Atención: Utilizo este universo mágico tomándolo prestado. Todos los honores para J.K. Rowling.
Notas del fic:Relaciones chico-chico. Si no te gusta, no leas. ¡DRARRY! Slash inside.
Notas de la autora: Disculpad por no actualizar antes, ha sido una dura semana. Dedico esta parte a Torres de Cristal, creo que Harry te va a volver a desesperar.
Resumen:
Tras la derrota de Voldemort, Snape escondió a Draco en la taberna Cabeza de Puerco. Encapuchado y con su marca oscura, no puede hacer magia para no ser detectado. Hermione Granger ofrece ayuda a Draco a través de La Orden del Fénix para ponerlo a salvo, usando el cuerpo de Potter. Al rechazarlo y volver a la taberna, el rubio encuentra que alguien la ha incendiado. Los aurores lo encuentran y lo llevan a Grimmauld Place, donde ha de vivir con Harry Potter, Hermione Granger, Remus Lupin y Nymphadora Tonks, que parecen tener interés en protegerlo. Harry Potter le ha devuelto su antigua varita a Draco. Los aurores lo mandan a una cabaña en el campo con la excusa de efectuar una peligrosa misión para rescatar a Severus Snape, de la que Harry sale malherido. Draco salva la vida del Chico que vivió con sus conocimientos en pociones, pero al regresar a Grimmauld hay otro problema: ahora los mortífagos persiguen a magos de renombre para cambiarlos por presos de Azkaban. Los magos se esconden en mundo muggle, donde Draco se encuentra con su antiguo amigo y camarada Blaise, quien parece comenzar una relación con Harry. Mientras los chicos parecen desarrollar emociones los unos por los otros, aparentemente los mortífagos han perpetrado otro ataque, siendo esta vez Hermione Granger quien sufre las consecuencias. La joven sigue con vida gracias a la ayuda de Draco y la elfina Dikki. Harry y Draco, tras pasar unos días en Brighton con otros slytherins, se han dado cuenta de que ya no pueden fingir; se gustan. En una pequeña excursión, Harry lleva a Draco cerca de los terrenos de Malfoy Manor y éste se da cuenta de que ha pasado demasiado tiempo fuera y que desea volver a casa.
POR AMOR A UN MORTÍFAGO
Fanfiker_Fanfinal
PARTE IV: EL LONDRES MUGGLE.
CAPÍTULO 29: EL HÉROE ESTÁ ENAMORADO
Draco se había escabullido de la cama a primeras horas de la mañana, volviendo a su cuarto, que de repente se le antojaba frío y oscuro. Apretó los puños. No podía dejar que aquello pasara otra vez. Sexo, contacto, todo eso estaba bien, pero no dormir juntos, eso sólo lo hacían las parejas y Draco no tenía intención de convertirse en el novio del Niño Dorado, rodeado de Weasleys, licántropos, lunáticos y quién sabe qué seres extraños. "Pero son esos lunáticos quienes te han cuidado, Draco". Sí, bueno, ya tendría ocasión de agradecérselo, con alguna donación monetaria o algo, cuando recuperase su herencia. No vio a Harry hasta la cena, pues el moreno había marchado al Ministerio, pero cuando estuvieron sentados, frente a frente, y mientras Lupin y Tonks hablaban, el moreno susurró:
—No creo haberte dado permiso para irte esta mañana.
Draco masticó despacio y luego contestó:
—¿Y qué vas a hacer, Potter, vengarte?
—No lo dudes.
—Arisco.
—Imbécil.
Tonks metió su nariz entre ambos.
—¿Pasa algo, chicos?
—Lo de siempre, Tonks: Draco es una persona difícil. ¿Cómo lograbas jugar con él de pequeña?
Draco miró al Gryffindor, cogido por sorpresa. Valiente descarado.
—No solía jugar mucho con él. Draco era bastante más pequeño que yo y no quería separarse de su madre —explicó Tonks.
Harry no reprimió unas risas, pero paró de inmediato al notar un zapato presionar sus partes bajas por debajo de la mesa. Agarró el tobillo de Malfoy tratando de recuperar su virilidad. El rubio le hizo un gesto amenazante.
Después, los chicos se metieron de lleno en la conversación sostenida por Remus y Tonks, quienes traían rumores frescos acerca de las verdaderas intenciones de los mortífagos:
—Nos han engañado otra vez: no tienen intenciones de intercambiar magos por presos de Azkaban.
Harry miró a Remus, inseguro de si Draco debía oír esto.
