Capítulo 28: Epanenose (Reencuentro)
-"No permitiré que portes mí Armadura hasta que hayas vencido a Camus de Acuario."- Milo repitió incesantemente las palabras de Ewan. No atinó en contestar; solo se preguntaba cómo era que iba a conseguir lo que su maestro le exigía. –"¿Algún problema con ello?"- Ewan se hartó del silencio.
-"No señor."- Milo no esperaba semejante tarea. Por otro lado, sabía que había tenido suerte. Conociendo a su maestro, de no haber tenido una mejor idea, le hubiera dejado como prueba recrear las 12 tareas de Heracles.
-"Pelearás en Siberia así que vete planteándote cómo sobrevivir al frío."- Arqueó la ceja. –"Tengo entendido que Ambarchik es más fría en esta época del año. No sería lindo que perdieras algún dedo. ¿Tengo que mencionar que solamente te daré una oportunidad de vencerlo?"
-"No es necesario, señor."
-"Bien. Te daré el beneficio de pedirle al Ankou que pelee sin su Armadura. Esa será la única ventaja que te daré."
-'Usted siempre tan amable.'- Milo no estaba precisamente en el momento más optimista de su vida.
-"Eso es todo por ahora."- Mostró una engreída y desagradable sonrisa. –"Ya te puedes ir a dormir."- Caminó campantemente fuera del agua y después de guiñarle el ojo, se perdió en la oscuridad.
-"…Kalinihta…" 'Este hombre va a acabar conmigo.'- Se sentó de nuevo en la arena. El agua ya llegaba un poco más arriba de su cintura. Recorrió con su mano la herida causada por su maestro, ignorando el ardor que le ocasionaba frotar los granos de arena sobre su piel. –'Ahora que lo pienso. Hace mucho tiempo que no veo a Camus. Seguro que no se alegrará de verme. Ahora ya debe de ser muy fuerte.'- Tomó aire y sonrió. –"Hace mucho tiempo que no veo a Camus."- Repitió sus palabras en voz alta mientras recreaba en su mente su tan próximo rencuentro.
Era de noche. O, al menos, parecía de noche. La mañana tenía ya muchas horas de comenzada pero el Sol no se había dignado en salir. El frío entumía los huesos de uno de los dos viajeros: Este personaje tropezaba constantemente, levantándose lo más rápido que sus adormecidas piernas le permitían. El aire helado calaba sus pulmones y hacía varios minutos que la humedad traspasó su ropa, haciendo que cada movimiento que daba en contra de ésta fuera como si lo hiciera contra un enorme bloque de hielo. Temblaba con tanta fuerza que tenía miedo de morder su lengua. Apenas y podía controlar su mano para poder retirar las pequeñas capas de escarcha que se formaban en su rostro. La intensidad del viento indicaba que pronto comenzaría una tormenta.
-"¡Adh seidh!"- Milo casi no escuchó la voz de su maestro entre el silbido del viento. –"¡Si sigues así morirás antes de llegar a Ambarchik!"
Ewan había elevado su cosmo desde el primer momento en el que sintió un poco de frío. Fue por eso que la baja temperatura no había hecho demasiado en su cuerpo además de cansarlo.
-"¡Tal vez!"- Trató de que su boca se abriera en una sonrisa, pero el frío solo le permitió mostrar una mueca que estaba lejana a mostrar felicidad. –"¡Pero creo que puedo hacer esto! ¡No falta mucho!"
Ewan casi tuvo que adivinar las palabras de su alumno ya que éste estaba un par de metros atrás.
-"Dóite!"- Tomó a Milo de su chamarra y lo jaló hacia sí, obligándolo a acelerar el paso. –"Agus loisceadh ort!"
-"Eso suena bien."
-"Vamos. No dejes de caminar."- Tiró a Milo en nieve y siguió su camino una vez que éste consiguió ponerse de pie.
Tal y como Milo pensaba, no tardaron demasiados minutos en llegar al pueblo de Ambarchik. No había gente fuera de sus casas, pero salía humo negro de todas las chimeneas. No se detuvieron en el pueblo sino que siguieron unos cuantos metros más hasta que pudieron identificar una cabaña cuya chimenea emanaba un humo ligeramente más blanco que las casas anteriores.
