Esta historia fue escrita y subida a Fanfiction entre febrero del 2012 y agosto del 2013, con otro nombre de usuario. Obra registrada en Safe Creative el 6 de julio del 2013, código 1307065389071. -OBRA EN EDICIÓN 2017-
Capítulo 29
He sido tanto a lo largo de mis cuarenta y seis años… Asesino, torturador, traficante… tanta mierda pasó por mi vida, tanta mierda pasó por mis manos… Tanta basura fui.
Matar me ensombreció, lentamente se llevó lo poco y nada bueno que tuve. Cegado por la sed de sangre, el poder y el control. Hasta que aquella mujer irrumpió mi realidad, volcando mi mundo. Estrelló con su inocencia perdida, su tragedia y su venganza, contra la esperanza que creí olvidada. Me vi acorralado por su misterio. El enigma de esa mujer me enloqueció… Cada paso que di me acercó a la verdad, me acercó a ella y, cuando creí tenerla, el destino se conjugó en nuestra contra.
Yo fui el causante de su mayor dolor, el origen de su vendetta. Entonces, no hubo más remedio que perderle. ¡Dejé que se fuera! ¡Yo, tanto que le quería! Luego llegó la obsesión, y el amor se intensificó.
Han pasado los años, ahora solo somos nosotros y todo se hace mierda otra vez. ¿Acaso tengo que perderla? ¡No! Una vez fue suficiente. Yo no puedo estar sin ella, le da sentido a mi puta vida, pero ¿qué hacer ahora? Oscuridad es lo único que puedo sentir, cierta gratificación al saber que su vida permanece, pero nada más, el silencio es inmenso y me rodea. Las sombras me tragan, me reclaman.
Sé que he sido una mierda de hombre, sin embargo, el amor que siento por Isabella debe traer el indulto, lo que queme mis pecados. No quiero largarme al infierno sin ella, ¿qué haré sin su alma? ¡Ah, estúpido yo, y mis esfuerzos inútiles por retenerla!
Sé que no hay perdón para mí, incluso, no sé cómo ella ha podido hacerlo, me lo pregunto cada día. Temo a la respuesta… que al saberlo ella se arrepienta y me deje… No merezco nada, pero lo quiero. ¡No la merezco y la necesito! ¡Qué importa lo que diga Dios! Ella es mía, nadie puede arrebatármela, ni la muerte. Me iré con ella, o no me iré.
Isabella, quiero volver a oírte, nena, extraño tanto tu voz…, todo es tan oscuro, sin calor. No puedo partir sin ti, antes quisiera oírte una última vez.
¡Hombre iluso! Ni siquiera puedes moverte, ¿cómo te la llevarás? ¿Acaso quieres que muera? ¡No! Mierda, su bendita vida no merece mis manos asesinas. Haría cualquier cosa por ella, incluso morir. Nada más para ofrecerle que mi vida.
Luego recuerdo tu risa, cada uno de tus gestos. El aroma de tu piel, la suavidad de ésta. Tu cuerpo cálido, el único lugar dónde yo he tenido sentido. Hundido en ti, rodeado, amordazado, amparado por ti… y ruego más. ¡Quiero más, mucho más! Amarte, y enloquecerme.
Me tomó y me hizo sentir verdaderamente vivo. Lo que fui en un pasado desapareció, ahora lo soy solo para su servicio. La salvaría de sus enemigos cuantas veces fuere necesario, para eso estaba.
Sé que vives, esa es mi satisfacción, mas quisiera que nadie te dañara…
Quiero que regrese a mí. Que, en algún sitio, donde me encuentro, ella sepa hallarme para poder partir. Atesorando el amor y su pureza, para profanarla, allá en el infierno que me aguarda.
¿Dónde permaneces? Tu voz, ah, te ansío mujer.
Algo difumina las sombras, poco a poco comienzo a distinguir lo que parece ser una casa grande, con poca luminosidad. También percibo cierto aroma a incienso. Levanto la mirada y distingo una cruz, un altar y mucha gente. Estoy en la catedral, caigo en la cuenta.
Gianna golpea mi hombro.
—Deja los nervios, no se fugará —dice entre risas.
—No me fío hasta verla. ¿Viene verdad? —más que no viniera por su arrepentimiento, era el hecho de tener a nuestros enemigos cerca. Sobre todo, al ruso de mierda. Tenía puesto un ojo encima, no me gusta que estuviese aquí. Bueno, yo quería refregarle mi unión con Bella, pero ahora dudo de esto.
