"Érase una vez una niña determinada"

La velada había terminado ante el insistente sonido del aparato de la científica, la cual se disculpó un tanto nerviosa y comentó que tenía que dirigirse a su laboratorio para repararlo, por lo que el resto se retiraron de igual forma, dejando sola a la anfibia para que descansara igualmente.

Frisk no quiso decir nada en el trayecto en el que Papyrus le estuvo acompañando caminando. Lo vívido que había sido el presenciar a Flowey dentro del sueño le daba mucho por qué pensar. Y muchos de esos pensamientos no eran positivos.

Tenía una idea de lo que pudiera tratarse, pero no lograba formularla por completo ante el leve dolor de cabeza que había vuelto.

-¡ESTÁ NEVANDO!

La humana alzó la vista y contempló como, en efecto, estaba nevando de una forma misteriosa en el pueblo. Aun no comprendía del todo cómo era que pudieran existir variedades de ecosistemas en un solo punto y que fueran tan funcionales. Supuso que sólo le faltaba por saber más cosas o que simplemente se trataba de magia.

-SERÁ MEJOR QUE TE QUEDES EN MI CASA UN RATO HASTA QUE PASE LA NEVADA –Le comentó Papyrus sin opción de negarse –PUEDE SER PELIGROSO CAMINAR ASÍ.

Estando de acuerdo en silencio, aceptó la oferta de su guardaespaldas y se dirigieron a su casa. Estuvieron por un rato esperando a Sans mientras veían la colección de figuras de acción que tenía, pero el mayor seguía sin presentarse.

-DE SEGURO SE VOLVIÓ A QUEDAR EN ESE BAR –Se quejó un tanto molesto –ODIO QUE HAGA ESO.

Frisk no supo qué decirle. Era cierto que se la pasaba mucho tiempo fuera de casa y no entendía del todo a qué se debía.

-YA MERO ES LA HORA DEL CUENTO Y NO VIENE. ES TAN IMPUNTUAL.

La humana se quedó un tanto pensativa. Recordó lo que le había dicho Sans sobre que no podía dormirse sin escuchar un cuento antes, y lo cierto es que ella quería pasar un rato a solas para pensar qué hacer sobre la presencia de Flowey en su recurrente sueño; por lo que terminó recurriendo a la única idea que le llegaba a la mente.

-Me sé… una historia.

-¡UN CUENTO NUEVO!-Se entusiasmó el esqueleto -¿PODRÍAS CONTÁRMELA?

Le era difícil negarse a esos "ojos de cachorrito", a la vez que se preguntaba cómo es que siendo un esqueleto lograba hacer eso. Frisk rio y se acomodó a lado de Papyrus antes de proseguir. Cerró sus ojos profundamente para comenzar a contar.

-Había una vez… una pequeña niña solitaria que vivía en la superficie. –Comenzó a contar en un tono un tanto melodramático –Aunque la ciudad en la que habitaba era sumamente grande, existía un lugar especial para niños solitarios como ella: El Instituto Woolton-Bourne.

Hizo una leve pausa. Hacía mucho que no mencionaba el nombre del lugar, siquiera había pensado en él por mucho tiempo ya y eso la intranquilizaba un poco. Pero se armó de determinación y continuó el relato de su historia, lo cual la adentró tanto que estaba sintiendo como si lo estuviera presentando en ese preciso momento.

Tenía cinco años cuando era completamente consciente de sus recuerdos. Las monjas siempre dividían en grupos de rangos a los niños con el fin de facilitar todas las cosas, y por más que quisieran verse cálidas y santas, lo cierto es que se volvían desagradables a la hora de que calmaban su paciencia, cosa que de cierta manera ella tenía cierta especialidad.

-¡Frisk! –una de las monjas le había llamado la atención –Baja de ahí en ese instante.

Varios niños llegaban ahí al menos con un nombre o un pasado, pero Frisk literalmente era un lienzo en blanco que era difícil de llenar. Las monjas nunca tuvieron intención de ponerle un nombre, pero la habían apodado "Frisk" por lo juguetona y problemática que era. Con el tiempo estuvo tan acostumbrada a esa mención de ella que lo apropió como su nombre… lo único que de cierta manera tenía.

