Cap. 28 (You can't hurry love - Phil Collins)

―Nisa dice que Dumbledore te invitó a salir ―aseguró Filius con malicia cuando llegué.

―No fue... ―empecé a decir, pero me detuve. Corregirle implicaba contarle en qué estaba equivocado y, por ende, la verdad que no quería contar―. Rosmerta es una chismosa y alguien tendría que enseñarle de una vez por todas a no meterse donde no le llaman ―sentencié en cambio, con desprecio.

―Dijo que tú se lo dijiste ―se defendió él.

―Mintió ―sentencié echándole mí mejor mirada de hielo.

―¿Pero lo hizo? ―preguntó Amelia dulcemente.

―¿Hacer qué? ¿Quién? ―le respondí yo, un poco más suave.

―Dumbledore, ya sabes... ¿Lo hizo? ¿Te invitó a salir o algo así?

―Sí... ¡No! ―grité, por un momento había bajado la guardia―. Es decir, valoró la idea de que le acompañara a Londres por un asunto importante del Winzegamot ―me inventé sobre la marcha para darle más seriedad―. No como una cita o algo así y en cualquier caso, luego desestimó la idea.

―¿La desestimó? ¡Oh, Merlín! Pobrecita mía, debes estar pasando un infierno ―se lamentó Amelia preocupada.

―¿Cómo? ―pregunté confundida, no me esperaba esa reacción en absoluto.

―Y, ¿por qué la desestimó? ―preguntó Filius tomando las manos de Amelia.

―Porque... Bueno, de hecho creo que fue mi culpa, me invadió el pánico y no supe qué responder ―admití―, pero no por él, por los exámenes, no puedo... Perder tiempo de estudio ―agregué rápidamente, intentando buscar una explicación a mi comportamiento que no fuera la evidente ―. Así que cuando lo sopesó, dijo que sería yo quien le haría el favor a él si le acompañaba y decidió mejor compensarme levantándome el castigo ―expliqué, ambos me miraron fijamente.

―Minerva McGonagall: Eres tonta de remate ―me riñó Amelia.

―Sí, cualquiera diría que tienes una media de notas perfecta y que eres la única alumna de la escuela capaz de transfigurar el cristal reflectante ―añadió Filius. Yo parpadeé un par de veces y me enfadé, ¿pero qué se creían? ¿a qué venía eso?

―Supongo que hoy lo has sacado de su error y le has dicho que te mueres de ganas de ir con él ―advirtió Amelia como si fuera evidente.

―No, claro que no ―la reté.

―Eres tonta de remate ―sentenció suspirando con cansancio.

―Pobre hombre, menudo chasco debió llevarse, esperemos que se lo pidiera por... Quién sabe, quedar bien o algo ―dijo Filius negando con la cabeza.

―¿De qué demonios estáis hablando? ―pregunté completamente confundida, sin entender nada.

―¿Ves lo que decimos? ¡Tonta! ¿Cómo puede ser que alguien que sabe tanto como tú no entienda esto? Hablamos de Dumbledore, por supuesto. Si te invitó porque quería que le acompañaras y tú no le dijiste que también querías ir con él... ¿Cómo crees que se quedó? ―explicó Filius.

―Pero... Pero... Él ni siquiera me preguntó, simplemente dio por hecho que... Es decir...― intenté defenderme.

―Quizás tenía miedo de que le dijeras que no, él es un profesor y tú una alumna. No hace ni tres meses que trabaja aquí, probablemente no quería meterse en problemas ―reflexionó Amelia.

Me estaba sintiendo idiota por momentos, yo misma había pensado todo eso aún sin saber cuan cierto era, pero así expuesto parecía tener tanto sentido que cualquier otra explicación perdía consistencia... Después de todo, eso quería creer.

―Bueno, pero ya está hecho. Ahora ya es tarde ―me encogí de hombros.

―¿Por qué? ¿Se ha incendiado Londres? ¿Dumbledore se ha ido del país para nunca más volver? ¿Ha muerto? ―preguntó Filius sarcásticamente.

―¿Insinúas que vaya y le diga algo como "Perdone profesor, pero he reconsiderado su propuesta sobre la excursión a Londres y creo que voy a aceptarla gustosamente."? ¿Dos días más tarde? ¿Sin venir a cuento de nada? ―pregunté retóricamente.

