Capítulo XXIX
La tormenta cada vez arreciaba; los hermanos Pevensie y Wilhelm estaban escondidos en un bunker que estaba bajo tierra, tenía todas las comodidades pero aún así el agua entraba a montones, a ese paso los tres tenían que subirse a la litera de arriba para no mojarse. Cada ráfaga de aire venía acompañada de agua que se quedaba estancada, como no podían limpiar el lugar esta estaba empezando a oler mal; tan mal que Edmund ya había vomitado dos veces.
La situación era desesperante tenían comida enlatada desde durazno y manzana embazados y alguna que otra conserva pero al paso que iban pronto se acabaría todo. Desde la noche anterior Wilhelm había estado pensando en algunas oportunidades para salir. Pero tristemente descubría; que no existía ninguna posibilidad con la marea alta y los fuertes vientos tenía más oportunidades de morir en el primer intento que de salir con vida de aquel miserable sitio.
Mientras él pensaba, Lucy y Edmund estaban con las miradas concentradas en un dibujo que estaba haciendo: un león con los ojos bastante abiertos, redondos y para que parecieran brillantes le aplicaba un poco de carbón a las pupilas, la melena del animal estaba esparcida por toda la hoja blanca, cuidó perfectamente que las combinaciones de los colores le dieran una ilusión de movimiento.
—Eres buen dibujante eh. —Repuso Edmund, Wilhelm solo agradeció el gesto alejándose un poco; pues la ropa del chico aún olía a vómito.
Lucy era la más absorta con el dibujo; estaba mirándole fijamente pues pareciera que la melena del león se movía, las primeras veces que lo vio pensó que era producto de la imaginación, conforme fue poniendo un poco más de atención se dio cuenta de que en realidad estaba cobrando movimiento.
Estaba emocionada, se fijó en el suelo percatándose de que el agua ya llegaba a la base de la primer litera; pronto subiría hasta dónde estaban ellos y quizás fuera ella la que los llevara a Narnia.
[…]
El clima en Narnia parecía que mejoraba con el tiempo, desde que el rey Caspian partió al mundo de los reyes de antaño y Aslan tomó la regencia del reino el país había vuelto a congelarse; pero ahora parecía que todo volvía a su cauce normal. Cornelius, el amado profesor de Caspian extrañaba demasiado a su muchacho seis meses pasaron desde que ese rufián escapara de Cair Paravel como un demente, buscando sabría Aslan qué cosa.
Pensando en ello no se dio cuenta de que en la pequeña barca que compartía con Trumpkin este, había logrado pescar una trucha, la cual se resistía a salir del agua para servir de cena al enano narniano.
—¡Vamos Cornelius! Deja de estar pensando y ayúdame a jalar a esta condenada que se quiere escapar de la caña de pescar.
Cornelius enfadado sujetó a Trumpkin por los hombros, ambos se cayeron al agua en el esfuerzo, pero la bendita trucha, sí logró llegar al cesto dónde estaban sus otras amigas.
Con esfuerzo ambos enanos se subieron nuevamente a la barcaza, Trumpkin vacío el cesto contando con ahínco seis excelentes truchas que seguramente quedarían de rechupete guisadas con ajonjolí, unos cuantos jitomates oh y como olvidarlo el perejil siempre era un buen sazonador.
— ¿Estás seguro que regresarán hoy? —Preguntó Cornelius desesperanzado, los primeros meses de ausencia de Caspian fueron pasando para él lentamente.
Había ocasiones en las que sinceramente ya no creía que su muchacho fuera a regresar. Pensaba que quizás el mundo de los reyes de antaño le pareció más excitante que el propio. Y con tristeza se iba haciendo a la idea de que tal vez no regresaría nunca.
—Oh Cornelius, quita esa cara, si Aslan dice que regresarán entonces es que regresarán.
— ¡Pero cuando! ¿Cuándo van a regresar?
Eso ni si quiera Trumpkin lo sabía, solo sabía que los primeros en regresar, serían los primeros que llegaron en el caso de la reina Lucy y el rey Edmund.
[…]
Un chorro de orina le hizo despertar, cuando despertó vio a Peter guardando su pene dentro de los pantalones, en tanto él saboreaba el olor rancio del agua que salió de allí.
