Hola a todos! Sí, sé que me quieren regañar por la demora del capítulo, PERO (siempre tengo un "pero" xD) explicaré un par de cosas…

Nuevamente culpo a Patty Ramirez (lo siento, siempre me justificaré usando tu nombre, es lo más fácil jajaja broma…) La culpo porque gracias a ella tengo nuevos proyectos en mi camino por FF, ya que ahora no solo escribo este fic, sino que también soy su beta reader algo que sin duda es muy entretenido! Además tenemos interesantes proyectos en común, como es un "mini fic" que debería ser presentado antes de que termine el año jajaja

Les comento mi segunda distracción: Dije "segunda", jajaja, esto me recuerda a mi nuevo fic! "Mi 'segunda' primera vez" Mi primer UA oficial, totalmente mío (ya que el que dejé abandonado era una adaptación que pretendo continuar en "X" momento), bueno… mío exceptuando que uso los personajes de Sailor Moon que le pertenecen a Naoko Takeuchi (disclaimer cumplido xD) Espero que quienes me leen aquí, es decir, Tokio de cristal, amor en el siglo 30, también me acompañen en esa historia.

Mi tercera distracción y la más molesta: Mi salud, pero no daré mayor detalle sobre esto, solo diré que ya me siento mejor y esto se traduce a poder actualizar el fic.

Y mi final distracción… No quiero que esta historia termine!

Por un lado estoy muy ansiosa por entrar a la tercera parte de la trilogía, pero una parte de mí no quiere despegarse de este fic que tanta alegrías me ha dado, pero bueno, tendrá que suceder de todas formas porque presiento que si no sigo con esta historia, mi cabeza rodará xD
Debo reconocer también que me costó muchísimo sacar este cap. Ya que sabía lo que pasaría pero no sabía como expresarlo y como aún sigo algo confundida, he de reconocer que dejaré el capítulo "semi-inconcluso", ya que deseo continuarlo con mayor tiempo y mesura, ya que siento que amerita que sea de esta forma. Pero aunque lo deje de esta forma, creo que quedará más que claro a lo que iremos de ahora en adelante.

Sin más que comentar por el momento, los dejo con el capítulo ;D


—Serena, vamos linda, despierta —dice Darien, mientras mueve suavemente a su mujer.

—¿Qué hora es? —pregunta la rubia tras algunos segundos, pero aunque hable, sus ojos no parecieran querer abrirse en lo absoluto.

—Ocho de la mañana —responde Darien, mientras se estira con menor pereza.

—¡Arriba! —dice Serena, levantándose con tanta energía que su esposo queda observándola asombrado.

—Parece que dormiste bien —comenta Darien entre tanto ve como Serena sale ágilmente de la cama.

—Bastante bien —responde Serena tras darle una sonrisa.

—Me gusta verte tan optimista —dice Darien, a la vez en que se sienta y refriega los ojos.

—Hoy es un día muy importante, mi corazón lo dice —contesta con energía y felicidad, Serena.

—¿Preparada? —pregunta Darien, levantándose gracias al enérgico reaccionar de su esposa.

—¿Tú? —interroga Serena, esperando la respuesta que ella desea escuchar.

—Si —responde con optimismo, Darien.

—Entonces yo también —contesta Serena, guiñándole un ojo.

—Apresurémonos —pide Darien, comenzando a moverse con rapidez.

—Prométeme que pase lo que pase, tomaremos la mejor decisión para todos —dice Serena, alcanzando a tomar la mano de su marido para así atraerlo hacia ella.

—Claro que si —responde Darien, sonriéndole gratamente a su esposa.

La mañana se desenvuelve con una sutil ansiedad, Serena se convierte en víctima de la misma a pesar de que no lo creyó así, se da cuenta de que poco a poco y a medida en que los minutos viajan por el reloj, la urgencia de saber que pasará más adelante comienza a resonar en sus pensamientos con fuerza.

Mientras Darien se prepara para su rutina de aseo personal, Serena va a la cocina para intentar hacer algo de desayuno, sin embargo y entre tanto apuro, se acaba de dar cuenta que junto a su esposo no han ido de compras recientemente, algo que la desalienta a la hora de querer iniciar su día ya que podrán pasar los años, pero jamás desaparecerá aquel apetito feroz que posee la rubia.

—Darien… no hay nada para desayunar —comenta Serena, mientras observa resignada el interior del vacío refrigerador.

—Había olvidado ese pequeño gran detalle —responde el pelinegro, a la vez en que busca un par de toallas guardadas en el closet.

—¿Pasamos a desayunar algo por ahí o…? —pregunta Serena.

—No sé amor ¿podrías preocuparte tú de eso? yo ahora llamaré a Osamu para confirmar algunos detalles —contesta Darien de manera apresurada, manteniendo su organización implacable, la misma que le permite encontrar rápidamente la vestimenta adecuada para este día.

—¡La ropa!, acabo de recordarlo… tendré que molestar a Haruka otra vez —exclama Serena mientras cierra la puerta del refrigerador y va hacia el teléfono.

—Será mejor que veas eso pronto —señala Darien, quien se aleja rápidamente para ir al baño.

—Si, si, lo haré —dice Serena a la vez en que disca el número del hogar Tenoh-Kaioh. Rápidamente alguien contesta la llamada—, ¿Hola? ¿Eres tú, Haruka?

—Hola cabeza de bombón ¿qué haces llamando tan temprano? ¿caíste de la cama y por eso despertaste a esta hora? —pregunta con gracia, Haruka, dejando escapar una leve risotada.

—Algo así —responde Serena entre risas, mientras observa que realmente es muy temprano como para haber llamado a la casa de alguien—, disculpa por molestar a esta hora, pero me disculpo especialmente por el abuso de confianza que tendré ahora contigo.

—¿Qué ocurre? —pregunta con interés, Haruka.

—Sucede que aún queda parte de mis cosas en tu casa, esencialmente mis trajes para ocasiones formales y la verdad es que ahora necesito uno de ellos ¿puedo pasar más tarde por tu casa a buscar lo que necesito?, de paso aprovecho de comprar algunas cosas para comer porque aquí en el departamento, lo que menos abunda es la comida —dice Serena entre angustiadas risas, debido al hambre que siente.

—¿Tienes planes importantes para este día, no? me imagino que tendrá algo que ver con Osamu Urogataya y todo lo que salió anoche en el noticiero —pregunta Haruka, atenta a la respuesta.

—Si, así es… por lo mismo me urge hacer todo lo más rápido posible, hoy es vital que todo salga como debe ser —responde Serena, con gran responsabilidad.

