CAPÍTULO 28 VIVIR DE TU SONRISA

Definitivamente había muerto y estaba en el cielo.

Era consciente de que la claridad me estaba dando de lleno en todo mi careto y de que se me había dormido el brazo izquierdo haciendo que un molesto hormigueo asaltara mi extremidad…pero por nada del mundo iba a moverme justo ahora. Gracias a los cielos me había despertado yo antes que Bella; creo que me habría muerto de vergüenza si ella hubiera abierto los ojos antes que yo porque el simple hecho de imaginarme a mí mismo con la babilla colgando por la comisura de mi labio y con cara de gilipollas mañanero me daba un poco de repelús. Por no hablar del aliento, claro…

Afortunadamente para mí no había pasado nada de eso.

Cuando anoche me preguntó si podía dormir con ella casi me caigo de la jodida cama. Es decir, eso era algo con lo que llevaba bastante tiempo soñando, era como mi jodida utopía, ese "ni de coña" en mi vida….peeeeero, habíamos tenido que acabar jodidamente puteados para que se obrara el milagro. ¡Bien por mí!

Como decía mi hermosa madre, no hay mal que por bien no venga…ni mal que dure cien años. Viva el refranero, joder.

Así que anoche, tras la pregunta del millón, asentí con cara de idiota (menos mal que la cara de obseso la dejé fuera de servicio) y saboree esos segundos en los que ella se levantó y caminó hacia mí. Con cara de cansancio, ojeras, pelo revuelto y con ropa tres tallas más grandes que la suya…y aún así para mí era toda una visión. Tampoco hubo miradas sensuales ni caricias bajo las sábanas….Se limitó a echarse a mi lado acurrucándose contra mí.

Y eso, contra todo pronóstico, eso me bastó.

El no tan simple hecho de su cuerpo contra mi pecho carente de señales sexuales fue suficiente para calmarme. El olor de nuestro champú básico se unía a su propia esencia creando un olor único y maravilloso. Sí, sí, sí…empezaba a pensar como un jodido mariquita, pero no lo podía evitar. Me daban unas ganas terribles de acariciar su piel y su pelo….pero, lo juro por mis jodidos últimos cigarros, no hice nada de eso. Me limité a mirar, sólo mirar. Sí, como un puto niño bueno. Lo único que me faltaba es que Bella me arrease una patada en los huevos por toquetearla inocentemente sin su permiso. Sería muy vergonzoso pedirle a la doctora Hale que me curara un hematoma de cojones. Y nunca mejor dicho.

Con todo el dolor de mi corazón me levanté antes de que mi poli abriera sus ojitos.

No había otro lugar en el mundo donde me encontrara mejor, pero si no me levantaba seguramente tendría que lidiar con un dolor de cabeza de la hostia. Estos horarios acabarían conmigo; eran más de las tres de la tarde y aún no me había tomado mi ansiada taza de café. Dormir de día y vivir de noche no era la mejor opción, a no ser que estuvieras de after hours. Y definitivamente lo nuestro no se podía calificar como tal. Aún así, mi cara de felicidad no podía borrarse. Me levanté con el pelo revuelto y con la ropa tan arrugada como un acordeón, pero no me molesté en cuidar mi imagen en lo más mínimo porque mi sonrisa de oreja a oreja se llevaba toda la atención de mi ser. Me limité a echarme agua fría en la cara para terminar de espabilarme y salí a pasearme por la primera planta. En mi mente solo podía visualizar un café solo, pero los ruidos de la planta baja me hicieron ir hasta el garaje. Ya podía oír las herramientas y los golpes de Black arreglando vete tú a saber qué.

Al tipo no se le alteraban los nervios ni con una jodida bomba. Ni con dos, por supuesto.

La curiosidad pudo con las ansias de cafeína. Nota mental, coger varios botes de café en el supermercado por si acaso. Ehhh, y tabaco. Sí, más tabaco…Black estaba acabando con todas las jodidas existencias.

—Vaya, vaya…pero si Romeo ya se ha despertado…¿Has dormido bien con tu Julieta? — me preguntó batiendo las pestañas.

—Black, llevo dos semanas dándote una hostia…y prometo que al final te la voy a dar — el tipo se carcajeó en mi cara. Le ofrecí mi dedo medio con todo el cariño del mundo.

