29. CONFESIONES
Estaba en el soleado jardín, observando hacia la torcida casa. Por la ventana de la cocina vio a la señora Weasley, que estaba concentrada en algo que estaba haciendo. Como si hubiese sentido su presencia, la matriarca de los Weasley alzó la vista, y miró directamente donde ella estaba. La miró con los ojos desmesuradamente abiertos por la sorpresa y salió al jardín para recibirla con un caluroso abrazo.
—¡Hermione, mi niña! Me has tenido muy preocupada ¡Mira que marcharte a Australia!
Las dos entraron en la cocina y Molly le sirvió una taza de té y le preparó unas tostadas. De repente, alguien irrumpió en la cocina.
—¡Mamá! ¿Has visto mi vestido azul…?— la menor de la familia se quedó parada en la puerta estupefacta y a los pocos segundos reaccionó— ¡Hermione!— gritó Ginny abalanzándose a los brazos de su mejor amiga— ¿Cuándo has llegado?
—Ahora acabo de llegar— le dijo la castaña estrechándola fuertemente entre sus brazos— Tengo mucho que contarte.
Ginny cogió de la mano a su amiga y la arrastró hacia la puerta de la cocina.
—Discúlpanos mamá, pero tenemos que hablar de cosas muy importantes.
—Pero… ¡Si tiene que desayunar!… ¡ Chicas!
Las dos amigas desaparecieron escaleras arriba y se encerraron en su habitación. Hermione se sentó en su cama, mientras que Ginny hechizaba la puerta para que nadie las molestase. Alguien como Harry o Ron.
—¿Y bien, qué me tenías qué contar?— preguntó Ginny, sentándose en su cama, cruzando las piernas sobre el colchón.
—¡Oh! Bueno… yo…
—Hermione— dijo la pelirroja en tono de advertencia.
—Al principio solo tenía que contarte que estaba hecha un lío, pero ahora… todo está aclarado.
—Hermione, explícate, porque no me entero de nada.
—Es algo que puede ser que te suene increíble, pero es la verdad.
—¿Qué? ¡Habla!
—Draco y yo…
—Hermione, me estás asustando.
—Estamos juntos— dijo la castaña en apenas un susurro.
Ginny se quedó mirando a su amiga con la boca abierta. No podía creer lo que acababa de oír, simplemente no podía.
—Hermione, esto no tiene ninguna gracia
—Es la verdad, Ginny. Draco y yo somos novios.
—¡Te has vuelto loca, Hermione! ¡Es Malfoy, tu enemigo. Nuestro enemigo!
—Ha cambiado, Ginny…
—Es un mortífago, ellos nunca cambian.
—Pero él nunca eligió ese camino, lo arrastraron a él.— Hermione miró a Ginny intensamente— ¿Piensas que si no hubiese cambiado, nos habría ayudado? ¿Piensas que si no hubiese cambiado, me habría salvado?
—Hermione, es Draco, el Príncipe de Slytherin, el que te humilló, te despreció e insultó durante años.
—Pero durante todos estos años me amó, pero tenía miedo de lo que podría pasar si lo decía. No por él, sino por mí.
—¿Estás completamente segura de esto?
—¿Crees que si no me amase, se habría enfrentado a su padre por mí? ¿Qué le habría dicho que está enamorado de una Sangre Sucia y que no iba a obligarlo a casarse con otra que no fuese yo? ¿Crees que habría dicho semejante barbaridad si no me amase?
—¿Él… le dijo…? ¡Por Merlín! Esto va enserio ¿verdad?
—Lo amo, Ginny. Puede sonar increíble de mis labios, pero es así.
Ginny se levantó de su cama y se sentó al lado de la castaña y le dijo:
—Ahora mismo me lo cuentas todo, sin escatimar detalles.
—Sabes que quedé con Draco en el Caldero Chorreante, para ir al apartamento. Bien, pues tu hermano me siguió.
—Lo sé, intentamos detenerlo, pero él fue más rápido que nosotros— dijo Ginny con voz afligida.
—Entonces sabrás como terminó, ¿no es así?
—Sólo sé que volvió con el labio partido y de un humor de perros, pero no soltó prenda.
—No me extraña. Me pidió perdón, pero yo perdí los estribos y le grité ante todo la gente del local. Cometí un error, no debí hacerlo. Ron me cogió del brazo, haciéndome daño, pensé que me golpearía o algo así, y sin pensármelo le di primero, antes que lo hiciese él y me escapé sin pedirle disculpas. Cuando Draco vino a buscarme, Ron ya no estaba.
—¿Draco lo vio todo?
—Desgraciadamente sí, todo el mundo lo vio.
—Hermione, lo siento mucho. Cuando Ron volvió, estuvo un par de días sin decir nada. Creo que se había arrepentido de lo que había hecho. -
—No me importa en absoluto.— oyeron ruidos procedentes del piso de arriba, pero Hermione los ignoró. Debían de ser Harry y Ron que se levantaban.— Sigo, vale... Cuando Draco me vino a buscar, me llevó de regreso al interior de la taberna y nos encontramos con Charles Dickinns. De allí nos fuimos al apartamento ¡Y vaya apartamento! Un ático en el centro de Londres. A solo cinco minutos del Ministerio de Magia. Puro lujo
—Típico de los Malfoy— se mofó Ginny— Lo suyo es alardear de lo que tienen. Son odiosos.
—En eso te apoyo totalmente. Pero como dices, son Malfoy, no se podía esperar menos.— las dos se echaron a reír. Hermione tenía que reconocer que eso era verdad. Sin lujos ni ostentaciones, no podían existir los Malfoy.— Enseguida nos pusimos a trabajar, y a la noche Charles se marchó, dejándome sola con Draco, por fortuna estábamos tan cansados que no nos peleamos ni nada. Allí conocí a un elfo doméstico, Sammy.
