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INSEGURIDADES
Disclaimer: mayoría de los personajes son reciclados de Digimon Adventure 1 y 2
Dedicado a los que se esconden bajo la cama
—Creí que te gustaría venir a un lugar que los demás no frecuentasen… a menos que hayas cambiado de opinión.
—No he cambiado de opinión —admitió ruborizándose levemente— pero (…) ya no puedo seguir ocultándome en casa, y las calles de Odaiba tienden a converger tarde o temprano.
- Capítulo 6
Capítulo 29
Cuestión de probabilidades
—Koushiro, hijo ¿qué te pasó en el labio?
El padre limpió las gafas en su regazo por si estas le habían engañado, y la madre rio por lo bajo. Koushiro, algo extrañado, se pasó los dedos por su boca, y cuando constató que estos se habían manchado con una sustancia rosada, lo comprendió todo.
—Tu hijo tiene una amiguita —la madre sonrió de manera picarona.
Los mofletes de Koushiro se derritieron por el calor interno. "Amiguita" era el eufemismo más vergonzoso de todos.
De ese modo comenzó el calvario de Koushiro. A la hora de la cena, su madre hacía tronar sus dedos con energía justo antes de empezar con la artillería, y así durante todas las vacaciones de primavera. Ella no quería quedarse al margen y deseaba saber hasta el más insulso de los detalle.
Y Koushiro pensaba que podría recuperar todas las horas de sueño perdidas… iluso.
—¡Detalles! ¡El éxito se encuentra en prestarle atención a los detalles!
Koushiro nunca había pensado en su madre como una mujer curiosa, pero resultó que sí lo era, y llena de conocimientos en un área que el muchacho pensó no podía tener demasiada ciencia. Eso no significaba en ningún caso que le agradase ese tipo de conversaciones. Cátedras románticas no deberían ser dictadas por madres para hijos. Koushiro observaba con aprensión a su padre. Su padre se encogía de hombros e intentaba cambiar de tema. A veces le salía bien, pero otras veces la señora Izumi no daba su brazo a torcer.
—¿Y ya conoces a la familia de Mimi? Ay que tonta, claro que los conoces, has ido a su casa otras veces ¿pero y ellos que piensan de ti? Las opiniones de la familia son muy importantes. Espero que no te estés haciendo el antisocial con ellos. Aunque estás subiendo de peso ¡al fin! Eso significa que estás comiendo lo que te dan, y como últimamente estás más allá que acá…
—Piensan que soy hermano de Hikari —interrumpió Koushiro—. Y que soy danés. Su madre siempre me pregunta por el clima de Dinamarca.
El señor Izumi se atragantó con su sopa. El desconcierto hizo enmudecer a la señora Izumi. Koushiro dejó su plato sucio en el fregadero y se encerró en su habitación.
Esas aristas del noviazgo Koushiro no las había contemplado: la familia. Como confió tanto tiempo que se desenamoraría de Mimi antes de llegar a formalizar algo, jamás se había puesto a pensar en ella como novia, o en él como tal. La experiencia le resultaba aún demasiado surrealistas para asimilarla.
A veces se paraba frente al espejo y le decía a su reflejo:
—Oye yo, soy el novio de Mimi.
Entonces se reía. No importaba las palabras que eligiese o el modo, seguía sonando absurdo. Pero debía practicar, porque en algún momento ocurriría que Taichi lo descubriría y le preguntaría con toda la impertinencia y el poco tacto que tiene:
—¿Estas saliendo con la princesita Mimi? ¡Qué desgraciado eres!
Entonces él debería decirle que sí, que era su novio, y debía sonar real, no una respuesta sarcástica o una burla de esas. Y luego aceptar que Taichi le daría algún golpe, posiblemente en la espalda, cortándole toda respiración.
Por un momento se imaginó imprimiendo tarjetas similares a las de presentación, como para evitarse un encuentro directo. Dirían así:
Koushiro y Mimi
Novios al fin
Felicitaciones al fono…
Su cuerpo se sacudió por la risa. No, que terrible sería si la gente realmente hiciera ese tipo de cosas. Mimi pediría que imprimiese unas en color rosa, Taichi no pararía de llamar al número de la tarjeta, y su mamá mandaría a enmicar la suya y repartiría unas cuantas a las otras madres de la asociación de vecinos del edificio. Taichi y su madre irían a por él hasta que le estallara un fusible en la cabeza, así sería.