Ewan no se tomó la molestia de tocar, sino que abrió la puerta, casi golpeando a la persona que estaba del otro lado, cuyos planes eran de recibir al invitado por sí mismo.
-"Ewan…"- El dueño de la cabaña murmuró bastante molesto mientras el susodicho se sacudía la nieve de sus ropas y dejaba entrar una enorme corriente de frío. –"¿Te costaba mucho tocar la puerta?"
-"¿Estás bromeando? ¡Allá afuera hace un frío de los mil demonios!"
-"Eso lo sé."- El anfitrión se acercó a la puerta y comenzó a cerrarla.
-"Ankou… ¿qué haces?"
Antes de que Camus pudiera afirmar que 'estaba cerrando la puerta', una fuerza en la misma lo empujó hacia atrás, permitiéndole ver a una cansada figura inclinándose hacia él.
-"¿Milo?"
La figura alzó el rostro pero no se irguió por completo. La entumida sonrisa apareció de nuevo mientras dos mitones retiraban la nieve de los cabellos azules de su dueño.
-"Ê ou soi dokei?"
Camus respondió tomándolo del cuello de su chamarra y tirándolo dentro de la casa de modo que pudiera cerrar la puerta. A pesar de esto, gran parte del pasillo principal ya estaba cubierta de nieve.
-"¿Qué hacen aquí?"
-"Me sorprendes, Ankou. Yo creí que serías más cortés que esto."- Mientras Ewan hablaba, retiró su empapada capa y la dejó tumbada en el suelo.
-"¿Quién te dio permiso de entrar, Ewan?"- Caminó hacia la sala para encontrarlo ya tumbado en el sillón. Milo, por su parte, apenas estaba logrando incorporarse. –"O para esto, de sentarte."
-"¿De cuándo acá me tuteas, jovencito?"- Su mirada estaba perdida en el fuego de la chimenea que tenía frente a él.
-"Ya no eres mi superior. Me parece natural hacerlo."
-"¡Aye! Es solo que no lo esperaba del Santo más formal del mundo. Nos has traído muchas sorpresas, Ankou. Muchas. Diría que es un gusto que seas mi camarada, pero la verdad es que este asunto no me podía importar menos. Ahora ¿qué tal si vas y me sirves un poco de wodka?"
-"Por favor, si no fuera porque la tormenta ya ha empezado te sacaría ahora mismo de mi casa."
-"¿Solo a mí?"- Ewan preguntó con malicia.
Camus abrió exageradamente los ojos al recordar que tenía otro invitado. Regresó hacia la puerta para verlo apenas quitándose la mojada chamarra de encima. Al menos ya había conseguido ponerse de pie. Camus se acercó a él y lo guió a una de las habitaciones.
-"Ven. Tienes que cambiarte de ropa."
Ewan ignoró a los jóvenes mientras desaparecían de su vista. Se levantó del sillón y comenzó a examinar toda la sala, abriendo y cerrando todos los cajones que encontraba. Su búsqueda no se detuvo ahí sino que siguió hasta la cocina.
-"Que mono. Tiene hasta hielera… o algo que se le parece."- Se agachó y abrió la tapa de una caja de poliuretano, pero se desilusionó al solo encontrar ahí medicinas, agua y comida. -"Para esto mejor que no tenga nada."- Cerró la hielera y comenzó a abrir las alacenas sin molestarse en cerrarlas.
-"¿Te puedo ayudar en algo?"
-"¡Claro que sí!"- Contestó a Camus, quien apenas acababa de regresar. –"¿En dónde tienes el wodka? ¡Confiesa!"
-"Yo no bebo."- Comenzó a cerrar las alacenas sin dignarse a mirar al Santo de Escorpio.
-"Hn… no entiendo cómo alguien puede vivir en este frío y no beber. Tú me estas mintiendo."- Camus no contestó. –"Parece que has olvidado cuanto odio las mentiras, pero te lo dejaré pasar porque seguramente lo que tomas es para bebés."
-"Ewan… ¿qué haces aquí?"- Se sorprendió un poco al ver el rostro del guardián de la Octava Casa tornarse severo. Su expresión, sin embargo, permaneció impasible.
