Notas principales: A petición de Patatapandicornio cree este final alternativo. Espero te guste.
Dedicatoria: Patatapandicornio
Epilogo:
Sobriedad de acciones.
Final alternativo 3 (Ruta de Patatapandicornio)
Un trueno ilumino el cielo.
La lluvia aumento en cantidad, tal vez algún huracán se estaba empezando a desatar en la costa más cercana a la ciudad, tal vez simplemente el horrible clima estaba haciendo de las suyas una vez más.
Era la tercera vez que patinaba contra el piso, pero eso no le impedía el seguir corriendo, porque quizá, el detenerse a dar una sola bocada de aire le podría costar la vida.
El miedo era lo único que invadía su mente en ese momento, aunque también parte de su cuerpo provocando repentinas descargas innecesarias de adrenalina.
Un segundo trueno cayo en algún lugar cercano.
Era más de medianoche, las doce campanadas anunciantes del Año Nuevo ya habían pasado hace bastante tiempo, en los lugares cercanos aún se escuchaba la música y los gritos de felicidad que indicaban que la celebración seguía su curso, quizá, hasta que sol volviera a salir.
El pecho le ardía, las piernas le temblaban demasiado y el corazón no paraba de golpear su caja torácica, había una clara probabilidad de que pudiera desmayarse de un momento a otro. Aunque él hiciera todo lo que estaba a su alcance y poder para mantenerse en marcha y llegar cuanto antes a su destino, su cuerpo aún tenía cierta debilidad que le impedía moverse con la eficacia y rapidez que él deseaba y que hasta hace unos meses aun poseía.
La calle mojada le hizo resbalar una cuarta vez, la lluvia estrepitosa se estaba asegurando de que su visibilidad se fuera disminuyendo a cada paso que era capaz de dar.
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Hanji lanzo un bostezo bastante exagerado pero que dejaba en claro que estaba cansada y en extremo agotada.
¿Cuánto tiempo llevaba metida en esa oficina buscando pistas y alguien que pudiera ayudarle? Demasiado tiempo que casi se podría decir que se había instalado en el lugar como si fuera su propia casa. Eso era lo que decía la cobija estampada que cubría sus hombros, la taza personalizada que en algún momento estuvo llena de caliente café americano muy cargado, una almohada pequeña, unas pantuflas y el cepillo de dientes color verde brillante.
Se restregó los ojos y se masajeo los hombros en busca de un poco de alivio y liberación al estrés a la que se había visto envuelta durante todos estos meses.
— ¿Quieres que te traiga algo de la cafetería? — Pregunto Erwin mientras se levantaba de su propio asiento.
—Un sándwich y otro café estarían bien—Contesto Hanji estirando los brazos y dejando salir un sonido de placer ante el estiramiento de su cuerpo.
—Te diría que vuelvas a casa pero sé que solo es una discusión inútil.
—Me alegra saber que deseas ahorrar saliva en palabras y peticiones inútiles.
Erwin torció los labios y se encogió de hombros, sin decir ni agregar nada más salió de la oficina directo a la cafetería.
Miro por la ventana mientras caminaba por el pasillo de baldosas negras recién limpias, aun llovía y de vez en cuando tronaba, pero en las residencias cercanas aún se podía ver las celebraciones que hacía ver lo poco que les importaba a las personas que el clima fuera horrible, tal vez porque estaban demasiado ebrios como para saber qué era lo que pasaba realmente. Después de todo, Diciembre, era el mes de los accidentes, ¿Cuantas llamadas telefónicas recibía el Sector durante todo el tiempo que duraban las festividades anunciando un nuevo accidente o muerto? Demasiadas que había dejado de sacar cuentas hace tanto tiempo, ¿Quién era el culpable? Por supuesto que el consumo excesivo de bebidas alcohólicas y en su momento también de drogas. La gente era demasiado inconsciente.
