Vacaciones retrasadas
Ya deja de escribir, estás obligando a Apollus a hacer viajes demasiado largos que son infructuosos, porque no voy a responder, Artemis. Sé tanto de lo que sucede como tú y no tengo el tiempo que tú tienes como para ponerme a investigar. Estoy trabajando.
Nos vemos.
Remus.
Inmediatamente después de que el recuerdo se desprendió de su varita, soltó un suspiro ausente y se dejó caer de espaldas, entumecida de mente y cuerpo.
Todo pasaba más lento después de dejar sus recuerdos, pero no uno o dos, porque desde el día que le siguió al del Torneo de Esgrima, cada vez que Saba, Sami y Artemis iban al Pensadero se dedicaban a deshacerse de todo aquello (absolutamente todo) que los molestara, una mirada, el recuerdo de una nota desaprobatoria, todo lo que tuviera que ver con él…
Y después de vaciar completamente su memoria, entraban en un estado bastante peculiar, en el que cada movimiento era más profundo y duradero, como si lo único que pudieran hacer fuera sentirse, con toda la precisión posible. Una vez, Sami se tomó la molestia de calcular la dimensión de la parábola correspondiente al movimiento que hacía con la mano cuando la levantaba para rascarse la cabeza. Para eso, repitió el movimiento mil veces, con la misma fuerza y la misma trayectoria.
Artemis cerró los ojos y, tras lo que le pareció unos segundos, sintió caer a alguien a su lado, Saba, probablemente, porque todavía podía escuchar a Sami practicar su patronus en algún lugar cerca de ellos.
Patronus. Ella no había intentado practicarlo en semanas por… por… no tenía idea de por qué.
Al tiempo, un instante o muchas horas, Artemis no podía establecerlo, Sami cayó a su otro flanco, riendo a carcajadas que sonaban como campanitas distantes, arrulladoras. Artemis sintió que sus párpados se hacían más y más pesados conforme la risa de Sami se hacía más y más general dentro de su cerebro… finalmente tras un sonoro bostezo, se quedó dormida.
Sueño sin sueños. ¿Qué más podía pedir?
Cuando despertó ya era de noche, las estrellas brillaban poco en el cielo invernal de Goldenwand, visible gracias a que el Castillo Viejo estaba destruido en su mayoría y a pesar de eso, era uno de los lugares más acogedores de toda la escuela.
Saba la miró con una sonrisita ausente y ella se la devolvió, pensando que si iba a privarse de todos sus recuerdos y prácticamente olvidar todo lo que la rodeaba, no había mejor compañero que Saba para hacerlo, porque con él nada le daba miedo.
Hush now baby don't you cry
Rest your wings my butterfly
Peace will come to you in time
And I will sing this lullaby.
.-. ¿Quién eres?-
Se apretó fuerte al brazo la vieja venda negra, para que no se resbalara o cayera con el roce. Hizo puño para que sus músculos se hincharan y la venda no le cortara la circulación, ahora que estaba entrenando para ser parte del equipo de esgrima, no convenía tener los brazos débiles y los dedos entumecidos. Se bajó la manga de la blusa, se colocó el enorme saco morado encima y cerró sus botones, desde el primero, que empezaba cerca al final de la falda hasta el último, en el cuello.
.-.Artemis Black-
Black por su papá. ¿Black como Sirius Black? Sí, como el asesino.
Salió de la habitación después de ponerse la gran capa negra y caminó por los pasillos con su nuevo caminar, pesado y cauteloso, lleno de balanceos necesarios para que nadie advirtiera a primera vista que estaba llevando una espada debajo de la capa. Su espada. Esa fue la primera advertencia del profesor Pólux Altair y de la tutora, que no debía ir por ahí ufanando su espada nueva ni causando problemas.
.-. ¿Qué hiciste para obtener el arma?-
.-.Ganar un concurso- respondió secamente. No entendía por qué la habían citado en la dirección y entendió mucho menos cuando la hicieron separarse de Saba para entrar a hablar con una mujer de nariz fruncida y anteojos tan pequeños que podían metérsele en los ojos.
.-.Bien… ¿tus padres tienen antecedentes de violencia?-
Se detuvo al salir de la Fortaleza de Stormenhand cuando vio a Apollus volar sobre ella, en dirección a la Torre de Valthemoon. Lo siguió unos segundos hasta que se perdió entre los árboles y continuó caminando a paso firme, ignorando el canto del kelpie que dejaba entrever su cuerno de añil.
.-.No tengo padres- respondió Artemis, apartando la mirada.
Papá estaba en peligro. Había escapado de Azkaban y era considerado altamente peligroso, si lo encontraban lo iban a matar.
Estaba preso. Por eso había escapado. Preso por matar a gente inocente. Su papá. Un asesino.
Pasó por el Bosque sin problemas. Apple Easthouse perdía todo protagonismo cuando pensaba en su padre y, de cualquier manera, tenía su espada en el cinto. Aún así, Artemis apuró el paso y se detuvo unos segundos al llegar al claro, con la cabeza fija en el inicio del Bosque de Goldenwand.
Las Lámpades no habían vuelto a aparecer, con las semanas los escregutos volvieron a su tamaño natural y al número acostumbrado, al menos los que se dejaban ver en el Castillo Viejo. No hubo ninguna manifestación extraña en la escuela desde el Salto, hacía más de un mes, lo que significaba que la profesora Ater tenía razón en lo que fuera que discutió con su tutora la noche en la que Artemis y Saba las escucharon desde la enfermería: que necesitaban al Salto para algo… y, aún así, la profesora Ater continuaba sintiendo extraños dolores de cabeza, jaquecas, por la preocupación, decía.
.-.Ah- la mujer la miró por encima de sus lentecillos, con una mezcla de sorpresa y desazón. Artemis anotó esa mirada en la lista mental de recuerdos que iba a dejar en el Pensadero- bien… del uno al diez, ¿cuál sería la calificación que te pondrías respecto a tu destreza con el arma?-
Artemis no respondió. Diez. Cinco. Cero. No la iba a usar en contra de nadie, si eso era lo que quería saber. A menos que Hanna Marianne la molestara. O que Apple Easthouse la interceptara.
.-.Artemis, la señora necesita un número- intervino el profesor Pólux, que estaba parado detrás de ella, con los brazos cruzados. Obviamente porque su silencio había sido demasiado largo.
.-.No sé- admitió Artemis, fastidiada.
Oyó un zumbido hacia su izquierda y despertó. Giró sobre sus talones y dio zancadas rápidas hasta el pórtico del Castillo y de ahí hasta el primer retrato de mujer que encontrara en el Pasillo Principal. Le dirigió una mirada cautelosa a los lados, buscando señales de algún ser humano o fantasma que pudiera estar merodeando.
Nadie. Hizo el retrato a un lado con su varita y se internó en la red de pasillos secretos que sólo conocían los Stormenhand.
.-.Le aseguro que todas las preguntas tienen un propósito. Lo mejor que puede hacer es responderlas para que así podamos registrarla, señorita Black, como portadora menor de edad de arma blanca no mágica…-
La dejó de escuchar ni bien le dijo Black. Black. El titular del diario extranjero retumbaba en su cabeza como la mala migraña que la profesora Ater tenía. Veía los labios de la mujer hacerse más pequeños y arrugados conforme iba dando más y más explicaciones a mayor velocidad y se imaginaba a su papá intentando fugar de una prisión como esa. Escapando de grandes dientes amarillos y labios que se abrían y cerraban sin previo aviso. ¿Y si lo atrapaban? No quería pensar. Todo parecía mentira. Muchos hombres debían estar buscándolo… y su tío que no respondía. Había puesto en peligro a Apollus en ese viaje ¿y qué si había metido en todo a su hermanito? Y qué si ella daba la pista definitiva para que atraparan a su padre.
¿Por qué no la había ido a buscar?
Artemis caminaba tanteando las paredes, los Stormenhand de tercer curso había prometido que, para mayor seguridad, no usarían lumus dentro de la red de pasillos secretos, porque la luz podía colarse por los agujeritos… además, eso les permitía ufanarse todo lo que quisieran de ser conocedores de cada rincón de una red secreta legada a ellos por los mismísimos padres de Stormenhand, los hacía sentirse verdaderos Stormenhand. Por eso no era sorprendente que Artemis hubiera memorizado el camino: tenía que tocar el tercer retrato a la izquierda y doblar a la derecha. Ya había tocado dos, el tercero no podía estar tan lejos.