—Si es así yo podría llevar lo que necesitas a tu casa, si quieres también paso a comprar algunas cosas para que desayunes con Darien. La verdad es que también tengo que hacer un par de comprar pero al parecer estas pueden esperar a diferencia de las tuyas —explica Haruka, mostrando ese lado tan servicial para con su amiga que siempre ha tenido, desde que la amistad comenzó a fortalecerse.

—¿De verdad harías eso por mi?, no imaginas de cuanta ayuda sería —comenta Serena, sorprendida por la disposición de su oyente.

—Soy la única persona despierta en esta casa y creo que será así por largo rato, así que no me molestaría hacerte ese favor, no te preocupes —responde Haruka.

—¡Muchísimas gracias!, mira, la ropa que necesito está en una caja todavía, nunca la usé hasta hoy que es cuando lo necesito. La caja está en la parte inferior del closet, solo trae eso, no quiero molestarte más allá y sobre la comida, trae lo que quieras, lo dejo a tu imaginación. Si quieres desayunas con nosotros, es lo mínimo que podría hacer para retribuir tu buena disposición —explica Serena, alegremente.

—Muy bien, dentro de una hora estaré allá. Nos vemos, cabeza de bombón —contesta Haruka, despidiéndose.

—Nos vemos, Haruka y nuevamente, ¡gracias! —exclama Serena junto a una sonrisa, dando por terminada la llamada—, vaya, se me olvidó preguntarle sobre Diamante, Zafiro y las demás… ay Serena, siempre tan despistada —comenta para si misma, tras haber colgado el teléfono.

—¡Serena! —exclama Darien desde el baño.

—¿Si? —pregunta Serena, con atención.

—¿Podrías decirme que hora es? —pide el pelinegro, sin salir de la ducha, aparentemente.

—¡Las ocho y quince!, vamos Darien, ¡relájate!, estamos bien en la hora —señala Serena, mientras se acerca a la puerta del baño.

—Recuérdame llamar a Osamu a las nueve, ni un minuto mas ni un minuto menos —pide Darien.

—Darien… siempre tan puntual para tus cosas. Decir que uno llamará a las 9:00 muchas veces es solo una expresión, no tiene por qué ser tan, pero tan literal —bromea Serena, sabiendo que dicha declaración obtendrá respuesta inmediata.

—Viniendo de la reina de la impuntualidad aquel comentario… —dice Darien inconclusamente.

—¿Empezamos con las descalificaciones? —cuestiona Serena, con tono juguetón.

—¡Siempre! —responde Darien, con aparente seriedad.

—Mejor sal luego de ahí, vendrá Haruka más tarde para dejarme un par de cosas, así que lo mínimo es que me vea sin esta desaliñada cara —dice Serena, simulando aquella seriedad en la voz de su esposo.

—Tendrás que hacer más que solo darte un simple baño para que esa cara se vaya —comenta sin tapujo y obviamente bromeando, Darien.

—¡Al menos yo tengo arreglo… odioso! —replica Serena, entre risas.

—Ya saldré, espérame —responde Darien, ya más serio.

—Está bien —dice Serena, alejándose de la puerta del baño para dejar tranquilo a su esposo.

Pocos minutos pasan hasta que Darien cumple con lo dicho, sale del baño con una toalla amarrada en su cintura y otra que bate en su cabello a medida en que avanza hacia su esposa, la que se encontraba ordenando la cama que aún parecía haber sido el escenario de un fuerte huracán.

—¿Así que vendrá Haruka? —pregunta el pelinegro, haciéndose presente.

—Si —contesta Serena con amabilidad, sin voltear—, vendrá a dejarme algunas cosas que dejé en su casa y de paso traerá algo para que desayunemos.

—¿No será mucho "abuso de confianza"? —recrimina con seriedad, Darien, reluciendo lo más autosuficiente de su personalidad.

—Lo mismo pensé —explica la rubia mientras acomoda las almohadas en la cabecera de la cama—, pero ya sabes cómo es ella, no iba a aceptar un "no" por respuesta.

—Supongo… —dice Darien, un tanto incrédulo.

—Creo que sería bueno decirle algo sobre lo que haremos hoy, ¿no crees, Darien? —pregunta Serena, terminando de estirar las mantas de la cama.

—Tienes razón, no tenemos por qué andar con tantos misterios, mal que mal esto no solo es algo que nos inmiscuya a los dos, sino que también a las demás, en realidad a todo el mundo —responde Darien de manera reflexiva, alejándose algunos pasos de Serena para así sentarse en el sofá.

—Así es… estaba pensando en pedirle que hoy todos vayamos a su casa y comentemos lo que nos pase hoy, además tenemos que saber qué pasará con la familia Black Moon —añade Serena, dándose la vuelta para observar a su esposo.

—Eso es cierto, ellos han de sentirse inseguros, sin saber que hacer… sería bueno que buscáramos alguna forma de ayudarlos a establecer otro tipo de vida —adjunta Darien, serio en sus dichos.

—No creo que tengan mayor problema para quedarse en esta ciudad, el que volvieran a Némesis sería un error, porque estoy segura que el aura maligna de Génesis sigue presente en ese lugar —comenta Serena, con un dejo de preocupación.

—No especulemos… en realidad no sabemos nada de lo que pasó con aquella mujer, creo que esa es una de las cosas que tendremos que hablar con la familia Black Moon, supongo que tienen alguna información que nos pueda servir de ayuda —dice Darien, esperanzado en que lo último sea una futura verdad.

—Bueno, no lo sabremos hasta que hablemos con todos ellos, así que es mejor no especular como bien dices. Creo que lo mejor es que ahora me vaya a duchar, no quiero hacerme problemas por nada hoy, necesito tener la mente lo más despejada posible ya que es un gran día —contesta Serena, ahora buscando las cosas necesarias para iniciar su rutina de aseo personal.

—Ve tranquila, yo sigo ordenando un poco acá, total, tan mal no está —dice Darien, para que así Serena pueda ir pronto ya que como él sabe, su esposa suele demorar bastante en su rutina matutina.

Pasada media hora, Darien, con gran facilidad, ha logrado ordenar el departamento lo necesario para que se tome por aceptable; esta es una de las cualidades del pelinegro, es decir, su rigurosa forma de ser ordenado y pulcro, tanto en lo que respecte a presentación personal como en lo que refiere a hogar. Serena por otra parte, se retira del baño enfundada en dos grandes toallas, una de estas está en alrededor de su cabeza y la otra enrollada en su cuerpo.

—Mmmm… —murmura la rubia mientras observa su entorno—, definitivamente eres un genio para ordenar, Darien. Este lugar se ve impecable —señala.

—La fuerza de la costumbre —responde su esposo, mientras termina de anudar la corbata alrededor de su cuello.