Al llegar a la cafetería esta se encontraba perfectamente limpia y vacía, a excepción, claro, del personal que la atendía, pidió un poco de comida para sí mismo y para Hanji, a parte del sándwich y el café exageradamente cargado y lleno de azúcar, eso les ayudaría a ambos a soportar otra noche en vela. Temía en ciertos momentos empezar a volverse adicto a la cafeína. Pero que otra le quedaba.
Dio gracias y pago el monto establecido a la mujer al otro lado de la barra, tomo las bolsas de papel con su comida y volvió sobre sus pasos de regreso a la oficina donde le esperaba más trabajo.
Algo, el destino, el universo, la lluvia, algo, le susurró al oído que debía bajar a la planta principal. ¿Para qué? Ni idea, pero sin darse cuenta del todo bajo por las escaleras hasta el lugar.
Al igual que el resto de las instalaciones del Sector, la plata baja o principal, se encontraba vacía y limpia, todo o la mayoría del personal, se había ido a su casa a pasar la fecha con sus familias.
Camino hasta el escritorio donde dormitaba un guardia alto de cabello casi cano, tenía la radio prendida que entre la música había algo de estática gracias a la lluvia lo que provocara que en ciertos momentos de la canción esta se cortara, lo que en sí, era molesto.
La lluvia no se veía que parara nunca.
Recorrió el lugar con la mirada, no había nada fuera de lugar.
Entonces…
¿Por qué se había desviado de su destino?
Se volvió a encoger de hombros y giro sobre sus talones.
Fue más un reflejo o un vistazo rápido. Pero fue suficiente para que volviera su vista a la puerta doble de cristal, entrecerró los ojos y frunció el ceño.
¿Qué tipo de psicópata corría a esas altas horas de la noche? ¿Y con ese clima tan espantoso?
Era una silueta obscura, pero se podía apreciar que estaba sucio, alterado y con una increíble urgencia por llegar a algún lugar, tal vez, el mismo Sector.
Con cuidado de no alterar al oficial medio dormido dejo las bolsas de con la comida y se acercó a las puertas a pasos cortos y precavidos.
Un picor le recorrió la piel y algo le susurro, de nuevo, que saliera y verificara quien era aquel extraño que corría como si su vida dependiera de ello.
Su corazón dio un vuelco y sintió como la respiración le fallaba, titubeo un poco entre llamar a Hanji o salir a recibir a la persona que habían estado buscado durante todos estos meses.
—Shadis—Llamo al oficial quien dio un respingo de sorpresa—Llame a la agente Zöe, ahora, diga que baje.
Entre el sueño y la orden el oficial asintió y con dedos temblorosos marco el número de las oficinas superiores.
Por su parte, Erwin Smith, salió a la tormenta y recibió a un exaltado y mojado, Levi Ackerman.
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Solo un pensamiento abarco su mente en el instante en el que diviso a su superior, salvación y paz, por primera vez pudo estar aliviado de llegar a su lugar de trabajo, por primera vez pudo agradecer llegar a ese lugar y ver a su superior correr hasta él para recibirlo y ayudarlo.
Solo fue capaz de dar unos pasos dentro del pulcro y vacío lugar para luego darse el lujo de perder el conocimiento y descansar un momento.
Antes de que todo se volviera negro, pudo ver como Hanji Zöe corría por las escaleras con lágrimas en los ojos y susurrando su nombre con exageración. Esta vez no le molesto que lo estrechara en sus fuertes brazos, al contrario eso hacía que su momento de salvación cobrara más credibilidad.
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El reloj marco las tres de la mañana pero Isabel no lograba dormir por ningún motivo, sabía que necesitaba descansar, después de todo dentro de un par de horas tomaría un vuelo que la regresaría de nuevo a casa de los abuelos en el extranjero. La preocupación y la ansiedad invadían todo su cuerpo hasta hacerla desesperar.
Tenía tanto miedo de que el celular sonara y una voz extraña le dijera que su hermano estaba muerto.