La monja la obligó a bajarse del mueble que con éxito había escalado, aunque con cierta dificultad para sus pequeñas manos, las cuales fueron golpeadas por la señora a modo de castigo por su incoherencia.

-Deja de hacer estas tonterías.

-Yo solo quería ser más alta para que me vean –explicó con bochorno –Tal vez sea por eso que los papás no me llevan… porque no me ven…

Como cada fin de semana, varias familias iban a ver a los niños con intención de adoptarlos. Mientras más joven se era, con más facilidad podrían llevarte dado que los padres siempre tenían preferencia a los más chicos. Y como todos los niños que se encontraban en el orfanato, Frisk ansiaba el tener una familia.

-Deja de hacer tales tonterías y tal vez te consideren –la regañó –Ahora sé una niña normal y ve con el resto.

Acercándose al grupo, era bastante notoria la baja estatura de Frisk en comparación del resto. Pero por más que trataba de ser como los demás… terminaba aburriéndose. No se conformaba con estar quieta y dejar que la observaran como muñeca de aparador. No, a ella le gustaba hacer mucho más, porque siempre encontraba algo nuevo que hacer.

Era una realidad que el carisma de la niña resaltaba entre los otros niños y los padres visitantes siempre la veían ante tal impacto que generaba, sin embargo, nunca terminaban adoptándola. Frisk en un principio no entendía por qué nunca se iba con ellos, pero con el tiempo terminó escuchando con claridad los comentarios que los padres hacían de ella con las monjas o entre ellos.

-¿Es niño o niña?

-¿Acaso no abre los ojos nunca?

-Demasiado asiática.

-Demasiado enana.

-No se distingue qué género es.

Las monjas habían recomendado en un intento de plan afectivo el que se dejara el cabello largo para que reconocieran su género, sin embargo a ella le gustaba su cabello corto, por lo que aprendió por su cuenta a cortárselo como un deje de rebeldía de su parte al no querer cambiar por el simple hecho de ser adoptada. Si una familia querría estar con ella, sería porque la aceptaría tal y como es.

Pese a la corta edad que tenía, sabía la importancia de quererse a sí misma, y aquello la mantuvo determinada en todo su crecimiento.

-¡Apártate, enana!

Un niño más alto que ella le empujó mientras ella había estado caminando con un libro en sus brazos. Dado que era muy pequeña para alcanzar algunos juguetes, el resto de los niños no le dejaban ninguno, por lo que aprendió por su cuenta a amar la lectura (ninguno agarraba los libros) y a desinteresarle por completo los juguetes. Apreciaba las palabras grabadas en las hojas y tenía una excelente comprensión lectora a sus ocho años cumplidos.

-Hola, Viktor.

Frisk ni siquiera tomó mal el empujón que le había dado. Se limitó a recoger su libro pacíficamente y sin expresar emoción alguna. Conforme pasó el tiempo, aprendió a tener control de sus emociones para evitar más conflictos con las monjas, y de ser una niña con excesiva energía pasó a ser un rostro que pocas veces mostraba una expresión.

-¿Crees que alguien querrá adoptar a una enana como tú? –Aquel niño siempre buscaba molestarla por alguna razón desconocida –Nadie querrá adoptar a un bicho raro como tú.

-Supongo entonces que tú tienes mucha mejor suerte que yo –La niña alzó la ceja un tanto indiferente. –Espero que te lleven a ti pronto entonces.

Sabiendo lo que le pasaría a continuación, comenzó a correr lo más fuerte posible, pese a que lo había dicho con sinceridad. Ya otras veces la había humillado y las monjas no hacían nada por remediarlo. Viktor era un niño que, al igual que ella, no se llevaban los padres al considerarlo sumamente problemático. Por lo que los dos de algún modo terminaban siendo de los pocos niños que se quedaban creciendo en el orfanatorio viendo poco a poco cómo se iban el resto.