—Te has puesto mal esa corbata, déjame… —dice Serena a la vez en que se acerca a Darien para ayudarlo.

—Sin ahorcarme, ¿bueno? —pide él, entre risas.

—Prometido —responde Serena, con una sonrisa—. Ya está, te ves guapísimo.

—Gracias —contesta con modestia, Darien—. El halago se hace recíproco. Ahora entiendo por qué te demoraste tanto en el baño… te ves preciosa.

—Solo me maquillé un poco —explica Serena, sonriente.

—¿Dónde quedó la cara de niñita pequeña? —pregunta Darien a tono levemente nostálgico, al ver que Serena ya tiene rasgos de mujer adulta.

—Quedó en la preparatoria, supongo —bromea la rubia, un poco ruborizada.

—Debo reconocer que me cuesta verte así —señala Darien, alejándose unos pasos para sentarse en el sofá.

—¿Así como? —pregunta Serena, mientras sacude la toalla que tiene sobre su cabeza, con el fin de secar su cabello.

—Tan madura; tu rostro tiene otra expresión, eso me agrada, no creas lo contrario, es solo que me provoca algo de melancolía ver como ha pasado el tiempo —responde, Darien.

—¿Estás insinuando que los años han dejado estragos en mi cara? —cuestiona Serena, con ánimos de bromear.

—Siempre sacas todo de contexto —responde Darien, antes de dejar escapar un suspiro de supuesta molestia.

—Ay, Darien… sé de lo que hablas —añade Serena mientras se incorpora al sofá—, ¿Qué puedo decir?, ya han pasado cinco años desde que nuestra historia comenzó… el tiempo no pasa en vano.

—¿5 años ya?, ¿tanto tiempo ha pasado? —cuestiona Darien, a tono sorprendido.

—Tal cual —dice Serena, asintiendo.

—Es extraño… a ratos siento que fuera mucho, pero si comienzo a recordar ciertas cosas es como si no hubieran pasado más que algunas semanas, ¿te ocurre lo mismo? —interroga Darien.

—Exactamente y como tú lo dices —contesta Serena, volviéndose tan reflexiva como su marido.

—Lo bueno es que en estos cinco años hemos podido escribir esta historia juntos, a pesar de todo lo que pasó, de nuestras cercanías y distancias, de los miedos, los problemas, así como también los buenos momentos de nuestra relación íntima y de amistad con las chicas, todo ahora parece estar bien; luchamos mucho por eso y me alegra mucho sentir que todo valió la pena, completamente —explica Darien.

—Tienes razón —dice Serena, con una sonrisa en sus labios—, todo ha valido la pena, Darien… todo —la rubia posa sus manos sobre las de su esposo—. Los problemas que vivimos no hicieron más que ayudarnos para reforzar nuestro amor, toda nuestra historia, de lo que somos nosotros mismos así como también en nuestra vida como Sailor Moon y Tuxedo Mask. Pasamos por cosas muy difíciles, hubo momentos en que creí que nada sería igual y ya no volveríamos a estar juntos como siempre, pero en lo más profundo de mi corazón algo decía que todo volvería a la normalidad, que nuestra historia no tendría ese fin tan amargo, que merecíamos algo mejor que eso, porque lo que somos gracias a esta unión es simplemente algo maravilloso.

—Serena… —susurra emocionado, Darien; más al sentir el calor de las manos de su esposa sobre las suyas, mientras puede observar aquellos anillos de matrimonio que son la señal tangible de todo a lo que ella se refiere.

—Sabía que llegaríamos hasta donde estamos ahora —dice Serena, sin poder retener una emotiva lágrima que corre a través de sus mejillas—, porque sabes que te amo con todas mis fuerzas —prosigue con la voz entrecortada.

—Mi amor —dice Darien antes de rodear a su esposa entre los brazos.

—Nos irá bien, no lo dudes… todo lo que pase de ahora en adelante estará bien mientras estemos juntos —susurra Serena, cercana al oído de su marido.

—Lo sé, princesita… estando junto a ti podré estar tranquilo, siempre —responde el pelinegro, atrayendo más a Serena hacia su cuerpo, para así cobijarla en un gran abrazo—. Ahora tengo que llamar a Osamu —comenta para postergar cualquier emotividad.

—Está bien —aprueba Serena, junto con una sonrisa.

Darien se levanta del sofá tras tomar una gran bocanada de aire. Ya con la mente ligeramente más despejada, se acerca al teléfono para así marcar a Osamu Urogataya. Por otra parte, Serena solo se queda sentada donde está; aún falta para que Haruka llegue así que por el momento no tiene nada más que hacer, aparte de esperarla.

—Buenos días, Osamu —saluda Darien tras haber esperado algunos segundos.

Buen día, Darien. ¿Todo bien?

—Si, todo bien, gracias. Te llamaba para confirmar lo que hablamos ayer —señala, Darien.

Perfecto —acota, Osamu—. Pasarán a recogerlos en una hora más, para después ir donde el Emperador de Japón ha pedido verlos.

—¿Serás tú?

No. A mi se me ha encomendado otra tarea, de hecho ya estoy en mi oficina junto al primer ministro; todo con el fin de comenzar a preparar un par de cosas, en caso de que todo salga según está pensado —responde, Osamu.

—Comprendo.

Pero descuida, Darien, alguien de confianza irá a buscarlos, de hecho irán con un escolta policial.

—¿Escolta policial? —cuestiona Darien, levemente confundido al igual que su esposa, Serena, tras haber escuchado la interrogante.

Obviamente —recalca Urogataya—. No podemos permitir que algo malo ocurra con ustedes, es por eso que serán resguardado por fuerza policial.

—Ya imagino a lo que te refieres —responde Darien, más aliviado.

Debo comentarte también que al lugar donde van, está resguardado por un perímetro de vigilancia —acota, Osamu.

—¿Dónde está exactamente el lugar al que te refieres?, además no comprendo lo último que has dicho, es decir, puedo comprender que nos envíen con escolta de seguridad pero no el profundo hermetismo que parece tener algo que acordamos, sería solo una conversación con el Emperador —explica Darien, seriamente.

No debería decírtelo —señala Osamu con un dejo de molestia—, pero ya que nos conocemos hace buen tiempo, te diré lo más que pueda. Lo que pasa es que ustedes irán a las nuevas dependencias de lo que es considerado territorio imperial. Esto no es algo que el mundo sepa, de hecho para la población, las edificaciones que yacen ahí son solo un proyecto arquitectónico nuevo de Tokio, pero en realidad es otra cosa y es justamente eso lo que no te podré revelar.

—Está bien —responde Darien, sin querer decir más por ahora.