Tenía miedo de no saber qué hacer cuando esa noticia llegara a sus oídos.
No se imaginaba una vida sin él. Su hermano mayor.
Se revolvió entre las cobijas y termino en posición boca arriba mirando el techo pintado de blanco y de donde colgaba una bonita lámpara en forma de una flor color beige. El foco permanecía apagado.
Sonrió ante el débil recuerdo que se coló en sus caóticos pensamientos.
Su miedo a la obscuridad y la forma en que lo supero cuando cumplió los once años. Fue su hermano quien le ayudo a dejar ese miedo y pavor a un lado.
O cuando aprendido a subir las escaleras como una niña grande, él fue quien la tomo de la mano y le indico como tenía que poner el pie en un escalón y el otro en el siguiente escalón, no los dos al mismo tiempo.
Cuando aprendió a leer.
Cuando empezó a comer ella sola.
En su primer día de clases él fue quien le dijo que no había nada que temer ya que todos los niños eran de su edad, él fue quien evito que ella llorara como el resto de los infantes.
Él siempre había estado allí para ayudarla, felicitarla, apoyarla, reprenderla, protegerla y evitar que hiciera una locura.
Su hermano mayor.
Quizá no compartían la misma sangre pero eran demasiado unidos, se querían y, ahora, no imaginaba una vida sin él, donde no estuviera para decirle lo escandalosa que era o lo lista que podía ser si se lo proponía.
Un pequeño hilo de lágrimas recorrió su rostro, los recuerdos eran demasiado melancólicos y provocaban que solo se llenara de tristeza y miedo.
El sonido de la llamada entrante la asusto e hizo que su sangre se helara, sus músculos se pusieron rígidos y reacios a moverse.
El miedo volvió.
Era la llamada que indicaba que lo peor había pasado.
Las llamadas a altas horas de la noche nunca indicaban algo bueno, eso lo aprendió cuando, a su corta edad, habían llamado para indicar que sus padres biológicos estaban muertos, era uno de los pocos recuerdos que tenia de esas épocas, las llamadas nocturnas siempre llevaban malas noticias.
Una nueva llamada entro y quiso lanzar el celular contra la pared para que no sonara de nuevo.
Trago saliva y poco a poco se desenredo de las cobijas para arrastrarse hasta donde estaba el aparato.
Suspiro cuando vio que era Hanji la que llamaba, dudo pero al final contesto.
— ¿Si?
—Isabel… es Levi.
La chica que quedo petrificada, aun no estaba preparada para recibir aquella espantosa noticia, pero escucho atentamente lo que la mujer tenía que decir.
Las lágrimas se acrecentaron, se dejó caer de rodillas sobre la alfombra, el celular se resbalo poco a poco de su mano para aterrizar a su lado de forma suave, un suspiro de alivio salió de su garganta.
—Está vivo—Susurro con una sonrisa débil.
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—No puedo decir que tipo de daño es el que ha recibido, físico no ha sido, su cuerpo no tiene ningún tipo de maltrato, internamente solo puedo decir que son por exceso de café y medicamentos para el sueño, tiene un tipo de gastritis que puede ser tratada más tarde, no es tan grave como para preocuparse, ha bajado de peso pero no tanto para denominarse desnutrición ni tampoco hay deshidratación… emocionalmente… no puedo decirlo hasta que vuelva a despertar.
El sol estaba anunciando la llegada de un nuevo día, había débiles rayos entrando por la ventana iluminando la habitación blanca.
El medico enterró sus manos en los bolsillos de la bata y espero las reacciones de las tres personas que estaban dentro de la habitación, todas con altos índices de insomnio, mal comer y cansancio, pero al mismo tiempo llenas de preocupación y alivio al escuchar las palabras que indicaban el estado actual del paciente.
El sonido de las maquinas que le fueron conectadas a Levi eran las únicas que se escuchaban en la habitación, algunas veces el lento y armonioso respirar del mismo.
