NOTA: ¡Ya os dije que el siguiente capítulo no tardaría! :) Es una especie de flashback explicatorio, así que en realidad la historia no avanza con respecto al capítulo anterior. Por eso quería postearlos juntos.

Muchísimas gracias por vuestros comentarios y por seguir esta historia con tanta pasión.


Iba ya por su segunda galleta cuando oyó la voz de Marinette en el balcón.

–¿Quién eres?

–Soy la nueva pareja de Cat Noir –respondió una voz desconocida–. Alguien digna de él. Y tú... eres historia.

Tikki soltó la galleta y voló hacia la ventana, alarmada.

–¡Tik...!

–Silencio, Marinette. Nos vamos de excursión.

La ventana estaba cerrada, pero Tikki atravesó el cristal como si fuera humo y se precipitó hacia su elegida... demasiado tarde. Porque Fangirl ya saltaba por los tejados, llevándose consigo a Marinette. Tikki gritó su nombre, voló tras ellas... pero no logró alcanzarlas.

Si Marinette hubiese tenido tiempo de pronunciar las palabras mágicas, la fuerza del poder prodigioso habría arrastrado a Tikki tras ella para fusionar al kwami con los pendientes y transformar a la chica en Ladybug. Pero Fangirl le cubría la boca para evitar que gritara.

Tikki se detuvo sobre el siguiente tejado, exhausta. Fangirl y su rehén habían desaparecido ya en el horizonte, y el vínculo que la unía a su elegida se debilitaba cada vez más. Pronto ya no podría sentirlo.

Había una razón por la cual Tikki acompañaba a Marinette a todas partes. Si no estaba cerca de ella cuando pronunciase las palabras mágicas, el poder prodigioso no se activaría. De modo que, aunque Marinette lograse librarse de su secuestradora el tiempo suficiente como para invocarla, no serviría de nada si Tikki no se hallaba presente.

Tenía que encontrarla como fuera.

Se detuvo un momento a pensar. Podía pedir ayuda a Cat Noir, pero eso significaría desvelar el secreto de Marinette. Suspiró. No tenía ninguna duda de que podía confiar en él; sin embargo, existía la posibilidad de que Lepidóptero obtuviera esa información de Cat Noir aunque él no quisiera facilitársela. Sacudió la cabeza. No podía arriesgarse. Tenía que haber otra solución.

Quizá podía acudir al Gran Guardián. Pero él no debía intervenir, en teoría. Se suponía que Ladybug y Cat Noir estaban en proceso de adiestramiento, tenían que aprender a utilizar sus poderes básicos y, sobre todo, a solucionar sus problemas sin ayuda. Tanto Tikki como Plagg, estuviera donde estuviese, sabían que solo podían recurrir al Gran Guardián en casos de extrema urgencia y gravedad.

Descartó, pues, las dos posibilidades, al menos por el momento. Intentaría llegar a Marinette por sus propios medios, aunque la tranquilizaba un poco saber que tenía más opciones en el caso de que las cosas se pusieran realmente feas.

Optó por seguir el rastro de Marinette mientras todavía pudiera percibirlo y echó a volar de nuevo. Se desplazaba de tejado en tejado, como había hecho Fangirl, como solían hacer también Cat Noir y Ladybug, evitando de esa manera que la vieran desde la calle. Ya había llamado la atención de los humanos en varias ocasiones y, aunque casi siempre acabaran por confundirla con un adorable peluche o con un extraño gato, no podía arriesgarse a que la entretuvieran en esta ocasión.

Se detuvo, sin embargo, al oír una voz que mencionaba los nombres de Cat Noir y Ladybug. Descendió, curiosa, hasta un balcón y se asomó al interior de un salón en el que una pareja de ancianos escuchaba las noticias con profunda preocupación. Tikki flotó tras ellos y contempló la pantalla, sobrecogida. La reportera estaba hablando de un vídeo que había aparecido hacía unos minutos en el Ladyblog. Tikki fue testigo entonces de la declaración de Fangirl, de su apelación a Cat Noir y de lo que exigía a cambio de la vida de Marinette. Inspiró hondo, preocupada, y llamó la atención, sin querer, del pequeño yorkshire del matrimonio, que alzó la cabeza y le gruñó con cara de pocos amigos. Tikki le sonrió y el perrito estalló en ladridos histéricos.

