Disclaimer: Harry, Draco y sus amigos pertenecen a Joanne Rowling y sus asociados, los retratos pertenecen a quien los haya inventado. Yo sólo soy responsable de los momentos robados que me permitieron escribir esta historia. Como se dice por ahí, por amor al arte.

Notas de la autora: hoy se me hizo un poco tarde, pero aquí estoy. Gracias por esperar con ansias y por sus reacciones al capítulo anterior, siempre me encanta leer sus opiniones. Gracias a Maria Mendoza (también me encanta MALEC, por cierto), Ana Luisa y Cuqui Luna. Sin más vueltas, los invito a leer.


Capítulo 29: lo que de verdad importa

"People throw rocks at things that shine and life makes love look hard
The stakes are high, the water's rough
But this love is ours/

La gente arroja piedras a las cosas que brillan y la vida hace que el amor parezca difícil
Las apuestas son altas, las aguas están turbulentas
Pero este amor es nuestro"

Ours, Taylor Swift

Realmente no pensó en un encantamiento. Sólo apuntó hacia ese cretino y un rayo salió disparado. Comida, vasos y demás salieron volando, al tiempo que los Slytherin se ponían en movimiento, dejando solo al italiano.

-¿¡Qué demonios crees que haces, Potter!?

-¿QUÉ PRETENDÍAS CON ESO? ¿POR QUÉ NO PUEDES DEJARLO EN PAZ?

-¡No he hecho nada! –un nuevo movimiento de varita y Zabini se estampó de espaldas contra la pared.

-¡NO ME IMPORTA SI TU VIDA ES UNA MIERDA, LO QUE HICISTE NO TIENE JUSTIFICACIÓN! –lo apuntó una vez más, pero en esa ocasión Zabini interceptó el hechizo a tiempo.

-¡No sé de qué estás hablando!

-¡HARÉ QUE TE ARREPIENTAS!

-¡ERES UN MALDITO DEMENTE!

-TE FREIRÉ A HECHIZOS –prosiguió, alternando cada palabra con un movimiento de varita. El Slytherin se defendía como podía, pero un rayo alcanzó su pierna, arrancándole un gruñido de dolor-. HASTA QUE ENTIENDAS.

-¡HARRY! –escuchó el grito de Hermione, reparando en el corro de estudiantes que los rodeaba.

Ese momento de distracción le costó la varita. Contempló casi en cámara lenta como el instrumento mágico se escabullía de su mano y volaba hacia el chico.

-Parece que no eres tan buen duelista como quieres creer –dijo con una sonrisa-. Esto se queda conmigo hasta que…

-Así que asumes que porque me desarmaste, ya ganaste –recapituló, moviendo los dedos mientras sentía la magia vibrar contra su piel-. Eres más inepto de lo que pensé.

Extendió ambas manos hacia adelante, como empujando algo. Zabini impactó tan fuerte contra la pared que soltó las varitas.

-Jamás, en tu miserable vida, vuelvas a hacer nada contra Draco. ¿Escuchaste, imbécil? –Harry repitió el movimiento. El italiano profirió un quejido- RESPONDE.

-Yo no hice…

-REPONDE MI PREGUNTA.

-Lo… -Harry apretó la mandíbula, sintiendo una corriente extraña- ¡Te lo juro, pero detente! -el chico frente a él aulló del dolor. Hilos de humo empezaron a surgir de su capa, dejando un inconfundible hedor a quemado.

-¡POR FAVOR HARRY, DETENTE! –chilló Hermione.

El Gryffindor dio un paso atrás, bajando las manos. Zabini cayó al suelo, desmadejado y abrazándose a sí mismo.


Lo ocurrido en el gran comedor volvió a reproducirse en su mente con dolorosa precisión. Mantuvo los ojos cerrados aún después de que finalizara el hechizo.

-Un alarde de magia impresionante, Potter. Lastimosamente destructivo –sentenció McGonagall frente a él-. ¿Algo que quieras decirme? –Negó despacio, rehusándose a mirarla- Nunca has destacado en mi asignatura. Y por lo que sé de tu expediente, encajas en el estatus de alumno promedio, con cierta inclinación a los hechizos de defensa. Esa es mi opinión. El profesor Dumbledore, en cambio, siempre afirmó que tus habilidades mágicas iban más allá de lo que mostrabas, de lo que tú mismo creías. Por lo que me permitiste ver, parece que he estado equivocada. ¿Desde hace cuánto eres capaz de realizar magia sin varita?