—Les recomiendo que ahora se preocupen de ustedes mismos, tienen peor aspecto que la persona enferma—El medico sonrió e indico que todos deberían salir—Ya está fuera de peligro, no necesitan preocuparse.
Hanji agacho la mirada, el alivio la invadió y por fin dejo que el cansancio y el exceso de trabajo le golpearan la espalda.
—Yo estoy bien—Isabel se detuvo y miro con suplica al médico— ¿Puedo quedarme a cuidarlo?
En respuesta el médico suspiro como si a continuación le fuera a dar un discurso de que era necesario que descansara y se alimentara, pero sabía cuanta podía ser la desesperación de un familiar.
—Está bien.
La chica sonrió y regreso a la habitación.
Isabel dejo que el blancor del lugar la cegara de nuevo, olía a antisépticos y a alcohol etílico, se acercó lentamente hasta donde su hermano descansaba, su pecho subía y bajaba poco a poco, se notaba tranquilo, tenía la piel con tintes amarillentos y ojeras, estaba mucho más delgado que la última vez que lo había visto.
Con cuidado se sentó en la cama y tomo su mano derecha, estaba huesuda y muy delgada.
Se preguntó qué era lo que le había pasado durante todo este tiempo, que era lo que había visto o vivido. Se preguntó qué tipo de vida había llevado durante esos cinco meses, no había sido torturado, su cuerpo estaba bien pero algo debió haberle pasado como para querer escapar. Algo… ¿Pero qué?
Una enfermera entro después de un leve toquido, ofreciéndole algo para desayunar. Isabel le agradeció pero por el momento no deseaba nada, aun así la mujer insistió y le llevo una charola con un poco de leche y un par de galletas.
El sol ilumino por completo la habitación iluminando con un tenue color amarillento, aún era invierno por lo que la ventana permanecía cerrada para evitar que las frías ráfagas de viento molestaran e incomodaran a los pacientes.
Isabel estaba dormida, descansando su cabeza a un lado del cuerpo de su hermano sobre sus propios brazos, dentro de la habitación había un pequeño sillón acolchonado y cuando la chica sintió el peso de sus emociones convertido en cansancio lo arrastro hasta la cama, estaba cansada pero no pensaba dejar a su hermano ni un momento solo.
Levi suspiro y poco a poco abrió los ojos, el amarillo de la habitación lo cegó y le obligó a cerrar de nuevo los parpados para evitar la molestia, luego volvió a intentarlo hasta conseguir enfocar perfectamente el lugar en el que se encontraba, el sonido de una máquina, su desesperante Bip-bip-bip, le indico que estaba en un hospital, no sabía si relajarse o ponerse en modo de alerta. No recordaba mucho de la noche anterior, quizá solo el escapar de la mansión en medio de la celebración, justo cuando se marcó la medianoche anunciando el año nuevo, el dolor de su cuerpo pidiendo un respiro y recuperación.
Se tocó la cabeza, se sentía algo mareado.
Intento sentarse pero el cuerpo le pesaba demasiado.
Movió su mando izquierda y sintió la respiración y el cabello de otra persona, dirigió su mirada al lugar, una pequeña chica de cabello pelirrojo descansaba en su cama. No pudo evitar sonreír y relajarse un poco, estaba a salvo después de todo.
Intento hablar pero tenía las cuerdas vocales un poco oxidadas.
La chica a su lado se quejó y entre movimientos lentos de letargo se incorporó restregándose los ojos.
Levi espero pacientemente a que su hermana se despejara para que se diera cuenta de que estaba despierto.
—Isabel—Murmuro con una voz mecánica. — Isabel—Lo intento de nuevo atrayendo la atención de la chica nombrada, quien saliendo del sueño y entrando a la felicidad sonrió y se lanzó a abrazarlo.
