¡Hola! ¡Historia sin Fin ha vuelto! Realmente vuelto ¡Si! ¡Realmente! Se actualizará con regularidad y todo. ¡Estoy escribiendo ya el capítulo final! La pausa fue larga y horrible, créanme cuando digo que me perseguían la culpa y la ansiedad de no continuar publicando solo porque mi mente se negaba a vaciar las palabras. Siempre he sabido todo lo que pasará y aun así no podía sino frustrarme porque no salía en palabras concretas.

¡Pero realmente está de vuelta!

Esta canción la escuché por casualidad, Santiago Cruz es un cantante que le gusta a mi hermano, un día la vi en sus favoritos de YouTube y le di "reproducir" y de pronto este capítulo tomó forma en mi mente, un paréntesis casi en la historia, un capítulo bis que no cambiará lo que sigue, pero que fui muy feliz de agregar. Así que con ustedes:

-O-O-O-O-

XXIX. CUANDO REGRESES

(Canción de Santiago Cruz)

-O-O-O-O-

Apenas Ginny apareció, percibió su presencia. Se quedó en el estudio de Luna, dándose a sí misma unos segundos para respirar después de todo lo que había ocurrido y que supo que seguía ocurriendo cuando puso el primer pie en la habitación.

En ese mismo estudio se habían cruzado por última vez antes de la boda, parecía un tiempo muy lejano, igual que esa mañana tan agitada, cuando lo escuchó decir que la amaba.

¿En verdad seguía viviendo el mismo día?

Se escuchaban ruidos provenientes de la sala, Ginny tembló un poco ante la certeza de que su presencia no era solo un presentimiento suyo. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? ¿Cómo empezar una conversación? ¿Cómo tener si quiera la osadía de mirarlo a los ojos ahora?

No sé qué va a pasar cuando regreses,

cuando te vuelva a ver.

El ruido en la sala cesó y Ginny suspiró soltando la cajita que llevaba entre las manos y acomodándose la túnica. La cabeza le pesaba por el peinado y se sintió ridícula por seguirlo llevando junto con el maquillaje, debería haberse pasado antes por un hotel y haberse dado un baño o algo así, meditar bajo el agua caliente no habría estado mal.

En el desordenado escritorio de Luna, su mirada encontró el reloj de plata que Draco había sujetado delante de ella esa mañana y Ginny tuvo la certeza de que la otra persona en el departamento era ni más ni menos que él. Así que ahí es a donde los hubiese llevado de todas formas. Dejó salir una risa irónica mientras sus manos examinaban el reloj, en serio que era una pieza demasiado fina como para haberla usado de traslador. Era el tipo de objeto que solamente a Draco se le ocurriría hacer un traslador.

No sé si sentiremos aún lo mismo,

con sus variantes, incertidumbres el tiempo pasó,

sólo espero que tú, como yo…

Miró con ansiedad el marco de la puerta del estudio cuando tuvo la certeza de que iba a encontrarlo ahí. Se sorprendió porque lo sabía, porque había intuido su presencia en la habitación antes de comprobarlo.

Draco aún llevaba el fino atuendo gris plata que había usado en la ceremonia, se había quitado la capa y el saco, pero aún llevaba puesto el chaleco, su camisa estaba arremangada y la corbata un poco torcida. Simplemente estaba en el marco de la puerta, observándola con la misma ansiedad con que ella lo miraba a él. Llevaba una botella en una mano y un par de copas en la otra.

-Tú … -murmuró en un tono que denotaba que no era a ella a quien estaba esperando.

Ginny observó la manera pesada en que respiraba, igual de tensa que la suya. Draco se había ido de la ceremonia antes que ella, seguramente suponía que ya estaba casada con Harry Potter. Y ahora de pronto estaba ahí, con una túnica sencilla, en el estudio de Luna, con su reloj entre las manos… ¡el mismo que se había negado a tomar con él una hora antes!