Tal vez su papá la estaba buscando en ese momento.
Lo primero que hizo después de saltar del agujero de la pared al corredor fue ponerse las botas y amarrárselas cuidadosamente, luego se limpió la falda y el saco y se arregló distraídamente el cuello de la blusa. Miró a los lados nuevamente, a pesar de que sabía que nadie estaba en los pasillos del tercer piso en ese momento. Todos los estudiantes debían estar dirigiéndose a sus actividades extra escolares, el equipo de vuelo, el de ajedrez, de drama, los grupos de estudio… el equipo de esgrima…
El sueño que tuvo esa noche fue de lo más extraño. Soñó que estaba dormida y que no se podía levantar. Luchó toda la noche por abrir los ojos porque sabía que su papá estaba afuera de la habitación, esperando que ella le diera alguna señal, arriesgando incluso su propia vida para verla. Para llevársela con él. Pero ella no se levantó, no podía.
Sacó la varita de su cinto, acababa de sentir pasos a lo lejos, que seguro llegarían junto a ella en un minuto o menos. Suspiró profundamente, le dio un sacudón a su varita, como si se tratara de un látigo, mientras susurraba una oración ininteligible, cerró los ojos y se clavó la varita en el estómago.
Abrió los ojos con sorpresa, mientras sentía una corriente helada y viscosa expandirse hacia cada parte de su cuerpo desde la punta de su varita, pegada a su estómago. Se tapó la boca con la mano libre, porque sintió a todos sus órganos haciendo cola en su garganta para salir vomitados, pero tuvo que conformarse con cerrar mucho los labios porque la mano con la que sostenía la varita empezó a temblarle a causa de los escalofríos que empezó a sentir, así que juntó las dos y continuó apretando fuerte hacia su estómago. Sus ojos, grandes por la sorpresa, se hicieron chiquitos y la vista se le puso borrosa cuando empezó a lagrimear. Inmediatamente después, sintió que su nariz, sus pómulos y su frente se hinchaban y endurecían y empezaban a latirle, igual que su cabeza, que de un momento a otro se calentó.
Todo le dio vueltas. Fue entonces cuando supo que había terminado. A penas dos segundos después de empezar.
El hechizo de enfermedad que había aprendido con Saba y Sami en las últimas semanas funcionaba más rápido de lo que se había imaginado. Guardó su varita lo más rápido que pudo, entre estornudos, y caminó hacia atrás hasta llegar a la pared. Tenía la impresión de que había sido demasiado para su cuerpo enfermarse de golpe.
.-. ¿Artemis?-
Oyó la voz del profesor Pólux desde lejos. Abrió a penas los ojos y lo vio acercarse a ella, desde el lado derecho del pasillo. Llevaba puesta ropa deportiva bajo su capa.
.-. ¿Qué estás haciendo aquí?- le preguntó, cuando aún estaba lejos.
.-.Estaba de camino a la Fortaleza, para cambiarme- respondió Artemis, secándose el sudor de las mejillas.
.-. ¿Te sientes bien?-
.-.Sí-
El profesor Pólux terminó lo que quedaba de camino con dos zancadas y cuando la vio de cerca, frunció el ceño gravemente y le puso la mano en la frente. Su mano era enorme y estaba helada.
.-.Esto no es estar bien, Merlín, Artemis. Tu frente está hirviendo- el profesor la tomó de los hombros y se agachó para mirarla a los ojos- ¿qué has estado haciendo?-
Artemis negó con la cabeza. El profesor Pólux resopló.
.-.Exactamente por eso. No sé por qué a ustedes no les gusta abrigarse… Artemis, tienes que entender que pertenecer a un club de la escuela implica tener ciertas responsabilidades, no solamente hacer buena esgrima. Si estás enferma no puedes entrenar, ni competir, entonces, si sabes que hace más frío, te pones una chalina o le dices a los elfos domésticos que tengan la amabilidad de ponerte una bolsa de agua caliente entre las sábanas. No es difícil, ¿verdad?-
Artemis asintió. El profesor Pólux dejó sus hombros y le dio una palmadita en la cabeza.
.-.Anda a dormir, ya veré cómo haces para recuperar la práctica de hoy. Si sigues sintiéndote mal mañana ve a ver a Miss Grapehood ¿entendido?-
.-.Sí profesor-
.-.Y te vas a ganar diez vueltas al gimnasio por cada vez que te vea desabrigada-
.-.Sí profesor-
Artemis dejó de asentir porque su cabeza daba vueltas cada vez que lo hacía, así que se conformó con dedicarle una mirada neutra al profesor Pólux mientras él se despedía de ella y le daba la espalda, para continuar su camino, probablemente hacia el gimnasio.
Ni bien él desapareció, Artemis empezó a caminar pesadamente por el lado contrario, haciendo doble esfuerzo para que sus piernas avanzaran e intentando respirar por la nariz, que estaba completamente tapada por asuntos que no quería que salieran.
Entró al baño de chicas, se aseguró de que estuviera vacío y se tomó un segundo frente al espejo para mirar cómo había quedado: estaba pálida y sudorosa, con un par de ojeras negras y profundas bajo los ojos rojos que se habían curvado hacia abajo, como si tuviera sueño permanentemente. Sus labios empezaban a rajarse de lo secos. Su cabello y hasta su uniforme estaba desarreglado, toda ella parecía genuinamente enferma… y se sentía genuinamente enferma. Sonrió satisfecha.
Media hora después, se apareció ante sus mejores amigos, que estaban esperándola en la sala del Pensadero, dentro del Castillo Viejo. Sami se puso de pié de golpe y la miró boquiabierta unos segundos, entre asustada y maravillada por su semblante enfermo. Artemis se encogió de hombros.
.-. ¿Gripe?- preguntó Saba, desde atrás. Había empezado a aparecer almohadones.
.-.Se nota a primera vista…- se anticipó Sami- no pensé que sería tan eficaz. Dijiste las palabras tal cual las practicamos, ¿no?- Sami sonrió cuando Artemis asintió- ¿Te sientes genuinamente enferma, verdad?- sus ojos muy abiertos pasaron rápidamente desde su nariz hasta sus pómulos, luego a sus ojos y a su aspecto en general- déjame curarte- le dijo, temblando, mientras estiraba su varita hacia ella.
Inmediatamente después, susurró el contrahechizo provocando un sonido parecido al que ocurre cuando alguien jala la palanca de un inodoro.
.-. ¿Por qué no hiciste el hechizo de la enfermedad acá?- preguntó su mejor amiga, casualmente.
.-.Tenía que zafarme del entrenamiento- admitió Artemis, que sentía como si Sami le estuviera arrancando una segunda piel, sucia y pesada, desde adentro mismo.
.-. ¿Tenías entrenamiento de esgrima?- volvió a preguntar Sami, guiando el halo de enfermedad que salía de Artemis, en forma de una nube amarrilla viscosa, hacia un lugar alejado.
.-. ¿Qué hiciste, te enfermaste desde que saliste de la Fortaleza, o esperaste hasta llegar con el profesor Pólux?- Saba no la miró, estaba poniendo los tres almohadones largos y mullidos que había aparecido alrededor del Pensadero.
.-.Si nos hubieras dicho que tenías entrenamiento de esgrima…- empezó Sami, pero no miraba a Artemis, si no a la nube amarilla de su enfermedad, que desaparecía entre las grietas del suelo de piedra- hace una hora Apollus me llevó una nota a la sala de estudio… pensé que estabas libre- se volvió a ver a su mejor amiga- no había problema con que hiciéramos esto otro día-
Artemis respiró profundamente por su recientemente destapada nariz y se sintió mucho mejor. Se tocó la frente y las mejillas, ya no estaban calientes ni sudorosas y no percibía un solo latido.
.-. ¿Todo listo?- preguntó Artemis, acercándose al Pensadero, ignorando completamente lo que le acababan de decir.
