XXIII
Como en los Viejos Tiempos
Los primeros rayos del sol golpean mi rostro a través de las rendijas que hay en las persianas. Consigo incorporarme al instante, sintiéndome un poco adolorida por haber pasado la noche entera durmiendo en el suelo. No ha sido la peor noche, pero tampoco podría calificarla como una de las cinco mejores. Aún tengo tanto sueño, que tengo la impresión de que podría ir a mi propio dormitorio para dormir un rato más.
He pasado la noche en el dormitorio de mi némesis, sólo porque me he negado rotundamente a salir de la que solía ser mi propia cueva para escapar del mundo. Todo esto sigue pareciendo el producto de una loca pesadilla. Kate aún está dormitando en el sofá, pues ella también ha pasado la noche aquí. Rachel es la única que está totalmente activa.
—Buenos días, bella durmiente —me dice cuando se da cuenta de que he despertado ya.
Incluso está del mejor humor posible.
Rachel no parece ser el tipo de chica que despierta para ver el amanecer.
— ¿Qué hora es…?
—Son casi las siete de la mañana y es un día precioso en Arcadia Bay.
— ¿Por qué estás tan de buen humor?
— ¿Por qué no estarlo? Deberías ducharte. Así te sentirás mejor.
No puedo luchar contra ese optimismo.
—Kate aún está dormida… —le digo tras levantarme al fin—. Eso, o realmente está muy drogada…
Rachel ríe.
—No despertará hasta dentro de un par de horas, créeme.
—Bien… Iré a ducharme y luego… Uh…
No quiero admitirlo, pero lo cierto es que no puedo ir a mi dormitorio y tomar uno de esos conjuntos que, al parecer, forman parte de mi nuevo guardarropa. No quiero ser la misteriosa súper heroína que viste como una copia de Victoria Chase. Pero si no tengo más ropa, entonces…
— ¿Qué pasa, Max?
Iugh… No creo poder acostumbrarme pronto a escuchar la voz de Rachel diciendo mi nombre.
¿Qué más da? Sólo díselo, Max.
—Rachel… Creerás que es estúpido, pero… No quiero usar esta clase de ropa. ¿Crees que podrías…?
Ella arquea las cejas.
—No tenía idea de que el estilo punk te gustara. Pero… Sí, por supuesto. Toma lo que quieras de mi armario. Lo que es mío, es tuyo.
Y me dedica un guiño.
Te detesto, Rachel Amber.
Sé que Rachel y yo tenemos la misma talla, por lo que basta con tomar una muda de ropa para luego salir del dormitorio y dirigirme hacia las duchas. Creo que todo lo que sucedió ayer me dejó tan confundida, que una parte de mí en realidad cree que tomar un baño en esta realidad puede ser totalmente distinto a lo que creo. ¿Quién sabe? Tal vez aquí tenga que usar un tutú de bailarina de ballet y una peluca colorida de payaso mientras estoy bajo el agua.
¿Qué diablos estás pensando, Max?
Y pensar que fuiste tú la única que no se drogó anoche… ¿O sí?
— ¡Maxine!
Max. ¡Max! Nunca Maxine.
Es Victoria quien me llama. Viene hacia mí a toda velocidad, con sus objetos de higiene personal bajo el brazo. Y no se ve contenta.
— ¡Eres la peor mejor amiga del mundo! ¿En dónde diablos te metiste ayer? ¡Te perdiste de la mejor fiesta que…!
—Escucha, Victoria, porque sólo voy a decirlo una vez… No vuelvas a referirte a mí como tu mejor amiga.
¿De dónde ha salido este valor?
No lo sé.
Victoria se siente ofendida.
—Maxine, ¿qué diablos dices? ¿Qué he hecho mal?
—Todo. Burlarte de Kate Marsh y Rachel Amber, para empezar.
Victoria frunce el entrecejo.
—Tengo que recordarte que eso a ti siempre te ha parecido gracioso.
—Ya no más. No tienes idea del daño que causas al tratar así a las personas. Especialmente cuando ellas no lo merecen.
