Soledad
-¡Astoria!- gritó Daphne logrando despertar a la castaña -¿Otra vez tienes pesadillas?- preguntó llevándose un asentimiento de su parte -¿Ahora si querrás hablarlo?
Bufó y negó.
¿Es que no se cansa de preguntar siempre lo mismo?
-As, no sé lo que esté pasando con Draco, pero creo que debes hablar con él…
-No es de tú incumbencia- cortó con enfado -Si has venido para decirme lo que tengo o no que hacer, es mejor que te largues y me dejes en paz.
-¡Por Salazar, Astoria! Gritabas como una desquiciada su nombre, se puede escuchar desde mi habitación.
¡Maldición! Me he quedado dormida…
-Está vez procuraré poner el hechizo silenciador antes de quedarme dormida- sentenció mientras buscaba algo cómodo y caliente que ponerse.
-¿Dónde vas?
-No creo que tenga que decirte dónde voy, ya estoy muy grandecita para tomar mis decisiones.
-¿Por qué has estado tan huraña y distante?
-Hablamos luego- respondió evasiva, saliendo de su habitación dejando a la rubia con la palabra en la boca.
Nuevamente aquella mujer se las ingeniaba para torturarla en sueños de la manera más vil y cruel que podía existir, ¿es que acaso no le bastaba todo el esfuerzo que hacía para alejarse de su sobrino?... No, esa era la rotunda respuesta que Astoria daba a la misma pregunta que se planteaba a diario en cada noche de desvelo.
-¿Pero quién demonios es?- rezongó la enfermara abriendo la puerta, tras haber escuchado los repetidos y fuerte golpes -Otra vez por aquí a esta hora, señorita Greengrass.
Eres una estúpida, pudiste haber ido por Severus- se reprendió mientras entraba y los recuerdos de la última vez que estuvo en ese lugar la azotaban a sobre manera.
-Necesito que me facilite una poción para dormir sin sueños- pidió haciendo que la enfermera entre bufidos fuera a la estantería.
Es más… ¡Pudiste haberla hecho tú!
-¿Se encuentra bien?- preguntó Madame Promfrey al ver lo pálida y delgada que se encontraba la chica.
-Sí, perfectamente- fingió una sonrisa.
-Será mejor que vuelva de inmediato a su Sala Común, señorita Greengrass- dijo mientras le tendía el frasco con la poción requerida.
Sabía que no era la primera vez que iba por la poción, ni tampoco que la enferma le preguntara sobre su estado, tanto así que ya se le estaba convirtiendo bastante tedioso; así que sin una pizca de gratitud, la hastiada castaña salió de la enfermería, y sin rumbo fijo comenzó a pasearse por los pasillos con el cuidado de no ser vista por algún maestro, pues no le apetecía volver a su habitación y encontrarse a Daphne esperándola para volver a preguntarle lo que le pasaba, ya que a nadie debía de importarle lo que le sucedía.
Ya habían pasado semanas, de las cuales todo seguía igual que siempre, aunque en realidad no fuese así, pues las reuniones del E.D habían sido canceladas en definitiva gracias a Marietta Edgecombe; Dumbledore era fugitivo y Umbridge se había quedado con el puesto del director; Fred y George se habían ido para nunca más volver, y pese a que Ginny seguía siendo su amiga, ya no hablaban con regularidad por la infinidad de problemas que pasaban por su mente a diario. Astoria definitivamente había cambiado sin que ella se lo propusiera, se había empeñado en encerrarse aun cuando las puertas permanecían abiertas y había hecho que la soledad se convirtiera en su fiel compañera, puesto que sabía con exactitud que el salir era volver a verlo, y encontrar con las diferentes posibilidades mandar a Bellatrix y todas sus torturas a la mierda.
Con eso y mil pensamientos más que le rondaban en la cabeza, se dio cuenta de que había llegado hasta el séptimo piso, dónde pudo visualizar con perfección como la gran puerta metálica se materializaba para ella. Al entrar se dio cuenta que en su interior se encontraba una pequeña pero cómoda habitación, era lo mejor que podía pedir o esperar, ya que había tomado la decisión de no volver a su odiosa y fría habitación.
-Sabía que en algún momento volverías a aparecer- sentenció una voz fría haciéndola saltar.
-¿Qué demonios haces aquí?- contraatacó posando una mano en su acelerado corazón, que no se encontraba así precisamente del susto.
-Yo he llegado primero- respondió alzando sus hombros.
-Bien, adiós- dictaminó, disponiéndose a dirigirse a la salida.
Cobarde- canturreó su conciencia.
-Claro que no te vas- declaró tomándola de la mano y penetrándola con sus gélidos ojos color mercurio -Ya que has salido de tu guarida, vamos a hablar.
-No tenemos nada de que habl…
-Tal vez tú no, pero yo sí- cortó mientras la sentaba y se sentaba justo a su lado.