—Sí, sí…lo que digas…pero estabais muy monos los dos dormiditos juntos…—dijo mientras apretaba una de las ruedas con la bota para comprobar el aire—. Si hubiera tenido algún móvil a mano os habría hecho una foto. Lástima que las nuevas tecnologías se hayan ido a la mierda — rodé los ojos.

—Déjalo ya, ¿quieres? — suspiré e intenté cambiar de tema —. ¿Se puede saber qué demonios le estás haciendo ahora a mi camioneta?

—Tenemos planes para salir en breve —se encogió de hombros —. De hecho, apostaría lo que quieras a que la jefa tiene intención de salir mañana o pasado…así que estoy poniendo a punto este trasto de mierda. No pienso arriesgarme la próxima vez, no quiero tener que volver a hacer lo del otro día…—tragué en seco. Mierda. Había estado tan centrado en mi propio dolor que no me había parado a pensar en lo que pudo sentir Black al acabar con Mike moribundo.

—Cada vez que salimos es un riesgo que asumimos, tío…Es eso o morir aquí dentro de hambre o frío.

—Por supuesto, es mejor morir luchando como héroes, ¿no crees? — asentí.

—Dime, ¿qué has pensado para mi trasto? — pregunté señalando al vehículo. Me hizo un gesto con las manos para que le siguiera.

—Mira, he reforzado el parachoques — silbé ante el buen trabajo que había hecho el preso —. Con un par de barras de hierro bien soldado creo que será suficiente en caso de que tengamos que arroyar con todo lo duro a esas cosas — puse cara de asco. Ugh, menos mal que aún no había desayunado…—. Pienso dejar las protecciones de las ventanillas como están, no quiero sellarlas del todo por si tenemos que asomar el cañón de alguna pistola por ellas.

—No se te escapa una, ¿eh? — me dedicó una sonrisa de las suyas.

—Eso intento. Estoy…digamos que estoy entusiasmado. No veo la hora de conducir un furgón policial. Por primera vez estaré en la parte delantera — sonreí.

—Como siempre, buscando el lado bueno de las cosas.

—¿Y qué quieres que haga? No nos queda otra opción — se encogió de hombros de nuevo—. Por cierto, hay que decirle a tu poli que tenemos que encontrar bidones, garrafas…lo que sea para almacenar algo de gasolina extra. Vamos a robar un poco de oro líquido….

—La poli ya está aquí — los dos miramos hacia las escaleras. Bella ya se había despertado y al parecer venía con las pilas puestas. A parte de venir jodidamente sexy; se había cambiado de camiseta, ahora llevaba la suya blanca de tirantes dándome una buena vista de su generoso…torso. Sí, torso. Dejémoslo ahí. Terminó de bajar las escaleras y, al pasar por mi lado, me dedicó una sonrisa. Oh yeah, vas bien, campeón —. Si estás hablando sobre nuestra salida creo que es hora de reunirnos con los demás. Están arriba esperando.

Black asintió entusiasmado. Se limpió las manos grasientas en un trapo aún más grasiento y caminó escaleras arriba. Iba a seguir el camino del preso, pero Bella me cogió del brazo.

—¿Hace mucho que te has levantado? — me quedé embobado el movimiento de sus labios al hablar y…—. ¿Edward?

—Eh…sí, digo…no. No, hace unos minutos. ¿Por qué?

—Por nada —se miró los pies —, sólo, gracias por aguantar anoche mi rabieta —me miró y sonrió de lado —, además, no ha sido tan desagradable dormir contigo— me codeó el estómago. A pesar de que pegó fuerte, sonreí.

—Podría ser mucho más agradable si me dejaras —ops. Su mirada me indicó que hablé en alto. Puta bocaza mental que no se podía estar callada…Esperé su contestación en forma de patada centrada en el medio campo…pero nunca llegó. Se limitó a negar con la cabeza.

—Anda, vamos arriba…

Más contento que unas castañuelas en la feria de Abril seguí a la jefa hasta el piso de arriba. En la sala, como ya venía siendo costumbre, estaban preparados todos los miembros del grupo para otra reunión extraordinaria. Incluso estaba James. Seguía tan jodido como hace unas horas, pero al menos tenía algo de color en la cara.

