Soul Eater no me pertenece. De lo contrario, ya estaría casada con Death the Kid y le hubiese dado 8 perfectos hijos simétricos.
NOTA: Todas las gracias del mundo a naomi-evans por el dibujo que me hizo de Aria. ¡Ahora es portada de este fic! :D Es a do ra bleeeeee (L) :)
El valor de lo importante
Todo o nada
Acuclillado frente a la celda, la figura insana de Red le sonreía con vehemencia, sin despegar sus ojos de ella, como si fuera el pedazo de carne más preciado de toda la tierra, como si fuera lo único que quería en todo el mundo.
Tsubaki hizo un esfuerzo por continuar respirando normalmente pero los gritos y el llanto de Aria no la dejaban pensar con claridad, le rompían el corazón. Pensar que había estado casi toda la noche sola…
- Oye… - murmuró el arma suavemente, logrando que los ojos de Red se iluminaran aún más ante la vista de que su nuevo juguete le estuviera hablando – Mira, no quiero ser irrespetuosa ni nada de eso… pero… no puedes dejar a un bebé solo en una de estas celdas.
- ¿Ah no? – Replicó Red, girando la cabeza hacia un costado sin borrar su sonrisa - ¿Por qué no?
- Porque hace frío. Ella está llorando porque tiene frío y está sola. – Tsubaki intentaba ser cautelosa con sus palabras, que la voz no le temblara pero que tampoco saliera muy firme. Estaba tanteando el terreno. De una manera u otra tenía que hacer que Red le diera a Aria. – Si solo me la trajeras para que…
El Kishin comenzó a reír estrepitosamente y la mujer se echó hacia atrás por la sorpresa y el miedo. La locura se podía sentir en el aire y eso no ayudaba mucho al hecho de que estaba muerta de susto y de que Aria tenía problemas con la sangre negra.
- Por favor – le rogó, acercándose a la celda y tomando los barrotes – Es solo un bebé. Yo… yo no soy su madre, no puedo alimentarla ni nada pero… tal vez pueda calmarla. Por favor, es solo un bebé…
- No me importa. Para mi es mi nuevo juego – Red se levantó del suelo solo para apoyar su cabeza en el concreto y colgarse cabeza hacia abajo, todo sin dejar de mirar a Tsubaki, como si estuviera haciendo una pose distorsionada de yoga – Además, ¿Quién sabe lo que puedes hacer con ella si te la doy?
- ¡No hare nada, lo juro! – la chica sintió sus ojos quemar por las lágrimas – Solo quiero tenerla conmigo. Para que no llore. Ni tenga frío. Por favor… no se para que nos trajiste aquí pero… no creo que en tus planes una beba enferma o llorando te sea útil ¿no?
Ese comentario pareció hacer clic en Red. Él se quedó observándola con cuidado hasta que descendió de su pose y se acercó a la celda. Tsubaki, en cambio, no se movió ni un centímetro de donde estaba.
- Solo te digo esto: llegas a hacer un movimiento en falso y yo mismo me encargaré de matarte frente a sus ojos.
- No haremos nada – repitió Tsubaki, rogando al cielo y a Shinigami que sus amigos se apuraran. No sabía cuánto tiempo más podría estar allí encerrada sin sucumbir a la locura.
Red la observó de arriba abajo y luego desapareció de su vista. La espada podía sentir sus pasos alejándose y cerró los ojos pensando en que nunca había sentido tanto miedo en toda su vida. No por ella, sino por la pequeña criatura que en esos momentos lloraba por estar sola, por no tener a sus padres con ella, por el miedo que sentía, por el dolor que le causaba la sangre negra.
El llanto comenzó a hacerse más cercano y Tsubaki se levantó rápidamente cuando vio a Red traer a Aria consigo. A pesar de todo, el agarre del Kishin con la beba era cuidadoso: la sostenía con un solo brazo pero cuidando de no lastimarla, aunque Ari continuaba sollozando. No le gustaba esa persona de cabello rojo.
Casi sin darse cuenta, Tsubaki estiró los brazos en un ruego silencioso. Red, en cambio, se mantuvo mirando a la beba por unos segundos más antes de volver sus vacíos ojos al arma:
- Ya lo sabes. Nada raro.
Ella asintió rápidamente sin alejar sus manos. Se hizo hacia atrás unos segundos para que Red abriera la puerta de la celda y se acercó lentamente, casi con miedo. Estábamos hablando de un Kishin, ¿Quién sabe lo que podría hacer si no iba con cuidado? Era capaz de lastimar a Ari, soltarla o golpearla. Debía ser precavida. Debía abordarlo con cautela.
