¡Hola!
Por fin vuelvo, ésta vez con una noticia importante.
Hace algunos días recibí un hermoso comentario (como todos los que me dejaron, gracias) en donde, por primera vez, me preguntaron mi edad. Aquello me dejó pensando mucho.
Hace algunos días también, recibí la noticia que un compañero de escuela falleció, y eso me dejó un tanto… conmocionada. Me di cuenta que la vida es muy corta, que el tiempo pasa realmente volando y que no tenemos el tiempo comprado, sólo prestado. Uno de los placeres de mi vida es escribir y leer, y son las cosas que más disfruto hacer. Todo este tiempo me he mantenido oculta detrás de un nombre "Nathalia" que no es mi verdadero nombre, y una edad que tampoco lo es (para quienes hayan visitado mi perfil antes). Resurge ahora el querer que ustedes sepan quién soy, porque han sido unos compañeros excelentes en este viaje, y merecen al menos conocer la identidad de su autora. Hace poco estaba leyendo algo de Emily Bronte, y descubrí que ella escribía bajo el seudónimo de un nombre de hombre, por el rechazo a las mujeres escritoras en ese tiempo. Eso no existe ahora y mucho menos en este fandom, donde la mayoría de las escritoras somos mujeres. A lo que voy, es que tuve cierto miedo porque soy muy joven y no sabía qué expectativas iba a causar. Así que bueno, hoy estoy aquí diciéndoles con mucho orgullo que mi verdadero nombre es Mayra, y tengo actualmente diecisiete años (cumpliré dieciocho en Agosto), y soy del Estado de México.
Se siente tan bien poder ser yo misma, aunque sea detrás de una pantalla. Muchísimas gracias a todas las personitas que han leído esto. Espero no se sientan molestos por haber dado un nombre falso todo este tiempo, pero ya saben, los miedos a veces pueden más que nosotros xD si alguien quiere algún día conversar conmigo, sólo pídame mi Facebook, y con gusto se los daré.
De nuevo, muchísimas gracias. LOS AMO.
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Capítulo 29.- Caja de Pandora.
El manto oscuro acompañado de las fieles estrellas, ya caía sobre la Ciudad de Nueva York. Y en uno de los rascacielos más soberbios de la urbe—si no es que el más llamativo y excéntrico—albergaba en ese momento, a las personas más diferentes que pudieran encontrarse en una habitación. Aunque increíblemente, el lugar se sentía como un hogar cálido.
Jarvis estaba sirviendo el café a los presentes, y tenía pintada una sonrisa sobre su cansado y viejo rostro. Steve aguantaba las carcajadas mientras trataba de que su trozo de pastel fuese más interesante que la historia que se desarrollaba a palabras de Loki, sin embargo, sus mejillas estaban rojas y se mordía el labio inferior. El pelinegro contaba con su lengua filosa una de sus tantas aventuras pasadas, cuyas descabelladas palabras hacían honor a una sola persona: Anthony Stark. Quien, dicho sea de paso, era el único que no estaba divirtiéndose con todo aquello.
—¡Steve, hubieras estado ahí! Tony se montó encima del caballo, con una botella de licor en la mano y comenzó a gritarle "¡Corre como el viento tiro al blanco!". Obviamente el caballo se asustó por repentino salto de este idiota. —señaló con su pulgar al millonario, que escuchaba con el ceño fruncido y los brazos cruzados—. Así que el caballo se puso como loco y lo aventó lejos, ¡terminó lleno de lodo y estiércol! Me arrepiento de no haber tenido una cámara. Además, cuando todo parecía que no podía ir peor, Tony se levantó, y se dio tanto asco a sí mismo que terminó vomitándose encima y-
—Cállate, cuernitos. Estamos cenando, joder. Harás que se me revuelva el estómago. —le indicó con un gesto despectivo que sólo hizo sonreír a Loki. La carcajada que soltó Steve retumbó por todo el lugar, y Tony desvió sus ojos hacia él sólo para encontrar la visión fresca y divertida del militar. Steve llevó una mano a su costilla izquierda de tanto reír, y el castaño no pudo evitar que una pequeña sonrisa adornara su rostro. Si esto hacía que Steve se riera—aunque fuera a costa suya—podía dejarlo pasar. Sólo por hoy, claro. Recibió un puntapié en la rodilla, cortesía de Loki, quien le guiñó un ojo y levantó sus cejas con dirección al rubio, como mostrándole lo obvio. Tony gruñó sintiendo las orejas rojas. Ya estaba volviendo a sus locuras del enamoramiento.
—¿Cuántos años dices que tenía? —se limpió las comisuras de sus ojos, donde se asomaban pequeñas lagrimillas de risa mal contenida. Tony pareció hundirse más en su asiento cuando atinó a que Loki sí iba a contestar.
—No era tan joven. Pero las arrugas aún no aparecían en mi bello rostro. —se adelantó, desviando un poco el tema con la soberbia que utilizaba. Steve rodó los ojos, pero aun así le sonrió de una forma que abarcaba toda insolencia con la más pura de las inocencias. El rubio decidió no seguir preguntando, porque estaba seguro que aquella anécdota no tendría más de algunos cinco años. Y si contaba la edad de Tony, estaba claro que no era un adolescente cuando lo hizo. Loki iba a continuar echando por la borda la dignidad del millonario, pero el timbre se dejó escuchar, anunciando visitas. Todos se miraron extrañados, y cuando Jarvis fue a abrir la puerta, los tres hombres lo siguieron.
Toda risa cesó, como si en ningún momento hubiera existido, cuando Natasha atravesó la puerta de entrada. Iba un poco despeinada y se veía agitada y cansada. Sus ojos verdes se pasearon por Loki, después por Steve—con quien trabó la mirada algunos segundos—para finalmente recaer en la persona que estaba buscando. Se mordió el interior de la mejilla, porque por las miradas de Loki y Tony, era obvio que no era bienvenida. Steve tenía la mirada indescifrable, pero eso sólo le hizo sentir un pinchazo en el corazón. Si no había reconocimiento en esos ojos azules sólo significaba que aún no la había perdonado.
