Algunos de los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer!
El capítulo de hoy de lo dedico a MiiRiiaM Cullen porque ha sido una de mis seguidoras más fieles. GRACIAS A TODAS POR EL APOYO, ya tengo preparada otra historia y otra en mente!
Besos! Dejad reviews please!
CAPÍTULO 25: "VUELTA A FORKS"
"Por favor, estate quieta Bella, dame esas maletas ahora mismo." – me riñó Edward.
"Me tratas como si fuera mi hermana Michelle, dame, puedo con ellas Edward." – me defendí.
"Calla boba."- me besó con fuerza mientras yo me trataba de escapar de su beso con todas mis fuerzas.
"Mmm eres insoportable ¡eh!"- le dije entre besos.
Me agarró la bolsa y la maleta de ruedas rosa que llevaba en la mano. Siempre se salía con la suya, y desde mis hospitalizaciones múltiples, no me dejaba coger ni un solo gramo de peso. ¡Ni que me fuese a herniar!
Estábamos en el aeropuerto de Nueva York esperando nuestro vuelo de regreso a Forks. Aun no era tiempo de volver, al menos faltaban un par de semanas para que Alice se pusiese de parto, pero debido a lo peligrosa que se había puesto la ciudad para mí, mi padre y Edward decidieron volver a encerrarme en mi habitación de Forks bajo llave.
El doctor Schubert traspasó mi expediente del hospital a mi doctor de cabecera y suegro Carlisle Cullen. Lo tenían más que pensado, no me dejarían ni ir sola al baño hasta que se solucionase el tema de Tanya, nombre que era tabú siempre que yo merodeaba cerca.
Pero a mí no era Tanya lo que realmente me preocupaba. Lo que no podía soportar es sentirme tan vacía, tenía mucho miedo porque tal vez existía una posibilidad de que no pudiese tener mis propios hijos. Trataba de no pensar en ello. Pero a veces miraba a Edward en silencio y me imaginaba como sería tener sus hijos en mi vientre, y cómo serían al nacer. Además el próximo nacimiento de mi sobrina no contribuía demasiado a olvidarme de algo así.
"Maldita sea."- protestó Edward mirando la gigantesca pantalla de los horarios de los vuelos. "Nuestro vuelo se ha retrasado una hora"
"Oh, otra hora más aquí…."- dije resignada mirando las incómodas sillas duras sobre las que reposábamos.
Di varios pequeños paseos por la terminal, y digo pequeños porque Edward no me dejaba alejarme de él más de cinco pasos sin regañarme como si tuviese seis años. Aquello me recordó que muy pronto sería mi cumpleaños, con todo este jaleo, ni si quiera me acordaba que me quedaban cuatro días para cumplir los diecinueve y aún no había buscado el regalo perfecto para mi hermano Simon.
"¿En qué piensas amor?"– me preguntó mi ángel.
"En mi cumpleaños, más bien, en que le regalaré a mi hermano gemelo."- le dije encogiéndome de hombros.
"Oh, claro. Pero nadie le conoce mejor que tú, seguramente aciertes."
¿Me ayudarás de todos modos?- le dije poniendo cara de cachorrito.
¡Claro que sí boba!- dijo besándome tiernamente la frente.
Cuando por fin aterrizamos en Seattle Esme y Carlisle estaban esperándonos en la terminal, para llevarnos a Forks. El reencuentro con mis suegros fue bastante emotivo, tanto que me olvidé por completo la herida del costado de mi estómago y en el gran abrazo que le di a Carlisle, una gran punzada de dolor recorrió mi cuerpo.
Cuando llegamos a Forks su humedad azotó mi cara, me sentí en casa. Iba a extrañar Nueva York, pero también echaba de menos mi pequeño pueblo, los recuerdos compartidos con mi familia, mis amigos, y mi novio.