.-.Artemis…- empezó Sami, lentamente, caminando hacia ella- he estado pensando… no es que no me guste venir, pero ¿no prefieres que… hablemos o algo así?-
.-.No- respondió Artemis.
.-. ¿Por qué no vómito?- preguntó Saba, desde atrás, tentando.
.-.Porque vomitar me da miedo-
Él y Artemis se miraron sobre la cabeza de Sami. Saba asintió, quitando del rostro la expresión retadora e incómoda que había adoptado desde que vio llegar a Artemis. Ella sólo levantó las cejas y esquivó a Sami, en su camino al Pensadero.
Saba recorrió toda la desierta habitación de las chicas en un segundo, desde la puerta hasta la última cama (la de Artemis). Cuando llegó, cerró el baúl del equipaje de un manotazo.
Artemis, que estaba a punto de poner ahí su vieja casaca de viaje, se sobresaltó. Sami, sentada en la cama doblando ropa, también.
.-. ¿Cuál es tu problema?- le preguntó a Saba, mirándolo sobre un par de pantalones bien anchos.
.-.Ni se te ocurra poner eso en el baúl- dijo él, mirando a Artemis.
Artemis miró a Saba largamente. Sus ojos de elfo se habían abierto peligrosamente, aunque la sombra del pájaro furioso estaba lejos de su rostro. De cualquier manera parecía molesto, más molesto de lo que había estado con ella en todo el año… al menos desde el Pre-Torneo de esgrima.
.-.Estamos en verano, Artemis no va a necesitar su abrigo para el viaje- le dijo Sami, extrañada.
Artemis volvió a abrir el baúl y Saba volvió a cerrarlo y esa vez puso una mano sobre la tapa. Mientras tanto, Sami se había puesto de pié y caminaba rápidamente hacia la puerta, una vez ahí se aseguró de que nadie estuviera merodeando por los pasillos y, con un golpe lo suficientemente fuerte como para llamar la atención de sus amigos sin llamar la de nadie afuera, cerró la puerta.
.-. ¿Qué pasa?- empezó, cuando Saba se volteó a verla, aún con una mano sobre la tapa del baúl- tenemos que terminar de empacar porque los carruajes van a llegar en tres horas. Tú lo sabes… y aún así estás interrumpiendo ¿qué pasa?-
.-.Ya hemos hablado de esto, Artemis- el elfo hizo caso omiso de Sami y miró a Artemis fijamente a los ojos- quedamos en que no ibas a--
.-. ¿Quedamos?- preguntó Artemis, arqueando las cejas y abrazando el bulto de su casaca- tú no tienes nada que ver en lo que yo decida. En eso quedamos-
.-. ¿De qué están hablando?- preguntó Sami, cruzando los brazos.
.-. ¿Entonces lo vas a hacer?-
.-.No he dicho eso. Déjame terminar de empacar, tengo que darle de comer a mi hermanito-
Saba se sentó sobre el baúl y cruzó los brazos.
.-. ¿Me vas a decir que no lo vas a hacer?- preguntó.
.-.Déjame empacar. No voy a hacer nada- Artemis apretó la casaca contra su pecho con una mano y con la otra intentó mover a Saba.
.-.A ver, abre la casaca-
.-. ¿Para qué?- preguntó Sami.
.-.Abre la casaca, Artemis- Saba se estiró hacia ella e intentó quitarle el bulto de las manos. Artemis se sacudió, gruñendo y dio tres pasos largos hacia atrás, mirando a su mejor amigo como si fuera una madre loba y la casaca, su cachorro recién nacido.
.-. ¿Qué está pasando?- preguntó Sami, atónita.
.-.Artemis le ha pedido al bibliotecario dos mapas grandes- le respondió Saba- uno específicamente de Irlanda y Gran Bretaña-
Artemis negó lentamente con la cabeza.
.-. ¿Qué tú qué?- Sami corrió hacia ellos, con la boca tan abierta que sus brackets se notaban más que nunca- ¿y están en esa casaca?-
.-.No- negó Artemis rotundamente.
.-.Entonces ábrela- tentó Saba.
.-.No-
.-. ¿Estás pensando en ir, después de todo lo que hemos hablado?- preguntó Sami- después de todas las razones que te hemos dado para…-
Artemis silenció a su mejor amiga con una mirada. No necesitaba sermones de nadie. Necesitaba quitar a Saba del baúl, terminar de empacar, darle a Apollus su comida e irse.
.-.Déjenme empacar- les dijo.
.-.No- respondieron Saba y Sami al unísono.
.-.Sólo si me prometes que no vas a ir a buscar a tu papá- agregó Sami, bajito.
Artemis la miró, sorprendida. No podía prometerle eso. No quería prometerle eso… aunque por un segundo pensó en abrir la casaca y terminar el problema de una buena vez. No. Ellos no tenían ningún derecho de increparla, de saltar sobre ella de esa manera y sentarse en su baúl y no dejarle empacar y decirle todas las cosas que le estaban diciendo. Ellos no sabían…
Pero no quería pelearse, no el último día en Goldenwand.
.-.Voy a buscar a Apollus- les dijo- revisen mi baúl si quieren, no hay nada-
.-.Todo podría salir mal- oyó decir a Saba, cuando estaba a dos pasos de la puerta- no tienes idea de donde está. Tu papá podría estar en Irlanda o en Gran Bretaña o en África. Huyó, Artemis. Las autoridades lo están buscando ¿y eso qué significa? Que está escondido ¿Qué va a pasar cuando preguntes por él? ¿Y cuando digas tu apellido? Además, tienes catorce, no puedes usar magia… ¡Tienes catorce! ¿Quién crees que eres?-
.-.Creo que deberías venir conmigo- agregó Sami, con una vocecita a penas audible- ya te dije que a mi mamá le encanta ser anfitriona, estaría más que feliz de recibirte-
.-. ¿Creen que soy idiota?- preguntó Artemis, volviéndose a mirarlos.
.-.Sí- admitió Saba- sólo una persona idiota…-
.-.Voy a Hogwarts a ver a mi tío. Como no va a tener dinero para mandarme de vuelta, va a tener que darme alguna respuesta. Hogwarts está cerca de Hogsmeade, ahí hay tiendas, puedo trabajar y ganar dinero para seguir buscando. Además, papá no está en África ni en Irlanda… porque el único nombre que decía antes de escapar era "Harry" como en Harry Potter- los ojos de Artemis se pusieron rojos de golpe, mientras sentía presión en la boca del estómago- así que debe estar cerca de él-
.-. ¿Por eso no querías hablarme?- le preguntó Harry a Artemis- no es mi culpa-
Artemis abrió la casaca que tenía entre las manos y dejó caer los dos pesados rollos de mapas que había pedido semanas antes. ¿Qué iban a hacer sus amigos? ¿Detenerla? Faltaban sólo tres horas para que los carruajes los separaran…
.-.Pero eso implica que viajes durante todas tus vacaciones- dijo Sami.
Artemis se encogió de hombros.
.-.Si no quieres estar sola puedes venir con cualquiera de los dos- admitió Saba- Sami y yo te hemos ofrecido mil veces…-
.-.No es eso- cortó Artemis. Era verdad que sus mejores amigos le habían ofrecido pasar las vacaciones en sus casas y hasta se habían peleado entre ellos por cuál era la mejor opción para Artemis, pero ella siempre les había dicho que no.
No era eso. Aunque era cierto que no le emocionaba llegar a una casa vacía y pasar sola las navidades… Artemis no había decidido buscar a su papá sólo porque no quería estar sola.
Desde que vio la noticia en el periódico hasta ese momento, no hubo segundo en el que no se esforzara por dejar de pensar en su papá. En que podía estar en peligro. En que no había ido a buscarla. Por eso tenía dos heridas en carne viva en las sienes… porque durante esos meses casi se recluyó en el Castillo Viejo para largas sesiones de expulsión de recuerdos en el Pensadero.
.-.Has hecho suficiente- le dijo Saba, acercándosele.
Artemis dio un paso atrás. Por supuesto que no había hecho lo suficiente. Si hubiera hecho algo más que dedicarse a olvidar, estaría con su papá, o sabría de él.
¿Por qué no había ido a buscarla?