—¿Un elfo?
—Sí, es el sirviente personal de Draco. Es el hermano de Dobby, créeme, son idénticos. Al principio creí que era nuestro amigo. Es adorable.
—¿Y después qué?
—Cenamos y luego me enseñó la habitación más maravillosa que he visto jamás. Tiene una cama enorme de postes y un baño en el que se podría bailar un vals. Dormí como un ángel.
—¿El apartamento es de él?— preguntó Ginny curiosa.
—Eso mismo le pregunté yo. Me dijo que se lo había regalado su padre cuando cumplió la mayoría de edad, pero que no vivía allí.
—Es extraño, lo primero que habría hecho yo, hubiera sido marcharme de casa de miss padres, y ten por seguro que lo haré, me tienen harta.
—No tienes paciencia, Ginny.
—La tengo, y mucha, pero es un constante agobio tener a alguno de mis hermanos detrás de mi todo el día para vigilarme. Quiero que pase el ultimo año de colegio e independizarme.
—No tienes remedio— le dijo la castaña meneando la cabeza — A la mañana siguiente, el abogado llegó y nos pusimos a trabajar de nuevo. Fue entonces cuando empezaron a llegar las lechuzas de Ron. Fueron dos mensajes en un solo día. El primero no lo contesté, pero el segundo sí. Estaba harta de él, lo mandé a freír espárragos. Draco se puso raro. Quiso saber de quién eran los mensajes. Creo que estaba celoso. Esa tarde, Charles me mandó trabajo. A la mañana siguiente tenía que ir a la biblioteca del Ministerio a buscar información. Me llevó todo el día, pero al final lo conseguí. Cuando regresé al apartamento, me encontré una desagradable sorpresa: Blaise Zabini había venido a cenar. El muy idiota me dio un susto de muerte.
—¿Qué te hizo ese imbécil?
—Me besó. Se pensó que yo era algo así como la amante de turno de Draco y me besó.
—¿Y tú te dejaste?
—La verdad es que sí.— confesó Hermione poniéndose colorada.— Quería quitarme de la cabeza la pesadilla que cada noche tenía sobre lo sucedido en el parque y pensé que si me enfrentaba a mi miedo se iría por sí sola. Al principio pareció que funcionaba, pero cuando Blaise me tumbó en el sofá, el pánico apareció y empecé a forcejear contra él. En el momento en que yo empezaba a luchar, Draco llegó. Se apareció en la terraza del ático en lugar de subir por el ascensor, y me encontró a mí luchando debajo del pobre Blaise, que no sabía que me pasaba. Ya te puedes imaginar lo que pensó Draco. Él hizo que Zabini me soltase y me abrazó, pero entonces yo le dije lo que había intentado hacer y se enfadó conmigo.
—Mujer, motivos no le faltaban ¿no te parece, Hermione?
—Lo sé, cometí un error, pero él se tomó su venganza. Él y Zabini se pasaron el resto de la noche humillándome e insultándome, hasta que yo perdí la paciencia y exploté. Amenacé a Draco con dejarlo a su suerte. Lo amenacé con lanzarle una imperdonable y lo llamé mortífago. Entonces, creo que él vio que la había pifiado, volviendo al Draco del principio e intentó arreglarlo con caricias, con amabilidad, pero no lo dejé y me dijo unas cosas horribles, que aún ahora me duelen.
—¿Qué te dijo el Hurón?
—Que si yo había pensado que él sentía algo por mí, que estaba muy equivocada, que él nunca podría sentir nada por una asquerosa Sangre Sucia como yo. Que solo me había ayudado por lástima y que entendía porque nadie me quería, ni siquiera Ron. Me dijo que me largase de su presencia, que le daba asco.
—¡Ese engreído hijo de un troll! ¿Quién se piensa que es para hablarte así? Si lo pillo, te juro que se acordará de mí durante mucho tiempo.
—Esa noche la pase muy mal, volví a tener la pesadilla, pero fue mucho pero que las otras. Draco me despertó, me tenía entre sus brazos y estaba llorando. Me pidió perdón y me dijo que él nunca había pensado lo que me había dicho, que era todo mentira. Yo empecé a tener esperanzas de nuevo, que tal vez era posible que me amase, como yo me había dado cuenta que lo amaba.
—¿Te besó?
—No. Creí que lo haría, pero no lo hizo, en cambio me preguntó por mi relación con Ron, si éramos novios.
—¿Qué le dijiste? Supongo que se lo contaste todo.
—Le conté todo lo que pasó con Lavender. No podía mentirle, le había dicho que algún día le contaría lo que había pasado, ya que él había visto nuestra pelea en el Caldero Chorreante, y tonto no es. También le conté sobre mis padres, por qué lo había hecho, y lo comprendió. Entendía que los hubiese protegido de los mortífagos.
—Pero él es uno de ellos.
—Te he dicho que él nunca escogió ser uno de ellos. Lo obligaron, era ser mortífago o morir. Eso ha de quedar claro, Ginny.
—Esta bien, yo lo entiendo, pero Harry no lo entenderá.
—Esa es otra historia, ¿pero quieres que te lo cuente o quieres hablar de Harry?
—Sigue, quiero saberlo todo.