—Hermano—Su voz, que bueno era volver a escucharla, la chica se deshizo del abrazo y miro con ojos suplicantes a Levi—Llamare al médico, tiene que saber que has despertado.
Sin darle tiempo a que se quejara o se lo impidiera, Isabel, se levantó del sillón y salió de la habitación, no tardó mucho en regresar acompañada del hombre en bata y con aquel aparato colgado al cuello como todo profesional.
El detective no era muy fan de los hospitales y mucho menos de los médicos, eso siempre significaba filosas agujas.
—Levi Ackerman ¿Cierto? Me alegro de que hayas despertado demasiado pronto, no llevas demasiado tiempo inconsciente, menos de catorce horas en cama—El médico sonrió de manera amigable— ¿Cómo te sientes?
—Bien, supongo— Contesto el detective de forma precavida.
— ¿Supones?
—Me duele el cuerpo.
—Eso se debe al esfuerzo que tuviste hace un par de horas cuando llegaste al Sector, aparte de que estabas por contraer un resfriado gracias a la lluvia, el suero al que estas conectado está evitando que el virus avance. —El detective solo asintió—Estoy al tanto de tu situación, el Comandante Erwin Smith me lo ha explicado, por lo que más tarde vendrá un psicólogo a visitarte para ver que tan bien o mal estas emocionalmente, al parecer no sufriste tortura física, ni interna ni externa. ¿Me equivoco? —Levi negó lentamente con la cabeza—Bien, pero… supongo que mental y psicológicamente no estás bien, tu mirada parece turbia y estas demasiado a la defensiva.
Levi se dio cuenta por primera vez que sus músculos estaban tensos a la espera de algún movimiento en falso para salir corriendo, al instante se relajó, no lo comprendía del todo.
—Tranquilo, es normal, has estado lejos de la civilización por demasiado tiempo y no sabemos en qué situación te encontrabas antes. —El médico suspiro— También vendrá tu superior a hablar contigo pero más que una visita es una entrevista delictiva, bueno…— Con un par de pasos se acercó al detective y empezó un leve chequeo físico, revisando también la maquina a la que estaba conectado. —Como dije tu físico está en perfectas condiciones, solo hace falta que comas bien, una enfermera te traerá tu comida en un rato más.
El médico miro a Isabel y le indico que lo acompañara a la salida, la chica obedeció.
Eran un poco pasadas las siete de la tarde, las luces de la habitación ya se habían encendido ya que el cielo se oscurecía más temprano en estas épocas.
Hace una hora que el psicólogo se había ido dándole a Levi un diagnostico bastante exagerado, según él.
Isabel lo observaba desde el sofá mientras sostenía un libro que una de las enfermeras le había hecho el favor de traerle para evitar que se aburriera.
— ¿Cómo te sientes? —Pregunto la chica al ver a su hermano suspirar una vez más.
—Bien—Contesto Levi de forma cortante.
La chica suspiro algo rendida.
— ¿Por qué no quieres decir nada?
—No hay nada que decir, Isabel.
—Eso no fue lo que el psicólogo dijo.
—Él no sabe nada…—Planeaba replicar pero un leve dolor de cabeza se lo impidió.
— ¿Quieres que llame al doctor?
—Estoy bien.
Isabel torció los labios.
— ¿Ni siquiera a mi vas a decirme que paso? No quisiste hablar con Hanji ni con tu superior, te reusaste a responder alguna de las preguntas del psicólogo ¿Qué pasa? ¿Nos tienes preocupados?
—Estoy bien— Repitió Levi de forma agresiva.
—Está bien, no voy a presionarte, pero debes hablar.
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Levi fue dado de alta del hospital pero tenía que asistir a las citas con el psicólogo una hora diaria, conforme se fuera desenvolviendo las horas disminuirían, tenía que hablar, su estado mental no era del todo estable, eso era lo que el psicólogo había dicho después de su cuarta sesión dentro del hospital, pido a Erwin Smith que no le presionara en cuanto a la información que necesitaba para atrapar al narcotraficante, necesitaba darle espacio y tiempo.