—Ya llegaron, están dando vueltas —añade.
— ¿Por qué, han visto a alguien? —de inmediato me preocupo.
—Tuvieron que desviar un poco la ruta original, pero nada fuera de lo común. —le resta importancia.
— ¿Segura?
—Sí, tranquilízate. Ya aceptó el "matricidio". —hace las comillas y rueda los ojos. ¿Así le decía ella? Se me revuelve el estómago. Ese término podría significar algo más para nosotros. Se me hizo un nudo en la garganta y las manos comenzaron a sudarme. Aparece, nena.
Mis dudas se disiparon a penas le vi…
Estaba tan hermosa, el vestido le hacía parecer frágil, y es que lo era, que lo ocultase del mundo era otra cosa. Disfruté de esa imagen, ella caminando hacia el altar. En absoluta entrega, Dios observando como dos personas se pertenecen más allá de lo carnal. Para mí no era un contrato, una alianza, eso era para los negocios. Es el compromiso y el adueñarme de su alma, de aquello que no podría tener. ¿Qué coño es eso de hasta que la muerte nos separe? ¡Mucho más! Yo necesitaba toda la eternidad para hacerla mía, para que el resto de almas torturadas sintiesen envidia de nosotros, que nos odiasen por amarnos. Ni siquiera por cuánto viviéramos, por cuánto existiéramos, ¡Si no que aquí y en mil existencias más!
Vamos, pequeña, no tendrás vergüenza ahora. —pensé al ver que no avanzaba. Pero el sonido de las balas fue antes que mi reacción. La sorpresa llegó después que el miedo. Quise correr de inmediato a su lado, pero alguien me tiró, forcejeé con el desconocido. La gente asustada corría y gritaba, el caos fermentó como levadura. No tuve que pensarlo, el principal causante del alboroto era Rasputín, ¡puto bastardo! Sabía que le calentaba que una mujer lo despojara de su territorio, por lo déspota y machista. Tenía fantasías fetichistas de dominación con Isabella, lo había escuchado muchas veces, tanto de él como de terceros. Debí haberlo matado en ese momento.
Cuando quise avanzar, los soldados del ruso me tiraron y golpearon. Acorralándome para impedir que rescatara a Bella. Él había aceptado de buena manera la invitación a la boda, puesto que sería una excelente oportunidad para poner sus garran en Isabella. Lo que no me cabía en la cabeza era cómo lo había hecho. El despliegue de seguridad era inmenso. Nunca nos exponíamos de semejante manera. Cada detalle había sido fríamente calculado. La tesis de un traidor cobró fuerza a medida que peleaba con los enemigos. Puesto que nuestros soldados no reaccionaron inmediatamente, al menos aquellos que estaban aquí, uno que otro fue comprado. ¡Pero quién podría haberlos corrompido!
A parte de un buen sueldo, se les entrenaba bien, y solo cuando eran de suma confianza se les ponía a trabajar. Sin embargo, no éramos tan exhaustivos con quienes trabajaban de forma indirecta a nosotros. Los refuerzos fueron quienes nos salvaron de una catástrofe, bueno, sí veo bien la situación esto ya lo era, pero al menos seguía con vida y las personas más importantes de nuestro círculo estaban a salvo, todos, menos Bella. Quien pareciera que se la hubiese tragado la tierra. El miedo se hizo real, tuve que saborearlo de mala gana.
Oí mi nombre, pero al voltear para localizar el origen, alguien golpea mi cara. Un tanto desorientado doy con Laurent, él era quien me hablaba.
— ¡Hey Cullen! —Me avisó desde otra esquina. Tiende un arma de forma oportuna, deslizándola por el suelo. Luego se escabulle entre el alboroto. Golpeo a un tipo con la culata del fusil, para quitarle su arma y darle un disparo en la nuca. Guardo la pistola y me acomodo el fusil. Avanzo.
— ¡Ya está hecho, quiero la otra mitad! —Alguien discutía enérgicamente—. Dile a ese maldito cabrón que los mercenarios y yo hemos cumplido, ¿no lo ves?
—No hasta que el señor Lavrov tenga a la maldita perra —escupe el otro.
Me enervo, completamente encolerizado. ¡Tan imbécil para discutir ahí mismo los acuerdos de su traición!
Me descoloca un poco saber de quién se trata: Cheney. Disparo al aliado de Rasputín, y tomo del cuello a Cheney sin darle tiempo a reaccionar.
— ¡Así que has sido tú mierda!
