Disclaimer: Los personajes son cosa de una tal Jane Austen.

¡Hola! Después de UN AÑO vuelvo aquí para salvar la honra de mi vaca. Creo que pasé por una época de no poder escribir nada de Orgullo y Prejuicio, y sólo podía concentrarme en cosas cortas o urgentes para el foro de los Black. Entre eso y mi máster, tampoco tuve mucho tiempo hasta finales de abril de este año, cuando terminé por fin con todo. Pero estaba decidida a acabar esta historia y aquí me tienen.

Muchísimas gracias a todos lo que dejaron reviews y favoritos. Especialmente a ACL, PalixianGirl, Mimi Hyuga, KissaValo, V.I. The Timeleaper, Tania, ReadLoverNumber1 y Proud Vegetable, que han dejado reviews desde la última vez que actualicé. Sus comentarios me ayudaron a decidirme a volver a esta historia de una vez por todas. Porque ustedes se merecen que la termine.

En fin, dejo de hablar de mí por ahora y los dejo con el capítulo.

Canción recomendada: "The Times They Are A-Changin' " de Bob Dylan.

Chocolate y café amargo

Capítulo 28

Los tiempos están cambiando

—¡Cinco, seis, siete, ocho! —exclamó la coreógrafa desde el fondo de la sala de ensayos. Las bailarinas realizaron los movimientos en sintonía, como si fueran una sola.

Jane llevaba un par de semanas en la nueva compañía y ya se sentía cómoda ahí. Más cómoda de lo que nunca se había sentido con el grupo de Roger. Estaban trabajando en un nuevo espectáculo que llevarían a Londres en los próximos meses y Jane ya se había aprendido las coreografías. Incluso había hecho algunas amigas, lo que nunca estaba de más.

—Vaya, ya te sale perfecto, Jane —dijo Marissa acercándose a ella cuando les indicaron que tomaran una pausa—. Bien hecho.

Jane le sonrió mientras se ajustaba la trenza que llevaba ese día. Aún estaba dolida por la desaparición de Charles, pero cada vez pensaba menos en él. Después de todo, apenas lo había conocido por un par de meses. No había sido una relación larga.

—Oye, ¿no vienes con nosotras a tomar algo esta tarde? —dijo Iola, un chica morena y de cabello rizado que siempre luchaba para controlar sus rizos—. Lo pasarás bien. Además, así podremos interrogarte un poco más.

La aludida asintió con la cabeza. No le apetecía demasiado que la interrogaran, pero a lo mejor sí que necesitaba salir un poco. Últimamente Lizzie estaba actuando de forma muy extraña. Entre la aparición de Collins —al que la misma Jane no soportaba demasiado— y la pelea con Charlotte, su hermana se había pasado un par de semanas de un humor de perros. Y aunque las cosas estaban mejorando —al menos las dos jóvenes estaban hablando de nuevo—, Lizzie estaba muy callada.

A lo mejor necesitaba un poco de espacio.

—Claro, ¿por qué no?

—Señoritas, a sus posiciones —gritó Sonia. Jane y sus compañeras se miraron antes de volver a sus posiciones.

Una de las cosas buenas que la joven encontraba de la nueva compañía era que había redescubierto su amor por el baile. La compañía de Roger, al ser algo mayor y conocida, era extremadamente competitiva, por lo que el ambiente tendía a ser algo agresivo. Aunque Jane tenía amigos ahí, la tensión en el ambiente era difícil de olvidar.

En la compañía de Sonia, todo era más relajado. La misma directora era una mujer encantadora y parecía preocuparse de todas sus bailarinas. Jane recordaba haber visto a los directores un par de veces en sus ensayos, pero no había hablado demasiado con ellos. No eran el tipo de persona que se acercaba a otros para preguntarles cómo estaban.

—¡Cinco, seis, siete, ocho! —exclamó la mujer al poner la música.

Estella, la bailarina principal, estaba delante de todas. Mientras las demás chicas bailaban detrás de ella, su coreografía incluía arabesques y saltos que demostraban su habilidad gimnástica. Las coreografías de la compañía se alejaban bastante de lo que la mayoría de la gente esperaba del ballet. Más acrobático y energético. Jane había tenido que repasar su entrenamiento como gimnasta en sus años escolares. Había requerido horas de práctica, pero al menos significaba que podía pensar en algo diferente.

Jane estaba concentrada en no equivocarse en ninguno de sus pasos, pero de repente escuchó un golpe sordo en el suelo. La música seguía tocando, pero a su alrededor todas se habían detenido y se estaban juntándose alrededor de una de ellas.

Estella estaba tirada en el suelo, gimiendo y muy pálida. Su pie estaba en un ángulo extraño y su rostro mostraba que estaba muy adolorida.

—¡Estella! ¿Estás bien? —preguntó Marissa. Alguien le tendió a la herida una botella de agua, mientras alguien más le levantaba la cabeza y deslizaba una sudadera a modo de almohada.

