HOLA! QUIERO ACLARAR QUE EL FIC NO ME PERTENECE. LE PERTENECE A HIKARI X TAKERU. YO SOLO LO ESTOY ADAPTANDO
Amigos especiales
Explicaciones
- ¡Me arrepiento toda la vida! ¡Toda, toda, toda la vida!
- ¡Ya Emmet, no es para tanto!
Bella levantó la vista del libro que estaba leyendo y observó a su indignado hermano.
- ¡Fue la excursión más aburrida de toda mi vida! – continuó quejándose el pelinegro. Parecía exasperado, lo que causó la risa en su hermana.
- ¿Tan mala fue?
- No fue tan mala – le respondió Tyler, sentándose a su lado – Pero no hubo nada de "adrenalina" como dice Emmet, y eso lo aburrió.
- Fueron todas florcitas y arbustitos… ¡aburrido!
Bella recordó la definición de Edward para ese mismo paseo y sonrió, divertida.
- ¿Y a donde está Edward? – le preguntó Erick.
- Se está bañand-…
- ¡Isabella!
El grito de Alice asustó a todos en la casa, los cuales la volvieron a ver extrañados.
- ¿Podrías dejar de gritar, Alice? Llevas así todo el día, me estoy hartando – pidió Rosalie, furiosa. ¿Qué bicho le había picado? Todo el día había tratado mal a todos y no entendía porque.
La susodicha se puso de pie, sin comprender.
- ¿Que sucede?
- Tú te vienes conmigo – le ordenó, sujetándola del brazo y arrastrándola fuera de la cabaña sin ningún tacto. Todos dentro del lugar quedaron anonadados. ¿Qué demonios había sido eso?
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- ¡Alice! ¡Alice!, ¿Qué pasa? – preguntaba la muchacha mientras era empujada por su amiga hasta cerca de la playa, lo suficientemente lejos de la casona.
Se detuvo al lado del río y volvió la vista hasta la menor, completamente enfadada.
- ¿Qué pasa? – Repitió - ¿Qué te pasa a ti? ¿Cómo fuiste capaz de hacerlo? ¿Acaso no piensas en las consecuencias?
- ¿De qué? ¿De qué me hablas? – la pobre castaña no entendía. Aunque estaba acostumbrada a los ataques de histeria repentinos de la mayor, siempre eran con razón aparente. Pero Alice solo se había detenido a gritarle cosas sin explicarle nada.
- ¡Te hablo de tener relaciones con Edward y no cuidarse!
El ceño de la menor se frunció y las palabras se le atascaron en la garganta.
- ¿Q-que…?
- ¡Sí! Hoy, Jasper y yo volvimos a la casa para buscar algo y ¿con que nos encontramos? ¡Con los dos más chiquitos teniendo relaciones!
El rostro de Bella palideció tras escuchar eso.
- ¡Bella! Tú fuiste la que me dijiste que había olvidado las pastillas, ¿Cómo se te ocurre acostarte con Edward sin protección? ¡Eres grande, sabes perfectamente lo que puede suceder!
- P-pero Alice…
- ¡Pero nada! Yo pensé que nuestra charla te había ayudado, que te había quedado claro esa sola condición… nunca pensé que fueras tan irresponsable…
- ¡Oye, para de atacarme! – gritó Bella, sintiendo que sus ojos comenzaban a aguarse poco a poco.
- ¡No pararé, tú me vas a escuchar!
- ¡Hey, hey, hey, ¿Qué es todo esto?
Ambas volvieron la vista hacia Edward, quien era el que había gritado. Venía vestido solo con un jean, ojotas en los pies, sin remera y el cabello todavía mojado. Detrás de él, se encontraba su hermano, el cual parecía igual de enfurecido que Alice.
- ¿Su puede saber que les sucede? – preguntó Edward, fastidiado.
- Eso les tendría que preguntar a ustedes – fue la respuesta de Jasper.
El sollozo de Bella se hizo presente ante las tres personas e, inmediatamente, la culpa invadió a los mayores.
- Hey ¿por qué lloras? – quiso saber Edward acercándose casi instintivamente para abrazarla.
Jasper se posicionó al lado de su novia y se prepararon para decirles todo lo que habían pensado durante ese día.
- ¿Se puede saber que les sucede? Hermano, me sacas del baño, me traes aquí y veo que mi novia está llorando. Quiero una explicación – dijo Edward, comenzando a enfadarse de verdad.
- Nosotros también queremos explicaciones – replicó Alice, cruzando sus brazos.
- ¿Sobre qué?
- Los vimos – respondieron simplemente.
Bella se alejó del pecho descubierto de Edward y lo miró a los ojos.
- Vieron cuando nosotros… hicimos…
Las orbes verdes de Edward se clavaron en su amiga y su hermano y parecieron centellar del odio.