Espero que no te moleste, pero aunque siento un gran aprecio por ti y tu esposa, no puedo olvidar mi calidad de trabajador del gobierno, por ende, en lo que se me pida silencio tendré que guardarlo —explica Osamu, a todo de disculpa.

—Es tu trabajo, descuida, te comprendo —dice con más simpatía, Darien.

Gracias.

—Muy bien, entonces en una hora más estaremos listos para salir —acota, Darien.

Perfecto. Espero que les vaya bien y por sobre todo, ruego porque el emperador sea lo más claro posible con ustedes —contesta, Osamu.

—También lo espero así.

Hasta pronto. Darien —se despide, Urogataya.

—Nos vemos, adiós —dice Darien, finalizando así la llamada.

—¿Pasa algo? —irrumpe Serena, tras notar el silencio de su esposo tras la llamada.

—Osamu ha dicho que iremos a un lugar que es territorio imperial y además tendrá un perímetro de vigilancia —responde Darien, volteando para mirar a su esposa.

—Es una lástima que no podamos ir con más compañía, ¿no crees? —dice, Serena.

—Pero descuida, por más extraño que sea todo esto no creo que Osamu nos vaya a jugar chueco en algo, no sé —contesta Darien—. Aun así, no sería mala idea que lleves el broche de transformación.

—Pensaba llevarlo, no te preocupes —explica, Serena.

—Esa debe ser Haruka —señala Darien, tras escuchar el sonido del timbre, a lo cual va a abrir la puerta rápidamente.

—¡Qué bien! —secunda Serena, levantándose del sofá para ir a recibir a su amiga.

—Buenos días, Darien. También a ti, cabeza de bombón —saluda Haruka a la pareja.

—Buen día para ti también. Adelante, por favor —pide Darien, haciéndose a un lado para dejar entrar a la visita.

—Haruka, muchas gracias por haber venido —acota Serena, mientras le sonríe a dicha persona.

—No agradezcas nada —dice de manera cordial, Haruka—. Aquí está lo que pidió Serena —le hace entrega de una caja a Darien, quien la toma sin problema—, y aquí también está el desayuno —este es entregado a la chica, la que toma las bolsas rápidamente.

—Muchas gracias —comenta Darien, a la vez en que se aleja para ir a dejar la caja sobre la mesa que está al frente del sofá.

—¿Es un desayuno preparado? —pregunta Serena, mientras cierra la puerta del departamento para así seguir a Haruka y Darien.

—Supuse que no tendrían tiempo para preparar algo —comenta Haruka, con gracia.

—Pues has acertado —dice Darien, tras soltar la caja—. En una hora más tenemos que salir.

—¿Y se puede saber cual es el motivo? —pregunta Haruka, mientras toma asiento en el sofá.

—Darien, por qué no le cuentas mientras yo voy a vestirme de inmediato —propone Serena, ya habiendo dejado el desayuno en el mesón de la cocina.

—Si —dice Darien—. Haruka, ¿te puedo ofrecer un café o algo así?

—Café cargado, por favor. Eso fue lo único que no traje ya que pensé que entre el desayuno y la caja, pues se me iba a caer todo —comenta con simpatía, Haruka.

—Con lo que trajiste es más que suficiente, de verdad, gracias —dice Serena, mientras tanto busca el traje que cree el correcto para la ocasión.

—Serena, no demores por favor —pide Darien a su esposa, tras echarle una ojeada al reloj.

—Vengo en cinco minutos, con permiso, ¡Ah!, Darien… ¿me podrías preparar un café a mí también, por favor? —pregunta la rubia.

—Era justamente lo que iba a hacer —responde Darien, tras haber puesto en marcha la cafetera.

—Gracias… a ver a ver —susurra Serena, mientras busca el atuendo que desea ocupar—, este está bien —comenta a la vez en que toma un conjunto de dos piezas más una blusa, a los cuales reúne con los zapatos que ya tenía preparados.

—Vaya, pero qué formalidad —comenta Haruka, tras ver el atuendo.

—Amerita —responde Serena tras un guiño—, ¡me voy! —señala rápidamente, yéndose al baño sin más.

—¿Ahora sabré lo que pasa? —pregunta Haruka a Darien, al estar ambos solos.

—Te contaría en extenso si nosotros mismos lo supiéramos —dice Darien, a la vez en que prepara el café para todos.

—¿Es algo malo? —interroga preocupada, Haruka.

—La verdad es que no, solo es algo… confuso, por decirlo de alguna manera —responde Darien.

—¿Tiene que ver con Osamu Urogataya, no es verdad? —interroga de forma acertiva, Haruka.

—Así es —dice Darien—. Ayer nos llevaron a hablar con el primer ministro.

—¿El primer ministro?, ¿para qué?

—Pues nos confesaron que Serena y yo habíamos estado siendo vigilados por el gobierno y que después de confirmar que tanto nosotros, como así también ustedes, estamos luchando contra un enemigo que está fuera del conocimiento del mundo, debíamos hablar ahora con el emperador para así "concretar algo" —recalca en comillas, Darien.

—Que extraño —comenta Haruka, manteniendo una de sus cejas arqueadas.

—No quiero ser grosero, pero creo que lo mejor es que terminemos de contarles todo cuando sea oportuno, es decir, cuando sepamos mejor qué es lo que pasa. Por ahora no puedo decir más que un par de detalles escasos —dice Darien, mientras prepara las tazas de café.

—¿Y cuando será eso? —pregunta, Haruka.

—De ser posible hoy mismo, es más, Serena piensa que tal vez sería bueno que todos nos reuniéramos en tu casa, claro, si es que no es mucha molestia —señala con simpatía, Darien.

—¡Claro que no! —dice Haruka, con rapidez—. Si lo desean, puedo ponerme en contacto con todas para que vayan a mi casa y así podamos hablar.

—Sería de gran ayuda.

—¿Tienen una hora planeada?

—No por ahora —dice Darien—, pero cuando todo esté listo, le pediré a Serena que te llame, pero si quieres una hora estimativa pues podríamos fijar la reunión a las cuatro de la tarde, creo que es una hora justa para que las demás chicas puedan hacerse el tiempo.

—Son las 9:15… si, a esa hora está bien —aprueba, Haruka.

—Disculpa —pide anticipadamente, Darien, ya que interrumpirá la conversación—. ¡Apresúrate, Serena, sino sales rápido no podrás desayunar!

¡Salgo en un minuto! —grita Serena, con un toque de enojo.

—No le pidas a una chica demorarse poco cuando se trate de estar vistiéndose —comenta Haruka, dejando salir una sonrisa.

—Te apoyo —dice Darien, a la vez en que se acerca a Haruka para servirle el café.

