ADAPTACIÓN. Ni los personajes ni la historia me pertenece, está adaptado por Martasnix.
Capítulo 29
Reyes estaba sentada en la cama mirando el vestido de Blake con los nervios enroscados en la boca del estómago como una víbora preparada para atacar. Sus dedos se pusieron blancos cuando aferró con ambas manos el borde del colchón. Las mantas retiradas dejaban ver las sábanas, llenas de arrugas, en las que habían pasado las últimas horas, acurrucadas la una contra la otra. Con qué rapidez la vida se movía de una apacible comodidad a la peor de las incertidumbres. En su mente se agolparon un montón de plegarias, pero no expresó ninguna en voz alta. «No quiero que vayas. Tengo un mal presentimiento. Aún no te has recuperado del disparo, y sé que sigues afectada por lo que ocurrió el 11/S. No estás en buenas condiciones. Estás cansada, sé que estás cansada. Así es más probable que te hieran. De ninguna manera quiero que vayas.»
-Seguramente volveré esta noche -dijo Blake remetiéndose un polo negro en los vaqueros también negros. Cogió la funda de la pistola del tocador, comprobó automáticamente el arma y la colgó del cinturón sobre la cadera derecha. Alcanzó el chaleco antibalas del FBI que había colocado en el respaldo de la silla cuando escogía la ropa del armario. Se lo puso y metió la mano derecha bajo la prenda para tocar la pistola, cerciorándose de que nada impedía que la sacase-. Si me retraso, te llamaré.
-Vale.
«No vas vestida para una reunión.»
Blake se volvió y miró a Reyes desde el otro extremo de la habitación.
-No te preocupes, cariño.
-No me preocupo. De todas formas, ten cuidado.
-Percibo tu preocupación desde aquí -Blake salvó la distancia que las separaba, puso las manos sobre los hombros de Reyes y se inclinó para mirarla a la cara-. Seguramente pasaré el día entero en reuniones. Ya sabes lo lento que va todo cuando hay que contar con los jefes.
Reyes asintió.
-Si sucede ... algo interesante, estarás ... bien.
-Raven -dijo Blake en tono dulce, sentándose en el regazo de Reyes y rodeando con los brazos los hombros de su novia-, es mi trabajo. Igual que el tuyo consiste en cuidar a Clarke. Sé lo que eso significa. Cuando sales con ella por la puerta, sé lo que significa. Si me obsesiono, me vuelvo loca.
-Tienes razón -murmuró Reyes enterrando la cara en el ángulo entre el cuello y el hombro de Blake y abrazándola-. Es solo que te amo.
-Hummm, y yo también te amo -Blake deslizó la mano bajo la barbilla de Reyes y levantó su cara. La besó despacio aunque apenas tenía tiempo. Sabía que la comandante la esperaba, pero le debía aquel momento a Raven. En el fondo sabía que cualquier despedida podía ser la definitiva y quería expresar todo lo que sentía su corazón. Demoró la boca sobre la de Reyes e introdujo la lengua dentro en un último beso-. Te llamaré.
-Hasta luego -dijo Reyes esforzándose por sonreír mientras la dejaba marchar de mala gana.
Clarke y Zoe llegaron al porche posterior a tiempo de oír las últimas palabras de Lexa:
- ... Queremos estar. Nos lo hemos ganado. De acuerdo. Sí. Gracias -cerró el teléfono bruscamente cuando Clarke se acercó a ella-. Hola. Solo tengo un minuto. Lo siento.
-¿Quién era? -preguntó Clarke.
Zoe apretó la mano de Clarke.
-Voy dentro a ducharme.
Clarke no dijo nada; siguió estudiando el rostro de Lexa mientras repetía:
-¿Quién era?
-Gustus Carlisle -respondió Lexa refiriéndose a su superior inmediato.
-¿Y qué va a hacer? ¿Dejar que te líes a tiros con esos individuos? -Clarke agarró las solapas de la cazadora de cuero de Lexa y la sacudió-. Me lo prometiste. Me prometiste que te mantendrías al margen. Maldita sea, Lexa. Lo prometiste.