—Sabes tan bien como yo que Kate Marsh no es tan inocente como pretende ser. Todos en Blackwell han visto ese video donde Nathan y ella…
—Nathan la drogó y abusó de ella.
— ¿Qué diablos dices? Tal vez eres tú quien está drogada. Sé que fue difícil aceptar que Nathan tuvo un pequeño desliz con Kate, pero esa no es razón para culparme de algo que no tuvo nada que ver conmigo.
—Y, ¿qué hay de Rachel Amber? ¿Qué es lo que dirás para defenderte?
Victoria cambia su táctica de defensa. Se acerca a mí a paso lento, totalmente dispuesta a atacarme.
— ¿Qué insinúas, Maxine? ¿Estás diciendo que repentinamente te has vuelto amiga de esas putas?
—Y si fuera así, ¿qué?
—No te reconozco. Has estado actuando de una manera muy extraña desde que decidiste comenzar a ignorarnos ayer. Maxine, ¿qué es lo que te ocurre?
—Lo único que ocurre es que no permitiré que te atrevas a lastimar a Kate, o a Rachel. No vuelvas a acercarte a mí, Victoria.
—Bien, si eso quieres…
—Sí. Justo eso es lo que quiero.
Y así sin más, me giro para seguir mi camino hasta las duchas. Poco me importa que Victoria haya vuelto a su dormitorio, totalmente derrotada. En realidad, lo único que me importa justo ahora es remediar tantos pequeños detalles como pueda. Victoria ha sido el primer paso. Ahora sólo resta disculparme con Warren por lo que sea que haya causado ese odio que siente hacia mí. Eso, y cortar de tajo mi relación con Nathan Prescott.
Estarás bien, Max. Puedes hacerlo.
El baño ha servido justo de la manera que yo esperaba. En poco menos de una hora ya estoy de vuelta en mi dormitorio, con la ropa de Rachel encima y mirándome en ese espejo de estilo vintage que decora el lado de la habitación de Kate. El hecho de tener de nuevo este conjunto tan hardcore sólo sirve para ayudarme a recordar a esa chica peliazul que me obligó a usarlo en primer lugar. En otro tiempo. En otro lugar. Justo antes de que sus labios y los míos…
—Knock-Knock. ¿Podemos pasar?
Rachel y Kate aparecen en el umbral de la puerta, ambas esbozando sonrisas traviesas que no anuncian nada bueno.
Al menos, la presencia de ambas me ha ayudado a dejar de pensar en… Chloe.
—Creo que esa ropa te sienta muy bien —concede Kate—. Pero…
De pronto me siento violada por sus manos, que pasan de aquí hacia allá sobre mi cuerpo intentando dejar cada prenda en las condiciones más hardcore posibles. Al finalizar con lo suyo, alborota un poco mi cabello largo para hacerlo caer sobre mis hombros. Finalmente se aleja de mí y choca las palmas con Rachel.
—Misión cumplida —dice Kate—. Ahora definitivamente pareces una de las nuestras.
—Aún no —dice Rachel—. Creo que todavía podemos hacer un par de cosas más por ti, Caulfield.
— ¿Por qué están haciendo esto? —les pregunto entre risas.
Y Rachel, rodeando mis hombros con un brazo, sólo responde despreocupada:
—Porque somos amigas. ¿No es eso lo que le has dicho a Victoria?
Mierda.
Ahora me siento ridiculizada. He defendido a Rachel Amber y, además, ella lo sabe.
Esto no estaba planeado.
—Tengo una idea —dice Kate y procede a buscar algo entre el caos que hay en su escritorio. Finalmente encuentra lo que está buscando y vuelve conmigo—. Max, elije uno.
En sus manos hay tres colores distintos para teñir el cabello. Esos tres colores forman parte de sus mechones. Rojo, púrpura y azul.
No tengo que pensarlo.
—Azul.
—Gran elección —dice Rachel—. Ahora siéntate y déjanos transformarte. Te transformaremos en una verdadera punk.
Y me lanza sobre la silla del escritorio de Kate, para luego mantenerme lejos del espejo y atacarme con las brochas de maquillaje.