-Semanas.

-No fueron explosiones involuntarias. Estabas consciente de lo que hacías –se encogió de hombros, notando lo rígidos que estos se sentían-. ¿Por qué reclamabas tan enfáticamente al señor Zabini?

-Le dio una poción a Draco –lo plano de su voz resaltaba incluso a sus propios oídos-. ¿Cómo está… él?

Después del incidente en el gran comedor, McGonagall no tardó en llegar, ordenando a Ernie trasladar a Zabini a la enfermería y enviándolo a él a su oficina. Harry había tenido que esperar por cuarenta minutos bajo la inspección de todos los antiguos directores de Hogwarts. Y cuando ella finalmente apareció, no había tenido fuerza o voluntad para hablar. Se había limitado a decirle "puede leer mi mente", negándose a añadir una palabra más. Con expresión reprobatoria, ella había explorado en sus recuerdos recientes.

-¿El señor Malfoy?

-Ajá… -un suspiro cansado.

-Está bien. En efecto, fue víctima de una poción desinhibidora. Madame Pomfrey preparó el antídoto apropiado y le administró un relajante. Ahora mismo duerme en la enfermería.

-Ah.

-El señor Zabini, por su parte, también ha sido tratado por quemaduras y algunas contusiones. Fue exonerado del resto de actividades de este día, pero mañana podrá integrarse con normalidad a sus clases.

-Bien.

McGonagall volvió a suspirar. Obviamente su "bien" a secas, demostraba lo poco que le interesaba el bienestar de ese sujeto. No estaba orgulloso de sí mismo, pero tampoco conseguía arrepentirse de su proceder. La directora pareció leer eso en su rostro.

-Potter, necesito que comprendas la gravedad de tus acciones. Agrediste sin fundamento a un compañero y…

-¿Sin fundamento? –Resopló-. ¡Le dio una poción ilegal a Draco! ¡Lo ha estado acosando durante todo el año! Además, él y su sequito intimidan a los niños de los primeros años.

-¿Y por qué no viniste a mí cuando te enteraste de eso?

-Es que…

-No es correcto tomar la justicia en tus manos, Potter. Sospechas de él, pero no hay ninguna garantía de que haya sido quien le administró la poción al señor Malfoy.

-No pudo ser nadie más –se obstinó.

-Yo determinaré eso. Se le aplicará una sanción de ser verdaderamente culpable. Potter…

-Ya entendí, profesora –interrumpió-. Sólo diga cuántos puntos serán y mi castigo.

Sabía que estaba siendo insolente, pero no podía detenerse. La palabra de McGonagall no bastaba, quería ver a Draco, cerciorarse de que estaba bien. Al menos físicamente. Todo lo ocurrido podría afectarlo mucho cuando cobrara consciencia de ello.

-No importan los puntos o el castigo si no comprendes su propósito.

-Excelente puntualización, Minerva –dijo Dumbledore, que contemplaba la conversación con genuino interés.

-¿Algo que quieras decirle a Potter, Albus?

-Oh, muchas cosas. Harry –llamó-. Harry, me gustaría que me vieras mientras te hablo –el chico apretó la mandíbula, negándose a alzar el rostro-. Es impresionante, pero por un momento me trasladé al pasado. Recuerdo perfectamente cuando tenías quince años y le gritabas a todo mundo. Por todo, básicamente. Por tu gesto, es obvio que también lo recuerdas, ¿no, Severus?

-Con irritante precisión –respondió el aludido, con su habitual tono grave-. Levanta la cabeza, Potter. ¿Qué los Gryffindor no enfrentaban sus problemas con determinación?

Harry se giró hacia él, lanzándole una mirada encolerizada. No esperaba encontrarse con el amago de una sonrisa.

-Fuiste un necio. Te dejaste llevar por tus sentimientos y usaste la magia en perjuicio de alguien.