—Supieras cuanto sufro con Michiru por lo mismo —añade Haruka mientras agradece a Darien por darle el café—, súmale a esto, Hotaru; desde que Michiru se ha propuesto enseñarle cuan vanidosa puede ser esa mujer, he llegado a pensar que ya no duermen en sus habitaciones, sino que lo hacen en el baño con tal de estar "siempre listas" —bromea—, así que vete acostumbrando, mira que si en algún momento cabeza de bombón y tú serán padres de una niña, vivirás en un mundo lleno de este tipo de cosas.

—Supongo que tienes razón —dice Darien con gracia, alejándose un poco para ir a buscar lo que dispuso Haruka, para el desayuno.

—Ahí vienen algunos sándwich y también algo de fruta. Pensé que necesitarían cosas rápidas de comer y que no fueran muy pesadas —comenta entre tanto, Haruka.

—Muy acertado, gracias —dice Darien, volviendo con las cosas para servirlas—. Por cierto ¿todo bien en tu casa?, me refiero a la estadía de la familia Black Moon —expone.

—La verdad es que no ha habido mucho tiempo para hablar; Michiru y Setsuna los instaló de inmediato para que pudieran descansar ya que todos estaban extenuados, pero debo imaginar que no fue nada fácil para ninguno de ellos estar ahí, aunque por otra parte fue lo más práctico, por decirlo de alguna forma, ya que al menos con nosotros no habían tenido mayor roce conflictivo, a diferencia de todos ustedes —responde Haruka, volviéndose seria en sus palabras.

—O sea, tan solo llegaron para descansar, comprendo.

—Bueno, eso y agradecernos todo lo que habíamos hecho por ellos, aunque fue algo incómodo ya que hace solo un par de horas atrás habíamos estado peleando por nuestras vidas, ellos saben bien todo lo que pasó y debe haber una cierta incomodidad, algo que comprendo claramente.

—Si, es lo más lógico —acota Darien, tomando asiento en el sofá.

—Pobrecitos —se escucha la delicada voz de Serena, no muy lejos.

—Con que ya saliste, cabeza de bombón —dice Haruka sin siquiera mirarla, ya que bebía un sorbo de café.

—Vaya… te ves muy bonita —comenta Darien, con orgullo.

—Se siente raro, pero en fin —dice Serena, dándose tirones a la falda para así intentar acomodarse lo más posible a ella.

—Ven a tomar desayuno pronto, se les hará tarde y según veo, esa no es la idea —añade Haruka, con firmeza.

—Claro —responde Serena, antes de incorporarse al desayuno.

Es así como estas tres personas se disponen a compartir los escasos minutos que tienen disponibles por ahora. A petición de Haruka, Darien y Serena le confidencian algunos detalles más sobre lo que les involucre con Osamu Urogataya y el primer ministro de Japón, algo que escucha con mucha atención la que hoy es visita en el departamento de la pareja. A través en que Serena y Darien navega en los minuciosos detalles de todo lo ocurrido, la atención de Haruka se hace más fuerte para así capturar y retener todo lo dicho, sin salir aun así de su estado de asombro, al saber por todo lo que pasó la noche pasada esta pareja. Cuando los pormenores de todo el tema se agotan, al igual como lo hace el tiempo, Serena corrobora el hecho de una posible reunión con todos sus amigos en el hogar de Haruka, esta le confirma esto y fijan definitivamente la hora previa en que habían acordado con Darien, es decir, las 16:00Hrs. Poco después y entendiendo que Darien y Serena necesitan estar a solas, Haruka se despide prometiendo el volver a verse más tarde, les desea un buen día sin dejar de recalcar que ante cualquier situación, sea cual sea la índole de la misma, no duden en comunicarse con ella.

Ya estando solos Darien y Serena, observan que el reloj marca las 9:55 de la mañana y junto a esto, el sonar del citófono.

—Buen día, Darien. Alguien está esperando por ti y Serena acá abajo; dice que viene de parte de Osamu Urogataya —le explican.

—Buen día. Dile que espere, por favor —con esto dicho, Darien cuelga—, ¿Lista? —pregunta a su esposa.

—Vámonos —dice Serena a la vez en que asiente, con una tranquilizadora sonrisa.

Darien revisa que lleve todo lo estrictamente necesario, es decir, su celular, las llaves del departamento y su billetera. Con esto listo, el pelinegro toma la mano de su mujer para así bajar inmediatamente.

Una vez fuera del departamento, Serena aprieta el botón indicado para que el ascensor se detenga en su piso, no pasa mucho tiempo hasta que dicho artefacto abra sus puertas y permitan el ingreso de ambos. Ya en el interior, la tranquila y a la vez caótica sensación de intriga embisten por completo a estas dos personas, que si bien presienten que nada malo pasará, el misterio de todo lo que está pasando los obliga a adoptar una conducta cautelosa e introvertida, pero aunque no crucen mayor palabras entre ellos, el solo gesto de permanecer fuertemente tomados de las manos les otorga la paz necesaria para seguir con todo.

Una vez a las afueras del edificio, un hombre de aspecto impecable se presenta ante la pareja.

—¿Darien Chiba y Serena Tsukino, no es así?

—Si —responde concisamente, Darien.

—Síganme, por favor —pide el alto y serio hombre que les habla—. Una vez en camino podré seguir hablándoles, por ahora apresurémonos —decreta.

—Claro —responde Serena, a título personal y en el de su esposo.

Tanto la pareja como el hombre que aún ni siquiera revela su nombre, se suben a un ostentoso auto de lujo, el cual tiene cerca de este los automóviles policiales que como bien dijo Osamu Urogataya, estarían funcionando de escolta.

Un segundo hombre esperaba por Darien y Serena. Este viste igual que su aparente colega, pero a diferencia de éste, él solo se limita a abrir la puerta para que en primer lugar, Serena suba, a lo que Darien la sigue. Dicho hombre, al cerrar la puerta, se dirige velozmente hacia el lugar de conductor, siendo acompañado por su compañero, quien toma el lugar de copiloto.

—¿Cómodos?

—Si, todo bien —responde Darien, con un toque de recelo.

—Por favor, inicia la marcha —pide dicho hombre al conductor, el cual después de una seña hacia los escoltas, echa a andar el motor del automóvil—. Es hora de presentarme, mi nombre es Robert Uemura, mano derecha del ministro de defensa Japonés.

—Un gusto —contesta Darien, con cordialidad.

—Igual para mí —secunda, Serena.

—Ofreceré una disculpa anticipada por todo el hermetismo de este procedimiento —explica—, les comentaré el porqué de todo esto.

—Por favor —pide Darien, atento a los comentarios de dicho hombre.

