Itachi Uchiha POV

Haber visto a Deidara allí tirado en el suelo tan herido me había destrozado ¿Con qué clase de monstruo se había casado? No podía entender como alguien diciendo que le quería y casándose con él podía llegar a tratar de esta forma a su esposo. Yo conocía a Deidara desde pequeño y admitía que tenía su carácter, pero también era un chico fantástico, un chico que intentaba ayudar a los demás despreocupándose por él mismo, un chico alegre y divertido que intentaba animar a la gente y ahora… lo tenía entre mis brazos herido, triste, lloroso, aquel chico de deslumbrante felicidad que irradiaba alegría y nos la infundaba a los demás había desaparecido, ya no quedaba nada de él.

Desde que había vuelto a verle, sólo podía ver tristeza y no me gustaba. Sus ojos azules antes tan brillantes ahora estaban apagados, ya nada le llamaba la atención, se había rendido ante la vida y no podía permitir eso, no iba a permitir que ningún desgraciado le hundiera la vida a este chico.

Los enfermeros se lo llevaron en la ambulancia y yo fui con él, quería acompañarle, estar a su lado. En el hospital lo metieron a cuidados intensivos y no me permitieron entrar con él. Dijeron que era un área restringida y fue entonces y sólo entonces… cuando solté su mano viendo como se lo llevaban en aquella camilla con la máscara de oxígeno e inconsciente. Me quedé paralizado viendo como se marchaba por el pasillo y decidí llamar a mis padres para avisarles de que hoy no iría por casa y a los padres de Deidara para comunicarles que su hijo estaba en el hospital.

Fue Minato quien cogió el teléfono y al contarle lo sucedido se me rompió la voz, no podía hablar con fluidez para contarle todo esto, no sabía cómo decirle lo mal que lo estaba pasando Deidara en ese matrimonio cuando ellos no se habían dado cuenta, yo tampoco sabía hasta qué punto estaba mal, nadie nos habíamos dado cuenta y es que Deidara fingía como nadie estar bien cuando no lo estaba.

Lloré en el pasillo y sé que Minato y su familia estaban muy preocupados porque enseguida comentaron que venían de camino. Colgué el teléfono y me dejé llevar por las lágrimas y la angustia. Si le pasaba algo a ese chico iba a destrozar a su esposo, le molería a golpes si era necesario. Sé que yo le había hecho daño en el pasado pero jamás se me ocurrió ponerle un dedo encima, yo no le había pegado en la vida ni le había hecho sentirse como una basura, quizá poco apreciado pero siempre fue un chico importante para mí.

Esperé allí un par de horas y saludé a la familia de Deidara en cuanto entraron por el hospital. Todos estabamos reunidos en la sala de espera mirando constantemente hacia el pasillo en busca de algún médico que nos dijera algo sobre su situación. Me levanté a cada médico que veía por el pasillo venir, pero nunca se detenía en nosotros ni preguntaba por la familia de Deidara, siempre preguntaban por otros y la sala de espera se iba vaciando lentamente. Me senté en mi sitio cuando Kushina se sentó a mi lado.

- Me alegro mucho de verte Itachi – me dijo con dulzura – hacía muchos años que Deidara ya no nos contaba nada de ti.

- Lo siento – le dije – no me di cuenta de por lo que estaba pasando.

- Sé que te preocupas por él y que tuvisteis vuestras discusiones, como cualquier adolescente, no todo en la vida es de color de rosa Itachi, a veces tardamos en darnos cuenta de lo que ocurre incluso con nosotros mismos.

- Dei tenía muy claro lo que sentía por mí – le dije – fui yo el estúpido que no lo tenía claro y ahora… es mi culpa que esté ahí, yo lo desprecié y lo mandé a los brazos de un miserable. Si le hubiera dicho en aquel momento que le amaba no habría pasado por nada así.

- Deidara siempre ha sido un chico con carácter – dijo Kushina sonriendo – sé que saldrá de esta porque ha heredado el carácter guerrero y combativo mío, pero también ha sacado el corazón de su padre, te perdonará, dale tiempo a que su corazón cicatrice. Él sigue amándote.

- Lo sé – le dije intentando sonreír – pero no me quito de la cabeza lo que le ha pasado. No soporto verlo tirado en esa cama, no soporto ver sus ojos tristes.

- Itachi… todos hacemos cosas ridículas y estúpidas en la adolescencia, pero lo importante es ver como maduras y tú lo has hecho, te diste cuenta así que lucha por él – me dijo sonriendo.

Agradecí el apoyo de su madre y es que yo conocía a su familia desde niño, habíamos estado juntos desde el parvulario, era algo normal, aún así me sentó bien saber que Deidara no me había olvidado, que su familia aún apoyaba lo nuestro, que aún tenía posibilidades con ese chico porque yo no le haría daño, no volvería a hacérselo, le haría el chico más feliz del mundo.

El médico finalmente salió comentándonos que Deidara estaba fuera de peligro y me alegré muchísimo de escuchar aquello. Le pedí entrar a verlo pero nos comentó que aún estaba débil y era mejor dejarle descansar, así que entraron solamente Kushina y Minato a verle. Cuando salieron me intentaron tranquilizar a mí de que estaba bien, al menos fuera de peligro más que bien, porque yo sabía que no estaba bien del todo, sino no estaríamos aquí.