Antes de hablar echó un vistazo al lugar en donde estaba, tenía las manos y los pies amordazados, un pañuelo que fue puesto en su boca ya estaba descansando en su cuello; se encontraba en uno de sus tantos hangares solo que estos no tenían ni una sola avioneta dentro, estaban vacíos, todas sus avionetas y helicópteros fueron reemplazados únicamente por una silla, una mesa con por lo que podía oler era café, encima de su cabeza pendía la navaja de una guillotina.
Sí; estaba finalmente hecho ese día iba a morirse, todo por culpa de Susan Pevensie. Y de la obsesión que sentía por ella.
—Deberías tomar más agua Peter, tus riñones están hechos un asco.
—Eso no me preocupa; lo que debería preocuparte es lo que está colgando encima de tu cuello.
Karl tuvo el empacho de reírse, a esas alturas nada le daba miedo su muy amado padre se encargó de eso hacía mucho, mucho, mucho tiempo.
—Lamento decepcionarte pero estoy tranquilo Peter, la muerte es algo que nos llega a todos de una manera u otra.
Peter se quedó impresionado ante tal rechazo; el tipo si algo tenía eran precisamente cojones. Se veía realmente tranquilo miraba hacia arriba con un profundo desprecio hacia lo que fuera a pasar después de aquella charla.
—Esa guillotina es poco en comparación con lo que yo quería hacerte; lo que es una pena porque ya me estaba gustando la idea de torturar alemanes hasta verlos morir.
Karl puso cara de lástima. Ante tal comentariol, bueno ya que iba a morirse una distracción extra no estaba de más. Había que hacerle saber a ese estúpido Pevensie su secretito.
—Da la cuestión de que yo no soy del todo alemán Pevensie soy austriaco. Pero te tengo otra buena noticia, ¿Recuerdas aquella vez que me dijiste que tu rostro sería lo último que viera, cuando me tocara morir? Pues bien Peter; cumpliste con tu palabra aquí estamos los dos, yo amordazado con mi cabeza puesta en una guillotina y tú a punto de jalar esa soga; es para regocijarse; ¿no?
Peter inhaló y exhaló diez veces tenía que hacer acopio de todo su autocontrol para no caer por última vez en las trampas del desgraciado aquel, que siempre se las arregló para sacarle una que otra cana verde.
—Una última cosa antes de que cierres los ojos para siempre Karl.
—No tengo nada mejor que hacer Pevensie, pregunta cuanto quieres en tanto haya tiempo.
— ¿Cuándo fue la primera vez que viste a Susan?
A Susan la vio por primera vez en una fiesta de la embajada inglesa en Estados Unidos; le pareció bonita más no estaba de tiempo para trazar planes respecto a ella. Aún así ella se negaba a salir de su cabeza, se la imagino de todas formas, cediendo a sus más bajos deseos. Se dispuso a buscarla pasaron meses desde aquella fiesta del 4 de julio de 1942, hasta agosto de 1943 no la volvió a ver.
Hasta que fue precisamente Daisy Adams, la estúpida irlandesa gorda quién lo sacó de sus dudas. Su hermosa vecina era la mujer que le robaba el sueño desde hacía catorce meses se quedaron internados en su memoria sus ojos, su cabello, su silueta su sonrisa. EN pocas palabras poco a poco fue enloqueciendo por ella. Dio cualquier cosa por tenerla a su lado aunque eso significara abandonar el gabinete del führer que en ese momento; contaba con su lealtad ciega.
— ¿Bien? —La voz de Peter le sonó demasiado aguda, tenía mareos debido al fuerte olor a diésel, y la lámpara que tenía justo en sus ojos no ayudaba mucho. —Estoy esperando mi respuesta.
Karl respiró profundamente, en fin ya de nada le valía guardarse cualquier secreto que pudiera tener; una vez Lagerfeld le dijo que esa muchacha iba a ser causa de su perdición y vaya que lo fue. Subestimó demasiado la inteligencia de Susan, siempre creyó que podría controlarla metiéndole miedo y a decir verdad el impresionado era él.
Susan demostró que era una buena aprendiz, jugó con sus propias cartas sin que él mismo se diera cuenta. Analizó cada uno de sus métodos para deshacerse de sus enemigos para después aplicarlos en él mismo.