Artemis tosió un par de veces y apartó la cara.
.-.No llores- Sami se acercó a ella corriendo e intentó abrazarla, pero Artemis se sacudió.
.-.La única manera de ver a mi papá es buscándolo- les dijo, con la voz quebrada- porque él no va a venir-
¡PLAF!
Artemis, Saba y Sami se sobresaltaron cuando alguien abrió la puerta de un solo golpe. Era un delegado de Stormenhand, que parecía bastante alterado.
.-.Los carruajes no van a salir hoy- les dijo- pueden… desempacar si quieren- miró a Sami sorprendido- Valthemoon ¿qué haces aquí?-
.-.Vine a ver a mi amiga- respondió Sami- no está prohibido-
.-.Tienes que ir con los Valthemoon-
.-. ¿Por qué? Ya se acabaron las clases, puedo…-
.-.Son órdenes del profesor Gamma-
Mientras Sami la miraba con las cejas levantadas, Artemis se percató por primera vez del murmullo bastante inquieto que llegaba desde fuera de la habitación.
.-.Ya, voy dentro de un rato- dijo Sami.
.-.No. Ahora. Te voy a tener que escoltar…- admitió el delegado, encogiéndose de hombros- ustedes dos- miró a Saba y a Artemis- no vayan muy lejos-
Sami se despidió de sus amigos a penas con miradas desconcertadas, porque el delegado casi la llevaba a empujones a la salida de la habitación de las chicas.
.-. ¡Mira!-
Saba ya estaba en el balcón de las chicas cuando Artemis reaccionó y señalaba hacia abajo, a la multitud de Stormenhand que caminaban de un lado para otro, muchos con las maletas en las manos, hablando en voz alta, gritando, pero sobre todo intentando hacer a un lado al grupo de delegados que bloqueaban la entrada al Paso.
Uno de los que llevaba las maletas y vociferaba era Sean, que estaba junto a Hada y Otto, intentando hacerse paso entre la gente.
.-.Saba-
Artemis le señaló más allá, cruzando el Paso: el claro estaba lleno de gente y todos se movían de un lado para otro, como hormigas desesperadas. Jamás había visto a tanta gente junta, ni siquiera en el Torneo de Esgrima.
De pronto vio que aparecían un par de puntos voladores sobre ellos. Profesores o delegados en escobas.
.-.La profesora Ater- adivinó Saba- el otro seguro es el profesor Cástor… ¿qué está pasando?-
Artemis y Saba se miraron y sin decir una sola palabra más, corrieron a buscar el agujero más cercano por el que podrían entrar a la red de pasillos secretos de Stormenhand.
A diferencia de otras ocasiones, fue bastante fácil escoger el agujero por el cual entrarían a la red de pasillos, porque la Fortaleza de Stormenhand parecía estar desierta. A Artemis eso no le extrañó tanto como el hecho de que Morgana Gabrián no los hubiera reunido en la sala común para darles la noticia del atraso de los carruajes. Porque, si lo pensaba bien, Gamma había mandado a llamar a todos sus alumnos, lo dijo el delegado que se llevó a Sami a su Torre. ¿Por qué Gabrián no lo había hecho primero?
.-. ¿Artemis?- llamó Saba, que caminaba unos pasos más adelante.
Los ojos de elfo de Saba eran bastante útiles cuando se trataba de caminar a oscuras, sobre todo teniendo en cuenta la restricción puesta por los mismos Stormenhand con respecto a los lumus. Por eso Saba caminaba delante.
.-.Perdón por lo de hace un rato- le dijo a su mejor amiga- sigo pensando que es una estupidez, pero no tenía por qué… ya sabes-
.-.Ya-
.-. ¿Qué crees que esté pasando?-
.-.Podría ser el asunto de la profesora Ater- el asunto que habían escuchado sin querer a mediados de año, lo que la profesora Ater parecía defender más que el propio Salto. La causa de que las Lámpades atacaran a Sami- pero no ha pasado nada en el año-
Al menos no que hubieran escuchado.
.-.Las criaturas se pueden haber puesto violentas de nuevo- supuso Saba- y es muy peligroso que los carros pasen por ahí al momento de la salida. Tiene sentido… ¡sh!-
Artemis oyó a Saba detenerse e hizo lo mismo. Intentó escuchar algo a través de todo el silencio, pero no había nada fuera de lo normal, ni dentro de los pasillos secretos, ni en los pasillos normales.
Cuando levantó la cabeza, se encontró con los ojos celestes de Saba, que brillaban en medio de la oscuridad.
.-.Hay alguien- le dijo su mejor amigo.
.-. "Hay alguien"- quien imitó a Saba empezó a reírse ni bien terminó de hacerlo y a los segundos otra risa lo acompañó, sonaban bastante cerca- los hemos estado escuchando todo el camino… podrían hablar más bajo, no son los únicos que conocen los pasillos-
La voz sonaba desesperante y familiar para Artemis, pero no podía decir exactamente quien era.
.-.Lum…-
.-. ¡No!- la detuvieron- somos nosotros. Soy Ru y el otro es Joshua-
La voz desesperante era de Joshua, por supuesto. Y el otro era Ru. Aunque no lo viera, Artemis sintió como si alguien le pateara la boca del estómago.
.-.Sí, ya me había dado cuenta- dijo Saba rápidamente- ¿qué hacen aquí?-
.-.Lo mismo que ustedes- respondió Joshua- nada-
.-.No he dicho que esté haciendo nada- admitió Saba, con pica. A él tampoco le simpatizaba mucho ese Joshua- ¿si están haciendo nada, por qué quieren mantener las luces apagadas?-
.-. ¿Estás desconfiando de la gente de tu señorío, elfa?-
.-.Joshua, ya- silenció Ru. Artemis lo imaginó poniéndose entre su mejor amigo y Joshua, deteniendo la pelea- queremos saber por qué no nos dejan salir de la isla-
.-. ¿Han pensado en algo?- preguntó Saba.
.-. ¿Ahora sí nos crees?-
.-.No jodas, Joshua… lumus minima- Saba encendió una pequeña llama azul en la punta de su varita, suficiente sólo para que los cuatro pudieran ver las sombras de sus rostros azulados.
Artemis vio a Ru frunciendo el ceño y apartó la mirada. No lo había visto en mucho tiempo… desde el Torneo de Esgrima.
.-.Apaga eso-
.-.Ru, si queremos encontrar el despacho de Gabrián o algo por el estilo, tenemos que ver. Imagínate lo que pasaría si nos encuentran en un salón fuera de la isla de Stormenhand-
Ru hizo una especie de gruñido y a continuación, los cuatro empezaron a caminar en fila india, con Saba a la cabeza. Artemis caminó hasta él a tropezones, en uno de esos, sintió como caía de costado hacia Joshua, pero se incorporó de golpe.
.-. ¿Todavía la tienes?- preguntó Joshua en voz alta, refiriéndose a la espada que tenía Artemis en el cinto. Su espada- pensé que te la habían quitado por cobarde y se la habían dado a Greg o algo por el estilo-
Al instante oyeron zumbido metálico y un grito. Saba no fue lo suficientemente rápido como para detener a Artemis, que apuntaba firmemente a Joshua con su espada desenfundada.
.-.Baja la espada, no seas loca- le dijo Ru, intentando acercarse a Artemis- estamos a oscuras, lo puedes matar-
.-.Lumus maxima- susurró Saba, haciendo que la parte del pasillo en donde estaban se llenara completamente de luz azul.
Pero Artemis ya no veía a Joshua de piedra delante de ella, ni a Ru tras Joshua. De pronto Artemis ya no estaba en uno de los pasillos secretos de la red de Stormenhand, sino en medio del gimnasio decorado elegantemente para la ocasión. No era el último día de clases, si no el día que más había estado esperando en el año: el del Torneo de Esgrima.
