Una pregunta comprometedora
Helga pasó todo lo que restó del día entre sus pensamientos. No entendía cómo es que nadie había visto entrar a Wolfgang a la escuela, e incluso le extraño el hecho de que la profesora volviera a abordarla en la hora de receso para preguntarle una vez más por el sujeto y sus intenciones.
Se suponía que la escuela era un sitio seguro y que debía sentirse a salvo y libre de amenazas, pero aquello solo le demostraba una cosa y era que no estaba exenta de nada. En cualquier momento podía llegar alguien a interrumpir su calma y así como podía entrar el bravucón a buscarla, bien podía pasar alguien de temer por ella y terminar el trabajo de Bob con…
"Calma. Aunque Bob saliera de la cárcel no puede hacerte nada. Tiene una orden de restricción en su contra… Aunque es para que no se acerque a Olga y a Miriam, tú también cuentas".
Una vez más, la rubia maldijo a su yo más joven por haber sido tan impulsivo y temerario. Si no hubiera sido por sus imprudencias y su falso complejo de invulnerable, ella también estaría protegida por las leyes.
"Pero no lo estas, así que deja de vivir en el pasado y concéntrate".
Con ese último pensamiento, la muchacha se levantó de su asiento y salió del salón con dirección a su locker. Por ese día, la jornada estudiantil había llegado a su fin.
En cuanto Helga puso un pie frente a su locker, las cejas se le arquearon en un gesto de fastidio.
Alguien había escrito con un plumón rojo sobre el metal. La leyenda rezaba, "Lárgate, Pataki. No tienes espacio en esta preparatoria, así que deja a Lorenzo en paz y púdrete".
—Genial. Ahora tengo resentidas persiguiéndome…
—Helga.
En cuanto escucho aquella voz detrás de ella, la piel de su cuello se erizó con un gesto violento. No se había dado cuenta, pero Arnold, Gerald, Phoebe y Brainy habían llegado para invitarla a salir al centro comercial.
Por supuesto, cuando leyeron el mensaje que habían dejado en la puerta metálica todos fueron mostrando diferentes reacciones.
Brainy y Phoebe se voltearon a ver. La asiática perdió algo de color y el chico afroamericano con el que iba de la mano, tragó. Incluso Arnold perdió su siempre tranquilo carácter y se mostró mucho más serio que de costumbre. Solo Brainy notó el temblor que se extendió por sus hombros y que bajó hasta alojarse en los puños del chico de ojos azules.
—¿Helga? ¿Por qué…?
—Déjenlo, no es nada. Tal vez alguna de las fanáticas del Lorenzo se enojó por haber molestado a su "eminencia" con problemas de simples mortales.
—Oye, eso parece tinta de pluma. ¿Por qué no vas con el conserje para que lo limpie? Si no, se va a secar y va a costar más trabajo quitarlo.
—Sí, no se preocupen… Es más, creo que puedo quitarlo con un poco de agua. Solo necesitaría frotarlo con fuerza para que…
Helga ya estaba lista para sacar su botellón con agua y pasar un poco de papel mojado en el mensaje, pero Arnold fue más rápido.
El chico la tomó de la mano y tiró de ella por el pasillo a pesar de las quejas que de vez en cuando lanzaba la rubia.
—¡Oye! ¿A dónde vamos?... ¿Podrías soltarme? ¡Hey!... ¿Me estas escuchando o qué? ¡Mírame, cabezón!... ¡Arnold! ¡Basta!
Sin atender a las quejas de la chica, el mencionado la llevó casi jalando hasta que por fin encontró a quien buscaba.
Lorenzo se encontraba platicando con Iggy y Sid sobre el juego de futbol americano que irían a ver a la casa del primero el próximo sábado, o por lo menos eso estaban haciendo hasta que Arnold se plantó frente a ellos diciendo.
—Lorenzo, ¿Puedo hablar contigo?
Ni Helga ni el mencionado se esperaban eso.
—Sí, claro… Los veo luego.
En cuanto Iggy y Sid se fueron, Arnold tomó el mando de la situación y comenzó con su discurso.
—Oye, Lorenzo. Yo sé que tú no tienes la culpa de lo que hacen o dejan de hacer las chicas que te siguen, pero si hay algo que no me gusta es que estén acosando a alguien solo porque se te acerca. Primero fue Lila, luego empezaron a molestar a la amiga de la gran Patty y ahora ya empezaron con Helga.
—¿Qué? No… ¿Te hicieron algo?
Los ojos de ambos varones taladraron a Helga con intensidad. Aquello era demasiado, más de lo que estaba dispuesta a soportar, sobre todo porque no estaba acostumbrada a que la miraran de esa forma.
Odiaba ser el centro de atención y esa repulsión se había mantenido presente desde sus años en la primaria, algo que Arnold sabía bien y aun así la estaba haciendo pasar por aquello.