—Cuando terminé de explicarle sobre mis padres, llegó tu carta. Draco se pensó que era de Ron, pero yo le dije que era tuya. Pasamos todo el día trabajando con Charles y a la noche vino Blaise a cenar de nuevo y todo fue diferente. Me puse guapa, Draco me lo había pedido y así lo hice. ¿Sabes el vestido que llevé a la boda de tu hermano? Pues le hice unos retoques. Lo acorté y ,según Draco, estaba genial. Cuando Zabini llegó, los encontré a ,os dos hablando en la terraza. Cenamos tranquilamente, y contamos muchas anécdotas del colegio. Nos lo pasamos muy bien charlando y riendo. En cuanto terminamos de cenar, Blaise se marchó al cabo de poco tiempo y los dos nos quedamos solos. Estuvimos hablando en la terraza, sobre las cosas que me habían salido mal últimamente y él me dijo que también había pensado como yo, pero que eso había cambiado para él. Que había encontrado una cosa y que la conseguiría costase lo que costase.
—¿Se refería a ti?
—Sí. Pero no me lo dijo hasta ayer.
—¿Estáis juntos desde ayer? Pero yo pensé que hacía más tiempo.
—A la mañana siguiente, yo me quedé trabajando en el apartamento con Charles toda la mañana y parte de la tarde. Draco salió a solucionar un asunto personal.
—¿Lucius Malfoy?
—Seguramente. Cuando volvió eran más de las tres de la tarde, y se unió a nosotros para terminar con lo del juicio. A las diez, cuando terminamos, Draco invitó a cenar al abogado y una hora después nos quedamos solos, pero aun no pasó nada.
—¿Entonces?— preguntó Ginny impaciente.
—Se puede decir que ha sido esta mañana. Bueno… ayer me lo confesó, me dijo que me amaba, pero esta mañana… ha sido la más hermosa de mi vida.
—Quieres decir que tú y Malfoy… No puede ser ¿Os habéis liado enserio?
—Más que eso
En ese momento escucharon ruidos, procedentes del salón y de pronto alguien llamó a la puerta.
—¡Chicas, bajad a desayunar, todos ya están levantados!— era la señora Weasley.
Cuando las chicas bajaron y entraron en la cocina, se encontraron a la madre de Ginny sirviendo el desayuno a Harry y a Ron, que estaban sentados a la mesa.
—¡Buenos días, niñas! — saludó Molly— Sentaros ya a desayunar.
Harry alzó la vista y miró hacia la puerta. Enseguida dejó sus cubiertos y se levantó de la mesa para correr a abrazar a su mejor amiga.
—¡Hermione!
—¡Harry!
—Me alegro de que hayas vuelto.
Cuando se separaron la mirada de Hermione se desvió hacia Ron, que tenía la mirada clavada en el suelo.
—¡Hola Ron!
El aludido alzó la vista desconcertado. Los cuatro desayunaron tranquilamente y cuando ya terminaban, apareció la lechuza de Percy con una carta. La señora Weasley la recogió y la leyó rápidamente. Harry y los demás la miraban expectantes, pero al ver que no decía ni hacía nada, se preocuparon.
—Señora Weasley, ¿pasa algo malo?— preguntó el moreno.
—No, no es nada, pero leed esto, también os concierne a vosotros.
Harry cogió el pergamino que le tendía Molly y leyó en voz alta para los demás:
—" Familia, este mediodía se va a celebrar una reunión extraordinaria de la orden del Fénix en la Madriguera. Los miembros del Ejército de Dumbledore también han de asistir. Por eso Harry y Ron han de encargarse de avisar a todos sus miembros. La reunión será a las dos del mediodía. Siento las molestias, Molly. Un saludo. Kingsley Shacklebolt".
—¿Quiere que el E.D. esté presente?— preguntó Hermione preocupada.
—Algo tiene que haber pasado para que nos reúna a todos— dijo Ron.
—Hermione, Ron, vamos a empezar a enviar mensajes.— dijo Harry. Se giró hacia la señora Weasley— ¿Hermes se ha marchado?
—No, querido, está en la ventana.
Los cuatro subieron a la habitación de los chicos y Hermione empezó a escribir mensajes. Los primeros que avisaron fueron a Neville, Luna, Dean y Seamus. Siguieron con Ernie, Cho, Colin, Dennis y todos los demás miembros del E.D.
Pronto recibieron respuestas. Como siempre, los primeros en contestar fueron Neville y Luna, los chicos estuvieron ocupados toda la mañana enviando y recibiendo mensajes.
Al mediodía llegaron los primeros miembros del E.D.. los gemelos Weasley acompañados de Lee Jordan y Angelina Jonson. Los siguientes en llegar fueron Neville, Luna, Dean y Seamus. El señor Weasley y Percy llegaron poco después, al igual que Bill y Fleur, que llegaron desde Gringotts. Poco a poco la casa se fue llenando de gente. Casi a la hora acordada, llegaron Remus y Tonks, que no abrieron la boca sobre el asunto. El siguiente fue Kingsley y Cyntia Robertson. Luego llegaron Severus Snape, Minerva McGonagall y Rubeus Hagrid, desde Hogwarts.
El último en llegar fue un hombre de unos treinta y siete años. Tenía la tez cetrina, como si estuviese enfermo, los ojos almendrados y de un color extraño, eran casi amarillos, y el cabello largo y castaño oscuro.
Harry preguntó al señor Weasley si sabía quien era y él le explicó que era el hombre que había estado ingresado junto a él en San Mungo, por la mordedura de un hombre lobo.
Todos los miembros de la Orden y del E. D. Ya habían llegado, y a las dos en punto, Remus Lupin llamó a todos al orden. El que habló primero fue Remus. Cuenta las novedades que ha habido en el mundo mágico. Les cuenta que hacía dos noches, que había luna llena, hubo un ataque en masa de hombres lobo. Había sido el ataque más importante de las últimas semanas. Unos quince licántropos se repartieron por todo el país y atacaron simultáneamente a uno o dos personas. Hombres de entre dieciocho y cuarenta años, de complexión fuerte y ascendencia mágica. El cabecilla de esos ataques se confirmaba que era Fenrir Greyback, que había sido visto cerca de Carlisle, en la frontera con Escocia. El objetivo de la Orden del Fénix era averiguar las intenciones de Greyback.