—Necesitamos hablar, Stark. —dio un paso adelante, manteniéndose firme—. No son horas de visita, y mucho menos la mía, por lo que veo. Pero tengo que decirte algo importante. —Tony estaba a punto de interrumpirla para decirle que lo que sea que fuese, se largara y regresara mañana. Pero el buen momento entre risas e historias se había perdido, así que dejó que continuara—. Hace algunos días capturé a un hombre que intentó matarme en Central Park; el mismo que nos tendió la trampa a Steve y a mí, y accionó la bomba en la misión pasada. —le dio una rápida mirada al soldado que mantenía los ojos fijos en ella—. Él… habló. Fue enviado por alguien. —pasó saliva. Tony se cruzó de brazos y levantó una ceja, como dando a entender que poco le importaba aquello si ya era cosa del pasado—. Este hombre, Stark, fue enviado por alguien que conoces. Y ese alguien es Obadiah Stane. —
—¡Imposible! —fueron sus primeras palabras. Frunció el ceño—si es que podía hacerlo más—y levantó los brazos, con la indignación corriendo por todo su cuerpo—. ¿¡Cómo te atreves a venir a mi Torre y difamar al hombre que ha sido un gran apoyo en mi vida!? —sus palabras resonaron fuertes en el pesado silencio, haciendo fruncir los labios a la agente para no contestar y comenzar a pelear. El rubio se acercó y posó su mano con firmeza en el hombro del castaño, apretando ligeramente la zona para que se tranquilizara. Tony pareció entender el mensaje, porque respiró profundo—. Ya veo, no te ha bastado con arruinar mi nombre en el pasado, no te bastó con tratar de poner Steve en mi contra. ¿Qué te he hecho para que hagas esto? —le rugió todavía rechinando los dientes.
—Natasha dice la verdad, Tony. —con tanto movimiento y alteraciones sucedidas, nadie escuchó cuando el timbre sonó y la visita dio un paso adentro. Pepper ni siquiera se había cambiado de ropa. Seguía portando su pijama, pero un largo y elegante abrigo la cubría. También se veía despeinada y traía la nariz roja, como si hubiera llorado—. Obadiah nos ha engañado todo este tiempo, ¡es un traidor! —avanzó y se colocó al lado de la pelirroja, quien le dirigió una mirada agradecida. Potts solamente le asintió.
—… ¿Qué? —su cuerpo pasó de la enervación de la furia hasta sentirse lánguido y pesado por la confusión. Todo se hundió en un tenso silencio mientras el millonario intercalaba miradas entre las dos mujeres—. Explícate Pepper, porque si esta mujer te ha engañado para que trates de convencerme de algo que es totalmente ilógico, yo-
—Tengo pruebas. —fue su única respuesta. Sacó el USB de su bolsillo y avanzó hasta el castaño. Sus brazos se abrieron para recibir a un confundido y escéptico Tony, que aún no caía en la cuenta que había sido profundamente traicionado. Pepper rodeó con fuerza a su amigo, transmitiéndole todo el apoyo y la fuerza de la que fue capaz. Steve le sonrió un poco y se retiró hasta quedar nuevamente al lado de Loki, pero en ningún momento miró a Natasha—. Hace algunos días debía completar el informe que hacemos mensualmente, y la información que faltaba era la de Obadiah, así que fui a su oficina y busqué lo necesario. Encontré más de lo que pensaba en esa computadora, Tony. Hay vídeos, documentos, todo lo que afirma que él… fue el culpable de tu secuestro. —lo sintió temblar entre sus brazos, y decidió que era momento de alejarse.
—Quiero estar solo. —tomó el USB que Virginia le ofrecía y se desparramó en el sofá con los ojos cerrados, esperando que cuando los abriera nadie estuviera ahí. Todos comprendieron que era un golpe fuerte y no quería mostrarse débil ante los demás. Natasha le pidió a Pepper que la acompañara para poder hablar sobre las pruebas que tenía y lo que sabía al respecto; Loki se despidió de Steve y Jarvis y bajó a su piso; el mayordomo, quien se sintió al principio reacio para dejar a su jefe, finalmente decidió seguir a los demás e irse a su pieza. El rubio quería quedarse, apoyar a Tony a quien vió desbaratado y claramente perdido entre la confusión y la tristeza, pero sus palabras habían sido tan claras, que se dio media vuelta para ir a su recámara—. Tú no te vayas… por favor. —le oyó susurrar.
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Con las manos metidas dentro de su chamarra de piel, Thor caminaba a paso tranquilo por las calles de Nueva York. Un mechón rebelde se escapó de su coleta baja y se lo quitó con un movimiento rápido de la mano. Visualizó a lo lejos una tienda y entró a comprar un café. Loki hacía café. Pero él ya se había ido.
Se recargó contra un árbol dándole el primer sorbo a su bebida caliente, apoyándose contra el tronco y cerrando los ojos, cansado. Todo estaba mal. Había dado un giro inexplicable el asunto de su relación. Estaba mal, lo sabía, pero no encontraba el porqué. Loki y él siempre habían sido claros, se entendían perfectamente, ¿qué había cambiado ésta vez? Se sintió tentado de marcar para saber de él, pero supuso que estaría en la Torre. Tony era amigo de ambos y disponía de pisos libres. Ya le preguntaría a Steve cuando lo viera.
—¿Thor? —abrió los ojos esperando que frente a él apareciera el dueño de sus suspiros abatidos, pero sólo encontró cabello castaño, un abrigo, y un rostro de mujer que conocía perfectamente. Jane se acercó con una sonrisa y le dio un beso en la mejilla a modo de saludo. Él sólo correspondió con una sonrisa seca—. Qué casualidad encontrarte por aquí. Estaba comprando algo para cenar, y te vi, pero pensé que era alguien más, así que… ¿Sucede algo? Estás… diferente. —observó. Thor negó con la cabeza y decidió cambiar el tema para despejar todo el asunto que sólo le entristecía más.
—¿Quieres venir a cenar a mi casa? Mi padre estará feliz de verte. —le ofreció. Jane formó una sonrisa inevitable y sincera sobre sus delgados labios, no pudiendo contener la emoción que aquello le causaba. Asintió y juntos emprendieron el camino de vuelta a casa, hablando a ratos y guardando silencio en otros. La cabeza de Thor rondaba tanto por las palabras de Loki, sus actitudes indiferentes y enérgicas, que no se dio realmente cuenta cuando estaban frente a su puerta. Sacó la llave de su departamento y abrió, cediéndole el paso a ella—. ¿Padre? He traído una visita. —anunció con voz firme.
Odín estaba leyendo uno de los tantos libros que tenían en casa—gracias al pelinegro—y alzó la vista. No pudo evitar la sonrisa, poniéndose de pie de inmediato y acudiendo al encuentro de los más jóvenes. Las mejillas de Jane se colorearon un poco ante la presencia de un hombre que era imponente de una forma casi siniestra—. Un placer, soy Odín. —le mostró la mano. Jane de inmediato se adelantó un par de pasos.
—Jane Foster, igualmente es un placer conocerlo, señor. Thor me ha hablado mucho de usted. —él asintió como respuesta, cuando ella estrechó su mano en un cordial saludo.