-Severus, no es necesario ser…

-Déjame terminar, Albus. Este… chiquillo, actúa de forma insolente y peligrosa, como siempre. No obstante, tengo que admitir que aunque la ejecución fue burda y pretenciosa, su motivación fue noble –Harry casi podía sentir el frío del piso en su mandíbula. ¿Acaso Snape acababa de…?- Treinta puntos, por su insensatez. Y asígnale labores que odie, como limpiar calderos o hacer redacciones.

-¿Puedo hablar ahora? –pidió Dumbledore pacientemente. Harry se obligó a mirarlo. El viejo mago vestía una túnica azul cielo, con un gorrito sencillo y las gafas de media luna-. Oh, Harry. Cuánto tiempo –sonrió con gusto- y cuánto has cambiado, amigo mío. Recuerdo esos buenos años en que el señor Malfoy y tú no podían compartir una habitación sin que los hechizos volaran de un lado a otro. Ahora parece que son… amigos –expuso, con lo que parecía una sonrisa cómplice-. Es agradable ver como las viejas rencillas quedan atrás. ¿Hay acto más honorable que defender a los amigos? Ha sido loable tu intención, pero desafortunado el resultado. Ahora debo contradecirte, Severus. Ceder a los sentimientos no es signo de debilidad de carácter, pero puede llegar a ser dañino. Tomaste una mala decisión. Te equivocaste, Harry.

-Lo sé, profesor –admitió.

Revivió ese ínfimo instante, lo aterrorizado que se había sentido con el grito de Hermione y el rostro de muchos de sus compañeros.

-Gracias, caballeros –ambos asintieron hacia la directora, que retomó la palabra-. Cuarenta puntos serán restados. Ayudarás al profesor Slughorn en tus períodos libres y apoyarás con la organización de los TIMOS.

-De acuerdo.

-Finalmente… Te animo a que continúes en tu educación de la magia sin varita, en tanto prometas utilizarla responsablemente. Tienes un talento innato para eso, Harry.


Repasando su vida, ese no era el peor castigo, pensó para distraerse. Si tuviera que elegir uno, sería el de segundo año, cuando tuvo que ayudar a Lockhart con su correspondencia. Podría haber elegido el de quinto, con la cara de sapo, pero eso más que un castigo había sido tortura. Así que se quedaba con el de segundo. Sentía la mano adormecida. Slughorn lo había recibido después de su charla con McGonagall, encomendándole la revisión de las tareas de los alumnos de cuarto año. En teoría, era algo que él sabía. En realidad, había tenido que buscar tres libros para poder corregir adecuadamente.

Atendiendo a la invitación del profesor, había cenado con él en sus habitaciones. No parecía resentido, a pesar que Harry había freído a hechizos a uno de sus Slytherins. En su lugar, lo interrogó sobre sus planes a futuro, luciendo consternado cuando escuchó sobre su proyecto del pub mágico.

Después habían vuelto a la refriega, aunque el profesor hacía rato que simplemente se sobaba la barriga mientras engullía fruta confitada.

-Dejémoslo por hoy, Harry.

-Ah. Por supuesto. Me falta muy poco de este, lo terminaré.

-Draco quiere ser medimago, supongo que lo sabes –Harry detuvo el rasgueo, mirándolo sobre los rollos de pergamino.

-Sí, algo dijo al respecto.

-Sus padres están divididos. He recibido misivas de ambos y… Es un asunto delicado. Pero el chico tiene talento, sería una pena que lo detengan.

-…eso creo.

-¿Tú lo apoyas?

-Creo que él… debería poder elegir lo que quiere hacer con su vida.

-No siempre es fácil, Harry. En especial cuando cuestiones como el deber y el honor familiar están de por medio.

-No lo entiendo, profesor –el hombre sonrió, arrellanándose en su silla.