—Tal vez ya Osamu pudo haberles comentado algo al respecto, pero es mi tarea aclararles el destino al cual arribaremos dentro de poco —comenta mientras observa desde el espejo retrovisor—. Nos dirigimos hacia la edificación que el emperador de Japón ordenó hacer desde hace algún tiempo, este se encuentra a lo que podríamos llamar las afueras de Tokio. El motivo por el que en este mismo instante estamos siendo escoltados por fuerza policial se debe a que nadie puede acercarse al perímetro dicho sin un permiso otorgado por el propio emperador o bien el primer ministro; he de comentarles que también la propia construcción del inmueble ha sido resguardado por el más absoluto secreto gubernamental e imperial.

—¿A qué se debe eso? —pregunta Serena, un poco asustada.

—La verdad es que mi conocimiento ante el tema es casi nulo, vagamente podría comentarles que a mí se me encargó programar la seguridad para este día junto con pasar a buscarlos y posteriormente acompañarlos a su regreso a casa, pero creo, Sra. Tsukino, que cualquier duda que usted o su marido tengan al respecto, podrá ser resuelta cuando se entreviste con quien los espera —explica, Robert.

—Comprendo —responde con cierta inconformidad, Serena.

—Pero no se preocupen, ya verán el porqué de todo este "escándalo" —dice con el ánimo de alivianar el ambiente, Robert Uemura.

—Eso esperamos —contesta a media soltura, Darien.

De ahí en adelante el trayecto se hace paso a paso un poco más ameno. Robert puede sentir lo tensos que se sienten sus acompañantes, por lo cual y dentro de lo posible, comienza a dejar de lado tanta formalidad para así hablar con mayor pausa, haciendo que la pareja al fin se sienta un poco más tranquila. Darien se transforma en el protagonista de la conversa junto a Robert, mientras Serena se distrae al ver como este recorrido por la ciudad hoy tiene un toque tan diferente. Jamás pensó estar siendo escoltada por seguridad policiaca y menos ser quien fuera a pisar alguna dependencia de manga importancia, como ha quedado claro que es el ir a las edificaciones que el emperador de Japón ha dispuesto, pero a la vez en que piensa en todo esto, Serena no puede evitar sentir el paso del tiempo y con esto la sumatoria de las grandes responsabilidades que se han adjuntado a lo largo de los años, a ratos le parece increíble como su vida ha dado un giro en 180º desde que inocentemente tomó aquel broche que le permitiría transformarse en una sailor scout, como desde ese día ha comenzado a escribirse una historia digna de la incredulidad de cualquiera que la escuche, pero que aun así y con la carga de responsabilidad y emotiva que esto conlleva, Serena analiza, mientras se aleja cada vez más de su casa, que cada acto concretado en el pasado ha valido la pena para esta superación de si misma, algo que jamás pensó poder concretar de forma tan digna.

Por otro lado, Darien mantiene la plática con Robert, todo con el ánimo de principalmente hacer que Serena se sienta más cómoda en esta instancia que, a su parecer, puede ser difícil para ella, pero tras darle una mirada de reojo y apreciar lo calmada que se encuentra, Darien se da por satisfecho y a la vez orgulloso, de ver que su esposa ha encontrado ese punto de madurez y responsabilidad que tanto quiso en ella, ya que si bien la amó desde un principio con todos sus defectos y virtudes, él sabía que Serena podía dar mucho más de lo que ella misma pudo haber pensado en algún momento de su juventud.

—Ya no falta mucho para llegar —comenta Robert, tras darle un vistazo a los alrededores.

—Vaya… que lugar tan hermoso —dice Serena, apreciando la belleza del lugar.

—¿No es así? —dice Robert, con simpatía.

—Pero… —dice inconclusamente, Serena, al ver que un policía se detiene justo en frente del auto, mientras extiende su mano en señal de petición de detención.

—No se preocupe —señala Robert, con soltura—. Señor, soy yo, Robert Uemura —explica al policía, al momento en que muestra una identificación.

—¿Vienen en compañía de Darien Chiba y Serena Tsukino? —interroga.

—Así es, tal y como fue preparado —contesta Robert, sonriente.

—Protocolo —argumenta el policía, en una cómplice mirada con quien habla.

—Claro —responde Robert—. Señores ¿serían tan amables de mostrar su identificación? —pide con cordialidad.

—Si, por supuesto —responde Darien a nombre personal y el de su esposa, apurándola para sacar el documento que ha sido pedido, mientras por otra parte el conductor baja las ventanillas correspondientes de la pareja.

—Serena Tsukino… Darien Chiba… todo en orden, adelante —autoriza el policía, tras haber determinado la identidad de los acompañantes de Robert Uemura, conjunto les devuelve sus documentos.

—Gracias —dice temerosa, Serena, recibiendo su identificación, junto a la de Darien.

Con esto listo, el conductor reinicia la marcha y hace ingreso a las dependencias del emperador del país, ya dejando con esto, atrás a la escolta que los había acompañado todo el momento.

—Solo unos cuantos metros más —comenta Robert, con ánimo de aplacar la ansiedad de la pareja, la cual en vez de disiparse, aumenta en el momento en que el conductor se detiene—. Muy bien, ahora los acompañaré hacia la entrada de este palacio —señala.

—¿Palacio? —pregunta Serena, sorprendida.

—Así es, el lugar donde nos encontramos ahora es un nuevo palacio japonés. Creo que quedarán sorprendidos al ver la belleza de este —comenta con soltura, Robert, mientras se dispone a bajar del automóvil.

Darien y Serena hacen abandono del automóvil sin antes agradecer al conductor, el cual los despide con una amena sonrisa. Una vez abajo, Robert los espera y camina con ellos hasta las cercanías de un hermoso enrejado que resguarda la privacidad más íntima del palacio.

—Pues hasta aquí puedo acompañarlos —comenta con resignación, Robert—, caminen hacia adentro sin ningún cuidado. En las puertas del palacio deben estar esperando por ustedes, lo bueno es que verán una cara conocida —anticipa.

—Está bien —dice Serena, ansiosa.

—Pues bien, ¡Guardias, abran las puertas, por favor! —exclama Robert, lo que ha concretado que un par de hombres abran las gigantes puertas que están dentro del conjunto de enrejado.

—¿Estás tranquila? —pregunta susurrante, Darien a su espos, tras observar el "espectáculo" que ambos están viviendo.

—Si, mi príncipe —bromea en murmullos, Serena, ya que el lugar en donde se encuentra parece simplemente un castillo de cuento de hadas.

—Estaré a la espera de ambos. Hasta entonces —se despide por ahora, Robert, estrechando la mano de Darien y Serena.

—Muchas gracias por todo —agradece Serena, sonriente.