—Cullen —abre los ojos como platos—. Necesitaba el dinero... Qué tengo que darte explicaciones —dice mordaz.
—Tampoco me interesan. —Lo golpeo contra la pared. Él me toma del cuello, pero mi fuerza es mayor. Para poder zafarse, se remueve y entre tanto saca un arma blanca, sin que me dé cuenta, y me corta un brazo. Lo suelto.
—¡Maldito hijo de puta! —jadeo. Se lanza sobre mí con la navaja, lo esquivo. El fusil me estorba y no lo puedo utilizar de manera correcta, así que opto por la pistola. Cuando arremete otra vez, le disparo en una mano. Tiro la pistola, mientras se retuerce de dolor, rajo su ropa para hacerme un torniquete en el brazo. Lo golpeo en la sien para qué deje de quejarse, podría matarlo ahora, pero distingo a lo lejos la voz de Bella y la desesperación me invade. Recojo otro fusil, regreso al interior de la catedral, tengo que rescatar a Bella.
No sé quienes son nuestros aliados, así que no me fio de nadie más que de Laurent, veo que avanza hacia el altar, corro para alcanzarle. Agradezco que nada me lo impida esta vez.
— ¿Dónde está Edward? —Ella está ahí, está viva. Oh, la alegría es inmensa.
— ¡Bella! —mi corazón late desbocado. Hasta que al fin logré verla, el alivio se disipó casi de inmediato, puesto que sangraba. ¡Le habían herido! Su nívea piel ya posee cicatrices por montones, como para que otro imbécil osara dañarla… Entonces me doy cuenta de que Laurent ha llegado a tiempo para quitar al bastardo de Vladimir. Su cuerpo está a los pies de Bella, lo tomé asqueado, no está muerto, solo inconsciente, supongo, pues no veo heridas de balas. La rabia quema mis venas.
Vuelvo a mirar a Bella, tirada, con su vestido rasgado, manchado con su sagrada sangre. Incrementa mi rabia. ¿Por qué siempre ha de sufrir? ¡Me vuelve loco ver sus heridas!, exponiendo su vulnerabilidad de la cual soy dueño. Aquella que solo a mí se me tiene permitido ver, y me trasforma en su protector. Ella no lo notaba, tampoco quería hacerlo, se excusaba en su fortaleza y en poderío que comandaba, sin embargo, la línea era fina, entre su poder y su debilidad.
—Oh gracias al cielo, estás bien. —Tomo sus frágiles dedos, para que pueda levantarse—. Jamás le perdonaré que te haya tocado. Me prometí a mí mismo que nunca más derramarías una gota de sangre. Y aquí estás… herida. —La impotencia flamea por cada centímetro de mí.
—Esto no es culpa tuya. Tampoco es el momento para hablarlo— su atención se desvía un momento, para luego mirarme y preguntar —. ¿Qué mierda ocurre?
—Tenemos un traidor en nuestras filas.
—De eso no hay duda, pero ¿por qué estás herido? —se nota preocupada.
—Pues le di su merecido, esa mierda ha arruinado nuestra boda, te ha dañado. De no ser por ti lo hubiese matado, pero tú me necesitabas.
— ¿Quién es?
—Cheney —su nombre me sabe a veneno, me irrita. ¡Lo odio! Por él mi querida mujer está herida, por él esto se vino abajo.
—Ya está rodeado el perímetro, debemos dirigirnos al costado izquierdo, avanzar por un corredor, allí se ha estacionado el vehículo que les sacará de aquí. —Laurent había hecho bien su trabajo, ya me encargaría de agradecer su lealtad inquebrantable.
—Pero para eso debemos cruzar la mitad de la catedral, puesto que la primera salida está bloqueada —agrega.
—Mierda, perdí el revólver. —Bella bufa al notar su desventaja. Contra mi voluntad le tendí un arma, no podía cambiar lo que era, ella sabía moverse en esto. De igual manera estaría para protegerla y sacarla del peligro.
—Ten. Saldremos victoriosos, somos nosotros —le digo para infundirle valor, para centrarnos en lo vital. Que no quede ni una duda de que éramos capaces, juntos.
—Hemos sobrevivido al infierno —completa con total convicción.
El humo y el calor nos amurallan. Bella habló incoherencias los últimos minutos, antes de desmayarse sobre mi espalda. Laurent la tomó, yo salí corriendo en busca de ayuda. No quería dejarla, pero no tuve opción. Nuestro alrededor ardía, no encontraba una forma peor que morir, que el fuego se llevase su cuerpo… Ha habido daño suficiente con lo ocurrido.