–Napoleón, ¿qué pasa? –preguntó la anciana desconcertada.

Tikki salió volando por la ventana, perseguida por el yorkshire. Su dueña la observó parpadeando con perplejidad; después se quitó las gafas y las limpió, convencida de que su vista le había jugado una mala pasada.

El kwami dejó atrás el balcón, donde el escandaloso perrito seguía ladrándole sin tregua, y se elevó hasta el tejado. Allí se detuvo a descansar y a meditar sobre su siguiente movimiento.

Hacía rato que había perdido la pista al rastro invisible que la unía a Marinette; pero gracias al vídeo de Fangirl sabía dónde encontrarla: en la Torre Eiffel.

Suspiró, agotada. Tardaría mucho en subir arriba del todo. Quizá podría utilizar los ascensores, pero entonces los humanos la verían.

Decidió que ya lo resolvería cuando llegase hasta allá. Tenía hasta la puesta de sol para alcanzar la torre, de modo que inspiró hondo y prosiguió su camino.

Fue una mañana larga y agotadora. Tikki llegó a ver a Cat Noir a lo lejos, saltando por los tejados en dirección a la torre, pero estaba a mucha distancia y no lograría alcanzarlo. Cada vez que se detenía a descansar aprovechaba para colarse en alguna casa para ver las noticias. De este modo se enteró de que Cat Noir se había reunido ya con Fangirl en lo alto de la torre, que ella había desaparecido con Marinette y que nadie sabía a dónde habían ido.

–Ladybug y yo estamos tratando de solucionar este asunto –decía el superhéroe desde la pantalla–. Por el momento no puedo decir más.

–Oh, Cat Noir –suspiró Tikki, profundamente preocupada.

Imaginó lo mal que lo debía de estar pasando el pobre chico, sin ser capaz de contactar con Ladybug y sin poder hacer nada por salvar a su querida Marinette.

«¿Es esto una emergencia?», se preguntó. «¿Voy a hablar con él? ¿Voy a buscar al Gran Guardián?».

Inspiró hondo. «Voy a buscar al Gran Guardián», decidió por fin. Él sabría qué hacer.

Reemprendió la marcha, pues, en dirección a la consulta del maestro Fu.

Fue un trayecto largo y lento, porque Tikki era pequeña y no podía volar muy deprisa. Se detuvo varias veces a descansar, agotada, e incluso se coló en una pastelería para sustraer una galleta del mostrador sin que nadie se diera cuenta. Debía recargar energía si quería llegar a su destino a tiempo.

Sin embargo, poco antes de alcanzar la consulta del Gran Guardián, la suerte le sonrió.

Volaba sobre una azotea cuando divisó a lo lejos una sombra veloz que saltaba de tejado en tejado. Una figura que se movía con rapidez y elegancia felinas.

Primero pensó que se trataba de Cat Noir, pero enseguida se dio cuenta de su error, y su pequeño corazón dio un vuelco en el interior de su pecho.

Porque era Fangirl, y llevaba a cuestas a Marinette.

Tikki sintió enseguida el vínculo con su elegida, y decidió que no podía perderla por segunda vez. De modo que cambió de planes y voló tras las dos chicas, esperando que no fueran demasiado lejos.

Cuando vio que Fangirl se dirigía hacia la alta sombra de la catedral que se alzaba al otro lado del río, sonrió para sí misma.

La suerte estaba de su parte.

Pero eso, por descontado, no le sorprendía.


Aquel estaba siendo, con diferencia, el peor día en la vida de Marinette. Peor que cuando Chloé había derramado un batido de fresa sobre su cuaderno de bocetos cuando estaban en segundo. Peor que cuando había dejado escapar el akuma en su primer día como Ladybug. Peor, incluso, que cuando Mad Driver había atropellado a Cat Noir y la foto del beso que ella le había dado había aparecido en todos los periódicos.

No por el hecho de que Fangirl la hubiera secuestrado. Ni siquiera por haber dejado atrás a Tikki, ni por la imposibilidad de transformarse en Ladybug para salir de aquel atolladero.

