Capítulo 28.- "Desprecio"

No pude presentarme al trabajo por mi condición, debía continuar en reposo por la herida de mi pierna y además aún mi mano seguía lastimada a causa de la repentina corriente eléctrica; aunque ardía menos que el día anterior.

El sargento y el comandante fueron al pueblo vecino para hablar con el señor Rokujou. Tras oír que se marcharon supuse que cuando regresaran, el señor Sasuke estaría enterado de que yo era una chica y muy posiblemente me echaría del escuadrón.

Él era una persona muy estricta pero luego del combate, me sentí feliz de que al menos reconociera mi logro. Quizás él no era tan malo como pensaba.

Shikadai, Boruto y Mitsuki entrenaban en el campo, Inojin todavía no comenzaba sus clases y preparó una taza con café para llevármela hasta la habitación. Cuando entró con ella en sus manos, una mezcla de remordimiento y alegría se apoderó de mí. Él era un buen chico, y mi gran amigo, pero todo eso era gracias a que pensaba que yo era hombre.

—¿Por qué tienes esa cara de pena? Ánimo Saki, tu herida se curará pronto.

Colocó la taza sobre el buró.

—Gracias.

—Espero que no esté muy dulce.

—No hablo del café —mencioné—, aunque también gracias por ello.

Alzó una ceja y se sentó en el borde de la cama.

—¿Entonces por qué me agradeces?

—Porque ayer me ayudaste cuando estaba sufriendo, ya sabes, a pesar de que estabas asustado te mantuviste tranquilo durante la curación de mi pierna.

Me pareció ver que se sonrojaba. Se pasó un dedo por debajo de la nariz.

—Pues ¿qué puedo decirte? Voy a ser un excelente médico.

Ambos reímos pero me callé cuando escuché que mi risa sonaba muy femenina. Era imposible reír como chico sin parecer una idiota.

—Oye Saki —bajó el volumen de su voz—, eres un maldito, me has mentido.

—¿Eh?

—Quizás no deba decirlo pero he pensado en ello desde ayer.

—¿Qué? ¿Qué ocurre?

Tuve el mal presentimiento de que sabía mi secreto y eso me aceleró el corazón. Se cruzó de brazos y levantó la cara con una pose de altanería.

—Has dicho eso de que eres alérgico a las aguas termales porque te da vergüenza que veamos tu gran pene.

Ni siquiera pude contestar y comencé a toser. ¿De qué rayos estaba hablando?

—¡Lo sabía!

—¡No! ¿qué? Inojin ¿de qué hablas?

—Ayer que te quitaste el pantalón lo vi, ese gran bulto que tienes. ¿Qué demonios Saki? Si yo fuera tú me sentiría orgulloso.

«No debí usar doble calcetín»

—No no, es algo normal.

—No puedes llamar a eso algo "normal" —enfatizó—. ¿Quién lo diría? Tú que eres el más pequeño de todos nosotros, resultaste ser el más bendecido.

Me tapé la cara con las manos pues comencé a sentir vergüenza.

—Hablando de otro tema —cambió drásticamente inclusive su tono de voz—. Escuché que fuiste al bosque y allí te atacaron. ¿Qué hacías en ese sitio? Tú solías volver a casa en cuanto terminaba tu jornada.

Recordé las perlas. Ni sabía en dónde se quedaron, sólo guardaba la memoria de que cayeron al piso cuando me atendían las heridas.

—Hice algo malo —confesé.

—¿Algo malo?

—Fui a recoger unas perlas.

—¿Perlas? ¿No me digas que tú...? Espera, no las robaste ¿verdad?

—¡Por supuesto que no! —Agité mis manos— Era una especie de misión. ¿Recuerdas a la nieta del señor Rokujou? —Inojin asintió— Son perlas de su collar, le dije que las recogería todas y se las llevaría de vuelta.

Él arrugó las cejas.

—Saki... ¿Te gusta esa chica?

—Claro que no.

—¿Entonces por qué fuiste a recoger eso? No entiendo.