Todos miraron con cara de miedo a Bella.

—Supongo que os imagináis el motivo de esta nueva reunión — murmuró la jefa.

—Hay que salir de nuevo — afirmó Seth con templanza.

—Así es. Con la nueva información que nos proporcionó James y con los contratiempos que tenemos y que vamos a tener…creemos completamente necesaria una nueva salida. Estamos ya a mediados de septiembre, si el virus muta y la cosa se pone peor estaremos bien jodidos y en mitad del otoño. Y el otoño puede ser igual de jodido que el invierno si la época de lluvias viene fuerte. Hay que salir ahora como sea — todos asintieron.

—¿A dónde? ¿Muy lejos? — preguntó Alice con cara de miedo.

—No, vamos a intentar ir a un supermercado cercano. Apenas serán unas manzanas de aquí — intenté tranquilizarla pero ella solo buscó la mirada de Jasper. Este intentó despistarla cogiendo a Maddie de sus brazos.

—Supongo que os guiaréis por el mapa del ejército, ¿no? — preguntó James.

—Sí…la zona hace un par de semanas era concurrida — murmuró Bella —, aunque en vuestro mapa no está en zona de peligro. Creo que nos manejaremos bien.

—Jasper, ¿vas a salir tú? — le preguntó Alice ignorando a Bella.

—Has llegado al tema que quería tocar — contestó la poli en su lugar —. Necesito saber quién está dispuesto a salir ahí fuera conmigo. A parte de ir a por comida y provisiones varias vamos a tomar prestado un coche con más capacidad. Eso, inevitablemente, requiere más manos.

—Oh, por favor…¿crees que te dejaría ahí fuera sola? Ni lo pienses — espeté —. Yo voy donde tu vayas, nena — como premio a mi valentía me regaló una sonrisa.

—Me parece perfecto — miró al resto esperando más voluntarios.

—A mi no me jodáis, el coche policial es solo mío. Quien ose tocarlo antes que yo ya puede ir despidiéndose de una mano — espetó Black. Mientras tanto, Jasper le devolvió el bebé a Alice.

—Yo ya estoy bien. Estoy harto de ser inservible, así que voy con vosotros — Alice lo miró enfadada. En ese momento Maddie se puso a llorar como si presintiera las malas vibraciones de su cuidadora. Salió de la sala sin dirigir una palabra a nadie. Furia femenina a la vista…

—Bueno…no me cuesta reconocer que estoy cagado de miedo —Emmett se levantó —, pero ya es hora de moverse. Yo también me uno.

—¡Maldita sea! Me estoy perdiendo toda la diversión. Esperad a que mi pierna se cure, os juro que la próxima vez que tengamos que salir seré el primero de la lista. Montaremos una juerga ahí fuera que se van a cagar los infectados — dijo Garrett.

—Tranquilo, campeón….esta tarde te revisaré la herida. Si te portas bien puede que incluso camines sin ayuda — la doctora miró a todos deteniéndose unos segundos de más en Emmett —. Espero que planeéis bien esta nueva excursión. No me gustaría tener que volver a recomponer a nadie, ¿entendido?

Después de la reunión intentamos hacer vida más o menos normal, pero el grupo quedo levemente dividido. Los que íbamos a salir y los que se iban a quedar.

He de decir que Rosalie, Alice y Seth no estaban muy contentos con nuestra nueva y necesaria partida. Pero, ¿qué podíamos hacer? Si por nosotros fuera le daban mucho por el culo al supermercado, a la gasolina y a todo lo demás, pero teníamos que salir. A mí tampoco me hacía ni puta gracia ver a Bella envuelta en kevlar y protecciones varias para salir al inframundo. No era ni pizca de gracioso, como tampoco lo era el hormigueo de mi estómago al imaginármela rodeada de esas cosas de ahí fuera. Pero era nuestro deber por el bien de la supervivencia.

Esto era cada día más difícil. Los lazos entre nosotros eran cada vez más fuertes y lo serían aún más con el paso de los días.

Planeamos la salida para la mañana siguiente, cuanto antes mejor.