—… Para eso hemos llamado a David Croft. Él es un licántropo y se ha unido a la Orden del Fénix con el fin de ayudarnos. Su misión es infiltrarse entre los rebeldes que rodean a Greyback y espiar para nosotros, para estar informados de todos sus movimientos. Él es una pieza esencial en este asunto, y que los licántropos no saben que él es de la Orden.
El siguiente en hablar es Kingsley:
—El tema siguiente es el de los juicios de los Malfoy. Nos hemos enterado en el Ministerio de Magia que el abogado de los Malfoy, Charles Dickinns, esta siendo chantajeado por Greyback. El licántropo ha secuestrado a la hermana pequeña del abogado y a cambio de dejarla viva, él tiene que hacer que los Malfoy se pudran en Azkaban por el resto de sus días.
"Pero tenemos el asunto controlado— miró a Hermione intensamente— La ayudante del abogado, nos avisó a tiempo y nosotros hemos tomado medidas para que todo salga bien, ella nos ha aportado un par de ideas que nos serán muy útiles para que los juicios se celebren con total normalidad".
"Salvo que los periodistas no pueden asistir, exceptuando a Rita Skeeter, que colabora en esta guisa con el Ministerio. Ella será la encargada de filtrar toda la información a los medios de comunicación. Así Greyback se va a ver obligado a liberar a Chloe".
Harry no entiende nada. No sabe por que ellos han sido convocados a una de las reuniones de la Orden del Fénix. Si lo tenían todo controlado, ellos no pintaban nada allí.
—Kingsley— intervino Harry— ¿Qué se supone que tenemos que hacer nosotros.
El Ministro de Magia sonrió al muchacho.
—Vosotros tenéis que tener los ojos bien abiertos, Harry. Es probable que Greyback intente atacaros. Sobretodo a ti. Los Malfoy son solo la punta del iceberg. Greyback es vengativo por naturaleza. Lo sé por experiencia— dijo Remus— Nunca se rendirá hasta que vea a todos los que le han causado algún problema hundidos o muertos. Tú, Harry, le has quitado las pocas posibilidades que tenía de hacerse con algo de poder, si Voldemort asumía el control total del Ministerio.
"El único objetivo de Greyback es conseguir la supremacía de su raza. Someter al mundo mágico y muggle a su voluntad, que los licántropos tomen el control y matar a todos los magos y brujas de Inglaterra.
—Eso no lo va a conseguir. No lo vamos a permitir— dijo Harry muy serio.
—Nadie más va a morir en este país. Nadie más va a perder a algún ser querido por culpa de los mortífagos. La Orden del Fénix y el Ejército de Dumbledore van a atrapar a ese criminal y va a pagar por ello— dijo Neville Longbottom levantándose de su silla.
—Tiene razón, señor Longbottom. Ninguno de nosotros quiere que otro mago oscuro aceche entre las sombras en este país.— le dijo Kingsley.
—Por eso vosotros— intervino Remus—, el Ejército de Dumbledore, tenéis que tener los ojos bien abiertos. Es posible que Greyback intente infiltrar a alguno de los suyos en Hogwarts. Esa será vuestra misión. Vigilar la seguridad del colegio, vais a ser los vigilantes de Hogwarts y Hogsemade. Hay que estar preparados para todo, chicos.
—Eso será como hace, mas o menos, un año. Cuando los aurores y miembros de la Orden estuvieron vigilando Hogwarts en sexto año. ¿No es así, señor Ministro? Intervino Ron.
—Efectivamente, señor Weasley, pero ahora será el E. D. El encargado de esa tarea.
—¡Eso será genial! ¿Os imagináis las caras que pondrán los de Slytherin?— exclamó Seamus Finnigan.
—No vamos a defraudarlo Señor Ministro.—Dijo Dean Thomas.
—Confío en vosotros, chicos— dijo sonriendo Kingsley— Demostrasteis ser de gran ayuda durante la Batalla de Hogwarts y por eso os lo recompensamos de esta manera.
—Bien, veo que todo está claro— intervino Remus— Creo que podemos dar por terminada esta reunión, ¿no lo ves así Kingsley?
—Por supuesto Remus. Ya esta todo dicho, podemos terminar.
Los primeros en marcharse fueron Kingsley y Cyntia Robertson, que tenían mucho trabajo en el Ministerio. Los siguientes en marcharse fueron los profesores de Hogwarts, Remus y Tonks se quedaron un poco más, conversando con los Weasley, mientras Harry y los demás, hablaban con los miembros del E.D. sobre la misión que les habían encomendado la Orden
Neville estaba entusiasmado, al igual que Dean Thomas y Seamus Finnigan.
Luna, por su parte, también estaba emocionada, pero se la veía triste. Harry se le acercó y se sentó a su lado.
—¿Cómo estás, Luna?
—Bien, Harry ¿Por qué lo preguntas?
—Te veo triste, ¿va todo bien?
—Sí… bueno, no… la verdad es que no.— le dijo ella con la mirada clavada en un punto en el fondo de la habitación— Solo es que, desde que mi padre ha vuelto de Azkaban, su salud ha desmejorado y en San Mungo aún no saben qué le pasa.
El moreno le pasó un brazo por los hombros y la abrazó tiernamente. Después de Hermione, Luna era como una hermana, le tenía mucho aprecio y era una buena amiga.
—Lo siento mucho, Luna. Si hay algo que yo pueda hacer…
—No te preocupes, Harry, todo se arreglará, solo es cuestión de fe, y yo confío en los sanadores.
—¡Hey, Harry!— lo llamó Ron, interrumpiendo la conversación de los dos— Ven, queremos saber tu opinión.