Eso era el colmo.
—Primero, suéltame cabeza de balón —, más que las palabras, lo que puso sobre aviso al chico rubio fue el tono con que el que habló su acompañante. Sonaba fría, distante. La dejó ir justo en el momento en que ella retomaba la plática —. Segundo. No, no me hicieron nada. Solo fue un rayón sin importancia. Escribieron en la puerta de mi locker, pero no es para morirse. Ahora, si me disculpan, voy a limpiar lo que pusieron, luego tomare mis cosas y me iré a mi casa.
—Pero, Helga…
—Esto no es nada en comparación con lo que yo hacía cuando estábamos chicos, así que les sugiero que lo dejen estar y olviden. Lorenzo. Arnoldo.
Con un breve movimiento de su mano, Helga se alejó de los dos chicos y regresó a su locker con el rostro inexpresivo.
Aquello dejo a los dos muchachos con los ojos como platos, aunque Lorenzo fue más discreto que Arnold y no tardó en despertar de su letargo. Tras un suave carraspeo, el muchacho atrajo la atención de su amigo y dijo.
—Increíble. Esperaba que el carácter de Helga se hubiera suavizado en estos años de no vernos, pero por lo que veo todavía le choca que la estén poniendo como alguien débil.
—¿Débil? Pero yo no creo que sea…
—No, no por eso, Arnold. ¿Qué ya no te acuerdas de cuando salíamos a jugar todos juntos? A pesar de ser una niña, Helga siempre era de las primeras en probar algo nuevo. No le tenía miedo a nada y siempre intentaba mostrarse diferente, independiente de las otras niñas.
—Sí, lo sé. Había veces en las que casi me daba algo por culpa de su…
Había hablado de más. Con solo ver la casi imperceptible sonrisa de Lorenzo, Arnold se dio cuenta de que había revelado más de lo que esperaba decir sobre Helga.
"No. No creo que se dé cuenta… Todavía no. Necesito arreglar todo con ella, antes de decir algo más".
Aquel incomodo silencio se fue haciendo cada vez más y más grande, al grado que llegó un momento en el que el acompañante del rubio no pudo evadir más la pregunta.
—Una pregunta, Arnold, y no me lo tomes a mal… ¿A ti gusta Helga?
Aun y cuando evito mostrar alguna emoción en su rostro, Arnold sintió que sus manos lo traicionaba de nuevo. Estaban temblando y esta vez no era porque estuviera irritado.
—Es mi amiga y me preocupo por ella, igual que con Lila, Phoebe, Rhonda y las demás. Nos conocemos desde hace mucho y por eso no se me hizo justo que la estuvieran molestando… Y si, tienes razón. Creo que no debí decirte lo del locker de Helga frente a ella; me deje llevar por lo que paso con Lila y no lo pensé mucho.
Al principio, Arnold pensó que no había conseguido engañar a Lorenzo con sus palabras. El moreno todavía mostraba aquella ligera y apenas visible sonrisa.
No fue hasta que el rubio agrego un último dato al tema, que este por fin pareció dejar el asunto zanjado.
—En fin, supongo que otra vez te tocara hablar con tu club de fans, ¿No?
La sonrisita se convirtió en una mueca de enojo por parte del chico de chaqueta marrón.
—No son mí… Sí, así es. Además, no es la única a la que molestan con eso. El otro día llegó Nadine muy molesta conmigo porque una de las chicas de segundo le había tirado su colección de capullos de mariposa a las jardineras. La niña alegaba que se me había acercado más de la cuenta en el comedor.
—Rayos, odiaría ser tú. Debe de ser fastidioso el estar lidiando con todas esas chicas.
—¿Qué puedo hacer? No voy a dejar que ser como soy solo para que me dejen de seguir.
Con ese comentario se despidieron Lorenzo y Arnold. En cuanto se estrecharon la mano para irse por su lado, tanto el rubio como el moreno sintieron un choque eléctrico.
Aun no lo sabían, pero en menos de un mes su amistad se vería a prueba.
Y que hasta aquí llega el capítulo. Uf, no saben cómo extrañaba volver a la página. El año pasado fue una soberana locura con todo lo que me pasó, pero, ¡Ya no más! (Ojalá).
Me han llegado algunos mensajes de exlectores que dicen que para que quiero seguir subiendo el fic, sobre todo ahora que ya tenemos la tan esperada Jungle movie con nosotros. Bueno, aunque la película llegó, yo quiero terminar de hacer esta historia.
Es algo que deseo terminar porque me gusta hacía donde va la trama, además de que adoro a los personajes y como se van moviendo por la historia.
Así que dicho esto, no insistan. Voy a terminar la historia y, ya después trabajaré en los fics de las otras series que les he prometido.
Me despido. Qué tengan una increíble semana.