En un principio no nos pusimos de acuerdo con la hora de salir. ¿Acaso podría cambiar en algo la hora? El tiempo ahí fuera parecía haberse detenido, ¿qué más daba salir a las ocho de la mañana o a las tres de la tarde? Finalmente decidimos salir a las diez, ni cerca del desayuno ni después de comer para evitar accidentes intestinales, dicho de manera fina. Visualizamos el mapa hasta memorizarlo aprendiéndonos cada rincón y cada esquina de las calles que nos rodeaban. Juro que podría adivinar dónde habría una jodida mierda de perro, si es que quedaban perros para cagarse en medio de la calle, claro.

Emmett y Jasper ya se habían ido a dormir con el resto del grupo, salvo por Seth y Félix. A Emmett no le había hecho ninguna gracia que su hermanito hiciera la guardia nocturna con el gigante de nuestro compañero, pero el pequeño no tan pequeño se puso a la defensiva diciendo, y con toda la razón, que a él tampoco le gustaba que saliera a la calle en estas condiciones. Emmett, como era de esperar, tuvo que darse un punto en la boca y callarse. Además, Seth había demostrado ser un chaval con una buena dosis de inteligencia en esa cabeza suya. Sin duda, todos tendríamos que aprender un poco de la templanza del adolescente.

Esa noche, antes de acostarnos a una hora prudencial, Bella habló con la gente de Alaska mientras Black y yo nos fumábamos unos cigarros en el garaje. Nuestros vecinos a distancia también se estaban preparando para una excursión a Jeuneau. Pero entre ellos y nosotros había una gran diferencia; los niveles de población de ambas ciudades eran drásticamente distintos. Nosotros nos encontraríamos con muchísimos más obstáculos y con unos cuantos miles más de infectados. Inconvenientes de vivir en una gran ciudad. Maldita superpoblación de los cojones.

—La noche está fresca y nublada — murmuró Black mientras mirábamos el cielo a través de los tragaluces del garaje. De fondo teníamos una banda sonora de gemidos infrahumanos, qué jodidamente tierno.

—Y a partir de ahora es lo que va a tocar — contesté.

—Mierda, creo que hasta huele a mojado…esperemos que no llueva.

—Pues sí — dije aspirando el humo de mi cigarro —, sería un poquito asqueroso ver a esas cosas chorreando agua. ¿Te lo imaginas?

—¡Caldo de zombie!

—¡Qué asco! — ambos nos reímos como dos idiotas.

—¿Hablando de comidas exóticas? — preguntó Bella con un tono divertido a nuestras espaldas. Al momento nos pusimos serios, sobre todo cuando vimos la bolsa de deportes que contenía las armas.

—Algo así — murmuré —. ¿Qué te han dicho nuestros amigos de Alaska? — Bella alzó una ceja mientras empezaba a sacar armas. Madre del amor hermoso, la mesa de trabajo del garaje parecía la de un traficante de armas en toda regla.

—Nos ha costado conseguir buena señal, Quil está hasta los cojones de mí….creo que el tiempo está un poco revuelto…Están bien, ellos irán al pueblo la semana que viene. Allí ya hace un frío de la hostia, las noches deben de ser mortales sin un foco de calor en el que refugiarse.

Black y yo observamos detenidamente mientras Bella revisaba una y otra vez todas y cada una de las armas. Lo hacía con cuidado pero con decisión. Oh, Dios…esta mujer acabaría matándome.

—No hay nada más sexy que una mujer usando una pistola — el preso sonrió como un capullo mirándome directamente a mí.

—Black…dos semanas, la hostia…¿recuerdas? — me sonrió irónicamente.

—Por supuesto que lo recuerdo, Romeo…—gracias a los cielos, Bella nos estaba ignorando deliberadamente.

—¿Tenemos munición suficiente? —asintió a mi pregunta.

—De momento tenemos cargadores para todas las armas, de todos modos no le haría ascos a un poco más de plomo. Emmett, Jasper y tú llevareis las pistolas y el revólver, aunque no estoy muy segura de armar a Emmett…el hombre aún está un poco acojonado. Black y yo llevaremos los fusiles.

—La mía es más grande que la tuya — bromeó Black. Le miré de reojo.

—La tuya será más grande, campeón…pero yo llevo la artillería pesada — Bella sonrió como una auténtica perra mala al sacar dos granadas de mano. La hostia puta, eso sí que era un regalo de los buenos aunque acojonaba bastante visto de cerca.