Harry se acercó de nuevo a sus amigos y Luna lo siguió y se sentó al lado de Dean Thomas. Este también se dio cuenta que su amiga no se encontraba bien y se pusieron a hablar en voz baja entre ellos. Harry sonrió para sí8 mismo, le gustaba Dean para ella, era un buen chico.
—Harry,¿que te parece lo que nos han asignado? — preguntó Ron entusiasmado.
—Es algo normal. La Orden no puede dedicarse en exclusiva a Hogwarts y nosotros les demostramos que somos capaces de defendernos solos, por eso nos han confiado esta misión. Vamos a tener que organizarnos para las guardias.
—Eso será fácil — intervino Cho Chang—, la mayoría de nosotros somos prefectos, o al menos lo éramos el año pasado. Si le proponemos a McGonagall que nombrase a dos alumnos más, no se, como ayudantes o algo así, sería mucho más sencillo.
—Sí, podríamos proponer a alguno de los miembros del E.D. de nuestra casa.— dijo Ernie Macmillan.
—Sí, podría funcionar— dijo Hermione—. Pero creo que no hará falta, McGonagall sabe lo que nos han propuesto, ella ya lo tendrá en cuenta. Somos nosotros los que tenemos que planificar las guardias y cuando empecemos en el colegio, se lo enseñaremos.— miró a cada uno de sus amigos— Si queréis, yo puedo encargarme de organizarlo todo.
—Claro, yo no veo ningún problema, ¿Vosotros?— dijo Zacarías Smith, mirando al E.D.
Todos estuvieron de acuerdo con Smith y poco a poco, cada uno de ellos se marchó de la Madriguera. Lee Jordan se marchó a Sortilegios Weasley, para trabajar en los libros de contabilidad, que estaban algo retrasados debido a todo el asunto de la guerra.
En la Madriguera se quedaron la familia Weasley, Harry y Hermione. Molly les preparó unos emparedados y algo de carne fría. No habían tenido tiempo de hacer nada más consistente para comer. En cuanto Hermione y Ginny hubieron terminado de comer desaparecieron escaleras arriba y dejaron a Harry y a Ron charlando con Arthur y Bill en el salón.
Al cerrar la puerta la pelirroja le dijo:
—Ahora mismo me cuentas qué pasó. ¿Qué te dijo?
—Fue cuando me desperté ayer por la mañana. Oí unos ruidos extraños procedentes de la habitación de él y fui a ver si le pasaba algo.
—¿Y…?
—Era Draco que estaba teniendo una pesadilla. Lo intenté despertar, pero tenía un sueño muy fuerte. Fue horrible, estaba soñando que su padre ordenaba a alguien que me matase. Ese fue el primer momento que me dijo que me amaba. Despertó llorando y lo abracé, no me gustaba verlo sufrir. Fue entonces cuando me besó por primea vez y me confirmó que me amaba.
—¿Tú que le dijiste?
—Al principio no me lo creía, pero a medida que íbamos hablando, me quedó claro que me estaba diciendo la verdad. Lo que me lo confirmó, fue el hecho de que se había enfrentado a su padre, no podía negar ese hecho, Ginny. Entonces me besó de nuevo y si no lo hubiese parado, habríamos acabado haciendo el amor el primer día.
—¿Lo paraste? ¿Pero por qué?— preguntó su amiga atónita.
—Quería hacer las cosas bien.
—Ya, pero eso no duró más que unas horas, ¿no?— dijo Ginny con sarcasmo.
Hermione se ruborizó de pies a cabeza
—¿Qué ironía, no? Ayer por la mañana fuimos a ultimar los asuntos del juicio con Kingsley y cuando salíamos del despacho nos encontramos con tu padre.
—Que mala suerte ¿Qué le dijiste?
—Le tuve que contar la verdad, pero Draco se fue de la lengua. Le dijo a tu padre que éramos novios.
—¿Qué? ¿Está loco?
—Ya te puedes imaginar la cara que puso. Pero se lo tomó bastante bien. Bueno, la ventaja que tuvimos es que estábamos en medio del Atrio, que estaba lleno de gente.
—Por eso estuvieron él y Kingsley hablando un buen rato a solas— dijo Ginny pensativa—, ya me extrañaba a mí.
—Me enfadé con él. Estaba sensible, ya que Kingsley me acababa de decir que tenían a mis padres localizados y entre eso y lo que acababa de hacer Draco, me vine abajo y me escapé de él. Quería estar sola y pensar.
—¿Dónde fuiste?
—Al Refugio. Me senté en los acantilados y pensé. Al cabo de unas horas él me encontró y volvimos a Londres.
—¿Cómo pudo haberte encontrado en el Refugio si tiene el Encantamiento Fidelio?
—Piensa que yo no estaba dentro de la casa de tu hermano, yo estaba en los acantilados. Por eso me encontró. Él sabía que yo había ido al Refugio cuando me enteré de lo de Ron y supuso que habría ido allí de nuevo. Él no podía ver la casa de Bill, el Encantamiento Fidelio funciona a la perfección.
Ginny se sentó a su lado en la cama y Hermione siguió con su relato:
—Fuimos al apartamento, cenamos y cundo fue el momento de irnos a dormir, no pudimos, simplemente no pudimos separarnos. Tanto él como yo, queríamos pasar las pocas horas que nos quedaban juntos, y… pasó lo que pasó— dijo la castaña ruborizándose.
—¿Cómo es?
—¿Cómo es qué?
—Hacer el amor, tonta.—le dijo la pelirroja poniéndose roja.
—Es… no sé como explicarte, lo has de vivir tú misma para saberlo.