—Que alguien llame a una ambulancia —dijo Sonia, que estaba sentada junto a Estella intentando revisar el pie—. Cariño, creo que está roto.

—¿Qué? No puede ser —musitó con los dientes apretados la joven en el suelo.

—No estoy segura, pero no intentes moverte —insistió la coreógrafa—. ¿Están llamando a la ambulancia, verdad? —preguntó al resto, que no se habían movido del lado de la herida.

—Yo me encargo —dijo Jane mientras se levantaba a buscar su teléfono, que estaba en su bolso. Las demás estaban ocupadas en atender a la herida y preocuparse de que estuviera bien. Ella se alejó un poco para —. Necesito una ambulancia en el estudio de Sonia Volkov, Prince Street, 1789 —dijo rápidamente cuando la operadora—. Sí, un accidente. Muchas gracias.

—¿Cuándo llegarán? —le preguntó Sonia, que se había apartado un poco del grupo de bailarina nerviosas.

—Dijeron que estarán aquí en diez minutos.

—Vale. Gracias, Jane.

Jane se sentía extraña en ese lugar. A diferencia del resto, apenas conocía a Estella —que era popular en el estudio— y no estaba segura de cómo reaccionar. Además, todo el mundo la estaba atendiendo. Le estaban dando agua y tratando de calmarla.

—Joder, pobrecita. Y justo antes de empezar la gira —dijo Marissa cuando llegó la ambulancia y los paramédicos empezaron a ocuparse de Estella—. ¿Qué pasó exactamente?

—Una mala caída en el grand jete —musitó Eleanor, una chica pelirroja y menuda—. Espero que no sea nada grave.

—No lo sé. Su pie se veía fatal.

Jane lo sentía por Estella. Era una buena chica y quebrarse un pie era lo peor que podía pasarle a una bailarina. La rehabilitación se tardaría meses y era imposible decir cuándo podría volver a bailar. Si fuera ella, Jane estaría de muerte. Y seguramente lo estaba. Quizás podría hacerle galletas o algo así para llevarle al hospital y ayudarla a sentirse mejor.

—Bueno, creo que terminamos por hoy —dijo Sonia mientras los paramédicos sacaban a Estella por la puerta del estudio—. Mañana las quiero a todas aquí a las nueve de la mañana.

—Me pregunto quién va a reemplazar a Estella —musitó por lo bajo Marissa mientras las chicas se dirigían a buscar sus cosas—. Supongo que Sonia necesitará unos días para pensarlo, porque no será fácil.

—La oferta de ir a tomar algo sigue en pie, ¿no? —preguntó Iola—. Creo que necesito un mojito.

-o-

Eran pasadas las nueve de la noche cuando Lizzie salió del café. No era su turno de cerrar, por lo que se limitó a coger sus cosas y salir. Estaba exhausta y necesitaba llegar lo antes posible a su casa. Se acomodó el bolso sobre el hombro y echó a caminar.

—Elizabeth Bennet, ¿qué te trae por aquí? —la voz de Richard Fitzwilliam la obligó a darse media vuelta. El joven se acercó a ella con una sonrisa. Iba vestido con un traje de negocios.

—Salgo de trabajar, el café está por allá —dijo la joven señalando en la dirección de la que venía—. ¿Y tú? Tu hotel está en la parte bonita de la ciudad.

—Sí, venía a ver a mi primo. ¿Tú conoces el bar en que trabaja?

Por supuesto. La verdad era que tenía mucho sentido. Lizzie no pudo evitar preguntarse qué pensaría el joven del lugar en que trabajaba Darcy. Seguramente sería el último lugar en el que Fitzwilliam se había imaginado encontrar a su primo. Después de todo, Darcy tenía el típico aire de «niño bien» y parecía que nunca había tenido que trabajar en su vida hasta entonces. Lizzie no podía evitar sentir curiosidad. Wickham le había dicho que los Darcy tenían muchísimo dinero —lo que no era ninguna sorpresa—, pero el joven no parecía tener muchos fondos.

—Sí, claro. Te puedo llevar.

—¿Y te puedo invitar a una cerveza o algo ahí?

Lizzie lo miró de reojo, intentando adivinar cuáles eran las intenciones del chico.

—La verdad es que ahora mismo estoy exhausta —respondió, observando atentamente la reacción del joven, aunque él no parecía particularmente decepcionado por su respuesta—. Quizás otra vez.

—Por supuesto —dijo el joven guiñándole un ojo—. ¿Sabes? Es genial que Darcy haya encontrado un grupo de amigos.

¿Amigos? ¿Richard creía que ella y Darcy eran amigos?

—¿Sí? —Una idea inspiró la mente de la chica. Richard era el primo de Darcy, él tenía que saber acerca de cómo y por qué había decidido irse a vivir a Liverpool—. Bueno, supongo que fue algo fácil. Ya que vivimos en el mismo edificio, digo.

