Capítulo 28: De esperanzas y desesperanzas.

Lily se la pasaba evitando a Sirius, Remus y en especial a James. Este último era el único que sabía que ella se había enterado del verdadero y gran secreto de los merodeadores.

- ¿Remus? – preguntó Sirius mientras comía una tostada con mermelada de naranja - ¿Sabes qué le pasa a Evans?

- No tengo idea desde Navidad que no la veo, se la pasa en su habitación – respondió el aludido – me tiene algo preocupado.

James miraba su cereal y jugaba con él rogando que sus amigos no le preguntaran nada, ya estaba lo suficientemente deprimido por haber retado a Lily sin que esta tuviera verdadera culpa, ¿Pero que debía hacer?, no podía arriesgar a sus amigos, ni siquiera por la persona que más amaba en la vida. Le dolía verla en el pasillo evitando su mirada, había avanzadazo tanto en su relación con la pelirroja y ahora no solo había vuelto a lo de antes, incluso preferiría pelear con ella, a que esta lo evitase a toda costa, era como si le tuviera miedo.

- Ella es – dijo de repente Remus sin que sus amigos entendieran – la chica de la bufanda – explicó apuntando a la mesa de Hufflepuff, específicamente a un grupo de chicas.

Remus había pasado todos sus desayunos, almuerzos y cenas, esperando a ver a la chica para devolverle la bufando, pero nunca la vio, quizá porque como merodeador no siempre iban comer al gran comedor, sino que se la pasaban paseando por el castillo y yendo a las cocinas cuando les diera hambre. Y cuando ya se había resignado y había comenzado a pensar de que la había soñado o que era un espejismo, aparecía, ahí estaba con una sonrisa en su rostro, la chica sin nombre.

- ¿La conoces? – preguntó Sirius a James.

- No lo sé – negó el chico, mirando descaradamente a la mesa de Hufflepuff – pero una de las compañeras de ella, es Anilda Furg, esta en el club de Slug, es la hija de la editora de "Corazón de Bruja" y la otra es Jen Johnson, a quien tú ya conoces obviamente.

- ¿Por qué debería recordarla?

- Canuto, ¡Ella fue tu novia! – le reprochó James con risa – no sé como recuerdas tu propio nombre, Canuto.

Sirius intentó hacer memoria, Jen, si no mal recordaba era la morena o quizá la rubia, no estaba seguro, tampoco le importaba mucho, nunca había durado más de tres semanas con alguien, así que se olvidaba rápidamente de sus conquistas.

- Pues, por lo menos ahora sabemos en que año está, Lunático – le dijo James – si es compañera de Anilda y de Jen, debe ser de quinto.

Remus se disculpó, se levantó de la casi vacía mesa de Gryffindor y se dirigió a la mesa de lo tejones. Miró a la chica que había conocido el día que había ido a dejar a Theo, estaba igual, la cabellera café oscura, sus ojos brillosos, la piel blanca y casi transparente y los labios rojos, con la sonrisa más encantadora que había visto, ¿Cómo era posible que en los casi seis años que llevaba en Hogwarts, nunca la había visto?.

Se acercó al grupo de chicas, tres exactamente, Jen, Anilda y la desconocida.

- Disculpa – dijo Remus un tanto avergonzado por ni siquiera saber el nombre de la chica a quien le había tocado el hombro – este, yo, quería devolverte tu bufanda.

- Hola – saludó con una gran sonrisa la chica, pero luego – ¿Y la bufanda?

Que tonto había sido, tanto que había buscado a la chica y había dejado la bufanda en su habitación y ahora ni sabía que decirle.

-Este, yo, eh, no te he visto desde ese día, así que la tengo en mi habitación – el licántropo no sabía qué más decir y lo peor era que nadie decía nada más – Si quieres te la voy a dejar a tú sala común, aunque necesito saber tu nombre.

- Matilda Greywood – dijo la chica mirándolo a los ojos sonrojada ante los cuchicheos y sonrisas de sus amigas.

- Yo soy Rem…

- Remus Lupin – interrumpió la misma Matilda sobresaltando al chico – Si no supiera tu nombre no sería de este colegio, ¿no crees?.

- Claro – Remus se sentía un imbécil frente a la chica.

- Si quieres te acompaño luego de comer a buscar la bufanda – se ofreció la chica – para que no debas ir a nuestra sala común.

- Esta bien – asintió Remus – te veo luego de comer mis cereales.