En ese momento, un ruido en la ventana las sobresaltó. Al mirar por la ventana, vieron un halcón posado en el alfeizar de la ventana, con un paquete a su lado. Hermione se acercó a él y abrió el ventanal, dejando que el animal entrase con el bulto entre sus garras y lo depositó sobre la cama. El halcón se posó sobre un armario y las miró orgulloso.
La castaña sabía de quién era ese paquete. Era de Draco Malfoy. Se acercó a su cama y quitó el envoltorio. Allí había una túnica de letrado de raso negro, junto con un traje chaqueta también negro. Hermione se quedó maravillada, era hermoso, de estilo clásico. Cuando desplegó la túnica, sobre la cama cayó una cajita de terciopelo verde esmeralda. La castaña la recogió cautelosamente y lentamente la abrió.
En su interior contempló un colgante en forme de Dragón. Era de oro blanco labrado, todo recubierto de pequeñas escamas, y el ojo de la bestia era una esmeralda. En ese momento el halcón voló de nuevo y se posó en el brazo de Hermione suavemente, extendiendo una de sus garras, donde había una nota. La cogió y la leyó:
"Para que convenzas a mi padre de que eres lo mejor para mí.
Siempre te ama.
Draco Lucius Malfoy".
—¿Qué dice, Hermione?— preguntó Ginny con curiosidad— Es de Malfoy, ¿no?
De pronto, la puerta de la habitación se abrió de par en par y las dos amigas se apresuraron a esconder los regalos debajo de la almohada de la cama. Harry ingresa en la habitación sin llamar, y se quedó parado al ver a Hermione y a Ginny escondiendo algo debajo de las almohadas y se fijó que un pergamino se había caído al suelo ante las chicas.
Hermione siguió la mirada del moreno y vio la nota de Draco tirada en el suelo. Con el ruido de la puerta, el halcón se asustó y salió volando por la ventana con gran estrépito, mientras Croockshakes saltaba para intentar coger el ave, y al ver que era algo inútil se volvió a hacer un ovillo encima de la cama ignorando a los presentes.
Hermione quiso coger la nota, pero Harry fue más rápido con la varita y convocó la nota en su mano antes que la castaña pudiese hacer nada al respecto. Se situó al otro extremo de la habitación y leyó la misiva y su cara cambió de golpe a medida que iba leyendo. Al principio su cara se volvió blanca, después adquirió un tono verdoso y al final se tornó roja de ira.
—¿Qué es esto, Hermione?— dijo el moreno con su tono tranquilo pero mortífero.—Dime que lo que pone no es verdad.
—Harry, verás… yo… te lo puedo explicar…
—Espero que me lo expliques, porque en estos momentos, no creo que pueda soportar una mentira, Hermione Granger.— de repente Harry reparó en Ginny— ¿Tu sabías todo esto?
—No, yo me acabo de enterar, Harry.
—Harry, yo quería explicártelo, pero…
—¿Pero qué? Hermione, pensé que confiabas en mí, ¿por qué no podías contármelo?
—Porque yo aún no sabía lo que sentía por él.
—¿Qué quieres decir con eso?— le espetó él.
—Sabes que Kingsley ha dicho que la ayudante del abogado de los Malfoy había descubierto el chantaje al cual estaba siendo sometido el abogado, ¿no?
—¿Quieres decir que eras tu?
—Yo descubrí lo que tramaba Greyback, por casualidad. Cuando me fui al Refugio, estuve trabajando en el juicio de Snape y uno de esos días, que estaba en la biblioteca del Ministerio, oí por casualidad la conversación de Charles y Greyback y se lo conté a Kingsley. No podía permitir que le pasase nada a la hermana pequeña de Charles y tampoco a los Malfoy, no era justo. Se merecen un juicio justo.
Harry miró a su amiga y de inmediato captó un movimiento al lado de la puerta y vio a Ginny que intentaba escabullirse de la habitación.
—¡Tú, ni te muevas de dónde estás! ¿Sabías qué pasaba con Hermione?
—Le juré que no diría nada, Harry. Lo siento.
Harry miró intensamente a la castaña y le dijo:
—Quiero que me lo cuentes todo, Hermione. ¿En qué estabas pensando? Es Draco Malfoy, un maldito mortífago que no ha demostrado ningún tipo de piedad hacia ti. Te ha insultado, te ha humillado y hasta su familia se ha atrevido a torturarte y él no lo impidió, Hermione.— los ojos de Harry llameaban con cada palabra envenenada que lanzaba contra el Slytherin— No entiendo como has podido ofrecerle tu ayuda y… tu corazón. Es… es…
—Yo tampoco sé como ha podido pasar. Bueno, sí lo sé. Hace tiempo que empecé a sentir algo por él, pero me negué a admitir lo que sentía cuando él empezó a tratarme mal. Él era un vil engreído y despreciable idiota que no sabía lo que tenía delante y empecé a odiarlo. Pero todo cambió cuando lo interrogué, despertó aquel sentimiento que había decidido olvidar y todo cambió.
—Sabía que algo había pasado allí adentro. Cuando saliste, no eras la misma, lo noté, pero nunca me imaginé que sería algo semejante.
—Yo tampoco quería admitirlo, pero luego pasó lo de Ron y luego lo del Ministerio y quedé con Draco engañándolo. Le hice creer que había quedado contigo para hablar y se encontró conmigo en Hyde Park.
—¿QUË? Hermione, ¿estas loca? Londres es muy peligroso de noche, podría haberte pasado algo.— Harry se la quedó mirando encolerizado, no solo lo había engañado, sino que también había puesto en peligro su vida por un maldito mortífago. Entonces reparó en que ella había palidecido de tal manera que parecía que estaba enferma y el miedo lo azotó como una maldición.—Hermione, Malfoy no te hizo nada, ¿verdad?