Tras lo que parece ser una eternidad, Kate finalmente se aparta de mí cuando da los últimos toques a mi rostro, mientras Rachel se encarga de cepillar mi cabello. Ambas se apartan a la vez, y me inquieta un poco ver esas tijeras en las manos de Rachel. Comparten una mirada de complicidad que delata, además, la amistad fuerte y verdadera que las une.
Me cuesta pensar que esta misma Rachel Amber pudo haber sido el ángel de Chloe. ¿En algún momento ambas se habrán mirado de esa manera?
—Mira esto, Max —dice Kate finalmente, tomando mis manos para ayudar a levantarme de la silla—. Te encantará.
No podría estar más en lo cierto.
La chica que me devuelve la mirada desde el espejo se parece mucho más a la Max Caulfield que alteró el espacio-tiempo para traer a la Kate hardcore de vuelta al mundo. Las ropas de Rachel ya están en su sitio, resaltando las partes de mi cuerpo que tienen que resaltar. El maquillaje en mi rostro hace ver mucho más… yo, y eso es una diferencia notable si tomamos en cuenta que mi otro yo solía llevar los labios pintados con un intenso color carmín.
Lo más sorprendente de todo es lo que Rachel ha hecho con mi cabello, tiñendo algunos mechones con el color azul que elegí y manteniendo el largo que sólo de esta manera luce de maravilla.
Kate y Rachel son un gran equipo.
—Ahora definitivamente eres parte de nuestro círculo —dice Rachel—. Sólo te hacen falta algunos tatuajes.
—Sí… Quizá en otro momento. Por ahora, tengo que ir a ver a Chloe. Se lo prometí.
—De acuerdo —accede Rachel—. Pero más tarde tendremos que ir al faro, ¿de acuerdo?
— ¿Al faro?
—Rachel tiene un plan —explica Kate—. Ya te lo diremos más tarde, con un poco más de tiempo.
—Sí —asiente Rachel—. Por ahora, te llevaremos a la casa de los Price. Andando.
El trío dorado e invencible sale de los dormitorios para avanzar hacia el estacionamiento, donde está esperándonos esa camioneta perfecta para llevar a ocho personas en su interior.
Al ver ese auto, sólo puedo pensar en lo mucho que desearía poder ver la camioneta sucia y vieja de Chloe. Con mi Chloe peliazul en su interior, de ser posible.
Salimos de Blackwell y tardamos poco tiempo en llegar a la casa de los Price, donde William ya se encuentra haciendo sus labores matutinas de mantenimiento. El color azul de la fachada de la casa no va a mantenerse limpio sin las manos expertas de William Price.
Rachel apaga el motor por un momento, sólo para que yo pueda bajar y Kate pueda tomar mi lugar a su lado.
—Vendremos por ti más tarde —dice Rachel.
—Diviértete —secunda Kate.
Rachel pone en marcha el auto para alejarse a toda velocidad. Y su manera tan imprudente de conducir me recuerda tanto a…
—Max Caulfield, ¿qué te has hecho?
William se ha percatado de mi presencia. Me recibe con esa cálida sonrisa que sólo él es capaz de esbozar. Es esa clase de gesto que ayuda a cualquiera a sentirse como en casa.
—Sólo quería un cambio. ¿Me veo tan mal?
—Por supuesto que no. Eres hermosa. ¿Vienes a ver a Chloe?
—S-sí… Ayer lo prometí.
—Bueno, ella no se siente muy bien hoy. Pero puedes entrar a su habitación. Dime, ¿ya has desayunado?
—No, en realidad ha sido un día extraño.
—Joyce ya se ha ido a trabajar, pero yo podría preparar algo cuando haya terminado con mis tareas.
—No te preocupes por eso, William. Puedo… ¿Puedo pasar?
—Adelante. Mi casa es tu casa.
Vuelve a sus tareas mientras yo entro a la casa, sintiendo cómo la desolación se cierne sobre mis hombros. En realidad quisiera salir a pasear con Chloe, al menos en los al rededores del vecindario. Pero si ella no se siente bien, lo cual sigue siendo culpa mía, supongo que tendremos que quedarnos en casa.