El chico le sonrió a las tres chicas y se dio media vuelta, escuchando el cuchicheo que se había armado no solo entre ellas, sino que también entre diversos grupos de la sala común, ¿De cuándo su vida era tan importante para el resto?, debía admitir que siendo parte de los Merodeadores era como si él mismo se lo hubiese buscado.

Remus llegó donde sus amigos que jugaban a lanzarse bolitas de chocolate a la cara usando catapultas construidas con cucharas.

- Luego de comer mis cereales – repitió Remus sentándose - ¿Habrá algo más estúpido que decir eso?

- Claro que si – comentó James ajustando su catapulta – esta Canuto, obviamente y todo lo que le digo a Evans.

- ¡Hey! No soy estúpido – saltó Sirius recogiendo con la mano unas bolitas de chocolate y lanzándolas con su brazo, dando justo en la cara de James. - ¿Y como se llamaba?

- Matilda – respondió Remus – nos veremos luego de que coma mis cereales.

- Te gusta – le codeó James recibiendo la mirada asesina de Remus – hablo en serio, lunático, actúas igual que yo con Evans.

Remus analizó la situación, hace días que no pensaba en Lily, que no recordaba su dulce beso, que no la extrañaba, ahora en su cabeza había aparecido una sonrisa, una bella sonrisa de una quinceañera y James tenía razón, ya había dicho una estupidez, al igual que su amigo con la pelirroja. ¿Cuánto te demoras en olvidar a alguien y pensar en otra?. Quizá lo que le dijo Lily era verdad, ellos solo eran grandes amigos y ese sentimiento se había confundido con amor.

- No me gusta – cortó el licántropo obviando sus pensamientos – ya les dije que solo le devolveré su bufanda.

- Ya comente tus cereales, galán – le regañó Sirius – que tu damisela te espera en la entrada.

Remus casi se atragantó con sus remojados cereales, se limpió la boca y se levantó seguido de sus dos amigos. En la entrada se encontraba Matilda, pequeña y con una sonrisa que parecía que nunca se le borraba del rostro.

- Discúlpalo por la demora – dijo Sirius – eran demasiados cereales.

Luego de presentarse, los cuatro se dirigieron a la sala común de Gryffindor en completo silencio. Sirius, quien no aguanta no poder decir nada, le hizo una seña a James para que entendiera que era mejor dejarlo solos.

- Espero no les moleste, pero Sirius no soporta el silencio, así que nos iremos a molestar a alguien – explicó James con una encantador sonrisa – nos vemos luego, Luni.

En seguida, ambos se largaron por un pasillo oscuro charlando sobre una broma espectacular hacía Quejicus, mientras Remus y Matilda subían unas de las miles escaleras para llegar a la sala común.

- Son chistosos – comentó la chica – siempre pensé que eran arrogantes.

- ¿Y por qué eso? – preguntó Remus intrigado.

- Jen, la morena que estaba junto a mi – explico Matilda - siempre habla de Black como un idiota, arrogante y sin sentimientos.

- Suele causar esa impresión en las chicas – comentó Remus riendo – pero en el fondo, si obvias lo irresponsable y no tomas en cuenta lo descarado, es un gran chico.

No se dijo nada más en el camino, Remus miraba al frente, pensando en algo que pudiera decirle a Matilda, pero todo lo que pensaba le sonaba soso y estúpido.

- Espérame aquí, que voy a buscar la bufanda – le pidió Remus mientras entraba por la señora gorda, que se había enfadado por que había un alumno de otra casa – vuelvo en seguida.

En la sala común se encontró con Lily, la iba a saludar pero esta al verle cambió de posición dándole la espalda, debía hablar con ella para saber que era lo que le pasaba, porque algo debía estar pasando para que de la nada se comportara así, pero en ese momento no, debía ir a buscar la bufanda, ¿Dónde la tenía?. En la habitación buscó en su baúl, pues ahí era donde el lo había guardado, pero no estaba. No estaba bajo la cama, ni sobre ella, ni en el baño, ni en el escritorio. Por fin encontró la bufanda amarilla con negro en la ropa sucia de Sirius.

Bajó por las escaleras y notó que la pelirroja ya no estaba, se propuso hablar con ella esa misma noche y salió por el compartimiento de la sala común.

- Lo siento, no la encontraba por ninguna parte – se disculpó el licántropo – pero aquí esta.

- Gracias – agradeció Matilda tomando la bufanda y colocándosela alrededor del cuello – nos vemos luego, Lupin.

Dicho esto se dio media vuelta y comenzó a caminar.