Cuando sus manos por fin rozaron la ropita sucia de la bebé, Red la soltó y se alejó para volver a cerrar la puerta. Tsubaki atrajo a Aria contra su cuerpo inmediatamente, sintiendo que el peso del mundo había desaparecido de sus hombros. La tenía con ella. Aria estaba con ella. Ahora podía encargarse de que nada le pasara y ya no dejaría que Red se la llevara.
- Sshh, tranquila hermosa – intentó calmarla, acariciando su espalda con cariño, mientras se balanceaba por toda la habitación; el Kishin sin perder vista de sus movimientos – Ya todo está bien. Todo estará bien, Ari.
Y eso fue lo que hizo: siguió repitiéndole lo mismo una y otra vez aún si ella misma no creía en sus propias palabras.
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Abrió los ojos y parpadeó un par de veces. No reconocía el lugar en donde estaba. ¿Dónde estaba? ¿Por qué estaba todo sucio y hacía tanto frío?
- Ia…
Sus sentidos se dispararon y se levantó de un golpe de su posición horizontal en el suelo. Buscó a la personita que la había llamado y la encontró sentada cerca de los barrotes de la puerta, zarandeando algo entre sus manos. Lo que hizo que su sangre se helara no fue eso sino ver que el Kishin se había metido con ellas a la celda y miraba el inocente juego de la niña desde una posición sentada frente a ella. Tsubaki se insultó internamente por haberse quedado dormida.
Aria vio a su tía moverse y soltó el pequeño "juguete". Acto seguido levantó sus brazos:
- ¡Ia!
Tsubaki inmediatamente hizo amague de acercarse. Aún así, su aliento se cortó al ver que el kishin también se movió, colocándose en medio del camino, como si no quisiera que se acercara a ella. La espada pasó saliva y levantó sus manos en señal de inocencia.
- Solo voy a levantarla – le explicó calmadamente – Me está llamando. Ella me dice "ia", quiere que la cargue.
Red no se vio muy convencido de aquello.
- ¡Ia! – apuró Ari.
- ¿Ves? – Continuó Tsubaki, dando otro paso – Déjame levantarla.
Él pareció pensárselo por unos segundos y luego se hizo a un lado. Tsubaki respiró hondo y se acercó rápidamente para tomar a Aria entre sus brazos y acunarla como a ella le gustaba. Al instante la pequeña acomodó su cabecita bajo su cuello y sujetó su remera con convicción. De tantas veces que la había visto, ya sabía qué significaba ese gesto.
- Perdón hermosa, no puedo alimentarte. – Se disculpó mientras acariciaba sus cabellos blancos – No soy mamá.
- Mama – repitió la beba, alejándose de ella y mirando hacia el costado, como si en esa acción encontrara a su madre. – Mamá. ¡Mamá!
Tsubaki se sentó en el suelo y la acunó tranquilamente, haciendo lo posible por calmarla. Al parecer, estaba funcionando ya que la niña se quedó quieta y cerró sus ojitos para dormir. Aria estaba tomando todo muy bien o será que se había quedado sin lágrimas luego de todo lo que lloró la noche anterior.
El Kishin, en un sorpresivo acto, la imitó y se sentó frente ellas, todo sin dejar de mirarlas. Sus ojos negros y vacíos estaban poniendo a Tsubaki nerviosa pero hizo todo lo posible para no parecerlo.
- Tiene los ojos de colitas – dijo de repente en voz divertida.
La espada parpadeó un par de veces, sorprendida, y luego bajó la vista hacia su sobrina, quien se había quedado dormida.
- Y el cabello de Soul – comentó para agregar algo mientras sus dedos se deslizaron por la finura de su pelo cortito. ¿Qué estaba haciendo, siguiéndole el comentario a su enemigo?
- Será perfecta.
La morocha levantó su mirada, alerta.
- ¿Perfecta para qué? – quiso saber y, aunque trató, no pudo evitar que sus palabras destilaran veneno y odio.
- Para ser mía. Mi familia. Su sangre negra ya se está adaptando a la mía.
El aire escapó de los pulmones de Tsubaki e, inconscientemente, acercó a la pequeña aún más a su cuerpo.
- ¿T-tuya? ¿A qué te refieres con eso?