El coche de policía de mi padre estaba aparcado en el porche, imagino que esperaba mi llegada y estaba de servicio, así que me apresuré a entrar en casa mientras Edward cargaba con mis maletas.
No me había llevado llaves la última vez que salí de Forks, así que llame al timbre repetidas veces, aun sabiendo que a la primera vez ya me habrían oído.
Mi hermana Mar abrió la puerta, dejando atrás a mi hermano Simon mientras se empujaban levemente a trompicones para cruzar el umbral.
¡Bells!- exclamó mi hermana con su inmensa sonrisa.
¡Ven aquí enana!- dije mientras extendí mis brazos.
Su abrazo fue fuerte, más fuerte de lo habitual en ella, ya que mi hermana menor solía ser muy delicada, y muy tierna a la hora de ser afectuosa con su familia.
"¿Estás más alta?- la pregunté atónita. ¡No puede ser! Será de tanto ponerte de puntillas para besar a Emmet eh!"- la dije propinándola un pequeño codazo. Pronto noté como alguien nos estrechaba a las dos juntas, mi hermano Simon.
"Bueno, bueno, no usurpéis a Bella, dejad que de un gran meso a mi hijita." – dijo mi padre detrás de mis hermanos.
"¡Papá!"- grité con la lágrima ya colgando. Mi padre me abrazó como cuando era pequeña, elevándome en brazos, pero con mucho tacto me volvió a dejar en el suelo. "¿Te duele mucho cariño?"- preguntó señalando a la parte de mi estómago donde estaba la herida aun reciente.
"Tranquilo." – dije esbozando una sonrisa.
"Pasa cielo, vamos a dejar tus maletas en casa."- dijo mi padre cogiendo mis maletas de suelo.
"Charlie." – interrumpió Edward. Verás.- titubeo. "Mis padres y yo, habíamos pensado en que Bella podría permanecer en mi casa si no te importa. Nos hemos acostumbrado a vivir juntos, y la echaría mucho de menos. Prometo traerla todos los días a comer con vosotros."- suplicó Edward.
"Sí Charlie, así podré examinar su herida a diario." – repuso mi suegro.
Vi la cara de mi padre dudar unos minutos. Y poco a poco depositó las maletas en el suelo.
"A las 13.00 en casa señorita."- dijo esbozándome una sonrisa. Me alegré pero en seguida me sentí mal por mi padre. Mis hermanos seguramente vendrían a dormir a casa de los Cullen en muchas ocasiones. Menos mal que Michelle no le dejaría solo.
"Un segundo." – caí en la cuenta. "¿Dónde está esa pequeña granuja de medio metro?"- dije extrañada de no ver a mi hermana. Pronto escuché una risa nerviosa que procedía de detrás de los árboles de mi jardín. "Papá, ¿no me digas que no está?, vaya tendré que irme sin saludarla…- dije a sabiendas que me estaba escuchando. Ni terminé de darme la vuelta cuando mi hermanita menor se aproximó corriendo hacia mí y de un saltito se subió en mis brazos.
"¡Cacahuete!, ¡lo que pesas!, por lo que veo papá no os está matando de hambre." –Dije risueña. Pero otra punzada de dolor recorrió mis terminaciones nerviosas. La ignoré y dejé a mi hermanita en el suelo. "Te he echado de menos ratita."- la dije acariciándola su precioso pelo rubio.
"Y yo a ti."- sonrió ella. Pero su semblante cambió dirigiendo su mirada horrorizada hacia mi estómago. "¿Qué ocurre cariño?"- miré hacia dónde la vista de mi hermanita se dirigía. Un gran manchón de sangre cubría mi ceñida camiseta blanca.
"Bella, tienes sangre."- me dijo horrorizada. Mi padre se encogió, y Edward le susurró algo a Carlisle demasiado bajito como para escucharle.
"Tranquila mi amor"- la dije calmándola. "Es una herida muy tonta, tu hermana es muy torpe ya lo sabes, me caí pero ya se está curando cielo."- la dije esperando que se tragase el cuento.