No podía contarle del todo la situación así que fui lo más cuidadosa posible con mi explicación.

—Pues verás, ella me pidió un favor —a mi mente volvió la escena de su petición y con ella mi culpabilidad—. Me dijo que le dijera a Mitsuki que lo vería en el bosque y... no lo hice. No se lo dije. Ella fue creyendo que él llegaría pero no sucedió —apreté el borde de mi cobija—. Sabes que hace dos días hizo un viento terrible por eso su collar se rompió y para pagar por mi error, me ofrecí a juntar cada una de las perlas.

Inojin respiró sonoramente.

—Iba a confesarle sus sentimientos a Mitsuki ¿verdad?

No respondí con palabras, simplemente moví mi cabeza dándole la razón.

—¿Por qué no le dijiste a Mitsuki que ella lo esperaría?

Esa era la pregunta que no podía contestar con sinceridad.

—Porque lo olvidé —mentí.

—¿Y ella se enfadó contigo? Puede decírselo en cualquier otro momento, no veo el problema.

—La cosa es que Sameri fue casi obligada por su abuelo a vestirse como hombre, y su cabello aunque no es del todo corto, ha tenido que ser rebajado hasta sus hombros. Eso es lo que le molesta, que ahora no se ve tan femenina como antes y teme que Mitsuki la rechace por verse de esa manera.

—¿Qué? ¿Y por qué su abuelo hizo eso?

—Porque teme que Dragón de Koshi secuestre a su nieta.

Inojin se levantó del colchón y fue a abrir las cortinas, se mantuvo dándome la espalda.

—Y entonces es preferible que las chicas se vistan como chicos. Qué horrible es esta situación.

Hubo un rato de silencio, pero al percatarme de que Inojin tardaba demasiado cerca de la ventana le presté más atención y descubrí que estaba mirando a través del cristal. Su seriedad tenía algo más, como una especie de pena.

Me bajé de la cama para ir junto a él y ver con mis propios ojos lo que tanto atraía su atención, fue allí que vi el ángulo perfecto donde Boruto, Mitsuki y Shikadai entrenaban.

—No creo que Mitsuki sea del tipo que aborrece a las niñas por su cabello corto, o aunque se vistan con pantalones holgados.

Él seguía concentrado en ver al exterior, no notaba siquiera que yo le observaba a él.

—¿Crees que ella me perdone? —Pregunté.

—Quizás deberías animarla a que se confiese, claro, si aún te sientes culpable.

¿Culpable? Sí, así me sentía. Pero animar a otra persona a confesar su amor al chico que me gustaba resultaba difícil y hasta doloroso. Por otra parte, quizás ésta era la forma en que el destino me decía que no debía enfocar mi tiempo en enamoramiento sino en ser más fuerte y alcanzar mi objetivo. Pensé que tal vez éste era el paso necesario para apagar los sentimientos que nacieron en mí, porque no los necesitaba.

«Pero será doloroso»

(...)

Salí de la habitación caminando despacio, no podía ejercer mucha fuerza en mi pierna para evitar dañar más la herida, así pues casi iba cojeando.

Cuando pasé por la habitación contigua me di cuenta que la puerta estaba mal cerrada y me detuve. Por la pequeña abertura se distinguía una figura masculina sentada sobre la cama, se trataba del señor Itachi. Sus ojos continuaban vendados y la escena me pareció muy triste, era como si meditara en silencio y soledad. Me pregunté por qué sus ojos estaban lastimados y así proseguí hasta que él habló liberándome de mis pensamientos.

—¿Alguien está allí?

Mi boca se abrió pero no supe qué decir.

—Si hay alguien cerca por favor necesito que vengas y me ayudes.

No dudé y abrí la puerta para acercarme.

—Soy yo señor, Saki.

—Ah, me alegra oírte. ¿Cómo siguió tu herida? ¿No deberías estar descansando?

—Estoy bien, la médico Ino me dijo que sanará pronto.