—Sí, parece que lo que quieren es formar su propio ejército —indicó Tonks.
—¿De qué les servirían los presos de Azkaban, famélicos y sin fuerzas?
—¿Cómo sabéis eso? —quiso saber Draco, que dudaba de sus fuentes.
—Investigación ardua —le respondió Lupin con un gesto de absoluta confianza.
Harry no pudo más.
—Remus, Lucius Malfoy está en Azkaban y su hijo está comiendo con nosotros.
—Déjalos, Harry, quiero escuchar más —indicó Draco, sin perder detalle—. Prefiero enterarme así de las cosas a que la gente me las oculte.
Harry lo miró con sorpresa, extrañado de que no hubiera puesto el grito en el cielo por el comentario anterior.
—¿Pretenden secuestrar magos para luego lanzarles la maldición Imperius? —intuyó Draco, y por el gesto de ambos supuso haber acertado—. Eso explicaría lo de Cabeza de Puerco...
Harry contempló a Draco, teorizando como si fuera un miembro de la Orden más. Le gustaría que lo fuera; Draco podría ayudarles con las pociones y además era bastante inteligente, al haber estado entre mortífagos podría dirigirlos, podría pensar como ellos, porque Draco... estaba marcado. Sí, él lo sabía... muchos aurores creían que el joven Malfoy tan sólo acompañó a sus padres, tan sólo fue un juguete provisional, pero la realidad era que llevaba la marca... y con la marca en el brazo, Harry no podría salvarlo. No podría hacer nada por él, ni intercediendo por el Ministro, porque las órdenes eran claras: marca, a Azkaban. Y la regla no había cambiado en todos esos meses. Esconderlo sólo servía para hacerles ganar tiempo.
—Quiero salvar a Malfoy —dijo Harry repentinamente, dando un golpe sobre la mesa.
Los demás interrumpieron su conversación, mirándolo. Draco, con cierto desconcierto.
—Quiero salvar a Malfoy —repitió el chico, respirando pesadamente.
—Harry, lo sabemos, hacemos todo lo posible porque nos concedan un juicio para él...
Harry miró a Lupin, contrariado.
—No es suficiente. Cuando te den el juicio, que puede tardar meses, ¿qué haremos mientras? ¿Lo ataremos para que no salga de casa?
—De hecho, yo lo sugerí, pero... —empezó Tonks, tratando de eliminar la tensión palpable.
—Harry, te recuerdo que Malfoy no es la única persona en peligro. Ahora mismo, hay muchas familias que sufren, como nosotros, y podemos dar gracias de estar bastante cerca de lo que pasa para poder adelantarnos a ciertos acontecimientos —intervino Remus, admirando la preocupación del chico.
—¿Y por qué no le ponemos fin a todo esto? —dijo el chico, levantándose. Draco seguía sus movimientos, sin entender nada.
—Pero bueno, Harry, ¿qué sugieres?
—Lo sabes, lo sabes muy bien: me entrego, y el resto del mundo vivirá feliz.
Draco miraba a uno y a otro lado, tenía apnea. ¿Qué era esto, una crisis de héroe?
—Muy bien, Harry, te entregas —admitió Tonks, enfadada—. Te lanzan la maldición Imperius y eres tú quien has de lanzar crucios a tus amigos. ¿No sería mucho peor saber que estás siendo manipulado y que, por causas del destino, Draco llegue a tus manos y sin saber lo que haces, lo tortures?
Harry pareció recuperar un poco del sentido común que puedan tener los héroes dispuestos a sacrificarse por los suyos.
—Te necesitamos en este bando. Puedes sernos más útil que con ellos, y lo sabes —continuó Remus—. Si eres tú quien se entrega, toda La Orden irá a recuperarte, porque si tú quieres proteger a Malfoy, nosotros también queremos protegerte a ti. Estás dentro, Harry. Sé consecuente, piénsalo. Todos tenemos un poco que ganar y mucho que perder. Y valoramos ese poco.
Harry pareció derrumbarse, cayendo sobre su mesa.
—Pero todo va taaaan despacio... estoy cansado. Y me parece no estar haciendo nada.
Tonks lo abrazó, solícita. Draco quiso desaparecer, pero no había lugar donde meterse y tampoco le parecía muy educado salir de una discusión como si no fuera con él. Por fortuna, alguien se dio cuenta de ello, y habló así:
—Tienes que disculparnos, Draco. Estamos todos muy nerviosos. Tratando de conseguirte un juicio, rezando para que no os pongáis en peligro cuando salís fuera, pensando qué decir y qué no decir a ciertas personas en el Ministerio... aunque no lo creas es bastante estresante.