Todavía te mueras por estar conmigo

y te falte el aire cuando yo te mire.

-Tú – Draco se inclinó levemente para dejar la botella y las copas en el suelo, acto seguido saco la varita de su chaleco y apuntó firmemente a Ginny. –No puede ser…

-Yo…

-¿Cuándo te besé por última vez? -disparó.

Ginny parpadeó y dejó salir todo su aire. Comprendía la reacción de Draco.

-En mayo -empezó a decir con voz neutral. -En la conmemoración de la batalla de Hogwarts. Te mordí después.

Draco bajó la varita enseguida, con la expresión en su rostro descompuesta, como si haber comprobado la identidad de Ginny fuera peor que descubrir a un impostor queriendo dañarlo.

-Tú… -volvió a dejar ir incrédulo. -¿Qué haces aquí?

Todavía te rías de mis tonterías.

Y que aún me sientas parte de tu vida.

Ginny aún tenía el reloj de plata en las manos. Por respuesta, lo colocó delante de su rostro y se alzó de hombros. –Huir. ¿No es lo que me pediste hacer?

-Por Slytherin…

Se quedaron mirándose un momento. Draco con los brazos cruzados, en el marco de la puerta del estudio de Luna y Ginny en el medio de este, con los brazos caídos, sujetando en su mano derecha el reloj, con una sencilla túnica azul marino y las zapatillas blancas con las que iba a casarse esa misma mañana, hacía unos minutos.

Fuera comenzó una tormenta, el primer rayo los iluminó a ambos, mirándose ansiosos, confundidos; sin tener la más remota idea de qué hacer ahora que tenían enfrente al otro. El trueno que le siguió fue como un detonador para que la primera lágrima acudiera a los ojos de Ginny.

Todavía me muera por estar contigo

y que aún recuerde todos tus caminos.

-No se suponía que lloviera hoy –comentó por decir algo y rehuyendo la mirada de Draco.

-Esto es Londres, seguro que en la campiña el clima es idílico todavía -el tono de Draco era urgente, ansioso, por más que intentaba controlarse y sonar irónico, sus ideas y sentimientos estaban fuera de control.

-Es lejos, sí… es probable que allí no llueva.

-Es probable.

Lentamente, Draco se inclinó a donde había puesto la botella y las copas, sin demasiada ceremonia las llenó y le ofreció una a la pelirroja quien la apuró sin más. Necesitaba aquello.

-¿Quieres más? –Draco ya estaba acercando la botella a su copa otra vez cuando Ginny la tomó y bebió directamente de ella.

Todavía me pierda entre tus fantasías

y que aún te sienta parte de mi vida.

Las puntas de sus dedos se habían tocado menos de un segundo cuando ella arrancó la botella, pero sus nervios estaban aún más descontrolados ahora debido al roce.

Draco apretó la expresión, después probó la copa con la que se había quedado; al contrario de Ginny, se dio el lujo de degustarla, él también necesitaba un segundo para asimilar lo que estaba sucediendo.

Era un muy buen vino. Digno para la ocasión.

-¿Tienes hambre?

Otro rayo y otro trueno los envolvieron mientras Ginny asentía casi imperceptiblemente. A pesar del vino, sus nervios aún estaban a flor de piel y su corazón tronaba en sus oídos con más fuerza que la tormenta.

-No hay ninguna comida aquí -Draco se alzó de hombros- pero podríamos pedir algo.

-Si, podríamos…

-También podrías haber huido con algo del banquete ¿no? –Draco volvió a intentar ser irónico. Tenía más ganas de ponerse a los pies de Ginny y llenarla de besos desde las piernas hasta la coronilla, agradecido de que no se hubiera casado; pero Ginny se mantenía distante, a pesar del vino que había tomado de golpe, no le daba ninguna indicación de poder acercarse. Estaba condenadamente bella, todavía más que con el traje de novia, con la mirada perdida detrás de él, vagando entre la tormenta y con esa sola lágrima al borde de su parpado. Perfecta y preciosa.