Movió su mano en el aire con cierta vacilación y creí que quizás necesitaba levantarse. Tomé su mano y al hacer contacto él sonrió.

—Gracias, quiero salir de aquí e ir afuera. ¿Me podrías ayudar?

—Claro... pero —hice una pausa, no lo vi muy abrigado como para ir al exterior de la casa.

—¿Qué sucede?

—Espere aquí un momento.

Fui a mi habitación saltando en un pie y busqué entre mis cosas alguna chamarra lo bastante grande que pudiera cubrir su cuerpo, luego volví con él donde lo hallé desorientado.

—Ya regresé, le pondré esto.

—¿Qué es?

—Es un abrigo, afuera hace frío y usted podría enfermarse si sale vestido tan ligero.

—Oh, entiendo. Gracias.

Terminé de abrigarlo y lo ayudé a caminar despacio por la casa; él tocaba la pared con su mano izquierda y lo que me sorprendió es que sabía exactamente dónde quedaba cada cosa. Concluí que sólo necesitaba mi ayuda para no caerse.

—Señor ¿usted ha estado aquí antes?

Su mano tocó un muro y sus dedos recorrieron lentamente un borde decorativo.

—Ésta era la casa donde vivía mi familia.

—¿Eh? ¿Usted vivió aquí? —Estaba muy sorprendida.

—Sí. La habitación donde me quedo solía ser mi propia pieza cuando tenía tu edad.

No sabía qué decirle, me encontraba muy alucinada por tal descubrimiento. Él volvió a hablar.

—¿Tú dónde duermes?

—En la habitación de un lado... La del lado izquierdo —añadí.

—Ah, con que ésa —rió bajito, yo fruncí el ceño.

—¿Tiene algo de malo?

—Allí dormía Sasuke.

—¡El comandante! —Me apené mucho, quizás por eso estaba con esa cara de amargura pues por mi culpa él tuvo que dormir en otra habitación— Yo no lo sabía, me moveré a otro cuarto en cuanto-

—No hace falta, no es nada problemático. De todos modos ésta ya no es nuestra casa.

Llegamos a la entrada y con delicadeza senté al señor Itachi en el suelo. Me indicó cuáles eran sus botas y se las quise colocar pero él hizo todo por su propia cuenta.

—Señor, ¿ya almorzó?

Mi interrogante no fue contestada en ese momento sino hasta que salimos de la casa y estuvimos sobre la colina donde yo solía entrenar mi jutsu de gran llama. Sus mechones de cabello se balancearon ligeramente con una pequeña ventisca que desapareció demasiado pronto.

—No tengo apetito.

—Si es por la falta de provisiones, no se preocupe que hemos trabajado mucho y logramos comprar comida de sobra.

Sus labios se curvaron y movió su mano como intentando hallar la forma de sentarse sobre el suelo; no tardé en ayudarle.

—¿Te gustan los dangos, Saki?

—Los dangos... Bueno, sólo los he probado una vez y era más joven en ese entonces, tanto que no recuerdo su sabor.

—En este pueblo solía haber una tienda de dangos, era muy popular sobre todo en épocas de festivales. Antes no existía tanto peligro como ahora, la gente tenía cierta libertad para vivir.

Aunque no podía ver sus ojos por el vendaje que los cubría, me dio la impresión de que el señor Itachi miraba perfectamente todo; sin embargo, no el escenario actual sino el recuerdo de lo que alguna vez fue el lugar donde vivió su clan.

Sobre el punto donde nos hallábamos el panorama pintaba perfecto para ver las construcciones abandonadas y entonces pensé que justo sobre esa colina él pasaba sus días de infancia.

—¿A usted le gustan los dangos?

—Me encantan —contestó con rapidez, ni siquiera titubeó, luego lanzó un suspiró—. Eran buenos tiempos.

—Supongo que lo eran —miré con pena el desolado pueblo Uchiha, o como se le llamaba en la actualidad, el Valle de las Lágrimas.

—Anoche dijiste que el sargento Konohamaru te enseñó la técnica de la "gran llama" pero que no eres capaz de dominarla.