―Eeh... En realidad esperaba que usaras un lenguaje menos formal, pero bueno, supongo que sería demasiado pedir en tu caso.

―¡No voy a hacer eso! No quiero que piense que... ―empecé.

―¿Que qué? ¿Que le correspondes? ¡Huy si! ¡Mira que si se da cuenta! ¡Qué tragedia! ―respondió con sarcasmo de nuevo.

―¡Yo no le correspondo en nada! ―respondí nerviosa―. Y en cualquier caso, ¿qué pasa si no me invitó por eso?, ¿qué pasa si fue por compromiso o por quedar bien?

―Claro, porque como tiene una obligación moral y compromiso inquebrantable para contigo.

―No, pero... Igualmente... No sé, es lo que tú has dicho. Es un profesor, es mayor que yo... Es raro. Probablemente sólo lo dijo por decir.

―Piénsalo fríamente―me pidió Amelia―. Tú estás en el otro lado, también es raro para ti y no por eso... Además, no es la primera vez que te invita a hacer algo.

―Ya. Si bueno, claro, pero...―empecé a decir cuando Filius me detuvo.

―Haznos un favor a todos, díselo ―ordenó tajante y luego besó a Amelia sin venir a cuento de nada.

Yo me quedé pensando en ello. Por supuesto que quería pensar que era correspondida pero algo me hacía dudar que así fuera. Probablemente era el hecho de que nunca antes me había pasado hasta entonces. Parecía una especie de broma cruel. Además estaba el hecho de que él era simpático y bueno con todo el mundo, conectaba con la gente... Con todos. ¿Cómo podía saber si yo era especial? Aunque era cierto que a nadie más le había dado una rosa como a mí. Claro, que solo era una motivación y eso si se lo daba a todo el mundo. Sacudí la cabeza. Menudo lío, nunca antes me había pasado algo así, ¿Qué se suponía que hacía la gente en estos casos para no acabar mal de la chaveta?

xoXOXox

El jueves salí corriendo de historia de la magia, Amelia y Filius me habían convencido. Ya había suficiente. Tenía que decirle a Dumbledore que quería ir con él a Londres, no podía esperar que siempre me lo diera todo hecho sin que yo me esforzara nunca, siempre me mantenía fría y distante mientras él era tan cálido... Eso tenía que acabarse.

Entré al aula con determinación, estaba sentado en la mesa del profesor con un pergamino enorme sobre la mesa, parecía el dibujo del castillo estaba concentrado, silencioso, imponente...

Tragué saliva y cerré la puerta. Levantó la vista sonriente y cuando me encontré con sus ojos, empecé a temblar y cerré los míos intentando no pensar en que estaba haciendo el ridículo.

―¡Ah! ¡Minerva! ―saludó como siempre. Me acerqué hasta mi sitio mirando al suelo, ¿Cómo iba a decírselo?, ¿y si no quería que fuera con él? ¿Y si lo había dicho por decir? ― Qué pronto llegas hoy. ¿Va todo bien? ―preguntó preocupado sacándome de mis pensamientos.

―Ah... Eh... Sí. Sí claro, quiero decir, sí. Estaba... Pensando ―balbuceé nerviosa. ¿Pero qué demonios pasaba conmigo? Iba a decirlo e iba a hacerlo en ese preciso instante. Sólo eran palabras ¡Y yo era una Gryffindor! Si él había podido decirlo también podía hacerlo yo. Y punto. Tomé aire y cerré los ojos―. Quería saber si aún… ―empecé en un susurro, pero me detuvo.

―Ah, Pensar... Eso es bueno. A mí me gusta mucho pensar, ¿Sabes? Sobre todo en la sala de profesores, me apodero de un sillón frente al fuego, me pongo así ―dijo acurrucándose en la silla ― cierro los ojos y puedo pasarme horas... Pensando. A veces pienso tan fuerte que suena y todo. ―hizo el sonido de un ronquido y luego se carcajeó. Le miré por encima de las gafas y negué con la cabeza mucho más tranquila. ―dime, ¿En qué pensabas tu? ―preguntó poniéndome tensa de nuevo.