Draco se levanto, sintiendo por fin tener algo que decir.
—Sí, señor, lo entiendo. Entiendo todo lo que usted me explica, pero, cuando todo esto acabe, independientemente de que yo muera o viva, la marca seguirá en mi brazo. Vivo o muerto, yo seguiré con la marca. Usted es licántropo, pero puede tomarse ciertas pociones para no pasar por la conversión. ¿Qué hago yo, tomar poción multijugos para el resto de mi vida? ¿Cómo llevaré una vida normal? Nadie querrá fijarse en alguien que lleva la marca. Me repudiarán a cualquier lugar que vaya. He visto una vez a dos amigos durante todo este tiempo. Mi padre está encarcelado y mi madre está en San Mungo. No tengo a nadie.
Tonks, que ya había soltado a Harry, lo miró con infinita compasión y añadió:
—Otro mortífago puede estar en tu misma situación, Draco: exactamente en la misma situación, sólo que tú, entre todos los mortífagos, tienes a Harry Potter de tu parte. Y a nosotros también.
Draco pensó en Nott, pero luego desechó ese pensamiento: Nott no era un mortífago marcado, él podría salvarse sin Orden del Fénix. Aquello lo irritó.
—Sólo lo hacen por el viejo de Dumbledore.
—Permíteme que difiera, porque aunque Dumbledore no nos hubiera dado instrucciones, estoy seguro de que alguien se habría puesto de tu parte —indicó Tonks, sus palabras plasmaban muy bien la identidad de ese alguien.
El rubio se encontró con los penetrantes ojos de Harry, como si fuese el aludido, como si dijera "yo me pondría en peligro por ti, porque ya lo hice una vez". Pusieron fin a la discusión, mientras Harry y Draco se sentaban juntos en el sofá.
—¿De quién fue la idea de ir a Avebury, Potter?
Harry se apoyó en el brazo del sofá, variando su posición, quitándose las deportivas y subiendo los pies arriba, quedando semitumbado.
—Luna propuso ir a Stonehenge, aunque luego acabáramos en ese pueblecito.
—Y tú lo sabías.
Harry veía en Draco, sentado en una posición correcta, los reflejos de las llamas en la chimenea, porque aún en mayo, la casa seguía fría, y sonrió.
—Y me arrastraste.
—No pareciste muy molesto por eso —dijo Harry jugando con su propio cabello.
—Bueno, no tenía nada mejor que hacer ese día.
Se hizo el silencio.
—Oye, Malfoy, ¿siempre te sientas así en todas partes?
Draco se hizo el ofendido y replicó:
—Bueno, Potter, ¿qué problema tienes con mi educación y mi forma de comer?
—No, ninguna —sonrió el chico—. Es sólo que es demasiado exquisita. Puedes tumbarte si quieres.
—En el sofá no se tumba uno, para eso existe la cama.
La mente de Harry voló inmediatamente hacia aquella pieza de mobiliario.
—La cama. No es mala idea —y se elevó sobre el sofá, acercándose al rubio—. La cama me hace recordar que me debes algo, Draco.
—Ah, ahora soy Draco —se burló el chico, vocalizando demasiado y para nada apartándose de las cercanas esmeraldas que, reflejadas a través de los cristales, las hacía aún más pequeñas a la vista.
Un sonido de música celta alertó a ambos chicos. Harry se llevó la mano al bolsillo sacando aquel aparato muggle, y lo dejó sonar hasta responder.
—Sí… sí, estoy bien —de inmediato, el moreno tomó una posición de alejamiento del rubio—. Claro, muy ocupados —aquí, Draco recibió una mirada circunstancial y el rubio lo entendió todo—, um… sí. Me gustaron mucho, ya lo sabes… sí, algunos me escriben aún. No lo sé, Blaise… sí, este fin de semana. No lo dudo… varias veces…
Draco casi había olvidado que Harry tenía línea directa con Blaise Zabini a través de ese aparato molesto que además, sonaba en el momento más inoportuno. Le haría mención al chico de que lo tirase cuando estuviera con él. Y por las miradas del moreno y la conversación que podía escuchar, Harry no parecía haberle contado nada del accidente… los accidentes ocurridos entre ellos. Eso le recordó que quería volver a volar. Al fin y al cabo, volar acompañado no estaba tan mal… sobre todo si cuando uno se baja recibe atenciones más que agradables…
—No sabía que te excitara el verme hablar por teléfono —le dijo la voz de Harry, fijándose en su entrepierna, ligeramente abultada.