-"Creo que Milo es el que debería explicarte eso."- Miró hacia un punto a espaldas de Camus, lo que le hizo voltear. En la entrada de la cocina se encontraba el aspirante de Escorpio ya con ropa seca y la cara con un poco de más color. –"Y con tu permiso, me voy a dormir."- Salió de la cocina y entró a una de las habitaciones.
-"Ese es mi cuarto."
-"Mejor déjalo. Si le dices algo te mata."
-"¿Cómo lo aguantas, Milo?"
-"Uno se acostumbra."- Caminó hacia el comedor y se sentó en una de sus sillas, dejando caer todo el peso de su cabeza en la mesa.
-"¿Cómo sigues?"
-"He estado peor."- Afirmó sin despegarse de la tabla frente a él.
-"Me sorprendería."- Acompañó a Milo en la mesa. –"Yo creí que después de tantos años ya habrías dejado esa manía de atenuar tu cosmo."
-"Se llama costumbre, no manía."- Murmuró. Finalmente comenzó a calentar su cuerpo utilizando su cosmo.
-"Unos minutos más y habrías muerto."
-"No me tomes tan a la ligera, Ankou."- Alzó la vista, ya recargando en la mesa solo su barbilla. –"Además, te quería dar una sorpresa."- Retomó su posición original.
-"Y vaya que me la diste. ¿Por qué llegaron por la planicie?"
-"Quería intentar pasar por el frío. Podría decirse que fue curiosidad."
-"¿Quieres algo de tomar?"- Milo movió su cabeza de izquierda a derecha, como si su cabeza rodara sobre la mesa. –"¿O tienes hambre?"
Milo, divertido, se enderezó y miró a Camus.
-"Ewan se equivocó. Aún tienes tus modales. Pero la verdad es que no tengo hambre."
-"Ya que no deseas algo más, me veré obligado a preguntarte sobre los motivos que te trajeron aquí."
-"Un… sí que andas hablando raro."
-"¿Milo?"
-"Si tanto quieres saberlo te lo diré."- Tomó aire. –"Ewan ya decidió cuál será mi prueba final. Tengo que derrotarte sin tu Armadura."
-"No esperaba algo así."
-"Creo que nadie. Pero ya lo conoces: cuando tiene una idea es imposible quitársela de encima."
-"Siempre pensé que se parecía algo a ti."
-"Algo… sí. ¿Camus? ¿Qué opinas de esto?"
-"No sé. ¿Debo de opinar algo?"
-"Yo estoy nervioso. Nunca creí que algo así pasaría."
-"Yo tampoco. Pero eso no importa ahora. Lo mejor será que vayas a descansar. Seguramente cuando termine la tormenta será nuestra pelea."
-"No quiero descansar ahora. Hacía tiempo que no nos veíamos."
-"No tengo intenciones de hablar sobre Antoine."- Se puso de pie inmediatamente, caminando hacia una muy vieja estufa de carbón para comenzar a batallar contra ella con el fin de encenderla.
Pasaron muchos minutos en silencio.
-"Yo no pregunté por él."
-"Pero pensabas hacerlo ¿no?"
Milo calló por unos instantes. Sabía que Camus tenía razón.
-"Sí. Pero podemos hablar sobre muchas otras cosas. ¿Sabes? Dejamos a Scarlet en Milos. Hubiese sido tonto traerla. Ya está muy viejita y de haberla traído hubiera muerto antes de cruzar los Urales."- Vio a la estufa finalmente encenderse. –"Te manda saludos."
-"Sigues siendo igual de hablador que antes."- Colocó una tetera en la estufa. –"Y lo peor es que hablas de las mismas tonterías."
-"Hablo de tonterías porque te gusta escucharlas ¿no?"
-"Eso es algo que no me atreveré a negar."- Se sentó de nuevo frente a Milo. –"¿Me tienes noticias de Atenas?"
-"Veamos… Aldebarán ya es el Santo de Tauro y ha regresado al Santuario. No sé qué pasó con Jothan. Tampoco es que me haya importado demasiado, claro. Shaka ya tiene la Armadura de Virgo, pero aún no regresa a Atenas. Death Mask, Shura y Afrodita siguen igual de siempre. Saga tampoco ha cambiado mucho. Mü de Aries no tiene planes de regresar a Atenas. Dice que tiene demasiado trabajo reparando Armaduras. Sí… creo que eso es todo."