-La historia siempre se repite, es lo que parece. Recuerdo perfectamente cuando Lily y James se casaron. Los Potter ya habían dejado atrás los prejuicios, pero siempre hubo quienes hablaron. ¡Y cómo olvidar el compromiso de Andrómeda y Edward! Eso fue aún más escandaloso. No había lugar al que uno fuera y no se escuchara algo al respecto. Lo que intento decir, muchacho, es que en adelante escucharán a muchas personas decir que lo ocurre entre ustedes está mal o que cada uno tiene su lugar… toda clase de cosas. Espero que no los escuches –estableció, contundente. Si Harry había creído que las sorpresas de ese día habían acabado, estaba muy equivocado-. Ni siquiera yo, con todo lo que he visto en mi vida, tengo autoridad para decirte qué es o no correcto. Tampoco es necesario. Ahora, puedes irte. No te preocupes por escabullirte, si alguien te ve yendo a la enfermería, puedes decirle que tienes mi autorización.

-Muchas gracias, profesor Slughorn –dijo con una sonrisa.

Los pasillos estaban desolados y fríos, características que eran extrañamente reconfortantes para Harry. Había sido un largo día. Eran poco más de las once de la noche, por lo que Draco podría estar durmiendo. Aun así, necesitaba verlo. Necesitaba estar al menos cinco minutos con él, o no podría dormir en toda la noche.

La puerta de la enfermería se estaba cerrando cuando enfiló en el pasillo.

-¿Qué haces aquí?

-Vine a ver a Draco, por supuesto.

-Dudo que él quiera verte –Pansy se cruzó de brazos, mirándolo de arriba abajo con cautela.

-Sabes, realmente estoy cansado y no pienso discutir contigo. Si Draco no quiere verme, tampoco tiene que hacerlo –como un mago muggle, con un solo movimiento sacó la capa de invisibilidad y se cubrió con ella ante una alarmada Pansy.

-¿Qué crees que haces? –La bordeó, adentrándose en la sala y bloqueando la puerta en el proceso-. ¡Potter! –el reclamó sonó ahogado.

-¡Buenas noches, Pansy!

Draco estaba sentado en una de las camas más lejanas, mirando con indecisión hacia un punto a su izquierda.

-¿Harry?

-¿Quién más sino?

-Oh, Merlín –el rubio se dejó caer de espaldas, cubriéndose el rostro con una almohada.

-Cuidado con eso, no vayas a asfixiarte.

-Soy un auténtico idiota –gimió, su voz sofocada por la almohada-. ¿Cómo permití que eso pasara? ¡Una jodida poción desinhibidora! Todas las cosas que dije…

-No dijiste nada que no supiera ya. Bueno, quizás sólo una cosa. ¿De verdad te gusta mi forma de comer? –preguntó con una sonrisa, a pesar que el chico no podía verlo.

-Demonios. Estoy tan avergonzado. Incluso delaté a Pansy y les conté sobre nuestros planes… ¿Qué haremos ahora, Harry? ¿Cómo vamos a…? –Draco hizo la almohada a un lado, mirando en todas direcciones-. ¿A dónde estás?

-Bajo la capa. Pansy dijo que no querías verme.

-Eres un maldito caballero –dijo con una sonrisa renuente-. Hay algo que quiero decirte y preferiría verte.

-Qué bien –Harry se deshizo de la capa, tirándola en la cama de al lado.

-Yo no… No me siento avergonzado por lo que dije o lo que siento, sino por la forma y el momento en que pasó. Entiendes eso, ¿verdad? –expuso, viéndolo con absoluta franqueza. No había ni una sola barrera en esos ojos claros que tanto le gustaban.

-Entendido. Concuerdo en que no fue el momento ni el lugar. Aunque dijiste un par de cosas interesantes ahí –añadió, acercándose a la cama para acariciarle el cabello-. ¿De verdad estás emocionado porque vivamos juntos?

-Hay un poco de todo –aceptó, moviéndose a la orilla y, para sorpresa y felicidad de Harry, rodeándolo con sus brazos-. Hay miedo, emoción, curiosidad… es una larga lista.

-Ya veo –se inclinó un poco, depositando un suave beso en la coronilla del rubio.

-Tardaste en venir.

Se le ocurrió preguntar "¿Pansy no te lo dijo?", pero realmente ella no tenía forma de saber lo ocurrido. Él la había corrido de ahí antes de enfrentar a Zabini.

-Estaba castigado.