La plática comenzó a fluir entre las preguntas de Odín hacia ella, y las respuestas inteligentes y carismáticas de Jane. Thor se sintió algo incómodo entre ellos, así que decidió ir a la cocina y comenzar a servir la cena, porque su estómago era grande y había comido desde que el Sol todavía resplandecía. Jane se ofreció a ayudarlo, mientras seguía su interesante conversación con el padre del rubio, quien, por su parte, se sintió aliviado y agradecido de que aquella muchacha estuviera al lado de su hijo. Su corazón se calmó al observar la adoración que ella le prodigaba a Thor, su heredero por excelencia. Deseó fervientemente que su primogénito la correspondiera.
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Steve paseaba por todo el taller, lentamente, como si temiera que un mínimo ruido pudiera hacer que Stark estallara en contra suya. Tony estaba sentado en su característico sofá negro, aún mirando por cuarta vez el vídeo de su secuestro. Tenía la barbilla apoyada entre sus palmas, y los codos sobre las rodillas, en una pose que le hacía parecer aburrido, solo que, no. no estaba aburrido. Estaba conmocionado. Dolido. Traicionado.
—¿Cómo te sientes? —fueron sus primeras palabras después de las dos—casi tres—horas que llevaban ahí encerrados. El café que Jarvis había traído para ambos reposaba en una mesilla, completamente lleno. No habían tenido ánimos ni siquiera para tocarlo. Se situó detrás del sofá, posando sus manos en los hombros tensos de Tony—quien le estaba dando la espalda—y comenzó a frotar la zona con delicadeza, haciendo movimientos suaves que poco a poco relajaron al millonario.
—Siento como si Obadiah me hubiera enterrado un cuchillo por la espalda, para luego retorcerlo sin contemplación. —hizo amago de una sonrisa, que salió como un gesto amargo—. Era como mi segundo padre, ¿lo sabías? Estuvo conmigo cuando Howard me abandonaba en sus proyectos, se preocupó por mis estudios y se maravilló de mis avances. —suspiró, frotándose las sienes con las yemas de las manos. Después dejó que Steve hiciera su trabajo—. Das buenos masajes, mnh… ¿alguna vez has pensado en trabajar en esto? Las señoras calientes acudirían a ti, al menos para verte en ropa interior, tocándolas. —la pequeña risa de Steve inundó el ambiente. Tuvo un ligero dejá vú con aquel chiste.
—¿Las señoras calientes solamente?, ¿dónde quedas tú? Supongo que también querrías pagar por mis servicios. —alejó sus manos del cuerpo del castaño, sólo para darse la media vuelta y quedar frente a éste, que aún sentado, lo contemplaba. Stark no evitó la carcajada que salió desde lo más profundo de su garganta, y atrajo a Steve de las caderas, posando su frente a la altura de su ombligo, presionando. El soldado pasó sus grandes dedos entre los mechones rebeldes, acariciándolo con delicadeza, como si temiera que se fuera a romper. Sabía que Tony lo necesitaba en estos momentos. Ni sus comentarios lo habían salvado de que él supiera cuán necesitado estaba por compañía.
—Rogers, eres un presuntuoso. Banner se enojará cuando vea en el monstruo que te has transformado. —un beso cayó en su nuca y levantó la vista. La sonrisa de Steve se ensanchó más y lo ayudó a incorporarse. Después pasó ambos brazos, fuertes y duros, por la cintura del millonario, y pegó sus labios en un casto beso. A Tony le dio un vuelco el corazón ante la cursilería del momento.
—Más bien, en lo que tú me has transformado. —le susurró antes de depositar un tierno beso sobre su clavícula. Tony suspiró quedamente, no pudiendo creer que aquello pasara. Steve estaba raro. Más cariñoso de lo normal. No le asustó ese hecho, le asustó más bien que se sintiera cómodo con esas muestras de afecto. Así que se separó del rubio para intentar huir hacia su mesa de trabajo, pero una fuerte mano lo detuvo por el antebrazo—. Hoy no vas a trasnochar con ese proyecto que tienes en mente. Es hora de dormir. —le ordenó. Pelearon por un momento en un duelo de miradas, donde ninguno parecía querer ceder al otro. Steve contempló aquellos ojos profundos y penetrantes. No eran azules, verdes, o siquiera claros. Pero tenían un brillo que los hacía únicos en su especie, los hacía más bonitos. Los hacía perfectos. Y con esa convicción en la mente, se acercó al dueño de esas gemas preciosas y lo atrajo de las mejillas con gesto posesivo, para darle un beso lleno de pasión que Tony Stark jamás olvidaría.
Correspondió con la cordura que fue capaz de juntar, y gimió en el beso cuando la ardiente lengua se coló en su cavidad bucal para jugar con la suya. Los dientes de Steve arañaron su labio inferior, y aquello solamente hizo que su temperatura corporal creciera como olas salvajes. Tomó por las caderas al soldado y lo atrajo, para rozar sus semi-erecciones ya notables debajo de las telas de sus pantalones. En eso estaban cuando un pequeño ruido los distrajo. Ambos se separaron lentamente, como no queriendo hacerlo—en realidad, ninguno quería—pero los ruiditos se hicieron más fuertes y constantes. A través del vidrio del taller, Dingo rascaba para poder entrar. Steve sonrió con cariño y abrió la puerta para darle paso, haciendo que el cachorro se arrojara a sus brazos para ser mimado y acariciado. Tony gruño por lo bajo y se limpió los restos de saliva, mientras mentalmente ofendía al perro. Ya hasta se le había olvidado su presencia en la casa.
Así que evadiendo el pinchazo de celos que sintió al ver a Steve tan cariñoso con esa bola de pelos, se dirigió a su mesa de trabajo. Estaba decepcionado, eso no cambiaría en algún tiempo. Pero todo eran tan claro como el agua y no pensaba ponerse triste o cabizbajo por un hombre que le había estado mintiendo descaradamente en la cara durante tantos años. Quería refundirlo en la cárcel, hacerle pagar por todas las cosas que le había hecho, por lo que ocasionó. Quizá Howard seguiría vivo. Quizá… ellos habrían podido arreglar su relación. Pero los años pasados, y las oportunidades, estaban enterrados bajo tierra junto con el cuerpo del magnate Stark. Y no había vuelta atrás. No había una segunda oportunidad.
—¿Qué te dije sobre ir a dormir? Eres como un niño pequeño, pero con bigote. Vamos, a la cama. —lo jaló de ambos hombros hasta ponerlo de pie, y Tony sólo rodó los ojos ante su intento de chiste. Steve le respondió con una sonrisa—¿qué no se cansaba de sonreír?—y lo hizo caminar a través de los pasillos y la sala, donde depositó a Dingo. Le dio una última caricia como despedida, y el cachorro de inmediato corrió hacia su lugar para dormir. Después le tomó de la mano y juntos subieron, peldaño tras peldaño, hasta dar con la puerta principal que daba al cuarto del excéntrico hombre—. Hasta mañana, Tony. —le acarició el cabello antes de darle un beso en la frente.