Solo espero que tú como yo,

sigamos enamorados,

enamorados.

-Tonta de mí—repuso ella amagando una sonrisa para luego volver a esconderse volviendo a beber de la botella.

-¿Te quedas aquí mientras ordeno algo? ¿Pasas a la sala? –Draco dio un paso al frente y por respuesta, ella retrocedió.

Las manos de Ginny aferraron la botella y el reloj como si se tratara de tablas de supervivencia.

-Yo…

-¿Estás pensando huir de aquí también?

-No. Al menos todavía… -Ginny parpadeó con energía para desaparecer aquella lágrima rebelde y después salió del estudio de Luna hacia la sala, todavía con la botella y el reloj aferrados.

Draco apuró el resto de su copa antes de ir detrás de ella. Se fijo en las finas zapatillas y en la forma en que estilizaban las piernas y la figura espigada que ahora tenía Ginny, tomó una nota mental de que sus hombros le gustaban más cuando eran más redondeados e invitaban a ser besados que ahora que tenían una forma angulosa; pero se maravilló al caer en cuenta del tirón de sus mejillas, signo inequívoco de que estaba sonriendo, franca y realmente. Como muchos meses atrás no hacía.

No sé qué va a pasar cuando regreses

y vuelva a estar frente a ti.

-¡Idiota! –se permitió llamarse a sí mismo en voz baja. Seguro de que el gesto lo haría verse así. ¿Pero qué importaba eso?

¿Qué importaba nada si ella era libre otra vez y estaba con él?

Ginny se acomodó en aquel sofá que tantas veces maldijera por lo mucho que le recordaba a Draco, su sofá, aquel mudo testigo de sus encuentros y desencuentros en la casa de Luna. Cruzó una pierna sobre otra y apoyó las manos sobre la rodilla con elegancia, consciente de que su postura era como si estuviera haciendo propaganda al sofá dejó escapar una risita cuando Draco la miró, aparentemente pensando lo mismo.

-Sigue siendo un mueble muy simple, pero lo haces lucir –acotó el rubio llevándose una mano a la barbilla y fingiendo pensarlo -. Tal vez lo compraría.

Sí ves que nuestro caso está perdido,

no habrá culpables, no evites mirarme.

Ginny mantuvo la sonrisa mientras su vista vagaba por la habitación, los libros y pergaminos de cálculo de Draco estaban de nuevo ahí, además de su capa, en el perchero había un abrigo suyo.

-¿De nuevo pusiste aquí tu oficina? –preguntó con curiosidad.

-De nuevo vivo aquí—la corrigió Draco.

Ginny levantó las cejas. -¿En serio?

El otoño pasado, cuando ella se había marchado a París por primera vez, Draco esperaba la entrega de un pen house.

-El día que supe de tu compromiso destrocé mi departamento-. Se alzó de hombros antes de añadir-: Es ahm, inhabitable, al menos por un tiempo.

-No lo sabía –murmuró con otra risita.

-Hay mucho que no sabes de mi –Esta vez, a Draco le salió la voz justo en la forma galante que quería. Se sentó frente a Ginny en un banco y la miró de nuevo, ansioso de que ella también lo mirase.

Ginny dio otro trago a la botella, como si con el gesto pudiera terminar con la mirada que Draco le estaba dando.

-Y tú si lo sabes todo de mi - repuso. Y no hubo sarcasmo o ironía en su voz-, no me mires así. Es cierto, lo sabes todo.

-No sabía que terminarías por huir de tu boda…

El tiempo pasó,

solo espero que tu como yo…

-Pero sabías que no podría ser feliz con Harry, al menos no completamente.

-Tampoco sabía que vendrías aquí… habría tenido comida de saberlo.

-¿En serio? –Ginny volvió a poner el reloj de plata delante del rostro de Draco- ¿No lo sabías?