"Las relaciones son algo muy complicado", pensó Koushiro, entonces llegó a la conclusión de que Hikari había hecho lo correcto al guardar silencio.
Detuvo el balanceo de su silla, cerró la página web en la que navegaba, y abrió la terminal.
Hikari y Daisuke, una vez terminadas las vacaciones de primavera, entrarían a la misma preparatoria donde estudiaban él, Mimi y Miyako. Pobre Hikari, estarían reunidos en el mismo recinto tres de las personas más curiosas por que se revelase la identidad el novio de Hikari. Y Koushiro era uno de esos sospechosos a novio. De seguro Daisuke se encargaría de hacer calzar las piezas desiguales con cualquier gesto desafortunado entre Koushiro y Hikari: un encuentro casual en los pasillos, un ceder el espacio en la fila del almuerzo, o una pregunta sobre cómo se encuentra Taichi.
La manzana de Koushiro se movió de arriba hacia abajo.
Desde que la relación de Sora y Yamato se desmoronó, habían aparecido secretos tras secretos. Nadie quería hablar, todo se basaba en silencios y negativas. El propio Koushiro también formó parte de esa oleada de desconfianza: aunque su madre tenía razón y ya estaba recuperando el peso perdido, ni Taichi ni Yamato sabían la razón de ese colapso nutritivo.
La próxima vez que viese a ese par, tendría que confesarles todo: lo de Mimi, las quemaduras, y el asunto de la adopción.
Dejó la terminal abierta, la laptop en estado de hibernación, y salió de casa con el casco bajo el brazo. Un poco de pedaleo para despejar la cabeza no le venía mal a nadie. Se enderezó las gafas, abrochó las correas del casco bajo el mentón, y subió los pies a los pedales.
Anduvo por el borde de la costanera con lentitud. Recordó la vez, meses atrás, que se encontró con Hikari en uno de los miradores de la bahía y ella le hubo tomado una fotografía a traición. Ese día, le había dicho a Hikari que tal vez tendrían un mejor año que el anterior.
Estaban ya saliendo de Marzo, pero no parecía que fuese el año de Hikari en lo absoluto.
Si le preguntaban a él, quien era poco observador si de relaciones se trataba, creía que Hikari y Takeru hacían buena pareja. Pero bueno… él también creía que Iori y Miyako lo hacían, hasta que se enteró de los sentimientos de la chica por Ken. Así que de repente ese lado de la intuición romántica no lo tenía muy afinado, pero tampoco es que haya sido el único que lo haya pensado.
Alguna vez lo hubieron discutido entre Yamato y Taichi: cuál era la pareja probable dentro del grupo. Ocurrió hace más de un año, luego de un San Valentin muy pobre en chocolates para todos. Taichi también pensaba que Iori y Miya se veían bien juntos, y combinaban a su inusual modo. La bebida cola que tomaba Yamato en ese momento salió despedida hasta por sus orejas, y les tuvo que dar dos golpes a cada uno para hacerlos volver a la realidad.
—¿Es broma? Esos dos no pueden atraerse menos. Es lo más pervertido que he escuchado.
—Pues yo los shippeo completamente —bufó Taichi—. Y a este pelirrojo lo shippeo con la princesita de New Yorks.
—No le agregues la "s" al final que pareces idiota —Yamato volvió a golpear a Taichi.
Ese Taichi… Koushiro debía admitir que, a lo mejor Taichi era conspiracionista y veía cosas que no existían, pero si se trataba de Koushiro, el muchacho le tenía bien estudiado. Taichi era una persona genial, y un buen amigo.
Siguió pedaleando por la costanera un buen rato hasta que le entró el hambre. Se introdujo por las calles del comercio, intentando esquivar el tráfico de esa hora, cuando recordó de una tienda que alguna vez le habló Iori donde vendían nikuman a la antigua. Esa tienda quedaba a pasos del gimnasio donde entrenaba kendo.
Recorrió las calles cercanas al gimnasio en busca de la tienda. Y fue cuando se encontró con el propio Iori, con un bolso deportivo al hombro.
—¡Koushiro! ¿Qué hace por estos lados?