—No se preocupe, Sra. Tsukino —corresponde a la sonrisa de la rubia, Robert.

—Nos vemos después, gracias —secunda Darien, igualmente ameno.

—Que les vaya bien —dice Robert, tras finalizar de estrechar la mano del pelinegro, para así invitarlos a pasar hacia donde las rejas no lo tenían permitido.

—Vamos, Serena —pide Darien, flexionando su brazo con el fin de que su mujer pueda pasar el suyo a través del espacio que permita esto, para así llevarla a su lado.

—Si —responde la rubia, aceptando la invitación de su esposo, para así caminar juntos.

Tras haber sido punto obligado de vista para quienes resguardan las entradas del palacio, Darien y Serena comienzan a caminar por el bien demarcado sendero que se encuentra bajo sus pies, el cual los conduce en una inclinación, hacia la altura correspondiente donde se encuentra ubicado el palacio del cual hablaba Robert, el cual sin duda, se lleva la admiración de la pareja.

Dicho palacio es una ostentosa estructura construida como si se tratase de un verdadero castillo mágico. En el centro de éste, una enorme cúpula color rosáceo se deja lucir, llevando en la zona superior el símbolo de una dorada luna creciente. El resto de los ornamentos están en perfecta sincronía con la temática de la edificación, algo que obliga a Serena a hacer algún tipo de comentario.

—Darien… ¿es mi idea o este castillo tiene un aire a lo que fue el palacio del milenio de plata? —pregunta Serena, mientras sigue anonadada por la belleza que presencian sus ojos.

—Te iba a decir lo mismo, esto… es fascinante —responde Darien, tan asombrado como su esposa.

—Es de ensueño, ¿no crees, Darien? —interroga Serena, sin dejar de admirar lo que ve.

—¿Por qué esta edificación es tan distinta a las demás que están en la ciudad? —cuestiona Darien, haciendo que ambos vuelvan a "aterrizar a la tierra".

—No tengo idea o más bien… no quisiera decir algo antes de tiempo —contesta Serena, guardándose los comentarios.

—Será mejor que nos apuremos —ordena con urgencia, Darien, acelerando el paso.

Con el paso más ágil y con la necesidad de saber a la perfección que es lo que ocurre, Darien y Serena se acercan cada vez más a las puertas definitivas del castillo. Cuando sucede esto, dos mujeres le ofrecen una cálida reverencia y los invitan a pasar.

—Su majestad los espera —anuncia una de las mujeres—, síganme, por favor.

La pareja obedece dicha invitación y son guiados por la dulce mujer, la cual viste un elegantísimo kimono, al igual que su compañera.

Ya al interior del castillo, Darien y Serena pueden notar que está en totalidad vacío, cosa extraña, creen ambos, ya que pensaron que este lugar estaría repleto con vestigios de historia imperial de su país.

Ambas mujeres detienen el paso en el instante en que una gran puerta se presenta frente a ellas, con esto se concreta la silenciosa invitación para que Darien y Serena, hagan ingreso a la habitación que está escondida, la cual queda al descubierto en el momento en que ambas mujeres entregan una última reverencia y empujan las grandes puertas ya mencionadas. Ahora, Darien y Serena están solos, antes de entrar se miran por última vez antes de comenzar a dar algún paso, pero este gesto de complicidad se ve interrumpido en el minuto en que una calmada y pacífica voz se hace notar.

—Los estuve esperando —declara una voz masculina ya conocida para la pareja, ya que esta voz se trata nada más ni nada menos que del emperador de Japón.

—Su majestad, es un honor estar en su presencia —dice Darien, ofreciendo una solemne reverencia a dicha persona.

—Agradecidos por el privilegio de estar aquí —secunda Serena, reverenciando al emperador.

—Adelante, ubíquense frente a mí, por favor.

Al escuchar esto, Darien y Serena se arrodillan frente a él, ya que así lo promueve la cultura japonesa en el momento en que estás presenciando un acto solemne. Lo que divide a la pareja del emperador es una modesta mesa de madera, en la que sobre ella se encuentra un set ceremonial de té, el cual está hecho de fina porcelana, nada más que esto.

—Permítanme compartir con ustedes este brebaje —pide el emperador, sirviendo el té, algo que sin duda sorprende a Darien y Serena, ya que según la "normalidad", debería ser justamente al revés, es decir, ellos servir al emperador.

—Como no —comenta algo perplejo, Darien, al ver con que alegría este anciano hombre lleva a cabo dicha acción.

—Bueno… como ustedes ya se han dado cuenta, soy Hiroto Masuyo. Es para mi un honor estar frente a quienes se aparecieron mediante los sueños a lo largo de mi vida —comenta el pequeño hombre, enfundado en un formal kimono ceremonial—, ¿desean escuchar las locas historias de este viejo? —pregunta con humildad.

—Por favor… —pide Serena, en un intento por pedir "auto-respeto" a su majestad.

—Niña querida, no te sientas mal al escuchar que yo me dirijo así hacia ustedes —comenta Hiroto Masuyo, esbozando una sonrisa—, si fueran tan amables de escuchar mis razones para hacer esto, entenderían los motivos.

—Serena… —susurra Darien a su esposa, posando su mano sutilmente sobre la de ella en señal, tanto de apoyo, como de petición de silencio.

—¿Les ha gustado lo que he visto en mis sueños? —interroga el emperador, ya habiendo servido el té.

—Con todo respeto… ¿a qué se refiere? —pregunta Darien, cauto.

—Al castillo que he ordenado construir para ustedes —responde, el emperador.

—¿Para nosotros? —cuestiona, Serena.

—Si he errado ofrezco disculpas —dice el emperador, antes de toser con algo de dificultad—, pero fueron éstas las visiones que tuvo este viejo.

—No, por favor —irrumpe Darien, con urgencia.

—El palacio es bellísimo —añade Serena.

—Espero que haga justicia a lo que fue el milenio de plata, como así también a lo que fue el reino dorado —revela sin más, el emperador, lanzando un balde de agua fría a sus oyentes—, ¿los he sorprendido, no es así? —pregunta, tentándose a reír un poco.

—¿Usted sabe de la existencia de ambos reinos? —pregunta Serena, totalmente boquiabierta.

—Serena Tsukino, hija de la luna plateada, permíteme contarte mi historia… Darien Chiba, regálame también tu atención.

—Por supuesto —responde el pelinegro, totalmente embelesado.