- A que estará conmigo por siempre. – sonrió él, apoyando su mandíbula en su palma, sin alejar sus pozos negros de la figura durmiente de la beba – Se quedará conmigo por toda la eternidad. Esta vez sí tendré la familia que me arrebataron.
Tsubaki frunció el entrecejo. ¿Acaso un Kishin, un ser despiadado que mataba por diversión, estaba hablando de familia con tanto… sentimiento en la voz?
- ¿Te… te arrebataron a tu familia? – preguntó ella, manteniendo sus palabras suaves para no despertar a Aria. No podía creer que estaba intentando entablar conversación con el monstruo que las había secuestrado.
- Ajá. Si mal no recuerdo, tenía dos hijos y una esposa. Una tarde estábamos jugando y luego vinieron ellos.
- ¿Ellos?
- Los asesinos. – respondió, oscureciendo su tono de voz. La espada pasó saliva, asustada por estar tocando una fibra sensible – Los mataron sin que yo pueda hacer nada. Y a mí me dejaron vivo.
Más allá de la situación, Tsubaki bajó la mirada sintiéndose algo mal por ello. ¿Tal vez esa había sido la razón por la que se había transformado en Kishin? ¿Por ese odio?
- ¿Qué hiciste con ellos? – quiso saber la espada al ver que no continuaba hablando.
- Los perseguí. Los maté. Y me comí su alma. Sabía horrible. Pero ellos debían pagar. Por quitármelos. Por haber hecho que mis últimas palabras hacia ellos fueran "Este juego será interesante"
No podía creer lo que estaba escuchando. Este Kishin en realidad sentía algo más que locura.
- Por mucho tiempo estuve buscando familia – continuó él, sorprendiendo a Tsubaki y estremeciéndola a la vez. ¿A qué se refería con "buscando"? – Yo quería conseguir hijos para seguir jugando con ellos.
- ¿Conseguir? – repitió la voz temblorosa de la fémina.
- Si – sonrió Red con felicidad plasmada en una sonrisa enorme – Conseguí muchos hijos. No fue fácil, sus padres no querían dármelos, aquellas malditas sabandijas.
El aire pareció hacerse escaso en ese reducido lugar mientras Red continuaba hablando. Tsubaki podía sentir sus ojos llenarse de lágrimas. ¿A cuántas familias había asesinado para cumplir su capricho de" seguir jugando" con los hijos de otros?
- ¿Y qué pasó con ellos?
- ¿Con quienes? – Red giró su cabeza hacia un costado.
- Con los niños. Con… con los hijos que conseguiste – las palabras salieron forzadamente de su garganta.
El Kishin colocó una expresión de aburrimiento y bufó mientras se apoyaba contra la pared.
- No soportaron mi onda de locura. Ni el contacto con mi sangre negra. Así que me comí sus almas también.
Tsubaki hizo el esfuerzo de no llevarse una mano a la boca. Sentía que estaba a punto de devolver lo que sea que tuviera en el estómago. Este monstruo era peor de lo que ella pensaba. Había devorado almas de criaturas inocentes por quien sabe cuánto tiempo. Era… era imperdonable.
- Entonces… ¿Ari es solo otro de tus intentos por conseguir… hijos?
- ¿Quién? – nuevamente, colocó un gesto que hacía dudar de su estabilidad mental.
- Oh. Ella… - señaló la mujer, sin saber si estaba haciendo bien o no – Ella se llama Aria.
- ¡Ah, el bollito!
- Si, el… el bollito.
- Oh, no, ella es perfecta – la diversión y el brillo insano volvieron a sus ojos mientras se sentaba derecho, enfocando nuevamente sus ojos en la pequeña Eater – Ella ya tiene sangre negra. Con un poco de tiempo se acostumbrará a estar cerca de mí sin problemas. ¡Y podremos jugar!
- P-p-pero… es muy pequeña. La locura la consumirá antes de que se adapte.
La sonrisa de Red se ensanchó.
- Para eso estás tú: para no dejar que eso pase.
Tsubaki frunció el cejo, sin comprender del todo. ¿Ella?
- Yo… yo no tengo el poder para hacer eso… su madre sí.
- Sí, ya se que colitas puede– se quejó él, como un niño pequeño – Pero, como has visto, no estaba muy feliz de entregármela. Por lo que no puedo dejar que la vuelva a ver.