—Fue en el 42 para ser exacto fui invitado al baile del día de independencia que celebraba el gabinete de Roosevelt; allí la vi llevaba puesto un precioso traje azul con estampado de flores blancas, el cabello estaba peinado en ondas y el maquillaje no era cargado únicamente llevaba puesto labial; aún recuerdo que se me puso tiesa la polla nada más la vi me imaginé ese hermoso culito respingado dándole golpes hasta que se pusiera tan rojo como una manzana, se me hizo agua la boca pensando en ese par de tetas con sus pezones rozados, pensé inmediatamente en ese coño seguramente virgen Dios Peter, tu hermana es una Diosa, o una Bruja.
Peter cerró los ojos en 1942 Estados Unidos aún no acariciaba la perspectiva de ir a la guerra. Recordaba que Churchill envió a su padre para que actuara como embajador ante los americanos y expusiera la necesidad de los ingleses; por que Estados Unidos participara en la guerra. Alemania estaba haciendo añicos a la real fuerza británica en ese tiempo sus aliados eran los franceses pero Francia fue pronto ocupada por el Reich.
Inclusive Stalin se puso de lado de Hitler en ese tiempo; Inglaterra estaba sola y desesperada, necesitaban urgentemente un amigo que les echara una mano. Estados Unidos apoyaba mandando soldados pero no era suficiente. Querían que formalizara una alianza.
Pero ahora lo comprendía, comprendía porque no participaron hasta 1945.
Alemania se había encargado de presionar a la embajada americana; y Karl era el encargado para eso.
Y Susan tuvo la mala suerte de estar allí.
[…]
Wilhelm no sabía exactamente qué demonios pasaba, todo sucedió tan rápido que apenas podía tratar de asimilarlo. Recordó que el lugar en donde se reguarnecían del agua pronto empezó a llenarse de agua, el león que estaba pintando movía su melena hacia un lado y hacia el otro, sin embargo mientras más movía la melena más se estaban inundando.
Lucy ordenó que se tomaran las manos, él recordó haber tomado la suya inmediatamente e inclusive la de Edmund que en ese momento no le dio asco. Poco después estaban nadando entre los escombros de la habitación. Flotaron un momento en el agua esperando a por un momento de escape, entonces fue allí cuando el bunker desapareció poco a poco adiós a la madera del sitio, adiós al par de literas y a la mochila que habían provisionado con comida y agua. Ya nadaban dentro de lo que era un lago. Les llegó un rayo de luz solar. E inmediatamente Edmund y Lucy nadaron hacia él a Whilhem no le quedó de otra que seguirles pues no era su intención morirse en el fondo del agua.
Nadaron hasta que llegaron a la superficie, apenas sacaron los tres las cabezas del agua sonaron trompetas e inclusive escuchó uso vivas.
Luego vino lo que jamás habría imaginado, ni si quiera en los mejores cuentos de fantasía que le contaba a su abuela para dormir.
Un león, sí un león más grande de lo normal les salió al paso. Y lo peor no era eso, sino que hablaba y era ¡gentil!
Aslan escuchó que le llamaban.
Iba rodeado de ninfas, minotauros, faunos, náyades y dríades, a unos ratones bastante molestos, un tejón que se llamaba Buscatrufas y que por cierto no pudo quitárselo de encima desde que llegaron.
Oh y como olvidar a ese hablador Trumpkin.
Se suponía que estaban en una fiesta, celebraban el regreso de los "Reyes de Antaño" O eso mencionó el león ese. La cuestión era que Whilhem no estaba para festejos.
Desde su árbol favorito veía a Lucy bailar entre los faunos y Edmund hacía lo mismo se veían ambos contentos, como si ese regreso fuera lo que estuvieran esperando por meses o por años.
Él sin embargo no estaba para nada contento.
Se sentía confundido, no sabía qué hacer, ni qué decir sentía que ese lugar no era para él; convencido de que necesitaba salir de allí antes de volverse loco completamente. Se puso en pie aprovechando que su interlocutor del momento Buscatrufas se fue a buscar un poco de avellanas cubiertas con miel.
—No vas a poder salir de aquí Wilhelm.
La voz de Lucy, la dulce voz de Lucy fue lo que tuvo que detenerlo, Whilhelm se dio la media vuelta sintiéndose admirado apeas la vio; la ropa con la que fueron rescatados del lago, fue completamente retirada en su lugar, Lucy llevaba puesto un precioso vestido rosado con bordaduras en un rosa más fuerte y mangas en forma de campana, justo como las que usaban las mujeres en la época del renacimiento.