—No puedo asegurar que vaya a dormir. Seguramente en un par de horas volveré al taller para seguir trabajando. —se encogió de hombros ante sus posibilidades. Steve suspiró cansado y le dirigió una mirada severa. Después se dio cuenta, que en realidad Tony lo único que quería era no estar solo. Estaba vulnerable por el golpe reciente viniendo de alguien que consideró un amigo cercano. Ésta era su, poco usual, manera de pedirle que se quedara con él. Simplemente asintió y entró con Tony a la habitación.
El castaño sonrió y comenzó a quitarse la playera y desabrocharse los pantalones. Steve hizo lo mismo con sus prendas, mientras un cómodo silencio se abría paso entre ellos. Después, Steve tiró de las cobijas y acomodó las almohadas, ocupando su lugar en la cama. Buscó a Tony con la mirada, quien lo observaba como si fuera un extraño espécimen de laboratorio al que no se acaba de creer que esté vivo. Acomodó mejor su almohada y se recostó, hasta el punto en que sólo su pecho sobresalía de las cobijas. Pasó su antebrazo detrás de su cabeza y miró a Tony con una sonrisa.
—¿En serio? —le cuestionó señalándolo—. Vienes a mi cuarto esta noche, me miras quitarme la camiseta y el pantalón, y quedar en ropa interior. ¿Y te acuestas? Nunca pensé que lo de dormir fuera cierto. Pensé que haríamos algo más… interesante. —insinuó levantando ambas cejas cómicamente. Las mejillas de Steve se tornaron un tanto coloradas, pero se le pasó el bochorno rápidamente.
—Te dije que ibas a dormir, y eso haremos. La única variable es que estaré aquí para que puedas escabullirte. Ahora, acuéstate. —le palmeó con la mano libre el lugar a su lado. Stark puso los brazos en jarras, pero al predecir que Steve no cambiaría de idea, simplemente bufó y se dejó caer a su lado, como un niño regañado. Tampoco se sentía mucho de ánimos para tener sexo, pero joder, ese pecho y esos pezones eran insinuantes. Steve lo atrajo a su cuerpo, de tal forma que la mejilla del castaño quedó pegada a él, oyendo el latir suave de su corazón. Pasó una mano por el torso de Steve debajo de las cobijas, y la dejó ahí. El rubio rodeó la espalda de Tony con su brazo libre, atrayéndolo más a su cuerpo. Sus piernas se enredaron en una suave caricia que no pretendía ir más allá de la cercanía—. ¿Y cómo vas con ese proyecto que te tiene tan atarantado? —cuestionó para rellenar el silencio. Sabía que la mente del castaño aún le daba vueltas al asunto de Obadiah.
—Mi Sistema de Inteligencia Artificial está casi listo. Falta muy poco para que por fin pueda instalarlo en la Torre, y si funciona de la forma en que estoy seguro hará, podré fácilmente introducirlo a Industrias Stark. —el toque de orgullo no apaciguó las ganas que el rubio tenía de saber acerca de aquello, así que dejó que siguiera hablando—. Sólo faltan algunos detalles, como darle ciertas características propias a su personalidad, y un nombre. No tengo uno todavía. —Steve estuvo a punto de preguntar a qué se refería con eso, ¿qué idea descabellada estaba haciendo? Pero prefirió optar por otras palabras.
—Espero que no tardes mucho. Está quitándote muchas horas de sueño. —frotó sus cabellos castaños entre sus dedos, con delicadeza, como si reconfortara a un pequeño niño. Le daba la impresión que Tony era eso—. Horas que yo te obligaré a dormir. —le susurró cada vez más bajito, pues el cuerpo de Tony, que estaba prácticamente encima de él, iba haciéndose más pesado, informándole que el millonario estaba cediendo al cansancio y a la noche.
—Si sigues frotando mi cabello de la forma que lo haces, dormiré sin falta todos los días. —murmuró entre sueños, tratando de luchar contra sus párpados pesados. Finalmente cedió y depositó un beso en el pecho de Steve, antes de acomodarse mejor y quedarse dormido. El soldado, por su parte, se dedicó a seguir pasando sus dedos entre los mechones rebeldes, que le atraían con una curiosidad enorme porque eran como el pelaje de un gato. Tony era un gato. Arisco y sigiloso ante la vida. Sonrió sin poder evitarlo y un suspiro lleno de esperanza y alegría lo invadió. Se acomodó mejor sobre su almohada y cerró los ojos. No podía engañarse más tiempo. Las palabras de Loki, las acciones de Tony, sus propios pensamientos. Esto no era sólo sexo y convivencia. Esto era más grande. Todo lo que había comenzado como un juego, como insinuaciones y caricias, había derivado a algo más.
Steve no estaba seguro en qué momento Tony se había colado en su corazón. No sabía cuándo comenzó a quererlo. No supo si fue desde el primer dibujo que hizo de él, o cuando lo vio desnudo del alma, abriendo su coraza. Sólo que ahí estaba ese sentimiento que lo llenaba. Sólo sabía que estaba enamorándose del hombre más excéntrico jamás conocido. Se preguntó, en la oscuridad de la noche, si acaso estaba enamorado completamente ya.
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Era todavía temprano y los empleados comenzaban a llegar, cuando Virginia atravesó las puertas de Industrias Stark. No había podido dormir bien en toda la noche porque el asunto de Obadiah la tenía todavía inquieta. Sin embargo, tenía un presentimiento que nadie pudo sacarle del pecho, ni siquiera la sonrisa amable de cada persona que la saludaba. Así que cuando las puertas del último piso se abrieron ante ella, no vio a nadie todavía ahí. Suspiró con frustración dándose cuenta que era la única en ese piso.
Para no sentirse sola y abrumada entre tanto espacio y silencio, decidió que era buena idea entrar a la Oficina de Tony y comenzar a trabajar desde su computadora. Así que dejó simplemente su bolsa descansar sobre su escritorio, y entró a la oficina del CEO. A penas había encendido la pantalla y sus nervios estaban calmándose, cuando dos leves toquidos resonaron en la puerta principal. Sintió que el alma se le escurría del cuerpo, pero aún así forzó la sonrisa cuando la cabeza de Obadiah se asomó.
—Escuché ruidos, pero no pensé que fuera usted, Virginia. Por un momento creí que las vacaciones que Tony se toma cuando quiere habían terminado y lo tendríamos de regreso. —sonrió, internándose en la plaza sin ninguna invitación. Pepper trató de ser natural, y respirar normalmente. Quería gritarle muchas cosas a la cara, pero tenía que controlarse. Tony todavía tenía que platicar con Natasha sobre qué harían con ese traidor—. Se ve como toda una accionista reconocida, señorita Potts. Me atrevo a decir que se ve mejor en esa silla que el verdadero CEO. —rió ante su chiste y ella tuvo que acompañarlo, sintiéndose tensar a cada minuto que pasaba. Deseaba que la oficina ya estuviera llena, para poder salir de ahí.