-¿Qué? ¿Qué hiciste? –Draco se alejó un poco, mirándolo hacia arriba. Era una posición extraña, dado que solía ser al revés.

-Yo… ataqué a Zabini.

-¡Harry…!

-Estaba furioso, Draco.

-Aun así…

-Te hizo daño y eso es algo que no voy a permitir. Ni a él, ni a nadie. Sé que no lo necesitas, pero yo sí. Quiero protegerte, contra lo que sea.

-Efectivamente, no lo necesito –afirmó con voz suave, sonriendo de lado-. Pero se siente bien que alguien se preocupe por mí.

-¿Así que no logras sacarme de tu cabeza y piensas en mí antes de dormir? –cuestionó, alzando las cejas. Había sido algo desagradable, pero bien podían tomar el incidente por el lado amable.

-Argh, cállate –masculló, apartando la mirada.

-El sentimiento es mutuo, Draco –compartió, besándole la frente.

-¿Hasta cuándo estarás castigado?

-Hasta que termine el curso.

-¿Tan grave es lo que hiciste? –Harry suspiró, pasando una mano por su cabello.

-Algo así. Yo… no me contuve. Sólo sé que quería lastimarlo. Me desarmó pronto, pero… -contempló sus manos. Draco tomó una de ellas- Fue muy intenso. No sé cómo explicarlo. Supe exactamente cómo manejarla para hacerle daño, pero de pronto fue como si mi magia me controlara a mí…

-Es lo que dijiste, ¿no? Estaba respondiendo a tus emociones –Harry sonrió con desdén.

-Creo que fue más que eso –suspiró quedo y negó una vez-. Quien sabe qué clase de rumores correrán mañana. Incluso Hermione parecía asustada de mí, porque no se atrevió a intervenir.

-Hey… Fue un mal día, quizás se te fue un poco la mano, pero ellos jamás te tendrían miedo.

-No quiero volver a sentir esa… corriente. No quiero volver a usar la magia para dañar a alguien –declaró.

Tal vez Zabini lo mereciera, pero Snape, Dumbledore y McGonagall tenían razón. Había hecho un uso imprudente y peligroso de sus habilidades.

-Sé que no lo harás –Draco alzó la mano que sostenía, obsequiándole un leve beso en el dorso.

-Ahora todos lo saben.

-Sí… creo que tu amigo Finnigan se llevará una decepción –Harry se adelantó, uniendo sus labios en un leve roce.

-Me sorprendes, Draco.

-¿Por qué?

-Creí que te encontraría… decaído por lo que pasó. Que le estarías dando vueltas a todo eso.

-Estaba muy confundido cuando desperté. Prácticamente convencido de que todo había sido un sueño, pero no tenía sentido estar aquí. Cuando todo tomó forma en mi mente… Fue aplastante. Esta vez se esforzaron mucho para humillarme, pero a diferencia de lo que pasó en San Valentín… la insufrible mortificación y los pensamientos de conmiseración no llegaron. Y es porque sé que no estoy solo. Tengo a Pansy y te tengo a ti. Tal vez les sirvió para reír un rato, pero no es asunto mío. Sé quién soy, lo que siento y lo que tenemos. Eso es todo lo que me importa –Harry sonrió sin reparos, notando como la calidez invadía su cuerpo de nuevo, llevándose el recuerdo de la desagradable corriente.

-Tú eres todo lo que me importa – proclamó, colocando dos dedos bajo su mentón y ahora sí, dándole el beso que esas declaraciones merecían.


-Oh, ahí estás. ¡Los tenías muy preocupados! –dijo la Dama Gorda en cuánto lo vio.

-¿A quiénes?

-A tus amigos, evidentemente. ¿Contraseña? –Harry la miró, confundido.

-Branquialgas –el retrato se abrió, permitiéndole ingresar a la tan conocida sala común.

Faltaban unos minutos para las dos de la mañana, por lo que había asumido que no se cruzaría con nadie, pero se había equivocado. Sentados en dos butacas en el extremo opuesto a la entrada, estaban Ron y Hermione. Totalmente despiertos, aunque vistiendo pijamas.

-Eh…

-¡Ay, Merlín! –su amiga salió disparada, empujándolo con la efusividad de su abrazo.