Ese Iori no podía dejar los buenos modales a un lado. Koushiro frenó la bicicleta y salió al encuentro del muchacho. Este llevaba el cabello recién lavado pegado al casco, y un rostro de cansancio y fatiga impreso en el rostro. Koushiro nunca se había imaginado las prácticas de kendo como una actividad desgastante. De seguro, conociendo a Iori, el chico le ponía el doble de empeño y entusiasmo de lo necesario.
—Estoy buscando esta tienda de la que me hablaste alguna vez… Donde venden nikuman a la antigua.
—Ah, claro. Sígame, yo le guio.
En el poco trayecto que caminaron juntos, Iori le contó a Koushiro lo que habían sido sus vacaciones de primavera, de la fantástica y envidiable salud de su abuelo, y de un nuevo manga que estaba leyendo, recomendación de Ken.
—Al principio no me gustó porque era un poco raro. Digo… zombies que viajan en el tiempo… eso no tiene mucho sentido. Pero la historia te engancha enseguida, y tiene todo un trasfondo social imposible de ignorar. Además, el dibujo es excelente.
—Ken siempre ha sido de gustos un poco raros.
—¡Rarísimos! Tú no sabes cuánto. Pero él se niega a admitirlos.
Koushiro aparcó la bicicleta en un poste de luz y siguió a Iori al interior de una pequeña tienda de abarrotes que tenía un toldo a rayas rojas y amarillas. Se trataba de un local pequeño que no llamaba demasiado la atención. Koushiro tuvo que admitir que jamás la habría encontrado por cuenta propia. Se ajustó las gafas y observó a Iori.
Entonces…
¡Bingo!
Una sonrisa inquieta comenzaba a exteriorizarse en los labios de Koushiro.
—Esto… dos nikuman por favor —pidió Koushiro a la dependienta.
Una hipótesis, una idea peligrosa, comenzaba a tomar forma en su cabeza de programador
—Sí que te tienen que gustar los nikuman para que te pongas así —dijo Iori algo sorprendido—. Menos mal que te topaste conmigo, la tienda es un poco difícil de encontrar.
La sonrisa se extendió mucho más por el rostor de Koushiro. Iori siempre sabía decir ideas precisas, de eso no había duda.
—Sí Iori ¿cuál es la probabilidad de que nos encontrásemos? Señora, mejor deme cuatro nikuman, hoy me siento de buen humor.
La dependienta le sonrió feliz a Koushiro y al chico Iori.
*.*
Mimi se despertó temprano aquel día.
El sol pegaba con fuerza a través de sus cortinas transparentes. Calor. La mañana ideal para desayunar una ensalada de frutas y un batido vitamínico. Se calzó con las zapatillas de andar por casa, le dio los buenos días al Izzy durmiente, y dejó a sus pies deslizarse con lentitud escalón tras escalón, hasta llegar al primer piso, y una vez en la cocina, comenzó a moverse más por instinto que por otra cosa.
Su madre apareció en albornoz atraída por el sonido de la licuadora. Abrió las puertas de la nevera de par en par y examinó su contenido.
—Hace un buen día. He pensado apuntarme con la abuela a uno de esos city tour para que tome algo de aire. Fuera de Tokio, a cualquier lado. He pensado en Miyagi.
—¿Miyagi? ¿Y qué hay de bueno en Miyagi?
La madre se encogió de hombros.
—Por conocer algo. Somos japonesas y solo conocemos Tokio, algo está mal. A tu abuela le encantaba viajar, siempre se escapaba los fines de semana al sur con sus amigas, a Osaka.
—Osaka no es tan al sur.
La madre sacó un cartón de leche desnatada y se lo pasó a Mimi. Mimi le agregó un chorro de leche a la mezcla de la licuadora.
—Ese niño Izzy te ha vuelto rigurosa, Mimi.
—¿Eh? —los mofletes de Mimi enrojecieron—. No, no es eso.
Lo que sea que le respondió su madre, no lo oyó, porque volvió a hacer funcionar la licuadora en aquel momento.
Desayunaron juntas, y luego prepararon una bandeja que Mimi le llevó a la abuela cuando se hubo despertado. Durante sus vacaciones, Mimi había liberado a su madre de la tarea de darle desayuno a la abuela, y esa mañana tampoco fue diferente.
—Me pregunto por qué Mamá se refiere a usted como "abuela" ¿No debería llamarle "mamá"? ¿Qué opinas abu?
La abuela observó a Mimi con ojos perdidos.