—Sí. Creo que también lo ayudó tener a Charles los primeros meses. Son amigos desde adolescentes y creo que le hace bien.

—Sí… parecen muy cercanos —comentó Lizzie. Incluso después de lo que había hecho Bingley, Lizzie seguía pensando que no había forma de que esos dos fueran tan amigos. Simplemente no terminaba de encajarle.

—Lo son. Bingley ha estado junto a Darcy en las buenas y en las malas. Creo que tenían una banda juntos cuando estaban en el colegio. O algo así. No recuerdo que Charles fuera muy musical, pero siempre estaba con Darcy en esa época. Y mi primo es un amigo muy leal.

—¿Sí? Mi impresión de él es… como una langosta agorafóbica, la verdad. Parece que no le gusta demasiado la gente.

Richard se rió ligeramente. Lizzie se mordió el labio. No estaba segura de que el Darcy que Richard describía coincidiera con la imagen que ella tenía de Darcy, que parecía ser muy cerrado.

—Algo de razón tienes. Creo que eso tiene que ver con que es tímido. Hacer amigos siempre le ha costado mucho, porque no sabe cómo confiar en los demás —dijo el joven—. Pero como te digo, una vez que logra hacer amigos, es totalmente leal a ellos. Es capaz de hacer cualquier cosa para evitar que dañen a la gente que le importa. Como a uno de sus amigos. Le dijo que la chica con la que estaba… me parece que la chica le estaba poniendo los cuernos. Según Darcy, la joven en cuestión no parecía estar demasiado interesada en él.

—¿Ah, sí?

—Sí. Y que evidentemente estaba con él por su dinero —añadió él—. Bueno, supongo que no hará daño que te lo diga. El amigo es Charles. Es un gran chico, pero tiene la pésima tendencia a enamorarse muy rápidamente. Si no tuviera a Darcy junto a él para ayudarlo.

Lizzie arrugó la nariz. Algo le estaba sonando familiar.

—¿Y qué hizo para ayudar a Charles? —inquirió.

—Bueno, lo ayudó a buscar una galería para exponer sus cosas en otra ciudad. Lo necesario para alejarlo de la chica en cuestión.

—¿Y cómo supo él de la infidelidad? —preguntó Lizzie. ¿Acaso había un patrón ahí?

—Los vio en la calle, me parece. No me dio muchos detalles. ¿Por qué preguntas?

—No, por nada.

Lizzie se quedó callada por unos momentos. Su mente estaba funcionando a mil por hora. La historia que Richard le acababa de contar tenía que ser sobre Jane. Pero ella nunca hubiera engañado a Bingley.

¿Por qué había dicho que Jane no estaba interesada en Bingley? ¿De verdad era capaz de manipular de esa forma a los demás?

—El bar está por allá —dijo cuando llegaron a la calle en la que se encontraba el local—. Y yo seguiré caminando a mi casa, que está a dos cuadras.

—¿Segura que no quieres una cerveza?

—No, estoy bien. Necesito ir a dormir —repitió Lizzie, aunque ahora no creía que fuera a dormir. Había muchas cosas en las que tenía que pensar.

—¿Y no quieres que te acompañe?

—Son dos cuadras. Voy a estar bien. Buenas noches, Richard —repitió la joven alejándose a grandes pasos y sin darle al joven una oportunidad para despedirse. Necesitaba alejarse de él lo antes posible, porque nada iba a evitar que siguiera preguntándole cosas acerca de Darcy. Y cada una de ellas iba a confirmar lo que ella ya sabía.

Que Darcy se las había arreglado para hacer que Jane y Charles terminaran su relación. Que su hermana se había pasado semanas llorando por culpa de una asquerosa mentira que Darcy había inventado. Que él tenía la culpa de que su hermana hubiera sido miserable.

En esos momentos, Lizzie estaba segura sólo de una cosa: la próxima vez que viera a Darcy iba a partirle la cara.


Me temo que es un capítulo más bien flojito. Ahora tengo que reacostumbrarme a escribir sobre estos personajes. Por cierto, si les interesa, le estoy escribiendo a Miss Lefroy un crossover del Potterverso y OyP, en caso de que les interese. No he actualizado porque la vida, pero juro que lo haré esta semana sin falta.

Algunas novedades acerca de mi vida: he terminado mi máster en periodismo (yaay) y ahora estoy desempleada, mis hermanos y yo adoptamos un perro (lo llamamos Darcy. Y juro por Barney que no fue idea mía). Ah, y es posible que en unos meses me mude fuera de Chile. Cuando sepa les daré los detalles (estoy asumiendo que les interesa mi vida).

¡Hasta la próxima semana!

Muselina

P.D.: Estuve releyendo este fic. No recordaba que hubiera mencionado tantos libros.