Frisk entró a un cuarto y se encerró en él para que el niño no le alcanzara. No se había fijado en dónde había entrado hasta que se percató de lo oscuro y polvoriento que estaba. Dejó el libro que había estado cargando consigo en el suelo y se adentró aún más en el lúgubre lugar en el que se había ocultado.

Reconoció que se trataba de la bodega que tenían prohibido entrar. Era el lugar en donde guardaban las cosas restringidas a los niños o donde tenían algunas pertenencias reservadas de los mismos dueños del orfanato. Si la encontraban ahí estaría en serios problemas, pero aquello no le importó del todo al estar sumamente curiosa de lo que se pudiera encontrar.

La mayor parte de las cosas estaban en cajas categorizadas por ropa, juguetes o demás objetos sin ningún valor ni interés para ella, pero más adelante simplemente se encontró con papeles y más papeles que llevaban los registros de los niños que entraban y salían. Algunos tenían la información suficiente para saber de dónde provenían, sus padres o familia biológica, entre otros datos. Frisk ni se preocupó por encontrar el suyo, ya sabía que ella era un simple lienzo en blanco.

Al momento de guardar la caja levantó demasiado polvo en su cara, por lo que hizo un esfuerzo por no estornudar y dar a conocer su ubicación. Retrocedió como pudo de aquella nube de polvo, pero aquello la hizo chocar con un estandarte a punto de caerse por su torpeza.

Lo sujetó justo a tiempo con sus pequeñas manos, pero una caja le dio en la cabeza con la que pudo de algún modo evitar que se callera. Al notar que todo estaba tranquilo, sujetó con cuidado la caja y la puso en el suelo para ver su contenido.

La etiqueta de la caja simplemente decía "A. Bourne", por lo que no le decía nada en concreto aquello, pero en su interior simplemente había más papeles en carpetas clasificadas en términos que ella desconocía, un reloj de bolsillo viejo y un libro muy desgastado al grado de tener varias hojas sueltas cuya carátula rezaba el título "Mt. Ebott". Al abrirlo se sorprendió de ver que era un libro escrito completamente a mano, lo que le indicaba que era más viejo de lo que pensaba. Emocionada y determinada ante ese descubrimiento, prosiguió a leerlo con la poca luz que se dejaba presenciar en el lugar.

La letra sumamente hecha en cursiva le complicaba un poco el entenderlo, pero podía captar las frases: "Dos razas reinaban a la par sobre la superficie", "Gente desaparecida" y "Encerrados". En un principio le parecía un libro de fantasía viejo, pero conforme observaba las páginas comprendió que se trataba de una especie de bitácora de alguien que había estado investigando el monte Ebott al verlo dibujado en más de una ocasión con varias fechas anotadas de lo que parecía ser los días que habían estado revisando aquel lugar.

Lamentablemente no podía captar más la información ante tanto obstáculo que tenía, y era más que evidente que tendría que irse de ahí pronto antes de que la descubrieran en tal lugar, por lo que simplemente acomodó todo y se retiró con sumo cuidado de ahí.

Pero aquello tan sólo había sido el primer detonante de lo que el destino le tenía preparado.

Cuando cumplió once años, sabía de antemano que el tiempo le estaba pisando los talones para ser adoptada. Mientras más grande era uno, menos posibilidades se tenían. De alguna forma buscaba calmarse de aquella ansiedad al ir a contarles cuentos a los más pequeños, pero no llegaba a ser suficiente cuando se percataba de las "extrañas" desapariciones de los niños que llegaban a sus trece años.

Había rumores al respecto, pero Frisk procuraba no darles importancia.

Cuando cumplió doce… sin pensárselo se escapó del orfanato. Había sabido de antemano lo que estaba pasando en aquel lugar, y no iba a esperar a que llegara su turno. No le importó que tuviera que vivir en la calle, era demasiado determinada para seguir adelante y nunca se dio la opción de retroceder.

Por un tiempo de algún modo sobrellevaba el ritmo… hasta que descubrió que la estaban buscando. Por menos de un año supo cómo mantenerse cautelosa, pero finalmente la habían hallado y perseguido por un buen rato al grado de llegar más allá de los límites de la ciudad.

