Hola amigas... de nuevo por aqui, con un pequeño cap... espero les guste...
Besos y abrazos a todas mis hermanas... las amo...
Disclaimer: Nada del universo Potteriano me pertenece, todo es de JK... y lo que sigue... aunque algunos de estos personajes si son míos...
Vivan los Sly!
Enjoy!
VIAJE A LAS ESTRELLAS
POV Altair:
Mi cumpleaños llego en un suspiro, trayendo el consabido alboroto de siempre. Había decidido no realizar ninguna celebración, ante el reciente y muy doloroso fallecimiento de mi abuelo. Aunque mis padres y abuela habían insistido, yo francamente no estaba de humor para ello y sin más ni más me negué rotundamente a prestarme a sus juegos. Así pues, el día tan esperado llegó, con un poco menos de algarabía, pero con la evidente curiosidad por saber que seria lo que recibiría por obsequios de cumpleaños. Sobre todo porque ardía en deseos de conocer mi primer regalo de cumpleaños por parte de mi padre.
Ese día amaneció exactamente igual a cualquier otro, muy nublado, pero a pesar de ello, la mortecina luz que apenas lograba escaparse de entre las nubes lograba quitarle un poco el sentimiento nostálgico. Las lechuzas fueron llegando desde muy temprano desde todas partes, con paquetes de diferentes tamaños. Algunas de ellas, de elegantes y bellas líneas, llegaban con paquetes donde el papel fino y lustroso mostraba con gran detalle los característicos Blasones de las casas Malfoy y Zabinni.
Otros sin embargo, parecían que habían sido envueltos por manos extrañas, a pesar de ser de personas conocidas, como Parkinson y Bulstrode. Los mas pintorescos estaban envueltos en papel marrón, con la disparatada y chueca letra de Ronald Weasley, o en papel muy colorido, a lo muggle, con la muy pulcra y fina letra de Hermione Granger, o los divertidos y estilizados trazos de Luna Lovegood.
Cuando abrí los ojos, los obsequios rodeaban mi cama, sin dejar apenas espacio para caminar. Mis padres entraron sonrientes, esperando el momento en que comenzara a abrirlos, curiosos también. Comencé a abrir mis obsequios con prisa y sin ningún orden. Ubiqué el obsequio que mas me interesaba, una pequeña cajita lacrada con el Blasón de los Black. Lo abrí con lentitud, aguantando la respiración, descubriendo ante mí el más bello objeto.
Era un pequeño relicario, dentro de el, las fotos de mis padres me sonreían, la de él, guiñándome un ojo con picardía, mientras la de ella me miraba con el gesto serio, pero lleno de amor. Sonreí entre lágrimas, mientras los abrazaba y besaba. Después llegó el turno al obsequio de Draco, quien venía compuesto de un hermoso brazalete de diamantes, muy antiguo por lo que podía ver. Su carta me llegó al corazón, pues sonaba muy melancólico y me dejó preguntándome a que se debía su estado de ánimo.
Hice a un lado los restos de las cajas mientras me concentraba en abrir las demás, haciendo nota mental de quizás hacerle una visita a su mansión. Fui abriendo uno por uno los obsequios, buscando con ansiedad el de Theodore. Un broche de zafiros por parte de Zabinni, un set completo de maquillaje por parte de Pansy, una hermosa muñeca de trapo de parte de Millicent, un banderín de los Black Wolves de Rumania por parte de Ronald, un par de libros de Encantamientos, si, de Hermione, y un chivatoscopio por parte de Luna.
La abuela Anya me obsequio un ajuar completo para el próximo invierno, y la señora Weasley me obsequio un hermoso sweater tejido a mano color verde esmeralda con la inicial de mi nombre. Bueno, que hasta la abuela Walburga ordenó a Kreacher buscar entre sus cosas para darme un obsequio, un hermoso camafeo con el Blasón de la Noble y Ancestral Casa Black, que había pertenecido a su madre.
Todos y cada uno de ellos fueron de mi agrado, pero entre mas buscaba la ansiedad crecía dentro de mi, hasta que me di cuenta de que ni Theodore, ni Harry, me habían obsequiado nada.
Me sentí decepcionada, pero pensé que tal vez sus obsequios vendrían después. Me levante de la cama con desgana, dando las gracias a mis padres, mientras caminaba hacia el baño para ducharme y vestirme. Cuando me hube adecentado, baje sin ganas las escaleras, topándome con el cuadro de mi abuela, quien me miraba sonriente desde su eterna imagen, esperando.
Agradecí profundamente el gesto, tomándome algunos minutos mas para hablar con ella, hasta que mi estómago rugió con fuerza, haciéndome despedirme con celeridad y casi trotar hasta la cocina, donde apenas hube puesto un pie dentro de ella, todo se volvió una fiesta, haciendo cambiar mi humor un poco. Nos sentamos a desayunar, mientras todos los ahí reunidos, los Weasley, mis padres, mi abuela y Harry, hablaban y hablaban sobre mis obsequios.
Observé a Harry desde el otro lado de la mesa, mientras él me sonreía y me lanzaba unas miradas que de un momento a otro, me hicieron sonrojar.
El momento culminante de todo, fue cuando Kreacher sacó un enorme y suculento pastel, hecho por él mismo, el cual era su regalo de cumpleaños para mí. Me sonroje cuando los gemelos comenzaron a molestarme, y aún más cuando lo tomé de las mejillas y le di un pequeño beso. Sus enormes ojos se abrieron de sorpresa mientras balbuceaba no se que cosa, desapareciéndose en el acto.