- ¡Hey! – le gritó el chico para detenerla - ¿Tienes algo que hacer después de almuerzo? Digo, como para

- Oh, lo siento – dijo la chica al darse vuelta para ver al chico – pero le prometí a una amiga ayudarle con unos asuntos.

- Ya veo, entonces, nos vemos – se despidió Remus pidiéndole a la señora que lo dejara entrar.

- Pero mañana estoy libre – terminó la chica – te espero después de almuerzo en el Hall de entrada.

Sin decir nada más siguió caminando mientras desaparecía de la vista de Remus, quien entró por la señora gorda y se dirigió a las escaleras.

- Lily – Llamó Remus desde el inició de las escaleras – Lily, necesito hablar contigo.

Luego de un buen rato llamando a la pelirroja y sin recibir ninguna respuesta, se fue a su habitación y sacó la escoba de Sirius, bajo nuevamente, y voló sin problemas hacía la puerta de la chica.

- Vamos, Lily, se que estas ahí – le gritó desde su escoba y golpeando a la puerta - si no me abres, entraré yo.

- No estoy de humor, Remus – se oyó de detrás de la puerta – tengo cosas que hacer.

- ¿En vacaciones? – dijo abriendo la puerta sin el permiso de la pelirroja – Tenemos que hablar.

Lily estaba en posición de indio sobre su cama, leyendo un pesado libro. Su vista era hacía el chico que acababa de irrumpir en su habitación, lo miró unos segundos y volvió a concentrarse completamente en el grueso libro.

- Quiero estar sola, Remus, por favor – le rogó la pelirroja – sal de aquí.

El chico se bajó de la escoba de su amigo, caminó hacía Lily y se sentó a su lado, se quedó ahí viendo si la chica reaccionaba o por lo menos se dignaba a mirarlo, pero no pasó nada, ella hacía como si no existía.

- Lily, ¿Qué pasa?

- Nada, Remus, ¿Qué podría estar pasando? – respondió la chica sin desviar la mirada del libro

- Déjame ilustrarte, Lily – le dijo el chico – pasamos una grandiosa navidad, nos juntábamos todos los día y de repente, dejaste te hablarnos, nos esquivas y te encierras en tu habitación.

- No quiero hablar de eso ahora, en serio, Remus.

- Acabas de admitir que si te pasa algo.

- Como odio que hagas eso – río la chica apenada – pero en serio, no es nada, solo quiero estar sola.

- Dejaste de vernos el último día de mi transformación – comentó el chico – ¿Tiene eso algo que ver?

Lily no sabía que decir, no podía decirle a Remus lo que pasaba, porque Potter tenía razón, si le decía que había descubierto que sus amigos se convertían en animales, iba a sentirse mal por el riesgo que ellos habían tomado por él. Menos podía decirle que lo encontraba reprochable, irresponsable y peligroso. Pero tampoco podía evitarlo para siempre, si más que mal era su amigo y aunque llevaban muy poco siéndolo, sentía un gran cariño hacía él.

- Mira, Remus, sé que he estado rara – admitió la chica inventándose alguna mentira creíble sobre su comportamiento el último tiempo – la verdad es que me ha dado un poco de pena no pasar las fiestas con mi familia, estoy algo preocupada por ellos con todo lo que está pasando y ellos no saben nada – mintió la chica – si hasta me he pasado todos estos días escribiéndoles cartas.

- Si te sentías así debiste haberme dicho, no es bueno encerrarse y pasar las vacaciones sola – le dijo el chico mientras la abrazaba fuertemente.

Ya no había razón para evitarlos, si le daba un poco de miedo la situación, había aceptado bastante bien la condición de hombre lobo de su amigo, pero aceptar la animagia ilegal no era tan fácil. Pero debía admitir que lo hacían para ayudar a Remus y al parecer era una gran ayuda.

- Te prometo que desde ahora volveré a ser la de antes – prometió la chica – pero no me obligues a estar con Black y Potter.

- Pero no te prometo que ellos no te busquen – bromeó el chico – Ahora ¿Qué quieres hacer?

- ¿Vamos a Hogsmeade? – sugirió la chica – quiero salir del castillo.

Ambos salieron de la habitación, la pelirroja espero que Remus devolviera la escoba de su amigo y salieron del castillo, hacía Hogsmeade. En los días de vacaciones, tenían permitido ir cuando quisieran, siempre y cuando le informaran a algún profesor, premio anual o prefecto. Llegaron a Hogsmeade rápidamente, el día no estaba tan nevado, fueron a las tres escobas a comer algo a modo de almuerzo para luego seguir caminando por el pueblo.