Naruto entró en aquel momento como un loco por el pasillo preguntando por su hermano y diciendo que iba a matar a ese cabrón que le había hecho eso a su hermano. Era una reacción normal, yo mismo quería destrozar a ese imbécil que le había hecho esto a mi chico. Sus padres intentaron calmarle y finalmente lo consiguieron aunque no le dejaron entrar a verlo por lo nervioso que estaba y alegaron que Deidara necesitaba descansar.

Yo no quise irme a casa a descansar, estaba muy preocupado por Deidara y me quedé allí toda la noche. Al final una de las enfermeras al verme tan incómodo medio dormido en una de las sillas de la sala de espera, me comentó que podía entrar a la habitación de Deidara a dormir en el sillón que tenían allí, pero que no despertase a Deidara, necesitaba descansar. Le agradecí el gesto y entré en la habitación.

Deidara estaba tumbado en la cama, veía sus moratones en su rostro, el corte en sus labios, ese idiota le había dado una buena paliza y agradecí no ver el resto de su cuerpo porque si no… era posible que fuera a buscar personalmente a ese desgraciado y que hiciera alguna locura. Me senté en el sillón y cogí su mano con suavidad recostando la cabeza encima de ella. Al final, me quedé dormido allí mismo y es que estaba muy cansado.

Me despertó la mano de Deidara moviéndose, sentía sus dedos y es que mi rostro estaba encima de su mano. Me incorporé comprobando que era de día y Deidara se estaba despertando con lentitud mirando por la ventana como si intentase descubrir dónde estaba.

- Ey, Dei – le llamé y se giró hacia mí intentando sonreír.

- ¿Ya estoy muerto? – me preguntó.

- No – le dije – estás en el hospital.

- Oh – dijo algo decepcionado.

- Escúchame bien Deidara… tú no vas a morir, yo no pienso dejar que eso ocurra. ¿Dónde está ese chico que tenía tanta ilusión por vivir?

- No lo sé – me dijo – desapareció hace mucho.

- Pues yo quiero que vuelva, te prometí que te haría feliz y lo voy a hacer, yo siempre estaré contigo, voy a sacarte de este lío.

- No puedes hacerlo… él volverá y repetirá esto una y otra vez.

- No dejaré que lo repita, nadie va a volver a hacerte daño. En cuanto te den el alta te vienes a mi casa.

- Estoy casado Itachi, no puedo irme contigo.

- Pide el divorcio, porque no voy a dejarte allí en esa casa con él.

- Le debo mucho, él pagó todo lo de mi hermano y mi hermana.

- Denúnciale Deidara, si es necesario yo le pagaré tú deuda, pero tú no vas a volver a esa casa. Ven conmigo, iremos a la comisaría, lo denunciaremos, te divorciarás y no tendrás que pasar por esto nunca más.

- ¿Tú me ayudarás? – me preguntó sorprendido.

- Sí Dei, yo estaré a tu lado siempre. Ya te dije que te amo.

- Me echaste de tu vida – me dijo a punto de llorar y sin poder evitarlo más le besé.

- No volveré a echarte de mi vida jamás. Confía en mí una última vez Dei.

A Deidara le dieron el alta en un par de días y tal y como le prometí, se vino a mi casa a vivir. Él decía que en cuanto encontrase algo se marcharía pero yo no quería que se marchase, quería demostrarle que había cambiado, que ya no era aquel chiquillo y que le amaba, quería estar a su lado.

Tuve que ayudarle a bajar del coche y es que tenía la pierna rota por varios sitios, iba con muletas y las manos le dolían horrores por estar cargando el peso en ellas, así que al final, pese a su negativa, lo cogí en brazos y lo metí en casa. Lo dejé sentado en el sillón y preparé una cena deliciosa. A veces miraba a Deidara y sé que sonreía al verme tan protector y cariñoso con él pero cuando yo le miraba, desviaba la vista enseguida y se ponía serio, creo que costaría un poco demostrarle que quería estar con él, pero él ya sabía que había cambiado, sólo necesitaba afianzar nuestra nueva relación, había pasado mucho tiempo desde que habíamos sido amigos, sólo necesitaba tiempo o eso quería creer yo.

Orochimaru regresó del viaje, pero la policía le estaba esperando por la denuncia que había puesto Deidara en su contra, ahora faltaría esperar al juicio. Yo preocupado siempre por él, prefería que no saliera de mi casa hasta que no se hubiera recuperado o al menos… que no saliera sin mí, prefería estar yo por si algo pasaba. Tenía un poco de miedo a que le volviera a pasar algo.

La noche en que tenía partido, decidí llevarle, habían pasado dos semanas desde su incidente y quería sacarlo un rato. Ganamos aquel partido y todos nuestros amigos estaban contentos de volver a verle, pero yo en cuanto el partido acabó y vi su sonrisa mientras aplaudía por mi último gol, me acerqué a él subiendo por las gradas y no pude evitar besarle frente a todos. Ahora mismo me daba igual lo que pensase la gente, yo sólo quería volver a ver sonreír a ese chico rubio que tanto había hecho siempre por nosotros y que nosotros… tan poco le habíamos agradecido. Deidara se dejó besar y no quise soltarle aunque Hidan tuvo que subir a por mí insistiéndome en que acabase los últimos minutos de partido.