Hanji y Erwin estuvieron de acuerdo que tanto Isabel y Levi debían mudarse a casa de Hanji, no sabían si Willer volvería a atacar para llevarse de nuevo al detective, necesitaban ser precavidos por lo que Erwin había ordenado a un par de hombres hacerse cargo de vigilar la residencia de cerca por si había algún movimiento sospechoso.
El tiempo paso poco a poco, Levi estuvo mejorando y empeorando al paso de este, de vez en cuando tenía una especie de crisis de ansiedad, frecuentemente tenia pesadillas haciendo que despertara gritando y pidiendo auxilio, o sino, perdón. El psicólogo solo lograba sacarle muy poca información para poder ayudarlo, no lo medicaba porque eso podría empeorar su estado.
Isabel se vio obligada a regresar a la escuela una vez que las vacaciones de invierno llegaron a su fin.
Así que Hanji era la única que se hacía cargo de su amigo, había tenido un permiso especial por parte de Erwin para faltar a sus deberes siempre y cuando intentara conseguir algo de información por parte de Levi, sin presiones y de por medio una platica informal.
— ¿Por qué no viene?
En más de una ocasión la mujer había escuchado esa pequeña pregunta susurrante saliendo de los labios de su mejor amigo, más que nada en sus momentos de crisis.
— ¿Quién?
Esa era la pregunta que solía soltar de vez en cuando sin conseguir algún tipo de respuesta.
Por otro lado dentro de la mente de Levi solo había un pequeño pero preocupante asunto que lo mantenía despierto durante muchas noches o lo despertaba mediante pesadillas espeluznantes. ¿Por qué Eren no había ido tras él? Era algo que le comía las entrañas poco a poco hasta hacerlo enloquecer. ¿Por qué? Cuando había intentado escapar con Annie, Eren ya los estaba esperando en el lugar y lo había arrastrado de vuelta a ese mundo de pesadillas.
No, él no había sufrido ningún tipo de tortura física o psicológica por parte de su joven secuestrador enamorado, las torturas se las había provocado él mismo, para recordar que Eren Jaeger era un asesino, un monstruo sediento de sangre inocente.
Un día de febrero decidió hablar.
Le conto todo a su psicólogo, los gritos de aquellas personas dentro de aquella habitación de miedo, le conto su pequeña relación con Eren… no callo nada, ni siquiera el embarazo que, si no se equivocaba, estaba por concluir dentro de algunos días.
De alguna forma hablar le había quitado un peso enorme de encima y le divertía aquella expresión tan asustada y sorprendida del psicólogo, quizá, ahora, se arrepintiera de estarle suplicando que hablara y se desahogara.
No se ahorró ningún detalle, dijo todo.
Incluso respondió a las preguntas de su superior, enterándose al mismo tiempo que aquel niño rubio, el mejor amigo de Eren, Armin, era el hijo de Erwin. Le conto que Armin vivía bastante bien, era feliz, de cierta forma, no le faltaba nada ni sufría de ninguna manera, se había acostumbrado a esa vida después de todo, Eren le apreciaba y al igual que a él mismo no pensaba hacerle ningún daño.
Se recuperó de una forma demasiado lenta, las pesadillas aun hacían su aparición pero había aprendido a despertar de forma silenciosa y a convencerse a sí mismo de que todo eso había pasado. Las crisis emocionales habían sido erradicadas con un tipo de ejercicio motriz y mental que practicaba con Hanji a determinadas horas. Poco a poco regreso a la normalidad.
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—Quiero volver al trabajo.
Erwin bajo su taza de café y miro a Levi con cuidado.