—Yo no pertenezco a este sitio Lucy, es demasiado para que pueda…
—Estás como mi hermana mayor cuando vino por primera vez, ella también se negaba pero al último se hizo a la idea e inclusive le encantó.
Lucy se subió un poco las faldas del vestido, tenía que medir bien sus pasos si no quería tropezar en la oscuridad.
—Por favor Whilhelm.
Ante esa mirada de súplica el alemán nada tenía que hacer La voz de Lucy, la dulce voz de Lucy fue lo que tuvo que detenerlo, Whilhelm se dio la media vuelta sintiéndose admirado apeas la vio; la ropa con la que fueron rescatados del lago, fue completamente retirada en su lugar, Lucy llevaba puesto un precioso vestido rosado con bordaduras en un rosa más fuerte y mangas en forma de campana, justo como las que usaban las mujeres en la época del renacimiento.
—Yo no pertenezco a este sitio Lucy, es demasiado para que pueda…
—Estás como mi hermana mayor cuando vino por primera vez, ella también se negaba pero al último se hizo a la idea e inclusive le encantó.
Lucy se subió un poco las faldas del vestido, tenía que medir bien sus pasos si no quería tropezar en la oscuridad.
—Por favor Whilhelm.
Ante esa mirada de súplica el alemán nada tenía que hacer, Whilhelm dudó un poco, pero finalmente acabó cediendo ante las peticiones de Lucy; el sitio era agradable, encontró toda clase de criaturas mitológicas que pensó únicamente existían en los mitos de los antiguos griegos. Quizás la pasaría bien; en Alemania no tenía nadie que lo esperara, su abuela que era su única familia había fallecido el año pasado a causa de su neumonía dejándole solo en el mundo…Bueno estuvo solo hasta que llegaron Edmund y Lucy a ponerle un poco de interés a su triste historia.
[…]
Caspian arribó al lugar en dónde le notificaron que estaba Thurn und Taxis, le agradecía internamente a Aslan el hecho de que todo hubiese salido tal y como Susan lo planeó; al abrir la pesada puerta de madera vio en su defecto a Peter lo vio absorto en un juego de crucigrama.
Él le dictaba las preguntas a Karl y Karl respondía las preguntas como si nada, hasta pareciera que en lugar de morir estaba en medio de una fastuosa reunión.
—¿Nombre de pila del físico que publicó la ley de la gravedad?
Peter empezó a escribir "Isac" Le mostró el periódico a Karl, este lanzó una estridente carcajada. Al tiempo que negaba con la cabeza.
—Con doble "A" C.
Peter le miró por encima del periódico, borró las primeras letras que puso y corrigió con la misma rapidez.
Caspian estaba entre pasmado y horrorizado Karl por su parte se veía tranquilo le ayudaba a Peter como si se tratara de cualquier camarada no de un enemigo que quería verlo muerto a cualquier costo.
En cambio Peter; su cuñado era el que lo tenía mucho más asombrado todavía, apenas podía creer que se contuviera de tal forma; que dominara sus impulsos hasta el límite de permitirse jugar con la desesperación escondida de un hombre que sabía estaba a punto de cruzar la delgada línea que existía, entre la vida y la muerte. Comprendía que ya nada quedaba por hacer; lo mejor que tenían que hacer en ese momento era apurar las cosas antes de que los refuerzos del príncipe llegaran a rescatarlo, que seguramente eso era lo que Thurn und Taxis deseaba secretamente.
Se fue acercando poco a poco hacia donde estaba la guillotina; llevándose a rastras una silla de metal consigo; poco le importó que el ruido fuera algo escandaloso en ese momento, lo que Caspian necesitaba para disipar los nervios era precisamente ruido, no era la primera vez que tenía una vida entre las manos y debía firmar una sentencia de muerte. Empero las sensaciones que dejaban después de firmarlas y hacerlas ejecutar, nunca eran del todo buenas.
— ¡¿Pero miren quien se ha unido al club!? Nada más y nada menos que el reyecito de los cuentos de hadas.
En cuanto terminó de hablar, Peter tuvo a bien atestarle un puñetazo.
— ¿Cuánto tiempo le queda a esta basura de vida Peter? —Cuestionó Caspian.
Peter miró su reloj de mano, la orden era clara, en cuanto Caspian llegara al lugar, esa navaja que estaba montada debía empezar a descender; antes de que ello pasara quería divertirse un poco más.