Preocupada de no perderles el rastro nunca, Frisk tomó la decisión de ocultarse en el bosque, pero aquello no había sido suficiente para sus rastreadores, por lo que terminó adentrándose cada vez más hasta perderse ella misma en el lugar.

Acercándose la noche, Frisk se preocupó de no poder salir del bosque, pero tenía más miedo de ser capturada por aquellos sujetos, con lo cual prefirió buscar cómo pudo una cueva en la que podría pasar la noche y seguir la búsqueda de la salida de aquel lugar en cuanto se pusiera el sol. Poco después encontró una con suficiente tamaño y no dudó en ningún instante el llegar a ella.

Pero al no tener casi nada de luz indicándole dónde pisaba, no pudo ver la densa rama que atravesaba el camino…

Y el enorme agujero en el que estaba cayendo…

Y cayendo…

-¿Y QUÉ LE PASÓ A LA NIÑA?

Frisk abrió los ojos un tanto desconcertada. Al adentrarse demasiado en su relato, había olvidado por completo que estaba en la habitación de Papyrus sentada en un borde de su cama. Sacudió un poco su cabeza para acomodar sus pensamientos y le sonrió al esqueleto que estaba atento a todas sus palabras.

-Se topó con los seres más maravillosos de todo el mundo –La humana suspiró con una sonrisa decorando su rostro –Aquellos seres le enseñaron lo que nunca había tenido y que tanto había soñado.

-¿LOGRÓ TENER UNA FAMILIA?

-Sí, una muy amorosa.

-¿Y AMIGOS?

-Los mejores del universo.

-¡WOWIE! –Los ojos de Papyrus estaban lagrimados de la emoción -¡ADORO LOS FINALES FELICES!

Frisk le vio con ternura.

-¿Te parece que ya tuvo su final?

-¿ACASO HAY MÁS?

-Si… pero eso será otro día –Frisk se paró pese al ligero puchero que había mostrado el menor de los esqueletos –Deberías dormir ya o Sans pensará que no soy buena contigo.

-YO SOY QUIEN DEBE CUIDARTE –Bostezó un tanto molesto por su comentario –YO SOY TU GUARDAESPALDAS…

Sin hacer caso a sus protestas, la humana lo tapó aún más y se percató como rápidamente se había quedado dormido. Sorprendida de lo rápido que había caído dormido al terminar su historia, se retiró de su cuarto evitando todo ruido posible. Cerró la puerta con mucho cuidado y se giró lentamente para irse.

Le había gustado de algún modo contar algo sobre ella, aunque no había sido directamente y sin explicar que se trataba de su historia y no de alguien más. Pero aún no se sentía del todo libre para abrirse de esa manera de contar su pasado. No quería darles a los monstruos un feo panorama de lo que era la vida en la superficie.

Por suerte, sólo Papyrus había escuchado su relato y era demasiado inocente para captar de quién se trataba todo en realidad.

O eso creyó en cuanto vio una silueta un tanto siniestra frente a ella.

-Hey.

-¡Sans! –su boca fue rápidamente tapada por el mayor de los esqueletos.

-Vas a despertar a Paps –le advirtió susurrando, un tanto divertido de su reacción –No creo que quieras contarle más sobre tu vida para volver a dormirlo ¿o, si?

-¿Escuchaste… todo? –preguntó igualmente susurrando y un tanto apenada.

-Cada palabra.

Frisk no supo en dónde meter la cara. Contarle a Papyrus sin que él supiera que era real no le había importado por eso, pero que Sans la hubiera escuchado sabiendo que si era verdad…

Sans simplemente le sonrió un tanto divertido del bochorno que mostraba la humana. De cierta forma aquello le parecía tierno de su parte.

-¿Quieres tomar algo?

Le señaló con su mano el camino, indicándole que la invitaba a pasar a su cocina. Sintiéndose un tanto acorralada y sin salida esta vez, la embajadora de los monstruos aceptó su oferta, sabiendo que le tendría algunas preguntas en el lugar.