Las paredes se transformaron en tribunas llenas de alumnos agrupados sin importar el señorío. A unos cuantos pasos de ella, hacia su izquierda, estaba el profesor Pólux, atento a la pelea… que llevaría a Artemis a octavos de final, si la ganaba, claro. Y frente a ella estaba su oponente, quieto ante el inminente ataque, desarmado… no, no era el ataque lo que lo había hecho bajar su espada y casi rendirse. A pesar de que tuviera el casco puesto, Artemis podía ver claramente el rastrero rostro de Greg Easthouse mirándola con expresión de mártir, aceptando la derrota. Podía escuchar las palabras que le había dicho esa misma mañana en los camerinos, sus disculpas con mil palabras rebuscadas. "Fueron aconteceres lejanos a mi consentimiento. Jamás habría pedido a mi hermano que realizara semejante acto… creo que es el mejor momento para aclararlo, comprendo que hayas estado molesta, pero ya no hay más razón para seguir así. Sin embargo, una acción vale más que mil palabras, así que si nos encontramos en la lucha… te demostraré que estoy… bueno… ya lo verás."
Y toda la rabia que había sentido en los camerinos regresó en ese momento, haciendo que su rostro se pusiera rojo y que cada parte de su cuerpo se tensara.
¿Disculpas? Dos años tarde.
No iba a aceptar nada de Greg Easthouse.
Desasió cada uno de sus dedos del mango de la espada y salió de la arena caminando lentamente.
Así fue como se descalificó a sí misma del Torneo. Y todo el mundo la llamó cobarde el día después. Y todo el mundo la olvidó al día siguiente.
.-.Tenemos que seguir buscando, antes de que se den cuenta de que no estamos- le dijo Saba al oído.
.-.Oye Black… ¿qué hiciste para ganarle a Greenhouse en el Pre-Torneo? Seguro le lloraste en el baño- preguntó Joshua, con una sonrisita.
La mano de Artemis tembló. La voz de Joshua estaba empezando a taladrarle el cerebro, más que nunca.
.-.No le hagas caso- Saba empezó a tararear una melodía tranquilizante, por siacaso- baja la espada-
.-.O le pagaste… ah no, eres pobre… y no creo que le hayas ofrecido una cita- continuó Joshua.
.-.Cállate, imbécil- ladró Ru, por lo bajo.
.-. Porque nadie aceptaría una cita contigo como parte de un trato-
Todo el cuerpo de Artemis tembló y ella tuvo que soltar su espada para no clavársela en la cara a Joshua. Ru y Saba, a la derecha de cada uno, suspiraron aliviados.
.-.Ya sabía que no ibas a golpearme. Eres bien cobarde aunque te hagas la hombrecito-
Artemis se abalanzó sobre él.
.-. ¡Artemis, basta!-
Las luces se apagaron. La varita de Saba salió volando Artemis le dio un codazo para que dejara de sostenerla por la cintura. El sonido solitario de la madera contra el suelo fue seguido por exclamaciones mudas, gruñidos y uno que otro quejido, mientras los cuatro Stormenhand peleaban en la oscuridad.
.-. ¡NO VAMOS A DEJARLO SOLO!-
Los cuatro se detuvieron en seco ante el grito que provenía desde fuera de los pasillos secretos. Era una voz de mujer… pero no era ni la profesora Gabrián ni Ursa Ater.
Saba corrió torpemente hacia su varita, luego se pegó a una de las paredes del pasillo como una sanguijuela y empezó a caminar así, con una oreja pegada a la pared. Artemis se sorprendió, Saba tenía un excelente oído, mucho mejor que el de cualquier humano… jamás había necesitado pegarse a una pared para saber lo que pasaba a través de ella. De todas maneras lo siguió y tras ella oyó acercarse a los otros dos.
Saba se detuvo de golpe.
.-. ¿Qué pasa elfo?- le preguntó Ru.
Artemis se acercó a su mejor amigo y notó que había empezado a respirar con dificultad.
.-. ¿Saba?- lo llamó.
.-.Mi pecho- le dijo a Artemis, tocándose el pecho- no sé qué me pasa…-
Toc. Toc. Toc.
.-. ¿Qué fueron esos?- preguntó Joshua.
.-.Tacones- respondió Ru- como los de Gabrián- y ni bien terminó de decirlo, corrió a buscar algún agujero por el que pudieran ver lo que pasaba.
Ya habían llegado al despacho. Artemis miró a Saba y luego a la pared del pasillo secreto, detrás de la cual podía estar la explicación de lo que pasaba.
.-.Anda- le dijo su mejor amigo- no es nada, seguro comí sin querer una de las porquerías de Sami-
.-. ¡Lo encontré!- susurró Ru, emocionado.
Artemis y Joshua corrieron hacia él.
.-.No te me acerques mucho, Black-
.-.Está vacío…- Ru se hizo hacia atrás y desenfundó su varita- Dissendium-
Artemis, Saba y Joshua se ocultaron a los flancos lo más rápido que pudieron mientras el haz de luz que entraba por la ventana del probable despacho de la tutora se hacía cada vez más grande, hasta formar la figura de un cuadrado, del cuadro que Ru acababa de desplazar.
.-.Ya, Joshua y yo buscamos. Artemis tú haces guardia por abajo y Saba por aquí. Vamos-
Los cuatro corrieron hasta el borde del pasillo secreto, pero ninguno saltó.
Saba ahogó un quejido.
La habitación era amplia y estaba muy bien iluminada, el cielo azul se veía por cada uno de los ventanales que habían sido construidos en lo más alto de las paredes, casi chocando el techo… es más, el cielo azul se veía gracias al encantamiento que hacía que el techo fuera un cielo azul, con nubes que se movían… casi se podía ver al viento circulando por ahí.
No era la oficina de Gabrián porque no había un solo escritorio y porque había un gran cuadro de Sapientio Valthemoon, el padre de los Valthemoon, custodiando gigantescos libreros llenos de ejemplares de todos los tamaños, anchuras y formas, que se extendían en las cuatro paredes de la estancia. Al centro de la sala, levitando unos centímetros sobre la alfombra guinda, había una especie de mecedora mullida sin patas que invitaba a sentarse en ella por largo rato y buscar formas en las nubes del techo. O leer.
Parecía la habitación de los sueños de Sami a excepción de un detalle: a unos pasos de la mecedora, tendido sobre sus espaldas y con un libro verde en la mano estaba el director Hamal, más tranquilo de lo que jamás lo habían visto en su vida, pero tan ausente como siempre. Ausente como sus grandes ojos parduscos y vacíos. Muerto. Viendo el cielo.
.-.Los homenajes al profesor Hamal empezarán mañana mismo y terminarán en dos semanas. Sus padres o tutores ya han sido informados y aquellos de ustedes que tengan que irse por razones de fuerza mayor podrán hacerlo, los que quieran quedarse a pesar de sus padres pueden venir a mi oficina para conversar…-
Los rostros de todos los estudiantes de Stormenhand estaban en blanco, inmersos en un silencio tan pesado como cada una de las palabras de su tutora, que no se había molestado en ocultar su desconcierto, o no había podido.
Artemis estaba sentada en un extremo de la habitación, oculta por un grupo de los de quinto, que sollozaban silenciosamente, como todos los lloraban en la habitación. Las palabras de Gabrián le llegaban como susurros que ni siquiera podía entender. Pero para qué. Ella lo había visto.
Sentado a su lado estaba Saba, curvado sobre sus rodillas, aún apretándose el pecho. Él había renunciado desde el principio a escuchar a su tutora, en cambio, empezó a susurrar para sí una oración en élfico y a repetirla una y otra vez.
.-… delegados de Stormenhand pasarán por mi oficina a las ocho de la noche para detallar más su papel en la ceremonia de mañana y en la del cuarto día de homenajes… eso es todo por ahora- Morgana Gabrián tomó una larga bocanada de aire y miró a cada uno de sus alumnos antes de empezar a hablar de nuevo- por favor, tómense unos minutos para pensar en su director y para desearle un buen viaje. Estoy segura de que él se los va a agradecer-
Artemis se puso de pié, ya no quería estar ahí.
.-.Si me necesitan- dijo la tutora, mientras todos los alumnos empezaban a moverse de sus lugares- no duden en llamarme. Para lo que sea-
Artemis se volvió sorprendida hacia Saba.
.-. ¿Escuchaste lo que dijo?- le preguntó.
.-.No- respondió su mejor amigo, levantando la cabeza.