―Ah, no... En nada. Es decir, si en algo, pero no importa ―dije con una sonrisa forzada pero me reproché de nuevo mi falta de valor.

Probaríamos otra estrategia. Si de algún modo lograba que fuera él quien volviera a decirlo, yo sólo tendría que decir que había cambiado de idea, eso era mucho más fácil.

― Eehm...Bueno... ―empecé, tratando de sonreír y no pensar de nuevo en el ridículo―, de hecho sí importa, ¿se acuerda del otro día en el aula de pociones? ¿Lo que usted di...

Un ruido en la ventana me detuvo, él se giró a mirar y yo lo imité. Era el fénix, estaba golpeando los cristales.

―¡Ah! Debe ser una carta del Ministerio. Perdona, Minerva ―se disculpó levantándose y yendo a la ventana abrirle para que pudiera entrar.

Fruncí el ceño con rabia. De nuevo había estado a punto de decírselo y de nuevo me habían interrumpido. Mis ganas de provocar una masacre colectiva aumentaban.

Tenía que llamar su atención de alguna otra manera. Tenía que cambiar de estrategia.

Pensando en llamar su atención caí en Malkin, ella lograba hacerlo cada vez que le daba la gana con una facilidad pasmosa. ¿Cómo lo lograba?... Con el nombre. Llamarlo por su nombre. Esa era la clave. Si conseguía llamarlo Albus como hacia Malkin la tensión seria menor.

Necesitaba más familiaridad, era tan evidente que parecía un chiste no haber caído en ello antes. Hasta Filius me había dicho que no le hablara de una manera tan formal. Tenía que conseguir acercarme y obtener confianza, así no sería tan tenso. No podía ser tan difícil. Si él había podido hacerlo con naturalidad y me llamaba Minerva desde el mismo maldito momento en que había leído mi nombre en la lista… Yo también podía hacerlo.

Sí, definitivamente. Estaba todo calculado. Nada podía salir mal. Podía imaginar toda la escena desarrollándose en mi mente con perfecta fluidez y lujo de detalles.

Él decía algo como "Gracias Minerva, siempre me estás ayudando en todo, ojalá pudiera compensarte" (Continuamente estaba diciendo cosas como esa, no necesitaría ni provocarlo) Y yo tranquilamente le respondía algo como "De nada, Albus." Entonces él se sorprendía y aprovechando su confusión yo añadía algo como "Ya que lo propones, ¿porque no me compensas llevándome a Londres?"

Era un plan perfecto, era redondo, era a prueba de fallos… era una soberana estupidez.

―Perdona Minerva. ¿Qué me decías? ―se volvió hacia mi cuando el fénix se hubo ido, aún con el sobre en la mano. Inspiré profundamente.

―Lo que quería decir, Alb... ―empecé, pero me quede paralizada muerta de vergüenza. ¡Con lo bien que iba!

Él inclinó la cabeza levantando las cejas a la expectativa, incitándome a seguir hablando.

―Alb... ―balbuceé de nuevo. Por Merlín, no era tan complicado. Sólo eran dos malditas silabas, "Dumbledore" era mucho más largo y me salía perfectamente bien. Tomé aire, si Malkin podía yo también.

―Al...o mejor podría hacer usted esta torre más alta ―dije por fin soltando todo el aire y señalando el plano.

No. No podía. Me sentía ruborizar por momentos, era ridículo.

Él mismo se olía algo raro ya, me había preguntado si quería contarle algo no hacía ni dos días, por algo lo diría. Además, no quería sacrificar esa tranquilidad que siempre conseguía darme, si se lo decía y se daba cuenta de lo que realmente significaba y me rechazaba, no volvería a estar tranquila con él. Lo mejor sería mantenerme alejada de él, poner distancia para que yo pudiera serenar mis sentimientos. Me esperaban unas cuantas semanas infernales, pero podría conseguirlo. Dejando de lado sus clases no tenía por que verle o hablarle para nada.

―¿Más alta? ―preguntó alzando una ceja con suspicacia y, luego, mirando donde yo le señalaba cuando empezó a entrar a clase todo el mundo, suspiré aliviada y me fui a mi sitio. Sí, definitivamente poner distancia era lo mejor.