después, todo volvió a una aparente normalidad. No había mucho que hacer aquel día. Necesitaban esperar los análisis de Zabini e interrogar a la nieta de la víctima.

En el interrogatorio sólo habían descubierto unas cuantas cosas más sobre la familia de la víctima. Comprobaron que el esposo había muerto en Azkaban y que al parecer había pertenecido a los mortífagos en la primera guerra. Pero nada más. No tenían sospechosos, ni firmas mágicas, ni un móvil o una pista. Nada.

Y era hora de irse. Harry tenía ganas de quedarse con Draco. Comer algo liviano y dormir, descansar hasta el otro día e intentar alejar todos los malos recuerdos.

Harry estaba en su oficina revisando por enésima vez el archivo de la víctima. La carpeta del caso de Narcissa Malfoy estaba al lado, pero Harry ya había dicho que no lo leería y Draco que le contaría. Y sabía que le contaría, porque confiaba en él más allá de ser compañeros de trabajo.

Harry cerró la carpeta que veía y se quedó inmóvil unos segundos, pensando. Cuando le había dicho a Draco que sabía lo de su madre, había dicho que eran pareja. En el momento no lo pensó, estaba preocupado por Draco más de lo que podía confesar, pero decir en voz alta que eran pareja era reafirmar lo que tenía como una realidad. Quizás debería contárselo a sus amigos, si es que no lo sabían ya. Pensaría eso en otro momento, aquel día había sido agotador y Harry sólo quería dormir.

Se levantó de la silla y fue a la oficina de Draco, goleando suavemente antes de entrar.

―¿Qué haces? ―preguntó sentándose frente al escritorio de Draco.

Draco levantó los ojos, mirándolo. Se le veía agotado y marcas de cansancio delineaban sus facciones. Cerrando la carpeta que tenía abierta frente a él, se recostó contra el respaldo de su silla.

―Intentaba leer de nuevo la declaración de la nieta ―respondió, apartándose el cabello del rostro―. Sin mucho éxito.

―Ya no podemos hacer nada por hoy ―dijo Harry acomodándose en la silla―. Tenemos que esperar los análisis de Zabini que estarán mañana ―agregó.

―Lo sé ―suspiró, cerrando los ojos brevemente―. ¿Descubriste algo nuevo?

―Nada. Pero comprobé los antecedentes familiares ―informó―. Todo lo que dijo la chica es cierto, tienen antecedentes mortífagos en la familia.

La mirada de Draco se perdió un poco, pero igual asintió.

―Mañana tendremos mucho trabajo.

―Sí, así que hoy hay que descansar.

―Sí ―respondió, poniéndose de pie. Abrió la boca para decir algo, pero pareció pensarlo mejor, porque luego la cerró de nuevo son decir nada.

Harry quería que Draco se quedara con él. No porque creyera que necesitaba ser cuidado o protegido o lo que fuera. Era porque quería. Tan solo eso, sin doble sentido ni explicaciones ocultas.

―¿Te quedarás en la Mansión? ―preguntó Harry levantándose también.

―¿Dónde más si no? ―preguntó Draco caminando hasta el perchero y comenzando a ponerse la capa.

―Quédate conmigo ―pidió antes de que la aparente indiferencia de Draco pudiera con su valentía.

Draco detuvo sus movimientos y le dirigió su mirada. Sus ojos no expresaban demasiado, y cuando habló su voz intentaba sonar calmada, pero una tensión podía escucharse de fondo.

―¿Por qué?

―¿Por qué? ―repitió incrédulo―. No necesito una razón para querer estar contigo, y no pretendo inventarla para que no pienses que es por lástima o algo así ―dijo Harry seriamente.

Draco dejó escapar el aire entre sus labios y acortando la distancia que los separaba, se acercó a él. Su mano encontró la de Harry, y apretó.

―No quiero ―comenzó, tragando antes de continuar―. Sé que no es por lástima, y quiero que sepas que no soy alguien a quien necesitas salvar, Harry.

―¿Sabes? ―dijo soltando la mano de Draco ―deberías dejar de insinuar que estoy contigo porque quiero salvarte. Porque no es así.