¡Maldito Vladimir! Cuánto lo odiaba, deseaba desmembrarlo con mis manos, tortúralo hasta la muerte. Habían sacado su cuerpo del lugar, esperaba que no fuesen sus secuaces. Por el momento no era mi prioridad, ya habría tiempo de convertirlo en comida para las pirañas.
Logré salir. Afuera estaban nuestros hombres, aquellos leales, esperando ordenes. Le hablé a un pequeño grupo. Guie a los soldados por el humo, algunos se adelantaron.
Bella estaba en el suelo. Cuando quise ir por su cuerpo, las llamas se salieron de control y tuve que dejarla ir en brazos de otro, no hubo tiempo para reacciones acertadas, todo se estaba dando de tal manera que tuviésemos que separarnos. Corrí lejos del calor, sin embargo, el crujido de la madera me decía que el peligro no había pasado. Cuando estaba por salir, un fuerte estruendo me puso en alerta y cuando di media vuelta, algo me golpeo, y como consecuencia mi conciencia se perdió.
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Todo ocurrió el día que quería gritar a los cuatro vientos que Isabella era mía, pero ¿si no era así? Ella una vez me dijo que no era de nadie… ¿Y si todo este tiempo he intentado asirme a alguien esencialmente libre? ¡Pero si te lo ha dicho varias veces! Que no lo quieras aceptar es otro punto. Tal vez Bella tenga razón, casarnos no era para nosotros.
Al revivir mis últimos momentos con ella me hizo sentirle, así que voy escarbando en mis memorias, para anclarme a este mundo, que cada vez se hace más lejano… Entonces rememoro una de las noches, aquello que me engrandece cada vez que lo escucho: cuando manifiesta su amor por mí.
— ¿Se le ofrece algo señor Cullen? —el asistente de Bella me pregunta, lo hallo extraño, yo entro sin anunciarme a su oficina.
—Vengo a ver a Isabella —digo obvio.
—Ella no se encuentra, salió hace horas. — ¡Mierda!
— ¿Cómo? ¿Dónde ha ido? —sé que es en vano preguntar, porque conozco la respuesta.
—A atender el asunto de las armas nucleares, con los empresarios coreanos.
—Me dijo que no iría hasta dentro de dos semanas, ¡joder! —me digo, tocándome la cabeza.
— ¿Quiere que le contacte? —ofrece Seth.
—No, gracias. La llamaré yo. —Sofoco la rabia.
¡Siempre ocultándome cosas! Ya se las vería conmigo cuando llegase y eso ¿en cuánto tiempo más? Sabía que ir a recoger a los nuevos soldados era un pretexto para salir. "Ve tú por ellos, es mejor que me quede aquí" ¡Patrañas! Tan iluso para creer que se quedaría quieta, ¡Ay Bella!
Tomo el móvil y la llamo, al quinto pitido contesta.
— ¿Por qué mierda te vas sin decirme ni un carajo?
—Por lo que estás haciendo, por la escena de colegiala. —dice cabreada.
—Me preocupo por ti.
—Eres un exagerado que no me deja trabajar. Sé cuidarme.
Gruño. El mismo cuento de siempre. Piensa que me cansaré de repetirlo, pero no, insistiré. Es tan terca.
—Pues no te salvas de mí —sentencio.
—Nos vemos en una semana —suspira—, te extrañaré.
—Pude haber ido contigo —protesto.
—Eso lo hablamos y dijiste que no —responde ofendida.
—Quedamos de acuerdo que no irías…—sigo molesto, detesto cuando cambia los planes sin avisarme. Era una discusión diaria, mientras incrementa su poder, más gente quiere quitarla del camino, y aumenta mi desesperación.
—Que iría luego de tu cumpleaños y eso ya pasó —añade en su defensa. Pensé que lo olvidaría, pero a ella no se le pasa una…
— ¿Qué haré contigo? —suspiro.
—Esperarme... Guarda todas las ganas, Edward, esta semana será eterna.
—Ya es eterno, si no estás aquí es una mierda todo.
— ¡Deja de refunfuñar, hombre! —Ríe—. Te quiero.
Y corta la llamada, y no pude volver a contactarme con ella.