—¿Quiere café? —cuestionó, cuando el silencio inundó el lugar. Los ojos de Obadiah brillaron con algo que no supo reconocer, pero le asintió en respuesta y ella casi huyó a la cafetera. Estaba sirviendo el café en las tazas correspondientes, cuando sintió que una gran mano se colocaba en su cadera, atrayéndola hacia un cuerpo ajeno—. ¿¡Qué hace!? ¡Suélteme! —gritó espantada cuando el cuerpo de aquel hombre la cubrió por completo, impidiéndole el escape—. ¡No me toque! —chilló con pánico, tratando de zafarse.
—Te me has resistido mucho, Virginia. ¿Sabes cuánto tiempo esperé este momento? —suspiró, respirando agitado y excitado. Pepper se revolvió tratando de escapar de su fuerte agarre, y lamentó ser débil ante la fuerza física. Sin otro remedio, y presa del pánico, tomó la cafetera y se la aventó al hombre calvo, quemándolo con el líquido caliente. Él rugió la soltó, lanzando maldiciones mientras ella trataba de escapar. Fue más rápido y la atrapó entre la puerta y su cuerpo—. ¿A dónde crees que vas, belleza? —le murmuró—. Tú y yo tenemos cuentas pendientes. —pasó su boca por el cuello de Pepper, quien se revolvía tratando en vano de escapar.
—¡Déjame, infeliz! ¡Sé muy bien quién eres! ¡Un cobarde que engañó a Tony y a su padre! ¡Eres un asqueroso que los traicionó y mandó matar, para quedarte con esta empresa y los millones que no te pertenecen! —le rugió. Obadiah la miró sorprendido.
—¿¡Cómo sabes eso!? —la zarandeó, haciendo que la liga que sostenía su cabello en una coleta alta se desatara, y sus cabellos dorados volaran por todas partes alrededor de su bello rostro— ¡Estoy preguntándote, maldita sea!, ¿¡de dónde has sacado eso!? —le exigió, azotándola con fuerza contra el roble del que estaba hecho la puerta. Pepper lo miró con fuerza, con coraje. Como si tuviera la posibilidad de escapar de su agarre y voltear la dirección de las cosas.
—¡Lo vi en tus archivos, cínico!, ¡eres una mierda!, ¡me das as-! —pero sus palabras murieron tras la mano que se estampó pesada contra su mejilla derecha, haciéndola caer al piso por la fuerza impresa en el golpe. Su respiración se cortó y se llevó la mano a la zona adolorida, sintiéndola caliente. Una mano la tomó por el antebrazo y la obligó a ponerse de pie. La arrojó contra la alfombra a la mitad de la oficina, y sin permitirle levantarse, se arrojó encima de su cuerpo como un león de su presa. Virginia trató de gritar, pero una mano le impidió cualquier sonido. Obadiah cubrió eficazmente su cuerpo y bloqueó todo intento de ataque. Ella estaba a su merced.
—¡Cállate, perra! No dejaré que lo cuentes a nadie, ¿entiendes? Voy a enseñarte lo que es un hombre de verdad. Callaré tu despreciable boca y lamentarás haberme retado. —se acercó a su rostro de forma amenazante cuando las lágrimas se deslizaron por el rostro de la chica. Sonrió altivamente—. Eres tan bonita. Es una lástima que tenga que matarte después de hacerte mía. —y dicho esto, se sacó el cinturón con una sola mano, abriendo su bragueta y sacando su miembro erguido de su ropa interior. Pepper trató de gritar, pero aquella asquerosa mano se lo impedía. Luchó con todas sus fuerzas, pero entre más sentía que se libraba, en realidad más hundida se encontraba. La adrenalina se alzó contra ella y el pánico la inundó cuando sintió sus bragas correr por sus muslos abiertos. Gimoteaba por las lágrimas que corrían sin detenerlas, y buscó morderlo cuando los botones de su blusa brincaron por todos los lugares. El hombre calvo se relamió los labios y bajó su sostén, mostrando sus desnudos pechos, de los que embebió y chupó hasta dejarlos irritados. Potts gritaba y se revolvía, con dolor y asco. No supo el momento en que sucedió, pero de repente ya tenía la falda alzada, y Obadiah acercaba su miembro hacia ella, mientras lamía y besaba el largo de su cuello.
Aquel miembro rozó su entrada, y cerró los ojos con dolor y mordiéndose los labios para evitar sentir cualquier cosa. Pero el peso sobre su cuerpo cesó de un momento a otro, y escuchó gritos y golpes. Abrió los ojos solamente para encontrar a un hombre golpeando a Obadiah contra el suelo, y entre sus nublados ojos llenos de lágrimas, alguien se acercó a los dos hombres, separando al que golpeaba al otro. Cambiaron de lugares y el segundo hombre inmovilizó a Obadiah contra el suelo, a la vez que quien la había salvado se acercaba a ella rápidamente.
—Señorita Virginia, todo está bien ahora. Estamos aquí. —la miró directamente a los ojos con una sonrisa tranquila, sin repasar ninguna vez alguna parte de su cuerpo. Ella asintió con un nudo en su garganta y de inmediato se acomodó la ropa hasta verse decente. Él la ayudó a ponerse de pie mientras se secaba las lágrimas. Entonces lo distinguió. Era Bruce Banner quien la había salvado. Lo vio marcar un número rápidamente, intercambiando un par de palabras y marcando otro número con una velocidad impresionante. Ella simplemente se abrazó a sí misma y se sentó en el sofá mientras el otro sujeto dejaba inconsciente a Obadiah.
Una mano se posó con sutileza en su hombro, asustándola. Bruce le regaló otra pequeña sonrisa mientras le entregaba su cinta del cabello y le pasaba un pañuelo para que se limpiara las lágrimas secas. No pensaba seguir llorando.
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Tony ni siquiera se fijó en que llevaba la camiseta al revés. Se saltó todos los semáforos habidos y por haber en su camino a las instalaciones de S.H.I.E.L.D.; Steve, a su lado, le ordenaba que condujera más despacio, y Loki en la parte trasera, blasfemaba cosas parecidas en su contra. Hizo oídos sordos a lo que ambos decían y llegó como un rayo a la Organización, donde lo recibieron amablemente como si fuera un inquilino más ahí. Bajaron del coche apresuradamente y el castaño fue el primero el correr hacia el lugar que le habían indicado.