—Como ustedes deben saber, mi calidad de emperador de este hermoso imperio se tradujo a ser considerado un ser divino, así lo sugiere la historia, ya que mi rol y también según lo que se conoció como arahitogami, dictaba que mis ancestros y estirpe, somos la conexión entre la divinidad y los mortales y puede ser por esta misma razón, que desde muy pequeño comencé a tener ciertas visiones de lo que sería el mismo día de hoy. Debo anticipar, amigos míos, que vuestras historias yacen dormidas en el universo así como también se nubló en sus mentes, pero ya que ustedes mismos están conscientes de dicha verdad como así también lo estoy yo, creo que es hora de que esta magnífica leyenda de valentía y amor, fluya a través de nuestro presente.

—¿A qué se refiere, su majestad? —pregunta Serena, sin poder acallar dicha interrogante.

—Por favor… —susurra Darien, con un dejo de regaño.

—No te preocupes, Darien —irrumpe el emperador, entre relajadas sonrisas—, deja que esta joven haga las preguntas que desee, está en todo su derecho—, y pues respondiendo a tu pregunta, Serena, debo decirte que tras toda una vida en busca del conocimiento, sumado a lo que mis eternas visiones dictaban, he podido conocer la hermosa historia que esconden sus vidas, las cuales han pasado en el más injusto anonimato.

—Comprendo… —comenta Serena, reflexiva.

—Pues vamos en orden. Darien Chiba, quisiera partir con tu historia, si así lo permites —pide el emperador.

—Por supuesto.

—Muy bien. Así como tan dorado es el prometedor sol que ilumina nuestras vidas, también lo fue aquel reino que quedó escondido a través del tiempo. Tu estirpe, Darien Chiba, es una de las más nobles que nuestro planeta pudo ver. El gran imperio dorado de la tierra, aquel prometedor imperio que luchó por llevar a este lugar a su esplendor, la cuna que te cobijó hace ya tanto tiempo, al que fuera el último descendiente de este reino. Tu corta vida marcada por el valor, pudo así también marcar lo que pasaría en ya este avanzado futuro, ya que tu eterna devoción hacia selene, la diosa de la luna, hizo florecer el amor que hoy se traduce como la inmortalidad empírica. Ahora bien, Endymion —habla con gran seguridad, el emperador, algo que deja sin aire a sus acompañantes—, sé que has divagado en esta vida sin saber un sinfín de respuestas, que nuevamente has sido marcado por el dolor, por ausencias, confusión, más todavía con el constante peligro que conlleva el ser quien eres, pero, y es aquí cuando creo que estarás de acuerdo conmigo, es que cada dolor sufrido en el pasado, hoy es solo un recuerdo que se empaña gracias a la inmensa dicha que sientes al por fin estar con la princesa Serena.

—Estoy… sin palabras —es todo lo que puede decir por ahora, Darien.

—Sobre ti, dulce Serena —dice el emperador, observando detenidamente a la rubia—. Sé cuan cruel fue tu final así como también el de tu príncipe y también a quien te dio la vida, la Reina Serenity. Tal vez no creas en mis palabras, pero dime sino es ella una hermosa mujer de cabellos platinados y de profunda mirada azuleada, la diosa que te llevó en el vientre.

—Así es —responde Serena, totalmente emocionada.

—He perdido la cuenta sobre cuantas veces soñé con su rostro, pero si recuerdo la atención con la que escuché cada uno de los pasajes de su memoria, aquella valiosa leyenda que quiso compartir conmigo, haciendo que me diera cuenta de lo que es realmente mi propia existencia en este mundo, pero antes de decirles esto, quiero hacer justicia a lo que son sus vidas en el presente —anticipa el emperador—. Sailor Moon, Tuxedo Mask, a nombre de mis ancestros y el propio, quiero agradecerles todo el esfuerzo empleado por resguardar la vida de cada ser viviente del universo. No crean que sus aventuras han pasado desapercibidas ante mis ojos, al contrario, he sido testigo de cada uno de sus valerosos actos, quizás como un ser silencioso escondido en el anonimato de la presencia, pero les dejo en claro que todo lo que han hecho, aunque emplearan diversas triquiñuelas por mantenerlo en secreto, ha sido informado hacia mí y esto me ha ayudado, a lo largo de todos estos años, a unir las piezas de este épico rompecabezas, que adopté como mi propia misión de existencia —al notar el abismante silencio en que se encuentran Darien y Serena, el emperador prosigue—. Permítanme cumplir con mi misión, dar el merecido respecto hacia ustedes y sus compañeros, quienes son realmente las personas más dignas de un profundo respeto. Sin más preámbulos, quiero que tomen este hecho como lo que es, no como una locura, a pesar de que así me lo hayan "hecho saber", pero creo que no es solo necesario, sino que justo. Serena Tsukino, Darien Chiba, espero que de mis manos nazca una nueva era para ustedes y que esta misma haga renacer la esperanza desde este lugar hacia el mundo, que su leyenda sea una realidad, que sus mágicos seres inunden de luz cada rincón del planeta y que lleven a todos a lo que será la era dorada del milenio de plata… quiero que de ahora en adelante, sean ustedes los dueños de este imperio, que resurjan como la familia real y hagan prevalecer el amor y la justicia a todo el universo.


Chicas… la escases de tiempo me obligará a pasar por alto la respuesta que siempre dejo a cada review… créanme que esto me duele mucho ya que siempre me gusta dedicarles algunas palabras, pero aún y con el tiempo justo, nombraré a cada sailor lectora que pasó por aquí en el cap. Anterior.

rulosmile - 2510mari - Patty Ramirez de Chiba - yesqui2000 – adoore - Mellis Saiilors - Osakinana707 - mirtiangis - MartithaJimenez – diosaselena - salvygurl91 – SofiaChiba – LUNA - – Prascy - kararely – Demelphy – paola – selenemoon - Princess Mko - Bere prin - Carmilla-devildoll

¡Gracias, preciosas!, cada una de sus palabras me han servido como un hermoso incentivo para seguir adelante. Prometo intentar responderles aunque sea en un review (como lo he hecho antes debido a la falta de tiempo) pero por ahora les daré una vez más las gracias por la gratitud que han tenido para conmigo, inclusive en mis demoras, fidelidad total! Me siento muy bien gracias a eso, saber que hay niñas que esperan mi actualización con tanta emoción :')
Agradezco también los inbox que he recibido, el apoyo constante de mis amigas para seguir adelante, sabiendo cuanto me costó hacerlo ya que mi Srta. Inspiración se fue de viaje y la muy desgraciada recién volvió hoy… jajajaja

Ahora, para quienes lean mi otro fic, no prometo, sino que juro comenzar a escribir el tercer capítulo de "mi 'segunda' primera vez"

Y siendo ya las 10:50am, me retiro.

Nuevamente, eternamente agradecida por sus palabras, pero más agradecida estoy por la constancia al seguir las locas ocurrencias de esta escritora de FF.

Un abrazo a todas, nos leemos, sayo!