Una noche de tormenta, mientras le añoro en la soledad de nuestra habitación, yo, hecho un total desastre, bebo brandy y escribo, escribo su nombre, su cuerpo, le escribo a ella por entero. Me obsesiono, la quiero, la ansío. Y ella está tan lejos... La desesperación me lleva a Bella, la agonía de no tenerla en mis brazos, la incertidumbre de no saber su retorno.
La lluvia golpea fuertemente contra la ventana, entonces entre las hojas manchadas de tinta, de mis ansias, ella aparece mojada de pies a cabeza. La vislumbro reflejada en el ventanal. Me abraza, pasando sus manos por mí pecho, reposa su cabeza en mi espalda, escurre agua por mi espina dorsal desde su cabello, siento un escalofrío.
— ¿Ves? Ya estoy aquí, niño —menciona con alivio.
—Estoy hecho un desastre sin ti —le reprocho.
—He regresado como siempre —responde como si fuese obvio.
—Eso no puedes garantizarlo, no con todos esos hombres que te quieren aniquilar.
—Siempre regresaré por ti, Edward. Eres lo que me mueve, no separaré mi vida de ti, nunca. Pero tampoco dejaré mi libertad, y esta la tengo con mi trabajo.
—Odio que me digas eso. —Aprieta sus manos, luego sus uñas arañan sobre la camisa.
—Dónde sea que voy, vas conmigo, estás metido bajo mi piel, cariño —dice besándome—. Nunca te dejo, porque tú me arrancas de mis sueños y me amarras a tu poesía —quita la camisa. Tirita.
—Estás helada. —Se desnuda para mí—. Abrázame.
—Eso me has dicho, ¿o no te acuerdas? —Ella desprovista de todo, pareciera que incluso se abandonase para ir a nuestro encuentro.
—Lo recuerdo a la perfección. —Toma una de mis manos y se la lleva a su cara.
—Estoy aquí, cariño —la besa, luego lo suelta, toma mi mandíbula, va dejando besos, hasta besar mis labios. Se acurruca en mi pecho y me abraza. Deslizo mis dedos por su espalda, siento como tiembla. —No sabes cuánto te amo. —se apega más a mí —. Tengo que regresar a ti, Edward, no hay, no tengo opción. El dolor no se ha ido, lo que vivimos, lo conoces. No se irá, solo he aprendido a convivir con este. Tú cuerpo, aquí, solo en ti me siento fuerte, solo tu das el suficiente valor para enfrentarme a los días.
—Bella...
—Sabes cuánto me cuesta expresarme, que casi nunca te digo cuánto te amo. No como tú, que me abrumas… hazlo, jamás dejes de hacerlo. No dejes de recordarme porque es que estoy aquí. —ruega.
—Estás aquí, porque con la oscuridad del amor me has tocado alma. Estás aquí para amarte, para amarme.
—Por todas las existencias, cariño —confirma.
—Estás aquí, mi amor, para respirarte, para ser mi hogar. —Nos besamos, nos mordemos, con apremio, con pasión, con dolor. Nos rencontramos, nos salvamos, luego volvemos a perdernos, juntos. Cuerpo con cuerpo, nos burlamos del mundo, gimiendo, saturados de placer.
—Solo en ti he encontrado mi lugar —murmura cansada en mi oído.
La lluvia continúa cayendo con más fuerza, con enfado, como si estuviese enojada de nosotros. Lo que me confirma una vez más que nos habíamos encontrado a desatar la furia del mundo. A desatar lo prohibido que llevábamos dentro.
—Y yo en ti, amor, y yo en ti.
Otro recuerdo se desvanece, esta vez es diferente, pareciera que no volveré a alcanzarlo. Tengo que retenerlo, tengo que regresar, así como ella lo hace por mí. Pero la remembranza no es suficiente para impulsarme hacia Bella. Busco, escarbo, la primera noche que pasamos juntos, luego cuando volví a verle después de diez años. Cada cena, cada mañana al despertar, cada batalla. Aquellas con armas de fuego, otras pequeñas que librábamos solo nosotros y nuestros sentimientos.
Sin embargo, la oscuridad va desgarrándome cada instante un poco más. ¡No, tengo que volver! Es mi hogar, mi refugio. Yo lo soy para ella.
Trascurren, lo que me parecen años, sumido en completa negrura. No tengo fuerza suficiente para traer mi pasado. Contra mi voluntad voy cediendo, solo un deseo, no sé cuál, me mantiene a alerta. Es el único "pare", el leve lazo que me conecta conmigo mismo.
Hasta que de pronto algo rompe esta maldita quietud.
— ¿Dónde estás ahora, mi amor? ¿Hacía dónde has ido? Guíame, estoy buscándote.