- P-pero… una niña tan chiquita necesita a su madre para vivir. Sino… terminará como tus otros hij-
- ¡Eso no va a pasar! – le gritó Red, enfadándose de repente, asustando a Tsubaki. Inmediatamente bajó la mirada para ver si Aria se había despertado y la volvió a posar en él cuando corroboró que no. Debía estar exhausta - ¡Ella no morirá y no tendré que conseguir nada más! ¡Se quedará conmigo para siempre, contigo o sin ti!
La espada cerró la boca y apretó sus labios.
Eso no podía estar pasando.
Chicos, por favor apúrense.
- Bien, ahora es mi turno. – la oración la tomó desprevenida y la hizo sudar frío ante las posibilidades de lo que podía significar.
- ¿Tu… turno? – susurró congelándose en el lugar.
- Sí, de sostenerla – replicó Red, levantándose y estirando sus brazos hacia ellas.
Tsubaki miró hacia todos lados mientras también se paraba para dar dos pasos hacia atrás.
- Eh… ¿por qué no la sostienes después? Mira, ahora está dormida… vas a despertarla y luego llorará y…
- No. Ahora – la expresión de Red cambió a seriedad mientras comenzaba a avanzar hacia ellas. En consecuencia, la mujer dio otro paso hacia atrás.
- No, por favor, no. Luego puedes-
- Dámela – ordeno el Kishin a solo unos centímetros de tocar la cabeza de Aria.
- Red, no- una explosión hizo resonar un ruido estrepitoso por todo el lugar, alertando tanto a Red como a Tsubaki. El monstruo bajó los brazos y giró su cabeza a 180 grados. Dos segundos después, volvió la vista divertida y, a la vez, molesta a su acompañante.
- Parece que tenemos visita.
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- ¡Tsubaki! ¿Dónde estás, Tsubaki? ¡Maldito, aparece para que puedas enterarte quién es Ore-sama! ¡Te mataré por haberme quitado a mi reina! – un golpe en la parte trasera de su cabeza hizo que dejara de delatar su posición a los gritos.
- ¡Eres un idiota! ¡Deja de atraer al enemigo hacia nosotros! – le gritó Kim, enojada.
- Creo que la explosión ya le dio un buen indicio de que estamos aquí – comentó Harvard como al pasar desde su forma de arma en los brazos de Ox.
- Escuche o no, no tardará mucho en notar que estamos aquí. Debemos prepararnos – replicó Stein, levantando a Spirit en su forma de guadaña mortal. Él más que ningún adulto allí quería acabar con la vida de ese monstruo.
En efecto, en menos de siete segundos, una nueva explosión se hizo ver desde las alturas del edificio principal y Red apareció colgado de sus tan conocidas cintas mortales. Observó a todos cabeza abajo y sonrió con diversión.
- Vaya, vaya, parece que muchos han venido a jugar conmigo hoy.
- ¡¿Dónde está Tsubaki?! – le gritó Black Star, dando dos pasos hacia adelante. Él era el único sin arma en ese grupo pero de ninguna manera eso iba a ser impedimento para que fuera a rescatar a su novia y a su sobrina.
El Kishin le volvió a sonreír.
- Ellas están conmigo. Ya no van a abandonar este lugar. Y, por lo que puedo ver… ustedes tampoco.
- Ja. No me hagas reír, idiota.
El Kishin quitó lentamente su sonrisa y enfocó su mirada neutra en el final de la formación que se desplegaba delante de sus ojos. Asimismo, todo Spartoi se giró para mirar al equipo Eater- Albarn, el único que no se encontraba en pose de pelea aunque Soul ya estuviera en su forma de arma. La imagen de su rostro se reflejó en la hoja de la guadaña y enfrentó su mirada llena de locura con la suya propia.
- En el momento en que pusiste tus putas manos sobre mi familia firmaste tu sentencia de muerte ¿lo sabías, verdad? – la voz de Soul era irreconocible. A su vez, todo Spartoi notaba cómo estaba luchando contra la locura en el aire, lo que no era nada fácil considerando las ganas que tenía de despedazar a ese ser despreciable. Maka, mientras tanto, no decía nada, sino que sus ojos se mantenían fijos en Red destilando un sentimiento que ninguno había visto antes en ella: odio total, desprecio, aversión. Ella solo quería destrozarlo con sus propias manos.
Lo peor que ese Kishin había hecho no había sido aparecer en el camino de Spartoi y Shibusen sino meterse con la razón de existir de Soul y Maka.