Se sentó en el comedor mientras veía como el esqueleto sacaba tazas con su magia en lo que estaba sentado frente a ella con una leve sonrisa. Era demasiado perezoso que ni siquiera usaba un esfuerzo para sacarlas manualmente.

-¿Qué te apetecería tomar?

-Espagueti no, por favor. –Ambos rieron con ello -¿Qué tienes?

-Tengo agua y… agua.

-Agua está bien –rio levemente en lo que le tendía su taza extrañamente ya servida con agua, la cual estaba sumamente fría –Muchas gracias.

-Gracias a ti –tomó él su taza, pero no le dio ningún sorbo –Fue muy amable de tu parte que le contaras algo para dormirlo.

-Sé que no llego a tu "altura" de ser un gran contador de cuentos, pero… -Vio su taza un tanto pensativa –Pero quise hacer al menos un intento a modo de agradecimiento por todo.

Sans simplemente la contempló en silencio. No pasó por alto que se había saltado muchas partes y detalles en su relato, pero comprendió que no era el momento de interrogarla demasiada con eso.

Pero había una duda que terminó poniendo sobre la mesa.

-¿Los conociste?

Entendiendo a lo que se refería, Frisk rio con un deje de amargura.

-No… Era sólo una bebé –apartó su mirada para que no se cruzara con la del esqueleto –Las monjas solían decirme que habían visto el cómo una mujer había dejado un bulto en un contenedor de basura cercano al orfanato, y que al parecerles sospechoso, habían ido a inspeccionar y…

Las cuencas de Sans se habían oscurecido al entender qué continuaba en eso.

-Nunca supe si había sido verdad, pero el que me dijeran constantemente que yo nunca saldría de la basura… era técnicamente un chiste local.

Pese a que la humana se estaba riendo ante eso, para Sans no tenía absolutamente nada de gracia.

Había sido notorio el que fuera huérfana, todas las señales habían indicado eso de antemano, pero definitivamente no se esperaba tal magnitud de problemas. Sans no sabía realmente qué pensar ante esto, salvo el amargo sentimiento de que los humanos no sólo eran egoístas, sino que podían ser lo suficientemente crueles entre los de su misma especie. Abandonar un niño ya de por si era una cosa… pero hacerlo de esa manera era sumamente perverso.

No notó en que momento lo había hecho, pero en su enojo se encontraba a sí mismo apretando los puños ante la impotencia de no poder hacer nada para remediar algo así.

-¿Sans?

Frisk se preocupó al notar como se tensaba el esqueleto, por lo que extendió su mano y la puso sobre la suya con tal de relajarlo, cosa que realmente lo estremeció un poco ante su tacto pero tampoco la apartó.

-No te preocupes –Frisk esbozó una sonrisa –Ya pasó después de todo.

Sans no supo qué decir en el momento. Por un lado admiraba que, pese a todo, pudiera perdonar a todos los seres que le habían lastimado u abandonado en el momento, pero por otro lado le parecía irritante que no le diera la verdadera importancia de las cosas. Había cosas que no podían pasar desapercibidas como si nada, aunque claro, muchos en el subsuelo habían querido matarla en su momento.

Sin embargo ahí estaba, con una sonrisa en el rostro y con la voluntad de querer ayudar a todos en el subsuelo.

Y en ese momento, su sonrisa sólo podía ser vista por él.

-He… No se cómo le haces…

Frisk lo miró un tanto extrañada por su expresión al no entender a qué se refería, pero Sans no le dijo nada más. Simplemente apartó su mirada en ella levemente mientras que su mano seguía sin moverse ante el suave tacto de la humana.

Sans se maldecía mentalmente por haber dicho eso sin pensarlo. Le había salido demasiado natural que le preocupó que por primera vez habló sin consultarlo con su mente antes. Por más veces que conscientemente buscara todavía el seguir dudando de ella, cada vez era más fuerte el deseo y voluntad de confiar plenamente en ella.

Una leve idea sobre el porqué se estaba formando en su mente… Pero rápidamente impidió que aquello tuviera forma y lugar en sus pensamientos.