Sus brazos rodearon el cuerpo delgado y femenino de Pepper en cuanto la encontró en uno de los cuartos especiales de la Organización. Su corazón galopaba fuertemente por el desgaste físico, pero también emocional. Había recibido la llamada de Natasha informándole lo ocurrido, haciéndolos saltar de la cama a él y a Steve, quien aguardaba afuera.
—Perdóname Pepper, perdóname. Si yo hubiera estado ahí, ese maldito perro no habría in-intentado… —tragó saliva y hundió su rostro en la curvatura del cuello de ella, y la estrechó como si temiera que fuera a desvanecerse. Un ligero temblor lo invadió ante las posibilidades. Ella acarició su cabello, tranquila. Parecía fuerte y demandante como siempre. Era tan fuerte que Tony a veces se olvidaba que también era un ser humano. Se separó y vio la tristeza reflejada en sus gemas azules. Su mejilla estaba un poco hinchada y levemente morada, y él acarició con su pulgar lentamente, evitando lastimarla—. Juro que voy a matar a ese desgraciado. —apretó los labios cuando Pepper le pellizcó el brazo, para borrarle esas ideas de la cabeza.
—Ahora está en manos de S.H.I.E.L.D. y la policía, Tony. —le respondió, dándole un beso en la frente. Tony se sintió como un niño pequeño, como si ella fuera su madre y la hubieran golpeado, aún teniendo la fuerza para sonreír—. El Doctor Banner me salvó, junto con Clint. Thor llegó y se encargó de transportar a ese hombre hasta aquí. —le contó superficialmente—. Y estoy bien. Han sido buenos conmigo. —una pequeña lágrima rodó por su mejilla, la misma que Tony se encargó de desvanecer con su dedo índice. Volvió a abrazarla y permitió que se volviera a acostar y dormir. La habían sedado ante el nerviosismo que presentaba, así que supuso que era mejor dejarla descansar un rato.
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—¿Por qué lo hiciste? Eras como mi familia, Obadiah. —fueron las primeras palabras que soltó cuando atravesó las puertas de metal. El hombre al que se dirigía estaba sentado en una sencilla cama de metal, con los grilletes puestos en ambas manos y en los pies. Se dirigieron una mirada larga y profunda. Tony tenía remarcado el odio en cada una de sus facciones, mientras Obadiah remarcaba una sonrisa burlona.
—¿Tu familia? por favor, muchacho, siempre has sido un títere. Supongo que la perra de tu asistente te contó todo ya. —vio a Tony apretar los puños, conteniendo su ira—. Yo mandé secuestrar a tu padre y a ti, para librarme de ustedes y quedarme con la empresa. —se recargó contra la pared, como si estuviera aburrido de contar la historia. Stark tomó asiento en una silla frente a él, algo alejado.
—¿Por qué no me mataste también a mí? —cuestionó. La furia, la decepción, el asco y el rencor. Realmente tenía una gama de sentimientos despreciables que lo estaban envolviendo en esos momentos.
—No era el socio mayoritario en ese tiempo, así que no podía quedarme con la empresa. Tarde me enteré de eso. Howard sabía mis planes, y aún así ocultó todo para poder protegerte, qué estúpido fue. Así que decidí dejarte con vida para poder manejar Industrias Stark a través de ti. ¿No lo entiendes? Yo dí las órdenes para que tuvieras la oportunidad de huir como rata a través de la selva, porque tú eras un lienzo en blanco que no sabía nada. Me aproveché de tu idiotez. Todavía tenías un huevo de oro que dar. —su sonrisa se acentuó—. No sabes el placer que me dio ver a tu padre derrotado, pidiéndome de rodillas que te dejara vivir. Estaba muriendo de fiebre, con la pierna deshecha, con su dignidad despedazada por un hijo que jamás se lo agradeció y que siguió odiándolo después de muerto. —Tony se quedó callado, impresionado y sin nada que pudiera decir. Las palabras se atascaron en su garganta, al igual que sus sentimientos—. La culpa te invade, ¿no es cierto? Llevas tantos años juzgando a Howard, odiándolo. Además, no podía permitir que S.H.I.E.L.D. te contara sobre sus sospechas conmigo, ellos llevaban siguiéndome la pista desde que comencé a vender armas en el mercado negro. Porque a escondidas, robaba mercancía, debo confesarlo. —se alegró cínicamente de poder causar en Tony un desprecio tan grande como el que él le tenía—. Armé todo para que pensaras que quienes te habían secuestrado eran soldados de S.H.I.E.L.D., lo único que tuve que hacer fue hurtar unos cuantos uniformes, y lo creíste perfectamente. Pero entonces llegó tu remordimiento por todas las personas a las que habías echo daño, y no tuve de otra que vender información a las revistas revelando que eras tú el culpable de las guerras y las muertes. "Mercader de la muerte" no suena nada mal para alguien de tu tipo. Me marché esperando que recapacitaras sobre tus tonterías de cerrar la venta de armamento, y heme aquí de nuevo.
—Me das asco. Eres una rata, un embustero, un asesino, un… —
—¿Y tú no lo eres también? —le preguntó, cruzando sus brazos todo lo que los grilletes le permitían. Tony contrajo las cejas y se levantó, furioso.
—¡Yo no lo sabía!, ¡Tú me manipulaste y me hiciste creer que era S.H.I.E.L.D. el asesino de mi padre!, ¡tú… eres una basura! —se acercó y lo tomó del cuello, zarandeándolo con fuerza. El dolor crecía y se expandía dentro de su pecho. Lo que le había dicho a Steve era cierto, es como si tuviera un cuchillo clavado y Obadiah lo retorciera en la herida. No aguantó más, y le propinó un puñetazo tan fuerte, que lo hizo fruncir el ceño por el dolor en los nudillos. Obadiah cayó desparramado contra el metal, mientras la sangre corría por su nariz rota. Las puertas se abrieron y dos agentes le pidieron a Tony que abandonara el cuarto.
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Steve, quien había visto a Tony ir de un cuarto a otro, prefirió dejarlo solo. Iba a entrar con Pepper, pero al no ser tan cercano a ella decidió que entraría más tarde. No quería asustarla, porque le habían contado lo ocurrido ya. Loki estaba a su lado, bostezando mientras tomaba de su taza de café. En la esquina estaba Thor, quien les había explicado con punto y seña todo lo que había pasado, haciéndolos lucir incómodos por la desgracia que hubiese podido suceder si Banner no habría llegado a tiempo. Todo estaba en silencio, hasta que pasos de tacones resonaron por el suelo.