- Aquí es – dijo Remus mientras se sentaba en un tronco seguido por la pelirroja – la casa de los gritos.

- Una vez Mary me retó a pasar el cerco, pero no pude – relató la chica – me acerque y empezaron los gritos desgarradores. Así que salimos corriendo.

- Dumbledore hechizó el lugar, para que hubiesen gritos cuando alguien se acerque – explicó Remus – aunque claro que todas esas historias de gente torturada son mentiras, la gente inventa muchas tonteras.

- ¿Nunca haz dañado a alguien?

- Una vez, casi lo hago – dijo cabizbajo – Fue una broma de Sirius, no pensó que llegaría tan lejos, fue una suerte que James se enterara de lo que pasaba y lo salvó.

- Severus.

- Si, además de los chicos, Theo y tú, Snape sabe mi secreto, aunque lo descubrió de la peor forma. Luego de esa transformación pensé en irme del colegio, pero los chicos me convencieron de quedarme.

- Y por suerte lo hicieron – sonrió la chica – Mereces como cualquiera de nosotros, estudiar y ser un gran mago.

- Luego veremos si podré trabajar con mi condición – dijo el chico mirando la casa de los gritos.

- Ya veremos si logramos sobrevivir a quién-tú-sabes – agregó Lily - ¿Quieres volver?

- Vamos a comprar chocolates y volvamos al castillo – sugirió el chico – James y Sirius ya deben estar preguntándose que he estado haciendo con Matilda.

- ¿Matilda? – preguntó Lily mientras volvían al pueblo.

- La chica de la bufanda – explicó el chico – al fin la encontré y le devolví, al fin, su bufanda.

- ¿Y te gusta? – preguntó Lily codeándolo.

- Quién sabe – insinuó Remus.

Era la primera vez que decía casi abiertamente que quizá, si le gustaba la chica de la bufanda, y ya no encontraba muchas razones para negarlo, tampoco la amaba, ni sentía cosas increíbles con ella, pero no iba a negar que

- Mi Remus está enamorado – bromeó Lily saltando por la nieve – y se casarán, tendrán hijitos y yo seré la madrina de alguno.

Lily se fue molestando a Remus por todo el camino, planeó la primera cita, el día de san Valentín e incluso se declaró la planificadora de la boda, aunque paró cuando este le dijo que el se haría cargo de la boda de ella y su amigo James. Llegaron a las tiendas, donde Remus pudo comprar una cantidad exorbitante de chocolate.

- El chocolate me hace feliz – comentó Remus mientras miraba las vitrinas de la tiendas y le daba un pedazo a Lily – me calma cuando me siento un poco lobuno.

- A mi me engorda – comentó riendo la pelirroja – pero me encanta.

Se iban a dirección al castillo, cuando Remus se detuvo a arreglarse los cordones de los zapatos y en ese momento miró hacía atrás. Era Matilda caminando con un chico comiendo grageas de todos los sabores. El licántropo no hizo ningún comentario al respecto, Lily nunca se dio cuenta de lo que había pasado y siguieron al castillo comentando las propiedades supuestamente mágicas del chocolate.

- ¡Evans! – gritó Sirius cuando los dos entraron a la sala común – al fin te dignas a pasar tiempo con nosotros.

- No lo pude evitar Black, por mucho que me desagrade, debo convivir con las únicas tres personas, aparte de mí, que están en la torre – respondió la pelirroja.

James no hizo ningún comentario, fingió que debía mandar una carta urgente a sus padres y subió a la habitación. Aun no se sentía bien con Lily, quería darle todo el cariño del mundo, pero sentía que cada vez que lo hacía, algo salía mal, no quería caerle a los ojos y ver la misma cara de miedo que vio en su habitación, quería que ella fuese feliz por encima de todo.

James comenzó a escribir a sus padres, al principio era solo para distraerse, pero luego se dio cuenta que hace mucho que no los veía y que los extrañaba, siempre se había preocupado por ellos, lo tuvieron a una alta edad y por lo mismo ahora, cuando James tenía dieciséis, sus padres no eran tan jóvenes. Les preguntó como estaban las cosas en los viajes y en casa, les relató algunos sucesos en Hogwarts y les comentó que con Sirius tenían planeado si o si volver a casa para las vacaciones de semana santa y que por lo mismo no debían viajar. Les pidió que se cuidaran y les dijo que los quería muchísimo. Luego de terminar la carta, subió a la habitación y le ató el pergamino a su lechuza, no sin antes darle algo de comer. Vio desaparecer a su parda lechuza en el cielo y bajó las escaleras encontrándose con una solitaria Lily Evans.