Le tomó unos segundos, pero la sonrisa de Red retornó a adornar su rostro y luego pasó su lengua por sus labios.
- Entonces este juego será interesante. El premio es el bollito.
- El premio – replicó Maka con odio en su voz, hablando por primera vez en 48 horas – será verte a ti degollado mientras yo esté sosteniendo a mi hija en mis brazos.
El comentario no pareció agradarle en nada al Kishin, quien inmediatamente colocó una expresión seria y se giró para observarlos normalmente.
- Eso no pasará – replicó sintiendo la ira sobrellevar su sangre – Ella es mía, no te la llevarás, ¡es mía! – y, sin más que decir, se lanzó a atacar al grupo.
Sin un segundo que perder se movieron de su lugar esquivando el impacto aunque las intenciones de Red se hicieron obvias tan solo un instante después: iba a por Maka. Su comentario parecía haberlo enojado en demasía, lo que ayudaba a los demás a batallarlo desde atrás. Si estaba blindado por el odio hacia ella, era más fácil que descuidara sus puntos débiles.
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- Solo… un minuto más, hermosa… - le dijo Tsubaki, sintiendo cómo su fuerza drenaba fuera de su cuerpo. Había transformado su brazo derecha en arma y estaba cortando los barrotes de la celda, cosa que no había podido ni intentar con anterioridad por la constante vigilancia de Red. Aunque se le estaba volviendo un trabajo difícil: los barrotes tenían algo, llámenlo locura o veneno, pero sentía que perdía fuerza con cada roce que su espada hacía contra ellos. Ciertamente, el hecho de que Aria estuviera llorando a viva voz a su lado, parada inestablemente sobre sus piernitas tironeando de su pantalón no ayudaba mucho.
La pequeña se había despertado por la explosión y ahora estaba muerta de miedo. Pero Tsubaki no tenía tiempo que perder: debía sacarlas de ahí; por más de que eso implicara que Ari llorara del susto ante la batalla que ya se escuchaba afuera.
- Solo un poco mas… - el último barrote cayó estrepitosamente al suelo y la espada hizo lo mismo, sentándose en el concreto, intentando respirar hondo un par de veces.
- ¡Ia!
Levantó uno de sus brazos y atrajo el cuerpito tembloroso de su sobrina.
- Ya está Ari. Ahora… vamos a buscar a papá y mamá.
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- ¡Ven aquí, colitas!
Maka dio otro salto hacia atrás, esquivando un nuevo ataque de su oponente. Sus movimientos eran precisos y rápidos lo que ayudaba a su equipo a que lo atacaran de atrás. Por ahora, la estrategia estaba funcionando aunque era evidente que no lo estaban dañando mucho. El bastardo parecía hecho de acero.
- ¡Death Canon! – una explosión levantó el polvo necesario para desconcertarlo por un segundo, tiempo que Stein ocupó para acercarse y atacarlo con Spirit, logrando hacerle un pequeño pero efectivo tajo en su brazo derecho. Ahora la pelea era entre el técnico más fuerte que Shibusen había conocido y el Kishin Red.
Maka apretó a Soul aún más fuerte.
- Vamos nosotros también – replicó Soul, preparado para darle con todo su caza demonios.
Su esposa asintió y agitó la guadaña para lograr su técnica característica. Tomó impulso y se lanzó contra el Kishin, quien en esos momentos era retenido por Stein y el grupo de Ox. Estaba a solo unos metros de atacar cuando, de repente, una onda de alma inundó su mundo logrando que girara su cabeza desesperadamente en busca de la misma, perdiendo la concentración.
- ¡Maka!
Fue demasiado tarde. Cuando volvió la vista, lo único que vio fue el rostro sonriente de Red antes que tomara su brazo izquierdo y la girara a 360 grados alrededor de él para luego lanzarla contra la pared del edificio contigo.
Soul sintió la urgente necesidad de convertirse en humano.
- ¡Maka! ¡Maka, háblame!
- Estoy bien – murmuró la técnica, secándose la sangre que corría por su barbilla y poniéndose de pie nuevamente.
- ¡No pierdas la concentración! ¿Qué mierda te pasó?
La rubia sintió sus ojos quemar por una milésima de segundo.
- Ari.
- ¿Qué? –los sentidos de Soul se pusieron alerta.
- Ari está cerca. Con Tsubaki. Tenemos que ir por ella, tenemos que…
- ¡CUIDADO!