No; lo peor había sido la expresión impotente de Cat Noir cuando Fangirl le había exigido los pendientes de Ladybug a cambio de su vida. El chico le había ofrecido su anillo sin dudarlo, pero Fangirl no lo había aceptado. Y Marinette solo podía pensar en su angustia y su desesperación a medida que fueran pasando las horas y su dama no acudiese a su llamada.

¿Qué pensaría de ella? ¿Creería que lo había abandonado? Ladybug le había prometido que protegería a Marinette. ¿Cómo se sentiría ahora que necesitaba su ayuda si ella no aparecía ni daba señales de vida? ¿Pensaría que se escondía para no tener que entregarle su prodigio, que la vida de la chica a la que él amaba no le importaba nada? ¿Se sentiría... traicionado?

Marinette estaba tan preocupada por Cat Noir que apenas podía preocuparse por sí misma. Durante la conversación que él había mantenido con Fangirl en la torre Eiffel había intentado comunicarse con él, suplicarle que no la escuchara, que no entregara su anillo, que no temiera por ella, que atacara, que hiciera lo que tuviera que hacer.

Pero la angustia en la mirada de Cat Noir era demasiado intensa como para que pudiera soportarla un minuto más. Así que llegó un momento en que trató de gritar: «¡Ve a mi habitación y busca a Tikki!», consciente de que él entendería el alcance de sus palabras. Pero la mordaza se lo impidió, y Fangirl amenazó entonces con abrirle la garganta en canal si no se estaba quieta; de modo que se resignó a verse arrastrada de nuevo por ella, lejos de la torre y lejos de Cat Noir, que quedó atrás, desolado, incapaz de hacer otra cosa que mirar cómo se marchaban y desear que Ladybug estuviese dispuesta a ayudarlo.

Intentó escapar todas y cada una de las veces que Fangirl descuidó su vigilancia un momento. Pero estaba bien atada y amordazada y nunca lograba alejarse demasiado antes de que ella la descubriera y la devolviera a su lugar. Así, para cuando la villana la llevó al lugar de la cita y la dejó caer como un fardo al pie de la torre en Notre Dame, Marinette estaba ya agotada y hambrienta. Fangirl ni siquiera le había dado de beber en todo el día, por lo que también se moría de sed. Así que apenas tuvo fuerzas para levantar la cabeza cuando Cat Noir apareció por fin, envuelto en las últimas luces del crepúsculo.

Lo contempló con cansancio, preguntándose qué iba a pasar a continuación. Obviamente, él no traía consigo los pendientes que Fangirl le había pedido. ¿Tenía algún otro plan para rescatarla? ¿Volvería a ofrecerle su anillo? ¿Y si Fangirl no lo aceptaba? ¿Cumpliría con su amenaza de matarla?

Cerró los ojos. No soportaba la idea de que Cat Noir fuera a sufrir por su causa, que se culpara a sí mismo si a ella le pasaba algo. «Si le hubiese dicho la verdad», pensó de pronto, «él sabría quién soy, habría ido a buscar a Tikki y habría encontrado el modo de traerla hasta mí».

Y era injusto que él se sintiera responsable, cuando había sido ella quien lo había complicado todo. No solo porque no le había revelado su identidad, sino también por iniciar una relación que los había puesto en peligro a los dos. Era consciente de que Fangirl la había secuestrado porque sabía que era la novia de Cat Noir (y no había dejado de quejarse por ello durante todo el día, preguntándose en voz alta qué había visto el superhéroe en una chica tan vulgar como ella). Si ahora Lepidóptero tenía poder para chantajearlo era por culpa de Marinette.

Y fue entonces cuando oyó la voz de él, preñada de amargura:

–Ladybug me ha traicionado.

Marinette abrió mucho los ojos, conteniendo el aliento, mientras su corazón sangraba por el dolor que estaba causando a su querido compañero.

Escuchó cómo se quejaba del egoísmo de Ladybug, por quien él lo habría dado todo, y se sintió peor todavía. Pero entonces, cuando Fangirl le preguntó por los pendientes, Cat Noir respondió:

–Se ha negado a dármelos. He tratado de quitárselos a la fuerza, pero ha huido y no sé cómo encontrarla.

Y Marinette comprendió que estaba mintiendo.