-Lo sé. Y lo prometí sinceramente -Lexa cubrió las manos de Clarke con las suyas sin resistirse-. Iba en serio. Dije que estaría en la retaguardia y lo haré. Lo juro.
Clarke la atrajo hacia sí y la besó con intensidad. Le dolieron los labios, y se dio cuenta de que a Lexa también le dolerían, pero no le importaba. Si no podía impedir que se fuese, no podía apartarla del peligro, le dejaría bien claro qué perdería si se arriesgaba. Aquel amor, aquella vida que habían hecho, era lo que quería que Lexa recordase cuando tuviese que elegir entre su deseo de hacer justicia y su propia seguridad. Lexa se dejó arrastrar, indefensa ante el ataque de Clarke. La fuerza de la exigente boca de Clarke la dejó sin aliento. No se dio cuenta de que Clarke la empujaba hasta que su espalda chocó contra la columna de la terraza, y Clarke la apretó contra ella. Por fin desvió la cara y se evadió del beso, pero no pudo huir del frenesí de las manos de Clarke sobre su cuerpo.
-Por Dios. Necesito la cabeza despejada para pensar, cariño. Dame un respiro.
-Quiero que lo pienses -murmuró Clarke con la boca contra el cuello de Lexa-. Hoy piensa en mí, Lexa. Piensa en hacer el amor conmigo, en lo mucho que te necesito. Y vuelve enterita.
-Nunca pienso en nadie más que en ti -dijo Lexa antes de reclamar la boca de Clarke con tanta pasión como había reclamado Clarke la suya. Tras otro instante de voracidad, se apartó-. Te amo.
-Sí, ya lo sé -Clarke apoyó la frente en el hombro de Lexa, deslizó las manos sobre la parte delantera de su cazadora de cuero y las introdujo bajo la prenda para acariciar su pecho-. Como si eso fuese la respuesta para todo.
-¿Y no lo es? -Lexa sonrió y besó a Clarke en la frente-. Volveré pronto, cariño -se escabulló del abrazo de Clarke, bajó las escaleras, dobló la esquina de la casa y desapareció.
Clarke se apoyó en la columna contemplando el amanecer sobre el océano. Era indescriptible, increíblemente hermoso. Como el amor. Entró corriendo en la casa para no perderse aquel momento, arrojó la chaqueta al suelo y puso un lienzo limpio en el caballete. Con la vista en el amanecer y el corazón detrás de Lexa, empezó a pintar.
Blake oyó el ronroneo de los rotores antes de que el punto negro del horizonte se convirtiese en un MH-6 Little Bird, un helicóptero ligero de ataque para operaciones especiales. Era una de las naves de ataque más pequeñas del ejército estadounidense, y se utilizaba sobre todo para operaciones de inserción y extracción. Por lo general, llevaba seis comandos en las plataformas exteriores, pero en aquel momento las rampas estaban vacías. Blake miró a Lexa.
-Curioso medio de transporte para ir a una reunión, comandante.
-Ha habido un pequeño cambio de planes -dijo Lexa sin apartar los ojos del helicóptero, que en ese momento descendía-. Hay cierta alarma pues hemos tenido un fallo en la integridad de nuestro equipo y nuestro servicio de inteligencia tal vez no sea seguro.
«Fallo en la integridad de nuestro equipo.» Blake dio vueltas a la frase y la tradujo como que alguien de las altas esferas sabía que Harper se había ido y que seguramente había informado a la CIA, no solo de la localización del campamento paramilitar, sino también de las pruebas que apuntaban al vínculo terrorista de Jaha. «Nuestro servicio de inteligencia tal vez no sea seguro.» Y a alguien con mucha influencia le preocupaba que alguien más llegase primero a la fiesta. Se decantaba por el Departamento de Defensa, que podía movilizar una acción de ese tipo con gran rapidez.
-Es bastante raro desplegar tropas militares contra civiles, ¿verdad? -preguntó Blake-. Creí que era cosa nuestra, del FBI, detener a esos tipos.
-En condiciones normales lo haríais vosotros -respondió Lexa-. Pero estas no son condiciones normales. Y tras lo sucedido en Waco en 1993, con toda la polvareda mediática que levantó, supongo que la Casa Blanca está dispuesta a saltarse las normas para hacer las cosas con rapidez, discreción y eficiencia.