El grito de Kid los alertó del próximo ataque de Red y consiguieron esquivarlo, logrando que la patada del Kishin diera de lleno contra la pared ya dañada. Sin perder tiempo, se levantó de entre los escombros y buscó nuevamente a su target. Mejor dicho, el target lo encontró a él. No pudo esquivar el puñetazo que Maka le encestó en el centro del rostro. Acto seguido, la técnica se alejó de él y formó el cazademonios. Ahora que lo tenía acorralado, debía terminarlo antes de que se le escapara.
Pero, antes de que la guadaña rozara el pecho del Kishin, este agarró el filo con ambas manos y lo detuvo con toda la fuerza que tenía.
- ¡Maldito!
No podía ceder. Si soltaba a Soul o disminuía la intensidad de su ataque, Red aprovecharía y los acabaría. Y tampoco podía permitir eso.
Estaba pensando un plan de ayuda cuando sintió algo enredarse en su abdomen y tirarlos hacia atrás, alejándolos de Red. Al instante el Death Canon implosionó contra el Kishin, acompañado de las técnicas del equipo de Ox. Maka se sintió confundida, ¿si lo que la había alejado no habían sido las tiras de Red entonces…?
Siguió la trayectoria de las mismas y dejó escapar un gemido de emoción. Desde encima del edificio principal, Tsubaki le sonrió con alivio mientras comandaba a sus sombras a depositarla en el suelo con cuidado. Pero eso no fue lo que hizo que Maka sintiera un nudo en la garganta sino el hecho de que Aria estaba entre sus brazos, abrazada a su ropa con firmeza y escondiendo su rostro contra su cuello.
Pudo sentir cómo el alma de Soul amenazaba con echar a llorar. Dio un paso hacia adelante, dispuesta a correr hacia ellas.
- Ari…
- ¡NO!
El grito desesperado de Red logró que todos volvieran la vista hacia él al mismísimo momento en que descargaba uno de sus ataque eléctricos contra Stein y Spirit dejándolos inconscientes en el suelo. Luego, casi como un impulso, lanzó sus cintas hacia el edificio y se sujetó lo suficientemente bien como para impulsarse hacia arriba.
- ¡NO! – el grito de Maka resonó en todo el lugar. Estaban tan cerca. Su bebé estaba allí, a metros de distancia. Y ahora ¿Red la tomaría otra vez?
- ¿A dónde demonios crees que vas, hijo de puta?
En medio del trayecto de Red hacia la punta del edificio, Black Star salió desde una de las ventanas y le encestó su onda de alma en el pecho, lo que lo lanzó nuevamente hacia el suelo, abriendo un cráter en la mitad de la calle.
- ¡No volverás a tocar a mi chica, ¿entendiste pedazo de mierda?! – Miró hacia arriba y extendió su mano - ¡Tsubaki!
Cuando Red se recuperó y levantó la mirada hacia arriba, sus ojos se abrieron de par en par y su cuerpo se impulsó hacia arriba por pura inercia. Para su desgracia Black Star justo descendía con Tsubaki en modo espada mítica y logró que un nuevo corte se abriera en la piel del Kishin. Tras un gemido de dolor del que se recuperó rápidamente, Red volvió a mirar a Black Star, mejor dicho: a Tsubaki.
- ¡El bollito! – Gritó con voz consternada - ¡¿Dónde está mi bollito?!
Desde su lugar en las manos de su técnico, Tsubaki sonrió con felicidad:
- Está donde pertenece – le respondió.
Al analizar esas palabras, los ojos de Red se dirigieron en dirección hacia su peor pesadilla.
- ¡No!
Justo antes de que Tsubaki se transformara en arma, Chrona había sacado sus alas rotas y había sujetado a Aria para alejarla de allí. Ahora, se encontraba a escasos metros de Maka, quien a su vez corría al encuentro de la chica.
- ¡No! ¡No te voy a dejar! – gritó alterado, sacando las cintas de su espalda.
- Esa es mi línea, idiota – replicó Black Star al momento en que las sombras de Tsubaki apresaban el cuerpo del Kishin, impidiéndole que cumpliera su cometido. Tanto Kid como Ox, Kim y Killik se colocaron a la par, listos para atacar.
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- ¡Ari! – cuando Chrona llegó volando a su lado, Maka agradeció al cielo porque no creía que las piernas le resistieran otro instante más. En el momento en que la pelilila depositó a la pequeña Eater en los brazos de su madre, tanto Soul como Maka sintieron que volvían a la vida.