—¡No me jodas!

—Por supuesto que jodo — ironizó Bella.

—¿De dónde las sacasteis? Porque no creo que tengáis cositas de estas en una comisaría — dije mirando de lejos el cacharro.

—Mafia rusa, con eso te lo resumo todo — se encogió de hombros mientras las guardaba en un lugar seguro —, aunque espero que no tengamos que usarlas. Eso sería señal de que estamos bien jodidos. ¿Encontrasteis las garrafas?

—Sí —Black se levantó y señaló las garrafas que ya habíamos guardado en la parte trasera enjaulada de la Chevy —. Hemos encontrado tres garrafas de diez litros y dos de cinco. No es mucho, pero eso es mejor que nada. Por cierto, a la lista de cositas por robar, digo…tomar prestadas, añadiría carbón de estufa. Y antes de que me miréis mal, creo que será bueno tenerlo por si acaso esas lindas plaquitas solares que hay en el techo se jodieran por alguna razón…

—Con el paso de los días me he dado cuenta que es mejor hacerte caso.

—Siempre tengo razón, apagafuegos.

Los tres nos quedamos en silencio observando la mesa llena de armas, de cascos de bomberos y de chalecos antibalas. Por último, añadí a la colección de armas mi hacha de trabajo. Era increíble. Nos habíamos convertido en algo así como un grupo de élite, pero a la fuerza y sin la preparación necesaria. ¿Nuestros enemigos a batir? Seres casi invencibles creados por el ansia de poder de unos cuantos humanos gilipollas.

No acabarían con nosotros tan fácilmente, no lo permitiríamos.

—Creo que es hora de ir a dormir — murmuro Black. Tiró lo que quedaba de su cigarro al suelo y lo pisoteó con las pesadas botas protectoras.

—El tío tiene razón — susurré mientras sus pesados pasos resonaban en el silencio de la noche —. ¿Vamos? — Bella asintió.

—Vamos. Hoy vuelves a dormir conmigo. O yo contigo…

—El orden de los factores no altera el producto — dije con una sonrisa.

—No te pases de listo, fireman — subimos lentamente la escalera —, necesito estar despejada para mañana…y por alguna loca razón que no llego a comprender contigo duermo mejor.

—Eres única subiendo mi ego en los peores momentos, te lo prometo…

Como respuesta, otra sonrisa.

Sin duda, uno de mis mejores días…

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La pierna había dejado de doler.

El vendaje que se había hecho con harapos de su traje de camuflaje había pasado de verde oscuro a un color pardo intenso por la hemorragia que había sufrido durante horas. Finalmente había dejado de sangrar. Y de doler. No sabía si eso era bueno o malo. Seguramente era malo pero, joder, ¿quién coño iba a salir de aquí con vida?

Moriría matando, esa era una de las reglas básicas de supervivencia.

Había pensado que era invencible, pero no lo era. No. Era simplemente un ser humano con una especie de locura transitoria que se había dejado llevar por ella en los últimos días. Decidió que estaba mucho mejor cuando la demencia embargaba su cabeza.

Como fuera.

Sus ojos habían fijado un objetivo y ese era la puta policía que había destrozado su pierna. Jodida mujer… La bala estaba dentro, una infección no tardaría mucho en llegar si es que no se estaba ya comiendo el tejido muscular. Tampoco había comido en condiciones…Mierda, no sabía cuánto tiempo exactamente se había pasado en ese estado de semi inconsciencia, pero las cosas en la estación de bomberos seguían exactamente igual en el exterior.

Pero no en el interior.

La mañana dio su bienvenida con el cielo completamente encapotado. El color gris se cernía sobre su cuerpo como un breve recordatorio de su posición desaventajada. Una sirena que parecía remota hizo que despertara de su sueño inducido por la pérdida de sangre y la debilidad. No era cualquier sirena; había oído ese ruido infernal hace días, justo cuando esos cabrones aún humanos habían salido de su jodido refugio.

Sí…iban a salir…

Era hora de despertar al cazador para preparar su subfusil…


¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Cómo veis la evolución de la poli y el fireman? ¿Y el cazador?

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

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Muchas gracias por seguir ahí leyendo =) Nos leemos en un par de semanas! Un besote!