Cuando el psicólogo clasifico a Levi como estable, lo dio de alta, si en algún momento volvía a sentir ansiedad y crisis emocionales no debería dudar en llamarlo, pero lo que Levi había escuchado era que de ahora en adelante evitara acercarse a él, sabía que su historia le había infundido miedo. Le hacía gracia ya que muchas veces ni él mismo creía todo lo que le había pasado.
Así que una vez que estuvo fuera de todo contacto con médicos y medicinas accedió a salir de casa de Hanji y dar un paseo, respirar aire limpio no le iba a hacer ningún daño.
— ¿Por qué? Aun estas de incapacidad.
—No soporto estar encerrado tanto tiempo, necesito estar ocupado con algo, no importa si me regresan al área de registros o parecida, solo quiero volver al trabajo.
Erwin chasqueo la lengua y volvió su atención al café.
—Voy a consultarlo con el médico y te avisare.
Al cabo de unos tres días Levi fue accedido a volver al Sector, claro, sin tener demasiadas emociones, por lo que fue degradado de su puesto y devuelto a su primer puesto, como oficinista, entre papeles y llamadas telefónicas.
No estaba mal, tampoco es como si se sintiera con las fuerzas y las ganas de volver a atrapar personas peligrosas, prefería llevar una vida tranquila.
Isabel llamaba de vez en cuando para estar al tanto de la situación de su hermano, cuando la universidad se lo permitía volaba de regreso para visitarlo.
La antigua casa de Levi fue clausurada y puesta como zona de alto riesgo, por lo que aún vivía bajo el mismo techo que Hanji, se propuso a si mismo comprar otra residencia o de mínimo rentar un departamento, después de todo Isabel ya no estaba con él. No soportaba estar pidiéndole favores a la gente, por mucho que Hanji dijera que no era una molestia, él se sentía con demasiadas privaciones dentro de una casa que no le pertenecía.
La tercera semana de Abril, el sol brillaba demasiado, las personas estaban en shorts y playeras ligeras, Levi llevaba el uniforme sencillo de oficinista, era solo un conjunto sencillo de pantalones negros y una camiseta blanca con su gafete pegado en el lado derecho, le había costado un poco volver a adaptarse al trabajo, de vez en cuando volvía a sentir esas crisis de ansiedad o aquellos intensos dolores de cabeza, las pesadillas habían disminuido con el paso del tiempo, se sentía inestable en algunas ocasiones y prefería no asistir al trabajo, Erwin lo comprendía y le daba eso ciertos momentos de descanso para relajarse pero aparte de todo eso, se sentía bien, el trabajo le había ayudado a mantener la mente fuera de esos pensamientos que lo perturbaban.
Algunas veces se preguntaba como estarían los niños… tendrían dos meses, ¿Se parecerían a él o a Eren? ¿Cómo estaría Eren sin él? ¿Qué había pasado después de que él lograra escapar? La más frecuente de esas preguntas era la misma que lo había asaltado desde que había escapado ¿Por qué no lo había seguido? A veces le preocupaba, sabía que era capaz de hacer cualquier locura.
Si no fuera un asesino… ¿Habrían logrado ser una familia normal?
Definitivamente no.
Después de todo se habían conocido por esa situación de asesino- detective.
Pero… Si hubiera dejado ese trabajo… si hubiera huido con él a otro lugar… ¿Habrían sido felices?
No podía evitar cuestionárselo.
Tal vez si se lo hubiera propuesto, ahora estuvieran juntos, como una familia.
Tal vez…
Si hubiera…
Hay cosas que simplemente no se pueden cambiar con solo desearlo o con solo decir "Hubiera"
Suspiro y continúo caminando.
Llego a su oficina a la misma hora de siempre, con diez minutos de adelanto, paso su ficha por debajo del aparato que marcaba la hora de llegada y paso a su pequeña oficina listo para comenzar su día.
El escalofrió le recorrió la espalda.
Era un sentimiento de lo más familiar.
Su sangre se congelo y sintió como la piel era recorrida por hormigas imaginarias.
—Levi—Esa voz.