De repente la puerta de la habitación se abrió de nuevo y Ron irrumpió en la habitación y se quedó parado al sentir la tensión que reinaba en el ambiente.
—¿Qué demonios pasa aquí?
—¡Márchate, Ron!— le gritó Harry.
—¡Y una mierda! Aquí pasa algo y quiero saberlo.— miró a cada uno de sus amigos y como no le dijeron nada se mosqueó— ¿No me decís nada?— miró a Hermione— Es Krum, ¿no? ¡Qué te ha hecho ese idiota!
—¡Ya lo has oído, Ron! ¡Lárgate!— le gritó su hermana, dando un paso hacia él.
—¡Qué miedo me das, hermanita!—se burló Ron en su cara.
Crockshakes maulló enfadado al sentir que Hermione avanzaba hacia Ron para interponerse entre los dos Weasley.
—Ron, por favor, ahora no.
El pelirrojo la miró suplicante.
—Solo quiero saber qué está pasando, Hermione.
—Ahora no es el momento, Ronald— insistió la castaña.
—Te he dicho que te marches, Ron. ¡Hazme caso de una vez!— le gritó Harry encolerizado.
—Tu no me tienes que decir lo que tengo qué hacer, Harry Potter— le dijo el pelirrojo claramente cabreado.
Ginny se movió rápidamente y quedó frente su hermano con la varita apuntándolo al pecho.
—¡Lárgate, Ron! ¡Aquí no pintas nada, de lo contrario, te vas a arrepentir!
—¡Piérdete, Ginny!— la pelirroja enrojeció de cólera y blandiendo su varita gritó— ¡Mocomurciélagos !
En cuanto Ron vio que su hermana alzaba su varita y gritaba una maleficio, se lanzó hacia atrás, cayendo de culo al suelo. Asustado por los gritos, Croockshakes, que estaba hecho un ovillo encima de la cama de su ama, saltó por los aires, hacia el pelirrojo y el hechizo le dio de lleno.
El gato cayó sobre Ron y de su chata nariz empezaron a salir unos mocos verdes y espesos en todas direcciones que se agitaban alrededor de la cabeza del animal. Asustado y confundido, el gato lanzó un terrible maullido y saltó hacia la cara de Ron, arañándolo con sus afiladas garras.
El pelirrojo lanzó un alarido de dolor, al sentir que el gato se aferraba a su cara. Se levantó de un salto y echó a correr escaleras abajo, agitando los brazos y gritando como un loco, intentando quitarse al animal de encima, que se sujetaba a su cabeza con las uñas incrustadas en la carne del pelirrojo, aterrorizado por los gritos que profería.
La familia Weasley, que estaba reunida en el salón, vieron como el menor de los hombres de la familia, corría hacia la cocina con una bola de pelo naranja pegada a su cara, con una especie de alas de hada embadurnadas de moco de troll, que se agitaban alrededor de la cara del animal.
Los Weasley se quedaron estupefactos, al verlo pasar a toda velocidad, pero al cabo de pocos segundos, los hombres de la familia salieron corriendo detrás de Ron, que estaba dando vueltas alrededor de la mesa de la cocina, gritando:
—¡Quitádmelo de encima! ¡Ayudadme!
En un último intento por quitarse de encima al asustado animal, Ron salió hacia el jardín a toda velocidad. Los gemelos y Bill se asomaron por la ventana de la cocina y el señor Weasley se quedó estático en la puerta del jardín, contemplando a su hijo menor mientras corría de un lado a otro del jardín.
—Te apuesto un Galeón, George, a que se estampa contra el seto.
—¡Hecho!— le dijo su hermano estrechándole la mano y mirando con atención a Ron.
De repente, el menor trastabilló y se cayó de cabeza entre las ramas del tupido seto, mientras el gato seguía firme sobre la cabeza del pobre Ron.
Los gemelos rieron a carcajadas y un Galeón pasó de manos, mientras un desesperado Ron intentaba incorporarse.
—Yo te apuesto dos a que los gnomos aprovechan la situación para vengarse por las veces que los ha hecho volar por encima del seto— dijo George a su gemelo.
—¡Hecho!— dijo el otro estrechando la mano a George, mientras observaban las madrigueras de los gnomos.
De repente, vieron cono uno de ellos asomaba su tuberculosa nariz y hacía una señal hacia los demás, mientras todos salían en tropel hacia el pobre muchacho y se abalanzaban sobre él, mordiéndolo dónde podían.
—¡Hay! ¡Malditos bichos! ¡Hay!
Los gemelos se desternillaban de la risa y George le daba los dos Galeones a su hermano. De repente una voz a sus espaldas los distrajo.
—Apuesto tres Galeones a cada uno a que el muy idiota se queda atrapado en alguno de los agujeros de los gnomos al levantarse.
—¡Hecho!— exclamaron los gemelos a la vez.
Y dicho y hecho, Ron se levantó como pudo e intentó quitarse de encima a Croockshakes de la cabeza, pero el gato hundió aún más las garras en la carne del chico y él volvió a gritar de dolor. Echó a correr de nuevo y uno de sus pies se hundió hasta la pantorrilla en una madriguera de gnomo y cayó de bruces al suelo, haciendo que el gato se le aferrase a la espalda y le dejase la camiseta hecha jirones.
—¡Ah! ¡Maldito animal!
Ron intentó girarse de espaldas para quitarse a Croockshakes, pero el pie en la madriguera le impedía cualquier maniobra. Los gemelos Weasley estaban medio colgando de la ventana, llorando de la risa, mientras que Bill se había apoyado con las dos manos en el marco de la misma, con la frente apoyada en ellas, intentando que entrase un poco de aire en sus pulmones, a causa de las carcajadas.
