Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Imagen: Noctámbulos de Edward Hooper. Propuesta por HikariCaelum
Coloreando bocetos
Capítulo XXIX. Ellos y la noche.
Era de noche. Y aunque a ella le producía escalofríos en la espalda, ya había contado los noventa y un pasos desde su apartamento hasta el café al lado de la estación. Hacía lo mismo siempre que salía a la oscuridad y temía perderse entre la escalofriante belleza de la noche que se extendía eterna. Su novio se lo había enseñado. «Cuenta tus pasos», dijo simplemente.
A Hikari le gustaba cuando él le daba las respuestas cortas.
Takeru desvió la mirada del libro en su mano cuando vio a Hikari entrando al local. Alzó el brazo para que lo viera.
—¿Terminaste? —dijo mientras tomaba asiento y desataba la bufanda rosa de su cuello.
—Sólo noventa y dos palabras. Casi el mismo número de pasos que diste hasta aquí.
Todos los sábados por la noche hacían esas escapadas nocturnas. Era el único día que podían verse. Y les bastaba con eso.
—Algún día expondrán mis fotos en este lugar —exclamó luego de que les llevarán las dos tazas de café que Takeru se había adelantado a ordenar.
—¿Aquí? —sonrío abstraído. A Hikari le gustaba esa sonrisa despistada—. ¿No sería mejor en una revista de renombre?
—¿A ti no te gustaría que tus cuentos llegarán a todas las personas? —Takeru fijó su vista en ella—. Creo que la gente que pasa por aquí, apreciará más lo que hago. Porque lo verían con ojos cansados, tristes o alegres; y no por un mero gusto, ¿entiendes?
—Eso creo.
Un día, en el que Takeru esperaba a su madre, que llegaba desde Francia, descubrió ese pequeño local de ventanas grandes. El café, posiblemente, no era el mejor que había probado. Tenía un sabor amargo. Y quizá por eso era su preferido. Se prometió llevar allí a Hikari la próxima vez. Supuso que la decoración del lugar le encantaría a su novia. Y así fue.
Las fotografías colgadas alrededor la encantaron desde que entró. Ellos siempre se divertían descubriendo cosas que no habían visto la primera vez en las fotos.
Pasado un rato Hikari se sentó al lado de Takeru y acomodó la cabeza en su hombro.
Ambos leían y daban pequeños sorbos a su café amargo.
—Es tarde.
—Me quedaré un rato más.
—Bien. Tú pagas esta vez, ¿no?
—Fue por eso que te sentaste a mi lado. Tramposa.
—Olvide mi cartera en casa, lo siento. En la próxima escapada pago yo.
Le dio un rápido beso en los labios y volvió a enredar su bufanda rosa alrededor de su cuello. Takeru siguió leyendo, y antes de que Hikari saliera por completo, exclamó:
—Nos vemos en seis meses. Suerte en Inglaterra.
Y, de nuevo, a Hikari le gustaba cuando Takeru olvidaba su habitual caballerosidad.
Durante el camino de regreso la llenó un popurrí de sabores, colores y olores amargos. ¡Ah! Por eso era tan popular aquel café. Tenía el sabor de la vida misma.
Se lo contaría Takeru una vez que regresará de su viaje.
No hay mucho que decir más que, ¡gracias por leer!