Lo miró con curiosidad, pero los ojos del chico estaban clavados en Fangirl. No se había vuelto hacia Marinette ni una sola vez.

«¿Qué tramas, Cat?», se preguntó, intrigada y alerta por primera vez en un buen rato.

Porque, si Cat Noir tenía un plan, ella debía estar preparada para jugar su parte, fuera cual fuese.

Contempló con los ojos muy abiertos cómo Cat Noir le ofrecía una rosa a Fangirl y le proponía unirse a él para derrotar a Ladybug y recuperar su prodigio. Marinette sabía que estaba mintiendo pero, aun así, sus palabras la hirieron en lo más hondo. No porque dudase de él, sino porque una parte de ella sentía que tenía razón. Ladybug lo había abandonado cuando más la necesitaba. ¿Cómo podía pedirle que siguiera creyendo en ella?

–Marinette –susurró de pronto una voz muy dulce tras ella.

El corazón de la chica dio un salto.

«Tikki», pensó.

–Di las palabras y podrás transformarte –dijo el kwami tras ella.

Pero Marinette negó con la cabeza y rodó sobre sí misma para darles la espalda a Cat Noir y a Fangirl. Entonces vio a Tikki, que la miraba con sus enormes ojos azules cargados de preocupación desde su escondite detrás de la columna.

–Entiendo –murmuró Tikki al ver la mordaza que cubría la boca de Marinette–. Voy a intentar desatarte. Tenemos que darnos prisa, Cat Noir no podrá distraerla durante mucho tiempo.

Marinette abrió mucho los ojos y señaló a la pareja con la cabeza y una expresión interrogante. Tikki comprendió.

–No estamos juntos –le explicó–. Yo he venido por mi cuenta. Él no sabe aún que eres Ladybug.

Y Marinette sintió una extraña mezcla de alivio y tristeza. Alivio porque su identidad continuaba siendo un secreto.

Tristeza porque eso significaba que Cat Noir pensaba de verdad que Ladybug le había dado la espalda cuando más la necesitaba.

Pero no había tiempo de pensar en ello. Marinette volvió a rodar para ocultar sus manos de la mirada de Fangirl y Cat Noir mientras Tiki volaba hasta sus ataduras para tratar de desanudarlas.

–...puedes quedarte con el prodigio de Ladybug –estaba diciendo él–. Perderías tus poderes, claro, porque Lepidóptero te los quitaría. Pero podrías obtener otros diferentes, porque los pendientes serían tuyos... Y entonces tú podrías ser mi Ladybug.

Marinette cerró los ojos. «No puede ser que le hayas dicho eso, Cat», pensó.

Luchó por no dejarse llevar por la desesperanza. Existía la posibilidad de que Cat Noir estuviese realmente furioso con Ladybug por no responder a su petición de auxilio. Pero lo conocía lo bastante bien como para saber que jamás se plantearía en serio sustituirla por Fangirl.

Pero él seguía halagando a la tigresa, repitiendo lo maravillosa que era e insistiendo en que sería una compañera perfecta para él, mucho mejor y más digna que Ladybug.

«Es un truco», pensó Marinette. Era obvio que estaba flirteando con un propósito.

Sin embargo, Cat Noir también había flirteado con Ladybug... con un propósito.

–Y serás mi gatita –seguía diciendo él–. O milady. Lo que prefieras.

«Vale, ya he tenido suficiente», pensó Marinette.

Todo el cansancio parecía haberse evaporado. Ahora ya solo se sentía furiosa.

–Ya está –anunció Tikki tras ella, y Marinette sintió que las ligaduras se aflojaban en torno a sus muñecas.

Las giró para recuperar la movilidad y echó un vistazo a la pareja. Tenía que reconocer que los coqueteos de Cat Noir estaban surtiendo efecto, porque Fangirl estaba distraída. Se arrastró hasta detrás de la columna para liberarse los pies.

–¿Quién es Marinette? –preguntó entonces Cat Noir.

«Marinette es Ladybug», pensó ella, irritada. «Y le va a patear el culo a tu gatita en menos de lo que tardas en decir miau».

Se arrancó la mordaza de la boca, desviando la mirada justo en el momento en que Cat se inclinaba para besar a Fangirl.

–Tikki, puntos fuera –dijo por fin, con una sonrisa feroz.