-¿Herm…?

-¿Estás bien, Harry? –se alejó un poco, tanteándole los hombros y las mejillas. Tenía los ojos enrojecidos y parecía a punto de echarse a llorar.

-¿Qué…?

-¿Todo en orden, verdad? –siguió, apretándole los brazos y alejándose un paso para inspeccionarlo por completo.

-Yo…

-Mione, lo estás abrumando.

-¿Dónde has estado? –reclamó entonces.

-Es… tarde –aportó torpemente-. ¿Qué hacen levantados?

-¿Qué hacemos? ¡Te estábamos esperando, por supuesto! Dios, Harry. Lo que pasó esta tarde… -el moreno tragó saliva, recordando con una punzada la mirada aterrorizada de su amiga.

-Sobre eso… perdí el control. No volverá a pasar, te lo aseguro.

-Eso espero, Harry –aceptó con un hilo de voz, mientras le atusaba el cabello.

-Provoqué mucho revuelo, ¿verdad?

-Eso es lo de menos. ¿Estás bien? ¿Seguro que no te duele nada?

-Eh… ¿Hermione? Zabini no tuvo oportunidad de atacarme –recordó, vacilante.

-Lo sé, me refería a… lo otro.

-¿Lo otro? –sacudió la cabeza, interceptando su mano. Terminaría arrancándole algunos mechones si lo seguía toqueteando de esa forma- Chicos… Hermione. De verdad lo siento. No quería asustarte. Sólo fue un mal día y una mala decisión –declaró, recordando las conversaciones sostenidas esa tarde-. No volverá a pasar. Jamás hubiera hecho algo contra ustedes, no tienen que… -la castaña negó enfáticamente, resoplando.

-No estaba asustada de ti. Estaba asustada por ti, Harry.

-¿Qué?

-Verás… Alguna vez leí que… puede resultar muy peligroso perder el control de la magia. Hay algunos casos registrados y…. nunca acaba bien. No quería que eso te pasara. De pronto fue como si estuvieras liberando más poder del que podías manejar –suspiró entrecortadamente, apartándole el fleco de la frente-. Y yo… no sabía qué hacer. Lo siento, debí ayudarte de alguna forma, pero…

-No, no digas eso. Ya pasó, es… Es lo que importa –concluyó, sonriéndole con cariño.

Había tenido tanto miedo de lo que sucedería al volver a verlos, pero parecía que sus preocupaciones habían sido infundadas. Porque hasta ese momento, lo único que la había inquietado era su bienestar.

-Pónganme al día, ¿cómo van los rumores?

-Bien… Después de tu dramática salida del gran comedor, las cosas fueron escalando poco a poco –contó Ron, sentándose a un extremo del sillón. Harry lo acompañó, con Hermione acomodándose a su derecha-. Primero nadie estaba seguro de qué diablos había pasado. Después, todos empezaron a hablar sobre lo que Draco había dicho y tu reacción. Realmente, no dejaste muchas dudas con lo que hiciste. Como sea, de pronto resultó que alguien te había visto con él en la biblioteca y que alguien más los había visto en los jardines… Entonces explotó y Mione y yo quedamos en el centro de todo.

-¿Qué pasó?

-Que todos necesitaban confirmar sus sospechas –dijo ella con amargura-. Usualmente me dejan fuera de los chismorreos, pero hoy nada los detuvo. En clase de Runas, en la biblioteca… ¡incluso en el baño! No dejaban de preguntarme sobre ti y tu tórrido romance con Malfoy.

-¿Mi qué? –preguntó, ligeramente horrorizado. Su amiga rió en voz baja, luciendo un poco más relajada.

-Ya hay toda una novela sobre ustedes –fue Ron quien respondió, mirando las llamas con un mohín de desinterés-. Sabes cómo son las chicas, querían saber detalles y más tonterías.

-¿Y ustedes que dijeron?

-No respondimos nada, por supuesto –negó Hermione, alzando el mentón con determinación-. No es asunto de nadie más que de ustedes.

-Gracias. Por todo.

-No tienes que decirlo, Harry –ella suspiró, apoyando la cabeza en su hombro.