Natasha caminó hasta quedar frente a Steve, mirándolo de una forma en que él no pudo evitar su mirada—. ¿Podemos hablar? —fue su sencillo cuestionamiento. El rubio iba a decir que no, que no tenía cabeza para nada. Pero tampoco podía seguir evitándola, así que simplemente asintió y la siguió hasta el desierto pasillo—. Siento mucho lo sucedido, Steve. Yo… no quería hacerte daño, lo juro. Fui a buscarte para explicarte todo de Tony, pero fue para que ustedes hablaran y lo escucharas. Sé que ustedes están juntos en alguna especie de relación, y también sé que lo quieres, y yo no quería… no… pero era mi trabajo. Mis misiones han sido el único propósito de mi vida, y yo… Fury es como un padre para mí. —balbuceaba, pero el soldado logró entenderla. Posó uno de sus gruesos dedos sobre sus labios y la hizo callar.
—Voy a escuchar lo que tengas que decirme, Nat. Mis prejuicios me han hecho caer en un error grave con Tony, y no quiero que vuelva a suceder. No eres mala, yo lo sé. Quiero escucharte. —posó ambas manos en sus hombros, y ella tragó saliva. Un nudo se atoró en su garganta. Clint y Fury eran las únicas personas que sabían su pasado, y nunca pensó que volvería a abrir la boca para contarlo a alguien. Pero algo la empujó. Quizá fue la necesidad de que Steve supiera que estaba siendo sincera. Quizá fue la liberación de saber que tenía la oportunidad de reparar su error y recuperar un lazo de amistad.
—Desde que era pequeña, al ser abandonada, busqué mi lugar en el mundo, aferrándome a la idea de vivir. Era ilusa y pensé que el mundo era mejor que lo que en esos momentos tenía. —hizo un amago de sonrisa, que salió como un gesto torcido de su soledad—. Viví en el infierno muchos años, Steve. Entre la basura y el abuso de los hombres mayores que me encontraban vagando por las noches, sola. Despreciaba y odiaba con todas mis fuerzas a la gente adulta, pero nunca desistí de la idea de que el mundo me traería algo bueno algún día. Era sólo una chica rusa en mitad de la nada, con un pasado borroso, añejo. —dejó que las grandes manos de Steve viajaran por sus brazos, animándola a seguir hablando, consolándola—. Aprendí a defenderme de los abusadores, a cuidar de mi cuerpo. La necesidad de comida y un techo me orillaron a convertirme en una asesina a sueldo. Al principio eran encargos pequeños, pero yo crecía y mis habilidades mejoraban. Así que a través de los años perfeccioné mis técnicas, los precios subieron, pero también los encargos. Mi fama creció como un secreto a voces por las ciudades por las que avanzaba. Era temida y también solicitada para hacer trabajos sucios. Me infiltraba en la vida de empresarios famosos, los seducía y los engatusaba. Me acostaba con ellos, robaba sus joyas y dinero, y después los mataba. Sin compasión. Porque me pagaban por hacerlo. Porque con eso sobrevivía. —se detuvo un momento, cerrando los ojos ante la tremenda vergüenza que la invadió al revelarle aquello al hombre las respetable y honorable que conocía.
—Nat, no voy a juzgarte. Eres una mujer valiente, fuerte, atrevida. Has sacrificado grandes cosas para sobrevivir, pero aquí estás. Ya no eres más una asesina, eres una agente ahora. Tienes una segunda oportunidad. —al atrajo hacia sus brazos, apretándola con cariño como si fuese su hermana pequeña. Ella se dejó hacer a pesar de no gustarle mucho las muestras de cariño. Pasó sus manos enguantadas por las caderas del soldado, pegándolo más a su cuerpo.
—Es miedo, Steve. Miedo de mi pasado, de lo que fui. Miedo de mis recuerdos, de mí misma. Porque me gané un sobrenombre a la corta edad de diecinueve años: la viuda negra. Huía de la policía, cambiaba de nombre y estilo con frecuencia. Pero mi cabello jamás dejó de ser el rojo natural que se cubría con sangre al igual que mis manos. Entonces llegó la Organización que me salvó: S.H.I.E.L.D. —hizo una pausa en la que permitió que el rubio le diera un beso en la mejilla y volviera a aplastarla entre sus músculos—. En palabras de ellos, era peligrosa. Una asesina a sueldo que debía ser detenida. Me encontraron en Eslovenia y me arrestaron, a pesar de que escabullirme más de una vez. Pensé que me matarían, eso hacían con los asesinos. Pero ellos me tuvieron compasión, y sin saber mi historia ni mí pasado, sólo la lista de muertes que cargaba tras la espalda, me dieron una oportunidad. Trabajaría para ellos, y perdonarían mi vida y limpiarían mi nombre. Nick Fury me ofreció un hogar, un trabajo, una nueva vida. A cambio solamente de lealtad. Me negó muchas veces a aceptar, porque era libre. ¿Pero qué es ser libre? ¿Vivir a expensas de los demás? ¿Esperar a ser contratada y seguir las órdenes de alguien sólo para matar? Eso no era libertad, estaba lejos de serlo. Y ellos me ofrecían un pañuelo para limpiar mis crímenes. Así que acepté unirme a S.H.I.E.L.D. —sonrió tristemente mientras se alejaba.
Steve comprendió de pronto que después de tantos años de vivir en la miseria, de aprender por la fuerza cómo sobrevivir a tanta maldad en el mundo, tenía un hogar. Hacía misiones secretas para el gobierno, y mataba sólo cuando era necesario. Pero era un trabajo honrado. Después de todo, le debía mucho a Nick Fury. Gracias a él había reivindicado su camino, aprovechado su vida, se había hecho fuerte y encontrado su lugar en el mundo al lado de Clint. S.H.I.E.L.D le había dado un nuevo comienzo con su verdadera identidad.
—Te admiro tanto. —le habló con toda la sinceridad de la que fue capaz de reunir. Las gemas verdes de ella brillaron cuando encontró el reconocimiento en sus ojos, y volvió a abrazarlo con fuerza mientras una delgada lágrima se deslizaba sobre su mejilla femenina. Steve correspondió con una suave sonrisa—. Te quiero, Natasha Romanoff. —le susurró suavemente, depositando un beso entre sus cabellos rojos. Y ella supo en ese momento que su nombre nunca había sonado tan bien como lo hacía ahora.
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Tony estaba limpiando sus nudillos cuando vio aparecer a Steve y Natasha por el pasillo, tomados de la mano y con una sonrisa en el rostro. Un pinchazo de celos lo invadió al saber que él la había perdonado. Iba a hacer un comentario al respecto, pero prefirió morderse la lengua, porque no eran tiempos de pelear. Así que aventó el pañuelo lejos de su alcance, como signo claro de que se sentía ofendido. Steve lo miró largamente y después tomó asiento a su lado.