"Torpe como Papá." – un tropel de carcajadas sonó de fondo.
Cuando mi hermana pasó a casa junto con mis hermanos y ya no estaba cerca, mi padre se aproximó a Carlisle y yo decidí unirme a ellos. Estaban apoyados en el coche de los Cullen.
"Bella, probablemente se te hayan abierto los puntos. Vamos a casa, te los curaré." – dijo Carlisle.
Después de despedirme de mi padre, al menos por unas horas, volví a meterme en el coche en dirección a casa de los Cullen. Alice y Emmet estaban esperándonos fuera, apenas pude abrazarles por la estúpida herida abierta de nuevo, así que me limité a rodearlos levemente con mis brazos.
Carlisle me apoyó sobre una camilla de la que disponían en una pequeña habitación similar a un cuarto de baño, más que a una sala de curas, pero al menos no transmitía esa horrible sensación de soledad que me transmiten los hospitales.
No noté demasiado dolor, solo escocía un poco al tener la piel algo sensible en la zona.
"Ya está."- dijo el doctor recogiendo un pequeño algodón y una gasa empapadas en sangre. "Deberás estarte quieta unos días, no hagas demasiados esfuerzos Bella, si no se volverán a saltar."
"Gracias Carlisle."- me limité a contestarle.
Dejé mis cosas en el cuarto de Alice, y me dirigí a la habitación de Edward.
Reposaba sobre su almohadón mirando al techo con la mirada perdida, escuchando música a un volumen casi imperceptible. Ni si quiera se percató de mi presencia.
"¡Eh! soñador, ¿Qué ocurre?"- le pregunté desconcertada sacándole de sus pensamientos y obligándole a posar su mirada azul en mí.
"Hola rubita." – dijo incorporándose en su cama. Me senté a su lado y apoyé mi cabeza sobre su pecho, y comenzó a acariciarme el pelo con ternura.
"¿Qué te ocurre? Estas como ausente."- le dije tratando de esconder mi preocupación.
"Nada Bells, es sólo que siento mucho que tengas que pasar por todo esto. Me fastidia tener que volver por algo así. No es que no echase de menos Forks y todo lo que supone, pero…"
"Lo sé"- le corté. "Yo también lo siento. Echo de menos Nueva York, los dos juntos."- le dije apenada.
"Muy pronto pasará amor."- dijo acunando mi rostro con sus suaves manos. "Siempre voy a estar aquí contigo"
Estábamos a punto de besarnos, cuando nuestros dichosos móviles sonaron al tiempo, oí a Edward gruñir con ganas y levantarse a por su teléfono, mi móvil sin embargo, estaba en el bolsillo de mis jeans.
El jueves que viene fiesta de reencuentro. No faltéis, a las 23.00 en mi casa. ¡Traed comida! Jacob.
"Chicos".- voceó Esme desde el comedor. ¡Bajad a comer algo!
Esme nos tenía preparado algo de pasta a la boloñesa. Aunque no tenía mucho apetito, Esme cocinaba tan bien que me tomé el plato entero. Cuando terminamos de cenar, ayudé a Esme a lavar los platos, y conversamos un rato antes de subir a dormir.
Estaba realmente cansada ya que desde que me enteré de los daños en mi útero no podía dormir por las noches.
"Bells, no tiene porque pasar nada, seguramente todo quede en un susto, no lo pienses pequeña, tienes que dormir." – me calmó Alice.
"Lo intentaré. ¿Cómo va la pequeña, se mueve mucho?"- la pregunté girándome hacía el lado de su cama para poder verla mejor. Comprobé que su barriga había crecido aún más desde que vino a Nueva York.
"Sí, está algo inquieta estos días." – dijo acariciándose suavemente la barriga.
Esa noche misteriosamente, no tarde demasiado en dormirme, plácidamente y sintiéndome más segura de lo que me había sentido en mucho tiempo.