—No sabía que tuvieras los ojos sobre mí todo el tiempo, Potter.
—Si te paseas por la casa sin camiseta a riesgo de coger una pulmonía para llamar mi atención en mis narices, es normal que lo haga.
Draco se apoltronó más en el sofá; le encantaban estas pullas con el otro.
—Puedo entenderte en esa parte: es como pasear la miel por la cara del burro.
—Al menos puedo aparearme, no soy como una estatua intocable que todo el mundo puede ver pero nadie puede tocar.
—Sí, sí, Potter, pero al final has caído por la estatua… —dijo Draco con evidente gesto de satisfacción.
—Más quisieras…
—Bueno, ¿vamos a volar, burro?
Harry se arrimó al chico, sugerente.
—¿Qué placer te produce mi Saeta de Fuego? ¿O acaso es lo que viene después?
—No soy yo quien tiene que acelerar para olvidar la excitación que le produce tenerme detrás —dijo Draco levantándose del sofá y encarándose así con el chico.
—Perdona, pero la última vez el apéndice duro sobre mi espalda era el tuyo…
Draco avanzó otro paso, ladeó la cabeza y puso la mano sobre la cadera.
—Vaya, Potter, no sabía que tuvieras que acudir a tener una discusión conmigo para decir lo que ansías tocarme…
Draco giró al chico de modo que cayó sobre el sofá, mientras no le quitaba los ojos de encima, para ponerse después sobre él, regalarle una seductora sonrisa a la vez que se atusaba el pelo.
—Porque lo ansías, ¿verdad?
Harry, desde su sitio, se había quedado congelado, y tragó saliva al ver que Draco se desabrochaba los botones de la camisa.
—Hace calor, ¿no te parece, Potter?
El moreno no respondió, simplemente observó a su némesis, cómo su piel nívea iba apareciendo a la vez que la tela de la camisa se desprendía de él, dejándole el pecho al descubierto. Muy a su pesar, dijo:
—Malfoy, no sigas.
—¿No te gusta? —dijo el otro, haciéndose el sorprendido.
—No es por eso. Remus y Tonks pueden bajar.
Draco asomó una sonrisa malévola.
—Entonces les diré que pueden mirar.
Harry tragó saliva y se repuso.
—Vaya un vicioso.
—¿Qué dirías tú?
—Que quiero salvarte —se burló el moreno.
—Oh, sí, qué bonito, Potter, me has conmovido. Tus palabras han sido tan liberadoras —el chico, aún con la camisa desabrochada, desabotonó el primer botón de su pantalón—, que necesito aliviarme —y se introdujo la mano despacio, muy despacio, por su entrepierna.
Harry se incorporó, sin pestañear, mirando al chico acariciarse, frente a él, de un modo tan lento y sugerente que lo imaginó moviéndose en algún club de Londres, de aquellos que hablaba Blaise y que él había visitado alguna vez. ¿Habría ido Draco a alguno de esos sitios? ¿Con cuántos chicos había tenido sexo? Parecía todo un experto en seducir.
Cuando el rubio comenzó a mover las caderas adelante y atrás al compás de su movimiento, Harry no pudo más: agarró la tela de los pantalones de Draco junto a su ropa interior y le liberó de ella, bajándola hasta sus muslos, observó su pene semi erecto y sin pensar ni decir nada más se lo introdujo en la boca como si fuera la golosina prohibida.
—Um, Potter, estabas más necesitado de lo que yo creía… así que no sólo me querías tocar…
No recibió respuesta: Draco cerró los ojos, abandonándose a las sensaciones de la lengua del chico repasando su miembro desde y hacia diversas direcciones, y aunque era una sensación sublime, podría jurar que el moreno lo disfrutaba más que él, pues le notaba jadear de vez en cuando. Draco se asombraba de conocer al nuevo Harry desinhibido que hacía cosas increíbles y que ahora pasaba las manos por sus glúteos, apretando y abriéndolos en un intento de llegar más allá, a ese recóndito lugar virgen aún inexplorado. Draco le permitió ir más allá, y se preparó para notar la invasión en su cuerpo, momento que Harry no tardó en recrear, introduciendo su dedo con suavidad, temeroso de que el rubio le parase en cualquier momento: no lo hizo, de modo que el moreno se aventuró aún más, hasta tocar el punto donde él sabía, Draco perdería el sentido.