-Bien- bufó.
¡¿Y ahora qué voy a hacer?!- se preguntó con desespero en su mente, pues ya no podía huir como la cobarde que era, pero tampoco sabía qué hacer, lo único que quería era que la situación no empeorara más de lo que ya estaba.
-¿Qué te sucede?
¡¿Es enserio?!
-Nada.
-¿Cómo que nada? Pareces un muerto- desaprobó haciendo que la castaña le enviara miradas asesinas.
-Nada de lo que me pase es de tú incumbencia.
-¿Qué demonios pasó contigo?
-¿Eres sordo?
-Has cambiado, ¿dónde quedó la dulce Astoria?
La destruyó y se la comió tú tía.
-No lo he hecho, sigo siendo la misma.
-No, no lo eres.
-¿Me has interceptado sólo para andar de metiche?- refunfuñó haciendo que el rubio sonriera de lado.
Draco sabía que por más que se lo preguntará, no le iba a responder, así que por primera vez la atravesó con su mirada e ingresó en ella, tal como su tía se lo había enseñado en aquellas vacaciones; Si Astoria no tendría voluntad y valentía para decirlo, él encontraría todas las respuestas a sus interrogantes por sus propios recursos y ya no habría vuelta atrás.
El rubio divagó por su mente entre todos sus sueños y pensamientos mientras se daba cuanta lo mucho que había sufrido durante tanto tiempo… Bellatrix, ella era la culpable de todas sus penas y angustias, era ella la responsable de su cambio tanto físico como psicológico, y era ella la causante de que se hubiese alejado de él; ahora lo entendía, ahora todo era mucho más claro.
-¿Tori?- llamó luego de salir de su mente y ver como la castaña se encontraba en el frío suelo sollozando.
-No… me llames… así.
-Fue ella- más que una pregunta, sonó como a una contundente afirmación.
-Lárgate y déjame sola- pidió dolorosamente entre amargas lágrimas.
-No- respondió con frialdad -Tori, sé lo que te hizo.
-¡No lo sabes! ¡Nadie lo sabe y es lo mejor!
Cómo le dolía verla llorar, si fuera posible daría toda su fortuna para hacer que esas lágrimas desaparecieran de su rostro y dejaran ver aquella luz que sus verdes ojos expresaban; sin embargo, esa chispa que lo hipnotizaba y hacía que quisiera reivindicarse ya no existía, pero haría todo lo que estuviese a su alcance para volver a encenderla, por ningún motivo dejaría que se apagara.
El rubio la apretó contra sus brazos, comenzando a acariciar su sedoso cabello castaño tratando de consolarla, logrando trasmitirle una gran seguridad.
-Todo estará bien- susurró haciendo que la castaña se abrazara y sollozara más fuerte.
¡¿Cómo pudiste mostrarte tan débil delante de él, Astoria?!... No debiste, no debes.
-¿Por qué no te largas?- gruñó tratando en vano de soltarse de su reconfortante abrazo.
-Simplemente no me da la gana, y no volverás con tus pataletas de chiquilla consentida de cuando te conocí.
-Nunca hice una pataleta- protestó indignada mientras trataba de serenarse.
-Date por vencida, Greengrass- sonrió de medio lado mientras se soltaba y la observaba -Después de todo los Gryffindor no te pegaron su complejo heroico- se burló tratando de aligerar en vano el ambiente, pues vio como rápidamente lo fusilaba con la mirada.
-Eres un idiota- manifestó soltando una pequeña risa al ver como el ceño del rubio se fruncía.
-Necesito que vuelvas a ser tú- murmuró limpiando con sus finos dedos los restos de lágrimas en sus mejillas -Aquella chica que conocí en el tren.
-No puedo…
-Si puedes y lo vas a hacer- cortó dedicándole una mirada seria -Y creo que ya no necesitarás esto- dijo mientras sacaba de la túnica de la castaña el frasco con la poción.
-¿Cómo lo supiste?
-No interesa saber cómo lo supe, lo importante es que ya lo sé- respondió haciendo que la castaña bajara su cabeza -Mírame… No te dejes manipular por ella, no le des el gusto de torturarte, ¿sí?- añadió llevándose su asentimiento.
Draco no aguantó más y la besó, la besó como nunca antes nadie la había besado, como si el fin de mundo llegara a tan solo unos cuantos minutos. Astoria no se podía imaginar cuanto la había extrañado, en realidad ninguno de los dos lo podía siquiera suponer, aunque sus labios si podían sentir cuanto se habían anhelado durante todo ese tiempo que sus dueños los habían separado.
-No volverá a hacerte daño, pequeña- dijo entre sus labios antes de volver a fundirse nuevamente en un pasional y ansiado beso rompiendo todo rastro de melancolía y soledad.