—Ah, es cierto —me avergoncé—. A pesar de que he entrenado mucho no consigo extender el fuego tan lejos como lo hace el sargento. Es triste que no sirva de nada que yo tenga afinidad con el elemento.

—No lo consideres un desperdicio, existen muchas técnicas que emplean el uso del fuego, debe haber alguna que se adapte a tu capacidad.

Me vino un recuerdo pero me entró la duda de si debía decírselo al señor Itachi. Nuestro silencio se prolongó un minuto antes de agarrar el valor para hacer el comentario.

—El sargento me dijo que el clan Uchiha utilizaba el jutsu bola de fuego.

Él movió su cabeza.

—Es correcto, tanto el clan Sarutobi como en mío coinciden en la utilización de este elemento, aunque la forma de emplearlo varía de acuerdo a las reglas de cada clan.

—Uhm... Con que es así...

Era información que yo ya conocía, no quise decírselo.

—¿Te gustaría aprender el jutsu bola de fuego? —Soltó repentinamente.

—¿Uh? P-pero ¿es eso posible? Quiero decir, es algo meramente de su clan. Quizás no pueda manejarlo.

—No lo sabrás si no lo intentas.

Se apoyó para ponerse de pie y nuevamente le ayudé.

—Te confesaré algo, debido a que esta técnica es exclusiva de nuestro clan y como regla general estaba prohibido enseñarla a alguien más fuera de éste. Cuando uno de nuestros miembros lograba hacer el jutsu alcanzando ciertos estándares, se le consideraba oficialmente un miembro Uchiha.

Escuchar aquello de la propia boca del señor Itachi era incluso más interesante que oírlo como un rumor.

—¿No sería deshonroso para su familia el que usted me enseñe este jutsu?

—¿Qué familia, Saki? —Llevó sus manos cerca de su pecho— Si ya casi todos están muertos.

—Me refiero a su padre, madre y el comandante. Incluso a la memoria de sus parientes.

Chistó.

—En estos tiempos es egoísta no compartir información que podría resultar valiosa si sirve para derrotar a Dragón de Koshi. Además, no perdemos nada si lo intentas. Observa bien.

—Espere ¿esto no le afectará sus reservas de chakra? Viendo su condición... Aunque en realidad no sé cuál es su estado —la última frase la dije en voz baja.

—Tranquilo, no me gusta hacer alarde de mis capacidades pero aquí entre nos —se puso la mano cerca de la boca, como si fuera a contarme un gran secreto—... soy el mejor utilizando este jutsu.

Comenzó a hacer posiciones de manos e infló su pecho, formó una especie de túnel al medio enroscar los dedos de su mano derecha la cual puso cerca de sus labios para luego expulsar desde su boca una grandiosa cantidad de fuego, mucho más impactante que la técnica que me enseñó el sargento. Al fondo pude oír la voz de Shikadai diciendo algo como «Miren eso, se nota que es un soldado de élite»

Lo hizo parecer tan fácil pero para mí se veía lo bastante difícil. Si no pude hacer la gran llama que a mi criterio tenía menor intensidad ¿cómo lograría hacer una técnica de la magnitud de la bola de fuego?

—Ahora inténtalo tú, te explicaré los pasos. Pero debo advertirte antes, ten mucho cuidado de no cerrar demasiado los dedos o podrías quemarte, pon tu mano a una distancia así de tu boca —simuló con su propia extremidad— para que el aire que expulses no rebote y te pegue en la cara.

—Eso suena complicado, señor —dije medio asustada.

—Calma, calma, sólo concéntrate. Ahora imita lo que yo hago, no voy a expulsar fuego esta vez, sólo te indicaré los movimientos.

—De acuerdo.

En movimientos lentos me mostró el procedimiento para que lo aprendiera de memoria y que al momento de llevarlo a cabo no me detuviera a recordar.

—Inflas y luego expulsas ligero y cuando sientas que el aire caliente cruza perfecto por el túnel de tu mano, sueltas con más intensidad ¿bien?