Es una voz de mujer, estoy seguro.
— ¿Qué diablos haré si te vas definitivamente? No me hagas esto… Ya permanecí diez años sin ti.
Le recuerdo, ¿dónde le he oído antes? Se me hace extrañamente familiar, he esperado por ella, pero no sé por qué.
—Escúchame bien, Edward Cullen. —Se hace negro el mundo, y por lo que parece ser una eternidad, aquella voz regresa—. Debes despertar, debes abrir los ojos, si no lo haces. —Su voz se pierde, pero regresa con fuerza—. ¡Maldita sea, Cullen! Si no vuelves, me enojaré tanto contigo, seré tu peor pesadilla, te perseguiré por los mundos, donde sea que estés ¿me oyes? ¡Soy capaz de ir a buscarte a los nueve infiernos! Te encontraré y estaré tan enojada… tan furiosa. Que te arrastraré a mi bunker secreto, y tus bolas correrán peligro. No querrás perderlas, no te conviene, Edward. —De nuevo el silencio, la angustia, ¡necesito oírla!—. ¡Despierta! ¡Regresa por la mismísima mierda, Cullen! ¡Es una orden!
¡Oh por Dios, Isabella! Caigo en la cuenta por fin, ma belle, mi Bella, está buscándome, ha regresado a mí. Quiero responderle, que sepa que le oigo, mas no puedo. ¡Por los mil demonios! Me siento impotente, completamente inútil.
—Estoy aquí, niño. No me he ido.
"Siempre regresaré por ti, Edward". Permanece por mí, quiere que regrese, y eso hago, ¡maldita sea, quiero regresar y estrecharla! Sentirla, besarla, quiero, quiero…
—Nunca lo haré, mi amor. Recuerda que te espero, que mi amenaza sigue en pie. Mis órdenes deben ser cumplidas. Regresa, vuelve a mí, mi vida.
Voy por ti, no sé cómo, pero voy menguando las sombras, estoy saliendo a flote por ti…
—Mi vida está en tus manos, Edward, no te la lleves. No te atrevas.
Ah, la mía también, ¡tú la tienes!, solo tú eres capaz de traerla. El deseo cobra sentido, necesito de Bella para poder seguir. ¡Es evidente!
— Esta mujer desquiciada te necesita.
Tanto como yo a ti, mi amor.
—Esta mujer maldita, te ama desesperadamente.
Ya no te cuesta tanto decirlo, mi Bella.
Soy tan feliz y no puedo decírselo, tanto la amo y mi boca está muerta. Las palabras se agolpan, los años que hemos estado juntos, todo afluye, sosteniéndome. Bella me llama, ha llamado mi alma que le pertenece, para arrastrarla de nuevo consigo. Estoy acercándome, con una lentitud exasperante, correr sería propicio, pero es inútil. Solo puedo avanzar de una extraña manera, no sé cómo describirla, me elevo, pero no es a ningún cielo, luego desciendo, me siento etéreo, pero atado a algo desconocido que me tira.
Hasta que el silencio vuelve a ser prolongado, es más espeso que el anterior a su voz. Abrumado del puto silencio, me desespero, los recuerdos pasan sin orden ni coherencia. Me alejo del lado de estos, no les hallo sentido, avanzo hacia otros lugares, ahora tengo libertad para hacerlo. No estoy atado a nada. Se me ha dado la oportunidad de elegir.
Cuando logro decidirme, algo me detiene…
—¡Edward! —gritan. Es su voz, ¿por qué la olvido? ¡Oh, maldita sea! odio olvidarla. Sin embargo, cada vez que me elevo se va de mi memoria, al descender regresa poderosa. Así una y otra vez.
—¿Bella? —No contesta—. ¡Bella!
Su hermosa voz retumba en mi mente como un mantra, a medida que transcurre el tiempo, reúno la fuerza suficiente para sentir su calor acariciando mi piel, oír su respiración acompasada arrullarme desde lejos. Hasta que finalmente ocurre, la luz me enceguece y me rencuentro con sus ojos.
Ella es quien dará la absolución a mis pecados. Me ha salvado del infierno. Me ha traído de regreso.
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Queda poquito, solo un par de capítulos.
Me gusta la dinámica de esta pareja... quizás escriba otra historia con una relación parecida, ¿les gustaría? Se aprontan mis vacaciones ¡tendré tiempo! jajaja.
Gracias por leer y por los 100 rr (:
Un beso a todas.