Su habitación, tan blanca y llena con las máquinas que la mantienen con vida, me llena de terror. Me causa escalofríos. Especialmente cuando veo su silla de ruedas olvidada en un rincón.
Ella tiene que usar una máquina para respirar… Y su habitación da vista hacia el jardín. Eso es cruel, considerando que nunca volverá a sentir el césped bajo su cuerpo.
Esto es… Es tan triste…
—H-hola, Max…
Chloe luce pálida, cansada y un poco enferma. Y eso último ya es decir demasiado. Al menos sonríe como si fuese la persona más feliz del mundo. Eso ya es importante.
—Hola, Chloe. William dijo que no te sientes muy bien hoy.
—Son sólo mis dolores de cabeza habituales… Es horrible, ¿no crees? Mi cabeza es lo único que puedo mover, y es lo único que me tortura… ¿Qué te has hecho?
—Uh… M-mis amigas hicieron unos cuantos cambios… ¿Te gusta?
—Luces linda… Mucho más que ayer.
Ella es tan gentil, tan llena de luz… ¿Dónde está mi amiga egoísta, ruda y altanera? ¿No volverá jamás?
—Chloe… Tu habitación es todo un mundo de tecnología. Es impresionante.
Comentarios estúpidos de personas estúpidas, por Max Caulfield.
Chloe sonríe.
—Lo mejor de lo mejor —bromea ella—. Una persona no puede respirar con máquinas de mala calidad, ¿sabes? Al menos es una buena manera para mantenerme entretenida. Tengo la pantalla de plasma y el ordenador…
—Apuesto a que te lo pasas en grande.
—Sí… Seguro…
Para de decir estupideces, Max. Chloe no necesita esto.
—Así que… ¿Cómo has pasado la noche?
¿Por qué debe ser tan difícil hablar con ella?
Tal vez se debe a que no puedo mirarla directamente a los ojos sin sentirme avergonzada. No puedo terminar de acostumbrarme a su cabello rubio. Quiero a mi punk peliazul… Quiero a mi Chloe… La extraño tanto… Y ahora debo deshacerme de las lágrimas, antes de que Chloe lo note y esto sea mucho más incómodo de lo que ya es.
Mierda.
—No te preocupes, Max… Puedes… Puedes llorar y ser sincera con lo que sientes. Si no quieres estar aquí…
—N-no… Lo lamento, Chloe… No quería que…
— ¿Puedes sólo… sentarte conmigo…?
—Sí, claro.
Lo que quieras, será tuyo. Mereces más de lo que puedo darte.
Estar sentada a un lado de Chloe facilita un poco las cosas, aún cuando quisiera evitar pensar que ella no podrá levantarse de la cama para salir y tener aventuras. Jamás.
—Así que… ¿Cómo han estado Joyce y William en todo este tiempo?
—De maravilla… Especialmente ahora que no pueden salir a dar un paseo a solas. Dedican sus vidas a cuidar de mí.
—Ellos… Ellos están felices por tenerte aquí.
—Lo sé… A veces me comporto como toda una adolescente para que ellos tengan una excusa para gritarme. Patético, lo sé.
—Chloe… Eres una excelente hija. Eres amable y sensible, incluso cuando no tienes que serlo.
—Créeme, aún tengo dentro mi ira. Especialmente cuando una enfermera inexperta debe ponerme una vía intravenosa en el hospital, o cuando los doctores pasan a mi alrededor tratándome como a una muñeca de ciencias.
—Puedo imaginar que eso es horrible… Pero aún eres maravillosa. Siempre lo has sido, desde que éramos niñas.
Ella sonríe, aún cuando no puede sentir que he colocado mi mano sobre la suya.
—Gracias por venir, Max… Siento mi garganta un poco seca. ¿Puedes darme un poco de agua? Está justo detrás de ti.
En lugar de darle una pipa a Chloe, debo darle de beber… ¿Es que no hay alguna manera de cambiar esto…?