Maka cayó de rodillas al suelo mientras las lágrimas ya surcaban sus mejillas. Acariciaba y besaba a su hija repitiéndole una y otra vez que era su vida, que la amaba, Dios, qué asustada que había estado. Pero ahora estaba allí, entre sus brazos, estaba bien, estaba con ellos. Ya no dejaría que la alejaran de ellos. Soul, desobedeciendo la regla de nunca transformarse estando en batalla, volvió a su forma humana y abrazó la temblorosa figura de su esposa. Sus ojos chocaron contra los de su hija y él mismo se vio luchando contra las ganas de derrumbarse allí mismo.
- Hola princesa. – saludó suavemente, acariciando sus finos cabellos.
- ¡Papá!
Oh, sí. Esa voz era lo más maravilloso que había escuchado en toda su vida. Solo necesitaba de ella para vivir.
- Si, amor, papá y mamá vinieron a buscarte.
Aria se separó del agarre de su madre para mirarla y sonreírle:
- ¡Mamá!
La emoción no permitió que Maka dijera nada sino que simplemente volvió a abrazarla y a agradecer a Shinigami que ya la tenía con ella otra vez.
- ¡Bollito!
Pero eso aún no terminaba.
Los tres adultos volvieron la vista hacia Red y sintieron su alma caer a sus pies. ¿Cuánto tiempo se habían descuidado de la pelea? Todos sus compañeros se encontraban siendo sostenidos por las cintas de Red a una altura considerable del suelo. Varios de ellos, como ser Kim, Jaqueline y Harvar se encontraban inconscientes, mientras que los demás apenas podían mantenerse despiertos.
- Esto es lo que pasa cuando se meten conmigo – replicó Red, estirando los brazos para enseñar lo que había logrado – Ahora, me darás al bollito y se irán de aquí para siempre. De lo contrario, tendré que matarlos y comer su alma.
Chrona se colocó en posición de batalla a su lado y Maka afianzó aún más el agarre contra su hija.
- Soul, transfórmate.
En menos de un segundo, el Eater ya se encontraba nuevamente en su forma de Death Scythe dispuesto a rebanarle el cuello a aquel canalla o a morir en el intento. Esta vez no había "próxima vez". Si no podían proteger a Aria de ese monstruo en esa ocasión, de nada servía vivir. Si le llegaba a pasar algo a Maka y si Red se llevaba a su hija nuevamente, él mismo se ofrecería para que comiera su alma. Después de todo, la vida sin ellas no era vida.
Era todo o nada.
- ¿Qué vamos a hacer? – susurró Chrona, manteniendo a Ragnarok delante de ella, sin titubear con su postura de batalla.
- Nosotros vamos a atacar – respondió Maka – Quiero que cortes sus hilos y que liberes a todos. Si no los tiene con ellos tal vez podamos tener una chance de ganar.
¿Qué decían? Luchaban en una guerra prácticamente perdida. Red ya les había demostrado varias veces con anterioridad que podía matarlos cuando él quisiera. Solo se estaba divirtiendo. Pero ahora que había probado un poco de la compañía de Aria parecía decidido a mantenerla con él. A cualquier costo.
Lo malo para él era que ellos también lo matarían a cualquier costo.
- Muy bien – Chrona asintió y, sin más, desapareció de escena. Aunque eso no hizo que la batalla de miradas entre Red y Maka acabara.
- Dame al bollito – ordenó el Kishin con voz seria pero cargada de odio.
- Sobre mi cadáver – replicó Maka, levantándose lentamente del suelo. – Soul, debemos resonar una vez más.
- Sabes que eso no será suficiente – dijo su esposo desde su lugar como arma.
Ella frunció los labios. Claro que lo sabía pero ¿qué más podían hacer?
- No tengo otro plan. La resonancia de almas es todo lo que tengo.
- Amas – replicó Ari, llamando la atención de ambos. Maka bajó su mirada para ver cómo los ojos bicolores de su hija se plantaban contra los suyos para luego estirar la mano y tocar el asta de Soul. - ¡Papá, mamá, amas!
- ¿Almas? – preguntó ella en voz alta, logrando que la pequeña le enseñara los únicos dos dientes que poseía - ¿Quieres… hacer la resonancia de almas?
- ¡Amas, mamá!
Olivos buscaron rubíes inquisitivamente y los mismos le devolvieron la mirada confundida.