De pronto, una voz sonó a sus espaldas, medio entrecortada.
—Os apuesto todas vuestras ganancias a que en menos de cinco segundos aparece vuestra madre para sacarle las castañas del fuego a vuestro hermano.
Los chicos miraron a su padre riendo a mandíbula partida. Los gemelos alzaron sus pulgares en señal de aceptar la apuesta y Bill le dijo:
—¡Hecho!
El señor Weasley alzó su mano derecha con los cinco dedos extendidos y fue quitándolos uno a uno. Cuando le faltaban por quitar dos de ellos, desde la puerta del salón, viniendo hacia ellos, se escuchó la voz chillona de Molly.
—¡Ya es suficiente!— exclamó entrando en la cocina y fulminándolos con su mirada, salió hacia el jardín y se quedó parada en los escalones del porche con los brazos en jarras— ¡Ronald Weasley!— sacó su varita y descendió los dos escalones hacia el césped. Estaba colorada y miraba con reprobación a su hijo menor, que estaba patéticamente tirado en el suelo con el gato pegado a su espalda y gimiendo como un tonto.— ¿Qué le has hecho al gato?— Croockshakes se aferraba con todas sus fuerzas a la espalda lastimada de Ron desesperadamente— ¡Finite !— el gato se quedó quieto un momento y los mocos dejaron de agitarse a su alrededor, cayendo sobre su hijo— Ya decía yo que era muy extraño que hubiese tanta paz con la llegada de Hermione. Si ella sabe que has atacado a su gato, te puedes ir preparando. Venga, levanta tu trasero del suelo…
Así como Molly iba hablando iba curando los arañazos de su hijo. Cuando hubo terminado, le dio un tirón de orejas a Ron y lo levantó del suelo de un salto.
Los tres hermanos y el padre de los Weasley, se estaban partiendo de risa en la puerta de la cocina que daba al jardín. Arthur extendió una mano hacia sus hijos y los tres le dieron los Galeones ganados en las apuestas anteriores, mientras las lágrimas les resbalaban por las mejillas.
Mientras tanto, en el piso de arriba, Harry cerró la puerta mediante magia y silenció la habitación con un Muffiatto. En el piso de abajo se oían los gritos de Ron y las risas de los gemelos. Seguramente, en otras circunstancias, los tres habrían bajado para ver como el pelirrojo se liberaba del gato, pero se estaba discutiendo un tema muy serio y no quería dejarlo para más tarde.
—Dime que Malfoy no te hizo nada.— le exigió Harry, mientras sentía que el miedo se iba convirtiendo en ira.
—Él nunca me habría hecho daño, Harry. Solamente estaba en el momento equivocado y en el lugar incorrecto.
—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó el moreno que ya empezaba a calentarse de verdad. Harry vio que ella bajaba la mirada y la clavaba en sus pies.
—Un muggle me atacó…— de repente, clavó sus ojos en los verdes de Harry—, y si no hubiese sido por Draco, ahora estaría muerta.
Harry la miró estupefacto.
—No si aún tendré que agradecerle a ese energúmeno que esté viva.— murmuró por lo bajo el moreno— Luego qué pasó.
—Draco me salvó del violador y lo mató.
Harry dio un paso hacia atrás debido al impacto de esas palabras.
—¿Que hizo qué?— no podía creer lo que le acababan de decir.
—Lo mató para quitármelo de encima. Fue la experiencia más horrible que he tenido que vivir.
—No me lo puedo creer ¿De verdad lo mató?— Hermione asintió— No pudo matar a Dumbledore, pero sí mató a un muggle. Esto es increíble. Estamos hablando de Draco Malfoy, del cobarde más astuto de Slytherin…
—No es ningún cobarde, Harry— le espetó Hermione, elevando la barbilla al techo— Es el hombre más valiente que he conocido. Puede que parezca un cobarde, pero ni tú ni nadie sabe lo que ha tenido que vivir. No tenéis ni idea — miró a Harry desafíante— Tú no has tenido que torturar a gente que conocías, no has estado sometido bajo la varita de Voldemort día y noche, no has tenido que presenciar torturas y asesinatos — unas gruesas lágrimas empezaron a resbalar por el pálido rostro de la castaña— No tenéis ni idea de lo cruel y miserable que es la existencia de un mortífago.
Harry se sintió como un mierda, había hecho llorar a su mejor amiga, a su hermana. Siempre había sido Ron el causante de los llantos de la castaña y ahora, después de lo que le había dicho ella, sabía que había juzgado mal a Malfoy.
—Perdóname, Hermione. No llores, no quería hacerte daño.— la castaña se abalanzó a sus brazos y enterró su rostro en el pecho de Harry que la rodeó con sus brazos y miró a Ginny con impotencia— Si tú lo amas, Hermione, yo no soy nadie para impedírtelo. Solo espero que él sepa lo que ha conseguido.
—Gracias, Harry. Significa mucho para mí que lo entiendas.
—Yo siempre estaré a tu lado, siempre te apoyaré. Eres como una hermana para mí, Hermione.— la castaña miró a los ojos a Harry y sonrió— Quiero que me cuentes todo lo que ha pasado entre tú y Malfoy.
—Solo te lo contaré si me prometes que no se lo contarás a Ron, él no tiene por que saberlo, hasta que sea inevitable.
—Yo también creo que no es buena idea que lo sepa.
—Ron no lo entendería, aunque se lo planteases con un esquema— dijo Ginny acercándose a ellos.
—Por eso os lo pido.
—Míralo por de este modo— dijo la pelirroja con una sonrisa malévola—, es la manera perfecta de vengarte por todo lo que te ha hecho.
Hermione miró a su amiga y luego a Harry y los abrazó a los dos diciendo.
—Sois los mejores amigos que podría tener.