—S-sí, sí señor.

—Venga, no tengas miedo Saki. Inténtalo.

Respiré hondo y agité las manos para relajarme, recordé el movimiento de manos. Por instantes consideré la posibilidad de utilizar mi sharingan para copiar los movimientos, pero si no mal recordaba, el general me dijo que para utilizar todos los jutsus copiados necesitaba tener el sharingan activado y como era nuestro secreto, lo descarté.

Memoricé los pasos y comencé, tras la actividad con las manos llevé el chakra hasta la boca y lo liberé despacio hasta que cruzó el hueco creado con mis dedos, una vez que sentí que era el momento, puse mayor intensidad y me asombré al mirar que el fuego crecía de una forma maravillosa. Muchísimo más grande que la miserable llama que apenas llegaba a dos metros de distancia.

Por supuesto, mi bola de fuego no era tan grande e increíble como la del señor Itachi, pero me resultó mucho más sencillo realizar este nuevo jutsu a pesar de tener pasos más complejos.

Terminé de expulsar el fuego y las orillas de mi boca ardieron, aunque no tan dolorosamente.

—¿Y bien? —Preguntó.

—Creo que fue genial —dije emocionada—, ojalá la hubiera podido ver.

—No la vi pero pude sentirla, el calor que desprendió me hace considerar que fue lo bastante grande para ser tu primer intento.

—Seguiré practicando hasta que pueda lograr una bola de fuego tan extensa como la suya.

Apenas terminaba de decir mi frase cuando oí unos aplausos lentos que me hicieron mirar atrás, el comandante subía la colina dirigiéndose a nosotros; su rostro tenía una mueca extraña, algo parecido a una sonrisa burlesca.

—Vaya, vaya... ¡Qué jutsu tan impresionante! Nunca pensé que viviría para ser testigo de ver a mi hermano enseñar las técnicas de nuestro clan, y mucho menos a un extraño.

Me sentí avergonzada, era cierto, el jutsu bola de fuego pertenecía a su familia y yo para él no era más que un simple huérfano.

—Entre más técnicas aprendan nuestros compañeros, los orgullos de familia vienen sobrando —dijo el señor Itachi.

—Perfecto, me parece que pasarse las reglas está en tus venas así que no voy a discutirlo contigo. Por otro lado —volteó a verme—... Si fueras un Uchiha, hoy te celebraríamos una fiesta y todos se enterarían de que el joven Saki ya es un miembro oficial de la familia. ¿Te dijo eso Itachi?

No contesté, la forma en que me decía tales cosas sonaba a desprecio, como si me estuviera reclamando.

—Sasuke.

—Lo siento —hablé—, sé que esto es meramente de su familia y alguien como yo no tiene derecho de conocer los secretos que rigen a su clan, de verdad lo siento, no lo volveré a hacer.

Antes de sentirme más humillada, hice una reverencia rápida para regresar a la casa. A pesar de que el señor Itachi pronunció mi nombre como intentando detenerme o disculparse conmigo, no volví. Simplemente los dejé a solas y me fui a esconder a la habitación donde yo dormía, aquella que perteneció al comandante.

«Quiero volver a mi vida con mamá, ése es el único lugar al que pertenezco»

(...)

Dormí hasta las cinco de la tarde, no quería levantarme de la cama. Después de lo sucedido en la colina me sentí patética y lloré sólo un poco debajo de las cobijas. La razón por la que abandoné el dormitorio fue Mitsuki; entró para avisarme que el comandante hablaría con nosotros de la situación actual y nos quería a todos reunidos en la sala de la casa.

Apenas pude lavarme la cara y peinarme con los dedos. Cuando llegué al punto de encuentro en un principio evité mirarlo a la cara.

Todos mis compañeros, incluida la señora Ino y el señor Itachi, estaban allí. Por su parte, el comandante se posicionó al frente con sus manos en la cadera, mirándonos a cada uno, como si fuera capaz de leer nuestros pensamientos.