Ronald bromeo sobre si el elfo estaba enamorado de mi, pero a papá no le hizo mucha gracia, pues ya sospechaba algo parecido, ante las atenciones del mismo hacia mi. Sonreí ante su ceño fruncido y el ya tan conocido puchero, antes de que todos estallaran en carcajadas.
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La mañana paso sin novedades, igual que la tarde y parte de la noche, nos fuimos a acostar mientras yo sentía que de un momento a otro explotaría, pues ya me sentía desesperada por no tener noticias de Theodore. Me fui a la cama sin sueño, dando vueltas en la misma mientras pensaba una y otra vez en las consecuencias de escaparme a las tantas de la noche para ir a buscarlo.
De improviso, tocaron a mi ventana, haciéndome saltar asustada. Salí de la cama con cautela, apretando mi varita entre mis dedos, lista para repeler cualquier ataque. Abrí las ventanas de un tirón y tuve que ahogar un grito cuando ahí, frente a mí, estaba Harry Potter, flotando en su escoba afuera de mi ventana.
-¡Me asustaste! ¿Qué haces?-dije, bajando un poco la voz para evitar que alguien me escuchara.
-Ven, tengo algo que mostrarte-dijo, ofreciéndome su mano- ¿Creíste que se me había olvidado tu regalo de cumpleaños?-
Le tomé la mano mientras cerraba los ojos fuertemente, no fuera que me desmayase por ver que tan lejos estábamos del suelo.
-¿Y no podía ser algo mas…normal?-dije con la voz entrecortada, mientras en mis oídos restallaba el sonido de su risa.
-Te dije que eras una cobarde-
No pude abrir los ojos hasta que sentí la madera de la escoba. Pasó mis manos alrededor de su cintura, haciéndome contener la respiración, preguntándome si era acaso por el miedo a las alturas, o por estar tan cerca de el. Comenzamos a subir bien alto en el cielo, mientras yo me aferraba cada vez mas fuerte a su estrecha cintura, con los ojos bien cerrados para no ver nada. Me temblaban cada uno de los músculos del cuerpo, y casi estaba segura de que moriría por un infarto si no bajábamos lo más pronto posible.
Volamos por lo que parecieron varios minutos, y a cada segundo que pasaba, yo sentía que lo hacíamos cada vez mas alto, cada vez mas arriba que las sempiternas nubes grises que poblaban el cielo londinense, hasta que finalmente, la luz brillo contra mi rostro. Abrí los ojos de par en par, solamente para observar el cielo despejado, donde la luna llena brillaba arriba de las nubes, recortándose contra el cielo estrellado. A donde quiera que volteara a ver, miles y miles de ellas se podían ver, reluciendo en el firmamento como diamantes. Nos detuvimos de pronto, y el se volteo un poco hacia mi para decirme.
-¿Ves aquella estrella que se ve allá a lo lejos?-dijo, señalando en la distancia hacia un punto en particular.
Me esforcé por que mis ojos observaran lo que el señalaba. A lo lejos, pude observar un pequeño punto en la inmensidad del cielo, pero lo observe confundida.
-Si, ¿Qué es?-
-Eres tú, Altair. Altair, te presento a Altair-me dijo, sonriendo con diversión- es la estrella Altair, la mas brillante de la constelación del…-
-Del Águila, si… mamá me lo dijo, ella y Sirio son las más brillantes, por eso me llamo así…-dije sonriente.
-Es cierto. Eres igual de brillante que ella, le haces honor a tu nombre. Junto a ti, cualquier estrella es opaca-dijo, acercándose lentamente a mi rostro.
Cuando estuve a escasos centímetros de rozar sus labios con los míos, agregué:
-Pero la Luna es más brillante… y más hermosa-dije, buscando cambiar el rumbo de la conversacion.
-¿La Luna? Tal vez, si, pero yo estoy loco por una estrella-
Tragué saliva mientras veía su rostro avanzar hacia el mío, sin saber que hacer. Cuando sus labios estaban a punto de juntarse con los míos, hice lo único que se me ocurrió. Me eché para atrás, soltándome de la escoba, haciendo que esta se moviera hacia los lados, dándonos un susto de muerte.
-Lo siento-murmuré- me asusté…-
-Esta bien, mientras aún pueda tocar las estrellas con los dedos…-me dijo enigmáticamente, mientras yo me hacía la desentendida.
Estuvimos en silencio observando el cielo estrellado, hasta que finalmente decidimos que ya era suficiente y lentamente fue bajando de nuevo hacia la tierra. Volví a cerrar mis ojos con fuerza, mientras me aferraba a el como si mi vida se fuera en ello. Enterré mi cara entre sus omoplatos, mientras su aroma amaderado me envolvía, recordándome el aroma de alguien más, el dueño de mis sentimientos y pensamientos.
Cuando posé mis pies en el piso de mi balcón, el sonido de unos pasos apagados en mi habitación me asustó.
Detrás de mí, dentro de mi habitación, se materializó la figura alta y atlética de Theodore Nott, totalmente vestido de negro, quien nos miraba con expresión dura, con la varita de nogal firmemente asida entre sus dedos.
Bueno, hasta aqui...
Gracias mil por leer...