-"Yo creo que faltaste de informarme sobre alguien más."- Milo asintió con una mueca de enojo.
-"Aioria de Leo. Ese es su nombre ahora."
-"No parece darte mucho gusto su ascenso."
-"Sabes que no me simpatiza."
-"Sabía que te era indiferente, no más."
-"Se ha vuelto insoportable. Se pasea por el Santuario molestando a las aprendices de Koree y desobedeciendo las órdenes. Solamente hace lo que debe cuando el mismo Patriarca se lo ordena. Ni siquiera porta su Armadura."
-"¿Has notado que yo tampoco lo hago?"
Hubo una pausa en la que Milo notó por primera vez la liviana camisa de manga corta que cubría a su amigo.
-"A decir verdad: no."
-"Eres imposible."- Camus suspiró. –"Esperaba que me dijeras algo al respecto."
-"Bueno… no sé. Con carta y todo para mí sigues siendo Ankou ¿sabes? Creo que no cambiaré de opinión hasta que te vea con tu Armadura."
-"¿Te gustaría verla?"
Milo sonrió.
-"¿Tú qué crees?"- Camus se levantó y salió de la cocina para regresar unos segundos después con una enorme caja de oro entre sus brazos. Colocó la caja sobre el piso y la abrió, mostrando la figura de la Armadura. Para ese entonces, Milo ya estaba de pie y mirándola fijamente. -"¿Es cierto lo que dicen? ¿Que no pesa tanto como parece?"
-"Es cierto."
-"¿Y por qué no la usas?"
-"Porque aquí no tengo a quién presumírsela."
-"Pues ya estoy aquí. ¿Qué esperas? ¡Presúmeme!"- Camus obedeció sin problemas, tomándose su tiempo para ponerse cada pieza de la Armadura. Terminó con el casco. –"Te queda bien. Aunque ese casco… no sé. Te hace ver orejón."
-"Sí. Pero al menos éste sí me salvará de un golpe, no como el de Escorpio."
-"Aye."- Milo recargó su cuerpo en la mesa sin dejar de mirar al nuevo al Santo de Acuario. –"Espera a que Aioria te vea… tú le enseñarás lo que es ser un Caballero con categoría."
-"No digas esas cosas. Sabes que tiene sus razones para ser como es."
-"Sus razones lo justifican, pero no lo disculpan."- Su tono se endureció. –"Pero tienes razón. No perderé mis palabras hablando de la gata dorada."
Camus caminó hacia la estufa y, sin esperar a que el agua hirviera, preparó dos tazas de café.
-"Milo…"- Comenzó a hablar dejando una de las tazas frente al aprendiz. –"No esperes que sea altruista contigo durante la pelea."
-"No lo esperaba, Ankou. No te preocupes. No necesitaré que lo seas."
-"Eso lo veremos."
Entre el ligero vapor de sus bebidas, el Santo y el aprendiz siguieron hablando de nada en especial hasta que se hizo de día. Fuera de la cabaña, el aire seguía soplando con fuerza.
El Sol aún no tenía intenciones de salir.
Comentario de la Autora: Primero lo primero...
"Kalinihta": 'buenas noches' en griego
"Dóite, agus loisceadh ort!": algo así como 'quémate y carbonízate'... eh... este no sé si es escocés gaélico... pero es gaélico XD así que lo usé.
"Ê ou soi dokei": maomenos '¿qué? ¿no parece?' en griego antiguo.
Ahora... sobre este capítulo... Ewan definitivamente siente rencor hacia lo ocurrido con Argenis, pero no creo que desee que la amistad de Milo y Camus desaparezca (aunque seamos honestos... para que eso ocurriera no necesitarían ayuda de él XD). Pero bueno... en realidad ni yo misma conozco los motivos de los personajes, ni siquiera los de Ewan (cosa rara... .. considerando que... ya saben... yo lo creé). Vaya... de este capie no tengo más comentario. Creo que las respuestas de muchos de ustedes se resolverán en el siguiente capie (la pelea) así que ahorraré mis comentarios hasta entonces.
Sin más por ahora me despido. ¡DOMO ARIGATOOOOOOOOOOOOU!