Loki iba por la tercera taza de café esa mañana, ignorando olímpicamente a Thor, quien tampoco había tomado el coraje de acercarse y hablar con él. Pepper seguía dormida en la habitación que se le había sido asignada, y ellos tres—Natasha, Steve y Tony—estaban sentados, en silencio. Todos dirigieron su atención al pasillo por el que escuchaban los pasos aproximarse. De ahí salieron Clint y Bruce, quienes habían decidido ir a cambiarse de ropa.
—¿Qué hacen aquí? —cuestionó Tony, cayendo a penas en la cuenta que habían vuelto, y que habían salvado a Pepper—. ¿Cómo…? —se atragantó con sus palabras porque la culpa aún lo recorría y decidió guardar silencio. Steve posó una de sus fuertes manos en su rodilla, apretando ligeramente para reconfortarlo. Aquello no pasó desapercibido para los recién llegados. Clint se acercó a Natasha y le dio un beso en la frente antes de sentarse a su lado. Sus manos se unieron casi mecánicamente, sin decir ninguna palabra de afecto.
—Llegamos hoy cuando estaba amaneciendo. —contestó el Doctor Banner, quitándose los lentes para limpiarlos en su camisa amarilla. Un gesto demasiado común en él para desviar la atención de los demás—. Pensé que te encontraría en Industrias Stark, así que nos dirigimos ahí, y encontramos… bueno, supongo que ya lo saben. —dio una rápida mirada por el perímetro cuando todos asintieron. Caminó algunos pasos y tomó asiento al lado de Loki, quien le ofreció una taza de café que él cordialmente negó.
—Las bolas se me congelaron allá arriba. Apuesto a que son azules ahora. —intervino Clint, pasando ambos brazos por detrás de su nuca. Steve se ruborizó un poco ante su comentario, porque de todos los presentes, era a quien menos conocía. Si todavía recordaba la vergüenza de decirle Légolas cuando lo conoció. Natasha lo pellizcó fuerte en la pierna, dirigiéndole una mirada amenazante que él calmó de inmediato con una sonrisa. Estiró un brazo y cubrió los hombros de la espía, atrayéndola en un semi-abrazo que Natasha no deshizo.
—Eso… eso quiere decir que… —Steve habló, titubeando un poco ante la revelación que estaba teniendo. Si Bruce estaba de vuelta, y él le había prometido que no regresaría hasta… ¿podría ser verdad?
—Sí, Steve. Eso quiere decir que hemos encontrado el Iridio, y sólo será cuestión de un par de días para que el control esté listo y puedas regresar a casa. —le sonrió, a pesar de que el rubio no cruzó en ningún momento mirada con él. Nadie dijo nada, y hasta el aire comenzó a sentirse más pesado. Tony se tensó, y se mordió los labios, confundido. ¿Steve se marcharía tan pronto?, ¿dos días, en serio? Eso era imposible, ¿verdad?, Steve no se iría tan pronto, él no… giró la cabeza hasta el dueño de sus pensamientos, encontrándolo sumido en sus propias ideas. Insistió con su mirada, pero ni así consiguió que el soldado lo viera. Algo dentro de él se apretó con fuerza cuando sintió que el tiempo que les quedaba juntos, estaba contado a partir de ahora.
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Espero que el capítulo les haya gustado, y ya saben que siempre pueden dejar una opinión (sea buena o mala). La recta final de esta historia está cada vez más cerca.
Espero que me comprendan, me siento muy avergonzada con ustedes. Los quiero mucho.
¡Un beso enorme!
Chiidory: Siempre es un gusto recibir tus comentarios, muchísimas gracias por éste :D ya estamos viendo las respuestas a las dudas, aunque ahora supongo que saldrán más respecto a lo que hará Steve. Thor tiene sus razones, no es tan malo como parece, él sólo está enamorado, aunque eso no quiere decir que no ha cometido errores, al igual que Loki. Como pudiste leer, ya llegaron y por fin podré desarrollar la pareja que me has pedido (Clint y Natasha) de las que también ya tengo ansias de explorar un poco más. Muchísimas gracias por tus deseos, me da mucha alegría que después de un año sigas leyéndome. ¡Un beso enorme!
ItsasoAdhara: Nunca he escuchado esa canción, pero me la apuntaré porque suena a mucha verdad. El amor no es solamente flores y alegría, también es sufrimiento y sacrificio. Loki es muy orgulloso y Thor un despistado, y eso no les está trayendo nada bueno. Esperemos que sepan resolver sus contratiempos. ¡Un beso enorme!
Guest: ¡Lector fantasma! Gracias por dejar un lindo comentario :3 me alegra que la historia vaya gustando, y muchísimas gracias por formar parte de las pocas (o muchas) personas que leen este fic. Le he puesto todo mi corazón. Te espero en el siguiente capítulo, ¡Un beso enorme!
Naoki: Lo siento tanto, pero la historia de Tony ha forjado a la persona que es ahora, también sentí un nudo en la garganta cuando escribía :c ya estaremos viendo pronto que sus sentimientos comienzan a notarse, pero la pregunta es si estarán a tiempo. Confieso que olvidé un poco al extraño con quien Loki se fue a tomar unos tragos, pero ya lo traeré de regreso el siguiente capítulo xD muchas gracia por el comentario y nos leeremos pronto ¡un beso enorme!
Darkmoon: es un placer siempre, siempre, saber de ti. ¿Sabes? En este capítulo, al igual que tú, sentí que estoy alargando mucho ya la desidia de los sentimientos de Steve y Tony. Aunque ya pudimos ver que uno de los dos se dio cuenta por fin de sus sentimientos. Ahora la pregunta es si estarán a tiempo antes de que algo pase. Jarvis no aparece en el MCU, por eso mismo he querido explorarlo a fondo, transformándolo en un apoyo para Tony. Claro que Tony le aclarará eso a Jarvis muy pronto, pues como bien dices, él es su pilar, y Howard nunca supo serlo. Thor tiene un gran complejo, y es el decepcionar a su padre que todo le ha dado, aunque esto lo explicaré en el siguiente capítulo y ya podremos ver el porqué actúa de esa forma. Aunque sí, la mayor culpa la tiene él, pero Loki tampoco se salva, pues ha confundido la dignidad con el orgullo, y se ha portado algo cruel. Jane tendrá su momento de gloria en este fic, pues no me gusta que odien a los personajes que son mujeres, así que ya la veremos dando sus buenos discursos a quienes se lo merecen. Sobre lo del descendiente, lo he analizado bastante, y ya tengo la respuesta. Obviamente lo la diré para no spoilear el final y que sea una sorpresa general. Te me adelantaste respecto a Natasha, pero ya vimos en el capítulo que fue difícil para ella también, esperemos lo siguiente, porque su papel seguirá. Olvidé el detalle de la altura de Steve, pero sólo ésta vez, lo prometo xD espero que estés muy bien. ¡Un beso enorme!