—Aaah, Potter —jadeó el chico, perdiéndose por momentos en otra dimensión—... jod... joder.
—Eso te pasa por calentarme.
Harry supo que lo había alcanzado porque Draco tiraba demasiado fuerte de su cabello hacia él y comenzó a repetir una letanía sin sentido en la que su nombre iba incluida. Cuando el rubio se derramó, lo hizo sobre el rostro de Harry, demasiado confundido para saber lo que había pasado, como si acabara de regresar de un largo viaje. Por Merlín, ¿le hacía esas cosas a Blaise? Draco se acomodó la ropa mientras se dejaba caer pesadamente sobre el sofá, consciente de que ahora, él debería devolver el favor.
—Vamos a mi cuarto —le dijo el rubio cuando ya Harry se había limpiado, y ambos subieron la escalera, el moreno tratando de ocultar su gigantesca erección. Pasaron a Tonks y Lupin que estaban sentados en el sofá de la primera planta mirando unos folletos de habitaciones y juguetes mágicos para bebés y esta vez, el moreno entró en el cuarto de Draco, el cual parecía demasiado ordenado y pulcro. Harry lanzó el Muffliato para no ser oídos, para después saborear los labios que se habían acercado, ávidos, sobre él. Harry notó algo diferente en Draco; ya no era amable en sus caricias; lo había lanzado a la cama de un empellón y sin duda, había acabado tomando la posición dominante, mientras atacaba su cuello, su pecho y rozaba su erección deliberadamente. Eso, unido a las suaves sábanas de seda de la cama, y a las manos de Draco, aún apresuradas, lo acabaron de excitar aún más. A continuación, el rubio acercó sus labios a su oreja para decir:
—Dime qué quieres, Harry Potter.
El moreno sonrió aún más, y lo miró con fervor. Le quitó la camiseta para ver de nuevo su brazo vendado, pero supo que jamás le importaría que Draco estuviera marcado, de una forma u otra.
—Fóllame, Malfoy.
El rubio pareció sorprendido. Muy sorprendido y de repente, acojonado. Se esforzó en no demostrarlo.
—Creí que no te acostabas con cualquiera —le recordó el rubio.
—Creí que tú no eras cualquiera —chinchó Harry, mientras acariciaba su pecho delgado y firme. Poco después lo besó, extasiado. Draco lo miró, ahora entendía por qué Blaise había repetido tantas veces con Harry, porque siempre estaba dispuesto, poniendo toda su intención. Sintió un latigazo de celos, mientras Harry hundía los dedos en su pelo, haciéndole sentir escalofríos de placer.
—Dime que te gusto, Potter, dime que te vuelves loco por mí y que te gustaría que te tomara día y noche.
—¿El pequeño Malfoy necesita que le suban el ego? Creí que te bastabas contigo mismo… —sonrió Harry sin dejar de tocarlo: los hombros, su pelo, sus bíceps, su pecho, todo era excitante y tremendamente nuevo.
—Es por tu bien, Harry. Aparearse con un Malfoy es lo mejor que podrás hacer en tu vida…
—Um, lo diré, entonces, aunque sea mentira.
Draco entrecerró los ojos, y le despojó de los pantalones.
—¿Mentira? Veremos si mientes bien, Potter.
Harry se excitó aún más ya despojado de toda prenda; Draco separó los muslos del chico, elevándolos ligeramente; bien, ahora tenía que fingir qué él era un experto follador cuando la verdad era que nunca lo había hecho; sabía la teoría, sí, y esperó ejecutarlo bien, esperó ser tan bueno en ello como en pociones, porque ya no era un tema personal, realmente le apetecía, quería tener a Harry diciendo su nombre una y otra vez… borrando el de Blaise, y el de cualquier otra estúpida conquista que hubiera tenido. Conjuró un hechizo de lubricación y se posicionó sobre él, preparado para introducirse lentamente. Antes, paseó sus manos por las ingles, sin tocar su miembro ansioso, y por fin dirigió su pene hacia la entrada de Harry, dudando de si el chico necesitaría preparación previa con los dedos o no.
—Hazlo ya, Malfoy.