De verdad que lo asombraba el autocontrol que sentía en esos momentos, estaba entre orgulloso y asustado consigo mismo, ¿Cuándo se convirtió en lo que era? ¿Aslan lo reconocería cuando llegara a Narnia? ¿Si quiera le permitiría estar entre su hermano y hermanas? Eran muchas las preguntas que le rondaban por la cabeza en ese incomodo instante, en el que todo cuanto deseaba era torturar a Thurn und Taxis hasta que pidiera piedad.
Una cosa que aprendió de sobrevivir en el grupo de Aldo Raine, o Aldo "el apache" fue a torturar, si algo tenían en común aquellos judíos, aquel inglés y aquel americano era que todos tenían un motivo para odiar a los alemanes ya fueran culpables, o fueran inocentes siempre merecían morir.
—¿Y bien a quién más esperamos? ¿En dónde está mi precioso pichoncito? Pensé que ella sería la invitada de honor.
Caspian se mordía el labio inferior, su pecho subía y bajaba constantemente, estaba agitado y lleno de satisfacción al tener por fin su venganza, poco a poco empezaban a dar sus planes frutos. Todos los que le hicieron daño a su pobre Susan empezaban a pagarlo unos lo pagarían con creces y otros como Thurn und Taxis se irían dejando todavía deudas pendientes por pagar.
—Ella no vendrá. —La voz de Caspian sonaba tranquila para alegría del rey. —Pero manda sus saludos y sus deseos de que te quemes en el infierno.
—Le agradezco, aunque hubiera preferido quemarme con ella.
— ¡¿No te arrepientes!? ¿No te causan pena todos esos hombres a los que enviaste a morir por una causa inútil?
Karl dibujó en su rostro una sonrisa burlona, que claramente demostraba que no; no se compadecía de todos aquellos a quienes mandó desfilar a hacia una muerte segura, no le importaban los niños que se quedaron sin padre, o las mujeres que perdieron el sustento de sus casas.
Para monstruos como el príncipe de Thurn und Taxis solo importaba el poder y para conseguirlo el fin siempre justificaba los medios.
—Pero no te preocupes; hay una larga lista de hombres que perdieron las cabezas en reinados del terror como tú.
Karl asintió,.
—Sí, el primero fue Luis XVI, rey de Francia desde 1774 hasta 1789, y guillotinado si mi memoria no me falla el 21 de enero de 1793, otro desgraciado igual que yo fue precisamente el que hizo detonar la bomba en París, el que fomentó el reguero de sangre que se hizo presente en toda Francia, estoy hablando de Maximilien de Robespierre a él lo ejecutaron el 28 de julio de 1794 y con su muerte se dio el fin del reinado del terror.
—Correcto—Caspian asintió como si fuera un maestro de historia escuchando, la lección que su alumno recitaba de memoria, sobre la caída de los Borbón en Francia. — He estudiado todo eso y estás muy bien informado Karl, me halaga que también sepas que hoy se te llegó tu día pero, nadie sabrá que exististe.
—Si—Admitió de mala gana el príncipe. —Es una pena que nadie sepa que yo ayudé a que Alemania fuera grande; en fin no hay nada que pueda hacerse para volver al pasado. —Luego miró a Peter. —Y si pudiera hacerlo de nuevo, estoy seguro que haría todo de nueva cuenta, y esta vez me aseguraría de terminar con todos y cada uno de ustedes.
Caspian rio.
— ¿Hasta con ella? Por lo que puedo saber tuviste muchas oportunidades para matarla, ¿Por qué no lo hiciste?
Karl suspiró otra vez el bendito tema de Susan.
—Porque no podía; además estoy seguro de que si hubiera terminado con la vida de Susan. Inmediatamente me habría ido a seguirla.
Era un psicópata, Caspian no tenía duda de ello. Poco a poco fue alargando su mano a la soga de la cual pendía la navaja, vio que Karl se mantenía con los ojos fijos en sus movimientos así que actuó rápido.
De un solo jalón soltó el nudo provocando con ello que la navaja descendiera rápidamente.
Lo demás fue solo cuestión de segundos, la cabeza de Karl rodó a los pies de Peter y lo que quedó del cuerpo se convulsionó durante unos minutos.
Finalmente, todo estaba terminado; ya no había espacio más que para un solo Príncipe de Thurn und Taxis, o sea él mismo.