—Ya estamos todos reunidos así que empezaré, no se les ocurra hablar hasta que yo lo indique —amenazó con esa voz grave e imponente que lo caracterizaba—. Que les quede claro lo siguiente, cualquier información que se filtre de esta casa hacia un civil o miembro enemigo, meritará un severo castigo.

Dejó su pose anterior y en cambio llevó las manos detrás de su espalda.

—Voy a ser honesto. Estamos perdiendo —mi piel se erizó, lo dijo así a secas y pude ver que los demás también se turbaron—. No tenemos más apoyo que el de algunos pocos terratenientes, nuestras provisiones de medicinas y material de curación es lo primordial e incluso eso está agotándose. Hemos perdido más de la mitad de nuestros elementos.

Hizo una pausa, sus labios se entreabrieron y sus ojos dejaron de mirarnos porque parecía estar perdido en algún punto en el horizonte.

—El ejército del país del Fuego y el ejército de Konoha ahora son uno mismo pero necesitamos más miembros por la cantidad de bajas que tenemos. Ya no poseemos el tiempo de reclutar gente, ni de llevar a los miembros inferiores a entrenamientos de meses, ya no hay nada de eso —remarcó—. Se acabaron esos tiempos donde todavía podíamos darles un espacio para que maduraran en este ámbito, y por supuesto que a estas alturas y dada la condición actual, tampoco permitiré retiros, nadie se puede ir de aquí sin que yo lo decida.

Su rostro pasó de severidad a algo de melancolía, quizás nadie más lo notó pero fue algo de lo cual me percaté. Su único ojo visible se veía afectado, más deprimido que molesto.

—Si vamos a morir, moriremos todos juntos.

—¡Qué dem-!

La señora Ino le tapó la boca a Inojin. Por fortuna el comandante no hizo caso al intento de comentario, o quizás ni lo escuchó.

—Por supuesto que ése no es nuestro plan, pero recuerden que lucharemos hasta el último aliento.

El desplazamiento de su cabeza viendo a cada uno de nosotros me hizo estremecer, no comprendía qué era lo que tanto cruzaba por su mente cuando sus ojos nos enfocaban por separado.

—Hablé con el señor Rokujou, acordamos una semana más de trabajo pero ustedes ya no se presentarán en ese sitio, quienes los cubrirán serán otros de mis hombres. Para ustedes tengo otro trabajo.

Quería preguntar tantas cosas pero él no nos había dado la oportunidad de hablar. Boruto también se veía desesperado por cuestionarle, no dejaba de apretar sus puños y pasar saliva.

—Puesto que el cuerpo de infantería ya está separado por grupos, no voy a cambiar los integrantes. Cada uno de los equipos pasará a formar un sólo grupo con militares de mayor categoría, es decir que ustedes serán parte de una de las subdivisiones del ejército del país del Fuego.

No pudimos evitar dar claras muestras de asombro, lo que el comandante estaba diciendo era que ya todos seríamos parte del ejército, lo que muy posiblemente significaría combatir con miembros de Dragón de Koshi.

—Por supuesto que cada grupo tendrá un líder pero eso lo sabrán después. Durante los siguientes tres días ustedes cuatro serán mis discípulos, los quiero despiertos a las cinco de la mañana en el campo ¿entendido?

—¡Sí, señor!

—Médico Yamanaka —volteó con la señora Ino.

—Ah... Sí señor.

—Necesito un informe detallado con la salud de cada uno de los integrantes de este equipo y su tipo de sangre.

—Claro que sí señor, lo tendré listo mañana a primera hora.

«¿Tipo de sangre? ¿Eso para qué?»

—Eso es todo, retírense.

La tensión se rompió y cada quién se fue por su lado murmurando sobre lo acontecido, pero yo no caminé hacia ninguna parte, me quedé pensando en Sameri y en esa confesión que jamás pudo expresar. El consejo de Inojin rondaba por mi cabeza y me pregunté si debería decirle a Mitsuki, por supuesto que no tenía el derecho de contarle sobre los sentimientos de la nieta del señor Rokujou, mas lo apropiado era explicarle mi grave error.