-No es que importe, pero… ¿Qué dice la mayoría o que…?

-Ah, eso –chasqueó la lengua, dando una palmada contra su pierna-. Hay como dos o tres bandos en esto. Primero, el de las mocosas gritonas e insistentes.

-¡Ron!

-Es verdad, Mione. No paran de gritar e insistir sobre el tema. Deberías cuidarte de ellas, creo que serían capaces de seguirte con tal de verte aunque sea tomarlo de la mano –sugirió, arrugando la nariz con aversión.

-Gracias por el consejo.

-Después están los que eligen mantenerse a distancia de los chismes, pero que tampoco pueden negar que todo el asunto tiene algo… interesante –siguió Hermione, hablando con más calma-. La mayoría de nuestros amigos comparte esa opinión. Ernie, Neville… Hablé con Parvati en los lavabos. No me preguntó mucho, sólo quería saber si los pergaminos habían tenido algo que ver.

-¿Y qué le dijiste?

-"Es posible".

-¿Qué hay del tercer grupo? –el hecho de que su amiga suspirara y Ron dejara caer la cabeza contra el respaldo, era respuesta suficiente.

-Es a los que tendrás que ignorar de ahora en adelante –replicó ella sencillamente.

-Ya veo.

-Aun no nos explicas porqué regresaste tan tarde.

-Estoy muy cansado así que les daré el resumen. Oficina de la directora, castigado hasta el final del curso –enumeró, alzando una mano-, revisión de tareas de pociones, cena con Slughorn y visita a la enfermería.

-¿Cómo está Draco?

-Un tanto avergonzado, pero bien.

-Es un gusto –Ron tosió, mirándolo de reojo.

-¿Pasa algo, compañero?

-Tú… no nos habías comentado… que piensas vivir con él –sonó un poco estrangulado, pero mantuvo las muecas al mínimo al decirlo, así que Harry asumió que estaba esforzándose en asimilarlo.

-Oh. Ah… -balbuceó, rascándose la cabeza-. Lo decidimos hace unos días. Hablamos de sus padres y… eso.

-Quién lo habría dicho.

-¿En qué piensas? –Harry se giró hacia su amiga, que contemplaba el fuego con una leve sonrisa.

-En que tendré que añadir a Draco a mi lista de regalos para navidad.

-Sí, eso creo –aceptó.

-Qué más da –repuso Ron con voz resignada-. Habrá que avisarle a mamá que ponga un cubierto más a la mesa.

Harry estiró los brazos, rodeando a cada uno y apretándolos contra su costado, algo que pocas veces se permitía pero que quizás debía hacer más seguido. Ambos rieron ante su gesto, contagiándolo tras un par de minutos. El reloj marcaba más de las dos, todos en la torre de Gryffindor dormían, Draco se recuperaba en la enfermería y él estaría castigado hasta el último día. Pero nada parecía demasiado grande o intimidante cuando tenía a dos amigos que lo acompañarían en cualquier cruzada que él emprendiera. Lo sabía desde hacía algunos años, pero le hacía bien recordarlo.

De todas las emociones experimentadas ese día, Harry se iría a dormir con la mejor de ellas. Con la sensación de dicha que provoca saber que tienes personas que se preocupan por ti y te aceptan a pesar de tus errores. Con la feliz certeza de que eres amado.


Notas finales: de las escenas del trío dorado, esa es una de mis favoritas. Como uno de esos datos que doy de vez en cuando, decir que no tenía en mente la intervención de Dumbledore y Snape. Ellos se colaron y al final me gustó como quedó. Y bueno, nos quedan sólo dos capítulos más y aún hay algunas cosas por resolver. Espero que les haya gustado. Sólo una cosa más, saben que todos estos meses he publicado un cap extra en fechas especiales. Mañana es 1 de septiembre y será la excepción. Básicamente por lo que acabo de decir sobre el final y también porque los cap que se vienen son de +6000 palabras y no quiero sobrecargarlos. Así que, será hasta el otro viernes. Desde ya, feliz inicio de clases. Saludos a mis colegas Slytherin.

La próxima semana: las cosas en su sitio.

Allyselle