-¿Y .. vamos a participar? -Blake no pudo disimular la emoción.
Lexa sonrió con triste satisfacción.
-Sí.
-Si no le molesta que le pregunte, ¿cómo ... ?
-He hecho algunas llamadas.
-¡Qué putada! Quiero decir, gracias, comandante -Blake sonrió «Apuesto a que fueron unas cuantas llamaditas, empezando por la jefa de gabinete.» Le brillaban los ojos de emoción. Sus susurros se perdieron entre rugidos de motores cuando el helicóptero aterrizó en medio de una nube de polvo y desperdicios-: Allá vamos, cabrones.
Blake y Lexa corrieron por la pista de asfalto con las cabezas gachas, y la puerta del helicóptero se abrió de golpe. En cuanto entraron en la nave, un militar con uniforme de combate y los galones de teniente en las hombreras se agachó frente a ellas. El helicóptero inició el ascenso.
-¿Quién de ustedes es Woods? -gritó entregándoles cascos para protegerse del ruido del motor y hablar durante el vuelo.
-Yo -respondió Lexa colocándose los cascos y encendiendo el transmisor. Agarró una correa que colgaba del techo para sujetarse y señaló a Blake-: Agente especial Blake, FBI.
El teniente las saludó con una inclinación.
-Repostaremos en Virginia y nos uniremos a otras naves para ir directamente al objetivo. Nos han ordenado que las consideremos miembros natos del equipo. Estarán en la zona de combate.
-Entendido -respondió Lexa.
-Hay chalecos debajo de los bancos. ¿Necesitan rifles de asalto?
-Vamos armadas -respondió Lexa-. No necesitamos nada, teniente.
El hombre la observó un momento y asintió dándose por satisfecho.
-Buen viaje -se sentó en cuclillas, agarró con una mano otra correa, cerró los ojos y dio la impresión de que dormía.
Blake miró a Lexa, arqueó las cejas y sonrió dibujando con los labios las palabras:
«Que empiece la marcha».
Lexa sonrió e hizo un gesto afirmativo.
Clarke salió a la terraza con dos tazas de café y ofreció una a Reyes.
-Gracias -dijo Reyes cogiendo la taza. Brillaba el sol, pero seguía haciendo frío, y, aunque no solía molestarle, esa mañana lo acusaba mucho. Se estremeció dentro de su cazadora reglamentaria de nailon.
-¡Qué mañana tan asquerosa! -exclamó Clarke.
-Sí. ¿Cómo está Zoe?
-Bien. Empeñada en creer que Harper tenía buenas razones para hacer lo que hizo, al menos de momento.
-Estoy segura de que tenía un motivo -gruñó Reyes-. Si era bueno o no, depende desde dónde se mire.
-En realidad, Harper nunca formó parte de este equipo.
-No oficialmente, pero confiábamos en ella. Indra está muy mosqueada. Trabajaron muy unidas en esto.
-¿Sabes qué ocurre?
-No muy bien.
-¿Me lo dirías si lo supieras?
Reyes sostuvo la mirada interrogante de Clarke.
-Creo que el éxito de la comandante a la hora de dirigir este equipo se debe a que nunca le ocultó nada. Sí, se lo diría.
Clarke esbozó una tierna sonrisa.
-¿No crees que se debe a que estoy enamorada de ella y hago todo lo que me dice?
Pasaron unos momentos en los que Reyes se esforzó por no traicionar su expresión, pero acabó cediendo y echándose a reír.
-Vaya, jamás se me ocurriría semejante cosa.
-Entonces, no crees que siempre fui así de fácil.
-Creo que la posición que ocupa no tiene nada de fácil -apuntó Reyes muy seria-. Y mi único deseo es procurar que sea lo menos incómoda posible.
Clarke apoyó la cadera en la barandilla con aire pensativo mientras admiraba la clara sinceridad y bondad esencial de Reyes.
-Te debo una disculpa.
Reyes la miró confundida.
-¿Cómo dice?
-Por aquella noche en Colorado.
-No, en absoluto -respondió Reyes-. Lo que ocurrió aquella noche fue mutuo.