Lo vi dándome la espalda al tiempo que hablaba con el sargento y medité si en caso de que él quisiera ver a Sameri, obtendría el permiso para visitarla.

—Lo arruiné —musité.

Entre tanto debatía mis opciones, visualicé al comandante retirarse de la sala hacia el exterior de la casa, iba solo como siempre, no... Incluso aunque tuviera gente a su alrededor él se veía solitario, como si no disfrutara de la compañía de nadie, ni de los pocos familiares que le sobrevivían.

(...)

Al caer la noche, el comandante no estuvo presente en la cena. Me preocupaba el hecho de que no le había visto comer absolutamente nada; hasta el señor Itachi quien no quiso almorzar, ya había probado bocado.

Oí por la señora Ino, que el comandante se había ido a sentar en el piso que daba hacia el jardín de la casa y que tenía unas dos horas allí. Fui por mi cuenta a mirar y en efecto, estaba sentado mirando hacia el cielo, con sus manos apoyadas sobre el regazo y su cabeza recargada en uno de los barrotes. La sola imagen se veía deprimente ¿por qué el comandante se veía triste cuando no estaba acompañado?

«El kanzashi»

—Es verdad.

Fui a la habitación para sacar el cofre de debajo de la cama y tomar el ornamento, pensé que sería buena idea devolvérselo a él, quizás eso le alegraría aunque fuera un poco. No obstante cuando me encontraba a pocos centímetros de su cuerpo, tuve temor de lo que pudiera decirme pero era tarde para retractarme porque notó mi presencia sin siquiera voltear.

—¿Se te ofrece algo?

No cambió su pose, no se movió para nada y sólo me enfoqué en su cabello negro que daba la impresión de un tono azulado por la luz que proyectaba la luna sobre él.

—Y-yo quiero entregarle algo, algo que le pertenece a su familia.

Tardó un rato en responder y cuando lo hizo sonó desganado.

—¿Qué es?

—Bueno... El señor Itachi me contó que esta casa era su hogar —dije apenada—. Y yo... estoy durmiendo en la habitación donde usted —vi que se removió en su lugar, pero volvió a quedarse quieto—... pues donde usted dormía.

No preguntó más nada, me sentí ridícula. Miré el kanzashi brillante con esa flor de cerezo.

—En fin, no le quitaré más su tiempo.

Puse el kanzashi sobre el piso, justo a un lado de él y miró por encima de su hombro, noté cómo su mano se movió hasta alcanzarlo.

—Buenas noch-

—¿Dónde hallaste esto?

Lo había puesto a la altura de su cara y no dejaba de mirarlo.

—Fue debajo de una tabla del piso, dentro de la habitación donde duermo... Yo, perdón si hice algo indebido, es que al caminar por ese lugar sonaba-

Dejé de hablar, él no lucía como alguien que me estuviese prestando atención. Sus ojos seguían fijos en aquel objeto y su pulgar lo acariciaba despacio. Por primera vez vi cómo la ceja del comandante se arrugaba y no en una mueca de enojo, él de verdad se veía tan triste que me dolió en el corazón.

—Se-señor —mascullé.

En realidad no sabía qué decir pero me pasmé cuando claramente vi su mejilla se mojó con una repentina lágrima, él rápidamente giró la cabeza y noté cómo su otra mano se pasaba por su cara. Aunque me diera la espalda en su totalidad, era obvio que se había limpiado para desaparecer todo rastro.

—Es de mi madre —dijo—, yo se la devolveré cuando la vea. Puedes irte.

A pesar de que no me estaba mirando, asentí con mi cabeza y retrocedí.

—Buenas noches, señor comandante.

«El lloraba, sí, él definitivamente estaba llorando»

Aunque no tenía nada qué ver conmigo, presenciar esa escena me hizo sentir triste y pensé tanto en ella queriendo encontrar una respuesta, hasta que me quedé dormida.


¡Gracias por leer este capítulo!