- Fueron a buscar comida – informó Lily – dijeron que volvían en un segundo.

- Lamento que no hayas pasado unas tan grandiosas vacaciones, por mi culpa – dijo james sentándose a su lado – no debí … tú sabes, retarte por descubrir sobre nuestra animagia.

- Potter, solo tratabas de proteger a tus amigos, no te preocupes – le reconfortó la pelirroja – además, debo admitir que no lo he pasado mal.

Lily le dio una palmadita en la espalda y James pudo notar que llevaba el brazalete que le había regalado. Recordó que le había escrito a la chica Este brazalete es como una promesa: te prometo que lucharé siempre por tenerte a mi lado, aunque me digas cien veces no.

- Evans, mañana es el último día de este año – le comentó el chico - ¿crees que en este nuevo año aceptarás salir conmigo?

- No lo creo, Potter, por lo menos ya no eres tan molesto como antes e incluso ya no me dices por mi nombre de pila.

- Es un avance – sonrió el chico coquetamente.

- No saldré contigo, Potter – le recordó la chica – porque no quiero salir contigo y punto.

- ¿Entonces por qué llevas el brazalete que te di? – preguntó James haciendo sonrojar a la chica – Si lo usas es por algo.

- Porque es hermoso – reconoció la chica avergonzada – pero no te debiste haber molestado tanto, soy solo una chica.

James miró a la chica a los ojos y se arrodilló ante ella.

- Lily Evans – dijo suavemente el chico – tú no eres solo una chica, yo… - James no pensaba correctamente, estaba actuando más por instintos – yo siento que te …

- No digas nada – le paró Lily algo asustada, dejando a su compañero con las palabras en la garganta – por favor, no digas nada más, Potter. Tú ni me conoces como para pensar si quiera en que sientes algo por mi.

James agarró la pequeña mano de Lily y la puso sobre su fornido pecho, haciendo que la pelirroja sintiera el fuerte tambor en el que se había convertido el corazón del chico. Lily se quedó paralizada mientras sentía los fuertes y rítmicos latidos, no tardó en notar como su corazón comenzaba a latir igual de fuerte que el de James y como sus mejillas se calentaban y se ruborizaban.

- No me digas que no puedo sentir algo por ti – le pidió James mirándola fijamente actuando igual que antes más por instintos que por algo racional – te juro que he tratado de comprender que me pasa, porque siento todo esto por ti, pero ¿sabes?, me gusta sentir esto y voy a luchar hasta que me aceptes.

Se quedaron en silencio, James aun arrodillado frente a la pelirroja y la chica con la mano en el pecho del chico, solo podían escuchar los latidos de los dos corazones, hasta que Lily sacó la mano al escuchar que alguien entraba por el orificio de la sala común y James se levantaba para sentarse en un sillón distante, fingiendo que nada había ocurrido.

- Miren lo que nos han dado los elfos – dijo fuertemente Sirius colocando una bandeja de plata con sándwiches sobre la mesa de la sala común, mientras que Remus repartía botellas de sumo de calabaza.

Los cuatro comieron animadamente mientras hablaban de las clases que se venían, las pruebas para la licencia de aparición, los partidos de quidditch y de que harían para celebrar el nuevo año.

- A todo esto – dijo James – ¿Y cómo te fue con la chica esa de la bufanda?

- Bien – respondió Remus fingiendo que no pasaba nada malo – ya le devolví su bufanda.

- ¿Y no se verán de nuevo? – preguntó Sirius – se veía interesada.

- No lo creo – respondió Remus pensando en que dijeron que se iban a ver al día siguiente – sinceramente no me interesa mucho salir con nadie.

- Y yo que pensaba que al fin tendría una cuñada – comentó James – aparte de la hermana de Evans, obviamente.

James esperaba recibir un golpe o un reto de la pelirroja, pero para su sorpresa, esta solo se ruborizo. Quizá este nuevo año si iba a lograr conquistar a su pelirroja.

oOo

Aun de vacaciones me robe la internet de alguien y les pude subir este capítulo, debo decir, que ya tengo listo el capitulo 29

que es un capítulo que me emociona demasiado y según yo causara sensación

Les cuento que en mis vacaciones estoy viviendo junto a un puma suelto, así que tengo prohibido salir de noche al patio

Espero sus comentario y les deseo lo mejor en estos días

Simona