Aquella orden era directa, precisa, y Draco decidió obedecerla. Y cuando su pene se enterró en el rosado anillo ahora dilatado, creyó morir. Primero, pensó por qué durante tanto tiempo se había privado de eso estando con chicas; no era ni la mitad de placentero, y además, follar al Niño que Vivió era todavía mejor; entendió por qué el chico había hecho el Muffliato, y es que ahora mismo podrían oír a Potter en Hogsmeade. Draco estuvo tentado de deshacer el hechizo, de que subieran Tonks y Lupin para oír gritar como una ramera a su querido Harry; Grimmauld temblaría al conocer lo que ambos estaban haciendo entre sus muros. Draco podía ofrecer una mejor alternativa a eso, teniendo su mansión, pero dudó de que ahora fuera buena idea; eso sí, le encantaría que el Ministro viera lo que gozaba Harry debajo de él, porque a lo mejor podrían enviarle directamente a su casa sin juicio y sin pasar por Azkaban, porque alguien que pudiera hacer gritar así a Harry se merecía una mención de honor. Y esta vez no lo decía su ego, sino él mismo, repitiendo y gritando su nombre en diferentes variedades, mientras se sujetaba su miembro con manos temblorosas. Draco decidió ayudarle y puso la suya sobre la de Harry, y comenzó a marcar el ritmo, mientras le dirigía una sonrisa "Malfoy marca registrada". Faltó poco más para llevar al león al éxtasis total: unos pocos besos y unos tocamientos mientras Draco trataba de aguantar todo lo posible, que siendo la primera vez para él, era bastante agonizante. Cuando, finalmente, Draco se colapsó sobre el moreno minutos después, sintió los brazos del Gryffindor a su alrededor, notando cómo ocultaba la nariz en su pelo, inspirando profundamente.
Draco estaba a punto de dormirse, pero una voz ronca le sacó de sus ensoñaciones.
—Draco...
El rubio no hizo mucho caso, se sentía agotado.
—Draco... mírame.
El rubio se giró, con el cabello pegado a su cara. Harry tenía una expresión extasiada y le retiró el pelo, y dijo:
—Gracias.
—¿Gracias? —repitió el rubio.
—Sí, gracias. Gracias por hacerme disfrutar, gracias por estar aquí, conmigo, gracias por dejar que te proteja... gracias.
—Estás majara, Potter.
Vio a Harry sonreír a través de sus párpados, y luego notó cómo limpiaba ambos cuerpos con magia; hechizos que, sin duda, le habría enseñado Blaise. Después, notó cómo una sábana se deslizaba por su cuerpo, y Harry lo abrazó por detrás, apoyando su cabeza en la almohada, que ahora tenía el olor de ambos mezclado.
Si a Draco le hubieran dicho que gozaría en compañía de Harry Potter, se habría reído en su cara; aparte de echarle un Lengua Atada por decir estupideces. Pero tras varios días después del episodio "fóllame, Malfoy", hubo más encuentros entre ellos. Sin embargo, ni Harry le había preguntado nada acerca de esa relación extraña entre ellos, ni el rubio había querido que lo hiciera. Porque como el moreno le preguntara "qué es esto que tenemos, Malfoy", ni siquiera habría podido responder. No obstante, ese día Draco había poseído a Harry a pesar de sus principios, a pesar de que sabía, sobradamente, que nadie que hubiera conocido en el mundo mágico, era merecedor de aquello. Y lo peor de todo era el ansia que estaba creando en el rubio y la curiosidad de saber cómo sería que Harry lo penetrara. Ese día, sin embargo, estaba de especial malhumor, porque el calendario tenía dibujada una cruz roja; Draco habría jurado que después de sus estupendas sesiones de sexo, Harry jamás volvería a ver a Blaise. Pero no fue así, el calendario no mentía. Se sintió mejor al ver llegar a Harry un poco desarmado, con cara larga.
"Bueno, Blaise, por su cara es evidente que no ha habido sexo. Y si lo ha habido, no ha sido muy bueno". Pero Draco dejó de pensar eso, y se sumergió en la lectura de un libro de pociones sacado de El Refugio de Lupin, pero en su mente se recrearon varias imágenes de Harry Potter siendo follado por Blaise Zabini y tras condenar a la cubierta del libro a retorcerla con sus manos, decidió que no quería leer. Varios días después, fue el turno de Draco de quedar con Blaise. Ambos se vieron en su casa, y mientras Blaise preparaba té, el rubio le preguntó:
—Bueno, Blaise, ¿qué tal con Potter?
—Algún día te matará esa curiosidad, Draco —le respondió el chico, que no parecía molesto.
—Y dime, Blaise, ¿desde cuándo sueñas con él? Quiero decir... me resulta difícil pensar que hayáis tenido un flechazo al veros, para haber ido tan deprisa.