―No es eso ―ahora Draco parecía molesto―. Sólo lo digo porque ―se interrumpió, respirando hondamente―... No quiero discutir.

―Te molesta que la gente sienta lástima por ti ―dijo Harry de todos modos. Él tampoco quería discutir, pero le insultaba que Draco siguiera insinuando esas cosas―. A mí me molesta que piensen que quiero salvarlos a todos ―agarró la mano de Draco que segundos antes había soltado―. Quiero quedarme contigo, joder, ¿es demasiado difícil de entender?

Draco miró sus manos entrelazadas, y tardó unos segundos en responder.

―Supongo que no ―accedió al final, levantando la mirada―. Pero no confío con facilidad, y es más fácil dudar que... Sé que no eres el Héroe que todos adoran, si lo fueras no estaría contigo y... trataré de no volver a insinuar eso.

Aquellas palabras estaban haciendo aparecer algo cálido en su interior. Harry sabía que Draco no confiaba en la gente, joder, eso era tan obvio luego de la vida que había tenido, que ambos habían tenido. Por lo que escuchar aquello... quizás estaba entendiendo mal, pero al menos sentía que había una posibilidad de que Draco confiara realmente en él. Al menos estaba allí todavía.

Suspiró y se acercó más a Draco.

―Gracias ―dijo, refiriéndose a las últimas palabras de Draco―. Realmente quiero quedarme contigo esta noche.

―¿En tu casa? ―preguntó, apretando su mano.

―A mi me da lo mismo, pero no quiero despertar a las seis para salir de la cama a hurtadillas como si estuviéramos haciendo algo malo.

―¿Y entonces cómo quieres salir?

Harry sonrió con inocencia e inclinó levemente la cabeza.

―Despertarme tarde y no salir a hurtadillas ―respondió encogiéndose de hombros.

La comisura de los labios de Draco se levantó levemente.

―Suena bien ―admitió, moviendo el dedo pulgar y acariciando la piel de la mano de Harry―, pero si quedamos en tu casa aún tendré que irme temprano.

―Acompáñame a mi casa a buscar algunas cosas y luego nos quedamos en la tuya ―propuso―. Es simple ―agregó ampliando su sonrisa.

Draco pareció reflexionarlo. Levantó su mano libre y la deslizó por el hombro de Harry, luego la metió entre sus cabellos, con una mirada meditativa.

―¿Y quieres que nos aparezcamos mañana juntos?

―Sí ―respondió dubitativo. Obvio que eso era lo que quería, pero por la resistencia de Draco a aceptar quedarse con él... temía que rechazara su idea.

Los ojos grises de Draco lo miraron con seriedad.

―¿Estás consiente de las consecuencias de hacer eso, cierto? ―le preguntó suavemente.

Harry suspiró. Sí, claro que lo sabía. Y quizás por lo mismo lo estaba haciendo.

―Sí, Draco, estoy consciente de las consecuencias.

Draco asintió, apretando su nuca con algo de fuerza.

―De acuerdo ―concedió, sonriéndole―. Pero espero que realmente sepas lo que haces. Sé que no has hablado con tus amigos sobre lo que tenemos.

―Ni tú con los tuyos, Draco ―dijo cerrando los ojos un momento. La presión de Draco en su nuca se sentía bien. Todo aquello se sentía bien. Y lo demás... ya lo vería en el camino.

―Blaise lo sabe ―admitió Draco, sin detener los movimientos de su mano―. O al menos sabe lo más importante.

Levantó un poco la cabeza, hasta ver los ojos de Draco.

―¿Desde cuándo te interesan mis amigos? ―preguntó divertido.

Draco sólo se encogió de hombros.

―¿Entonces nos vamos? ―preguntó.

―Sí, vamos ―respondió separándose lentamente de Draco―. Tengo hambre, agregó.

―Cuando lleguemos a la Mansión le digo a Tibby que nos prepare algo de comer ―dijo Draco, abotonándose la capa antes de mirarlo con curiosidad―. ¿Listo?

―Sí, vamos ―dijo antes de dirigirse hacia la salida.


Fin primera parte. Tenemos este caso completo. 128 páginas. Subiré más o menos día por medio. Gracias a la gente que sigue leyéndonos.