.-.Ah. Voy afuera-
.-.Yo me quedo-
Fue una de las primeras en salir de la sala común y caminó directamente al Paso. Algo le decía que tenía que ir a ver a Sami, a ella le gustaba Hamal y probablemente había tomado muy mal la noticia, pero se detuvo. Seguro estaría enfrascada desde ya en los preparativos para los homenajes al director, trabajando mientras lloraba. No. Iría más tarde.
.-.Black-
Artemis se volvió y vio a Ru acercarse a ella, con su espada en la mano.
.-.Toma. Se te olvidó- le dijo, estirándosela.
.-.Gracias- respondió ella, tomándola y ajustándola rápidamente en su cinto.
Los dos se miraron y Artemis supo que Ru pensaba lo mismo que ella: que hubiera dado cualquier cosa por no entrar a la red de pasillos esa mañana.
.-.Joshua está en su cuarto, durmiendo- contó Ru- le dije que… ¿para hablar?- estaba nervioso, su boca se estiraba y volvía a su posición normal, como un tic, como si quisiera sonreír y su único ojo visible buscaba la mirada de Artemis y le rehuía a la vez- pero no me hizo caso. Saba--
.-.Estaba en la sala--
.-.No está, pensé que estaba contigo-
No. Volvieron a quedarse en silencio unos segundos.
.-.Es obvio que no vamos a decir nada. Ni a los demás del curso- soltó Ru.
Artemis asintió.
.-.Ella no dijo nada- continuó el muchacho.
.-. ¿De qué?-
Ru carraspeó.
.-.De qué lo mató-
¿Qué mató a Hamal? Qué importaba qué mató a Hamal. Una enfermedad de largo tiempo, un infarto… era exactamente lo mismo porque en ese momento su director estaba muerto. Había muerto y ellos lo vieron.
.-. ¿Dónde está su tutora?-
Un hombre se detuvo momentáneamente junto a ellos. Era bastante alto y tenía un mechón de canas en el cabello, a pesar de ser considerablemente joven. Sus ojos, su nariz y su frente amplia eran aterradoramente similares a las del fallecido profesor de Astrología, Ariel Wingolf y todo por una razón bastante elemental, porque era su hijo, Ariel Wingolf Jr, que ocupaba el mismo cargo que el padre.
.-.En la Fortaleza, profesor- respondió Ru, extrañado.
El profesor Wingolf parecía bastante alterado.
.-. ¡Ariel!-
La profesora Gabrián apareció por la puerta principal de Stormenhand y caminó rápidamente hacia ellos.
.-. ¿Qué haces acá?- le preguntó al profesor de Astrología, cuando llegó a él.
.-.Vine a buscarte. Quiero hablar un segundo contigo-
.-.Sí, justo salía a la reunión de profesores. ¿Te llegó el mensaje de Gabriel?-
.-.No-
El rostro de la profesora Gabrián se desencajó por unos segundos, los suficientes como para que Artemis y Ru supieran que había algo que no estaba funcionando bien.
.-.Seguro lo pasaste por alto, con todo lo que está pasando- dijo la tutora, con la voz ronca- tenemos que irnos-
.-.Morgana…-
.-.Tenemos que irnos- con una mirada terminante, Morgana Gabrián hizo que Adriel Wingolf Jr. se callara- y ustedes dos, vayan a la Fortaleza-
Ru y Artemis se miraron cuando los dos profesores empezaron a casi trotar por el Paso. Tenían la impresión de haber sido testigos de algo más que un encuentro normal.
.-.Día de mierda- masculló Ru.
El cuarto día de homenaje correspondía a los Stormenhand. Todos los alumnos del señorío se levantaron a las cuatro de la mañana y se arreglaron según el modelo que la profesora Gabrián les había entregado el día anterior: una túnica negra larga de cuello alto, capa plateada y pintas delgadas negras en la mitad del rostro, como las que tenían el día de la Ceremonia de Iniciación.
A las cinco de la mañana dejaron la Fortaleza de Stormnehand, con las varitas encendidas, las capuchas puestas y en medio de un silencio sepulcral. A las cinco y media llegaron a donde reposaba el cuerpo del director Hamal, dentro de un ataúd de plata con la bandera de Valthemoon encima. Los demás señoríos ya estaban ahí, encapuchados y precedidos por sus tutores y por todos los profesores, que tenían el aspecto de no haber dormido ninguna hora en los cuatro días.
Artemis buscó a Sami entre los Valthemoon… no había podido verla ninguno de los cuatro días y mucho menos hablar con ella. Cuando la encontró, junto a su amiga de la nariz grande, comprobó uno de sus temores: los ojos de Sami estaban hinchados y rojos, como si hubiera llorado toda la noche.
El profesor Dimber, ataviado con una enorme banda transversal de color negro y una medalla dorada con el escudo de Goldenwand a la altura del hombro, se acercó a la multitud de alumnos y se tomó todo el tiempo del mundo para mirarlos a la cara, a cada uno, como si quisiera saber que todos estaban bien.
.-.Son gratamente bienvenidos, familiares de Stormenhand- les dijo, con la voz suave de padre bonachón que tenía.
Tres de los doce delegados de Stormenhand dieron cinco pasos marciales a la vez, hasta quedar muy cerca del ataúd plateado, para entregarle al director tres de las Cinco Medallas de Stormenhand, uno de los máximos valores que cualquier miembro de Goldenwand podía recibir.
.-.Ayer escuché que Dimber iba a tomar el cargo de director- susurró Creixell, que estaba al lado izquierdo de Artemis.
.-.Obviamente. No imaginaba a nadie más- respondió Sean, desde atrás de las dos.
.-.No lo va a aceptar- dijo Saba y eso provocó un temblor entre todos los que lo rodeaban.
.-.Dejen de hablar, estamos en un funeral-
Artemis volteó para ver de quién era la voz no familiar que los acababa de callar y se encontró con que Gerard Greenhouse, el campeón del Torneo de Esgrima, les hablaba con la cabeza agachada.
.-.Además, todo el mundo sabe que Dimber se está corriendo del puesto de director desde hace años-
Artemis levantó la cabeza sorprendida y sin quererlo vio a Alina Hamal parada junto al ataúd de su tío, toda vestida de negro. Recibía la bandera de Stormenhand con una sonrisita a pesar de que estuviera llorando.
.-. ¿Por qué hacen estas cosas?- le preguntó Artemis a Saba.
.-.Un homenaje se hace porque las personas importantes que se mueren no merecen nada menos-
.-.Es muy largo-
.-.Mañana nos vamos a poder colar de la ceremonia, no te preocupes-
No era que no quisiera rendirle homenaje al profesor Hamal, ni que fuera indiferente a su muerte, sino que a Artemis no le gustaban esas ceremonias en donde todos lloraban largamente. No le gustaba ver llorar a las personas, ni verlas con los ojos perdidos, como si se hubieran quedado inconscientes de tanto dolor. Se sentía desconcertada entre las ojeras y la palidez de los demás. Y no podía quitarse de la cabeza la imagen del profesor Hamal, muerto, en el medio de su salón de ensueño de Valthemoon.
Por eso Saba y ella vieron las siguientes ceremonias desde su árbol. Tuvieron que subirse a la copa para poder ver a la multitud de Valthemoon, reunida en un círculo, el último día, antes de que lo enterraran.
.-.Cantan- dijo Saba- están tristes-
.-. ¿Por eso no pudiste oírlos, no?- preguntó Artemis, de pronto. El que Saba pudiera escuchar cantos cuando Artemis sólo sentía al viento le recordó que el excelente oído de su mejor amigo le falló cuando estaban en la red de pasillos secretos, la mañana en la que… pasó- tiene sentido- admitió, ante la mirada sorprendida de Saba.
.-.Sí. Mi papá dice que eso suele pasar… sí, mi papá- Saba se sentó en la rama alta, agarrándose del tronco- le escribí a mi papá después de que Gabrián nos habló. Dijo que sucesos intensos como la muerte pueden causar esas reacciones en nosotros. Me tranquilizó, imagínate que fuera una especie de problema permanente. No podemos darnos el lujo de perder mi oído-
.-.Ru me fue a buscar-
.-. ¿Cuándo?-
.-.Cuando terminó lo de Gabrián, ese día-
.-.Sí. Ya se me hacía raro que no nos hubiera llamado a una reunión o algo así. Seguro te dijo que no dijéramos nada-
Artemis asintió.