Blaise se volvió y su rostro esta vez parecía lleno de rencor.
—Perdona, pero yo también tengo mi particular encanto, aunque no lo creas. Te recuerdo que me he tirado a más chicos que tú, y por supuesto en Hogwarts muchas chicas andaban detrás.
—Debes saber, entonces, Blaise, que Potter me ha besado —dijo esto sin ningún tacto, sin preparación, sin ninguna preocupación.
Blaise lo miró con cara de querer tirarle el té, pero se contuvo.
—Y tú no tuviste nada que ver, claro.
—Nada —dijo el rubio esbozando una enorme sonrisa.
—¿Y cuándo fue esto?
—Antes de que os conociérais, claro —dijo Draco, pensando en el beso que le había dado Harry cuando fueron a volar y él ni siquiera reaccionó. Aunque hubo uno antes, en La Casa de los Gritos, que podía utilizar si la ocasión lo merecía.
Blaise tomó un sorbo de su té.
—Bueno, no me preocupa. Tú mismo dijiste que ni siquiera tenías puesto el ojo en él, así que supongo que no fue un beso del otro mundo.
Draco apretó los puños ante la verdad, pero no difuminó la sonrisa de su cara.
—Debes saber que ahora no estarías con él si yo no le hubiera salvado la vida.
Blaise elevó el rostro, sorprendido.
—Sí, Blaise, le lanzaron una maldición oscura. Y adivina quién estaba allí para darle la poción exacta que lo curaría.
Blaise tomó de nuevo más té; parecía nervioso.
—Harry no me ha dicho nada. ¿Le han quedado secuelas?
—¿De qué hablas?
—Bueno, Draco, tú no eres medimago y quizá a Harry le hayan quedado secuelas. Quizá reaccionó así besándote.
—Lo del beso fue mucho antes, no te tortures.
Blaise pareció cansarse.
—Draco, no olvides que hablas con un Slytherin. Si quieres jugar a ver quién seduce a Potter, estoy dentro. Pero si pretendes hacerlo sólo por demostrar tu superioridad conmigo, olvídalo. Me cansé de esos juegos inmaduros.
—No tengo que demostrar algo que ya sé.
—Eso espero, porque sería muy ruin de tu parte: jugar con aquel que te ha protegido. Y yo puedo decírselo todo.
—¿Y por qué va a creerte?
—No sólo tengo encanto, Narcissus —ahora fue el turno del chico de color de esbozar una sonrisa de pretulancia—. Recuérdalo.
Draco siempre se sorprendería con el método muggle de correo. Las pequeñas cajitas que a la entrada de las puertas se situaban y que era tan fácil abrir y ver su contenido… ese día, en uno de los buzones de una calle residencial, había correspondencia para él. Draco había enviado regalos a Harry sin decirle quién era y le había dado una dirección muggle para que el otro le respondiera. Explícitamente, al modo muggle y específicamente para enviarlo a una dirección; dirección que no estaba mucho más lejos que Grimmauld Place, pero que Harry nunca se encargaría de averiguar. No esperaba mucho de la respuesta, pero sí lo suficiente como para saber en qué lugar quedaba él mismo en la vida del héroe.
Cuando el rubio desgarró el papel en Grimmauld, en su cuarto, no pudo evitar que el corazón le diera un vuelco, por mucho que él controlase sus sentimientos.
"Querido admirador:
Te agradezco los bonitos regalos que me has enviado, y sobre todo las flores, que han permanecido intactas durante muchos días. Tienes que tener una mente brillante para haber hecho una poción que las mantenga así. Yo soy muy malo en pociones. Me hubiera gustado aprender mejor, pero tampoco tenía un buen profesor. No es que desconfíe de nadie, pero ahora mismo no quiero ninguna relación. Decir esto no es sincero, porque sí la quiero, pero llevo un tiempo enamorado de una persona. Reencontrarme con él me ha traído más problemas que otra cosa. Es por ello que no podría estar contigo. No puedo darle esperanzas a alguien que sí está preparado para estar con otro. Yo no lo estoy porque siempre compararía. Perdona por rechazarte, pero no sería una buena compañía.
Te deseo lo mejor. Harry."