-No te has puesto colorada. Y no sé cómo interpretarlo.
-Digamos que no me avergüenzo de algo que siempre será muy especial.
Para su sorpresa, fue Clarke la que se puso colorada.
-Vaya. Gracias.
-Octavia no lo sabe.
Clarke sonrió.
-Y nunca lo sabrá, a menos que tú se lo cuentes.
-Creo que no le importa mucho el pasado.
-Una mujer inteligente.
-Sí -dijo Reyes con un suspiro. Bebió el café y contempló la playa vacía-. Me siento mal porque a veces me gustaría que no fuese agente del FBI.
-Me parece lógico. Seguro que muchas veces a ella también le gustaría que no fueses agente del Servicio Secreto.
Reyes asintió.
-Dijo algo así esta mañana.
-Y supongo que ninguna de las dos piensa retirarse.
-No, creo que no -Reyes se enderezó sacudiéndose la melancolía. Hacía mucho tiempo que habían rebasado los límites de la relación profesional y, aunque apreciaba la amistad, tenía que trabajar-. Tenemos que hablar de su agenda para hoy.
-¿Mi agenda? -Clarke torció el gesto-. Cualquier cosa que me permita olvidar el infierno en el que se ha metido mi amante.
-Seguro que a la comandante no le ocurre nada -dijo Reyes con absoluta certeza.-. Pasarán el día de reunión en reunión con diferentes comités.
Clarke la miró con recelo.
-Eso no te lo crees ni tú, ¿verdad?
-No -reconoció-, pero tampoco creo que se pueda montar ninguna acción con tanta rapidez. Hay que planear mucho, y mucha gente querrá ponerse al mando -Reyes sacudió la cabeza-. Se reunirán con los asesores de seguridad del Presidente y tal vez con la cúpula del comité de Inteligencia. Simplemente.
-Marca el número de la Casa Blanca en tu línea segura -ordenó Clarke.
Reyes parpadeó.
-¿Disculpe?
-Quiero hablar con Abigail, y sé que en principio nadie sabe dónde estamos. Así que facilítame las cosas.
-Uff, no creo que sea buena idea ...
Clarke se rió.
-En este punto es donde te das cuenta de que ser mi jefa de seguridad es peor que un grano en el culo. Porque puedo llamar a cualquiera, en cualquier momento y desde cualquier lugar. Por tanto, si no quieres que utilice el teléfono del salón ...
-Un momento, señorita Griffin -pidió Reyes respetuosamente y abrió el teléfono. Marcó una serie de números y le entregó el teléfono a Clarke-. Ahí lo tiene.
-Gracias -dijo Clarke en tono dulce. Reyes se dirigió a las escaleras para respetar la privacidad de Clarke, que añadió-: No hace falta que te vayas. Esto también te afecta. ¿Hola, Abby? Soy Clarke.
-Clarke, ¿va todo bien?
-Sin problemas. Si pasas por alto el hecho de que estoy escondida porque mi amante no se fía de nadie, ni siquiera de ti.
-Creo que, de momento, lo más sensato es respetar las decisiones de la comandante Woods. El Presidente confía totalmente en ella.
-Caramba. Todo el mundo cree que es sobrehumana. Y por eso te llamo, por tanta confianza que se deposita en ella. ¿Dónde está mi amante exactamente? -aferró la barandilla mientras esperaba la respuesta, oyendo solo un leve zumbido de fondo.
-Me temo que no tengo una respuesta en este instante. Sin embargo, puedo asegurarte ...
-¿No quieres decírmelo o no puedes hacerlo?
-Las dos cosas y a estas alturas ya deberías saber por qué.
A Clarke le pareció oír un suspiro, pero no estaba segura, y sería muy raro en Abigail. Antes de que pudiese exigir más información, Abigail continuó:
-Si me llamas dentro de dos horas, podré decirte algo más. Es todo lo que puedo hacer, Clarke.
Clarke miró su reloj.
-No te vayas. Te llamaré exactamente dentro de dos horas -apagó el teléfono y miró a Reyes, cuyo rostro era un espejo de ansiedad apenas reprimida-. No creo que estén en una reunión.