—Bebe, corderito.
Ella vacía el vaso con la pajilla.
—Oh, chica… Creo que en estos dos días he hablado más que en toda mi vida. No hay mucho que decir cuando estoy sola.
— ¿Has pensado en hacer un podcast?
Chloe ríe. Al menos eso sí puedo hacerlo bien.
—Quisiera golpearte en la cara ahora mismo. ¿Un podcast? ¿En serio?
—Bueno… Era sólo una idea.
—Sé que sólo intentas ayudar.
—Sí… Se ha vuelto un mal hábito últimamente…
—Te has escuchado como un adulto. Pareciera que fuimos niñas en otra vida.
Sí… Puede que tengas razón…
—Para mí… Parece que fue ayer cuando éramos niñas, mirando a los Power Rangers y destruyendo la cocina.
—Sí… Qué tiempos aquellos. Pero eso fue hace tanto tiempo… Al menos no han cambado muchas cosas. Tú eres la única persona que viene a visitarme. Como puedes ver, no tengo amigos en ninguna parte.
— ¿Tenías amigos antes del… incidente?
—Megan Weaver, pero no la conocías. Ella era genial, aunque… Después del accidente se hizo demasiado genial como para visitarme…
—Sé que no estuve aquí cuando más me necesitaste. Sin excusas. Soy una perdedora. Pero… Estoy intentando remediar las cosas.
— ¿Cómo? No eres Súper Max. Y no estoy tratando de culparte.
Eso es porque no tienes idea…
—Sé que esta es una pregunta estúpida, pero… ¿Te sientes sola?
—Sí. Pregunta estúpida. Y no me importa estar sola… Excepto cuando no puedo ir a fiestas, supongo. Pero tengo a mis padres. Podemos hacer fiestas locas aquí mismo, los tres juntos.
—Joyce y William son increíbles.
—Max… El accidente también fue duro para ellos. Nuestros ingresos son mínimos y las cuentas del hospital son una locura.
— ¿Pueden pagarlo?
—No… Mantienen las cuentas lejos de mí, pero no necesito investigar mucho para saber que les cuesto a mis padres al menos un millón de dólares al año.
—Chloe… Tenerte aquí no tiene precio.
—Eres tan linda… Por eso te quiero.
—Y yo a ti. Más de lo que piensas.
Y de maneras que no imaginas.
—Lo sé… ¿Sabes? Me encantaría ver una película contigo.
— ¡Sí! ¿Qué te gustaría ver?
—Uh… Creo que estoy de humor para Blade Runner. Siempre lloro en el final. Además, sabes que siempre he querido teñirme el cabello de azul, como Pris.
—Lo sé… Te verías muy hermosa con el cabello azul.
Buscar el reproductor de DVD y la película de Blade Runner no me toma más de un par de segundos. Pero en cuanto la película comienza y yo vuelvo a sentarme a su lado, mi teléfono recibe un mensaje.
Nathan Prescott.
¿Qué es lo que quiere de mí? ¿Victoria le habrá dicho algo con respecto a nuestra pequeña discusión?
Cariño, ¿en dónde te has metido?
He estado buscándote por toda la academia
Si tanto quieres saberlo…
Estoy en casa de Chloe Price…
Su respuesta no se hace esperar.
Bueno, será mejor que no te pongas cómoda.
¿Qué haces ahí? Tendrías que estar con Vortex…
¿Además de convertirme en una copia de Victoria, tengo que ir a donde sea que ellos vayan?
Chloe es mi mejor amiga.
Y será mejor que no pretendas controlarme. Más tarde tengo un compromiso con Rachel y Kate.
Su respuesta es inmediata.
Mark quiere vernos en el cuarto oscuro en un par de horas. Iré a recogerte en un rato.
¿Mark? ¿Quién es Mark? ¿Un nuevo miembro de Vortex, tal vez?
Un momento…
Rachel en el cuarto oscuro… Rachel en el cuarto oscuro…
¿Qué…?
— ¿Pasa algo, Max?
—N-no… N-no es nada…