-Lo esperaba, sí. Pero no lo sabía de cierto. Y más cuando lo dejaste ir sin ti.

-También dije que no íbamos a volver a encontrarnos –esta vez, la ironía si impregnó la voz de Ginny.

-¿Reprobaste adivinación en Hogwarts, cierto?

-La abandoné en cuarto año –aceptó Ginny con una sonrisa.

-¿Y entonces? Tu futuro… -Draco tanteó, esta vez, deteniéndola antes de que se llevara la botella a los labios. Quería, necesitaba respuestas.

Todavía te mueras por estar conmigo,

y te falte el aire cuando yo te mire.

-Creo que ya no debería hacer predicciones –Ginny negó con la cabeza ante la intensa mirada de Draco.

-Por favor –Draco se inclinó hacia ella y a pesar del olor del vino, Ginny percibió la loción en el cuello de Draco, el cielo y el mar, la libertad… todo cuanto había amado de él-, aventúrate…

-Hicimos la boda deprisa por mi trabajo –empezó, consciente de la forma en que Draco le miraba los labios mientras hablaba, - tengo que estar en París la próxima semana.

-Deja-vú… -Draco arrastró la palabra con tono burlón.

-Esta vez es para el inicio de los festivales de moda.

-Entonces estarás de gira.

-Siete semanas.

-¿Siete semanas y vuelves aquí?

-¿A Londres? Supongo.

-¿Podemos tener una cita en siete semanas?

Todavía te rías de mis tonterías

y que aún me sientas parte de tu vida.

Ginny repitió el gesto de beber de la botella, esta vez sin dejar de mirar a Draco y sopesar su pregunta. Finalmente, respondió poniéndole el reloj en una de las manos, ambos mentirían si negaran la pausa de sus corazones cuando sus manos realmente se aferraron esta vez.

-Esta vez, no perdamos el traslador.

-Esta vez no.

Ginny cerró los ojos para beber de la botella de nuevo, aunque el sorbo que dio fue mínimo. Recordó con cierta amargura la cadena, también de plata, que había usado con tanta ilusión por unos días y que finalmente había dejado partir sin ella al ver las fotografías de Draco con Astoria.

-Quise tener este trabajo por ti—murmuró bajando la botella y retirando su mano lentamente de la de Draco. –Porque es cierto, que ya sabías todo de mí. Que mientras estudiabas y te hacías de tu propia vida y de una reputación financiera, yo no hice nada: salí del colegio para vivir con mis padres, trabajar en la tienda de mi hermano y ser la novia de Harry Potter… y nada más. De repente mi horizonte era enorme y pensé que tendría miles de cosas interesantes para contarte, me esforcé mucho porque realmente quería sobresalir, demostrar que Ginevra, la que odiaba la zona de confort, aún era yo.

-Siempre supe que sí eras tú.

-¿Sabes más de mí que yo? –Ginny torció su sonrisa hacia un lado.

-Hace un año ibas a vivir a París tu sola, hablando un francés precario, lo estabas dejando todo aquí… y tenías miedo, aun así, no te detuviste. Cuando Astoria te invitó a su compañía te apresuraste a responder que no era lo tuyo, aun así, te presentaste y ahora te vas por siete semanas de gira mundial como una modelo importante.

-También hice lo más cómodo después de ti. Y volví con Harry.

Esta vez, Draco le quitó la botella de la mano y bebió.

-Eso no fue lo que me pareció el día que nos encontramos en Hogwarts. Estabas sola.

Todavía me muera por estar contigo

y que aún recuerde todos tus caminos.

-Sí… Parece que ya olvidaste las últimas dos horas de nuestras vidas.

-¿De qué hablas? –Draco bromeó.

Por respuesta Ginny se señaló una mano a su elaborado peinado de novia.

-Quizá debería fingir que no ocurrió nada—murmuró Draco levantando solo uno de sus hombros.

-Debo olvidar que hablamos civilizadamente, que volvimos a abrazarnos ¿y todo lo que dijiste?