.-.Estaba perturbado- admitió.
.-.Igual que todos- Saba miró a Artemis- Joshua se fue a su casa-
Artemis asintió.
.-. ¿Sabes de qué me acordé?- preguntó Saba- no hemos ido al Pensadero desde…-
.-.No quiero hablar de eso-
Saba suspiró aliviado.
.-.Qué bueno, porque yo tampoco-
Esa tarde, Artemis y Saba se encontraron con Ru antes de llegar al Paso. Los tres se miraron en silencio por un largo rato, hasta que Saba empezó a caminar hacia delante, empezada la noche, entonces Artemis y Ru lo siguieron, aún en silencio.
.-. ¿Está…?- empezó Ru, cuando llegaron al portón principal de la Fortaleza.
.-.Clarísimo- admitió Saba- todo-
Artemis asintió lentamente.
.-.Ya- Ru también asintió- buenas vacaciones- y se alejó de ellos dando zancadas.
En un curioso arrebato de resentimiento, Artemis imaginó que si Ru se iba tan rápido de ellos porque tenía que encontrarse con Creixell, por lo menos podía haberse despedido de manera apropiada.
Artemis pasó toda la noche en vela, sentada sobre la rama de un árbol chato, justo al lado del una piedra de forma extraña, bajo la cual estaba la tumba del director Hamal. Estaba vestida con el mismo traje que usó para el homenaje de Stormenhand y en las manos tenía una de las Medallas honoríficas que le habían entregado.
El viento soplaba muy fuerte y era bastante helado, lo que hacía que Artemis estuviera permanentemente conteniendo la respiración y sintiendo un bulto extraño en la boca del estómago.
.-.No te tienes que sentir culpable- le dijo Harry, a su lado- no te gustan los funerales, es normal. Además, tampoco le faltaste el respeto-
Artemis no respondió. Poco antes de dormir se percató de que cuando volviera a la escuela, el año siguiente, el discurso de bienvenida no lo daría el profesor Hamal. Ni sería el comentarista de los torneos, ni de los partidos de quidditch. Y no podía terminar de entender lo que sentía.
Al día siguiente las cosas parecían haber vuelto a la normalidad. La sala común de Stormenhand continuó siendo tan bulliciosa como antes, aunque fuera por unas cuantas horas, las últimas del año. El comedor estaba lleno de gente que sonreía y que se despedía a gritos de los demás, incluso de los fantasmas, hasta las admiradoras de Saba (que habían tomado un obligado descanso) volvieron a seguirlo con frenesí, y con mayor celo porque él pasó toda la mañana y gran parte de la tarde con su novia. Así se lo manifestó a Artemis cuando se despertaron, esa mañana, en la última cama de la habitación de las chicas.
.-.Voy a desayunar con Hanna. Almorzar también-
Artemis se encontró con Sami en la puerta del comedor… hasta ella lucía mejorada, aunque todavía podía ver sus ojeras y los contornos de sus ojos permanecían ligeramente rojos. Sin embargo no habló de Hamal en todo el día. Es más, no habló del todo.
La mejora que percibió a primera vista era sólo un espejismo.
.-.Tengo algo que te va a reanimar- le dijo Artemis a Sami, en un nuevo intento por levantarle el ánimo- chisme de profesores-
.-. ¿Has dicho chisme?- preguntó Sami, mirando a Artemis por primera vez desde que se sentaron a orillas del lago de Stormenhand para almorzar- ¿"chisme", en serio? Si ni siquiera te gusta la palabra-
.-. ¿Lo quieres o no?-
.-.No, no, claro que sí, pero se me hizo raro que dijeras… ya bueno, ¿qué tienes para mi?-
Artemis sonrió para sus adentros. Si había algo que podía reanimar a Sami era un buen chisme sobre profesores, sobre todo si las opiniones y juicios estaban permitidos. Lo único malo era que a Artemis tenía problemas para ser chismosa voluntariamente, se sentía un poco como Hanna Marianne.
.-.Ya… estaba parada en el Paso, porque… espera. Ya. Fue el día de…- mala idea hablar de la muerte de Hamal, intentaría empezar por otro lado- ya- pero no sabía por donde- pasó ese día- perfecto- estaba parada… entonces llegó Wingolf y preguntó por Gabrián y luego llegó ella y pasó algo raro entre ellos-
Artemis suspiró. ¡Qué difícil era contar un chisme!
Sami pestañeó mil veces en un segundo.
.-. ¿Qué pasó entre ellos?- preguntó.
.-.El parecía apurado cuando preguntó por ella. Y cuando hablaron, dijeron algo de un mensaje de Gabriel…-
.-.El profesor Gamma, así se llama-
.-.Ah, sí. Pero creo que él no quería hablarle del mensaje, insistía en otra cosa-
.-. ¿Y tu tutora qué dijo?-
.-.Lo calló-
.-. ¡No!- Sami abrió la boca escandalizada- ¿en frente tuyo?-
Artemis asintió.
.-.Ella sabía que nos habíamos dado cuenta de que algo pasaba- agregó.
.-. ¿Y el profesor Wingolf qué hizo?-
.-.Nada-
.-. ¿Dijo de qué quería hablar?-
.-.No-
Sami se quedó unos segundos con los ojos tan abiertos como la boca, hasta que poco a poco, conforme iba pensando las cosas, volvieron a su forma natural. Incluso frunció el ceño antes de hablar.
.-.Creo que tengo una idea de lo que pasa…- suspiró- y es bastante estúpida, pero lo que me has dicho definitivamente confirma mis sospechas, al menos las más superficiales. Parece ser que entre Wingolf y Gabrián hay algo… una relación. La verdad es que los he visto poco fuera de clases, pero hubo un tiempo en el que los veía juntos, ¡como esa vez que Aristóteles nos encontró en un salón de mi Torre! ¿Te acuerdas?-
Artemis asintió con rabia. Jamás se olvidaría de la primera vez que un fantasma entró en ella.
Sami se pasó el resto de la tarde recordando los momentos en los que los había visto juntos hablando en voz baja o la semana en la que vio por lo menos tres veces al profesor Wingolf salir de la oficina de la profesora Gabrián, bastante alterado… emocionado. Finalmente Sami se cansó de hablar, concluyó que era muy probable que la profesora Gabrián y el profesor Wingolf fueran pareja y se tiró al pasto, suspirando satisfecha.
.-. ¿Sabes quien va a ser el nuevo director?- preguntó Sami, cuando Artemis se echó en su estómago.
.-.No- respondió ella, recordando lo rápido que el rumor de Creixell había sido desacreditado.
.-.Yo tampoco. Gamma no nos ha dicho nada-
Artemis soltó una risita.
.-.Gamma nunca habla- dijo.
.-. ¡Mira a la banshee hablando de chillidos!- Sami rió- Gamma y tú se parecen más de lo que crees. Y es un tutor bastante decente, siempre nos tiene informados en la medida de lo posible. Pero te decía que esta vez no nos ha dicho nada… y eso que los profesores se la han pasado de reunión todas las madrugadas, hablando. Supongo que ya habrán llegado al menos a formar una lista de candidatos. No, qué digo. Supongo que ya tendrían una lista de candidatos… seguro ya eligieron a alguien, pero lo van a presentar oficialmente el año que viene ¿Quién crees que sea?-
.-.Ni idea ¿Y tu?-
.-.Tampoco… sólo espero que tome conciencia rápidamente de los problemas de la escuela y que expulse a Hanna Marianne-
.-.Amén-
Pasaron el resto de la tarde en silencio, excepto por los cinco minutos que Sami se tomó para insultar a Saba por no estar con ellas en sus últimas horas en Goldenwand.
Hasta que, finalmente, fue hora de recoger sus maletas para irse.
.-.Te voy a mandar postrecitos cada mes- dijo Sami.
Ella y Artemis estaban sentadas en el pórtico del Castillo Joven, junto con un gran grupo de estudiantes, en espera de las carrozas haladas por nadie.
.-.Yo cada tres semanas. Comidas enteras- ofreció un encapuchado, que metió su cabeza entre la de Artemis y Sami.