Mimi pensó que, dentro de todo era el mejor caso posible. Hace poco se había documentado sobre la enfermedad de su abuela, y decía que casos avanzados como aquel podían ser un tormento para la familia, ya que como la memoria casi no existían, vivían asustados, perdidos, y desorientados, y eso les hacía adoptar actitudes violentas. La abuela, sin embargo, era de una docilidad que Mimi jamás habría pensado posible.
—¿Sabes, abu? Mamá quiere que conozcas Miyagi. Eso queda más al norte de Tokio ¿no? Si van en uno de esos tour de la tercera edad, a lo mejor te puedes hacer una amiga ¿no crees?
—Amiga —repitió la abuela y rió.
Algunas lágrimas brotaron por los ojos de Mimi en aquel momento.
Cuando Koushiro llegó a casa de Mimi, a eso del mediodía, notó enseguida su humor alicaído. Salieron al jardín delantero y se sentaron a la sombra del viejo sakura que le daba sombra a la casa gran parte del día.
—¿Está muy grave tu abuela? —preguntó Koushiro al final.
—No se vale por sí misma. El problema no es solo la memoria, sino que está mal de los riñones. No está grave, pero no sé por qué pero me da mucha pena.
—Si quieres llorar, entonces solo hazlo.
Mimi volvió a hacer lo suyo. Se agarró con fuerza a la franela de Koushiro y lo besó cuando estaba con la retaguardia baja. Al separarse, Koushiro parecía asfixiado.
—Tienes ojeras —señaló Mimi—. Dijimos que nada de desvelos, que necesitas dormir.
—Lo sé, es solo… Nancy, alucinarás en colores. Creo que lo tengo. Era tan simple ¡tan simple!
A Mimi le tembló el labio.
—Watson, no juegues conmigo.
—Es solo… —Koushiro revolvió en su mochila y extrajo una bolsa de papel que se la ofreció a Mimi— ¿Nikuman? Son de ayer, pero están buenos todavía. Ayer me entraron ganas de comer, y me acordé que Iori habló de un local donde los vendían, pero no recordaba muy bien dónde. Pero ¿sabes qué? Me encontré con Iori y me llevó a la tienda ¿cuál es la probabilidad?
—¿Es una pregunta retórica o de verdad quieres calcularla?
—Da igual. Me sirvió para ilumminarle. Piensa esto otro: Cuál es la probabilidad de que la primera persona con la que te toparas en el instituto haya sido Yamato. O que Joe se haya topado con Sora de camino al estadio de Tenis. O que yo me hubiese encontrado con Hikari durante el Omisoka y que luego Daisuke nos haya observado. Podría seguir así hasta el infinito.
—Te olvidas de la más importante, que nos hayamos topado de casualidad cuando yo no quería que nadie supiera de mi. Pero no entiendo cuál es tu punto.
—Tú misma me lo dijiste cuando nos juntamos en el Museo de Ciencia e Innovación la primera vez: las calles de Odaiba tienden a converger tarde o temprano.
—Sí, es cierto. Odaiba no es tan grande.
—Y siendo Odaiba de aquellas características, y estando todos pendientes de conocer el novio de Hikari ¿cuál es la probabilidad de que nadie le haya visto?
Los ojos de Mimi estuvieron a punto de saltar sobre Koushiro. Koushiro volvió la vista hacia arriba, a través del follaje incipiente del sakura.
—El problema es que nos planteamos la pregunta equivocada. No se trataba de quién era su novio. Primero había que constatar de si efectivamente había uno. La verdadera pregunta, es por qué mentiría.
—Cuando dices cosas así, solo me dan ganas de comerme tus orejas y meterte la lengua hasta la garganta.
Dicho y hecho.
*.*
NOTAS DE AUTORA
Holas! Y bien ¿desilucionados? Primero las aclaraciones:
Uno. Nikuman es una especie de bollo japonés al vapor y relleno con carne, preferentemente de cerdo.
Dos. Miyagi es una prefectura de Japón. Destaca por poseer uno de los lugares más bonitos del país, el archipiélago Matsushima, una serie de islas boscosas. Sendai, la capital de Miyagi, es conocida como la ciudad de los árboles. Tiene varios otros atractivos turísticos, pero en realidad la mencioné solo porque allí se desarrolla un manga que me gusta mucho, jeje.
Ahora, las quejas y tomatazos. O los chocolates, también recibo de esos jaja. Eso. Nos leemos. Adieu!
Japiera Clarividencia