Escucho como muchos de sus compañeros bufaron asustados, otros corrían despavoridos, otros simplemente esperaban petrificados en sus lugares a la espera de ser asesinados por aquel ser. Willer. El hijo adoptivo del rey del narcotráfico "Acorazado"
Solo uno fue capaz de llamar por radio un poco de ayuda.
Con cuidado se giró y lo vio.
Tenía el mismo aspecto que cuando lo conoció un año atrás, el cabello castaño despeinado y disparado en diferentes direcciones de forma distraída, esos ojos verdes iguales a esmeraldas brillantes, vestía ropa casual, como solía hacerlo. Lo único diferente era aquella carriola doble, era grande y de color negro con tonos grises, protegía a dos pequeñas sombras durmientes.
Trago saliva y dio un paso indeciso, pero se detuvo al ver que Eren caminaba hacia él con la carriola, estaba sonriente, aquella sonrisa que solía dedicarle solo a él, aquellas sonrisa llena de amor, ternura y cariño. Aquella sonrisa de la que en algún momento se había enamorado, no lo sabía hasta mucho después, las circunstancias le habían impedido ver el afecto y cariño que le había tomado al adolecente de ojos esmeralda.
—Eren— Susurro con cuidado y precaución.
Pero el chico no contesto, solo tomo su mano derecha, la acaricio con cuidado y la poso sobre la agarradera de la carriola, apretó sus dedos alrededor para que la tomara.
—Cuídalos.
Sin nada más que una mirada de amor y tristeza volvió sobre sus pasos directo a la salida, siguiendo el sendero del personal petrificado del Sector Sur.
Tardo un instante en reaccionar, puso la carriola dentro de su oficina, con cuidado y corrió tras Eren.
Salió fuera de las instalaciones pero no logro encontrar algún tipo de pista de él, había desaparecido.
Respiro agitadamente y corrió hacia la primera dirección que sintió que debió ser la correcta.
Tembló.
Había desaparecido.
Sin dar ninguna explicación.
Apretó los labios y regreso al Sector, donde tanto Hanji como Erwin lo esperaban.
Sin hacerles demasiado caso fue hasta su oficina y se detuvo a un lado de la carriola, quito la delgada cobija que la cubría dejando ver a dos pequeñas figuras pacíficamente dormidas, de cabello negro escaso, mejillas rosadas, piel blanca y perfecta, pestañas largas y diminutos y delicados cuerpos cubiertos por vestiduras infantiles. Como muñecas de porcelana.
Cada uno en su pequeña playera tenía una inicial bordada. L y V.
Giro sobre la carriola y la examino en busca de alguna respuesta que no pudo conseguir de Eren, dio con una pequeña pañalera donde venía un par de mudas de ropa diminuta, biberones, leche en polvo, pañales, cobijas y un libro. Tomo el libro con cuidado para hojearlo, eran pasos del cuidado de bebés, dentro del el había un pedacito de papel.
"Lamento todo lo que has pasado.
Espero que puedas perdonarme.
No soy apto para cuidar de ellos, así que te dejo a su cuidado, sus nombres son Leere y Viren, ¿Recuerdas los juegos de palabras? Este fue el resultado.
Espero que sean felices sin mí.
Recuerda que te amo, pero creo que esto es lo correcto.
Siento si fui egoísta"
-Eren.
Levi apretó el papel y lo dejo caer sobre el piso.
— ¿Levi? —Se giró para encontrarse con Hanji parada en el lumbral de la puerta, junto con Erwin.
— ¿Puedo volver a casa? — Pregunto tomando con fuerza la manija de la carriola
Erwin asintió.
NOTAS FINALES:
No sé si esto es lo que imaginabas, pero esto es lo que me llego a la mente cuando leí tu Review, Patatapandicornio.
Si alguien más quiere su propio final feliz no duden en decírmelo. Soy toda palabras.
"Gracias por leer"
Besos Aki-chan