¿Enamorado? ¿El Gryffindor, enamorado? La carta sonaba muy sincera. Otra sensación de vértigo. Tal como expresaba esto, no parecía estar mintiendo, aunque Draco sabía que una carta para un admirador tampoco podía tomarse en serio… él mismo mentiría vilmente si estuviera en su lugar. De modo que tendría que tirarle un poco de la lengua, porque no estaba nada claro. Quería hacerlo ya, pero el maldito de Harry se había ido otra vez con Blaise… ya se habían visto tres veces. Draco estaba mosca. Pensaba que si le daba sexo a Potter, dejaría de ir a pedírselo a Blaise, pero una de dos, o Potter era realmente vicioso, o bien Blaise no era sólo su desahogo físico. No sabía cuál de las dos opciones prefería. Porque a un Malfoy no le gusta que nadie toque lo suyo, y quizá Potter no fuera suyo, porque el corazón del moreno, según aquella carta, parecía tener dueño. Podría estar hablando de él, pero podía estar hablando también de Blaise. Si él no hubiera leído esos pergaminos escritos por el Slytherin con ese nombre en clave, ahora mismo Draco pensaría, regodeándose en su ego, que el afortunado era él, pero tras saber ciertas cosas, no podía estar seguro. Tampoco tuvo tiempo de sacar alguna conversación en la cena, porque Lupin y Tonks estaban allí y era demasiado arriesgado, de modo que Draco hizo algo estúpidamente Slytherin: se escondió debajo de la cama del moreno.
Cuando Harry llegó, tuvo una visión de cómo se quitaba la ropa, se ponía el pijama y se introducía en la cama, con un suspiro. Draco se deslizó fuera con todo el silencio posible, pero cuando trató de levantarse, segundos después tenía una varita apuntada al cuello. Draco tembló, ante la reacción del chico. Luego se acordó de que Harry no veía sin gafas.
—Soy yo, Draco —se apresuró a añadir.
—Qué susto me has dado —dijo el moreno más calmado, pero aún con la varita en la mano—. ¿Por qué te escondes? ¿Por qué no llamas y entras?
—Quería sorprenderte —indicó el joven metiéndose en la cama y posicionándose sobre él. Harry volvió a meter la varita bajo la almohada mientras se abandonaba a los labios ávidos de deseo que lo reclamaban.
—El sorprendido has sido tú —dijo Harry contra sus labios, mientras sentía las manos de Draco debajo de su pijama. Cuando Harry se dio cuenta de que aquella sesión no iba a quedar en un simple beso de buenas noches, pues Draco había pasado a su cuello demasiado rápido, agarró al chico por ambos hombros para apartarlo.
—Hoy no, Draco —para encontrarse unos ojos retadores en la oscuridad.
—Vamos, Potter, eso sólo lo dicen las chicas —dijo Draco y continuó mordiendo su oreja.
El rubio fue apartado poco después.
—No, Draco. Por favor, hoy no.
Draco estalló, enfadado.
—¿Hoy no? ¿Qué pasa, Potter, tienes la regla?
—No preguntes, sólo respétame —fue la respuesta del moreno, que enfureció más a Malfoy.
—Es por Blaise, ¿no? —Draco no pudo evitar hacer mención a la tercera persona en discordia—. Te gusta más el sexo que te da él…
Draco jamás debió decir aquello, porque Harry, con sus verdes ojos refulgiendo en la oscuridad, lo miró, muy serio, y sentenció:
—Draco, Blaise no es sólo mi amante, me importa de verdad. No quiero hacerle daño.
Ni siquiera había tenido que sonsacarle, ahí estaba su respuesta: "me importa de verdad", y cayó sobre Malfoy como un jarro de agua fría. No supo por qué tenía una repentina pesadez en el estómago; no supo por qué de repente tenía ganas de lanzar un Reducto a todo; contempló los dulces ojos de quien había odiado toda su vida, de quien le había dado el mayor placer del mundo aunque nunca lo reconociera; quien, de repente sonrió.
—Puedes quedarte a dormir conmigo si quieres, pero nada más.
Draco se recompuso, muy humillado, y herido en lo más profundo de su alma.
—A la mierda.
Después, salió del cuarto del chico bajando las escaleras a tal velocidad que sus piernas podrían haberlo tirado al suelo. Sabía lo que estaba pensando Harry, que lo había dejado ahí, sabía que pensaba que era un aprovechado, pero en ese momento no importaba; nada importaba; tenía que deshacerse de ese incómodo y molesto nudo que le atenazaba la garganta y ese peso en el pecho que le impedía respirar.
CONTINUARÁ
¿Querrá Harry realmente a Blaise o estará mintiendo? Todo revelado en el siguiente episodio.
Reviews, se agradecen. Besos a todos.