- ¿Acaso ella sabe cómo hacer una resonancia?
- No tengo idea. Pero es una técnica, podríamos… podríamos intentarlo.
Ja, sí, claro. Su hija de un año y ellos podrían intentar hacer una resonancia de almas. Disparatado… pero no imposible.
Soul extendió una de sus típicas muecas y sonrió.
- Intentémoslo. Es nuestra última opción.
Maka sintió deseos de reír como desquiciada pero se ahorró las ganas para después. En cambio, separó las piernas y cruzó la guadaña en diagonal a su cuerpo. No supieron cómo ni porqué pero Aria la sujetó rápidamente y ambos sintieron el más puro sentimiento de orgullo en sus pechos.
- Tres contra uno, me gusta – replicó Soul.
- Aquí vamos. – La técnica sonrió, besó la frente de su hija y mantuvo su mejilla apoyada contra su cabecita - ¡Resonancia de almas!
Más allá de la típica fuerza que los invadía cada vez que juntaban sus almas, un nuevo sentimiento de poder se adueño de su lazo, pareciendo hacerlo más fuerte. Era una nueva energía que corría por sus venas, por su conexión, algo que les daba calidez y valor a la vez. Nunca pudieron llegar a sentir una armonía tan estable como la que estaban experimentando pero, por más que se sintiera maravillosamente correcta, aún tenían que ponerla a prueba. La hoja de guadaña creció a un tamaño nunca antes visto y se tornó de un color lila fuerte. Maka la agitó dos veces y luego la apuntó en dirección a su enemigo.
- Kishin Red, ¡tu alma es mía!
Y, sin más, se lanzó corriendo a su encuentro. El Kishin, sin perder tiempo, arremetió contra ellos a su vez, formando en ambas manos unas puntas que destilaban electricidad. A tan solo dos metros de él, Maka frenó para dejar paso a Soul y las fuerzas chocaron creando chispas. Red no pretendía dejarse vencer así como así pero el equipo tampoco podía dejar que eso continuara. No.
Eso terminaba allí.
Acompañada de un grito de dolor y aplicando un poco más de fuerza, Maka sintió cómo el filo de la guadaña atravesaba la barrera que Red había colocado frente a su cuerpo y cedía cortando al medio el torso del Kishin más poderoso del mundo.
La fuerza empleada en ese ataque fue demasiada por lo que Maka fue lanzada hacia atrás, al igual que Soul. Ambos volvieron a colocarse en guardia inmediatamente, decididos a darle el golpe final si era necesario.
No lo fue.
Allí, parado como si no pudiera creer lo que estaba sucediendo, Red continuaba mirándolos con los ojos completamente abiertos por el shock. Sangre negra resbalaba a través de su herida, incluso la parte de arriba de su cuerpo ya comenzaba a caer hacia el costado, producto de la cortada.
Lo último que Red hizo antes de caer el suelo muerto fue mirar a Aria y pronunciar su nombre lastimosamente. No "bollito", ni "juego interesante". Simplemente… Aria.
En ese momento, la locura comenzó a mermar y a desaparecer lentamente. Como si no pudiera procesar lo que pasaba, Maka se sentó en el suelo, abrazando a su hija con un brazo y con el otro buscando a ciegas alguna señal de su esposo. Señal que llegó en forma de calor corporal.
La familia Eater compartía el primer abrazo libre de cualquier amenaza.
Ya todo había terminado.
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No sé si está bien terminar la historia teniéndole un poco de lástima al Kishin pero bueno XD (Él solo quería una familia D: )
Okey, okey, okey: esta fue la batalla final. Sigo sosteniendo que soy un asco escribiendo escenas de acción así que ruego su perdón si no les gustó o si sintieron que faltó algo. Me aseguraré de incluirlo en mi próximo fic.
Ahora, esto no termina aquí. Faltan un par de capítulos más y luego, sí, señoras y señores, habrá que decirle adiós a El valor de lo importante :´)
¡Por favor, díganme que les pareció este capítulo! Es muy importante para mí, así puedo mejorar y darles historias de mejor calidad :) ¡Review, review, review!
También, lamento la demora: estuve dos semanas de vacaciones y no estuve ni cerca de una computadora. Así que gomenasai :/
Ya saben, dejen review y Soul irá por las noches a su casa a hacerles un baile privado ;) Uuuuu, Yo que ustedes dejo tres :P
¡Besos enormes, los amo!
Hikari x Takeru