En un ataque de desesperación de querer cambiar el tema y pensar rápidamente en otra cosa, buscó de qué hablar con ella que no fuera del clima (porque iba a ser demasiado notorio), hasta que al ver su mano en la que tenía todavía sobre la suya notó que llevaba algo nuevo.

-Veo que tienes nuevos accesorios.

Frisk apartó su mano para contemplar su brazo lleno de pulseras.

-Si, fueron un excelente regalo –sonrió ante el recuerdo en su mente –Me los hicieron Papyrus, Undyne, Alphys y Mettaton. Me dijeron que estaban preocupados por mí y me hicieron esto, así que… Ahora cada vez que me sienta mal, sólo tengo que ver mi muñeca para recordarme lo afortunada que soy de tenerlos en mi vida.

-¿Sigues con las pesadillas entonces? –intuyó rápidamente.

-Si… son más frecuentes ahora.

-Sé que no quieres decirme de qué se trata, pero… ¿al menos una pista?

Frisk pensó por un momento antes de decir algo. Dio un leve trago a su bebida y continuó hablando.

-¿Has sentido alguna vez que te observan silenciosamente? –Dejó su taza en la mesa y la contempló queriendo evitar un poco la mirada penetrante del esqueleto -¿Qué alguien está vigilándote… esperando el momento preciso para actuar? Y no importa a dónde vayas… aquello forma parte de ti de algún modo y no puedes escapar de algo así.

Las cuencas de Sans volvieron a oscurecerse. Había descrito una sensación que él ha tenido desde hace tiempo… pero que en definitiva no quería hablar de eso en el momento. Frisk interpretó su silencio como algo negativo.

-Supongo que pensarás que soy una paranoica ahora.

-En efecto –se sinceró por completo el esqueleto, pero le sonrió a modo de burla –Pero pase lo que pase, estaré ahí para protegert…

No terminó la oración en cuanto se dio cuenta de lo que estaba diciendo. Nuevamente estaba hablando sin pensar antes y se sintió como un estúpido frente a la humana. Estiró sus huesos a modo de disimular su torpeza.

-Gracias –La humana terminó de tomar su agua –Aunque creo que eso podría quitarle su trabajo a Papyrus si trataras de ayudarme con cada pesadilla que me da.

El esqueleto la analizó un tanto desconcertado. Concluía que el que se sintiera observada pudiera tratarse de la flor parlante tras el acoso que tuvo de su parte para aniquilarla, pero por alguna razón (y porque sus discreciones daban ese mensaje) sentía que se trataba de algo más que no lo había hablado.

Frisk se levantó de golpe.

-Será mejor que me vaya, ya es muy tarde. No, no –En cuanto vio que se estaba parando el esqueleto, con un ademán de la mano lo detuvo al saber qué le ofrecería –Hoy prefiero caminar, muchas gracias.

-He… -Se volvió a sentar sin protestar –Que niña tan rara eres.

Sin decir nada más, la humana se despidió con la mano y salió de la casa. Sans esperó a escuchar el cierre de la puerta para dejarse caer sobre la mesa.

Una disculpa por la tardanza. Me llegó trabajo extra y tuve que darle prioridad :(

Lo de que Sans sólo tenga agua para ofrecer en su casa está basado en mi caso (Sé independiente decían…), y para aquellos que me siguen también en mi otro fanfic "Flapper Florist", el nuevo capítulo lo subiré este fin de semana. Gracias por la espera, jeje.

También en el siguiente cap pongo los dibujos sobre cómo se ven las pulseras de Frisk que me pidió McPaPuFrEe (sobre tu pregunta sobre cómo Flowey recorrió el campo, arrastró sus raíces sobre la tierra, jeje).

¿Frisk estará guardándose cosas de su pasado?

¿Sans en algún momento dejará de hacerse el tonto?

¿La autora de este fic tendrá algún día vacaciones?

¿Qué creen que pase con Flowey?

Lo sabrán en el siguiente capítulo... tal vez.

Michi fuera!

:)