- ¿Cómo que…? ¿Es que están enfermos?
- Eso deberíamos decir nosotros – objetó Alice – Bella me comentó que había olvidado sus pastillas… ¿Cómo se les ocurre acostarse sin protección?
- A ver, ¿puedes parar de andar ventilando mi intimidad? – pidió la castaña, avergonzada y dolida a la vez - ¡Y quien les dijo que nos acostamos sin protección!
Los mayores pasaron saliva y se miraron entre sí.
- Maldición, hermano, ¿acaso no sabes que no es el único método? ¿Y no recuerdas que tú siempre llevas preservativos hacia todos lados? – atacó el cobrizo, con la vista fija en su hermano pero sin soltar a su novia.
Jasper arqueó las cejas y lo recordó de pronto. Recordó que él había llevado una caja por si se le presentaba la oportunidad de estar con Alice. Demonios… que idiota había sido al no acordarse…
- Pero gracias ¿saben? – Regresaron la vista al menor de los Cullen – Por arruinarnos el paseo y la intimidad también. Muchas gracias.
Acto seguido, tomó la mano de Bella y, con ella aún llorando, se alejó caminando a paso rápido, dejando a los otros con la boca abierta y un sentimiento de culpabilidad dentro de ellos.
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Cuando los más pequeños entraron a la cabaña, todos los quedaron mirando. Después de todo, no era muy común ver a Edward tan enojado como estaba y a Bella llorando de un momento a otro.
Al ver a su hermana en ese estado, Emmet se levantó del sillón y soltó el mando de la televisión.
- Oigan chicos, ¿Qué pasó?
Lejos de contestar, Edward siguió avanzando a paso rápido para subir la escalera junto con ella y desaparecer tras un portazo dentro de su cuarto.
El grupo cruzó miradas confundidas para luego posarlas en Alice y Jasper, los cuales también entraron prácticamente corriendo.
- ¡Jasper!
Sin hacer caso a la voz de Jacob, ambos continuaron corriendo e imitaron la acción de los menores. Solo que, cuando llegaron a la puerta, la encontraron cerrada con llave.
- Chicos, ábrannos, por favor, tenemos que hablar – rogó Alice.
- ¿Alguien me va a contestar qué demonios pasa? – indagó Emmet, irritándose.
- Hemos peleado – se limitó a decir Jasper, sin dejar de golpear la puerta - ¡Abran, por favor!
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Dentro de la habitación y acostados sobre la cama deshecha de él, Edward continuaba respirando entrecortadamente mientras acariciaba el cabello de su chica.
Bella levantó su rostro y observó la expresión de enojo de Edward. Acarició su mejilla tiernamente y pareció despertarlo de algún trance cuando enfocó sus ojos en los de ella. Intentó sonreír pero no lo consiguió muy bien.
- Amor, no estés mal por esto… - pidió. Aunque se sintió un poco hipócrita. Después de todo, ella era la que estaba llorando sin saber muy bien porque.
- No puedo… me da rabia – comentó acariciando su rostro a su vez – Todos somos un grupo de amigos y los quiero a todos… pero la intimidad es lo único que nos pertenece solo a nosotros dos y ellos… lo arruinaron…
Bella lo meditó por unos momentos para llegar a la conclusión de que tenía razón. Pero… ella nunca lo había pensado de esa manera. Si bien amaba estar de esa forma con su novio, jamás lo había considerado como algo para escapar del grupo o de la realidad.
¿Sería que Edward necesitaba alejarse un poco del entorno para estar con ella? Pensándolo bien, ambos habían sido amigos durante toda su vida y siempre habían estado en ese definido grupo de amigos. Tal vez… ahora que eran novios, Edward quería pasar aún más tiempo a solas con ella. Después de todo, su relación recién comenzaba y los primeros días eran los más dulces, en donde no quieres separarte de la otra persona y quieres estar siempre con él.
- Tampoco… tienen derecho a meterse así en la intimidad de otras personas… - replicó con tono de voz suave, aunque ella sabía perfectamente que su enojo no había disminuido ni un poco.
- Tienes razón… pero… - al escuchar esa palabra, el chico prestó más atención – pensémoslo de este modo… solos nos querían advertir… proteger. Ellos pensaron que estuvimos sin cuidarnos y eso solo podría significar un hijo. Sus intenciones no fueron malas, aunque eso no quite que no tenían derecho de espiarnos.
Edward suspiró y asintió. Sin dejar de observar a su chica, deslizó sus dedos por su cabello y la atrajo suavemente para besarla.
Por un momento no importó más todo el lío que se había armado, ni el enojo de ambos contra sus amigos, ni nada.
Se perdieron en los labios del otro como les encantaba hacer en sus instantes difíciles, porque sabían que de esa forma… todo saldría bien.
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