.-. ¿Así que por fin te dignaste a venir?- preguntó Sami, mirando al frente- gracias por dejarnos solas toda la tarde, Sa…-
.-.No, no, no, no, no- pidió Saba, con urgencia- no digas mi nombre… he tenido bastantes problemas para llegar aquí, por… ellas-
.-. ¿El señor elfo aceptó que tiene el mismo efecto con las chicas que la luna sobre la marea?-
.-. ¿Qué hablas?-
.-.Las manejas. Las pones locas, locas. Por supuesto que como sus cerebros son tan chiquitos, eso resulta más fácil. Por eso tus encantos no tienen efectos en mí. Ni en Artemis- Sami sonrió- en fin ¿lo aceptas, no?-
.-. ¿Aceptar qué?- preguntó el elfo, sabiendo perfectamente a lo que Sami se refería, pero sin intenciones de darle la razón.
.-.Medítalo en tus vacaciones- Sami sonrió educadamente mientras apartaba el rostro de Saba del suyo con un eficiente manotazo- ah y a propósito, Artemis, yo te mandaré postres más aceitunas… intersemanalmente-
.-.Yo semanalmente- dijo Saba, sentándose junto a Artemis.
.-. ¿Ah sí?- preguntó Sami, abriendo mucho los ojos.
.-.Sí. Y mi aven puede cargar más peso que tu lechuza-
.-.Pues me conseguiré un aven yo también-
.-.Está prohibida su comercialización-
Artemis sonrió. No sabía cómo pero sus mejores amigos siempre se las arreglaban para que ella se sintiera un poco más feliz y cómoda. Como en casa.
.-. ¿Ahora no te quieres ir?-
Artemis miró a Harry, sentado entre ella y Sami, por primera vez en mucho tiempo.
.-.Las cosas pasan- respondió ella.
.-. ¿Eso que significa?-
.-.Oye, Artemis… de verdad, si quieres te puedes venir conmigo- le dijo Sami- a papá no le va a molestar. Hasta Saba puede venir a visitarnos, si promete terminar con Hanna Marianne-
.-.No, gracias- respondió Artemis, volviendo a ver el espacio entre ella y Sami, pero Harry ya no estaba.
.-. ¿No irás a buscarlo, verdad?- preguntó Saba, asomando su rostro por la capucha.
.-.Ni siquiera lo había pensando en toda la semana- admitió Artemis, mirando a sus mejores amigos.
.-.Bueno…- Sami sonrió. De cualquier manera ella y Saba parecían resignados a la decisión de Artemis de pasar sola las vacaciones- pero vamos a hablarnos tanto que vas a pensar que seguimos en Goldenwand ¿ya?-
.-.No voy a estar sola- dijo, cuando los ojos de Sami se pusieron rojos- voy a estar con mi hermanito-
.-.A propósito ¿Dónde está Apollus?- preguntó Saba.
.-.Ayer salió para la casa-
.-.Ay, es verdad, tú no tienes una jaula ¿no?- Sami revisó el equipaje de Artemis.
.-.No la necesito- admitió Artemis- Apollus tiene cama aquí y en casa. Además, le gusta volar. Creo que sigue siendo un poco salvaje-
.-. Como debe ser- apoyó Saba- Lossentaur tampoco tiene jaula-
.-.Ya empezamos con las historias del aven superdotado-
.-.Tu envidia es mi victoria-
.-. ¿Se despidieron del Pensadero?- preguntó Saba, ignorando a Sami- yo no pude-
Artemis asintió.
.-.Por andar besuquéandote con Marianne, seguramente- atacó Sami.
.-. ¡Black, Artemis!-
Una fila de carruajes halados por nadie se estacionó frente al pórtico del Castillo Joven, las puertas se abrieron al mismo tiempo mientras que de cada uno salía el nombre de quien debía entrar a ellos.
Artemis se puso de pié lentamente junto con Saba y Sami, abrazó a cada uno muy fuerte y guió su pesado baúl hacia el carruaje con la varita.
.-. ¡Cuídate mucho!- le gritó Sami, cuando empezaba a bajar los escalones- escribe si quieres algo, lo que sea… aún si cambias de opinión en lo que ya sabes-
.-. ¡¡Escribiremos aunque no escribas!!- gritó Saba a su vez.
Artemis asintió sin volverse. Acababa de sentir un extraño remezón en las tripas y por un segundo quiso aceptar la propuesta de Sami y pasar todas las vacaciones con ella y con Saba, pero un vistazo al carruaje le hizo cambiar de opinión. El viaje de salida era sólo para uno. Así que se subió y se despidió a sus mejores amigos por la ventana pequeña de la puerta antes de cerrar la cortinita.
No pasaron ni siquiera dos minutos y el sueño ya se estaba apoderando de Artemis, pero en esa ocasión no se resistió, sabía que iba a soñar con todo lo que había pasado ese año y con todo lo que estaba dejando atrás y eso, por alguna razón, ya no la inquietaba. Tal vez porque se acababa de dar cuenta de que tendría que hacerlo tarde o temprano, porque las cosas pasaban. Sólo esperaba que el Pensadero hubiera borrado permanentemente la marca de su papá.
Listo.
El final del tercer curso está aquí. Espero que les haya gustado y si no, ya saben, siempre me pueden dar las críticas del caso.
Tengo q confesarles que este capítulo no fue muy fácil de empezar… es decir, sabía lo que iba a pasar, pero no sabía en qué orden y qué cosas eran relevantes o no… por eso me demoré un poco (a parte de porque ya terminé de revisar el fic), porque escribí mil fragmentos y terminé uniéndolos y luego reescribí lo que había hecho y luego deseché el capítulo que quedó porque no me gustó. Tuve unas cuantas semanas de cerebro seco, en lo que se refiere a escribir, pero creo que ya estoy volviendo a humectarlo, poco a poco. En fin.
Por otro lado, me he dado cuenta de que Artemis tiene mal carácter… se va a arrugar cuando sea viejita.
Ginebra! Mil gracias por escaparte para leer. Sobre lo del ánimo de Artemis… bueno, un buen inicio para eso ha sido el final del capítulo… al menos ya sabe que cosas pasan, siempre… creo que es una de las cosas que ha aprendido después de la muerte de Hamal. Y no, Dumbledore no sabe que Artemis es hija de Sirius, no todavía.
Cris, gracias por alegrarte por Artemis, a mi tb me gustó mucho hacerla ganar el Pre-Torneo, sobre todo porque le gusta mucho la esgrima. Aunque creo que no estarás muy de acuerdo con la manera en la que perdió el Torneo. Lo positivo es que ya está entrenando para el equipo de esgrima de la escuela, lo que era uno de sus objetivos. Sobre el capítulo de Cástor y Pólux… no es tan triste si lo ves desde el punto de que los dos se tienen el uno al otro y son lo más importante en el mundo para cada uno. Mucha gente no tiene eso. Y sí, su mamá tenía algunos problemas en la cabeza aunque no era loca con diploma. Sobre su papá… lo más importante es que es muy parecido a los gemelos.
Andrea… ¡hace días que no puedo comer mucho dulce! Creo que me he empachado, pero ni bien me recupere volveré al mercado a comprarme bolitas de chocolate para el yogurt. Sólo diré que Ru no es emo. No que no.
Andrewblack, ¡gracias por los cumplidos! Espero que este capítulo esté a la altura y que te guste tanto o más que los otros. Y… qué bueno que no te molestan las canciones, sobre todo las de REM, porque es mi banda favorita y hay un par de temas suyos que me recuerdan mucho a la historia. Por eso los pongo… en fin. Gracias y espero que te haya gustado el capítulo.
Esther, ya subí dos capis y no te veo! Ajajajaja. Nada, lee cuando tengas tiempo y muchas gracias por hacerlo.
Noechan, ya puse capis y "proximamente's". Perdón por la demora, de verdad.
Ankoku, ¡gracias por leer a pesar de haber leído la primera versión! Ojalá que esta te guste más, porque, como te darás cuenta, no tiene mucho que ver con la primera. Saludos.
Y nada, espero que les haya gustado el capítulo comodín y también este.
Un beso, como siempre.