Draco se cansó del juego al fin, sujeto a Ginny de la nuca y la besó sin agregar nada más.

Todavía me pierda entre tus fantasías

y que aún te sienta parte de mi vida

El tiempo no había sido en vano, no se había ido sin darles lecciones a ambos. Draco había madurado, como Ginny había dicho. Y ella por su parte, había vuelto a ser esa chica valiente, dispuesta a todo, por su propia felicidad.

-¿Por qué no viniste conmigo?

Ginny volvió a besarlo antes de responder, ella seguía sentada en el sofá y Draco en el banco frente a ella, las manos de él ahora estaban entre el cabello de ella y las de Ginny iban encontrando su sitio sobre los hombros del rubio.

-Sí me casaba, lo habría hecho por Harry y mi familia. Sí hubiera huido contigo, habría sido por ti. Tenía que hacerlo por mí. Por mí y por nadie más.

-Y aun así estas aquí.

-Sigo pensando que debí ir a un hotel, deshacerme de este tonto peinado…

Los dos se rieron. Con cierta desgana, sus manos soltaron al otro.

-Me alegra que no te hayas casado.

-Estoy aterrada.

-Llevaba aterrado desde que supe del compromiso. Créeme –Draco guiñó un ojo—no morirás.

Solo espero que tú como yo,

sigamos enamorados, enamorados.

-Estaba realmente dispuesta a hacerlo -soltó Ginny recuperando la botella que Draco había dejado en el suelo para besarla y volvió a aferrarse al cuello del objeto con fuerza, pero ya no bebió. –Casarme, quiero decir.

-Sé lo que quieres decir.

-Es que –Ginny siguió como si no lo hubiera escuchado-, ya había llegado hasta hoy… y hasta el altar.

-¿Y qué pasó? –preguntó Draco, aún frente a ella, pero con el corazón oprimido, ya no miraba sus ojos.

-Estaba más aterrada hace una hora, de pasar el futuro de esa forma, que ahora que estoy aquí.

-¿Huiste por miedo?

-Por miedo a vivir complaciendo a los demás. Sí.

-Pues a mi me complace que estés aquí, Ginevra Weasley –Draco puso una sonrisa de medio lado y paladeo el "Weasley" que denotaba la soltería de la pelirroja.

El sonido del timbre los interrumpió. El hombre de la recepción avisó por medio del intercomunicador que había un chico con pizza para ese departamento.

Draco se acomodó un poco la camisa y se deshizo del chaleco antes de bajar por ella.

No se tardó nada. Y aunque lo sospechaba desde que iba subiendo las escaleras de vuelta, se le estrujó el corazón al comprobar la ausencia de Ginny en el departamento.

Sobre la mesa de centro de Luna, sin embargo, halló el reloj de plata sobre un trozo de pergamino.

"No sé qué va a pasar cuando regrese" leyó Draco.

Y empezó su primera rebanada de pizza preguntándose a cuál de las ciudades de la gira de moda podría hacer una visita sorpresa.

No sé qué va a pasar cuando regreses...

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¡Hasta aquí!

Como se dieron cuenta, los últimos capítulos comparten tiempos. En el anterior se leen las notas que las revistas mágicas publicaron la semana siguiente a la boda mientras que este último, transcurre unos momentos después de que Ginny abandonara la campiña donde tendría que haberse casado.

Espero que les haya gustado. En el borrador de la historia, este encuentro no sucedía, al escuchar esta canción, de pronto me pareció un momento que tanto Draco como Ginny necesitaban. Y lo añadí, aunque el resto de la historia seguirá su cauce "sin fin" xD

Pasen por favor a leer el One-shot que mi amiga Vico escribió independiente, pero basado en este fanfic. Se titula "Un instante en la historia" es muy genial y lo pueden encontrar en mis favoritos.

Miles de gracias por leer. ¡Qué no muera el Drinny! ¡Qué no muera nunca!

muminSarita